Hola de nuevo a todos. Aquí os dejo el tercer capítulo del fic. Espero que os guste mucho porque empiezan a pasar cosas jugosas (aunque más en el siguiente).
Nombres nuevos en el capítulo: Francesca (Fem!Francia)
Hetalia no me pertenece es propiedad de Himaruya.
Tres apuestos jóvenes miraban al mar desde un pequeño acantilado, pero solo uno de ellos mostraba terror en su mirada. A Gilbert no le gustaba el mar, lo odiaba, no entendía el por qué a la gente le entusiasmaba la idea de nadar en medio de esa gran masa de agua exponiéndose a morir ahogado en cualquier momento. Definitivamente no le gustaba.
-¿Francis Bonnefoy? – la voz de una mujer le sacó de sus pensamientos. Gilbert se dio la vuelta y abrió los ojos como platos. Una preciosa joven con el cabello recogido en un moño y enormes ojos verdes se encontraba delante suyo.
-¿Isabel? – Francis sonreía embobado a la chica - ¿Qué haces aquí?
-Supongo que seguirte.
-¿De verdad? – el rubio se acercó peligrosamente a la muchacha.
-No – rió la chica – Estoy aquí para entrenaros. Soy vuestra instructora de buceo – La cara de Francis mostraba decepción.
-Hola, yo soy Antonio – dijo el moreno mientras le daba dos besos.
-Isabel, encantada.
-Y él es Gilbert – el mencionado le tendió la mano a Isabel y esta le devolvió el saludo, no sin antes mirarle fijamente a los ojos mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en su rostro.
-Oye Gilbert, si no quieres bucear, lo entenderemos. No te preocupes – Francis volvió a dirigirse a la joven – Es que él no sabe nadar.
Isabel miró a Gilbert y este apartó la vista avergonzado para luego mirar con furia a su amigo.
-Está bien, no importa. Vas a estar bien – Gil asintió – Bueno pues, ¿empezamos?
La primera hora consistió en unas lecciones teóricas sobre buceo que hicieron que Toño y Francis se murieran de ganas por empezar y Gilbert quisiera no haber nacido. Después pasaron a ponerse el equipo para realizar la primera prueba de sumersión en una parte controlada de la playa. Francis y Antonio no tardaron en meterse en el agua mientras que Gilbert se lo pensaba varias veces desde la orilla. Isabel le tendió la mano desde dentro del agua y le sonrió con dulzura. Gilbert nunca llegó a comprender si fue por la calidez de su mano o por su sonrisa pero acabó sumergido junto a sus amigos.
Cuando llevaban un rato debajo del agua, Gil comenzó a impacientarse y a ponerse nervioso. Isabel le agarró por los hombros colocándose enfrente de él y le dio unas indicaciones para que se quitara el tubo del aire, a lo que se negó en rotundo. Sin probar a preguntarlo de nuevo, Isabel le arrebató el tubo, se quitó el que ella llevaba y lo colocó en la boca de Gil. Era un ejercicio sencillo, para perder el miedo a ahogarse debía estar unos segundos sin tubo antes de que Isabel le colocara el suyo. Estuvieron un rato así, pasándose el tubo hasta conseguir que Gil se relajara. Isabel le agarraba del pecho, y con la mano libre le hacía gestos para que se calmara, cosa que acabó consiguiendo. Le indicaba que la mirara fijamente a los ojos y Gilbert, hipnotizado, cumplía las órdenes sin rechistar. Fue una buena primera clase.
*Más tarde en un bar*
-Salud – dijeron los cuatro al unísono una vez les sirvieron los chupitos de tequila.
-Entonces, ¿cuándo es la boda? – preguntaba Isabel curiosa a Toño.
-En dos meses.
-Eso es como ya – Gil bebió un trago de su cerveza.
-Sí, lo sé. Emma y yo solo empezamos a salir hace seis meses.
-Bueno, ya sabes lo que dicen, "cuando es correcto, es correcto" – Isabel sonreía feliz.
-Eso es lo que yo digo, bueno, lo que ella dice – los dos españoles echaron a reír.
-¿A qué se dedica ella?
-Es decoradora de interiores, y es malditamente buena.
-Y por supuesto su padre tiene un negocio de hoteles valorado en… ¿185 millones? – Gil no obtuvo respuesta – 185 millones.
