Dedicación: Con mucho cariño para SaraKem gracias por dejarme review
Don´t Speak
Capitulo 3
¡Castigo!
« Nunca te metas con una Dumbledore »
Por fin reinaba la tranquilidad en la sala común. Era una suerte que nadie estuviera haciendo ruido, o quizás fuera porque su personalidad asustaba demasiado a sus compañeros, que decidieron dejar sus bobadas y dejarla en completa soledad.
Sí, por fin podría terminar su trabajo de pociones y empezar el de criaturas mágicas. Estupida materia que para ella no le serviría de nada. Pero si quería ser la mejor de su curso debía superarla y posteriormente dejarla. Estaba por ponerle el punto final a su trabajo cuando, una voz -muy conocida a su pesar- se escucho fuera del retrato de la dama gorda. Esta voz resonó por el lugar, justo en ese instante llego una furia de cabellera rubia casi platinada entrando como un huracán y derribando un frasco de tinta sobre su trabajo.
Eso no podía estar pasando ¿Por qué la castigaban de esa forma? Se pregunto, más con un simple conjuro limpio su trabajo ya terminado y lo guardo. Se dirigió a las escaleras de su dormitorio, para ver la razón de que Ariana se encontrara de esa forma tan peculiar.
Con suma lentitud guardo sus cosas y subió la escalera rumbo a las habitaciones de las chicas. Noto como letrero donde marcaba el nombre de las personas que compartían la habitación estaba torcido, así que se detuvo un instante a acomodarlo correctamente. Ahí podía claramente leer cinco nombres. Braginski, Dumbledore, Prince, Roth, & Wong. Y así entro a la habitación.
Llego bastante enfadada a la torre de Gryffindor. Después de gritar una sarta de groserías -demasiado muggles que casi nadie entendió-, llego a su habitación arrojándose de lleno sobre su cama. Estaba tan molesta, por la culpa de esos idiotas ahora tendría que cumplir un castigo.
— ¿Qué pasó?— pregunto una voz bastante oscura y tenebrosa. Ariana se giro hacia su amiga y se tiro a sus brazos.
— Por culpa de cuatro idiotas estoy castigada…—informo llena de melancolía. Aferrándose a los brazos de la chica oscura.
— ¿Por qué?— no era realmente que le importarse, pero ver a esa niña llena de vida estando tan triste la hizo… sentirse un poco mal.
Después de contarle todo con lujo de detalles, ya no se sentía triste. En cambio quería vengarse de aquellos chicos. Sin embargo Rachel se fijo en otra cosa de la historia, que no parecía inquietar a la rubia, así que por el momento lo dejo pasar. Después de todo, bien podría llamarse "coincidencia".
— Pero esto no se queda así, juro por las barbas de Merlín que me vengare de ellos muajajaja— una gotita apareció en la cien de Rachel. Sí, le agradaba la ojiazul y era bastante interesante, pero en ese instante tenia que huir o… Justamente cuando se encontraba en la puerta, cuando una voz se escucho a sus espaldas.
— Rachel… me ayudaras ¿verdad?— Rachel no quería voltear, sabia muy bien lo que le esperaba. Aquella carita de perrito a medio morir, pero al sentir una mano en su hombro supo que estaba perdida.
James se encontraba con la cara gacha. Hacia unos momentos, fue prácticamente sacado de la enfermería con sus otros "compañeros de juegos".
Le dolía mucho la cabeza, pero aun no recordaba como demonios término en el suelo después de "torturar" a Aria. Si que había sido divertida verla tan avergonzada y gritándoles palabrotas, aunque ahora que lo pensaba le desconcertaba levemente el porque estaba tan enfadada. Obviamente quizás fue por el Slytherine que estaba ahí, pero él no lo había invitado.
Revolvió sus cabellos rebeldes entrando a la sala común y sentándose en el sofá con pesadez.
— Potter gracias por el libro de pociones…— grito un chico de cabellos oscuros y ojos grises al momento que le aventaba un "destartalado" libro a James, el cual solo se quedo tieso.
— Nigel ¿Qué paso con el libro? ¡Estaba nuevo!—mas que asustado se hallaba trastornado. Aquel no era su libro. Por la mañana después de "plantearse" seriamente el hacer la tarea, su amigo Nigel Von Grantz, le había pedido prestado su libro para practicar, pues tenía castigo con la profesora de pociones. Nunca imagino que…
— Lo siento es que se me cayo algo de poción encima. Pero no te preocupes ya mande una lechuza a Flourish y Blotts para que me manden otro y así devolvértelo. En serio yo…— más James ya no lo escuchaba. Ariana ahora si lo iba a matar o tal había sido por aquello que lo estaba buscando, estaba en serios problemas ¿Qué iba a hacer?
