Hola otra vez n.n
Les traigo un capítulo más de Fuyu no ai, no hay tanto lemon como me pidieron xD lo siento, este cap es un poco más sentimental. Les agradezco infinitamente sus lindos reviews, me ayudan muchísimo :'3
No quiero alargarme mucho n.n' así que sin más que decir, disfruten el capítulo:
Tatsumi abrió los ojos lentamente. No reconoció la habitación en la que estaba hasta que, pasados unos segundos, las escenas de la noche anterior llegaron a su mente. Se incorporó de golpe, lamentándolo al instante pues un fuerte mareo llegó a él. Miró a su costado y ahí estaba, durmiendo plácidamente, el joven de ojos verdes.
Tatsumi buscó su ropa. Nunca le había sucedido algo como eso, quedarse a dormir con sus clientes no era apropiado. Al ponerse de pie, algo tibio y húmedo escurrió por su pierna, erizandole la piel. ¡No era posible que ese tipo se hubiese atrevido a correrse en su interior! Estaba dispuesto a golpearlo cuando recordó que, de hecho, fue a él a quien se le olvidaron los preservativos en el calor del momento.
No le quedó más remedio que tomar pañuelos desechables del mueble junto a la cama y limpiarse antes de ponerse la ropa. Se sentó en la cama a decidir qué haría con el muchacho. ¿Debía despertarlo, o simplemente esperar a que despertara? Tan concentrado estaba, que no se percató cuando Morinaga despertó, y posó una mano sobre su muslo, haciéndole saltar de sorpresa.
-Buenos días, Tatsumi-san- el muchacho había abierto los ojos mientras él divagaba.
-B-buenos días- ¿por qué estaba tan nervioso?- L-lo de anoche...
-Entiendo si no quieres hablar de eso. Te pagaré, no te preocupes.
-Que bueno que te quedó claro. Puedes pagar en la recepción, retírate cuando te sientas listo- dicho esto, Tatsumi se puso de pie y se dispuso a salir de la habitación.
-Puedo volver cuando quiera, ¿no? ¿O vas a negarme la entrada a menos que traiga a Isogai-san? - cuestionó al pelilargo, haciéndolo detenerse.
-Había una razón para no quererte aquí- respondió Souichi dándose la vuelta- pero ya que hemos dejado las cosas claras, puedes volver cuando quieras, siempre y cuando traigas dinero contigo.
-Tan frío como siempre- Morinaga sonrió, poniéndose de pie. Souichi pudo percatarse de que tenía la ropa interior puesta, lo que significaba que fue el último en dormirse. Morinaga caminó hasta acorralarlo contra la pared- y pensar que anoche te derretías entre mis manos.
-Oye…- apenas pudo protestar, antes de que el ojiverde pegara su cuerpo contra el suyo, e inclinara su rostro para besarle el cuello.
-Tatsumi-san...- besó su blanco cuello suavemente, provocando un estremecimiento en el otro- hoy por la tarde me iré- Souichi detuvo sus movimientos, escuchándolo- debo regresar a mi ciudad natal. Pero te prometo que volveré por ti...
Tatsumi le dio un empujón con todas sus fuerzas, logrando separarlo de su cercanía.
-Haz lo que quieras, eso a mi no me importa- le espetó con el ceño fruncido.
-Tatsumi-san...- Souichi se dio la vuelta, molesto, y salió de la recámara sin darle la oportunidad de decir nada más.
Morinaga en la habitación se preguntaba si realmente esto era lo mejor. Sus intenciones no eran ser un cliente más, por eso es que estaba empeñado en llevarse a Tatsumi consigo. Él realmente quería ganarse su corazón. Pensó en lo que le había dicho la noche anterior. Su forma de expresarse dejaba bien claro que no estaba en ese lugar por voluntad propia. ¿Qué era lo que lo tenía atado a un trabajo que para él era tan repugnante?
Se vistió con prisa, recordando, lastimeramente, que el tiempo se le había agotado. Esa tarde Isogai y él debían regresar a Fukuoka para terminar los trámites de adición de los nuevos socios.
Salió de la recámara con paso lento, miró a ambos lados pero no había rastro de Tatsumi por ningún lado. En la recepción cubrió el monto acordado por los servicios del pelilargo, y salió a la calle tratando de ignorar los cuchicheos de las chicas detrás de él. Esperaba no haber causado problemas al quedarse dormido en ese lugar.
