Me era increíble ver como poco a poco Serena Tsukino se introducía a mis entrañas sin darme cuenta, mi tormento comenzó y era demasiado tarde para detenerlo. Esa mañana llegue temprano, quería terminar algunas cosas para la clase de cálculo, pero unas voces dentro del salón me detuvieron, casi no había nadie en la escuela mas que unos cuantos alumnos de primero a lo lejos, me detuve a escuchar, para ver si podía reconocer las voces, reconocí de inmediato la voz de Hotaru, al principio no comprendía lo que estaba diciendo, pero escuche que mencionaba mi nombre y por un momento creí que me había visto, pero luego continuo hablando y supe que no había sido así, y entonces escuche la voz de ella, la voz de Serena responderle a Hotaru, ellas hablaban de mi.

-Por favor, Hotaru, nada te pasara si me hablas un poco de Diamante, dime, ¿Por qué casi no habla con nadie?

-No le agrada, no es muy bueno para él, le resulta difícil encajar con los demás, tiene gustos diferentes a los que tu o tus amigos podrían tener, deja de preguntarme, Tsukino, además, ¿para que quieres saber algo de Diamante?

-Por nada en especial, la pregunta aquí es, ¿Por qué tu no quieres decirme nada?, ¿te molesta?, ¿estas celosa?

-¿Celosa?, date cuenta, Tsukino, que Diamante es mi mejor amigo, lo conozco mejor que nadie, no me molesta el hecho de que me preguntes acerca de él, me molesta que lo hagas tu, ¿Por qué no lo haces tu personalmente?, además que quede claro que Diamante no me gusta, desde que somos amigos nunca me ha gustado y definitivamente nunca me va a gustar, ¿entiendes?, él y yo simplemente resulta imposible, somos iguales, no podríamos estar juntos.

-Entonces no pasa nada si me dices algunas cosas de él, ¿o si?

Mis nervios estaban a flor de piel, no creía lo que escuchaba, Serena Tsukino quería saber más sobre mi, no supe como reaccionar de momento, pero de pronto una enorme sonrisa comenzó a dibujarse en mi rostro, ¡ella deseaba conocerme más!, pero… ¿Por qué no se me acercaba personalmente?, Hotaru jamás le diría cosas sobre mi, Hotaru era incluso más reservada que yo con respecto a personas que no conocíamos, pero yo me sentía feliz al escuchar que ella quería saber más de mi, tal vez…tal vez ella estaba interesada en mi.

Pero yo era muy cobarde, siempre lo había sido, por eso temía acercarme a los demás, mis gustos eran tan diferentes, mis pensamientos eran tan diferentes a los de cualquier chico normal, a mi no me gustaba seguir las ideas de la mayoría, yo no me conformaba tan fácilmente, y eso mismo me había llevado a alejarme de todos, por mas que intente parecerme a los demás nunca pude, y ahora me parece que no es tan malo, que al contrario ahora soy mejor. Pero al conocerla a ella, quise por primera vez poder ser como Seiya Kou, ese chico popular, encantador , guapo, extrovertido y galante que todas las chicas amaban, quise ser como él para poder acercarme a Serena y decirle en ese momento lo mucho que me gustaba, pero termine siendo el tarado, torpe, silencioso, introvertido, retraído Diamante Blackmoon.

El misterio me rodeaba, nunca le confiaba a nadie nada, exceptuando a Hotaru, no me parecía que nadie fuera suficientemente creíble y sincero como para rebelarle cosas sobre mí, además de que me resultaba tan difícil acercarme a alguien, desenvolverme en público, incluso había muchas cosas que le ocultaba a Hotaru por miedo a sus comentarios, solo me tenía a mi mismo, a donde mirara, a donde buscara, solo existía yo.

De pronto escuche como guardaban silencio, como si de pronto se hubieran dado cuenta de mi presencia, me espere algunos segundos para ver si continuaban hablando, pero lo único que escuche fue a Hotaru decirle a Serena que mejor dejara las cosas así, hubo silencio durante algún tiempo más, por lo que deduje que cada quien se había separado, dude de entrar, ¿Qué tal si se daban cuenta de que había estado escuchando?

