Hola, los personajes de Twilight no me pertenecen, la historia es completamente de mi autoría, y los poemas que saldrán en cada capítulo son de Jairo Aníbal Niño, de su libro "La alegría de querer", los uso para el desarrollo de la historia.

Disfrútenlo


Capítulo III

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¿SABES QUÉ?

¿Sabes qué?

Ésta noche,

Asomado a la ventana

Veo la luna

Como si fuera el ojo de una cerradura,

¿Y sabes qué?

Me empino en la punta de mis pies

Con la ilusión

De pegar mí ojo a la luna

Y a través de esa cerradura

Contemplarte dormida

En tu alcoba del espacio.

Jairo Aníbal Niño

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Lo mejor de ser mejor amigo de Bella es que nuestra amistad no solo era en la escuela, me puse a saltar cuando me di cuenta que vivía justo enfrente de mi casa, y su ventana daba frente a la mía. Cuando llegábamos de la escuela, corríamos a abrir las ventanas y hacíamos los deberes juntos. Cuando nos aburríamos, cantábamos canciones o simplemente nos empezábamos a sacar la lengua y hacíamos competiciones de quién se queda serio por más tiempo.

Me mostró sus juguetes y yo los míos, me leyó muchas veces uno de sus cuentos favoritos: El príncipe feliz, y me dolía cuando mientras leía su voz temblaba y pequeñas lágrimas salían de sus ojos. Yo también lo hacía junto a ella, pero hacia todo lo posible para que no se diera cuenta, pues tenía que ser más fuerte y consolarla, no era justo que ambos lloráramos.

Quería correr, saltar por la ventana y abrazarla fuertemente.

Una noche, dejamos la tarea de dibujo para el final, estábamos charlando mientras trabajábamos, pero hubo un momento en el que todo se quedó en silencio, alcé mi vista y ahí estaba Bella, con el lápiz entre sus pequeños deditos y la cabeza recostada sobre la hoja de dibujo. Se había quedado dormida.

Sonreí, y dejando mi deber a un lado, me puse a observarla con detenimiento. Era una noche clara, las nubes se habían ido y la luna iluminaba el rostro de ella.

Era la primera vez que la veía dormida y no pude recordar una imagen más hermosa. Un suspiro salió de sus labios y el lápiz rodó hasta caer en el suelo de su habitación.

―Bella, despierta ―susurré despacio, pues por más que quisiera mirarla por toda la noche no podía, ya era tarde y mamá estaba por venir a ver si ya había hecho todo y estaba acostado en la cama, además, hacía mucho frio y Bella no se podía quedar ahí.

Se removió un poco y la llamé hasta que finalmente despertó. Se frotó los ojos adormilados, me sonrió, nos dimos las buenas noches y nos fuimos a nuestras camas.

Cuando mamá apagó la luz, no pude evitar correr en silencio hasta mi ventana, abrirla e intentar ver a Bella dormir. Y ahí estaba, acurrucada bajo sus mantas, abrazada con fuerza a un pequeño osito que le regalé, idéntico al mío, que con mamá compramos cuando visitamos el centro comercial.

―Buenas noches, Bella. Sueña lindo.