El tiempo pasó en la pequeña casa de té en Nagoya. Souichi, sentado en su habitación, fumaba un cigarrillo mientras miraba la nieve por la ventana. Había pasado un mes completo desde la última vez que había visto a Morinaga. En su mente aún resonaban las últimas palabras del muchacho, aquellas donde le prometía volver a su lado. Sus ojos eran tan sinceros que por un momento, incluso se había permitido creerle. Esa pequeña esperanza que se sembró en su corazón lo había cambiado.
Le estaba yendo bien en el trabajo, no podía quejarse. Pero desde la noche que pasó con el joven de cabellos azules, se había vuelto aún más tormentoso soportar la situación. Sus clientes eran los mismos, salvo uno o dos que habían decidido no volver más debido a su comportamiento repentinamente agresivo. La frustración lo estaba consumiendo. Nunca había sido de las personas que les agrada tocarse. Algunas veces se permitía hacerlo, pero la última ocasión se sorprendió a sí mismo pensando en los ojos esmeralda que lo miraban con ternura aquella noche. Desde ese día juró no volver a hacerlo.
Estaba concentrado en los pequeños copos que caían sobre el césped del patio interior de la casa de té, cuando una de las chicas abrió la puerta y se asomó al interior.
-Tatsumi-san, tienes visitas.
Al escucharla decir eso, su corazón dio un brinco. Apagó el cigarrillo con prisa y salió corriendo de su recámara rumbo a la habitación. Las chicas conocían todas a sus clientes habituales, por lo que al haber pasado tanto tiempo, probablemente habían olvidado el nombre de Morinaga. Eso era lo que su corazón quería creer, aunque él no lo aceptara. Al llegar a la habitación azotó la puerta de tan rápido que la abrió, solo para encontrar al dueño del otro lado.
-K-Kanou-sama...- susurró, tratando de controlar sus emociones. ¿De verdad esperaba que Morinaga estuviera en aquel lugar?
-No tenía idea de que verme te provocara tal emoción- dijo Kanou sonriendo- entra por favor- miró a la chica que lo acompañaba, quien era una de las recepcionistas de la casa de té- retírate. Tengo que hablar con Tatsumi-san a solas.
-Por supuesto, Kanou-sama- la chica hizo una reverencia y se puso de pie, abandonando la habitación. Souichi permaneció de pie escuchando como la puerta se cerraba. No tenía ganas de acercarse a aquel hombre.
-¿Qué sucede? De pronto te ves decepcionado.
-¿Por qué ha venido sin avisar?- cuestionó Souichi. Era en extremo extraño que hubiese llegado así, que no lo hubieran anunciado como era debido.
-¿Acaso importa? Esta casa de té me pertenece después de todo.
-No es propio de usted- dijo, acercándose finalmente.
-Quería venir antes, pero el trabajo no me lo permitió- le acercó una taza de té que estaba sobre la mesa- Las chicas dicen que has estado comportándote extraño. ¿Sucede algo?
-Nada que deba importarle- dijo molesto, tomando la taza de té entre sus manos para calentarlas, pues con la impresión se habían enfriado.
-Perdiste dos clientes en solo un mes. ¿Sabes lo que significa eso?
-Que tengo menos cerdos asquerosos con los cuales acostarme- dijo amargamente. Kanou frunció el ceño.
-Significa que tardarás más tiempo en cubrir tu deuda- suavizó el gesto- para mi es mejor, podré disfrutarte más tiempo, pero creí que tú realmente querías salir de aquí. ¿O es que quieres que te traiga un poco de compañía familiar?- un vacío se formó en el estómago de Souichi, y su mirada cambió del enfado al terror.
-No... t- tenemos un trato…- sus manos comenzaron a temblar, obligándolo a dejar la taza sobre la mesa.
-Entonces debes esforzarte. Si no, me veré en la necesidad de hacerle una visita a tus preciados hermanos.
-¡Si al menos me dieras una cantidad...!- exclamó el pelilargo golpeando la mesa con ambas manos, presa de la desesperación.
-¡Eso no importa!- lo interrumpió- Es a mi a quien le debes, con que yo sepa la cantidad es más que suficiente.
-No es justo...- murmuró. Sentía un nudo en la garganta que no tardaría en transformarse en lágrimas si no se controlaba.
-Tranquilo, Tatsumi-kun- Kanou se acercó a él hasta sujetar su rostro con la mano- solo tienes que esforzarte un poco más- Souichi guardó silencio, alejando el rostro de la mano del dueño- bebe tu té, anda.
Souichi tomó la taza de la mano de Kanou, y le dio un largo trago, tratando de evitar que se formaran lágrimas en sus ojos mientras sentía la cinta de su yukata ser aflojada. Sabía lo que le esperaba, así que hizo un esfuerzo por desconectarse de la situación, sin lograrlo.
