Capitulo 3. La promesa
Varias horas han pasado desde que comenzaron su viaje. Siguiendo caminos retirados de las ciudades ostentosas. Aún no amanecía, pero en los claros del campo el cielo se mostraba claro y despejado. Ambos viajaban en un automóvil que Kakashi atinadamente preparó por si debía lidiar con una situación como la suscitada.
Mihara conducía a insistencia suya, consideraba que su amigo herido debía reposar lo suficiente; aunque el ninja dejó en claro en muchas ocasiones que era capaz de tomar el volante.
No hablaron mucho en el trayecto, después de todo Kakashi no era la clase de hombre que gustara de iniciar una charla, mucho menos cuando trataba con un cliente. En otro momento Mihara habría hablado hasta quedarse afónico, sin embargo, su mente se encontraba lo suficientemente preocupada por lo ocurrido; calculando y tratando de anticipar todas las estrategias que habría que adelantar para asegurar su trabajo, así como el bienestar de mucha gente.
Tomaron entonces una vereda donde el camino de concreto terminaba, siguiendo uno empedrado que hizo saltar al auto un poco. Pasando un par de kilómetros de espesos árboles, una alta barda se divisó en la cercanía. La reja de gruesos barrotes impedía el pase dentro de la propiedad.
—Hogar dulce hogar —musitó el científico tras haberse detenido frente al portón de metal. Comenzando a buscar algo en los bolsillos interiores de su bata.
—¿Está seguro de lo que hace? —cuestionó el ninja al revisar el perímetro una vez que descubriera su ojo izquierdo—. Si en verdad esos sujetos son tan insistentes y peligrosos, buscarán en cualquier sitio que le pertenezca y en el que pueda esconderse.
—Eso es cierto, en las películas eso es lo que ocurre —comentó, sacando una PALM del tamaño de su mano, en cuya pantalla comenzó a presionar ciertos comandos con la punta de la pluma digital—. Pero aquí estaremos a salvo por un tiempo, la propiedad está al nombre de soltera de la madre de mi esposa, ¿ingenioso, no es así? —preguntó con una gran sonrisa, justo cuando las rejas de la muralla comenzaran a abrirse de forma automática para ellos.
—Suena como si hubiera planeado todo esto desde el principio —comentó al tener ese presentimiento el ninja.
—Nah, pero alguien tan importante como mi persona debe tener sus precauciones —dijo al conducir dentro del terreno—. Además el cine me ha enseñado bien; antes jamás me habría imaginado que alguien pudiera poner una bomba en mi retrete, ahora reviso siempre.
Si su asistente se encontrara presente, habría podido confírmalo con un— Es cierto… —con los ojos entornados y llenos de vergüenza..
Limitada por la alta barda, una casa de campo se alzaba en el interior de la propiedad. Muy amplia, casi una mansión. Hecha de madera blanca; balcones y grandes ventanas le daban forma. Jardines con bellas flores y esculturas adornaban su entorno. Poseía un aspecto hogareño y delicado por donde quiera que el ninja mirase.
Aparcaron justo frente al porche. El científico bajó primero, subiendo rápidamente por los escalones. La puerta abierta y el aspecto tan bien cuidado de los jardines le indicaron a Kakashi que no era un sitio que permanecía abandonado; alguien vivía ahí y le prestaba atención y cuidado al mantenimiento de la casa.
Pronto dicho individuo se presentó, cuando del interior de la mansión una delgada silueta emergiera con gran prisa de la oscuridad.
Kakashi reaccionó de manera inconciente, tomando un kunai entre sus dedos. No lo lanzó ya que sus ojos fueron más rápidos que sus impulsos; conteniéndose por el reencuentro de los dos esposos bajo el techo del pórtico.
Una mujer de largo cabello había corrido hacia su marido, su rostro cubierto de una mezcla de preocupación y alivio por el que algunas lagrimas pudieron aflorar. Mihara la abrazó con ternura y finalmente pudo respirar aliviado.
Tras haber previsto este conflicto, pidió a su esposa que viniera a este sitio con un par de días de anticipación.
—Me alegra que estés bien, me tenías muy preocupada querido —dijo la mujer al retirar sus anteojos y limpiarse las mejillas con las mangas largas de su atuendo.
—Lamento eso, prometo que no volveré a hacerlo… por algún tiempo —añadió en broma, mostrándose despreocupado y risueño como es su costumbre—. Ha valido la pena, descubrí finalmente las intenciones de Minoru. Sin embargo no lo habría conseguido de no ser por mi infalible guardaespaldas —señaló a Kakashi quien ya había guardado su cuchilla para poder acercarse.
El ninja notó un ligero sobresalto en los ojos de la mujer, pero inmediatamente se compuso y mostraron dicha y agradecimiento.
—Permítanme presentarlos. Kakashi, ella es mi esposa, Chitose Mihara. Cariño, él es Hatake Kakashi.
—Es un gusto conocerlo —se inclinó cordialmente la mujer—. Agradezco mucho las atenciones que ha tenido hacia mi esposo. Le estaré eternamente agradecida.
Con las manos dentro de los bolsillos, el ninja permaneció impasible— No tiene nada que agradecer, después de todo para eso me contrató.
—Y ha valido cada centavo —añadió sonriente el sujeto.
—Por favor pasen, de seguro deben estar cansados —pidió la sencilla mujer, tomada de la mano de su marido—. Les prepararé un desayuno delicioso.
La mansión era tan espaciosa como se veía por fuera. Pasaron por el recibidor y la sala para llegar a donde un largo comedor para doce individuos esperaba a ser ocupado.
Mihara tomó la cabecera una vez que Chitose le quitara la sucia bata de laboratorio que traía encima.
—Pueden relajarse ahora. ¿Les gustaría algo en particular para almorzar? Siéntanse con toda confianza —preguntó amable.
—¡Genial! ¡Unos waffles a la Chitose será entonces! —dijo en voz alta, saboreando de antemano el dulce aroma, la miel, la mantequilla, mermelada y esa bola extra de nieve que lo convierten en un manjar para él.
Kakashi se obligó a decir algo cuando la señora Mihara lo mirase en espera de su orden— Gracias por sus atenciones, pero no quiero ser una moles…
—Pamplinas, no deberías ser tan penoso. Tráele lo mismo querida, seguro le encantara tanto como a mí —intervino el hombre de gafas, a lo que su esposa asintió y se retiró hacia la cocina.
—No debería ser tan serio —comentó Mihara estirando los brazos sobre la mesa.
—Y tal vez usted debería tomar las cosas un poco más en serio —se atrevió a decir Kakashi.
—Y lo hago —entrelazó los dedos, y sobre ellos plantó su mentón de forma pensativa y una mirada centrada—, simplemente no me agrada comportarme de esta forma frente a Chitose. Te pido que sea algo que quede entre tú y yo.