— James estas muy pálido….— esa voz… se trataba de ella. Abrió los ojos encontrándose con dos iris azulados mirándolo con algo de preocupación. Se paro de inmediato alejándose de su amiga por lo que noto como ésta, fruncía el seño. Tras de ella se encontraba la extraña de Rachel, ahora tenia mas miedo puesto que lo veía de una forma tan… atemorizante que hizo ponerle la piel de gallina.
— ¿Por que se puso así Potter?— le pregunto con frialdad Rachel a Nigel, el cual se puso algo nervioso por lo que comenzaba a agarrarse el cabello.
— Bueno es que él me presto…— pero el chico ya no podía decir nada puesto que James le había tapado la boca y reía de una forma nerviosa.
— Es que le prometí ir a estudiar a la biblioteca luego nos vemos ciao— dijo despidiéndose y saliendo rápidamente del lugar.
— Algo oculta…— murmuro Rachel para si misma
— Jeje pues si es relacionado a lo que "ya sabes" nos divertiremos mucho amiga…— dijo de forma divertida Ariana.
Su respiración era lenta, calmada, una sonrisa asomo sus labios. Estaba tan cómodamente descansando aquel mañana, que ni cuanta se dio que faltaban unos minutos para el inicio de clases. Pero ¿Quién pensaba en ello? Si podía estar soñando con un buen partido de Quidditch donde le pateaba el trasero a varios Slytherine…
Nadie se había atrevido a interrumpir su sueño. Y es que, cuando James Sirius Potter no dormía todo lo que el deseaba… bueno decir que sus compañeros de habitación ya le conocían era decir poco.
Nigel volteo por última vez para observar a su compañero de habitación. ¿Había visto algo moverse por entre las cobijas de su amigo? Negó con la cabeza unas cuantas veces, seguramente aquello no podía ser posible.
Bajo con lentitud las escaleras de la torre en dirección a la sala común, paso como si nada tomando su mochila, salio de la torre Gryffindor.
Un grito lleno de terror se escucho por los pasillos del castillo, claro que casi nadie se dio cuenta de ello. Tan solo los incautos alumnos que aun permanecían en el lugar de los hechos, la torre de Gryffindor.
Una sonrisa macabra se cruzo por los labios de la pequeña Dumbledore que ya bajaba en compañía de Rachel para desayunar. Sus uniformes estaban totalmente planchados y acomodados adecuadamente cuando escucharon aquel grito. Rachel comenzaba a sospechar que la platinada era todo menos un pancito en dulce, sin embargo no pudo evitar sonreír, aquella mente era realmente interesante.
— ¿Deberíamos ir ver a James?— pregunto con una voz sumamente inocente la rubia.
— Dudo mucho que quiera que lo veamos en este "peculiar" instante…— dijo con seriedad la de orbes amatistas. Ariana se encogió de hombros siguiendo a su amiga hacia la salida. Aun no podía creer que James se haya asustado de un tierno y dulce duende de jardín. Quizás debió de asegurarse que el pequeño no fuera a lastimar a su amigo.
Aquello tenía que ser un tremendo error. No podía ser, simple y sencillamente porque no era justo. El rostro infantil de la pequeña Ariana era totalmente de inconformidad y muy a su pesar se quedo callada. Escuchaba como algunos de sus compañeros de clase comenzaban a murmurar a sus espaldas lo que realmente le molesto un poco.
— Señorita Dumbledore… valla ahora mismo…— la poca paciencia del profesor Richards, era quizás comparable con el mal humor que se cargaba estos días la profesora McGonagall. Por lo que, aun mordiéndose la lengua para no dejar salir algunos de sus favoritos imperios muggles se levanto del asiento, guardo sus cosas y salio rápidamente del aula de transformaciones.
Camino con rapidez por los pasillos del castillo. Agarrando con fuerza su mochila ya que, si por error la soltaba seguramente nadie la callaría en su bonito discurso.
—Cálmate, respira hondo y veras que todo ira bien…— se dijo en voz baja realizando aquellas acciones y de paso llamando la atención de algunos alumnos de otros cursos. Pero simplemente aquello no le importo.