Cuando el orgasmo llegó a su ser fue un alivio para su cuerpo, más no para su corazón. Kanou se había retirado después de eso, dejándolo solo en aquella habitación que volvía a provocarle náuseas. Luego de casi media hora de quedarse ahí, tiritando, reunió fuerzas para ponerse de pie, cubrir su cuerpo con la yukata y regresar a paso lento a su habitación.
Se desnudó nuevamente frente al espejo, mirando con asco las marcas que el dueño le había dejado en la piel. Casi mecánicamente entró al baño y abrió la llave para que la tina se llenara. Se sentó en el pequeño banco a frotarse la piel con la esponja de baño. No se dio cuenta cuando sus uñas reemplazaron la textura de aquella, arañando su piel hasta sacarse sangre.
Rompió en llanto, golpeándose la cabeza con los puños. Se sentía sumamente asqueroso por lo que acababa de pasar. Anteriormente, había llegado a disfrutar sus encuentros con el dueño, pues era la única manera de librarse de la frustración sexual que el trabajo le dejaba. Más aún, él era la persona que había logrado salvar a su familia. Por mucho tiempo, se sintió en deuda con él, una deuda más allá de lo monetario. Se podría decir que casi lo estimaba. Todas las veces anteriores, se había involucrado con él de mutuo acuerdo, pero en esta ocasión había tratado de negarse a aquel placer y sin embargo, había fracasado.
Continuó llorando amargamente, odiándose por no haber podido controlar su cuerpo. Por sentir algo que no quería sentir.
Salió de la casa de té mirando su celular fijamente. Unos ojos verdes le devolvían la mirada desde su celular, brillantes. Entró a su auto, el cual partió con un rumbo ya fijado. El nombre de aquél resonaba en su cabeza. La enana de la recepción podía ser realmente útil. Salió de la galería para teclear un número y esperó pacientemente a que la persona del otro lado de la línea respondiera.
-Diga, Presidente.
-Morinaga Tetsuhiro. Actualmente reside en Fukuoka. Estoy de camino para allá ahora mismo, quiero toda su información en mi correo lo más pronto posible.
-Entendido.
Cortó la llamada y miró por la ventana. Estaba a unas horas de saber quien era ese sujeto que había tirado por la borda años de trabajo para apaciguar a la bestia que vivía dentro de Souichi Tatsumi.
Salió del baño y se tiró en la cama. No tenía ganas de nada. Apenas tuvo ánimos de ponerse el yukata encima, y se quedó recostado de lado mirando al patio. Cerró los ojos, pensando que tal vez podría dormir lo que restaba del día, cuando una de las chicas abrió nuevamente la puerta.
-Tatsumi-san, otra visita.
-No estoy para nadie- respondió sin voltearse.
-Tatsumi-kun, no seas grosero- una voz masculina se escuchó a sus espaldas.
-¡Isogai-sama!- la chica, asustada, trataba de detenerlo de entrar en aquella habitación cuando el pelilargo se dio la vuelta.
-Isogai…- dijo simplemente. La chica no pudo detenerlo, así que se disculpó cerrando la puerta- ¿por qué eres tan necio? Te he dicho que no atiendo a mis clientes en mi recámara.
-Pero yo soy más que un cliente, ¿no es así?- respondió Taichirou. Tatsumi se acomodó el yukata, incómodo.
-¿A qué has venido?
-Es lo que hacen tus clientes, ¿no?
-No estoy de ánimos.
-Tú nunca estás de ánimos. No me extraña. La única vez que te vi animado fue la noche que Tetsuhiro se quedó contigo- Tatsumi se cruzó de brazos. La pregunta le carcomía, así que la escupió sin más.
-Él… ¿vino contigo?
-No, claro que no. Esta muy ocupado ahora que su padre le heredó la empresa. Apenas y tiene tiempo para él mismo- Tatsumi bajó la mirada, lo cual Isogai no dejó pasar- ¿qué sucede? No me digas que esperas que vuelva…
-No es eso…
-Bien, entonces- se acercó al de cabellera plateada mientras aflojaba su corbata- ¿vas a atenderme?
-Te dije que no estoy de humor- Taichirou lo empujó hacia el colchón- ¡wah...!
-Yo te pondré de humor.
Silenció sus quejas con besos mientras tomaba posesión de su cuerpo. Isogai era alguien que no aceptaba un no por respuesta.