Para mi suerte en ese momento llego Amy y se dio cuenta de que aun no entraba al salón.

-¿Aun no lo abren?

-Si, acabo de llegar apenas estaba por entrar…

Deje que Amy entrara primero, luego entre tras ella, Serena saludo a Amy con la mano y al verme me dirigió una mirada y me sonrió ampliamente, mis mejillas se sonrojaron y trate de saludarla pero mis manos temblaban un poco, por lo que solo logre levantar la mano, llegue hasta Hotaru quien miraba la escena con el ceño fruncido, rodó los ojos y regreso a su trabajo, así que yo también me dedique a terminar mi tarea de cálculo.

Horas después, Hotaru y yo nos encontrábamos en el rincón de siempre, Hotaru estaba muy seria, ese día no se quejaba de nada.

-Dime Hotaru, ¿Por qué tu padre falto a clases?

-Problemas con mi madre, ellos…se divorciaran.

-Lo siento mucho.

-No lo sientas, es lo mejor, supongo.

-De cualquier forma si necesitas hablar con alguien…supongo que esta demás decirte que puedes hacerlo conmigo.

Hubo silencio durante un rato más hasta que no pude aguantar más.

-Y dime Hotaru… ¿no hay nada que me tengas que decir?-dije sarcásticamente.

Hotaru me miro durante un rato como si estuviera pensando en mi pregunta, pero de pronto su semblante cambió y rodó los ojos.

-Estuviste escuchando, ¿cierto?

Asentí con la cabeza y luego sonreí.

-¡Ella se interesa en mi!

-No te equivoques, Diamante, ella lo que quiere es solo saber de ti para así poder molestarte a su manera, quizá tu no pienses eso, pero si no te molesta como los demás te molesta poniéndote nervioso, solo debes mirar la cara de estúpido que haces cuando ella te habla.

-Hotaru, si ella no estuviera interesada en mí, no te hubiera preguntado nada ni hubiera sido tan insistente.

-Lamento bajarte de las nubes, pero ya basta, estoy comenzando a hartarme de Tsukino.

Hotaru cambió de tema y decidí ya no insistir, no quería que se molestara a pesar de que realmente me ponía feliz todo aquello. Al finalizar nuestro receso volvimos a clase y el día transcurrió normalmente.

Mientras me dirigía a mi casa, esa tarde, escuche que alguien corría tras de mi, al girarme Serena se topo conmigo y casi cae, pero alcance a sostenerla por la cintura, mis manos temblaban como siempre que la tenía cerca y luego escuche que Serena reía, era como si un ángel estuviera riendo.

-Hola, Diamante, lamento haberme topado contigo, pero te estaba buscando, por eso venía corriendo…

-¿Me buscabas…a…mí?

-Así es, verás, estuve considerando tu propuesta y creo que…la aceptare, necesito que me ayudes a estudiar o mi padre…bueno, tu sabes.

Mi pulso se acelero, Serena me había pedido ayuda, había aceptado mi ayuda, y eso significaba para mí el tener que pasar más tiempo con ella, y no lo podía creer.

-Claro Serena, te ayudare en lo que quieras.-logre decir.- ¿Cuándo quieres comenzar?

-¡Pues ya, tonto!, mañana hay examen, vamos a tu casa.-sonrió.

Serena y yo caminamos por la acera hasta llegar a mi casa, en todo el camino no dejo de hablar sobre pasteles y dulces. Al llegar casa la deje entrar primero y luego entre tras ella, mi madre se asomo por la puerta de la cocina, al ver a Serena abrió los ojos como platos, sorprendida, sonrió y saludo a Serena fervientemente.

-Hola Diamante, que bueno que has llegado, ¿quién es tu amiga?-dijo sonriendo mi madre.

-Ella es Serena Tsukino, madre, es nueva en la escuela y ha venido para estudiar.

-Me da mucho gusto que hayas venido, querida Serena, Diamante no trae a muchos amigos por aquí.

Serena me dirigió una mirada de reprobación y luego sonrió, le contesto a mi madre y se pusieron a platicar mientras entrábamos a la cocina para comer algo, en la cocina se encontraba Zafiro, mi hermano, y también se sorprendió al ver que había traído visita.

