Historia original de Kokoro Black, adaptación de The Little Vampire, adaptación mía en La Leyenda de Korra, los personajes no me pertenecen son de Bryke….

Gracias por sus reviews chic s me hacen muy feliz y me motivan a escribir aunque eso ya lo saben.

Mako POV

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas. Pero, ¿Qué podía hacer? ya las había dicho… ya no había vueltas atrás. Además, ¿Por qué diablos no?

En realidad estaba sorprendido conmigo mismo y, a juzgar por la expresión de Korra, ella también lo estaba. Lo cierto era que no había esperado sentir una oleada de algo caliente y pulsante recorrer mi cuerpo al mirarla. Me había pillado completamente desprevenido.

Korra era deliciosa. No lo había notado la última vez que la había visto. Pero en ese momento, verla me hizo sentir algo contra lo que me había creído inmunizado. Y era lo bastante hombre como para disfrutar de la corriente de lujuria que invadía mi cuerpo.

Mientras ella me miraba con sus ojos azules, escuche claramente la oferta de su padre. Con el deseo tronándome por la venas, decidí pensarme mejor lo de rechazarla automáticamente. No sería tanto castigo hacer a Korra mi esposa.

¿Qué rayos me sucedía?

¿Cómo era posible que realmente lo estuviera considerando?

De verdad que no podía creer que lo estuviera considerando pero, al fin y al cabo, no tenía que ser algo eterno. No tenía porque hacerle un bebe. Solo tendría que casarme con Korra para conseguir la tierra que tanto deseaba. Después me divorciaría de ella, dándole una compensación adecuada, y todos contentos.

Tal vez me estaba volviendo loco… tan loco como Tonraq. Pero, por otro lado siempre había sido capaz de evaluar una situación desde todos los ángulos y, después, de actuar de forma que saliera vencedor. Esa vez no tenía por qué ser distinto.

No era como si pretendiera engañar al viejo Tonraq. Era él quien había sugerido el alocado plan. Solo quedaba Korra para considerar.

¡Y diablos!

La recorrí de arriba abajo y vi sus brillantes ojos azules, su sonriente y carnosa boca, los generosos senos oprimiendo la tela de la blusa, las caderas redondeadas y las largas piernas ajustadas en el gastado pantalón de mezclilla… a cualquier hombre se le haría agua la boca. El efecto que estaba teniendo es mi bastaba para hacerme considerar la propuesta de Tonraq.

-Pareces sorprendida –dije, al comprender que llevábamos varios minutos en silencio.

-Lo estoy –se froto las palmas en los muslos, mas por nervios que para limpiárselas-. Ni siquiera he hablado contigo en los últimos cinco años, Mako.

Cierto. No era un hombre muy sociable, al contrario de mis hermanos. Y en los últimos años me había alejado aun más de mis vecinos.

-He estado ocupado –dije.

Ella se rio y la musicalidad del sonido pareció atravesarme como una cuchillada.

¿Qué rayos me pasaba?

Podía manejar la lujuria y la utilizaría en mi provecho, pero no buscaba sentirme intrigado o cautivado por ella.

Lo cierto era que la deseaba. Y tras años de no sentir nada, esa oleada de lujuria era más que agradable. Solo tenía que recordarme el objetivo final: la tierra. Me casaría con Korra, disfrutaría y, cuando acabara con ella, nos divorciaríamos; mi lujuria quedaría satisfecha y tendría mi tierra.

-Ocupado –ella sonrió-. Durante cinco años.

-¿Y tú? –inquirí encogiendo los hombros.

-¿Yo, qué?

-¿Qué has estado haciendo?

Ella enarco las cejas y ladeo la cabeza.

-Cinco años de noticias van a necesitar cierto tiempo.

-Pues que sea durante la cena.

-Antes tengo que hacerte una pregunta.

-Claro –Las mujeres… siempre tenían preguntas.

-¿Por qué?

-¿Por qué, qué?

-¿Por qué invitarme a cenar? –se metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón. Arqueo la espalda y sus senos tensaron el tejido de la blusa-. ¿Por qué ahora, de repente?

Fruncí el ceño. Comprendí que iba a tener que esforzarme para obtener mi cita.

-Mira, no es importante. Te he visto y hemos hablado. Te lo he pedido. Si no quieres aceptar, no tienes más que decirlo.

Me contemplo unos segundos y supe que no iba a rechazarme. Estaba intrigada. Y más aun, sentía la misma corriente eléctrica que estaba sintiendo yo. Lo veía en sus ojos.

