Buen día! Primero que nada, gracias por leer, y por dejar comentarios, me encanta saber que la historia les está gustando, así que ya saben, siempre son bienvenidos, así como sugerencias y críticas constructivas
Trataré de subir capitulo cada semana, entre jueves y sábado, conforme vaya terminando el nuevo capítulo, espero poder cumplir al pie de la letra las actualizaciones, se lo que es no poder terminar de leer una historia…es tan triste, y frustrante, así que daré mi mejor esfuerzo.
Para quien les guste esta historia, les puedo decir que tengo otro perfil en fanfiction, es antiguo, pero también tiene dos que tres historias de Inuyasha. Esta bajo el nombre de tomoeandikr. Por quien guste pasar a visitarlo, son bienvenidos.
Disfruten el capítulo!
Hacía frío, mucho. Había salido de la posada portando únicamente su kimono y eso era todo. Trataba de no temblar, ni castañear los dientes, pero le era difícil, sus piernas estaban tan frías que apenas las sentía, sus brazos estaban entumecidos, y estaba segura que sus labios eran de un azul no muy atractivo.
Volteo a ver a Sesshomaru, parecía no estar sufriendo del frío, caminaba seguro, delante de ella, parecía bastante alerta, con una mano en su espada, aunque con las habilidades que le había visto tener, dudaba mucho que realmente la usara.
Se preguntaba que es lo que pensarían sus padres de su situación. La habían entrenado, si, pero sospechaba que nunca hubieran creído que realmente fuera hacer uso de todo su entrenamiento, y menos caminar por la montaña nevada, en compañía de un hombre, por que demonio o no, Sesshomaru era un hombre, y sin dama de compañía. No, a su madre le daría un infarto, seguro.
Aunque, pensándolo bien, no tendría que estar pasándola mal si al menos Sesshomaru le mostrara los modales adecuados. Se supone que estaba educado para ser un aristócrata, mostrar los más finos modales, y hasta el momento no había visto ni el más mínimo asomo de finos modales, no se había preocupado por si ella pasaba frío, solo seguía caminando sin preguntar como estaba, en esos momentos ella era su responsabilidad, y no parecía estar consciente de todo lo que significaba.
Bien, quizás ella tendría que intervenir, estaba segura que no aguantaría otra hora caminando entre la nieve.
-Tengo frío – dijo Kagome muy seria – Quizás Sesshomaru-sama no sufra de frío pero yo sí, no puedo seguir caminando así.
Sesshomaru se detuvo, ya lo había visto venir, tenía que admitir que la humana había resistido bastante, pero era de esperar que tarde o temprano se quejara, el frío era mucho para la débil complexión de la chica, y sin duda los atrasaría mucho más de lo previsto. La otra opción era incuestionable, no se rebajaría a cargarla en su espalda, o en los brazos, la chica tenía dos piernas, y bien podría seguir caminando. Punto.
Con movimientos lentos, Sesshomaru se quitó su protección, la esponjosa tela era caliente, y en su caso era símbolo de su estatus, más sin embargo, en esta ocasión tendría que servir como abrigo para la humana.
-Póntelo – dijo al dárselo, viéndola despectivamente. Kagome tomó la tela y se envolvió en ella lo mejor que pudo.
-Aún así, no voy a poder seguir – dijo Kagome segura.
-¿No tienen las mikos un entrenamiento físico? – preguntó Sesshomaru en tono que si Kagome no se equivocaba tenía un ligero toque de burla.
-¿No se supone que como heredero del clan Taisho debería de tener modales impecables? – preguntó de regreso Kagome.
Sesshomaru levantó una ceja sin creer la insolencia de la chica. ¿Quién demonios se creía que era al hablarle así al gran Sesshomaru Taisho? Nadie había tenido tal insolencia, mas sin embargo aquí estaba una humana, de no más de 19 años, reclamando su falta de modales. O era muy tonta o muy valiente, aún no sabría decir, pero de alguna manera se inclinaba por la primera.
-Dudo mucho que la heredera del clan Higurashi deba quejarse tanto – dijo finalmente, no se disculparía, el nunca se disculpaba.