—Hay algo que debo dejar en claro señor Mihara. Mi contrato ha expirado desde el momento en que lo he traído a este lugar —decidió decir—. Mi misión era protegerlo y asegurar que saliera con vida mientras ponía en acción su propio plan, y lo he hecho.
—Lo sé —sonrió hilarante—, y es por eso que pedí una prolongación de sus servicios si es que llegábamos a salir con vida —de entre sus bolsillos sacó un pergamino que deslizó por la superficie.
El ninja lo tomó al reconocer el símbolo de su clan en el sello del rollo. Sabe bien que sólo podía ser abierto por un ninja de la aldea de la hoja; y si alguien más intentara abrirlo, el sello de protección se activaría reduciendo a cenizas el pergamino.
—Era la primera vez que recurría a esta clase de agencias, por lo que no podía estar seguro de su eficacia. Pero ha demostrado su capacidad con su desempeño, ya que había posibilidades de que tal vez uno o ninguno de los dos hubiera salido con vida. Ahora sé que es la clase de hombre que necesito que me proteja, por lo menos hasta que termine con lo que debo hacer.
Mihara calló al observar cómo es que Kakashi dejó el rollo sobre la mesa, juntó las manos y con movimientos de los dedos formó algunas figuras veloces por las cuales el lazo que envolvía al pergamino se rompió. El ninja lo desenrolló, leyendo su contenido que no era mas que las instrucciones de sus superiores para efectuar la fase B del contrato con Mihara.
—¿Hay algo más que me haya estado ocultando, señor Mihara? —cuestionó con cierta desconfianza el ninja.
—Es la última, lo prometo —alzó la mano derecha, dando su palabra.
—Parece que está claro. Continuaré protegiéndolo, a usted y su esposa —esas habían sido las instrucciones leídas—, hasta que ya no me necesite. Me parece bien, pero en casos como estos me gusta saber en la clase de aprieto en la que el cliente se encuentra metido y así decidir una mejor estrategia, pero eso ya lo sé. Y continuo creyendo que lo más sensato sería acudir a las autoridades y no a agentes ilícitos como mi persona.
Mihara negó con la cabeza, completamente seguro de esa decisión— Lo que ese chiquillo malcriado dijo es completamente cierto… —suspiró—. Él no será el único que desee pervertir mi trabajo por lo que he decidido hacer algo para poder prevenir atrocidades en el futuro, y para ello necesito tiempo.
—No tiene el suficiente, por lo que he visto en televisión, falta muy poco para el lanzamiento al mercado los primeros modelos —recordaba el ninja los comerciales de la mercancía.
—No es el producto el peligro… si así fuera, jamás habría permitido que se patentara su producción. Los PERSOCOMS los diseñé con fines productivos para las personas… son ellos el problema, aquellos que no conformes con las bondades de las cosas deciden encontrarles maldad. Los humanos son capaces de crear maravillas y hacer milagros, pero algunos no pueden evitar seguir la senda de la destrucción sólo por estúpida avaricia —musitó con ligera frustración—. También, no deseo involucrar a nadie más. Es mejor que mi hermano crea que he desaparecido, secuestrado o muerto, cualquier cosa, excepto meterlo en esto.
Ante la fuerte convicción que veía en el rostro del científico, Kakashi desistió en hacerlo cambiar de parecer. Después de todo, él únicamente debía cumplir el contrato por el cual estaba ahí, el resto eran trivialidades.
Después del delicioso y suculento desayuno que el ninja no comió, Kakashi partió a inspeccionar las cercanías, buscando las debilidades de ese terreno; el cual le tomó algunas horas en volver toda una fortaleza llena de trampas y sellos que le alertarían de cualquier indeseable intruso.
Comenzó a llover ya entrando el atardecer, por lo que al sentir que había hecho todo lo posible volvió a la mansión donde la mujer del científico aguardaba. Vistiendo un impermeable, ella se apresuró a salir del resguardo del cobertizo con un paraguas en mano con el que cubrió la cabeza de Kakashi aun para su desconcierto.
—Debe ser cuidadoso, puede enfermar —dijo ella.
Aunque la llovizna era indefensa y sólo restaban un par de metros para llegar a la casa, la mujer se había preocupado por mostrar tales modales. A Kakashi le parecía una persona extraña; pero no debía sorprenderse, por algo era la mujer del estrafalario Ichiro Mihara.
—No tiene porque ser tan amable —repuso el ninja sosteniendo por si mismo el paraguas.
—Protege a mi esposo, lo menos que puedo hacer es cuidar de usted durante su estancia con nosotros —sonrió débilmente.
—No hay necesidad.
—¿Deberemos hacer un contrato entonces, Kakashi? ¿Uno por el cual me permita atenderlo como a un invitado?
Kakashi suspiró resignado. Lo peor de todo es que los creía capaces de hacerlo, y entonces si sería el hazme reír del clan.
—Ya anochece, debe descansar. Ichiro me contó que le dispararon, hay un botiquín en casa.
—Estoy bien. Mi chaleco absorbió el impacto, ¿lo ve? —bajó un poco el cierre del chaleco para mostrar que el impacto no atravesó la armadura. Sin embargo, aunque Chitose lo comprendiera, se atrevió a presionar con su dedo el punto en el abdomen del ninja que habría sido herido de no ser por la precaución del blindaje.
Kakashi se encogió un poco al encontrarse completamente desprevenido, incapaz de ocultar el dolor ante la sensibilidad de esa área.
—Por lo menos esta noche descanse. No creo que haya problemas, además, de nada nos serviría un ninja lesionado ¿no le parece? —añadió con tranquilidad, encaminándolo hacia la mansión.
Kakashi no buscaba comodidades, sólo una habitación lo más cerca de donde Ichiro laboraba; por lo que para él el cuarto de servicios resultó el más estratégico, pues se encontraba en la planta baja y a un lado del acceso al sótano donde un laboratorio secreto se hallaba, y del que Ichiro no saldría demasiado.
En el camino, Kakashi se atrevió a detenerse junto a una mesita de madera, sobre la que un jarrón delgado de cristal contenía dos bellas flores blancas; junto a este había un portarretrato donde reconocía con facilidad a Chitose y a Ichiro, junto a dos bellas niñas, hermanas, gemelas idénticas.
Chitose se detuvo al percibir la curiosidad de su invitado. Él no debió decirlo para que ella se viera forzada a explicar brevemente— Son nuestras hijas.
Kakashi le dedicó un instantes de análisis, y al no haberlas visto por ahí quería decir que se trataba de un tema delicado del que no deseaba saber o entrometerse.
Chitose tampoco parecía estar muy dispuesta a hablar de ello, por lo que prosiguió hacia el interior de la habitación.
Una cama individual, tres comidas al día, baño, televisión y vista hacia al exterior dentro de esas cuatro paredes fueron suficiente para Kakashi los casi dos meses que permaneció en esa casa de campo.
El tiempo había pasado tranquilo, algo que agradecía todas las mañanas la mujer de Mihara.