-No he dicho eso –dijo ella. Comprobé que aun sabía leer la mente de la gente-. Sentía curiosidad.

-Tenemos que cenar –encogí los hombros con indiferencia-. ¿Por qué no hacerlo juntos?

-Bueno. ¿Adónde vas a llevarme?

Nada estaba saliendo como yo planeaba. Había ido al racho de Tonraq buscando un trato. Parecía que acabaría obteniéndolo, aunque no sería el que había buscado. Pero sin duda era un pequeño negocio placentero, así que tendría que aprovecharlo.

Korra POV

No lo podía creer. Casi bailaba por dentro. No podía ser posible que Mako se hubiese fijado en mí. Durante un instante me concentre solo en eso, después volvería a la cruda realidad. Tenía que preguntarme a que se debía. Conocía a Mako desde siempre y hasta cinco minutos antes ni siquiera había reconocido mi existencia excepto con algún que otro "hola".

Desde la muerte de su familia, cinco años antes, Mako había sido un recluso. Se había alejado de todo excepto su rancho y sus hermanos. ¿Por qué de repente se convertiría en don encanto? Un nudo de suspicacia se asentó en mi estómago, pero eso no impidió que mi corazón siguiera repiqueteando bullicioso.

-¿Qué te parece el Balance? –sugirió él.

Era un restaurante de la costa en el que era imposible conseguir reserva. Mako se estaba esmerando de verdad.

-Suena bien –dije, aunque en realidad pensaba: "suena fabuloso, lo estoy deseando, ¿Por qué has tardado tanto?".

-¿Mañana por la noche? ¿A las siete?

-De acuerdo. A las siete –en cuanto accedí vi un destello satisfecho en sus ojos de color ámbar y la sospecha ascendió de mi estomago a mi mente, agite los brazos para reclamar su atención. Con éxito-. Pero me gustaría saber a qué se debe la inesperada invitación.

El rostro de él se tenso un instante, pero después esbozo una tenue sonrisa.

-Si no te interesa, Korra, solo tienes que decir "no".

-No he dicho eso –saque las manos de los bolsillos y cruce los brazos sobre los pechos.

-Me alegra oírlo –dijo él. Agarro una de mis manos y la acaricio con el pulgar. Luego me miro a los ojos, sonriente-. Entonces, ¿te recojo a las siete mañana? Podrás contarme que has estado haciendo estos últimos cinco años.

Cuando soltó mi mano, podría jurar que pude oír el chisporroteo de mi piel, donde él me había abrasado con su calor. Estaba sumergiéndome en agua profundas.

Mal asunto Korra.

Mako estaba encantador, amistoso, enigmático, sonriente, coqueteaba. Sin duda había algo en marcha; algo que él no me estaba diciendo. Aun así, no rechazaría la invitación por nada del mundo.

-Estaré lista.

-Hasta entonces –Con una última sonrisa, Mako se dio la vuelta y camino hacia el coche que había dejado aparcado junto a la casa.

Me quede parada, disfrutando de la vista. Su trasero, embutido en un pantalón de mezclilla oscuro, era fantástico. Las largas piernas daban pasos sueltos y cómodos y el sol sacaba destellos dorados… como si fueran diamantes, de su cabello negro.

Sentí que el corazón me aleteaba en el pecho. Una sensación extraña, y muy mala señal.

-Ay,Korra– susurre para mí misma-. Tienes problemas.

Estar tan cerca de Mako y que él me prestara toda su atención había conseguido remover mis fantasías y sueños del pasado. Me sentía temblorosa, igual que el día que había bebido tres cafés en una hora. Solo Mako podía excitarme más que una sobredosis de cafeína.

Solté el aire de golpe cuando Mako arranco el coche y se alejo del rancho. Me frote el punto de la mano donde el me había acariciado. Cuando la polvoreada que el coche dejaba a su paso se asentó, corrí a la casa. Aunque Mako no estuviera dispuesto a decirme que se traía entre manos, tenía la sensación de que mi padre me daría las respuestas que necesitaba.

-No puedo creerlo –masculle, paseando por la gran habitación.

Había dado al menos treinta vueltas en el último cuarto de hora. Desde que mi padre me había confesado de que habían hablado Mako y él. Mi humor estaba de los mil y un demonios, y se desataba cada vez que lo pensaba. Era incapaz de sentarme. No podía quedarme quieta.

Cada pocos pasos lanzaba a mi padre una mirada que debería haber prendido llamas en su cabello. Realmente me estaba esforzando por no gritarle con ira.

