Los personajes de Lost Canvas y Saint Seiya son de Shiori Teshirogi y Masami Kurumada

Dejare esto por aquí y me iré lentamente…


Un nuevo ¿Comienzo?

Usted teme el castigo y pide por su vida. Lo dejaré libre y usted verá la diferencia entre un rey griego y un tirano bárbaro. No esperé sufrir ningún daño de mí. Un rey no mata a los mensajeros.

Alejandro Magno


La Galia territorio del Imperio Romano

Saga llevaba varias lunas solicitando un permiso para regresar a Roma y poder desplazarse por los alrededores en busca de su hermano y amada, pero el permiso no se le concedía lo único que podía hacer por el momento era mandar mensajes a Shura y Aioros que se encontraban cerca de Roma para que realizaran lo posible e imposible para localizarlos.

Camus entro en su busca, tan desconcentrado estaba que no se percató de su arribo.

_ Saga – Le llamo para sacarlo de sus pensamientos.

_ Camus, que averiguaste.

_ Milo ha recibido órdenes del Praefecti Praetorio, al parecer pronto tendrán que dirigirse a Macedonia, -una sonrisa surco sus rostros – en cuanto pise su territorio comenzará su rastreo y sabes que solo Kanon es mejor rastreador que él.

_ Pronto sabremos de ellos, -una mirada decidida se observó - y si no recibimos el permiso de movernos pronto, tendremos que hacerlo sin él.

El frío de aquella noche era insoportable, un frío tan intenso que la situación de aquel poblado apostado entre las montañas, cubierto por los espesos bosques, parecía absurda e irónica. La quietud y tranquilidad de la noche se vio interrumpida por los gritos desgarradores de los desdichados que habitaban ese pueblo, la oscuridad y brillo de las estrechas fue opacada por el brillo de las llamas, un infierno en la tierra, que amenazaba incluso con propagarse hasta consumir todo el bosque, aquel poblado quedaría reducido a cenizas, sus habitantes no sobrevivirían, las mujeres, niños y hombres corrían tratando de huir, tratando de salvar sus vidas, la opción más viable era adentrarse al bosque, pero para su des fortuna, estaban sitiados por hordas de barbaros y ladrones.

Una chica de piel blanca, ojos azules y cabellos color del fuego, corría llevando en sus brazos a su pequeña hermana, rogando a los dioses por ayuda, rogando le permitieran salvar a su hermanita, aquella desdichada criatura solo tenía cuatro años y le tocaba vivir un episodio de dolor y sufrimiento, aquella niña que horas antes había estado corriendo por los frondosos árboles que rodeaban su aldea, ahora se aferraba al cuello de su hermana como única salvación, mientras ríos de lágrimas surcaban su rostro.

Un golpe seco fue lo que sintió antes de caer al suelo, su cuerpo cubría a su hermanita, en un intento de ocultarla de sus perseguidores, de poco le sirvió, fue levantada bruscamente y separada de la pequeña, fue forzada a ver morir a la única persona que le quedaba en ese mundo.

_ Mira que belleza he encontrado, recibiré una buena cantidad de dinero por ti, los prostíbulos siempre necesitan carne fresca, pero primero yo probare la mercancía. – Un hombre repugnante se le acercaba, olía a sudor y alcohol, el aliento de su boca era pestilente.

Una lagrima surcaba su rostro, el cuerpo inerte de su hermanita estaba a poca distancia de ella, completamente en estado de shock no podía registrar lo que estaba sucediendo a su alrededor, lo último que recordaba eran unos hermosos ojos verdes, que le veían con dulzura y piedad. Tal vez los dioses habían escuchado sus plegarías y habían enviado a un emisario para ayudarles, pero las lágrimas surcaron más su pálido rostro, al percatarse que la ayuda había llegado demasiado tarde para su pequeña, sin poder soportar más se dejó envolver por la oscuridad y la quietud del sueño sin sueño.