-Me caso por amor no por su dinero.
-Toño por supuesto que no, pero, tienes que admitir que es un punto a favor.
-¿Un punto a favor? ¿Lo dices en serio?
-¿Te casarías por dinero? – Isabel interrumpió a los dos amigos.
-Depende. ¿Cuánto dinero?
-185 millones – dijo Francis al terminar de beber su copa.
-Por supuesto que me casaría.
-¿Y si ella es un aburrimiento? – Isabel estaba incrédula.
-Con 185 millones en el banco, ¿quién necesita a una esposa para entretenerse?
-Qué romántico – soltó Fran con sarcasmo mientras chocaba su copa vacía con la jarra de Gil.
-¿Tienes novia? – la morena seguía interesada en el tema.
-No – ambos se miraron y hubo una pausa.
-¿Qué pasó con Elizabeta? Ella era guapa.
-Nada Toño, simplemente ella quería cosas diferentes en la vida.
-Isa – el francés volvía al ataque – además de mi cuerpo, ¿qué quieres de la vida? – los españoles volvieron a reír pero la cara de Gilbert siguió igual de seria.
-No lo sé. No tengo una lista.
-Aun así – Gil la miró fijamente – debes querer algo – Ella le devolvió la mirada.
-Creo que quiero que la vida siga sorprendiéndome, que me inspire, conocer gente nueva, que me traiga nuevas experiencias y sobre todo… - se giró hacia el francés de manera seductora – que me traigas una cerveza.
-Tus deseos son órdenes – Fran salió disparado hacia la barra mientras los demás reían, y Gil aprovechó para mirar detenidamente a Isabel. Era preciosa y hablaba con una seguridad y una libertad… de las que él carecía. Él quería ser libre, y no un esclavo.
*Más tarde, en la calle*
- En voz baja – susurraba Francis divertido.
-Chicos nos van a arrestar – la chica estaba muy nerviosa a diferencia de sus compañeros.
-Será divertido – Gil tenía ganas de hacer locuras.
-Aquí viene así que callaros – Toño lideraba al grupo ya que había sido el cabecilla del plan.
Un hombre que caminaba solo pasó por delante suyo y automáticamente se colocaron detrás de él y comenzaron a andar a su lado.
-Como os iba diciendo chicos, ese es el problema – un breve silencio – Chicos, ¡CUIDADO! – gritó a pleno pulmón Antonio haciendo que todos, incluido el hombre, se tiraran al suelo.
En cuanto se agazaparon, estallaron en carcajadas.
-Lo siento – decía Isabel sin poder parar de reír mientras el hombre se levantaba lo más dignamente posible y se marchaba sin decir palabra.
Pasaron unos días y por fin llegó la prueba final. Cogieron un barco a primera hora de la mañana y navegaron mar adentro. Isabel miraba fijamente a Gil sin perder esa sonrisita en su rostro.
-Tu vida va a cambiar después de esto.
-Eso si sobrevivo – la chica rió.
-Bueno, ahora lo veremos.
-Sí, lo veremos – dijo Gil en apenas un susurro mientras miraba las aguas revueltas.
Su corazón latía a mil por hora cuando saltó. Estaba nervioso, pero debajo del agua había tantas maravillas por contemplar que rápidamente perdió consciencia de su estado. Peces, corales, las simples burbujas de aire que flotaban hacia la superficie… todo le tenía fascinado. Isabel se acercó a él y le hizo un gesto para que la siguiera. Se acercaron a una cueva en la que Gil no quería entrar ni aunque le pagaran una fortuna, pero Isabel agarró su mano, y él sin pensarlo, fue tras ella. Isabel flotaba alrededor suyo, apenas a unos centímetros de su cuerpo, y le miraba fijamente. De todas las maravillas que había encontrado debajo del agua, ella era la que más le había fascinado.
Salió a la superficie y entre jadeos subió a la cubierta del barco. Su corazón latía como nunca lo había hecho. Se quitó las gafas y se apartó el pelo mojado de la cara sin poder evitar que unas lágrimas rebosaran sus ojos. Lo había hecho, había enfrentado su miedo y había ganado esa batalla. No era un esclavo, era libre, y se sentía más vivo que nunca.
*Esa misma noche*
Antonio estaba sentado en la cama hablando delante del ordenador.
-Cariño fue increíble. Definitivamente deberías probarlo.
