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El Guía
Edward Cullen estaba observando a la camarera del bar donde acostumbraba a ir mientras se tomaba un whisky.
Para él la vida significaban dos cosas, un buen whisky y hermosas mujeres. A sus treinta y tres años, era una buena pieza. Había vivido los últimos diez en Brasil, guiando a grupos al centro de la selva y le gustaba su trabajo, la aventura era lo suyo, sin embargo había algo que le gustaba más y eso era volver de su trabajo, después de largos días, y relajarse tomando un buen whisky y seduciendo mujeres, porque sí, el tenia todo para seducirlas, y lo mejor de todo es que lo sabia.
La camarera pasó por su lado, y al observarlo humedeció sus labios con descaro.
-Hola preciosa, a que hora terminas tu turno?- pregunto con esa sonrisa torcida, que sabía, deslumbraba a todas.
-A las doce, guapo- dijo, batiendo sus pestañas rubias.
-Te esperaré, no creo que sea seguro ir hasta tu casa sola…- le comento de forma juguetona.
-Le dijo el lobo a la oveja.- contesto en un tono alegre. Él no pudo estar más de acuerdo con esa afirmación, si bien era verdad que la zona no era la más segura de Brasil, también era verdad que sus intenciones no eran las de un caballero.
Disfrutaba del sexo, pero las mujeres hermosas que el frecuentaba, no eran lo que se llamaban personas inteligentes. En general eran huecas y tontas; y de ellas solo se podía obtener una cosa de provecho, una noche salvaje. No es que ellas no lo disfrutaran, él era un amante consumado y muy bueno según sus amantes. No es que fuera arrogante, no, pero no podía evitar que después de una noche todas hicieran cola para otra, y otra. No se de donde sacaban la absurda idea de que buscaba algo más, pero todas intentaban cazarlo. Y que dios no le permitiera caer en esa trampa. No, él era Edward Cullen, el aventurero sin compromisos.
La rubia se alejo contoneando sus caderas de forma provocativa, para atender a su clientela. Dejando tras ella miradas lascivas de los hombres que en ese momento se encontraban en el antro.
Mientras los pensamientos de Edward se concentraban en las diferentes posturas que esa noche iba a disfrutar con la rubia. Se abrieron las puertas del bar dejando entrar el calor húmedo y sofocante del exterior. Dos hombres, con un aire de superioridad, entraron de pronto.
El Primero era alto, atlético, de un pelo castaño y una mirada intensa, que recorrió todo el lugar. Vestía un traje oscuro, no muy propio del lugar. Tenía un aire peligroso, que Edward vislumbró al instante y avanzaba a paso seguro hacia el camarero que estaba sirviendo copas detrás de la barra.
El segundo, iba más rezagado, demostrando que el moreno llevaba la voz cantante. Era rubio con el pelo largo atado a una coleta baja. Era un poco más bajo que su amigo y al igual que él era bastante atlético, delgado pero fuerte a la vez. Su mirada vagaba de un lado a otro, demostrando así su desinterés por la gente y el lugar donde estaba.
Así como el moreno parecía peligroso, este otro, parecía un "bueno para nada". Un niño de papá consentido y que no había dado golpe en su vida. Arrastraba los pies en dirección a la barra, con un aire despreocupado y una sonrisa de suficiencia.
El moreno se inclinó hacia Sam, el camarero, y le preguntó algo en voz baja. Los ojos de Sam de prono se alzaron hacia mi y señalo con indiferencia hacia mi dirección, haciendo voltear las miradas de los recién llegados a mi humilde persona.
Recogieron de la barra, las dos cervezas que Sam les había servido y se acercaron al lugar donde estaba, con la mirada fija en mí.
-Buenas tardes caballero. Les puedo ayudar en algo?
-Mi nombre es Demetri Volturi y mi amigo es James Swan.- dijo inclinando su cabeza hacia el rubio y tomando asiento.
-Yo soy Edward Cullen, pero supongo que eso ya lo saben. Así que será mejor que vaya al grano, estoy disfrutando de mi güisqui y esta noche espero disfrutar de algo más- dijo Edward, levantando las cejas de forma esclarecedora, mientras miraba a la camarera descaradamente.
-Por supuesto- continúo Demetri- venimos a ofrecerle un trabajo. Me han recomendado sus servicios, dicen que es uno de los mejores guías de la zona y quería contratarlo para una expedición por el Amazonas.
-¿Qué clase de expedición?¿Y donde exactamente?- dijo con una sonrisa burlona- El Amazonas es extenso.
James saco de su bolsillo un mapa.