La convivencia fue muy amena. Al principio un poco distante gracias a la línea profesional que Kakashi no deseó cruzar por su código, pero a los pocos días se volvió totalmente accesible. Podría decirse que se creó una amistad entre ellos tres.
Con Mihara compartió horas de charlas sobre programas de televisión y películas, el científico era capaz de parlotear inclusive aunque se encontrara confeccionando piezas claramente frágiles y por el que cualquier error estropearía el trabajo de horas. Sorprendentemente, el científico era un experto y jamás erró, ni siquiera durante sus inesperados sobresaltos en los que se apasionaba de más y actuaba como un personaje de caricatura.
Con Chitose resultó mucho mejor de lo que Kakashi esperaba, pues compartían la afición por las novelas de "Icha Icha Paradise", de las que ella tenía toda la colección en la biblioteca, incluidas ediciones especiales que sólo los más aficionados pudieron obtener gracias a su reducido numero de imprenta.
Había pasado mucho tiempo en que no compartía así con una persona. Su misma profesión lo llevaba a ser un hombre solitario, pues involucrar a alguien más complicaría su vida y pondría en riesgo a dichas personas. Pero ante esta situación, podía admitir que era agradable charlar con alguien acerca de temas triviales; en ocasiones llegó a olvidarse de la verdadera razón por la que estaba allí.
Si él hubiera sabido que pronto todo eso se terminaría de manera abrupta, tal vez les habría dicho muchas cosas y agradecido otras tantas… Pero eso será en la otra vida.
Mihara apagó el televisor tras terminar de escuchar la entrevista en la que su hermano menor hablaba con la prensa acerca de su desaparición. Algunos seguían creyendo que había sido secuestrado, tal vez no por dinero sino por su mente prodigio; otros lo creían muerto.
Pero su hermano… oh, su hermano lo conocía demasiado bien; creía que tanta presión gracias al lanzamiento de la línea de computadoras personales, PERSOCOM, había sido demasiada para él, por lo que de seguro debe encontrarse tomando el sol en alguna playa solitaria tal y cómo ocurrió años atrás con el éxito de su invento, ANGELIC LAYER, cuando se vio acosado por los medios y aficionados con el juego. Volviendo hasta que la novedad hubiera pasado.
—Cuando todo esto termine, recuérdame que debemos ir a la playa —dijo Mihara a Kakashi, ambos dentro del laboratorio subterráneo.
Bajo la mansión, todo un piso bajo tierra estaba dedicado a guardar los trabajos de Mihara. Había sido allí donde sus inventos más sobresalientes han nacido.
Contaba con todo lo necesario para elaborar sus ideas, desde herramientas hasta materiales y fuentes de energia; nada necesitó pedir del exterior para avanzar en su trabajo.
Las paredes de frío metal mantenían una temperatura baja, y las luces blancas le cedían más la apariencia de una prisión que de una laboratorio; sin contar el desorden allí existente.
Ichiro se estiró en la silla con rueditas y se impulsó hacia el lugar donde una especie de féretro negro se hallaba suspendido de forma horizontal. En el interior se encontraba una jovencita.
Tétrico sería para cualquiera entrar allí y encontrarse con la imagen de una difunta, pero aquellos que saben la verdad caminan por allí tranquilamente y suelen contemplarla como si se tratara de la princesa Blanca Nieves, dormida por los embrujos de la envidiosa bruja; en espera de su amor para regresar a la vida.
Un último ajuste con un destornillador de delgadísima punta a la altura de su oído izquierdo y se encontraba lista para ser enviada. De su bata, Ichiro sacó un estuche violeta del que tomó unas gafas oscuras, las cuales colocó sobre el rostro de su Blanca Nieves.
—Un éxito más a mi lista de logros —se limpió el sudor con la manga de su atuendo blanco—. ¿Qué opinas?— le preguntó a su silencioso guardaespaldas.
Según entendía Kakashi, ese PERSOCOM completaría la seguridad del Banco Nacional de datos; su función primaria sería proteger la información almacenada y que era tan valiosa para el gobierno y los grandes inversionistas del Japón. Cualquiera que intentara infiltrarse a dicha información, esa PERSOCON lo expulsaría de forma inmediata.
—¿Por qué siempre deben ser tan… lindas? —no encontró otro termino por el cual nombrar a la PERSOCOM de aspecto joven y femenino dentro de su caja de muñecas.
—¿Qué, acaso no te gusta? —se extrañó Mihara—. ¿Preferirías a un robot metálico y frío en vez de una amigable y dulce niña robot quien te diera la bienvenida a casa, la que atendiera tu hogar? Todo es mercadotecnia mi buen amigo, nadie compraría hojalatas de mal ver. Todo está en las apariencias– presionó un botón del pequeño panel a su lado y un brazo mecanizado sujetó entre sus tenazas la tapa de ese cofre, el cual colocó en su lugar y selló con fuertes cerraduras.
—Debo preguntar, puesto a que no me lo has dicho, ¿cómo planeas enviar este paquete tan llamativo y con tan importante contenido? —cuestionó Kakashi, viendo como es que Mihara presionaba una secuencia de botones junto a la lectora de huellas dactilares que había para las cerraduras.
—Oye, dame un poco de credito. No es la primera vez que envío algo a los chicos del gobierno, sé a donde debo enviarlo. Aparte, están acostumbrados a mis envíos —sonrió ampliamente—. Esto únicamente se abrirá cuando el secretario de defensa nacional ponga sus huellas aquí —palpó el féretro, señalando los cinco agujeros junto a los seguros—. Y además —se apartó hacia un de las esquinas del complejo, batallando con grandes pedazos de cartón los cuales logró alzar—, disfrazando la cubierta, el contenido no llamará la atención de nadie —mostró orgulloso la gran caja que perteneció alguna vez a un refrigerador del tamaño ideal para cubrir el oscuro cofre.
—Me sorprendes… —comentó un tanto confundido, cómo es que una mente tan brillante era capaz de actuar como un completo payaso.
—Chitose lo llevará a la ciudad mas cercana y ahí lo dejaremos en manos de la eficaz agencia de mensajería —canturreó al buscar una gran cinta color canela con la que planeaba unir el cartón.
—¿No será peligroso? —se preocupo por la señora de Mihara.
—No lo creo, aunque lo dudes, mi esposa es mucho más lista de lo que cree la gente… Por algo me casé con ella, ¿no? —bromeó en confidencia a su protector.
—¿Y cuanto más tiempo permanecerá aquí? —cuestionó Kakashi.
—Calculo… que un mes más cuando mucho. Mi pequeña Ditta está lista, pero todavía no termino de ajustar mi otro invento, el caso es más delicado.
Aunque Kakashi escuchaba seguido que Mihara confiaba en él, todavía no se había ganado el acceso a esa sección del laboratorio donde seguido el científico se enclaustraba. Sabía que estaba trabajando en un dispositivo que impidiera a cualquiera la ambición expuesta por Minoru, una que de seguro muchos otros compartirían.