Siguió con su camino hasta llegar ahí. Al aula de historia de la magia, donde le había tocado su grandioso castigo. Debería darle las gracias al profesor Richards -jefe de su casa- por tan mínimo castigo. O por lo menos eso pensaría la mayoría de los alumnos. Pero no ella. Simplemente no era justo. Pero nada podía hacer… por ahora.
Toco a la puerta por pura cortesía, que no sentía en el momento.
—Pase…— se escucho una voz baja, aburrida y adormilada. El profesor Bings, a pesar de ser un fantasma y no darse cuenta de ello, sí comenzaba a sentirse sumamente abrumado con tantas clases. Se sentía cansado.
Entro con rapidez y cerro la puerta, en el aula para su mala suerte estaba alguien que simplemente no se esperaba.
— Disculpe mi interrupción profesor Bings pero es hora de castigo y… bueno no sabia que estaría… ocupado…— menciono una vez estuvo frente al escritorio del fantasma, sin siquiera fijarse en aquella persona que de igual forma, se hallaba ahí.
— ¿Castigo? No se me informo de ello— dijo el profesor con cierto todo desaprobatorio en la voz. Observo con suma cautela a la niña que estaba frente a él. Notando cierta incomodidad en su persona por lo que simplemente soltó un bufido de indignación. — Dumbledore ¿cierto?— pregunto con algo de duda. Era tan extraño llamar a un alumno por aquel apellido ya casi extinto.
— Si…— respondió con simpleza la rubia bajando un poco el rostro y sintiéndose chiquita, como le incomodaba que todos la observaran de esa forma y la compararan con alguien que nunca conoció y del que solo sabe gracias a los libros.
— Pues bien… su castigo consistirá en ayudarle al joven aquí presente a entregarme un reporte. Tienen hasta las cinco de la tarde y no se preocupe Dumbledore estará excusada de sus clases por el día de hoy, puesto que espero que se haya informado que tendría un castigo. Ahora váyanse ambos…— ordeno y después de darse la vuelta salio del aula por la pared.
La oji-azul simplemente no se lo podía creer ¿aquello era una broma? Un castigo no podía consistir en ello ¿cierto? Tratando de no decir ni una sola palabra se giro para observar a aquel chico. Era el Slytherine del baño del tercer piso.
Era un tanto mas alto que James por lo que bien podía superarla en altura. Su cabello de un tono marrón oscuro, piel trigueña, ojos de un intenso verde esmeralda y facciones simplemente masculinas pero bastante llamativas. Su uniforme lo llevaba con pulcritud por lo que podía parecer un chico envidiablemente bien portado.
Ariana no lo creía así, bien recordaba de quien había sido la idea de darle un castigo el día anterior por lo que aun conteniéndose se acerco al muchacho.
— ¿Qué tenemos que hacer?— pregunto en tono bajo observándolo directamente a los ojos. Su mirada era tan penetrante como la de su padre por lo que le recorrió un escalofrió. Sentía conocer esa mirada y a la vez no la conocía.
— Un informe completo sobre la alianza entre los hombre lobo, gigantes y demás durante la época del señor oscuro…— informo con tranquilidad sin siquiera separar su mirada de la rubia, después esbozo una sonrisa de medio lado. — Extraño que ambos tengamos el mismo castigo por las mismas acciones…— dijo con simpleza.
— Así que… deberías de haber estado aquí cuando los encontré ayer… ¿De que curso eres?— no se iba a dejar intimidar por mucho que le causara aquella mirada esmeralda.
— Muy lista… aunque es sumamente incomodo que una niña de primer año me ayude…— Informo con cierto cinismo levantándose de la banca y dándole la espalda a Ariana que ciertamente comenzaba a molestarse— ¿Piensas quedarte ahí Dumbledore?— dijo con sarcasmo ya en la puerta del aula, Ariana le sigo de inmediato con el seño fruncido.
— Pero que bien educado…— le dijo con sarcasmo— si no necesitas mi ayuda bien, le diré al profesor Richards que me cambia el castigo…— menciono adelantándose y dejándole unos pasos atrás.