La verdad es que llamarlo mapa, era ser generoso. Parecía de juguete de esos que dan en las agencias de viajes cuando compras tus billetes para pasar las vacaciones en un sitio exótico, y que le da al cliente una seguridad engañosa, pues era más probable encontrar un centro comercial que un hospital.
-Más o menos… eh… por aquí- dijo sin mucho convencimiento señalando un círculo enorme en el centro de la selva.
-Señores, señores, eso es como señalarme un estado entero. Y aún no me han contestado mi otra pregunta, ¿Qué tipo de expedición?
-Una expedición Arqueológica. – se apresuro en contestar Demetri. Edward se dio cuenta al instante que escondía algo más, así que tanteo el terreno.
- ¿De verás?, y que busca exactamente esa expedición?
-Una tumba en un pueblo legendario- dijo en tono solemne James. Edward no pudo contener la carcajada al escuchar sus palabras. De verdad estos dos hombres creían en leyendas y tesoros. Si de algo estaba seguro Edward es de que esos tipos no iban en busca de tumbas, iban en busca de fortuna. Eso lo podía ver en sus miradas.
-No es de su incumbencia si cree que estamos equivocados- interrumpió Demetri, con un tono hostil.
-No, no, claro que no- dijo, intentando volver a la serenidad.- Bueno caballero y cuanto piensan pagarme por mis servicios?
-20.000 dólares.
-Veamos, estamos hablando de un paseo de cómo mínimo 4 meses, por una zona que no se ha explorado nunca,-dijo de forma reflexiva- más el tiempo que demoren una vez lleguemos. Asumiendo los riesgos que eso supone por los indígenas, animales salvajes, y demás inconvenientes. Mi precio es de 10.000 dólares por semana, por adelantado 3 meses y el resto cuando regresemos. Los suministros, materiales y hombres necesarios van de su cuenta y el transporte también.
-Eso es un abuso!.- grito indignado James.
-Es mi preció, -dijo encogiéndose de hombros Edward- la verdad es que ahora mismo no necesito dinero, pero ustedes si necesitan el mejor guía, vista la zona donde se dirigen y yo no doy mis servicios por menos.
Edward intentaba saber que tipo de tesoro estaban buscando y que veracidad había en esa historia. Nadie apostaría la fortuna que estaba pidiendo sin asegurarse que lo que decía era cierto y nadie pagaría esa cantidad si lo que estaba buscando era de un valor inferior.
-De acuerdo- dijo Demetri sin pestañear- saldremos mañana temprano.
"estoy en lo cierto", pensó Edward mirando a Demetri a los ojos. "Esto es grande".
-Por supuesto que no,- dijo tranquilamente Edward- esta noche nos reuniremos aquí, para hacer una lista de lo necesario y programarlo todo, y mañana nos abasteceremos y contrataremos a los hombres que necesito. Además necesito un poco más de exactitud en cuanto a donde nos dirigimos, ya que de eso dependerá las provisiones que nos llevemos.
Edward hizo una mueca al recordar que esa noche no se hundiría en los encantos de esa rubia prometedora. Pero el dinero, es el dinero.
- Está bien- dijo Demetri, levantándose de su asiento, dando así por finalizada la reunión- Nos veremos aquí, dentro de 2 horas y le traeremos a la persona que sabe exactamente donde vamos.
Demetri y James habían ido a contratar el guía experto que tenía que llevarlos al corazón de la selva.
James estaba molesto porque ella decidió guardar el mapa y reservase las coordenadas que había descifrado del código de su padre. Su hermano apenas le hablaba, pero se lo agradecía ya que cuando se dignaba a dirigirle la palabra siempre eran despectivo y altanero.
A diferencia de James, ella estaba allí por la reputación de su padre, más que por ella misma. Tenía que demostrar a todo el mundo que su padre no era el charlatán y desquiciado arqueólogo que decían que era. Demostrar que la teoría de su padre era correcta dependía de ella, aunque eso significara no darle toda la información a James.
No tuvo más remedio que pedirle ayuda a su hermano, pero aún no sabía hasta que punto se arrepentiría de ello.
Había hablado con James de la perla de fuego y sus tesoros. Él no la defraudó con su reacción enseguida se puso en contacto con el sr. Volturi un importante empresario, que a Bella no le daba buena espina. Su mirada fría y su tono condescendiente, le indicaban que ese hombre era peligroso.
Su hermano no se relacionaba con la creme de la creme. Bella estaba segura que Demetri no andaba en negocios muy legales, pero lo necesitaba, ya que al parecer si tenía fondos. Esos mismos fondos de los que ella no disponía y por los cuales estaba obligada a relacionarse con los dos hombres.