Después de varias lunas de espera, las ordenes que tanto ansiaba llegaban para él, desplazarse a tierras del sur de Galia, pronto estaría más cerca de la capital del imperio y podría comenzar a movilizar a sus hombres en todo el imperio, porque si había algo de lo que el general Geminis podría enorgullecerse era de su vasta red de espías y agentes desplegados por los confines del imperio. Información y estrategia que solo podía compartir con su mano derecha. Del mismo modo que en la política y en las clases sociales, el ejército estaba lleno de traiciones, sublevaciones, un buen general debía mantenerse alerta y ser muy sigiloso, compartir solo la información necesaria y el resto guardársela, porque no sabes en que momento dicha información pueda evitar que te claven la daga por la espalda. Sin embargo para el general Saga Geminis Mar, contaba con grandes aliados, aquellos con los que creciera, aquellos a los que podía confiarles su vida, y para su fortuna Camus era uno de ellos y su segundo al mando.

Su legión se desplazaba con grande sigilo como una pantera al asecho de su presa, alertas ante cualquier movimiento o sonido sospecho, no podían permitirse el lujo y la humillación de ser tomados por sorpresa. A lo lejos pudieron escuchar los gritos desgarradores procedentes de lo que supusieron sería una pequeña villa escondida de todo por las montañas y el bosque, la luminosidad del lugar los cegó momentáneamente, sus vigías se movilizaron para evaluar la situación.

_ Mi señor, la villa esta siento atacada por una horda de barbaros, están matando a todo habitante, hombre, mujer y niño, algunos han tratado de huir al bosque pero se han visto sorprendidos por aquellos que están ocultos entre los árboles, en nuestro camino nos deshicimos de cuatro hombres, ¿cuáles son sus órdenes general? – Dijo su fiel Tremy, quien fungía como vigía y era un excelente arquero a su servicio.

_ Acaben con todo bárbaro, ladrón o maleante que este atacando esta villa, las órdenes del emperador son que los pueblos dentro del Imperio tengan paz, ayuden a todo aquel que puedan y no permitan que les maten. – Dijo al tiempo que dirigía su caballo a la acción mientras desenvainaba su espada.

Con sus propios ojos pudo confirmar el informe de Tremy, pues cadáveres lucían esparcidos por las calles, mientras sus hombres rodeaban la aldea para evitar que algún bárbaro escapara siendo guiados por Camus, el condujo a un grupo de hombres al interior del poblado, para su molestia la mayoría de los habitantes ya estaban muertos o a punto de estarlo, cuando a lo lejos pudo escuchar un grito, que termino guiándolo hasta un escenario que le causó un gran malestar, pues en el momento en el que llego observo como la espada era sacada del cuerpo inerte de una pequeña e inocente niña, mientras el hombre se acercaba otra joven que yacía en el piso, coordino silenciosamente a sus hombres para que cubrieran a los maleantes que la rodeaban, mientras él se encargaba del animal causante de la muerte de la pequeña.

La espada atravesó el cuerpo el hombre gordo y asqueroso que trataba de tomar a la joven, sin importarle matarlo por la espalda el general actuó, acción cobarde, pero a situaciones desesperadas, medidas drásticas y con toda su situación personal a cuestas, con la frustración de meses sin saber de su hermano y amada, sumado al malestar de ver al animal matando a la pequeña, no le importo hacerlo, se merecía un gran dolor y sufrimiento por su acción pero lo dejaría para que el dios del Inframundo lo impartiera.

Lentamente se acercó a la chica, llevando su mano en su dirección, para ayudarle al mismo tiempo comenzó a hablarle suavemente, lo último que necesitaba era que callera en un estado de histeria y tomando en cuenta lo que vivió sería lo más lógico.

_ ¿Estás bien?, -no recibió ninguna respuesta, su vista estaba en el pequeño cuerpo sin vida, su vista se despegó de ese escenario y le observo - ¿Cómo te llamas?

