Advertencia: Ni los personajes ni el mundo de Twilight me pertenecen.

Gracias a todas por los reviews animándome a seguir. La verdad es que estoy disfrutando con esta historia, así que, de momento, no hay peligro de que la abandone.

Echo de menos a Bella pero, de momento, es Edward quién cuenta la historia.

Jasper ya estaba allí, temeroso de que le hiciera daño a Alice. Lo aparté de un empujón y salté de nuevo por la ventana. Busqué desesperado el rastro de Bella en el bosque, lo encontré y lo seguí a la carretera, donde quedó bruscamente interrumpido. Había subido a un coche que había arrancado a toda velocidad, a juzgar por las marcas negras, aún calientes, en la carretera. Me acurruqué, hecho un ovillo, en la cuneta. No recuerdo cuanto tiempo estuve allí, antes de que Carlisle me encontrara.

Capítulo 3.- Familia

-Edward –susurró Carlisle en mi oído.

Levantó mi cabeza y limpió mi rostro, sucio de barro.

-Edward. La encontraremos. Diga lo que diga Alice.

-Las visiones de Alice suelen ser acertadas -dije. Lo miré. Era encomiable lo que trataba de hacer para levantar mi ánimo, pero no funcionaba. Mi mente daba vueltas una y otra vez a las palabras de la nota de Bella. Podía creerlo todo, excepto que hubiera dejado de quererme. Había visto el amor que me tenía y éste no podía haber desaparecido de la noche a la mañana. Pero, no volver a verla jamás, eso era insoportable. El simple pensamiento me provocó un dolor terrible. Me encogí sobre mí mismo y tapé mi rostro con mis manos.

Carlisle me abrazó y volvió a hablarme.

- La buscaremos, hablaremos con nuestros amigos. Incluso estoy dispuesto a pedirle ayuda a Aro. Sabes que, antes o después, se entera de todo.

-Será inútil. Si Bella no desea que la encuentre, no lo haré. Además, es cabezota, lo sabes. Conseguirá que la maten.

-¿Y a quién crees que le pediría algo así?

-Bella no irá a los Vulturi. Sabe que Aro desea su poder.

Escapé del abrazo de Carlisle y volví a hacerme un ovillo en la cuneta. Carlisle tocó delicadamente mi hombro.

-Vamos, hijo.

-Carlisle, déjame.

-Está bien –respondió. Se alejó unos pasos de mí. Se sentó en el suelo y apoyó la espalda contra un árbol-. ¿Me dejarás, al menos, que te acompañe? Esme me odiará si vuelvo sin ti.

No le respondí. No sé cuánto tiempo estuvimos allí los dos. Yo miraba, desesperado, todos los coches que pasaban. Por fin, decidí correr. Sólo Dios sabe lo que buscaba: tal vez encontrar milagrosamente un rastro, una pista que me llevara a Bella; tal vez no volverme loco de dolor. Carlisle me siguió, en la distancia. No le dije nada; le dejé seguirme aunque podría haberlo dejado atrás fácilmente.

Ya había anochecido y estaba a punto de amanecer de nuevo cuando di la vuelta y encaminé mis pasos de nuevo a casa. Sam podía estar a punto de atacar. Era un ataque suicida por parte de los lobos, pero yo no podía consentirlo. No podía abandonar a mi familia. No, así. En aquel momento, Carlisle me alcanzó y corrió a mi lado.

Esme y Alice me esperaban a la puerta. Jasper, Rosalie y Emmett salieron del bosque, desde donde vigilaban la posible llegada de los lobos. Leí su mente: de momento, estábamos a salvo. La línea del tratado estaba despejada y Jacob les había llamado por teléfono para decir que Sam se había calmado y que las próximas veinticuatro horas serían críticas.

Esme se adelantó sobre los demás al verme. Sus manos se abrazaron con fuerza a mi cuello.

-No te separes de nosotros, Edward. Haremos lo que sea para encontrar a Bella, pero lo haremos juntos.

Emmett se acercó a mí y me dio un fuerte manotazo en la espalda.

-Tío, revolveremos cielo y tierra para encontrarla. No podrá esconderse siempre.

-Ya vale –dijo Rosalie-. Nadie puede obligarla a volver si no quiere. Dejadla en paz.

Pensé que Rosalie no sentía la desaparición de Bella; la mire con odio por ello, pero me di cuenta de que, en el fondo, Rosalie respetaba la decisión de Bella más que yo. Me defendí.

-Tú no la viste en el entierro, Rosalie, ni después. Estaba destrozada. Lo que ha escrito no puede ser verdad.

¿No sería que yo deseaba desesperadamente que no lo fuera? ¿A quién quería engañar?