Su falta de confianza y su precaución, le llevo a comprar una pistola que adquirió con facilidad en ese país. Era muy consciente del peligro que suponía una mujer rodeada de hombres en una excursión de meses en la selva. Y ella debía protegerse. No creía que su hermano llegará al punto de hacerle daño por su codicia, pero no estaba tan segura de Demetri. Ella sabía manejar un arma desde que entro en el mundo de las excavaciones, se tenía que proteger de los saqueadores de tumbas y demás peligros como serpientes y animales salvajes, por lo que aprendió a manejar las armas y no se le caían los anillos a la hora de utilizarla. Si bien era cierto que nunca había matado a un hombre, también era cierto que si había herido en las extremidades a varios.
Los dos hombres habían insistido en que se quedara en . por su seguridad, pero ella se había negado y ya que ella era la única que sabía exactamente donde se dirigían, no habían tenido más remedio que claudicar. Bella había memorizado la ubicación del Pueblo Perdido y era la única que podía llevarlos hasta allí.
Su hermano y su socio llegaron al hotel a última hora de la tarde y se dirigieron a la habitación de Bella. Con una sonrisa en sus labios,
-Hemos conseguido guía -anunció Jaimes con tono jovial, abandonando por fin su malhumor-. Se supone que debemos encontrarnos con él dentro de una hora para poder planificar la expedición.
-¿Donde?- pregunto ella.
-En un bar calle abajo. Tenemos que ir los tres. Tú Tienes más experiencia que nosotros en todo lo que se refiere a planear una expedición.
Bella suspiró para sus adentros. Se le ocurrían muchos lugares mejores para hablar de la expedición que en un bar, donde habría muchos oídos atentos escuchando.
-¿Quién es ese guía? No me han dicho cómo se llama.
-Cullen -respondió Volturi-. Edward Cullen. Le pedi mos informes a mucha gente, y todos nos dijeron que es el mejor. Supongo que nos servirá. Creo que cumplirá bien sus funciones.-
-¿Es norteamericano?
James se encogió de hombros. -Supongo que sí. Tiene acento sureño.
-Nació en los Estados Unidos -se apresuró a informar Volturi-, pero no sé si se sigue considerando estadounidense. Creo que se lo podría definir como "expatriado". Nadie parece saber cuánto hace que anda por aquí.
El tiempo suficiente para convertirse en un ser completamente tropical, supuso Bella. Más lento, menos preocupado por los detalles. No es que esperada rapidez. Había estado en excavaciones africanas, entre gente en cuyo vocabulario no existía la palabra "tiempo" y donde el concepto de actuar de acuerdo con horarios hubiera resultado completamente antinatural. En esos casos era cuestión de adaptarse o volverse loca; sería interesante comprobar qué actitud había elegido ese señor Cullen.
-Es el típico hombre que le gusta dirigir las cosas y tener todo bajo control -dijo James-. Si la mitad de lo que nos dijeron de él es cierto, supongo que hace lo que quiere y cuando quiere, pero es el mejor.
Bella se dio cuenta de que ese Cullen había impresio nado a James. Pero como desde su punto de vista la capacidad de juicio de Jaimes había quedado anulada en plena adolescencia, decidió reservarse su propia opinión para más adelante. Jaimes se dejaba impresionar por cualquier matón y estaba convencido de que el machismo era la esencia de la virilidad.
Como le pidió Jaimes, estuvo lista a las once y media.
Conocía bastante bien a su hermano como para saber que esperaba que ella impresionara con sus atributos a ese tal Cullen. Pero ella no se consideraba una persona espectacular, era bonita, si, pero su pelo castaño y sus ojos chocolate eran comunes y aunque se mantenía en forma, se consideraba una mujer del montón. Su vecina Alice siempre le decía que no se veía con claridad, que ella era hermosa e inteligente, una mezcla angelical y justa. Pero Alice era la que no la veía con claridad, sino con cariño, si bien es cierto que se consideraba una mujer inteligente y mona, no era una belleza y mucho menos una belleza angelical.
Ella era lo que era: agradable para mirar, pero no una belleza despampanante. Si alguien le hubiera preguntado cuál era su característica más im portante, habría contestado que su inteligencia.
Sin embargo, como el calor era insoportable, se puso un vestido escotado y sin mangas. Era azul y se ajustaba perfectamente a sus curvas. Alice le había obligado a llevar como mínimo un vestido, ya que ella era una enferma de la moda y siempre miraba su armario con recelo. Alice decidió comprarme, y casi obligarme a meter ese dichoso vestido en la maleta. Ahora se lo agradecía. No creía que los pantalones cortos de safari fueran adecuados para un bar en Brasil.