Mihara era un hombre precavido y confiaba realmente en el ninja; la mayor prueba de ello es que iba a confiarle todo cuando el momento llegase.
A media tarde, Chitose Mihara volvía de su misión. Conduciendo una pequeña vagoneta blanca, vislumbró las barras del portón delante las que frenó. Buscó en su bolso el control remoto que las abriría para ella. Siendo en el momento en que giró un poco su cuerpo hacia el asiento de al lado en que una mano la tomó desprevenida y le cubrió fuertemente la boca; otra los brazos.
Chitose forcejeó un poco, intentó poner en marcha el auto, incluso hacer sonar las sonoras bocinas, pero cuando viera la punta de una metralleta apuntándole al rostro se contuvo.
Un segundo soldado con pasamontañas y casco oscuro la amenazaba, y en voz baja le ordenó que desistiera.
Quien quiera que la sostenía, la jaló fuera del automóvil en una maniobra en la que el hueco de la ventana fue su salida, perdiendo los zapatillas en el proceso. Pero su talón fue veloz y golpeó atinadamente el volante, provocando un pitido que resonó un instante nada más.
El soldado la aprisionó todavía con más fuerza para castigar su falta. Encañonada, la llevaron contra el muro donde decidieron tomar información de ella.
—Responderá con un parpadeo para un Sí, y dos para un No ¿entendió?– le susurró al oído el que la sometía por la espalda, siendo el de la metralleta quien hiciera las siguientes preguntas.
—¿Es usted Chitose Mihara?
La mujer parpadeó dos veces, por lo que recibió un golpe en la frente con la culata del arma automática.
—No intente pasarse de lista o se arrepentirá —le advirtió el soldado—. ¿Se encuentra Ichiro Mihara dentro de esta propiedad?
Chitose tardó en reaccionar por la conmoción del golpe que le desenfocó la vista unos momentos, cerrando los ojos una vez.
—¿El ninja está con él?
Los ojos de la señora Mihara temblaron, pero terminó parpadeando una única vez.
—¿Hay trampas o mecanismos extraños dentro de la propiedad?
Esta vez no hizo nada, intentó decir que no lo sabía, logrando apenas y mover la cabeza hacia los lados junto con los hombros.
—Escuadrón A y B, despliéguense. Extrema precaución, disparar a matar contra cualquier agresor —lanzó la orden por el comunicador que colgaba de su hombro.
Chitose miró absorta cómo es una hilera de diez soldados emergieron de entre los arbustos cercanos y se precipitaron por la entrada; sin saber que otros quince se movilizaron por la parte trasera saltando el muro de contención.
El escuadrón A iba en formación de dos líneas paralelas, corriendo en dirección hacia la mansión por el camino principal, deteniéndose de manera sorpresiva. De un momento a otro, uno a uno de esos hombres sintió el cuerpo duro e inmóvil; todos sus músculos enteramente engarrotados como si el dios del tiempo Cronos hubiera lanzado su aliento místico para condenarlos a esa inmovilidad.
Alcanzaban a articular sonidos guturales aquellos que tenían la boca abierta por mera suerte, pero el resto estaba en un pánico que se reflejaba en sus ojos saltones.
De las sombras del pórtico apareció entonces el renombrado ninja, Kakashi Hatake; en cuya mano derecha jugueteaba con un kunai de resplandeciente cuchilla.
—Fübaki Höjin, sello del cuadrado capturador —citó el nombre del ninjutsu que había aplicado a los cuatro puntos del perímetro—. Lo siento mucho caballeros, pero como la araña que protege sus dominios, ustedes han sido atrapados como las pequeñas moscas que son —aclaró ante los ojos asustadizos de esos hombres armados.
Cuatro sellos había repartido en la zona norte como en la sur, este y oeste. Sutilmente colocados y grabados en los troncos de diversos árboles que funcionaban como vértices en esa trampa. Le bastó haber escuchado la señal de Chitose para saber que algo fuera de lo normal ocurría, y así liberó el poder de dichos sellos de restricción; aprisionando también a los osados soldados de la parte norte.
Kakashi caminó hasta el primero de los sujetos, no siendo afectado por su propio ninjutsu. No se molestaría en realizar un interrogatorio, sabía para quién trabajaban y cuales eran sus intenciones, por lo que no habría consideraciones.
Tajó la garganta del sujeto con su kunai, provocando todavía más el pánico entre los nueve restantes.
Kakashi corrió en zigzag, destajando los cuellos de esos hombres que permanecieron de pie únicamente por encontrarse dentro del área afectada.
El grito de otro sujeto lo alertó, cuando junto a la vagoneta distinguiera a Chitose siendo rehén de dos individuos. Uno de ellos la tenia sujeta a la garganta mientras su pistola se encontraba justamente sobre su cráneo.
—¡Quédate donde estás o mataremos a la mujer!
En medio de los estáticos cadáveres, Kakashi les observó fijamente, accediendo a no moverse todavía.
—Si te mueves maldito, juro que le perforo la cabeza —aclaró casi estrangulando a Chitose con la fuerza que ejercía alrededor de su cuello.
—Si haces eso, nada evitara que acabe con tu miserable vida. Aunque tenga que recorrer el mundo entero, tú serás mi presa.
El agente de la ametralladora descargó todo su cartucho sobre el peligro. El cuerpo de Kakashi se agitó descontroladamente ante cada pedazo que fue arrancado por los proyectiles.
El sonido ensordeció a Chitose y la llevó a gritar ante el pavoroso final de su amigo. Invadido por el miedo que sentía hacia ese sujeto, el soldado no dejó de disparar hasta que las balas se hubieran terminado. Sonrió victorioso bajo el pasamontañas, sus ojos ampliamente abiertos por el frenesí del momento. No se acercó demasiado al no querer correr la misma suerte de sus compañeros, pero vio tendido en un charco de su propia sangre al ninja.
Estaba pensando en lo bien que lo recompensarían por haberse deshecho de él cuando observó perplejo como es que se deshizo en una explosión de denso humo blanco. Emitió un chillido de incredulidad ante la desaparición del cadáver, girando justo a tiempo para ver a su enemigo de pie, justo al costado de su camarada que sostenía a la rehén.
—¡Detrás de ti, cuidado! —lo alertó, ocasionando que el sujeto cumpliera su promesa. Y sin permitirse voltear o dudar, jaló el gatillo sin miramientos. Cuando menos eso le arrebataría al asesino de su grupo.
Dejó caer el cuerpo que tenia en sus manos por su pesadez, girando en busca de vanagloriarse de la expresión de impotencia del ninja, pero quien terminó con el rostro entumecido por la impresión fue el soldado, pues en los brazos de Kakashi se encontraba la señora Mihara fuertemente aferrada a su cuello.
El soldado miró rápidamente hacia sus propios pies, donde en vez de un cuerpo humano, era un tronco mohoso el que presentaba un gran agujero en su corteza. Tal movimiento sería el último por parte de ese hombre cuando un kunai le atravesara la nuca, desconectando inmediatamente su vida.
