1998.–
La goma de borrar.
–No me gustan estos ejercicios –se quejaba Edward.
–Dímelo a mí, yo voy atrasada en cuatro hojas.
–Eso es porque no viniste a clases, Bella.
–Porque estaba enferma, Eddie. No me retes –miré mi última corrida de ejercicios, no me convencía, así que la empecé a borrar.
La semana pasada habíamos comenzado a utilizar el 'cuaderno azul' ¿qué significaba eso? Fácil, la profesora marcaba en la primera línea una secuencia, de cuadrados, triángulos o cualquier otra figura, y nosotros teníamos que repetirla en toda la página. Justo cuando comenzábamos con los ejercicios de ese cuaderno, falté al colegio porque me resfrié, y ya estaba atrasada con la tarea.
–Bella, creo que eso está mal, es un cuadrado, no un triángulo –se reía.
–Es que estoy tratando de hacer las dos tareas a la vez, Eddie, si me aburro de dibujar cuadrados, dibujo triángulos.
–Te vas a confundir mucho más, y vas a tener que hacer todo de nuevo.
Era verdad, no era una buena idea, tomé mi goma de borrar nuevamente, me encantaba, porque era rectangular y muy grande, apenas caía en mi mano. Afirmaba la punta de la hoja –como me enseñó mamá– y con la otra mano sostenía la goma y borraba. Estaba entretenida en mi labor, cuando la mirada insistente de Eddie me interrumpió.
–¿Qué pasa?
–Tu goma está bastante sucia.
–Mi goma ha borrado muchas cosas, por eso que está cochinita.
–Y las gomas no tienen por qué tener marcado tu nombre así –Edward apuntó mi goma. Yo le había quitado el cartón que parece ropita, y le había escrito 'Bella' con la punta de mi lápiz grafito. Se veía bonita, creo que eso mismo hacía que estuviera más sucia–, ¿quieres que limpie tu goma de borrar?
–¿Y cómo lo harás?
–Déjamelo a mí –se volteó a buscar algo en su mochila, yo seguí borrando la última corrida–, pásame tu goma –yo se la entregué y con un pulso muy bueno para ser un niño de siete años, comenzó a tijeretear mi goma. Yo le miraba expectante, jamás se me habría ocurrido cortar mi goma para que pudiese quedar más limpia–. ¡Terminé! –celebró feliz, pasándome mi goma.
–¡Oh, ahora cabe en mi mano! ¡Y está limpia! Gracias Eddie –él tomó su lápiz y siguió haciendo más ejercicios. Yo seguí borrando toda la hoja y comencé a corregir los que había hecho mal.
Cada uno estaba trabajando en su cuaderno azul, pero me había vuelto a equivocar, me puse a borrar la corrida.
–Tienes la goma sucia de nuevo, ¿quieres que te la limpie otra vez?
–Bueno, aquí está –le pasé mi goma, y me puse a ver nuevamente como la cortaba un poco más–, ¡gracias!
Seguimos trabajando, a él se le perdió su goma, así que ocupaba la mía, se equivocó en toda una tarea.
Mi goma se volvió a ensuciar.
–Límpiamela, por favor –le pedí. Sacó su tijera, y volvió a recortar mi goma. Ya no tenía forma rectangular, era pequeñita, como la mitad de un sacapuntas. Costaba agarrarla para borrar.
–Voy a llamar a los niños que hoy comenzaron con las tareas del cuaderno azul –habló la profesora–, estén atentos.
Me apuré e hice una página y media.
–Bella, ven con tu cuaderno.
–Sí profesora.
–Que te vaya bien.
–Gracias Eddie.
Salté de la silla y tomé mi cuaderno, le mostré a la profesora mis avances.
–Has avanzado bastante Bella, y eso que hoy comenzaste con los ejercicios –me felicitaba–, pero creo que esta corrida la hiciste muy rápido, trae tu goma para que la pueda borrar y así sigues trabajando.
–Sí profesora –me dirigí a mí puesto que en este año, estaba en la fila del medio pero en el segundo banco. Tomé mi goma y volví a donde mi profesora–, aquí está.