Muy en el fondo, sentía celos. Pocas veces había podido permitirse pagar los servicios de Souichi. En una ocasión se había ofrecido a pagar su deuda y sacarlo de allí, recibiendo solo burlas de parte del pelilargo. Morinaga era otro caso: pertenecía a una de las familias más adineradas de Fukuoka. Siempre que obedeciera a su padre, tenía la vida comprada. Pero el joven Tetsuhiro estaba mostrando un interés desmedido en Tatsumi, y no iba a permitir que se lo quitara.
Sentados en la cama, ambos fumaban un cigarrillo, aún sin ponerse la ropa. Souichi, cruzado de brazos, refunfuñaba la impulsividad del otro. Isogai era un buen cliente. No pedía nada, de manera que el pelilargo podía simplemente recostarse en la cama y dejarse hacer. Era mejor así. Sin embargo, era muy impulsivo, no respetaba los momentos ni espacios, y eso a veces significaba un problema. No había vuelto a atenderle desde un día que se le ocurrió asaltarlo en el pasillo.
Terminado su cigarrillo, Tatsumi tomó su yukata y se la puso sobre los hombros, sujetándola con la cinta alrededor de su cintura.
-Espero que estés satisfecho. Voy a tomar una ducha, hazme el favor de desaparecer antes que vuelta.
-Es por él, ¿cierto?- escuchó Tatsumi a sus espaldas. Aquellas palabras lo hicieron darse la vuelta.
-¿Disculpa?
-Es por Morinaga. Estás así de deprimido por él.
-Si estoy o no deprimido por lo que sea no es de tu incumbencia- expresó cortante, frunciendo el ceño- solo lárgate y no vuelvas más. Estoy harto de que los clientes quieran inmiscuirse en mi vida como si de verdad les interesara.
-A mi me interesa- Isogai se puso de pie, acercándose a Tatsumi- te lo dije una vez. Quiero llevarte lejos de aquí.
-¿Con qué dinero? Sabes bien que no tienes nada. Además, ¿para qué vas a llevarme contigo? ¿No dijiste tú mismo que tu jefe es un homofóbico empedernido? ¿Crees que aceptará que uno de sus altos mandatarios sea un homosexual?
-Yo no soy homosexual- negó Isogai tomándole del brazo- se trata de ti solamente.
-Al menos ten la vergüenza de admitirlo- le escupió Souichi arrebatándole su brazo- ¿si no eres gay, entonces por qué vienes tras de mi culo todo el tiempo?
-Tal vez es porque te pareces demasiado a una mujer.
Un golpe resonó en aquella habitación. Souichi le había abofeteado con suficiente fuerza como para hacerle tambalear.
-Lárgate de aquí- le dijo seriamente, girándose dispuesto a salir de la habitación cuando…
-Va a casarse- aquellas palabras le helaron la sangre. Le hicieron detenerse aún cuando estaba decidido a no escuchar una palabra más. Giró lentamente, la mano aún apoyada en la puerta corrediza.
-¿Qué fue lo que dijiste? -murmuró, apenas audiblemente.
-Dije que Morinaga Tetsuhiro va a casarse.
En algún lugar de Nagoya, Morinaga terminaba su trabajo del día y se estiraba para relajar su cuerpo. Eran casi las nueve en punto. A pesar de ser temprano, había sido un día agotador, como todos los días desde que su padre lo había ascendido a la presidencia de Farmacéuticas M. "Es así de difícil porque estás empezando" repetía, como un mantra, las palabras del ex presidente en su cabeza.
Se puso de pie, ordenando los papeles sobre su escritorio. Los nuevos socios estaban dejando grandes inversiones que ya estaban siendo aprovechadas al máximo. Todo iba viento en popa. Tal vez, en unos días más podría darse tiempo para volver a Nagoya. Diciembre estaba casi a mediados, y desde aquella ocasión tan especial que compartió con su amado Souichi, no había sido capaz de volver para cumplir su silenciosa promesa.
Ahora que era el presidente de la empresa, no tendría inconvenientes para traer a su lindo pelilargo a vivir consigo. El verdadero problema era que su padre ya había comenzado a ofrecerlo con sus amigos y socios, quienes tenían hijas de su edad, o poco menores. Por más que le pidió que no hiciera semejante cosa, su padre no había parado, comprometiéndolo por fin con una linda jovencita dos años menor que él.
Tetsuhiro se sentía abrumado. Ni siquiera había tenido la oportunidad de negarse. Su padre prácticamente lo estaba vendiendo en matrimonio con uno de sus socios, quien siempre le dio buen ver del muchacho. Constantemente le insistía en que llevara a la chica en una cita para conocerla mejor, pero Tetsuhiro se escudaba en su trabajo y el poco tiempo que tenía para evitar ese encuentro lo más posible.