El de la ametralladora buscó frenéticamente poner un cartucho más, pero sería tarde. Apenas y rozó el gatillo cuando dos shurikens se alojaran en su rostro y cayera al suelo.
No había duda que las técnicas de sustitución y de replicas eran las más útiles en un ninja en casos de vida o muerte.
Chitose mantuvo su vista lejos de esos panoramas de violencia extrema.
—Señora Mihara ¿está bien, puede andar? —le preguntó delicadamente, recibiendo una afirmación silenciosa.
—Lo siento, yo… estaba segura que no me siguió nadie… —musitó avergonzada y con gran culpabilidad.
—No creo que ese haya sido el caso, seguramente sabían que nos escondíamos aquí desde antes y esperaron a que alguno de nosotros saliera para hacer su movimiento. No se martirice, por favor.
Chitose volvió a asentir, pero eso no desaparecía sus sentimientos al respecto— Será mejor que salgamos de aquí, suba a la…
Mas el sonido de un gran helicóptero ahogó el timbre de su voz. Salido de quién sabe donde, un Kawasaki OH-1 volaba sobre ellos. Sus aspas remolinaban el viento con fuerza, y escondieron muy bien los estruendos de los disparos. Los reflejos de Kakashi le permitieron eludir la línea de fuego, agradeciendo que fuera un helicóptero de reconocimiento y ataque ligero, pues algo con más potencia y precisión habrían terminado por matarlo.
—Hay un túnel de escape en la mansión —le gritó Chitose al oído, sabiendo lo difícil que sería para el ninja salir bien librado de esas fuerzas armadas teniendo que cargar con la seguridad de ella y su esposo—. ¡Regresemos!
Kakashi asintió al divisar dos camiones blindados que a lo lejos venían a reforzar al grupo armado.
Corrió hacia la vivienda, mas cuando se giró en un último vistazo hacia el helicóptero, se extrañó que no prosiguiera con el ataque. Divisó una silueta entonces, que tranquilamente paseaba por el campo.
Un hombre venía hacia la mansión sin una guardia personal o alguna clase de apoyo: vestía una larga gabardina oscura encintada a su torso; guantes de piel cubrían sus manos; zapatos caros calzaban sus pies. Su cabello negro y ligeramente largo recaían sobre un rostro visiblemente joven y buen mozo. Su boca sostenía un delgado cigarrillo cuyo humo se perdía ante el fuerte viento a su alrededor.
Kakashi permaneció mirando a ese hombre que poseía una autoconfianza admirable en su andar. Incluso cuando puso un pie dentro del espacio afectado por su ninjutsu no pareció demasiado afectado.
Aminoró un poco el paso, de eso si fue testigo, deteniéndose únicamente en medio de los cuatro sellos ocultos en los árboles. El hombre de gabardina apartó el cigarro de su boca y exhaló el humo con desdén— Que molesto… —musitó al golpear la colilla del cigarro con su pulgar liberando la ceniza y, al instante, los cuatro sellos de los que se valió Kakashi para su trampa se incendiaron.
Flamas emergieron por acto de magia sobre la madera, hasta que borraron los símbolos grabados en esta.
Los cadáveres de los soldados cayeron a su alrededor como si de un dios de la muerte se tratara.
El ninja llevó rápidamente a Chitose hacia el interior de la casa, encaminándola a la puerta del sótano— Quiero que ustedes dos escapen cuanto antes. Tomen la salida que mencionas y no miren atrás.
— ¡¿Qué pasará contigo?! —se sujetó ella a sus brazos, no lo dejaría ir de esa forma.
—Yo me quedaré, los distraeré lo más que pueda.
—¡No nos iremos sin ti!– aseguró ella.
—Señora Mihara, su esposo me contrató para esto, y es mi deber cumplir con mi misión. No se preocupe por mí, me será más fácil salir de este predicamento por mi cuenta, confíe. Me apena decirlo, pero permanecer con ustedes nos pondría en un peligro mortal, créame.
—Está bien… —dijo con los ojos al borde del llanto—. Nos iremos, pero dejaré el acceso abierto para usted, cuando haya terminado por favor… por favor regrese aquí y tómelo, lo llevará a un sitio seguro— dijo suplicante.
Kakashi asintió. Hubiera dicho cualquier cosa con tal de lograr que la mujer descendiera por esas escaleras.
Chitose bajó de inmediato buscando a Ichiro, pero vio el laboratorio vacío y sin señales de él. Se acercó al escritorio blanco donde una fría taza de café esperaba a ser tomada por alguien. Allí un celular azul sonaba sin descanso. Ella vio en la carátula el nombre de su esposo, por lo que lo respondió de inmediato.
El aparente dios de la muerte entró a la casa, permaneciendo en el recibidor como si realmente esperara a que alguien le diera la pasada. Se mantuvo sonriente al encarar al famoso guerrero del que tanto había escuchado.
Kakashi se mantuvo de pie bajo el candelabro que colgaba en lo alto del techo, esperando a que su oponente tomara la iniciativa o la declinara.
El fumador permaneció en sepulcral silencio mientras el humo le provocaba cosquillas en la nariz. Tras un suspiro volvió a quitárselo de entre los dientes.
—¿Así que tú eres el causante de que mis honorarios posean tantos ceros? No eres cómo te imaginaba —habló el elegante hombre de gabardina.
—Minoru Kokubunji te envía, presumo —dijo un receloso Kakashi.
—El chiquillo, sí. Escuché que pasaba por muchos problemas para deshacerse de alguien en específico. Nunca he aceptado encomiendas de esta clase, sin embargo, cuando mencionaron a un ninja del clan de la hoja no pude resistirme a venir y comprobar que tan ciertas son las leyendas de tu mítica aldea.
—¿Así que es eso? ¿Un simple reto? —cuestionó el ninja con ligera rabia —. No has de tener idea de lo que pasa, y aún así decides involucrarte ¿por qué?
—A mí me tiene sin cuidado lo que Minoru Kokubunji desea… Sus ambiciones me son indiferentes, pero la recompensa por venir hasta aquí bien valdrá la pena… — pétalos rosados emergieron por debajo de los pies del hombre en gabardina y revolotearon libres dentro de la sala de la vivienda— Serás una excelente adquisición para el árbol de cerezos, un nombre más en la lista del Sakurazukamori —susurró.
Kakashi se puso en guardia cuando el sujeto mostrara cinco ofudas en su mano.
El peligris alzó la placa que cubría su ojo especial, sabiendo que no trataba con alguien ordinario y que además poseía un chakra tremendo.
—He visto y servido a la misma voluntad de Dios como para creer importante los designios de los hombres comunes. Disculpa no sentir remordimiento por las acciones de tan rastreros seres humanos, pero yo no soy un justiciero ni mucho menos un hombre de bien —aclaró con leve soberbia— Guerrero de la aldea escondida de Konoha, será un honor volverte uno con los cerezos —en los pergaminos oscuros se dibujaba un pentagrama invertido, los cuales arrojó a Kakashi.