-No tengo ningún interés – Emma sonreía ante las locuras que decía su prometido.
El ruido de la puerta de la habitación llamó la atención de Antonio.
-Perdona Toño, ¿puedo usar tu baño? Es que Francis se están dando un baño en el otro y parece que va para largo.
-Claro, pasa
-¿Quién es ella? – Emma intentaba no sonar muy celosa.
-Espera Isa, primero dile hola a Emma.
-Vale – Isabel se sentó en la cama junto a Antonio – Hola, soy Isabel, encantada.
-Hola – contestó Emma fríamente.
-Antonio me ha hablado mucho de ti. Felicidades por adelantado, es un gran hombre.
-Gracias, lo sé.
-Es un verdadero placer conocerte – Isa no perdió en ningún momento la sonrisa a pesar de los comentarios cortantes de Emma – Adiós.
-Adiós – esperó a que Isabel se metiera en el baño - ¿Quién es ella?
-Es Isabel, nuestra instructora de buceo. Sabes, ella estudió arte en Italia pero acabó volviendo a Madrid, su ciudad natal, pero tres meses al año los pasa en la costa dando clases de buceo, ¿no te parece genial?
-Sí, muy bien. ¿Qué hace ella en tu habitación?
-Está usando el baño – Emma lo miró fijamente y resopló. Toño entendió lo que ocurría.
-Francis la invitó a cenar para celebrar nuestra primera sumersión.
-¿Te piensas que soy idiota?
-¿Qué? No, lo que te digo es cierto.
-Sí claro, bueno ahora que estás con ella en tu habitación debes de estar muy ocupado. Hablaremos luego.
-Emma, ¿por qué te enfadas?
-No me enfado, simplemente es que mañana tengo que madrugar.
-Estás siendo muy tonta – Emma se quedó muda. No iba a tolerar que Antonio le dijera eso.
-Sí, lo sé. Adiós – y cerró el portátil con fuerza.
Al otro lado de la línea, Antonio se quedó mudo mirando la pantalla.
-¿Todo bien? – Isabel había salido del baño.
-Sí, todo perfecto.
-Pues te veo abajo.
Isabel descendió las escaleras y se dirigió a la cocina donde Gilbert estaba preparando la cena.
-¿Necesitas ayuda?
-No, ya estoy terminando – Gil estaba enfrascado en la tarea e Isabel lo observaba sin perderse uno de sus movimientos.
-Oye, aún no me has dicho qué te pareció – Gil suspiró, dejó el cuchillo y la miró.
-Gracias.
-No me lo agradezcas a mí, fuiste tú el que lo hizo. Entonces, ¿cómo fue?
-Fue…mágico. Se sentía como el lugar más pacífico del mundo – Isabel lo miraba con ternura sin poder evitar sonreír como una adolescente – Fue precioso.
-Tenía 16 años cuando hice buceo por primera vez y desde entonces no he podido parar.
-Sí, supongo que puede llegar a ser adictivo.
-¿Adictivo? Adictivo no. Esa es una palabra muy negativa. El buceo es algo como… la meditación. Eres consciente de cada respiración, de cada movimiento… imagínate vivir toda una vida así, sentirte así de vivo en cada momento. Es algo único – Ambos se sonrieron – Venga, te ayudo a llevar los platos a la mesa.
La cena fue de lo más tranquila. Todos felicitaron a Gil por no haber quemado la comida, y se ofrecieron a darle clases de cocina. Realmente, una cena muy relajada.
-Entonces, ¿tu miedo al agua desapareció? – Toño sacó el tema del que todos querían saber.
-Sí, ya no hay más miedo. Ni siquiera de la vida.
-Oh, con el remojo has descifrado el misterio de la vida – Francis llevaba un buen rato callado.
-Isabel, gracias a ti, nuestro viejo amigo salió a la superficie, y para evitar una recaída, ¿por qué no te unes a nuestro viaje?
-Me encantaría, pero mañana me voy a Buñol, es la Tomatina.
-¿Tomatina? ¿Qué es eso?
-Gilbert, ¿cómo no puedes saber que la Tomatina es la lucha de tomates más grande del mundo? – Antonio estaba emocionado.
-Deberíais venir. Será divertido.
-Cuenta conmigo – Francis no podía decirle que no a esos ojos ilusionados.