Nuevamente no hubo respuesta, su mirada transmitía dolor, agonía, sufrimiento y tristeza, solo pudo observarla por un momento, debía suponer que el lucia la misma mirada, antes que la inconciencia la llevará, tomo el cuerpo de la joven en sus brazos, tendrían que acampar en la zona para hacerse cargo de todos los cuerpo y esperar a ver qué hacer con la joven que había sobrevivido.

Roma

Hombre regio, fuerte, de porte elegante, sus cabellos negros enmarcaban su rostro perfilado de piel blanca, lucia unos ojos azules fieros, que ocultaban la tristeza que su alma guardaba, su rostro sereno e ilegible para el resto del mundo, pero para quién le conociera realmente podría notar la tristeza plasmado en él. Portaba su atuendo militar, con la corona de olivos en la cabeza, esperaba impaciente tras su escritorio el informe de su general y teniente. La puerta se abrió, acto seguido se colocó de pie, las figuras que entraron realizando un saludo militar.

_ Y bien – su voz fuerte y autoritaria se dejó escuchar.

Pero solo sus semblantes abatidos y la negación con sus cabezas, fueron la respuesta.

_ Emperador no hemos encontrado rastro alguno. Sin duda el traidor realizó bien su trabajo. – Aioros el general a cargo de las tropas que resguardaban las fronteras de la capital hablo, su rostro generalmente adornado con una sonrisa, lucia decaído y consternado.

_ ¿Qué desea que hagamos mi señor? – Shura el segundo al mando de la tropa se acercó para depositar un papel en las manos del emperador.

_ Encuentren y maten al traidor…, me ha arrebatado lo que más amo.

Cuando se disponían a abandonar el lugar, Shura hablo.

_ Si me permite mi señor…, estoy seguro de que sigue con vida, considero que es cuestión de tiempo para que sepamos algo.

Solo…, nuevamente se encontraba solo, dispuesto a descubrir lo entregado. Una nota que contenía los nombres de los traidores, de los cuales varios se encontraban muy cerca de él, debería esperar el momento adecuado de actuar, debía juntar las pruebas necesarias para tomar su venganza.

Mientras caminaban por los pasillos de palacio, los susurros llegaron.

_ Realmente crees que estén vivos.

_ Si, ese par están obstinado que no morirán sin antes cumplir con su misión, por ello estoy seguro que solo esperan el momento adecuado para hacer su aparición.

Palacio del Cesar

Un hermoso, rico y bien cuidado jardín adornaba la casa del Cesar, quien lo viera podría considerarlo un edén en la tierra, de todos los lujos y placeres que podría tener el emperador, ese era el más querido, un jardín construido por su amada y joven esposa, con solo verlo podía recordar su hermosa sonrisa y las tardes en las que caminaban juntos por sus alrededores. Aquellos tiempos felices que no volverían a repetirse. Y ahí se encontraban dos figuras hablando de política a la espera del emperador, mientras él se encontraba con la vista fija en ese paraíso.

"Una niña de cinco años, cubierta por una hermosa túnica azul cielo, de cabello oscuro, cubriendo parte de su rostro, ocultando las lágrimas que surcaban de sus preciados ojos, se encontraba sentada en medio de un bello jardín, una sombra se aproximó a ella, para rápidamente convertirse en una figura que se posó delante cubriéndola con su cuerpo, desenvaino la espada con una velocidad impresionante y de un solo movimiento corto la cabeza de una serpiente, volviéndose hacia la niña, con una sonrisa tranquila le comenzó a hablar.

_ ¿Te encuentras bien?

Solo un movimiento de su cabeza le respondió.

_ Era una serpiente real de Egipto, no debería de estar aquí. – Observando sus hermosos ojos – Segura que estas bien…

_ Sí, gra… gracias.

_ Te han dicho que tienes unos hermosos ojos

Una sonrisa sincera adorno su rostro y la luz en su mirada, terminaron por enamorarle, desde ese momento esa niña se volvió su diosa, la mujer con la que compartiría su vida, le cuidaría y protegería, su devoción completa le pertenecería."