-No me conoces – dijo Kagome olvidándose del trato formal – Puedo ser resistente, pero esto sobre pasa mis capacidades, me has traído caminando por la nieve, con no más que un kimono, no he dormido nada, si bien se que no es tu culpa, tampoco la mía, y tengo hambre, pienso que moriré de frío antes de llegar al palacio, y dudo mucho que a tu padre le agrade…
-Silencio – dijo Sesshomaru harto. Hablaba demasiado, la chica hablaba demasiado, podía sentir su corazón agitado, el enojo le había brindado un poco del calor que le hacía falta, sus mejillas volvían a estar ligeramente sonrojadas y su voz ya no temblaba tanto. – Hablas demasiado
-Hablo demasiado porque tengo que encontrar algo que hacer, hemos caminado por horas- dijo Kagome sintiendo como sus piernas volvían a entumirse un poco – Y para distraerme del frío.
Se avecinaba una tormenta, podía verlo en el cielo, el aire estaba ligeramente más húmedo, y la brisa bajaba cada vez más su temperatura, la miko no aguantaría mucho más, eso era cierto. Si no se equivocaba había una caverna vacía más adelante, y tendría que reunir leña para una fogata, el calor sería imprescindible cuando la tormenta cayera. Volteo a ver al cielo y decidió que no tenía mucho tiempo. Si estuviera el solo, no habría problema, hubiera llegado al palacio hace horas, la tormenta no sería problema, y si estuviera a la intemperie tampoco moriría de frio, pero siendo su situación actual, tenía que actuar, y rápido.
-Hay una caverna más adelante, nos quedaremos ahí – anunció comenzando a caminar, y pudo ver de reojo el alivio en el rostro de Kagome.
La cuesta se volvía más pronunciada, pero al final pudo ver la entrada a la caverna, Sesshomaru ya estaba en la entrada, y se hizo a un lado para dejarla entrar.
Adentro si bien no era cálido al menos la brisa se había dejado de sentir, el viento ya no chocaba contra sus mejillas, dejándolas insensibles. Era una caverna pequeña, pero suficiente para los dos.
-Quédate aquí – le instruyó Sesshomaru y se dio la media vuelta.
Antes que ella pudiera decir algo, ya se había ido.
Pero volvería ¿no? No es que le tuviera mucha fe, pero era la única persona a la que podía aferrarse por el momento. Tenía que creer en que volvería.
Se sentó en el frío piso de piedra y se froto las manos unas con las otras, Kami, si que tenía frío, cuanto daría por un baño caliente y una cómoda cama. Quizás Sesshomaru tenía razón, su cuerpo a pesar de haber pasado por entrenamientos que en su momento considero duros, no estaba listo para un viaje como este, sus piernas se cansaban con facilidad, sus manos se volvían torpes con el frío y en lo único que podía pensar era en su cama y un baño caliente.
Vaya heredera que era.
Tendría que mejorar para poder ganar la contienda, eso era un hecho.
Su idea de casarse enamorada se había evaporado en cuanto se enteró de loa noticia, pero realmente nunca se había enamorado, así que no sabía de que se perdía. Esperaba poder tomarle afecto a Sesshomaru, poder tener una sana convivencia, pero hasta ahora solo habían discutido, y ni siquiera había podido entablar una conversación decente.
¿Es esto lo que le esperaba?
Una fría convivencia, con conversaciones superficiales y reproches ocultos.
Por otra parte tenía mucho más que otras chicas. Estaba segura que un lord era un partido que cualquiera querría. Y no solo un lord, un demonio de la más alta categoría, tenía propiedades, su padre demostraba ser un ser gentil y honesto, el clan de la familia era poderoso y estaban formando una alianza que perduraría por generaciones. Kagome se repetía lo mismo cada vez que entraba en conflicto, esto lo hacía por todos los aldeanos que dependían de su padre, evitaría futuras guerras, que harían que esas familias perdieran a hijos y padres, tendrían abundancia en alimentos, guerreros que les protegieran, y a cambio ella solo tenía que sacrificarse.