-¿Lo dices en serio?
-Sí.
-No podemos, mañana salimos para Sevilla – aunque Toño se muriera por ir, sabía que debían seguir el plan establecido.
-Perfecto, Buñol está de camino. Vamos, animaros.
-Por mí vale pero Sevilla es la parada de Gilbert y él hizo las reservas.
-Uff, arruinar todo el trabajo que hizo Gil es condenarse a cadena perpetua – el mencionado observaba la escena en silencio. Isabel le agarró del brazo y acercó su cara a la de él.
-Vamos, lo pasaremos bien – dijo en un susurro.
-Está bien, déjame ver qué puedo hacer – sacó su teléfono y comenzó a buscar en la agenda. Sus amigos estaban con la boca abierta.
-¿Ese es tu móvil? – las risas de Francis y Toño inundaron la sala.
-Es… una larga historia.
-No, no, es bonito. Me gusta el rosa.
-Gracias, así me siento mucho mejor – las risas siguieron hasta que terminó la cena.
Gilbert se tumbó en una de las hamacas de la piscina antes de irse a dormir. Quería estar solo y un recuerdo le vino a la mente.
*Flashback*
-¿Cómo has podido hacer eso?
-Eli lo siento pero ese trato era muy importante.
-A mí ese trato no me importa.
-¿No te importa? ¿No te importa mi vida?
-Detente Gilbert. No confundas tu trabajo con tu vida. Tu trabajo no es tu vida, solo una parte de ella. Igual que esta relación es parte de ella. ¿Qué hay de eso?
-¿De eso? Compré este piso para que pudiéramos vivir juntos.
-¿Qué? Por favor, lo compraste para impresionar a la gente con tu dirección.
-No me puedo creer que estés diciendo eso. Estoy planeando mi futuro contigo.
-Nuestro futuro llegará mañana Gilbert, ¿dónde está nuestro presente?
-No grites.
-Pues entonces escúchame.
-¿Qué quieres?
-Quiero pasar tiempo contigo. Quiero una relación no un plan de retiro.
-Por favor Elizabeta, el presidente de la corporación quiere reunirse conmigo, ¿qué hago? ¡Tengo que ir! Si la presentación funciona, nos dará toda la cuenta. Impulsará mi carrera. ¿No puedes ver eso?
-¿Y qué hay de nuestro trato?
-Podemos ir el mes que viene cariño.
-Es mi cumpleaños Gil. No será el mes que viene.
-Lo sé.
-Me prometiste que iríamos a Italia sin importar qué, y tú, has cancelado los billetes y las reservas sin decirme nada.
-Eli, de verdad que lo siento – el teléfono de Gil comenzó a sonar – Por favor entiéndeme… un segundo. Es una llamada importante, espera un segundo – Elizabeta no podía creérselo, fue a la habitación, sacó una maleta y comenzó a guardar sus cosas. Todo había terminado.
*Fin del flashback*
El sonido de su móvil el devolvió a la realidad. Era su hermano Ludwig. Le colgó. Tenía que cambiar su forma de ver la vida o iba a acabar solo.
En su habitación Antonio llamaba a su prometida sin éxito.
-Cariño, supongo que estarás dormida. Llamo para decirte que mañana iremos a Buñol al festival de la Tomatina. Isabel nos llevará. Por favor, no estés molesta. Llámame cuando recibas este mensaje. Te amo, no lo olvides.
A la mañana siguiente, Francis, Gilbert e Isabel esperaban a que Antonio llegara con el coche para salir rumbo a Buñol. Su sorpresa fue enorme al verle llegar con un descapotable azul de los años 50.
-Oh, mon dieu. ¡Me encanta!
-¿Puedo conducir?
-Ni de coña Isabel.
-Tío, si cuatro días de buceo pueden hacerte esto, deberías pasarte tu vida bajo el agua.
-Fran, quién sabe si estaré con vosotros nuevamente. Hagamos las cosas bien.
-Tienes razón – le dijo Isabel colocándose justo detrás de él.
-Tío, te vas a casar, no vas a prisión – Gil apartó el asiento del copiloto para sentarse detrás con Isabel. Francis observó la escena desde fuera y los celos comenzaron a brotar en él.
-¿Gil?, ¿podrías ayudarme con el maletero? No sé cómo abrirlo.
-Hay que girarlo hacia la derecha – dijo el albino desde el coche.