La mirada melancólica de un joven que observaba desde el balcón de la oficina del Cesar remembraba uno de los momentos más hermosos de su vida, sin error a equivocarse… el mejor de toda ella, por lo menos hasta que convirtiera a la fuente de su aprecio y devoción en su esposa y mujer…

La figura del Cesar se adentró en el lugar, el momento que tanto había esperado por fin se llevaría a cabo.

Instalaciones militares Roma

El ejército y las batallas eran toda su vida, jamás había pensado en formar una familia, tan solo se dedicaba a tomar los placeres que la vida le ponía enfrente, pero los últimos acontecimientos le hacían dudar de ello, Minos observaba a una cuadrilla de pretorianos entrenar, su mente regresaba a ese momento en que la viera, su mirada, sus movimientos, su cabello moviéndose con el viento, desde que conociera a aquella enigmática esclava, su vida se había transformado en una burla. El praefecti praetorio, estaba rechazando a hermosas patricias y matronas, solo por el recuerdo de esa vil mujer.

Si sus hermanos y primo le vieran se burlarían de él con todas sus fuerzas. Ahora el admitía que se había enamorado y tenía la misma cara de idiota por la cual se había burlado durante años de Sarpedón, aunque claro jamás lo admitiría abiertamente.

_ Minos, que los dioses bendigan tu día.

_ Radamanthys, a que debo tu visita, creí que saldrías rumbo a Macedonia.

_ Esos eran los planes, pero me han pedido esperar un tiempo. – Se colocó a su lado y observo el entrenamiento – Al parecer el retraso se debe a la boda de la hija del Emperador.

_ De manera que nuestro Señor ha decidido dar a su hija en matrimonio, si los rumores son ciertos, es la viva imagen de su difunta madre Persephone…, toda una belleza.

_ Todos afirman que le casara con Apolo el hijo de Hermes…, como puedes darte cuenta eso…, perjudica a nuestra familia, sobre todo ya que Apolo y tú han tenido sus rencillas.

Una carcajada retumbo en el lugar _ Apolo es un rencoroso, perdedor, no soporto que la bella Casandra me prefiriera a mí, pero mira que ella jamás me intereso, además ella y yo no tuvimos nada que ver.

_ Ese cuento puedes dárselo a alguien más a mí no me tienes que mentir.

_ Te aseguro por mi padre que no tuve que ver con ella.

_ De manera que ahora me utilizan en sus conquistas de cama. – Un hombre mayor de apariencia regia, cabellos azules y ojos de la misma tonalidad, que transmitían una calma y tranquilidad que era opacada cuando la furia lo dominaba, Poseidón, uno de los miembros más reconocidos e influyentes del Senado. Llegaba a lado de dos de sus hijos, sus más grandes orgullos eran esos tres, dos grandes militares y el otro un gran negociante y rico lanista.

_ Padre no es eso, solo que le aseguro a mi hermano y a ti que no tuve nada que ver con Casandra el odio de Apolo es infundado.

_ No debemos preocuparnos por ello, vengo de hablar con mi hermano, el me asegura que Sarpedón será el que se case con la hija del Cesar, le vi tan convencido que… no puedo dudar de él.

Alejandría

Las celebraciones de la ciudad estaban llegando a su fin, y prueba de ello era todo el alboroto y griterío que tenía la plebe en el coliseo, pero una historia diferente se dejaba saber en el interior de los pasillos del anfiteatro.

Su cuerpo estaba presionado contra la pared, el pasillo estaba vació, pareciera que todos los guardias y criados se pusieran de acuerdo para no pasarse por el lugar, y mientras tanto ella era arrinconada y sofocada por él hombre que había protagonizado todas sus fantasías en esos días.

Aiacos no estaba siendo nada gentil, la situación lo tenía arto, en otras circunstancias no le abría importado follarse de todas las maneras posibles y en los lugares menos insólitos a quién con tanto interés y descaro se le ofrecía, pero al ser la esposa del gobernador y estar en la mira de este por querer llevar a su gladiadora a la cama, no le era posible dicho suceso, sin mencionar la fama que dicha "dama" tenía y la aceptación de esta en la historia. Si de algo podía estar seguro era de que no llevaría a su lecho a una puta de lupanar de puerto y dicha persona estaba demostrando estar en la categoría.