-¿Quién eres tu, pequeño?-preguntó Serena.

-Zafiro…-contesto nervioso.

-Él es mi hermano.

Después de una agradable comida supe que a mi madre le había caído muy bien Serena, lo que de alguna extraña manera me hizo sentir bien, aunque no era de extrañarse, a Serena todos la adoraban. Al terminar nos fuimos a mi habitación para poder comenzar a estudiar.

Cuando Serena entro a mi habitación se dedico a observar todo lo que había a su alrededor, no dejaba de curiosear ni de mirar y tocar todo lo que podía, después de varios minutos se detuvo para observarme a mi y sonrió.

-Tu habitación es muy interesante.

-¿Qué tal si comenzamos?

-Oh claro…

Estuvimos estudiando algún tiempo, pero me di cuenta de que después de cierto tiempo Serena comenzaba a distraerse, por lo que decidí cerrar los libros y me dedique a mirarla. Serena me miro extrañada al ver que cerré los libros y luego hizo una mueca burlona.

-¿Qué sucede, profesor?

-Serena, no estas prestando atención, así no podrás sacar una buena calificación.

-Lo siento, me resulta algo difícil aquí en tu habitación, hay tantas cosas que quiero observar y preguntar, no podré continuar estudiando hasta que sacie mi curiosidad.

-Esta bien, esta bien… ¿Qué quieres saber?

Serena se puso de pie, feliz, y se puso a dar brincos por toda mi habitación, aun no podía creer que Serena Tsukino se encontrara en mi casa, en mi habitación, se puso a tomar algunos de mis adornos y los observo con cuidado, parecía una niña de ocho años tratando de averiguar algo sobre la vida. Se detuvo delante de mi póster de Motley Cüre, lo estudio un rato y luego me miro con los ojos llenos de preguntas.

-¿Qué significa?

-Es un póster de mi banda favorita, pero dudo mucho de que hayas oído sobre ellos, Motley Cüre.

Serena me pidió que le hablara mas sobre ellos y durante algunos minutos más le explique el por que me gustaban y le dije algunas cosas sobre la banda, a decir verdad me agradaba poder hablarle sobre algo que me gustaba mucho, la vi caminar por mi habitación hasta detenerse delante de mi bajo, al verlo se quedo perpleja, como si no estuviera segura de lo que era, lo tomo con cautela entre sus brazos y luego me interrumpió para preguntarme lo que era.

-Es un bajo, entiendo que me lo hayas preguntado, parece una guitarra…pero si te fijas solo tiene cinco cuerdas y son más gruesas.

Después de que termine de explicarle a Serena la diferencia entre un bajo y una guitarra se puso a ver otras cosas en mi cuarto, como mi colección "Coca-cola", observo cada lata y cosa de Coca-cola que tenía y río por haber descubierto algo curioso sobre mi, cuando terminó de ver mi colección siguió sin poder concentrarse.

-No creo que pueda concentrarme en esta habitación llena de cosas geniales, ¿podemos ir a otro lado a estudiar?

-¿A otro lado?, ¿Adónde?

-Al parque, anda, ¡vamos!-dijo tomando sus cosas.

La seguí por mi casa hasta despedirse de mi madre, después salimos y caminamos juntos hacía el parque, en el camino repasamos un poco mas algunos temas del examen y el aire pareció despejar la mente de Serena por que acertaba a casi todo. Al llegar al parque dimos unas cuantas vueltas alrededor mientras charlábamos, al verla así, contenta, al aire libre, me sentí tranquilo, supe de inmediato que Serena amaba estar al aire libre, por lo feliz que se veía, en ese momento me sentí dichoso de tenerla ahí, aun me parecía un sueño, la vi sonreír al oler las flores, sus ojos brillaban al tacto, su cabello rubio se agitaba con el aire al dar brinquitos, Serena caminaba tan cerca de mi que pude aspirar su delicioso aroma, en ese momento quise tocarla y saber si todo aquello era real, pero apenas me atrevía a mirarla, apenas me atrevía a creer que eso me estaba sucediendo a mi. Al cansarnos de caminar nos sentamos en la primera banca que encontramos libre, Serena no dejaba de hablar sobre su perrito, Serena era la chica más dulce que jamás había conocido, era tan diferente a mi, era mi polo opuesto, sin embargo su dulce voz me calmaba, me tranquilizaba, me hipnotizaba.