-¿Intentaste venderme? –dije, por fin.

-Estás dando demasiada importancia a esto, Korra– Mi padre estaba sentado en el sofá, pero su postura relajada no encajaba con el brillo de culpabilidad y cautela que se veía en sus ojos.

-¿Demasiada? –Alce los brazos y los deje caer-. ¿Qué soy? ¿Una princesa en una torre? ¿Eres un señor feudal, papá? Dios, esto es como uno de esos romances históricos que leo en mis libros –me detuve y lo señale con el dedo índice-. ¡La única diferencia es que estamos en el siglo XXI!

-Las mujeres son demasiado emocionales –murmuro él-. Por eso los hombres dirigen el mundo.

-¿Eso crees? – Mi madre se inclino y le dio una palmada en el brazo-. Los hombres dirigen el mundo porque las mujeres lo permiten.

Normalmente habría sonreído al oír eso, pero estaba demasiado furiosa. Deseaba que se abriera un enorme agujero a mis pies y que me tragase la tierra. Me pregunte que habría pensado Mako cuando mi padre le sugirió su "plan".

La idea me causaba escalofríos. Podría haberme muerto de vergüenza allí mismo.

-Tú misma dijiste que Korra debería casarse y tener hijos –le recordó papá a mi madre.

-Sí, pero no así. No con él.

-¿Qué tiene Mako de malo? –inquiero mi padre.

En mi opinión: Nada, absolutamente nada, pero no iba a decirlo.

-Tiene… algo –rezongo mi mamá.

Casi deje escapar un gruñido.

-No conoces a Mako lo suficiente para decir que tiene algo malo –arguyó mi padre.

-Ah. ¿Pero tú si lo conoces lo suficiente para negociar el futuro de tu hija con él?

La discusión se enzarzo. Escuchaba a medias. En mi familia los gritos eran tan parte de la vida como los abrazos y las risas. Mi madre solía decir que mi padre vivía la vida en toda su intensidad. Mi padre en cambo, decía que mamá vivía la vida al máximo volumen pero, básicamente, venía a ser lo mismo.

Mis primos y yo habíamos crecido con risas, gritos, más gritos y el convencimiento de que éramos queridos de forma incondicional.

Ese día sin embargo, habría estrangulado con gusto a ese padre mío que tanto adoraba. Recorrí la habitación con la vista, observando las fotos familiares en marcadas que había por todas partes. Docenas de fotos de mis primos con sus familias. Antiguas fotos de color sepia de abuelos y bisabuelos. Fotos de niños en Italia, primos a quienes no conocía. Y fotos mías: con mi primer caballo, alzando la copa ganada en el concurso de literatura del instituto, sentada en el prado mirando al horizonte, en mi graduación… En todas esas fotos, estaba sola. No había marido ni niños.

Solo la buena tía Korra. La solterona.

Siempre había deseado una familia propia. Siempre había pretendido ser madre, cuando llegara el momento apropiado. Peros los últimos dos años, mientras yo seguía sola y soltera, había empezado a aceptar que tal vez mi vida no se desarrollaría como yo había deseado.

Con ese deprimente pensamiento, deje de pasear por la habitación y clave las vista en el haz de sol que entraba por el ventanal y las motas de polvo que bailaban en el aire. Desde la cocina, me llego el olor de la salsa de tomate, envolviéndome como un abrazo.

-Esta discusión es una pérdida de tiempo. Te has enfadado por nada. Mako rechazo mi oferta –dijo mi padre, mirándome con cautela.

-¿La rechazo?

-Por supuesto que sí –Mi madre se inclino para darle otro palmetazo a mi padre.

-¡Eh!- se quejo papá.

-Mako no es un hombre que acepte que lo controlen – Mamá alzo la mano y agito el dedo en el aire-. Hay cierta oscuridad en él…

Mi padre volvió la vista hacia el techo y tuve que controlar un bufido. Ningún hombre a quien no le gustara la pasta era merecedor de confianza en el mundo de Senna

-Mako no tiene nada de malo –discutió papá-. Es un buen hombre de negocios. Es estable. Es rico; no tendríamos que preocuparnos porque alguien quisiera casarse con Korra por su dinero.

-Oh –exclame, sintiendo un pinchazo de ese insulto-. ¡muchas gracias por eso!

-Y –continuo papá antes de que lo pudiéramos interrumpir- necesita una esposa.

-Tenía una esposa –señalo mamá

-Que falleció –apunto papá

-¿Por eso me has ofrecido como sustituta? –exigí saber.