Su mano izquierda se encontraba sobre su cuello, mientras que la derecha comenzaba a recorrer su pierna, al tiempo que su cuerpo era presionado, sobre ella, sin que esta lo notara pues la leve caricia había provocado una ola de humedad en su entrepierna comenzando a jadear en excitación, el lanista saco una daga de su túnica que fue colocada en su mentón, mientras la otra mano comenzaba a descender sobro su pecho, la mirada desconcertada y sorpresa de su rostro no se hicieron esperar, pero al tiempo un gemido fue liberado al sentir esa mano caliente en su generoso pecho, pero las palabras que emitió no fueron aquellas que ella esperaba.

_ De modo que quieres que te folle en este momento… pues veras, yo no cojo putas de lupanar de puerto y tú eres una de ellas, de las más solicitadas, y yo solo tomó lo mejor.

_ Como te atreves, este insulto te costará muy caro, mi marido tomará represarías.

_ Tu marido no hará nada – dijo al tiempo que la daga comenzaba a viajar del mentón al cuello y pecho – ya que tú te quedaras calladita y te comportarás como lo que se supone que eres, una patricia de noble cuna, te alejaras de mí y de mi familia, si intentas algo no tendré consideración de destrozarte y arrojar tus pedazos a los perros, pero antes me encargaré de humillarte públicamente a ti, y a tu marido, me parece que intenta llegar al senado en Roma, un escándalo no le ayudaría, ¿estás de acuerdo?, además para callar dicho escándalo, él no dudaría en matarte o ¿me equivocó?.

Su rostro perdió todo color y trato de zafarse del agarre, pero el lanista intensifico la presión al grado de casi provocar que se asfixiara, cuando la soltó una sonrisa siniestra adornaba su rostro, al tiempo que la mujer intentaba recuperar el aire y salir del lugar.

Una figura había observado todo y se encontraba en estado de shock, completamente sorprendida, pues en el tiempo que llevaba en el ludos de Aiacos jamás le había visto tener esa actitud prepotente, arrogante e imponente, pero a la vez un tanto noble y considerada, claro a su modo pero las actitudes estaban. Debía reconocer que dicha actitud le tenía un poco… excitada. Lentamente comenzó a acercarse lo último que necesitaba era que arremetiera contra ella y como si su pensamiento hubiera sido escuchado fue tomada por los hombros y estrellada en la pared al tiempo que el cuerpo del lanista se presionaba a su cuerpo, las miradas conectadas, con un fuego en ellos que pareciera transmitir pasión, lujuria y excitación fueron entendidas a la perfección, sin esperar más el lanista llevo sus labios a los de ella, y los saboreo con una fuerza y pasión desconocidas, sus labios se abrieron permitiendo a sus lenguas recorrer cada parte de sus bocas una batalla silenciosa por el control se llevaba, al tiempo que sus manos comenzaban a moverse en el cuerpo del otro.

Sus manos recorrieron sus piernas torneadas y poco a poco comenzaron a subir en dirección a su sexo, mientras ella comenzaba a llevar sus manos de sus costados a la espada y de ahí a su cuello tratando de abrazarlo y pegarlo más a ella, como si eso fuera posible, ya que sus cuerpos estaban tan cerca que podían sentir el ladito y excitación en el otro. En un momento del beso abrazador sus pulmones lucharon por aire haciéndoles separarse, sus frentes estaban juntas cuando la razón y cordura les regreso a ambos.

Aiacos se apartó de golpe de ella, tratando de fingir que nada había sucedido, comenzó a hablar:

_ ¿No deberías estar colocándote tus grebas para el combate Galia? – dijo viendo a otro lado.