-Lo has apretado mucho, no se abre.
-Menudo inútil – Gil salió del coche y fue a ayudar a su amigo, el cual aprovechó para dejarle la maleta y correr a sentarse en la parte de atrás con Isabel.
Gilbert observó la escena incrédulo. Su amigo sonreía a Isabel, que no se había dado cuenta de lo que acababa de hacer, mientras la rodeaba con su brazo.
-Menudo crío – soltó enfadado al sentarse donde el copiloto.
-El asiento de delante es más cómodo. Por eso te lo he cedido. Chofer, a Buñol.
El viaje fue entretenido. Francis le recitaba poesía a Isabel, Gilbert le tiraba huesos de cereza desde delante… y Toño hablaba con Emma.
-Hola Antonio, soy yo.
-¿Dónde estás?
-Acabo de llegar a casa. Oye, siento haberte colgado ayer.
-No pasa nada, olvídalo.
-Gracias. Así que, ¿vas a Buñol?
-Sí, nos hospedamos en el hotel Venta Pilar.
-¿Venta Pilar? Vale. Bueno, diviértete.
-Por supuesto. Te quiero.
Llegaron a Buñol a primera hora de la tarde. Era un pueblo pequeño, de casas bajas, muy acogedor.
-El hotel está justo doblando la calle… allí, donde está esa chica saltando – la mirada de los tres aterrizó en el mismo destino. Una chica de cabello rubio oscuro y ojos azules saltaba emocionada en la puerta de un pequeño hotelillo rural. Isabel no esperó a que el coche se detuviera del todo para bajarse y correr a abrazar a su amiga – Chicos, ella es Francesca. Francesca ellos son Antonio, Gilbert y… el que te mira con cara de cachorrillo es Francis.
-Hola – dijo la rubia con voz seductora.
-Hola – ambos se miraron por unos instantes.
-Bueno chicos nos tenemos que ir ya o no llegaremos a la fiesta – decía Isabel mientras arrastraba a Gilbert y Antonio calle arriba.
-Isabel, tu amiga es muy guapa – Francis la había agarrado por la cintura y la había separado del grupo para hablar.
-¿Ah sí? ¿Ya te has olvidado de mí? – le dio un ligero empujón al francés.
-Isabel, pasarás a la historia como mi primer amor.
-Eso decís todos – la chica le tiró un tomate y echó a correr.
Así empezó la fiesta. Miles de personas se agolpaban en las calles del pueblo, esperando a que los camiones descargaran los tomates. Los camiones aparecieron y la lluvia comenzó. Los tomates volaban de un lado a otro y la gente reía sin parar. Los cinco acabaron tirándose por los suelos, sin camisetas, e incluso llegaron a subirse a uno de los camiones. Francis y Francesca bailaban juntos entre el gentío mientras que Gil saltaba con Isabel en brazos. Cuando la dejó en el suelo le acarició la cara quitándole las manchas de tomate de los mofletes, se observaron durante unos instantes mientras sus caras se acercaban, hasta que Antonio agarró a Isabel y se la llevó con él. Tras darse un manguerazo con agua para quitarse los trozos de tomate, se dirigieron de vuelta al hotel.
-Ahora tengo frío – Antonio se frotaba los brazos.
-Oh pobrecito, ven aquí que te doy calor – dijo Isabel pasándole un brazo por la espalda. Antes de que el moreno la pudiera abrazar un tomate se estrelló contra su cara – Aquí tienes tu calor – la española reía con fuerza mientras Toño se paraba en seco.
-Pagarás por esto, ven aquí – La cogió en brazos y corriendo se metieron en el hotel seguidos de los demás. Entre los gritos una voz se hizo notar.
-¿Antonio? – el mencionado se dio la vuelta con Isabel aún en brazos.
-¿Emma? – respondió sin perder la sonrisa y dejando a la morena en el suelo.
-¿Qué estás haciendo?
-Hola cielo.
Los españoles no perdieron la sonrisa en ningún momento mientras que sus compañeros estaban callados contemplando la situación. Estaba claro que no sabían en lo que se habían metido.
Hasta aquí este tercer capítulo. En el próximo más y mejor. Habrá mucho Love os lo prometo.
PD: siento las posibles faltas de ortografía.
PD2: los reviews y los favs me gustan mucho.
