Capítulo 3:

El ataque

Sora empezó a despertar de su repentino desmayo. Unas voces alarmadas y familiares la ayudaban a salir de su sopor, llamándola.

Se levantó del suelo de su cuarto, con un insoportable dolor de cabeza.- ¡Ya voy! –gritó, y tubo que apoyarse en la mesa para ponerse en pié. Entonces, solo entonces miró a su…experimento:

Se había estudiado los diseños y explicaciones, con todos los apuntes del "experimento" de su abuelo, y había robado de su estudio uno de los prototipos mas recientes, haciendo gala de sus habilidades para el arte y las manualidades, lo había terminado a su manera. Había hecho una estructura igual a la que tenía su abuelo en el laboratorio y con el talismán que había robado, (Un prototipo que le había costado lo suyo terminar) había intentado el experimento. Y, ahora que despertaba, miró casi sin respiración a su nueva creación…que izo una maravillosa gala de profunda y serena inertidad.

Estaba muerto. Bueno, no exactamente muerto, sino tan muerto como antes. Es decir…no podía estar muerto si no había estado vivo. ¡El experimento había fallado!

Mierda- Musitó Sora entre dientes, dando un puñetazo a la mesa. Obviamente, el fallo estaba en el talismán, que no era ni de lejos tan terminado y perfeccionado como el que utilizaba su abuelo para dar vida a sus creaciones. Aún así, arrancó el dispositivo defectuoso de la estructura, y se lo guardó en el bolsillo del pantalón.

¡Sora!- Su abuelo la llamaba asustado, subiendo frenético por las escaleras. Al final la encontró en su cuarto, y la sacó de allí sin darse cuenta de lo que tenía la chica montado sobre su escritorio.

¡Sora!- dijo, casi gritando- ¿No me oyes? ¡Te estoy llamando!

Sora- Abuelo…¿Qué pasa…?

Su abuelo ya la empujaba escaleras abajo -No hay tiempo, ¡Las máquinas están aquí! Y ya han empezado a disparar…no podemos quedarnos…

Cuando ya estaban fuera, a Sora le vino algo a la cabeza. -¡Medianoche! – Exclamó, y se escapó de los brazos de su abuelo para volver corriendo a la casa, buscando a su mascota. -¡Sora!- exclamó él fuera de si, corriendo tras ella. No muy lejos, entre las sucias nubes de polvo, se adivinaban las horribles figuras de las máquinas…

Sora- ¡Medianoche!

La gata no se había movido al sentir el peligro, no hubiera podido escapar por el embarazo, pero al oír la voz de su dueña, en la que confiaba mas ciegamente que en sus instintos, salió de su escondite corriendo para saltar a sus brazos.

Sora la abrazó a ras del suelo. Toda su familia se componía de ella, su abuelo, y aquella gata negra. Segundos después, su abuelo la empujaba de nuevo hacia la calle. Quizás ya era demasiado tarde…

Corrieron entre los escombros y el polvo. Era fácil perderse en la ciudad donde habían vivido siempre, estaba irreconocible. Algunas personas huían en dirección contraria. Las máquinas estaban cerca…Por un momento Sora quiso parar a alguien para intentar decirles que tenían un refugio, con provisiones, donde quizás quedara su última escapatoria…pero hubiera sido en vano, nadie ya confiaba en el científico loco que había empezado todo aquello, ni en nadie cercano a él.

Juntos corrieron escaleras abajo tras la puerta blindada, durante muchos metros. Unas pocas luces automáticas se encendieron a su paso…El científico abrió la puerta y empujó a Sora dentro. – Léela antes de salir- le dijo dándole una carta, y cerró de un portazo sin esperar respuesta. Selló la puerta con un cerrojo automático que la impediría salir de allí hasta bastante tiempo después.

Sora lloró, grito y llamó a su abuelo desesperada, golpeando la puerta y pateando con todas sus fuerzas, pero no obtuvo respuesta, la puerta era demasiado gruesa. El científico se apoyó contra el frío metal y susurró una muda despedida mientras un par de lágrimas recorrían su anciana cara. –Lo siento Sora…te quiero…

Se enjugó las lágrimas con determinación. Si había una mera posibilidad de sobrevivir a la extinción, ya había hecho todo lo que podía por Sora, la persona que más le importaba en el mundo. Ahora no podía permitirse un fallo, y se encaminó con sus ancianas y mermadas fuerzas y una determinación inquebrantable de vuelta al laboratorio…tenía que despertar a 9.