—Toda una Gryffindor ¿no? — el trigueño rodó la mirada— no lo deberías de tomar a mal. Después de todo yo soy el humillado ya que voy en segundo curso, más aun que una gatita me ayude es demasiado…
Ariana se detuvo el seco "¿Cómo me ha llamado ese idiota?". No podía ser posible que la llamara así. Se giro para encararlo. —Para mi tampoco es agradable estar ayudando a un bípedo. Así que deja de ser tan majadero y un reverendo idiota porque no te he perdonado el bochorno en el que me metieron tu y ese trío de estupidos… ahora quieres o no mi ayuda y por favor mas te vale no insultar mi inteligencia y agallas porque no has demostrado ser mejor que yo.— con cada palabra se acercaba un paso y retaba con la mirada a aquel chico, el cual estaba sumamente sorprendido por aquello. Era la primera vez que alguien se le enfrentaba. Y era ciertamente interesante observarla de aquella forma. Sin embargo no diría nada ¿Para que enterar a una Gryffindor de que podía ser interesante a los ojos de un Slytherine? Sencillamente seria humillante aquello.
— Vale, como digas… ahora vallamos a la biblioteca que aun tengo mucho que hacer…— su voz bien podía interpretarse como aburrida y fría en aquel instante. Más la rubia bien noto varias extrañezas en aquel muchacho pero no tenia porque interesarle ¿verdad?
Habían pasado dos horas desde que llegaron a la biblioteca y ciertamente aun les faltaba un buen trozo de la investigación. Ariana sabia que si seguía así no tenía esperanzas de entregar el proyecto a las cinco y mucho menos entrar a pociones a las cinco y cuarto, así que estaba perdida. Por suerte solamente se había perdido la clase de transformaciones así como la de DCAO. Pero no quería perderse pociones ya que, era una de sus favoritas.
Soltó un suspiro de resignación volviendo a su trabajo. Frente a ella aquel chico estaba muy enfrascado en el libro que leía, por lo que, más le valía que fuera del tema o las pagaría.
— Iré por más libros— informo levantándose de la mesa y yendo a los pasillos donde los grandes libreros parecían todo menos amistosos.
Se encontraba en el pasillo de criaturas peligrosas y como defenderse de ellas cuando noto un libro fuera de lugar. Era pequeño y extraño porque nunca había observado un libro con la pasta rosa. Lo saco notando que era simplemente suave al tacto y busco el titulo. — Hanhepi Wakan…— leyó en voz baja, por alguna razón le recordaba algo pero no sabia bien. Comenzó a ojearlo un poco a ver si tendría alguna pista dentro y valla sorpresa que se llevo al encontrar una nota para un libro en la sección prohibida.
— ¿Qué haces?—pregunto una voz a sus espaldas por lo que, sin quererlo soltó un gritito se giro y encaro a su compañero de castigo.
— ¡No hagas eso!— dijo Ariana mientras trataba de tranquilizarse.
— ¿Portándote mal?... quien viera a la pequeña gatita…— menciono con gracia el Slytherine que observaba divertido las reacciones de la platinada.
— Deja de llamarme así que yo si tengo nombre… no como alguien que ni se ha presentado…— espeto con sumo enfado.
— Tranquilízate que pronto te pondrás paranoica… ¿Qué tienes ahí?—dijo quitándole el libro de las manos y revisándolo— parece una mala broma pero… esta nota si que es interesante… probemos si sirve…— murmuro aventándole el libro de regreso, fue hacia la bibliotecaria y valla sorpresa.
Cuando Ariana regreso a la mesa ya se encontraba ahí el sin nombre leyendo un texto que al parecer, era muy interesante.
— ¿Qué es?— pregunto de inmediato tras de él leyendo algunas cosillas— No puedo creerlo…— murmuro con suma sorpresa arrebatándole el libro.— Esto es ¡genial! Así terminaremos el reporte más rápido.
— Lo sé… ahora si me lo prestas podremos terminar…— dijo con algo de enfado en la voz el chico mientras regresaba a él aquel inusual libro. Se notaba con claridad que no era nuevo pero tampoco tan viejo como otros de la sección prohibida pero… ¿Por qué se encontraba ahí?
Corrían lo más rápido que podía tratando de esquivar a los demás alumnos que la veían con extrema curiosidad. Estaban a punto de llegar al aula de Historia de la Magia cuando sin quererlo tropezaron con otras personas.
— ¡Ouch! Maldición…
— Ese no es un buen lenguaje Aria…
La voz de James la sobresalto un poco. Por lo que subió la mirada encontrándose con sus dos amigos. El chico Potter llevaba algunos rasguños en el rostro mientras que Rachel la observaba con cierta confusión.
— ¿Qué importa como demonios me exprese?— menciono con en fado la rubia mientras era ayudada por su compañero de castigo a incorporarse— Gracias…— murmuro un poco bajo por la ayuda— Chicos si se hacen a un lado tenemos que entregar un reporte y aun debo ir por mis libros para pociones… por cierto james ¿y mi libro?