-¡Mira, Diamante!-dijo Serena interrumpiendo mis pensamientos.-¡Un heladero!

Seguí su dedo índice y mire al señor vendiendo algunos helados a unos cuantos niños.

-¿Quisieras uno?

Serena asintió, contenta y se puso de pie, de pronto me tomo la mano para jalarme y que me incorporara, al sentir su mano sobre la mía los latidos de mi corazón se aceleraron, mis mejillas se encendieron y me puse más pálido de lo que ya era, sentí como Serena entrelazaba sus dedos con los míos y me deje llevar, deje que Serena me guiara hasta el señor de los helados, en todo el trayecto no pude más que pensar en nuestras manos unidas, Serena miraba hacía el frente y no pudo observar mi rubor, lo que me hizo sentir aliviado, era lo único que faltaba para que mi tarde se hubiera vuelto un hermoso sueño, pero de pronto volví a la realidad como si alguien me hubiera lanzado una cubeta de agua helada, Serena me soltó la mano y escuche que me llamaba insistentemente.

-¿De que sabor quieres, Diamante?

-Chocolate.-logre responder.

El señor nos entrego nuestros helados y le pague, Serena me agradeció por habérselo pagado y volvimos a la banca en la que estábamos sentados hacía rato.

-¿Por qué eres tan serio, Diamante?, creo que eres muy interesante y no deberías de ser tan callado, tienes muchas cosas que decir, en cambio yo hablo demasiado.

-Descuida, a mi no me molesta que hables demasiado, me agrada escuchar tu voz…es decir, siempre he sido así.

-Entiendo.-sonrió.-Poco a poco haré que hables más cada vez.

Pero a mi me bastaba con tenerla al lado, mirar su rostro sonreír, admirarla, era tan perfecta, tan hermosa, era casi doloroso tenerla así tan cerca, su belleza me dolía, ese fue el día en el que definitivamente comencé a enamorarme de ella indiscutiblemente, el día en que supe que la iba a querer siempre, en cada instante de mi vida, ahora sé que nunca, jamás, podré sacármela de la cabeza, por ese maldito día en el que acudió a mi y me tomo de la mano, al sentir su mano posada sobre la mía, me di cuenta de que con nadie más sentiría lo mismo, y me convertí en su esclavo, quisiera haber podido quedarme a su lado, quisiera haber podido detenerla y no dejarla ir, hacerle saber cuanto la amé, cuanto la amo, y lo hice, lo hice miles de veces, pero ella nunca pudo aceptarme, quizá nunca fui lo suficiente, me conforme con lo más poco, disfrutaba el verla en secreto, disfrutaba el verla charlar con otros chicos en la escuela.

Mientras Serena me hablaba sobre su familia note que el sol comenzaba a esconderse, y era hora de irse, por lo que me ofrecí a acompañarla hasta su casa, durante todo el camino hable más de lo que nunca llegue a hablar con nadie incluso con Hotaru, Serena insistía en sacarme información, ella deseaba que yo hablara más, y eso me satisfacía. Al llegar frente a la puerta de su casa me detuve, ella se despidió de mi con la mano y cuando yo también me iba a despedir sentí como me plantaba sus labios en la mejilla, lo que me vasto para casi morir de un paro cardíaco. La vi alejarse hasta la puerta de su casa y entrar, me quede unos minutos más ahí parado tratando de asimilar el hecho de que Serena Tsukino me había besado en la mejilla. De regreso a casa mi mano aun seguía pegada a mi mejilla, como si de quitármela de ahí el beso se fuera a borrar, seguía perplejo, pasmado, anonadado, mi madre me miro extrañada, preguntándose lo que me sucedía, no dije nada, tan solo subí hasta mi habitación, al entrar descubrí que olía a ella, su perfume se había quedado impregnado en todas mis cosas, aspire profundamente y luego me tumbe sobre la cama, aun tocándome la mejilla que ella había besado, cerré mis ojos dejando que el lindo sueño de esa tarde se disipara poco a poco.