"Tu vida no es tuya para vivirla, perteneces al bien común" le había dicho su padre. El se había casado con su madre por compromiso, por una alianza que fortaleció el clan y era su lugar, que ella hiciera lo mismo. Su madre había sobrevivido, y parecía bastante satisfecha con su vida. Ella podría hacer lo mismo.
Encontraría placer en ayudar a la gente, en criar a sus hijos, en hacer el bien. El amor no lo era todo. No podía ser todo en la vida.
Un trueno interrumpió sus pensamientos.
Con dificultad se puso de pie y pudo ver como la tormenta comenzaba a caer. Los copos de nieve que al principio parecían inofensivos, se convertirían en una tormenta en la que sería difícil ver y avanzar.
Se mordió el labio pensando en Sesshomaru. Si, era un youkai pero una tormenta no era un juego. Su padre había estado durante la gran tormenta de Hiseido, una tormenta que paso a la historia como la peor, pueblos enteros desaparecieron, la gente moría de hambre o frío, había insuficiente leña seca para calentar los hogares y la comida escaseaba. Durante esos tiempos tan terribles, su padre vio como youkais caían muertos al igual que los humanos.
Sesshomaru no era invencible.
Aunque parecía bastante cerca de serlo.
- La cena – dijo Sesshomaru al entrar en la cueva con un conejo muerto en su mano derecha y leña en la mano izquierda.
Kagome se puso de pie en un saltó y tomó la leña, después vio al conejo muerto y prefirió ignorarlo. Se agachó y preparó la fogata, poniendo perfectamente la leña y comenzó a friccionar un par de piedras para poder encenderla.
Sesshomaru vio con atención como la humana prendía la fogata, al parecer no era totalmente inútil. Tomó al conejo de una pata y con la garra de su dedo índice limpió al conejo, sabía que la chica había recibido entrenamiento, pero dudaba que le enseñaran a jóvenes mikos a destazar conejos.
Después de unos momentos tenían una agradable fogata y un conejo asándose. Kagome e sentó cerca de la fogata satisfecha.
-Hace mucho que no lo hacía, encender una fogata es una de las cosas que normalmente ya no te enseñan, pero mi padre insistió, decía que siempre tenía que estar preparada – dijo Kagome sonriendo - ¿Puedo dejar los honoríficos a parte? Es incomodo, solo estamos nosotros dos.
Sesshomaru mantenía la vista fija en la fogata y no reaccionó a lo que decía Kagome, por lo que ella lo tomó como un si.
-No hablas mucho ¿verdad – preguntó Kagome volteando a ver al demonio que le lanzó una mirada de reojo.
-No cuando no es necesario – contestó finalmente Sesshomaru.
Kagome le vio enfadada, ¿no cuando no era necesario?, ¿y entonces que ella le estuviera tratando de hacer conversación no era una razón suficiente? ¿Qué era lo que le enseñaban a los herederos del clan Taisho?, su padre parecía bastante decente, pero Sesshomaru hasta el momento no había demostrado sacar el carácter afable de su padre.
-Seguro eres un éxito con las mujeres – dijo sarcástica Kagome.
-El éxito que tenga o no con las mujeres no es de tu incumbencia, quizás la razón de mi comportamiento es que no eres de mi agrado.
Kagome alzó la vista hacía el techo de la caverna exasperada.
-Tengo el presentimiento que nadie es tu agrado – dijo Kagome seria. – Yo lo lamento por las otras dos pretendientes, quizás esperan un apasionado romance contigo.
-¿No tienes otra cosa que hacer que no sea hablar? – le preguntó Sesshomaru exasperado.
Kagome suspiró y recargó su cabeza en sus rodillas dobladas, abrazándolas.
-Si no me distraigo en algo solo puedo pensar en si Kaoru habrá llegado a tiempo para avisarle a mi padre – contestó sincera Kagome. –Mi padre tiene soldados, si, pero no esta alerta todo el tiempo, no entiendo por que querrían atacarnos…
-Una alianza entre humanos y demonios siempre tendrá enemigos – dijo Sesshomaru. No por intentar calmar los sentimientos de la humana, después de todo no tenía experiencia en el asunto, pero sospechaba que la chica se pondría a llorar si no hacía algo. – Mi padre cuida a sus aliados, tu padre estará bien.
