Capítulo 3: Liszt-mofu

El tema de la belleza femenina estaba por encima de los conocimientos de Kanae, pero a veces consideraba que era necesario hacer un esfuerzo por entenderlo. Y en esta área consideraba a Liszt como su mentora por excelencia.

— ¡Mira que hermoso pelaje! ¡Es el perro más brillante que haya conocido! ¡Que preciosas orejas!

Esos eran los comentarios que Kanae escuchaba mientras caminaba por los pasillos de la tienda de mascotas, y que la hacían sentir incómoda por ser el centro de la atención. A su lado avanzaba Liszt con toda la elegancia que un pequeño perrito podría tener: hocico en alto, cola alzada y meneando si cuerpecito con soltura. Parecía la princesa de todas las mascotas.

«Parece que ninguna condición afecta sus costumbres», pensó Kanae con ligera gracia.

— Disculpe —le dijo a la primer empleada con la que se topó —, estoy buscando los colla-

— ¡Oh, que perrita más encantadora tienes! ¿Puedo acariciarla?

— Uh, claro.

Antes de terminar de hablar la empleada ya estaba agachada, acariciando a una orgullosa Liszt.

— Perdone, en verdad necesito saber dónde están los-

— ¡Chicos, chicos! ¡Vengan a ver!

Antes de darse cuenta, Kanae ya estaba rodeada de empleados y clientes que deseaban acariciar a la esponjosa perrita. Y, bueno, Liszt no hacía nada para impedirlo.

— Querida, tienes que comprarle este champú especial.

— ¡Una perrita tan mona necesita un listón como este!

— Lleva este cepillo, ¡es perfecto para ella!

— ¡Disculpen, sólo necesito un-!

Una hora después salió de la tienda de mascotas con bolsas de más y dinero de menos. ¡Ah! Y una perrita contenta.

Kanae se dejó caer al suelo. ¿Qué había hecho para merecer esto?