Ya de regreso a la ruta 32, después de curar a Houndour en el Centro Pokémon y acompañar a Klaui a su casa mientras mantenían una conversación sobre los tipos de pokeball, retomaron su entrenamiento. Durante su camino se toparon con un Ekans salvaje. Norem deseó tener pokeballs en ese momento, pero no visitaron la tienda.

- ¡Vamos, Vehem! -lanzó la pokeball al suelo y salió con ímpetu, aunque retrocedió un poco por la intimidación del Ekans-.

Fue un combate reñido. Ascuas era el único movimiento ofensivo de Houndour; se lo había dicho su padre. También contaba con malicioso, pero no habría servido de nada. Ekans lanzó picotazo venenoso para abrir el combate y gracias a Arceus no consiguió envenenarle. El segundo ascuas de Vehem consiguió quemarle, por lo que su constricción no hizo mucho daño, aunque molestó igual el siguiente turno. Terminaron ganando por poco y Ekans salió reptando todo lo rápido que pudo. Houndour parecía muy contento. Norem le hizo volver a su ball para descansar mejor.

El sol había bajado un poco y el viaje fue más cómodo. Una ligera brisa movía las hierbas. Algunos Hoppip volaban por encima, dejándose llevar por las corrientes. El camino se bifurcaba llegado a un punto. Si seguía recto continuaría por la ruta 32 y si iba por la derecha… el cartel estaba demasiado borroso como para leerlo. Decidió explorar un poco ya que Vehem seguía descansando. Pasó por la entrada a lo que parecían unas extrañas cuevas bastante cerca unas de otras. El aire ahí era más pesado y de vez en cuando escuchaba extraños pitidos. Un chico con una extraña capucha azul estaba sentado cerca de una de las entradas, dando de comer a un Natu. Norem se acercó a él casi sin darse cuenta, embobado por la forma de las cuevas.

- ¿Te has perdido? -preguntó el desconocido-. Aquí hay algunos Pokémon psíquicos que pueden jugar malas pasadas, sabes -Natu le picoteaba la mano en busca de más comida-. Oye, oye, que no tengo más -rio-.

- No me he perdido… aún. Estoy de paso; entrenaba por la ruta 32.

- Será mejor que vuelvas, no falta mucho para que caiga la noche, que es cuando estos pillos -miró a Natu- se vuelven más activos. Yo me marcho ya.

- Yo creo que daré una pequeña vuelta antes.

- Bien. Vamos, Naty -sacó una lujoball de su cinturón y guardó a su Pokémon-. Hasta otra.

El desconocido se marchó por la entrada que había utilizado Norem. No tiene pérdida pensó. Apoyó las manos en la piedra junto a la entrada y echó un vistazo disimulado. Unos extraños símbolos estaban dibujados en la pared. Parecían Pokémon, pero también letras. Norem entró, algo preocupado, y las miró más de cerca. No se sentía seguro. Un pedestal destacaba en el centro de la sala. Tenía una especie de piedras talladas encima. Norem recordó los libros del abuelo, que hablaban de fósiles Pokémon. Aquellos dibujos separados en piezas le recordaron a uno. Intentó reconstruirlo, mientras la luz que llegaba del exterior se volvía cada vez más tenue. Cuando lo hubo terminado reconoció la forma. Era un Kabuto. El pedestal emitió un ligero brillo que iluminó la sala y junto con el ruido de algo cayendo consiguieron alertar a Norem hasta el punto de hacer salir a Vehem para no estar solo. Lejos de darle la compañía que esperaba, el Pokémon se acercó a la pared, al suelo junto a esta para olfatear algo. Era una de las letras dibujadas. Se había caído. Y se movía.