El bar en el que entró con James y Demetri no era el más elegante que conocía, pero tampoco era el peor. Lo estudió de una sola mirada, y hasta percibió la manera en que los hombres del bar se volvían a observarla, de una manera lasciva que le puso los pelos de punta. Nunca habría entrado a ese bar, sola, a no ser que se tratara de vida o muerte.
Avanzó acompañada de su hermano y su socio, hacia una mesa donde estaba un hombre que mantenía su cabeza entre sus manos, delante de una botella de whisky.
En ese momento levanto la mirada y se encontró con un dios griego propio de las leyendas más antiguas, su rostro parecía esculpido por los dioses, su mandíbula varonil y su nariz romana, combinaban perfectamente con ese moreno, que sin duda, se debía a su exposición prolongada al sol. Sin embargo, para lo que no estaba preparada era para sus ojos. Eran de un tono verde que Bella no había visto en su vida y brillaban con una intensidad y un brillo propios de dos diamantes.
Mien tras ellos se aproximaban, apartó con el pie una silla de la mesa y le dirigió a Bella una mirada que le hizo sentir un escalofrío por todo el cuerpo. La miraba como un león mira una gacela antes de dirigir su ataque. Cullen la estaba desvistiendo con la mirada y podría jurar que en sus ojos solo había asombro y deseo; y lo más importante le daba igual que ella lo supiera.
Bella se armo de valor para poner su mejor cara de póquer, y mostrar toda la indiferencia que podía. Preguntándose porque dios era tan cruel y le ponía a un hombre como ese en el camino. Un camino que duraría meses…
-Bueno -dijo-. ¡Hola, preciosa! Si no estás ocupada, ¿por qué no te sientas a mi lado? -Señaló con la cabeza la silla que acababa de apartar con el pie, sin quitarle la vista de encima.
Ahora que estaban más cerca, Bella notó que su pelo era de un extraño color cobrizo, despeinado de una forma sensual. Era como si acabará de tener sexo. "por dios ese hombre iba a acabar con ella, con su sola presencia". Llevaba unos tejanos y una camiseta sin mangas negra que se le ajustaba al torso, mostrando un pectoral impresionante y unas espaldas amplias. Sus brazos eran fuertes. A Bella le dieron ganas de tocarlos para ver si eran reales. Pero se contuvo.
Sin parpadear siquiera, para que él no notara que la había desconcertado, Bella apartó otra silla y se sentó, ignorando la que le ofrecía él.
-Soy Bella Swan -se presentó con frialdad, para que él no se diera cuenta de que la había impresio nado. Tampoco sabía por qué se había molestado en hablarle de esa manera, puesto que ella no era nada del otro mundo.
-¡Ah, diablos! Esta casada.- se lamento con el ceño fruncido.
-Es mi hermana -explicó Jaimes-. Bella, éste es Edward Cullen, nuestro guía.
Edward la miró, alzando las cejas, con una sonrisa ladina, que por un momento le cortó la respiración a Bella.
-¿Hermana? .Interesante. ¿Y entonces por qué vino?- dijo con ese acento sureño que le hacía más irresistible.
Bella, con toda la indiferencia que fue capaz de fingir, alzó las cejas como él, y le contesto con un tono seguro.
-Soy la arqueóloga -explicó.
Él le dirigió una sonrisa amable.
-Usted no viene -decidió. Bella no perdió la calma.
-¿Por qué? -preguntó.
En los ojos de él apareció una leve expresión de sorpresa, como si no esperara una protesta. La estudió mientras él bebía su whisky con lentitud, sin desviar la mirada de ella.
-Es demasiado peligroso para una hermosa dama como usted -repuso por fin.
James aclarándose la garganta miró a Edward.
-El asunto no es tan simple -dijo Jaimes.
-No veo dónde puede estar la complicación. Yo no llevo mujeres a la selva. Fin de la discusión.
-Entonces, sin duda, también es el fin de su empleo -murmuró Bella sin perder la calma. Había conocido muchos gallitos como ése y no estaba dispuesta a dejarse doblegar por un hombre así.
-¡Ah! -exclamó Edward, imperturbable-. ¿Y eso porque?
-Ella va -intervino Jaimes, mirando a su hermana con odio. A su hermano no le gustaba nada la idea pero ya se había resignado.
-Es la única que sabe adónde nos dirigimos.
Bueno aquí tenemos a Edward!, me pregunto que pensara Edward de Bella?, nos leemos… un bsot.