-Pues claro que no es verdad -Me apoyó Alice. Se acercó a mí y me abrazó-. Oh, Edward, claro que no. Ella te ama aún, estoy convencida.-A continuación se volvió hacia Rosalie y su boca se torció en un gesto de disgusto-. Deja en paz a Edward. Él tiene razón: Bella no sabe lo que hace. El dolor la ha desgarrado por dentro. Hemos de encontrarla. Al menos, si quiere marcharse, no debe hacerlo así. Edward merece una explicación cara a cara.

La miré esperanzado. Creí que había tenido otra visión donde Bella reaparecía. Pero Alice movió lentamente la cabeza y me di cuenta de que nada había cambiado; que Bella, donde quiera que estuviese, seguía firme en su decisión de desaparecer de mi vida. Me hundí de nuevo en el dolor y sólo la fuerza de Emmett impidió que me dejara caer al suelo.

Permanecimos en casa prestos a marchar, pero sin movernos. Queríamos apurar lo más posible nuestra estancia en Forks. De madrugada, oí como Carlisle llamaba al hospital para decir que no acudiría. La casa volvió a quedar en silencio. Poco después, escuché el ruido de la camioneta de Jacob y, a continuación, la voz de Alice.

-Estoy sorprendida de no haber visto llegar a nadie - dijo-. A Jacob siempre le veo llegar. Así que no puede ser él.

Yo tampoco escuché los pensamientos de mi nieto, sino dos voces alegres y entremezcladas que me sorprendieron. Fruncí las cejas.

-Son Jacob y Leah –le susurré a Alice para tranquilizarla.

-¿Tus biznietos? ¿Cuándo les vas a comunicar que eres su abuelito, Edward? -A Emmett le encantaba bromear sobre mi descendencia.

-Lo tuyo es envidia de la peor clase, Emmett –respondí. Luego continué-: Debe haberlos enviado Jacob para darnos alguna noticia. Iré a hablar con ellos. Esperadme aquí.

Salí a recibir a los chicos a la carretera. Me vieron y bajaron enseguida de la camioneta. Noté que no sabían nada de lo sucedido en la playa. Los chicos no estaban al tanto de las guerras entre lobos y vampiros, ni siquiera sabían que habitaban en un mundo lleno de seres fantásticos. En cualquier caso, no eran tontos. Hacía tiempo que tenían sospechas porque, francamente, eran ya dos adolescentes y los Cullen no habían cambiado nada desde que los conocían.

Leah corrió hacia mí. Estaba preocupada por mi esposa.

- Edward –dijo, saltando a mis brazos-. Jacob nos ha contado que Bella estaba muy triste y no había regresado aún a casa ¿Ha llamado por teléfono? ¿Sabes dónde ha ido? ¿Ha vuelto ya?

-No, Leah, pero no creo que tarde –mentí. ¿Para qué preocupar a nadie de La Push? Pronto nos iríamos.

Leah era muy perceptiva. Notó mi tristeza y me cogió cariñosamente del brazo.

-No te preocupes, Edward, seguro que está bien y vuelve pronto.

Jacob vino después, caminando despacio, mientras jugaba con las llaves de la camioneta. Jacob estaba creciendo muy deprisa: parecía haber aumentado cinco centímetros en una noche. Lo miré y asocié el cambio con la falta de visión de Alice, pero Jacob me distrajo.

-Cuenta conmigo para buscarla si no vuelve, Edward.

-¿Queréis dar un paseo y contarme lo que hayáis venido a decir?

-Parece un mensaje en clave –dijo Leah, mientras se colgaba de mi brazo y comenzaba a caminar. Jacob se situó al otro lado. Parecían dos guardaespaldas. Se comportaban como si quisieran serlo-. Tío Jacob dice que Sam está más tranquilo, pero que, a pesar de todo, el viaje a Alaska que teníais pensado es una buena idea.

-¿Verdad que es un mensaje extraño? –Preguntó Jacob mientras se acariciaba la barbilla, en la que aparecía una ligera sombra de barba, muy incipiente aún, pero que era como si hubiera crecido en una noche-. Ese Sam nunca me ha caído bien. He observado cómo trata a tío Jacob. No me gusta. Anteayer, en el entierro, me fijé en cómo os miraba a Bella y a ti. Un tipo raro de verdad: no me fío de él ni un pelo.

-No es mala persona, Jacob –respondí, con calma. Si lo que sospechaba era cierto, el chico pronto andaría detrás de Sam como un perrito-. Sólo se toma la defensa del pueblo demasiado en serio y confunde a los amigos con los enemigos.

-¿Qué se cree, que hay una manada de lobos en el bosque dispuesta a arrasar el pueblo? ¿O es que de verdad piensa que los Cullen son nuestros enemigos? ¡Por favor! Eso es ridículo.

-Sí, lo es –suspiré-, pero nunca le hemos caído bien.

-¿Y vais a marcharos por culpa suya? –Preguntó Leah-. Dime que no.

-Creo que pasaremos una temporada en Denali. Tenemos unos amigos allí a los que hace tiempo que no vemos –Estaría bien visitar a nuestra familia, pensé.