¿Qué pasaría si se negaba al matrimonio? Si le confesaba sus verdaderas preferencias, ¿su padre tomaría represalias? Su mente divagaba en un mundo de posibilidades cuando el interfón en su escritorio llenó la habitación con la voz de su secretaria.
-Presidente Morinaga, una persona ha venido a verle.
-Dile que vuelva mañana, ya es demasiado tarde- le pidió mientras cerraba la última carpeta.
-Presidente, dice que es urgente.
La voz de la chica se escuchaba extrañamente nerviosa. Morinaga, con un gesto de resignación, apartó los papeles a un lado y le indicó a la chica que hiciera pasar a la persona en cuestión. Pronto la muchachita abrió la puerta, y Morinaga vió entrar a un alto hombre de traje, más alto incluso que él. Le ofreció asiento, el cual el extraño tomó sin rechistar.
-Buenas noches, señor…
-Kanou Somuku. Dueño de la firma financiera más grande de Shinjuku.
-Morinaga Tetsuhiro, un placer- dijo saludando al extraño. No terminaba de entender a qué había venido aquel sujeto a su oficina a esa hora de la noche. Esperaba atenderlo pronto y poderse ir a descansar, así que fue al grano- dígame, ¿en qué puedo servirle?
-He venido por una simple razón, Morinaga-san. En su última visita a Nagoya, se metió usted con una de mis posesiones. Parece ser que la trató demasiado bien, pues ahora se niega a trabajar como es debido.
-Disculpeme, Kanou-san, pero creo que no nos estamos entendiendo- dijo Morinaga profundamente confundido.
-Hablo de Tatsumi Souichi. Usted estuvo en mi casa de té hace unas semanas, y tuvo varios encuentros con él. Normalmente no tengo que preocuparme por los clientes que toma, pero tal parece que usted le causó una conmoción.
-Ya veo- la cara de Morinaga se endureció- así que usted es la persona que mantiene a Souichi encadenado a ese horrible trabajo.
-Horrible trabajo que a usted no pareció desagradarle. ¿O ya olvidó lo bien que la pasaron la noche que durmieron juntos?- Morinaga se quedó en silencio. ¿Cómo es que ese hombre se había enterado?- Tengo ojos en todos lados, Morinaga-san, ¿qué clase de dueño sería si no vigilara mis pertenencias?
-¿Qué es lo que quiere?
-Simple: no regrese nunca más a mi casa de té. No trate de contactar a Tatsumi-san otra vez. Es una de mis posesiones más preciadas. No quiero que siga echándola a perder.
-¿Y si me niego?- preguntó enarcando una ceja
-No le conviene hacerse el valiente, Morinaga-san. Ya conozco todo sobre usted. Puedo hacerle muchísimo daño si me lo propongo. Además, le recuerdo que Tatsumi-san está en mis manos. Y estoy seguro de que no quiere que nada malo le pase, ¿o sí?
Morinaga tragó saliva, guardando silencio un momento. ¿Debía intentar negociar con aquel sujeto de una vez por todas?
-Bien, es todo- dijo Kanou poniéndose de pie- me retiro.
-¿Cuanto quiere?- preguntó Morinaga de pronto.
-¿Disculpe?
-¿Cuánto quiere por dejar a Tatsumi-san libre?- dijo mirándolo seriamente, poniéndose de pie también. Kanou soltó una risa.
-Tatsumi-san no está en venta. No me privaría de disfrutarlo solo para que otra persona lo tenga.
-Le pagaré lo que quiera. Puede transferir la deuda de Tatsumi-san a la cuenta de mi empresa si quiere.
-Su deuda está en toichi*. ¿Está usted seguro de que quiere arriesgar el futuro de su farmacéutica solo por un hombre? ¿Qué dirá su padre de usted?
Kanou había dado justo en el clavo. Morinaga se quedó callado nuevamente. Si hacía algo como eso, seguramente su padre lo reprendería. Más si se enteraba la razón de adquirir una deuda de la cual ni siquiera sabía el monto. Era tomar demasiados riesgos. Al ver que no respondía, Kanou sonrió nuevamente.
-Sabía que no valía la pena- dijo dándose la vuelta para salir de aquella oficina. Estaba por abrir la puerta, cuando la voz de Morinaga resonó, fuerte y clara, en aquella habitación.
-De acuerdo. Puede transferir la deuda a mi empresa. Solo tengo algunas condiciones.
Hasta aquí el capítulo de hoy jeje estoy teniendo nuevas ideas para este fic, Laura Paty puede descansar tranquila, ya le encontré una alternativa a mi final triste :'v
Muchas gracias por su apoyo, nos leemos en el próximo capítulo n.n/