Las ofudas se convirtieron en cinco aves oscuras que buscaron golpear al ninja, mas Kakashi valerosamente esquivó todas, lanzando cinco kunais a las manifestaciones, desvaneciéndolas en el acto. Hatake Kakashi lanzó inmediatamente dos kunais a gran velocidad contra el Sakurazukamori, el cual simplemente trazó con su cigarro las líneas de un pentagrama invertido contra el cual las cuchillas chocaron y se desintegraron ante el potente escudo.
De acuerdo a sus deseos, de las líneas flameantes de su escudo emergieron veloces saetas de luz que al no alcanzar al veloz ninja fueron a estrellarse contra un muro en donde la estrella de cinco picos se marcó tras atravesar limpiamente la superficie. El ninja se sorprendió cuando el joven de lentes oscuros apareció justo frente a él. El Sakurazukamori lanzó su mano contra su rostro, pero Kakashi no perdió la cabeza en ese movimiento, logró ladearse a tiempo para que los dedos afilados no alcanzaran a rozar su rostro enmascarado.
El ninja de Konoha arrojó un golpe sujetando su kunai hacia la boca del estomago de su enemigo, pero le impresionó la velocidad con la que el Sakurazukamori lo contuvo al atrapar su muñeca con fuerza.
—Parece que te han sobreestimado —musitó con algo de decepción el asesino legendario. Kakashi intentó usar su mano izquierda con el mismo objetivo, pero la navaja que era el brazo del Sakurazukamori le atravesó el corazón—. Qué lástima, ni siquiera entre los clanes ninjas pude encontrar un rival digno. Están fuera de mi liga…
—Es ahí donde te equivocas —anunció la voz de Kakashi cuando este le clavara su kunai en el punto medio de la espalda—. Eres tú quien no es oponente para mí —aclaró tajante.
El Sakurasukamri observó intrigado cómo es que el Kakashi al que hirió se deshizo en estelas de humos.
—No hay nada que mi Sharingan no pueda ver, puedo leer tus movimientos como si te trataras de una pesada tortuga.
—Esto si que es inesperado —comentó ligeramente impresionado el mítico asesino, mortalmente herido—. Parece que no soy el único experto en el arte del engaño…. —musitó al instante que de su herida no fuera sangre lo que brotara, sino cientos de pétalos de cerezo que frenéticamente emergieron del agujero. Kakashi se sorprendió por la forma en la que ese hombre se descompuso en cerezos hasta desaparecer.
—Pero en cuanto a ilusiones, los maestros se encuentran en el clan de los Sakurazukamori, no olvides eso —irreverente el asesino reapareció en el umbral de la entrada principal de la mansión, soplando lo último que pudo extraer del cigarro en su mano.
Un poco inseguro de esa pelea, el ninja alistó su mejor técnica, sabiendo que lo mejor era acabar con un oponente lo más pronto posible, antes de que decidiera pelear en serio pues esa sensación le transmitía. Estiró su brazo derecho hacia abajo, flexionando un poco las rodillas al separar los pies.
El Sakurazukamori arrojó la colilla de su cigarrillo al suelo y mostró diez ofudas oscuras, una por cada dedo de sus manos, dando a entender que estaba listo para enfrentar lo que sea que pudiera tramar.
Mas antes de que la primera chispa eléctrica de chakra emergiera de la mano de Kakashi, un par de objetos rompieron el cristal de la ventana más próxima. Ambos contendientes los miraron intrigados al rodar en medio de ellos.
Los ojos del ninja se abrieron estrepitosamente al descubrir que se trataba de dos granadas de fragmentación. Saltó hacia atrás atinadamente, sabiendo que toda la estancia quedaría hecha pedazos.
La explosión sacudió la casa entera. En su fragilidad, el techo se cuarteó y grandes pedazos cayeron como rocas.
Kakashi encontró refugió tras correr hacia uno de los pasillos aledaños, pero sus oídos se encontraban ensordecidos por el sonoro estallido. Perdió un poco el equilibrio y tosió por el humo que se expandía rápidamente por todo el complejo.
Muy probable es que el grupo armado se haya cansado de esperar. El ninja comprendía que era una situación que ya no estaba en sus manos. Una vez que sus protegidos se encontraban fuera de peligro (esperaba) podría dar marcha a la retirada.
Al ver todo el perímetro rodeado y el helicóptero de asalto allá afuera, Kakashi corrió hacia el sótano. Allí, notó como es que la puerta hacia el otro laboratorio se encontraba efectivamente abierta y descubría un largo pasillo hacia otro complejo despejado.
Al pasar el primer umbral, los cerrojos se activaron y sellaron la entrada. Kakashi continuó, finalmente arribando a un laboratorio no tan diferente como al anterior; los mismos artefactos y herramientas, pero era espacioso al contener un pequeño transporte montado sobre unas vías que se perdían en la oscuridad de un angosto túnel que colindaba con la cámara subterránea.
—¡Kakashi! —lo llamó aliviada Chitose Mihara, quien se encontraba cerca del pequeño tranvía.
—¿Sigue aquí? Le pedí que se marchara en cuanto pudiera —recriminó angustiado el guerrero al acercarse—. ¿Dónde está Ichiro?
—Del otro lado. Debe saber que si permanecí aquí fue por decisión propia, tenía que salvar a mi pequeña —miró maternalmente hacia el interior de la cabina que podría albergar hasta cinco personas.
La curiosidad de Kakashi lo llevó a entrar y allí encontrarse con otra bella durmiente. Si no se equivocaba, era una de las pequeñas que había visto en los retratos que por toda la casa se repartían. De largo cabello rubio, vestía un ajustado leotardo oscuro mientras que en su pierna se encontraba escrito la palabra CHOBIT con grandes letras. Era una PERSOCOM, podía distinguirlo por las extrañas salientes a la altura de sus orejas.
—Debemos irnos ahora, hay un hombre muy peligroso allá afuera. Es cuestión de tiempo que descubran nuestro intento.
Chitose asintió— Este túnel conduce a una pequeña granja a veinte kilómetros de aquí. Allí habrá un automóvil esperando —explicó con rapidez—. Lo pondré a andar entonces, permanezca ahí, no tardo— dio un último vistazo a su pequeña Chobit, ocultando a Kakashi sus ojos vidriosos y al borde de las lágrimas.
Descendió de la plataforma de las vías, un angosto panel allí esperaba. Ya había programado todo con anterioridad, por lo que bastó jalar una palanca para que la cabina se pusiera en movimiento.
La puerta se selló de forma automática aún ante el desconcierto de Kakashi quien miró atónito a la impasible mujer que ni siquiera luchó por darles alcance.
Antes de que pudiera reaccionar debidamente, el vehículo arrancó a una tremenda velocidad que mantuvo a Kakashi aferrado del bajo techo de la cabina.
