Pasaban los días, se aburría en el campamento. Sus heridas no tardaron mucho en sanar, se sentía listo para regresar al campo de batalla, pero se le dio la orden esperar refuerzos. Pero no había mucho que hacer si uno de los generales de Jarvan estaban con ellos. Le cesaron sus labores, como reprimenda por dejar ir a un enemigo tavalioso estratégicamente, por el tipo de información que éste podía ofrecer.

Entrenaba solo, en privado, aunque sabía perfectamente que sus entrenamientos no serían secreto mientras fuera vigilado. Practicaba su velocidad, sus reflejos, aumentaba el ritmo de entrenamiento buscando volver a igualar el frenesí de su anterior escaramuza. Pero, pensaba en ella, Katarina, le generaba una extraña sensación provocando una sonrisa involuntaria, pensaba en ella como si fuera alguien más de Demacia con quién luchar, con la diferencia de que, ella era el enemigo. Cambiando su expresión por completo a una más seria. Pensaba en el mal quehacia al considerarla y pensar en ella de esa manera, en pensar que pondría en juego su honor y su orgullo como guerrero, como demaciano. Esto lo hiso entrar en una frustración, en un ataque de rabia, partiendo el árbol envuelto por una doble tela para soportar los embates y las estocadas de la espada. Tiró el árbol, al caer clavó su espada en el árbol. Dejó saliun fuerte grito. Odiaba los pensamientos que invadían su cabeza, volviendo ésta nublada, turbia, con muchas preguntas que no sabía o no quería que se respondieran; porque si llegaba a saber las respuestas, tendría que tomar una decisión, una decisión que no le gustaría. El tormento que sentía en ese momento era igual a uno que había sentido antes, uno al que guarda silencio amargamente por el miedo que éste le produce, por lo la relación que podría tener Lux con la infame e impura magia que él así consideraba, por la misma magia que causó la muerte de su tío, por la misma magia de la cual el prometió proteger a su gente. Ahora su debate interno, su lucha, era contra aquello en lo que cree, en aquellos códigos con los que fue educado; contra lo que siente, por quien lo siente y el por qué lo siente. Katarina Ducouteau lo cautivó, lo hiso sentir completocon algo tan frívolo como el combate. Pero para el, tenía un valor bastante grande.

Talon jugueteaba con una rama pequeña entre sus dientes, mientras que en su pecho cuidaba un cambio de ropa que no eran para el. Descansaba detrás de un árbol,bajo sus raíces, y este mismo árbol estaba cerca de un pequeño río; cuyo tamaño aumentaría en época de lluvia. Ahora, es de corriente suave y de nivel bajo, perfecto para que alguien tome un baño.

—No mires— instó Katarina.

—No lo haré. No te preocupes, pero, no es algo que no haya visto ya.

—¿A qué te refieres?—gruñó.

—Una vez que has visto a una mujer, las has visto a todas. Los que las diferencia , como a todas las personas, es el físico que éstas tengan.

—Entonces, terminaste con alguien en la cama— Inquirió Katarina un tono pícaro.

—Una vez, después de una situación de lo más extraña—dijo sin reparo, a punto de olvidar que no debía voltear.

—¿Cómo fue?

—Coopera o muere, le dije después de quedar espalda con espalda con ella. Allá en el Freljord. Luchamos juntos contra unos bárbaros, cuando uno de ellos me hirió en el costado. Con la oportunidad de irse, me protegió, con la oportunidad de matarme, curó mis heridas.—Se quedó en silencio por el recuerdo que venía con el y una mueca triste— Se quedó porque según ella su honor así lo decía, porque su orgullo le decía que debe saldar sus deudas. Sin embargo...

Ya no dijo nada más, Katarina no quiso seguir con la conversación, pero aún así escuchó las débiles palabras de su amigo, su hermano.

—Honor, deber, fuerza, debilidad, valor, cobardía, lealtad, nobleza. Todas esas cosas debilitan los verdaderos deseos de las personas. Sus convicciones...

La voz de Talon se quebró al punto de perder fuerza. Solo los dioses saben del porque se su amargo silencio, solo los dioses saben sobre su proposición a la demaciana de volverse fugitivos con tal de que ella no lo dejara. Solo los dioses saben la cantidad de tiempo que ellos dos compartieron para que ambos sintieran algo uno por el otro y la separación causada por la diferencia patriótica.

Katarina terminó. Talon extendió su brazo con el cambio de ropa tratando de adivinar si ya era tiempo. No se equivocó. Mientras que Katarina, se secaba y cambiaba de ropa. En el transcurso eso a su mente se coló un pensamiento, producto de lo narrado por Talon, provocando que ella se perdiera en ese pensamiento, lentamente; con ojos azules frente de ella, acompañados de un rostro atractivo que denotaba un mentón fuerte, una pesada armadura... su gran habilidad en combate con espada... Sacudió la cabeza, desaprobó ese pensamiento. Cerró sus rojos y enterró todo aquello que vino su mente. Lo hiso desaparecer.

Pero, ninguno de los dos, Katarina y Garen, podian reprimir esa sensación.