— ¿Ah? Hehehehe te lo llevo al aula… haya te vemos…—y extrañamente jalo a Rachel junto a él para darles el paso y al mismo tiempo huir.
— ¿Y ahora que se traerá?— se pregunto en voz alta. Sin embargo lo olvido todo mientras entraba a dejar el reporte. Más había una simple nota en el escritorio del profesor Bings aclarándoles que dejaran el informe sobre la mesa— Grandioso…—murmuro por lo bajo con cierta frustración.
Dejaron el informe y se dispusieron a salir del aula cuando Ariana detuvo al muchacho.— ¿Nunca sabré a quien le debo el castigo?—pregunto desconcertándolo un poco pero al siguiente instante estaba sonriendo con cinismo.
Llego a las mazmorras. Por suerte sus demás compañeros aun no entraban en ella. Se acerco a James & Rachel escuchando algo que realmente no le hubiera gustado.
— No es mi culpa. No sabía que Ningel estropearía el libro de Ari…
— Bueno ¿y porque no simplemente se lo dices?— pregunto Rachel que ya había observado el rostro de incredulidad de la rubia.
— Es que…bueno es que Ariana a veces es rara y…—James parecía no estar claro con su explicación. Dudaba de ella pero no por eso dejaría de darla.
— Te agradecería James Sirius Potter que si eso crees de mi, me lo dijeras en la cara…— fue lo único que alcanzo a decir Ariana antes de entrar al aula de pociones.
James se había desconcertado al escuchar la voz herida de su amiga por lo que trato de sentarse con ella para hablar. Más al parecer ella no lo creía así porque sin siquiera pensarlo se sentó con una chica de Slytherine dejando a James junto a Rachel. Podía darse por muerto en aquel instante porque, a pesar de que odiara esa clase no era tan malo. Es más era bastante bueno. Sin embargo Rachel era demasiado buena. Tanto que siempre le dejaban las pociones mas difíciles.
Y es que la profesora Ways -aquella bruja que les recibiera el día de la selección y además jefa de la casa de Slytherine- era todo menos un manso gatito. La profesora más exigente de todo el colegio dejando como un cachorrito abandonado al profesor Richards. No solo eso, su forma de estudio era un tanto extraña. Con tres clases a la semana y una doble, las clases normales las daba teóricas. Inclusive podían ver hasta 10 distintas pociones pero en la clase práctica –que precisamente era aquel día- les tocaban por equipo una poción distinta y la última clase –que realmente había sido la primera- la más difícil le había tocado a Rachel y Ariana.
— Ya saben que hacer niños…— se escucho la voz de la profesora. Con una seriedad innata y una frialdad que podía helarlos si les llamaba por su nombre. — valla así que Roth y Dumbledore esta vez no están juntas… que bien porque se rolaran los equipos ¿no lo mencione? Que lastima… ahora los demás muévanse de una vez que tienen menos de dos horas para lo siguiente y quien no entregue su poción sin duda tendrá una buena reprimenda.
Con rapidez la mayoría de los alumnos cambiaron de lugar por lo que el nerviosismo se hizo presente una voz todo estuvo en silencio.
—Muy bien ahora… revisen el fondo de su caldero, ahí se haya el nombre de la poción que deberán entregar, tienen hora y media para ello iniciando ya…— Ordeno mientras observaba con frialdad a todos los presentes. Muchos habían palidecido de solo observar su poción y con rapidez comenzaron a tratar de hacerla.
— OH valla…— la voz de Rachel fue de completa sorpresa por lo que James se temió lo peor de inmediato la observo para que hablara pero ella simplemente se limito a entregarle el papelito y girarse para sacar algunos ingredientes.
— Suero de la verdad— James no podía creerlo. Siquiera habían terminado de ver aquel tema. Aunque ciertamente no se dio cuenta de la sonrisa que tenia Rachel en los labios. El plan de venganza de Aria apenas si había comenzado. Ya tenían a la primera victima que ciertamente seria la que menos sufriría. Lo que les esperaba al resto era otra historia.
Continuara…
Y aquí por fin el capitulo Tres:
Aviso: los anteriores capítulos fueron editados por lo que algunas cosas fueron modificadas. Si no los has leído será mejor que los leas.
Nuevamente muchas gracias a mi única lectora por dejarme Review ¡te doro! SaraKem