Kagome vio con sorpresa al príncipe demonio y asintió.
-Eso fue muy amable…e inusual de tu parte – dijo Kagome sonriendo levemente.
-Me disgustan las lágrimas, es ciertamente molesto – contestó Sesshomaru en tono ofendido. Kagome suspiró.
-Me quedaré con la idea que querías consolarme, gracias – dijo revisando el estado del conejo.
….
Les tomó menos tiempo del esperado llegar al palacio. No tuvieron ningún contratiempo como el lo supuso, se necesitaba más que un grupo de hombres para derrotarlos. El sabía que el problema sería la alianza con los Higurashi. Una alianza con humanos siempre sería mal vista, entre demonios y humanos. Si recibía ataques sería de demonios, estaba seguro, pero de igual manera estaba preparado, sus soldados eran los mejores, cada uno de ellos valía por dos o tres demonios, sus generales eran eficientes y valientes, sus dos hijos estaban entrenados para tiempos difíciles en caso de llegar. Una guerra no le preocupaba.
Lo que le preocupaba era que Sesshomaru encontrara algo, o mejor dicho alguien que rompiera esa coraza de hielo alrededor de su corazón. Desde pequeño había sido extremadamente reservado, y algo inclinado hacía la superioridad de carácter e introspección, más de lo saludable para un niño.
Ahora de adulto su hijo era un modelo de guerrero, todo lo que un heredero debe ser, más sin embargo su corazón era frío y su padre dudaba que pudiera ser feliz tomando como pareja a otro youkai, más frío que él.
Kagome era una brisa de primavera, podía verlo desde el principio, su padre, Tsukomi, le había comentado del difícil carácter de su hija, se negaba a ser controlada, no era sumisa, y mostraba más rebeldía de la que debería mostrar la heredera del clan Higurashi, más sin embargo quizás era lo que necesitaba su hijo, alguien valiente que no temiera el decirle lo que pensaba.
-Taisho-sama – entró un guardia a su cámara
-¿Qué sucede? – preguntó viendo al guardia, parecía agitado, un poco pálido.
-Se han divisado grupos armados en el camino, Sesshomaru-sama y la princesa no han regresado, Jaken-sama me ha pedido que se solicite un grupo de búsqueda…- el demonio parecía perder valor conforme avanzaba su discurso, su señor parecía molesto por la intromisión.
-Sesshomaru no necesita ser rescatado – dijo molesto – Puede con un poco de acción, le hará bien.
El soldado palideció y tragó saliva.
-¿Y la princesa? – preguntó en un tono tembloroso.
-Un poco de acción no le hará daño, Tsukomi la ha mantenido muy protegida, tiene que entender que la vida de los Taisho no es así, mi hijo la protegerá, llegarán bien.
El soldado inclinó la cabeza y desapareció detrás de la puerta.
Lord Toga era por mucho el padre más estricto que había visto. El entrenamiento para soldado de la ciudad del oeste era uno de los peores, pero sabía a ciencia cierta que el entrenamiento que habían recibido los herederos del clan era mil veces peor, Sesshomaru había entrenado directamente con Lord Toga, que su señor estuviera tan seguro que su hijo no tendría ningún problema solo demostraba el infierno de entrenamiento que seguramente pasó su hijo.
No, no envidaba a Sesshomaru en nada.
Toga vio desaparecer al soldado, era como todos los demás, le respetaban pero al mismo tiempo le temían, justo como a Sesshomaru e Inuyasha, que quizás mostraba un carácter mas explosivo y los soldados tenían miedo de ser víctimas de uno de sus arranques, más el conocía a su hijo, nunca le haría daño a nadie sin razón alguna.
Volteo a ver el cielo, esperaba que Sesshomaru mostrara un poco más de modales que de costumbre. Su hijo tenía cierta inclinación a ser demasiado frío y Kagome necesitaba un poco más que eso para sobrepasar la montaña y llegar a salvo.