-No es bueno que estés sola –dijo él.

-¡Dios! –Me deje caer sobre el brazo del sillón más cercano y mire a mi padre-. ¿Han ensañado esa cantaleta mamá y tú? Tal vez deberían ponerle música.

-No hay razón para hacerse la listilla – dijo mi madre.

-¿No hay razón? –Mire a mi madre con asombro. Era típico. Un minuto antes ella había estado furiosa con su esposo. Pero en cuanto alguien lo atacaba demasiado, corría apoyarlo-Mamá, se que papá tenía buenas intenciones, pero esto es... –Me detuve y moví la cabeza-. Ni siquiera podía definirlo. Se sale de lo común. Es… humillante, vergonzoso, denigrante.

-Siempre tan dramática –resoplo mi madre.

La mire con fijeza. Era imposible discutir con padres como los que tenía. No entendía por qué seguía viviendo en el rancho. Desee aullar de rabia. ¿Era tan lastimosa, tan poco deseable, como para que mi padre intentara comprarme un marido? ¿Ofrecerme en un arreglo sin sentido?

Sentía un martilleo en la cabeza y una opresión en el pecho. Ni siquiera oía a mis padres, No quería imaginarme siquiera que habría pensado Mako. No sabía si sería capaz de mirarlo a la cara otra vez. Iba a serme imposible acudir a la cita para cenar al día siguiente.

Al pensar en eso, me quede paralizada.

Mako había rechazado a mi padre. No estaba dispuesto a casarse conmigo por esa parcela que tanto deseaba. Entonces, ¿Por qué me había invitado a cenar? Tal vez por lastima. "Como la pobre Korra iba a quedarse soltera, había decidido ofrecerle una cena y un poco de compañía".

Rechace la idea. Mako no era el tipo de hombre que hacia buenas obras nomas porque si. No estaba de acuerdo con mi madre en que hubiera algo oscuro en él, pero no era un hombre que saliera de su camino para ayudar a los demás.

Volví a preguntarme qué significado tenía todo aquello. El dolor de cabeza amenazaba con transformarse en una intensa migraña.

-¿Entonces qué? –inquirió mi padre-. ¿Cuánto tiempo voy a sufrir por esto?

Mire a mi padre con fijeza.

-Mucho tiempo, ya veo –murmuro él.

-¿Quieres que llame a Mako y se lo explique? –se ofreció mi madre.

-Santo cielo, ¡no! –Me puse de pie de un salto-. ¿Acaso soy una niña de primaria?

-Solo para ayudar – me tranquilizó mi madre-. Para decirle que tu padre está loco.

-No estoy loco –protesto mi padre.

-Eso es discutible –comentó mamá irónica. Mi padre tuvo el detalle de ruborizarse.

-No pretendía hacer ningún mal –aseguro.

-Lo sé, papá –Me ablande un poco. Por muy furiosa que me pusiera mi padre, lo quería demasiado-. Pero, por favor, no te inmiscuyas en mi vida amorosa.

-No, nunca más –dijo él.

Mis padres empezaron a discutir de nuevo y abandone el campo de batalla. Cruce el rancho y fui a mi casita. Estaba silenciosa y vacía. Ni siquiera tenía mascota. Pasaba tanto tiempo con los caballos que no tenía sentido tener un animal más.

Recorrí la sala de estar con la mirada; fue como si viera la habitación con ojos nuevos.

Allí también había muchas fotos enmarcadas. De mis sobrinas y sobrinos. Sonrisas infantiles en las que siempre faltaba algún diente. Fotos de días pasados en parques de diversiones, montando en los caballos, comiendo en la mesa de la cocina. En la pared también había pegados dibujos, cada uno firmado por su joven autor o autora.

Y había juguetes. Algunos sobre la mesita de café, otros en un arcón que había bajo la ventana. Muñecas, coches de bomberos y cuadernos para colorear.

Comprendí que ese sería el patrón de mi vida. Siempre seria la tía favorita. Nunca tendría niños propios a los que querer. Acabaría siendo una anciana sola con la casa llena de gatos.

Las lagrimas me quemaron los ojos al pensarlo e imaginar el paso de los años. Mi casa no era un hogar. Era un lugar donde dormía. Un lugar que visitaban los niños, pero no para quedarse. Un lugar donde siempre percibiría los fantasmas de los niños que podría haber tenido.

A no ser que hiciera algo escandaloso.

Algo que nadie esperaría de mí.

Y Mako menos que nadie