—En verdad espero que pueda perdonarme– escuchó de la diminuta bocina que allí había. Se trataba de la voz de Chitose.
Kakashi se precipitó sobre los controles que había al frente, presionando más de una tecla en busca de que ese vehiculo pudiera dar marcha atrás y volver.
—No se moleste, inhabilité esos mecanismos por si acaso.
Kakashi se giró hacia la bocina a la que reclamó— ¡¿Qué significa todo esto?! ¡¿Acaso quiere morir?! ¡¿Por qué salvarme mientras tú te quedas?!
—No podía dejar solo a Ichiro —respondió con clara tristeza– Él es quien decidió quedarse… —explicó, despertando un desconcierto todavía más grande en Kakashi —Me pidió que huyera junto a usted y a nuestra hija… pero no pude cumplir con su petición, no lo dejaré enfrentar esto solo —dijo acongojada.
—¡No pensaron las cosas bien! ¡Mí deber era protegerlos, mantenerlos a salvo hasta que esto terminara! ¡¿Creen que podré abandonarlos así como así?!– recriminó con gran frustración.
—Agradecemos el tiempo que nos dedicó Kakashi pero esto se terminó. Ichiro prometió que daría fin a esta situación sin importar las consecuencias y yo le creo… Confíe en él —hubo una gran interferencia y la señal se perdió momentáneamente.
—¡Chitose!
—Usted no… hizo nada malo… Enfrentaremos… est… oblema… —había demasiada interferencia que atrofiaba por completo la señal. El ninja se esforzó por escuchar lo más claro que le fuera posible– … Cumplió con… su cometido… Ahora por favor… or fav… proteja a… Eld.. mi preciosa… niña… Es impar…ante…
Un estruendo hizo saltar el corazón de Kakashi al reconocer la calibre del arma que fue disparada; dos veces antes de que un tercer impacto terminó finalmente con la comunicación.
El sonido de la estática dejó enmudecido a Kakashi y lo acompañó el resto de la travesía subterránea.
Había fracasado… No cumplió con lo que debía hacer, pero ¿por qué…? ¡¿Por qué es que lo hicieron a un lado de esa forma?! Era inconcebible. Si todo iba a terminar de esa forma, entonces ¿por qué pedirle que fuera su protector, por qué fingir confianza cuando nunca la hubo…? No lo entendía… Tal vez jamás lo haría.
El paseo terminó cuando él vislumbrara el final del túnel que poco a poco fue abriéndose más hasta convertirse en un establo abandonado. Al frenar completamente el tranvía es que sus puertas se abrieron, permitiéndole a Kakashi el inspeccionar; descubriendo que no había peligro alguno, sólo una vagoneta tinta en cuyo volante se encontraban las llaves puestas.
Kakashi sujetó a la PERSOCOM durmiente, resintiendo el peso de su cuerpo. No por nada se trataba de una maquina sofisticada.
La metió en la parte trasera, cubriéndola de pies a cabeza con una manta que sobre los asientos había.
Por su cuenta, salió del establo con cuidado, aprovechando la penumbra del atardecer. No había indicios de un ser viviente en esa antigua granja. Por lo alto del pasto supuso que habían pasado muchos años desde que alguien la habitó.
Subió a la vagoneta, bajó el protector sobre su ojo al sentirse a salvo. Sabiendo lo mucho que su apariencia llamaba la atención, cambió su forma física gracias a su técnica ninja. Lucía ahora como un joven de cabello oscuro con ropas azules y holgadas, siguiendo la vívida imagen de un simpático inquilino de su posada.
Tenía la certeza de que habían muerto… y lo corroboró cuando buscó subir a una colina elevada que le permitiera ver hacia el sitio donde fue el hogar de los Mihara. Fue fácil, se guió por la estela de humo negro que señalaba el sitio donde se llevaron a cabo varias explosiones minutos atrás. Seguramente a eso se refería Chitose al decirle que Ichiro pondrían punto final a todo esto ¿se refería a terminar con su vida? No parecía ser la solución que él esperaba esa mañana… ¿Qué había pasado para que actuara de esa forma tan imprudente? Se preguntó contentamente Kakashi al conducir de regreso a la ciudad. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión… o todo el tiempo ese había sido su objetivo? ¿Sobrevivir únicamente hasta crear a su último PERSOCOM? ¿Incluso a él le habría escondido la verdad y el dispositivo de defensa contra el control absoluto de las computadoras se encontraba en Ditta?... Tendría sentido, así aseguraba que nadie pudiera usar sus conocimientos en contra de sus ideales, la muerte sellaría dichas ambiciones.
Se admiraba de la valentía de la señora Mihara por decidir compartir el destino de su esposo. Pesaba en su alma que el final haya sido tan trágico.
Después de horas por los caminos, Kakashi finalmente pudo respirar el aire encerrado de su apartamento. Llevaba en sus brazos al pesado artefacto el cual puso sobre el suelo al resentir dolor en su espalda.
Ahora bien, él no sabía mucho de PERSOCOMS, pero sí de computadoras. Jamás sintió atracción por la idea de computadoras con forma humana, le parecía hasta cierto punto extraño y antinatural… Pero no podían ser tan diferentes, por lo que buscó el switch de encendido en las orejas rosadas, no encontrando nada más que las ranuras para conexiones USB y los cables de los mismos. Le alzó los brazos, buscó en sus piernas, la rotó un par de veces hasta que algo rodó por el suelo.
El ninja lo sujetó con cuidado: un estuche cuadrado en cuyo interior había un disco de datos. En la carátula había un trazo de tinta oscura en la que una versión caricaturesca de Mihara decía la palabra 'Mírame'
Con toda la extrañeza del mundo, Kakashi fue hacia su propio sistema de cómputo, donde introdujo el pequeño disco y aguardó paciente.
Se reprodujo entonces un archivo de video cuyas imágenes mostraban el interior del laboratorio. El cuadro se movió un par de veces sobre una silla vacía que mostraba de la misma forma la escalera de entrada y salida al sótano. Tras ruidosos pasos es que Mihara apareció, sentándose en la silla giratoria que tanto le gustaba.
—¡Hola Kakashi! —saludó animosamente el científico. La fecha del video mostraba que había sido grabado cuatro semanas después de que comenzó a vivir en la casa de campo junto con ellos.
—Si estás viendo esto significa que las cosas de seguro salieron increíblemente mal —dijo con su habitual sonrisa y totalmente despreocupado por la idea de ser capturado o asesinado—. Pero no es algo de lo que debas culparte. Has hecho más de lo que crees con tu ayuda y siempre te estaré muy agradecido. Yo no llamaría a nuestro contrato un fracaso… Algún día lo entenderás —sonrió cínico—. Nuestro acuerdo ha expirado desde este momento, y sólo porque me conoces bien y mi amor por mis hijos es que debo pedirte un último favor. Seguramente tienes ahora a esta PERSOCOM en tú poder —le mostró una foto donde dicha maquina que se encontraba conectada a gruesos claves y Chitose estaba a su lado— Lo has de haber descubierto por ti mismo, pero se trata de nuestra hija… lo sé, extraño ¿no es así? Ella es muy especial para mí y también para Chitose, desearía que pudieras cuidar de ella amigo.