Sus pulmones estaban llenándose de aire tras lo sucedido, algo dentro de ella estaba en conflicto, una parte se reprochaba su comportamiento y lo que casi habría sido una traición a su amado, pero la otra le decía que todo estaba bien y que debió llegar más lejos con el lanista, trataba de ordenar sus pensamientos cuando la pregunta llegó y entendió que no hablarían de lo sucedido, es más jamás había sucedido nada.

_ Si, debería, pero el galo me envió a buscarle, al parecer ha habido cambios en los combates y quería hablarlo antes de enviar a los gladiadores a la arena.

Sin esperar más comenzó a caminar en busca de sus gladiadores, siendo seguido de cerca por la gladiadora.

Molesto era una palabra que se quedaba corta, colérico, furioso era una descripción más precisa de su actual estado, había entrado como un tornado hasta el palco del gobernador, su mirada fúrica, era visible para todos los presentes:

_ Aiacos, que bueno que por fin te unes a nosotros – dijo el gobernador con un tono petulante y sonrisa confiada.

"Como quisiera borrarte esa sonrisa de un maldito golpe." – Señor gobernador, tengo entendido que ha solicitado cambios en los combates, me gustaría saber el porqué de ellos.

_ Simple querido amigo, tus gladiadores han de mostrado tener mucha habilidad y destreza, ¿qué mejor manera de recordar su intervención en los juegos que con la más grande de las proezas?

_ ¿O es que acaso, dudas de la victoria de tus gladiadores? – el turno era de Sículo, esa maldita arrogancia, y burla quedarían borradas de su rostro con la más grande de las humillaciones y ya se encargaría de ello, pero en su debido momento, por ahora debía asegurar la vida de sus hombres.

_ Ya lo has dicho tu Nefthing, mis gladiadores son los mejores… me parece que has olvidado algo, el pago era para otro evento…, este cambio, significa un aumento sustancial de mis ganancias.

_ Por supuesto Aiacos, cuanto será el pago, por ver morir a tus gladiadores.

_ Quiero el cuádruple de lo que me diste – o sí esa expresión de sus rostros, calmaba momentáneamente su furia – y te aseguró que mis gladiadores no morirán.

La explanada del coliseo era preparada, el último combate de la celebración, nadie sabía de lo que se trataba pero todos estaban expectantes por lo que sucedería.

Las autoridades y clase alta de Alejandría lucían expectantes, el gobernador parecía disfrutar de los acontecimientos, discretamente llamó a Aiacos al pasillo.

_ Querido amigo, esta masacre puede evitarse…

Ya comenzaba a imaginarse que era lo que tendría que hacer, o más bien sacrificar para evitar dicho evento y no tuvo que esperar mucho para confirmarlo.

_ Solo tienes que permitirme llevar a tu gladiadora a la cama, no veo porque la renuencia… solo es una esclava al servicio de tu ludus.

Estaba por contestar cuando el arribo del tribunus militum laticlavius limito su contestación mordaz.

_ Nefthing eso no…

_ Señor Aiacos, gobernador, que Júpiter bendiga su día.

_ Valentín que los dioses bendigan tu vida. ¿A qué se debe tu arribo a Alejandría?

_ Aiacos he venido a traer dos mensajes para ti, que requieren tu atención inmediata.

_ Ya veo, porque no nos acompañas para ver los combates, que restan.

_ Sería un placer, solo que primero me gustaría ver a su gladiadora, le tengo una nueva espada que le manda él praefecti praetorio y otra para el Dragón de mi comandante. Quieren que cierren las festividades con nuevo armamento.

Una sonrisa ladina apareció en el rostro de Aiacos, con una mirada suspicaz observo al gobernador.

_ Minos no piensa soltar a mi gladiadora, desde que la vio se obsesiono con ella, jajaja – una carcajada broto de su garganta – lo entiendo perfectamente, no es el único que se ha encaprichado con su persona.

Las espadas tenían un acabado muy detallado, su forja era una obra de arte, la hoja tenía un grabado sutil de un dragón de mar que pareciera subir por su filo, para devorar a su adversario, cosa contraria a ella, pues tenía un grabado de Plutón en la hoja y en la empuñadura un Grifo y el águila emblema de las legiones.