-¿Podemos ir a veros? –Preguntó Leah-. ¿Este verano? Por favor, Edward. Jacob y yo queremos hacer un viaje y sería tan emocionante que Bella y tú vinierais. Podríamos recorrer Alaska los cuatro. ¿Verdad que es una buena idea, Jacob? Ayúdame a convencerle.

Jacob se volvió hacia mí, me guiñó el ojo y luego miró a su hermana.

-Igual, hasta Leah puede llevarnos. Ya tendrá el carnet de conducir.

El rostro de Leah se iluminó. Levantó las manos y dio una vuelta entera sobre sí misma como si bailara.

-Tío Jacob y mamá me han prometido que tendré un coche en verano si las apruebo todas.

-Pero recorreremos Alaska en el mío –respondí-. No me fío del que pueda regalarte tu tío.

Miré a Jacob, que reía despreocupado, con una mirada cariñosa hacia su hermana en los ojos. ¿Querría mi biznieto seguir viéndome si se convertía en lobo? Una vez convertido, ¿le diría su tío Jacob la verdad sobre quiénes éramos Bella y yo? Y Leah, ¿qué haría si lo supiera? ¿No le resultaría extraño, "antinatural"? La palabra que había empleado Bella en su carta me quemó como una ráfaga de aire ardiente.

-¿Te pasa algo, Edward? –me preguntó Leah. "Demasiado perceptiva", pensé. Si no sabe nada aún, lo adivinará todo en cuanto su hermano se transforme.

-No, nada –dije.

-Te has encogido sobre ti mismo como si alguien te hubiera dado un puñetazo –respondió. La mirada de preocupación en sus ojos era evidente.

-¿Sabes? Bella estará bien –continuó Leah-. Ha sido muy duro porque la abuela y ella estaban muy unidas. Creo que, para la abuela, Bella era casi como su propia hija –pensativa, siguió susurrando-: A veces, incluso parecía que fuera al revés. –Leah estaba atando cabos rápidamente- Recuerdo a Bella desde que era pequeña y siempre ha tenido el mismo aspecto ¿Cuántos años tiene? –preguntó.

-Los mismos que yo. Treinta –mentí. Era la única forma de que se conformaran, aunque Bella y yo difícilmente aparentábamos treinta años.

Leah y Jacob me estudiaron con la mirada.

-¿Sabes? Es como si el tiempo no pasara para vosotros –dijo Leah.

-Sí –continuó Jacob, pero cambió de tema, por suerte-. ¿De verdad que no quieres que te ayude a buscar a Bella? Puedo rastrear el bosque. Se me da bien.

-No, Jacob. No creo que Bella se haya perdido. –le dije-. Debéis iros para decirle a vuestro tío que estamos bien. Le llamaré para despedirme.

-Sí, porque no veas lo preocupado y lo nervioso que está –dijo Jacob.

Leah tiró de la rama de un abeto, arrancó una hoja y la rompió entre sus dedos, pensativa. Seguía haciendo reflexiones peligrosas: "Es raro", pensaba, "a veces parece como si Edward fuera más viejo que mi tío". Me miró de reojo.

-Tengo que volver a la casa para avisar a todos de que nos tenemos que ir –dije. Abrí los brazos, cogí a los dos chicos y los acerqué a mí. Nos fundimos los tres en un abrazo caluroso-. Dadle de mi parte un beso a vuestra madre y a tío Jacob. Cuidad de ellos –agregué en el último momento.

No sé por qué, sentí que aquello era verdad. Que, por alguna misteriosa razón, aquellos dos chicos eran más fuertes que los dos hijos de Renesmée y Jacob Black. Los solté y volví a casa, con pasos rápidos, pero sin correr. Ellos estaban ya junto a la camioneta. Noté la sensación de extrañeza en sus pensamientos. No me importó. Estaban empezando a abrir los ojos al misterioso mundo que les rodeaba y era mejor que los Cullen nos marcháramos antes de que lo descubrieran –sería cuestión de días, quizás incluso de horas- porque, de lo contrario, y suponiendo que aceptaran lo que yo era, no sabía si tendría fuerzas suficientes para despedirme de ellos.


Bueno, como podéis comprobar, he introducido dos personajes nuevos. Con Jacob y Renesmée muertos, la parte de los "lobos" les tocará a estos chicos. Os confieso que les he tomado cariño. No son exactamente como los Jacob y Leah de la historia original. He querido que tengan su propia forma de ser.

Siento la desaparición del personaje de Renesmée, pero me pareció que solo algo tan desgarrador como la muerte de un hijo podía hacer que Bella cometiera la locura de abandonar a Edward. En cualquier caso, descubriréis que Leah, como buena nieta, tiene muchos rasgos de su abuela.

A ls que aman al personaje de Jacob… Bueno, tengo que deciros que habrá un personaje muy parecido… Más adelante.

Y Bella volverá dentro de tres o cuatro capítulos.

En fin, ya me decís.