Kakashi dio un vistazo hacia le inerte maquina por un segundo.
—Sé que te servirá bien y tal vez aprendas que estás criaturas pueden ser maravillosas para las personas. Dale una oportunidad, ya verás que a los pocos días te desharás de tu vieja computadora —predijó—. He puesto los instructivos en este disco; te advierto que es un modelo único y será difícil que encuentres a alguien que sepa sobre el, por lo que debes cuidarla mucho…
—Ey Mihara ¿qué tanto haces? Te estamos esperando para cenar —se escuchó otra voz dentro del video. Ichiro se giró presuroso tras lanzar un manta sobre la cámara la cual resbaló rápidamente. Kakashi se vio a si mismo en la pantalla, bajando hasta la mitad de las escaleras
—Ya voy, permíteme unos minutos, estoy terminando algo —rió nervioso el científico.
—¿Algo importante? Si recuerdo bien eras tú el impaciente para comer, y ahora…– Kakashi recordaba que no le dio importancia a la cámara, de hecho ni siquiera imaginó que se encontraba encendida.
—Luego te lo mostraré, créeme.
—De acuerdo, te esperaremos arriba– señaló con desgano antes de ascender de nuevo.
—Uff, menos mal… —musitó Ichiro al volverse a la videocámara—…Te dije que te lo mostraría,¿ cierto? Bien, aquí nos separamos Kakashi Hatake… Eres un buen hombre y espero que tengas una larga vida…. Y si Chitose está viendo esto también yo… amor, en verdad lo lamento. Kakashi… cuida de ambas ¿está bien?... —Mihara veía fijamente hacia la cámara, y después de unos segundos en los que se vio indeciso, alargó el brazo y las imágenes terminaron, seguidas de un breve "Producciones I-chan" que acabaron con el video.
Kakashi volvió a ser golpeado por la angustia. En verdad la señora Mihara había decidido quedarse pese a la voluntad de Ichiro; en algún momento llegó a pensar que había sido tan egoísta como para pedirle a su esposa que lo acompañara en su acto suicida…
Pero ya no podía hacer nada, él era un ninja quien acataba ordenes; jamás emplear sus habilidades para actuar en situaciones personales, sólo de trabajo. Aunque pensamientos de venganza venían a su mente, sabía que era algo que ya no le concernía… Lo que restaba era reportar lo acontecido a su clan y esperar una nueva misión.
Lo único que podía hacer por la amistad que entabló con Ichiro y Chitose Mihara era cuidar de ese PERSOCOM. Cuando menos eso acallaría su conciencia un poco.
Buscó en los archivos los instructivos de los que habló Mihara. Todo ordenado y paso por paso según veía. Leyó detenidamente sobre el encendido y su ojo descubierto pestañeó varias veces incrédulo.
—¡¿Qué el botón está dónde?! —dijo sobresaltado.
La miró con cuidado, resistiéndose a la idea de tener que rebajarse a un acto tan depravado. De no ser por esas orejas es que sería una jovencita como cualquier otra, incluso su piel se sentía tan real y no producto de alguna fabrica…
Se hincó junto a la PERSOCOM de entallado atuendo, observando la zona en la que el manual señalaba se encontraba el switch de encendido… No se consideraba él el pervertido, sino al loco de Ichiro Mihara por confeccionar algo así.
Tragó saliva un poco apenado. Extraño, no dejaba sentirse abochornado por nada, pero la idea lo incomodaba un poco.
De nada le serviría un PERSOCOM que no se mueve, por lo que le alzó la espalda sosteniéndola con su brazo izquierdo mientras que su mano derecha permaneció sobre la entrepierna de la computadora de apariencia femenina.
Suspirando resignado es que sus dedos apartaron un poco el leotardo que cubría el área señalada, introduciendo sus dedos lo más rápido que pudo, esperando que realmente el encendido se encontrara allí y no fuera una broma de mal gusto.
La PERSOCOM en sus brazos se estremeció cuando sus circuitos fueron accionados. Abrió los ojos color ocre y sus piernas se doblaron para poder apoyarse sobre sus rodillas mientras su nariz apuntaba hacia al techo. Los sonidos que desprendió eran idénticos a los de cualquier computador cuando iniciaba operaciones. Sus ojos destellaban procesando sus funciones primarias.
Kakashi se apartó un poco, no esperaba una reacción tan autómata como esa.
Pronto los sonidos extraños cesaron y la tensión abandonó el delgado cuerpo de la PERSOCOM quien permaneció sentada sobre sus piernas. Su cuello se inclinó un poco y sus ojos buscaron algo que pudiera reconocer.
La computadora descubrió entonces a Kakashi, a quien contempló con sumo interés e inocencia a la vez; soltando un sutil sonido con un aire de pregunta- ¿Chii?
No es la primera palabra que alguien esperaría escuchar de una sofisticada y revolucionara maquinaria— ¿Chii, qué es exactamente lo que eso significa? —preguntó en voz alta, permaneciendo en el suelo y mirando expectante lo próximo que pudiera hacer esa tecnología.
—Chii —volvió a repetir la linda PERSOCOM, quien a gatas se aproximó a Kakashi, completamente sumisa.
—¿Chii? ¿Es ese tu nombre? —preguntó él con tranquilidad aunque la PERSOCOM hubiera apoyado las palmas de sus manos sobre sus piernas.
Observándolo detenidamente, la chica sonrió ampliamente, arrojándose con los brazos abiertos sobre Kakashi a quien se le enganchó al cuello— ¡¡Chii!!
El peso de la PERSOCOM fue el suficiente para que ese movimiento lo tomara desprevenido y terminara de espaldas al suelo con esa chica sobre él.
—Parece que es lo único que puede decir —pensó al observar su rostro risueño y a la vez analítico, como los de un bebé que desconoce todo y a todos. ¿Qué es lo que habría estado pensando Mihara cuando la construyó?
Era toda una pequeña que se encontraba indefensa de las peripecias del mundo. De seguro el concepto de mal escapaba de su comprensión. Tonto él, olvidar que se trataba de una maquina, pero aún así podía transmitir sentimientos tan calidos con ese abrazo… le resultaba incomprensible.
Con sutileza logró quitársela de encima, y frente a frente es que Kakashi le dijo amablemente— Parece que seremos tú y yo de ahora en adelante —palpó cariñosamente la cabeza de la PERSOCOM—. Tus padres me pidieron que cuidara de ti así que eso es lo que haremos ¿te parece? Bienvenida Chii, soy Kakashi y a partir de ahora este será tu hogar.
FIN DEL CAPITULO 3
*Chitose Mihara. Personaje original de la serie "Chobits"
*El Sakurazukamori. Personaje original de la serie "Tokio Babylon" y "X-1999"