–¿Y esto? –preguntó cuando vio mi goma.
–Es mi goma de borrar.
–¿Y por qué está tan pequeña, Bella?
–¡Ah! Es que Edward tiene un modo de limpiar las gomas, profesora.
–¿Y cuál es ese método?
–Fácil, corta todo lo sucio de la goma, y así queda limpiecita –Le contestaba feliz, mostrando mis dientes, algunos de leche y otros nuevecitos.
–¡Edward Cullen! –gritó la profesora, mis compañeros miraron a Eddie.
–¿Sí? –dijo desde su asiento.
–Cuando te venga a buscar tu mamá a la salida de clases, dile que quiero conversar con ella –pidió la profesora, bajando un poquito el tono de su voz.
–Bueno profesora.
–Bella, pídele a Ángela que te preste su goma.
Fui hasta su puesto, Ángela me prestó su goma de borrar sin ningún problema. La profesora borró mis ejercicios malos y me mandó a tomar asiento.
La tarde se hizo corta entre tantos ejercicios, ya no tenía goma, porque Edward y yo la ocupamos durante todas las clases de ese día. Cuando el inspector tocó la campana y este sonido nos indicó que era hora de ir a casita, yo me despedí de Edward y fui a la sala de profesores a buscar a mi madre. Las dos esperamos a fuera del colegio a que pasara papá por nosotras.
.
Al otro día, mi mamá me dejó a la entrada del colegio, porque ya iba atrasada. Yo subí las escaleras afirmándome de la baranda. Ahora nuestra sala estaba en el segundo piso. Me di cuenta que la mamá de Edward, la tía Esme, estaba con él y mi profesora en la entrada de nuestro salón de clases.
–Perdón por cortar tu goma –me dijo Edward mirándose los zapatos cuando llegué a la puerta de la sala.
–Lo siento Bells, ayer la profesora me comentó que Edward recortó tu goma, así que lo reté, y lo mandé a que fuera a comprarte una goma nueva, él y Emmett la escogieron –me hablaba la tía, mientras me entregaba una preciosa goma. Era más pequeña que la antigua, pero venía en una cajita, con un plástico. Era una goma de marca, se veía bien cara.
–¿Me perdonas? –preguntó Eddie mirándome, tenía sus ojos algo llorosos, a él no le gustaba que su madre lo retara delante de más personas, y estar ahí, junto a la profesora, era muy vergonzoso.
–No tengo nada que perdonarte, yo también te pedí después que cortaras mi goma.
–Pero igual, yo partí con lo de cortar la goma para que estuviese más limpiecita.
–Bueno niños, adentro lo siguen conversando, sus compañeros ya empezaron a trabajar con el cuaderno rojo.
–¡Marcar letras! –me animé, el cuaderno rojo tenía que ver con las letras–, chao tía, y gracias por la goma.
–De nada Bells, ya hablaré con tu madre –escuché decirle, después ella le dio un beso sonoro a Edward y por fin él pudo entrar.
–¿No vas a abrir la goma que te compramos con mi hermano? –me preguntó, al ver que yo miraba la goma y la comenzaba a guardarla en el bolsillo de mi delantal blanco.
–Claro que no, la voy a guardar como recuerdo, así, cuando seamos grandes y veamos la goma, nos acordemos que para limpiar gomas, no hay que cortarlas –respondí.
Los dos nos pusimos a reír, y comenzamos a hacer los ejercicios del cuaderno rojo.
Hoy marcábamos la letra 'G', de gomas.
Nota de la autora:
Si lugar a dudas, uno de los recuerdos que más me gustan. La inocencia de la niñez es algo tan hermoso, que con solo traspasar esto al papel me reía y me salían sonrisas a cada momento. Tuve la fortuna de tener una infancia cargada de momentos de este tipo, donde dicha inocencia me causó uno que otro problema, pero eso no manchará esta historia, que le voy teniendo un cariño inmenso.
Ya saben ya, no hay que cortar las gomas para que estén más limpias :D
PD. Me releí el shot y me dio algo de nostalgia… xD