Todo estaba listo, la plebe estaba extasiada aun sin comenzar el combate, el lanista lucia confiado, a su lado Valentín aguardaba los acontecimientos, observando detalladamente a las personas presentes, desde que bajará a las graderías, observara los preparativos, sabía que algo grande estaba sucediendo.

Como buen militar pudo percatarse inmediatamente de que algo sucedía entre el gobernador y el lanista, es por ello que había interrumpido la conversación, de primera mano sabía lo sanguinario, sarcástico y mortal que Aiacos realmente era, por algo había crecido con ese trio, lo mejor era evitar escándalos políticos, sobre todo por las circunstancias que se estaban dando en Roma, no era bueno para la familia, por la familia que apreciaba haría cualquier cosa.

Territorio Romano en Galia

La conciencia fue regresando lentamente, voces a lo lejos se escucharon, sus ojos se negaban a abrirse, comenzó a preguntarse qué era lo que había pasado, en donde se encontraba, en el momento que todo lo acontecido regreso a su mente, por los dioses su pequeña había muerto, no, la habían asesinado frente a ella.

Las voces cesaron y ella comenzó a abrir los ojos, lentamente comenzó a observar todo a su alrededor, ahora estaba asustada, pues lo último que recordaba eran unos hermosos ojos verdes.

_ Por fin despiertas, - su atención se centró en esa voz y esos mismos ojos que recordaba le daban la bienvenida a la conciencia. – ¿cuál es tu nombre pequeña?

Sus ojos se fijaron es esos hermosos ojos verdes, llenándola de una paz, tranquilidad y seguridad, dándole la certeza de que un mañana mejor se aproximaba, acaso ¿aquel ser era un ángel?

Alejandría

Las antorchas iluminaban la arena, el sol se había metido en el horizonte, las últimas peleas se habían realizado y todos estaban expectantes a lo que sucedería…

Valentín estaba inquieto, aun no sabía lo que se llevaría a cabo en ese lugar, pero de lo que si estaba seguro es que no sería nada bueno, si algo le pasaba al Dragón, su general estaría muy molesto, pero si le sucedía a ella… lo mejor sería no regresar a Roma y enfrentar la ira del pretor, su fama de sádico, psicópata le precedían y él había sido testigo de primera mano de su barbarie.

Las galerías estaban en silencio, los gladiadores expectantes, solo ruidos en el exterior se escuchaban, la preparación se estaba llevando a cabo y su tiempo se estaban tomando. Kanon observo a todos, había librado varias batallas en su vida, preparado a hombres y forjando su carácter y lealtad en combate.

_ Sea lo que sea que nos espere ahí afuera, debemos enfrentarlo con valor… el barquero puede esperar un largo tiempo por nosotros, nuestras proezas y glorias comienzan a forjarse desde aquí, llegaremos a los Saturnales en Roma, beberemos del vino de los dioses, la plebe aclamara nuestros nombres y seremos considerados dioses en la tierra.

Sus palabras comenzaban a surgir efecto en sus hombres, llevo la mirada a ella, las palabras sobraban, ellos tenían una misión que cumplir y no perderían la vida aquí.

_ Lo que nos espere afuera, será más llevadero si lo afrontamos juntos…

El Galo lo observó sus palabras había logrado su propósito los ánimos e ímpetu de todos mejoraba, sin duda alguna el Dragón era un líder, que sacaba lo mejor se sus hombres.

Las puertas de la galería se abrieron dando paso entre música y vitoreó a los gladiadores, comenzaron su marcha para situarse en el centro de la arena, pero lo que les aguardaba, era algo que no esperaban…


Bueno hasta aquí este capítulo, en siguiente estará para ustedes en quince días…

Como siempre se aceptan sus comentarios y sugerencias.

Muy buen año 2016, que todos sus sueños, proyectos y metas se cumplan.