Palabras

Advertencias: Puede que por momentos encuentren estos textos sin sentido, pero a veces así es nuestra propia mente :)
Disclaimer: ¡Vocaloid no me pertenece! Hecho sin fines de lucro.
Tercera palabra: Aborto


Aborto

Todas las personas que me aconsejaron que lo matara… Nacieron.

Inyectaron la solución salina en mí como si se tratara de una vacuna contra la gripe. Las enfermeras sonreían por cortesía, pues me notaron algo nerviosa.

Meiko – Susurraron – Hemos hecho 75.000 Abortos. La clínica tiene experiencia en el asunto.

A los cinco meses su corazón latía con fuerza. Cuando estaba despierta, parecía estar dormido la mayor parte del tiempo.

En cambio, cada vez que me tumbaba para dormir, aquel diablillo parecía despertarse y se movía con facilidad dentro de mí, impidiendo mi descanso.

Fastidioso. Esa era la definición que tenía para el hijo del hombre que quiso acabar con mi vida.

O eso quise creer yo.

Sumida en mis pensamientos, para cuando me di cuenta habían pasado cinco minutos y ese extraño se movía mucho, parecía retorcerse dentro de mí.

Pateaba todo lo que alcanzaba, realmente quería salir de allí.

Un dolor descomunal se apoderó de mí, sentía que ardía, que me quemaba por dentro.

¿El extraño también sentía eso?

Era curioso que nunca nadie me haya dicho que la solución salina ardía hasta quemar al…

No, me prometí nunca nombrar al extraño con esa palabra.

Pero mis pensamientos no siguieron funcionando de manera normal por mucho más tiempo, pues empecé a gritar y a llorar, ahora yo también me retorcía de dolor.

Recuerdo muy bien la última patada que recibí.

Con su último aliento, a mi lado izquierdo, justo donde tenía mi mano.

Y esa patada dolió más que la solución, más que la inyección…

Más que cualquier cosa en toda mi vida.

Entonces todo acabó.

Ya no había ningún extraño ahí.

Su alma se había desvanecido, y tan sólo quedaba un pequeño sin vida.

En unos momentos lo extraerían por piezas de mi cuerpo.

Un bracito, la cabeza, una pierna…

¿Acaso ese extraño era un juguete?

Kaito me dijo que no lo haga.

Sólo años después pude enterarme de que uno siempre sabe más del aborto luego de hacerlo.

Y todas las personas que me aconsejaron que lo matara…

Nacieron.