Not sweet at all
Capítulo III
Disclaimer: Los personajes de CCS no me pertenecen, solo los tomé prestados para crear esta historia, además son muy lindos ¿no creen?
Sakura P.O.V
Habíamos reportado al chico desaparecido dos días atrás, al parecer nadie sabía nada ni existían reportes sobre alguien desaparecido con ese nombre. Tomoyo lo estaba tomando tan a la ligera que me alarmaba pensar que ahora era la única persona responsable en nuestras vidas. ¡Yo! Sakura Kinomoto la chica que es como un barco a la deriva tratando de poner las cosas en orden.
Genial, de seguro después veríamos a Buck Tick cantando Caramel dance. Pensaba en tonterías parecidas a esa cuando pasé frente a una de esas tiendas de novias donde exhiben un pomposo vestido en la vitrina del frente. Me quedé embobada viéndolo como si ese blanco y esponjoso montón de tela me dijera "soy tuyo". Quizás era ese sexto sentido femenino que Tomoyo había mencionado tantas veces antes, las ganas de comprar algo que no necesitas solo porque parece hablarte.
Calma solo es un vestido de novia, todos sabemos que tú no te casarás por el momento y menos con la persona que estás buscando porque él, sí, él tiene una horrorosa prometida. Con ese pensamiento en mente logré dejar de babear por el atuendo, suspiré y volví a andar con la cabeza agachada. ¿Por qué el idiota tenía que comprometerse? Yo había esperado ocho años para verlo de nuevo, inclusive rechacé a ese sensual italiano que decía "ciao principessa" por el remordimiento de conciencia que me daba darle esperanzas a alguien más cuando mi corazón se había quedado bajo el cuidado de cierta persona.
Viéndolo así, me encontraba en una situación demasiado patética. Llegué a casa abatida y sin ganas de hacer otra cosa que tirarme en la cama y ver películas de romance para llorar pensando que los príncipes azules no existían. Claro que esos eran mis planes y dentro de ellos no estaba encontrar a mi amiga y a nuestro invitado tratando de limpiar una montaña de palomitas de la sala.
-¿Qué pasó aquí?
-Verás Sakurita – Tomoyo dejó de recoger palomitas y se levantó – queríamos hacer algo rico de comer pero entonces ALGUIEN decidió echar el doble de la cantidad indicada y explotaron y no pude controlarlo y…
Luego miró a su alrededor dándome a entender que el resto podía deducirlo viendo como estaba la situación para entonces.
-¡Yo no sabía que ya habías echado tantas, solo quería ayudar!
-No necesitaba ayuda
-¡Pensé que sí!
-¡Pues no!
Estaban peleando tan acaloradamente que sentí que sobraba en aquel lugar. Por suerte el timbre me salvó. Corrí a abrir la puerta esperando que se tratara de la vecina que necesitaba un poco de azúcar, pero me encontré con una sorpresa fuera.
Parados frente a mí estaban Toya y Yukito, apenas los vi traté de abrazarlos a ambos a pesar de que la extensión de mis brazos apenas los abarcaba. Di un pequeño grito de emoción y eso bastó para que mis dos amigos se asomaran para ver qué sucedía.
-Y ahora ¿Quién es este mocoso? – dijo Toya apenas vio salir a Kuro al recibidor. A él no le hizo ninguna gracia ser llamado mocoso lo cual demostró al arrugar el entrecejo.
-No soy ningún mocoso. ¿Quién es este anciano? – apenas lo dijo y ambos ya estaban luchando en una silenciosa pero mortal batalla de miradas y entrecejos fruncidos. Tuvo que intervenir la diplomacia de Yuki para que eso no se convirtiera en una pelea de verdad. Años de práctica le habían enseñado tácticas secretas para calmar a mi hermano en situaciones como aquella. Solo bastó que lo tomara de la mano para que este se desconcentrara y pusiera nervioso.
-¿Ya van a empezar de cursis? – me susurró la morena. Esperaba que ese no fuera el caso o de seguro Kuro no solo se conformaría con hacer las caras que hacía en ese momento.
-Sakura ¿Quién es él? – preguntó Yuki. Seguía sin poder negarle nada a ese chico cuando lo pedía de ese modo tan amable.
-Es un chico al que casi atropellé, no recuerda la dirección de su casa así que se está alojando con nosotras mientras investigamos.
-¿Casi atropellé? ¡me atrope…! – no lo dejé terminar pues tapé su boca con mi mano. Él intentó morderme pero la quité antes. ¿Qué clase de niño salvaje era ese? Toya se puso pálido al escuchar la historia.
-¡Atropellaste un mocoso con MI camioneta!
-¡No lo atropellé! – y así nos enfrascamos en una discusión inútil de media hora que no vale la pena recordar. Tomoyo le gritaba a Toya, él me gritaba a mí, Yuki trataba de calmarnos, Kuro reía a carcajadas y al final la vecina de enfrente salió a callarnos. Si no hubiera sido por ella quizás nos hubiéramos quedado todo el día discutiendo afuera del departamento.
-Toma tus llaves, gracias por prestármela – mi hermano tomó las llaves y las guardó en su bolsillo. Era gruñón y un mal educado pero debía aceptar que cuando se lo proponía llegaba a ser un buen hermano. Si no hubiera sido por él quizás no habría resistido tanto tiempo en Italia, no sé qué lo hizo cambiar de parecer con respecto a mí pero agradezco que ahora tengamos una relación más parecida a lo que solía ser antes del incidente, no igual… pero parecida.
-¿Quieren ir a una fiesta?
-¿Fiesta? – en seguida saltó Tomoyo imaginando que quizás podría consumir un poco de marihuana en la susodicha fiesta.
-Sí, Nakuru está organizando algo en su casa y nos invitó. No creo que haya problema si las invitamos. Tú también puedes venir. – como se imaginarán el que dijo eso fue Yuki porque ni en mis más bizarros sueños podría imaginar a mi hermano invitando al mocoso a algún lado. No esperamos a que nos lo repitieran y en seguida fuimos a ponernos algo más decente. Kuro tuvo que quedarse igual, después de todo el novio de la morena solo había dejado dos playeras y un short, luego buscaríamos una solución.
En solo dos días ya nos habíamos acostumbrado a vivir con el chico, era como nuestro pequeño hermanito, quizás por eso Toya no lo soportaba.
Llegamos a Tomoeda cuando el sol ya comenzaba a caer, había ido varias veces a visitar a mi hermano pero era la primera que iríamos a celebrar como en los viejos tiempos. Hacía meses que no consumía drogas o algo parecido, pero era un hábito nuestro darnos un pequeño placer de vez en cuando. ¿Cómo era el dicho? ¿Dos veces al año no hace daño?
Pasábamos cerca del parque pingüino cuando algo me hizo mirar hacia allí, como si mi cabeza tuviera voluntad propia y guiara todos mis sentidos a aquel lugar, en específico a un solitario columpio en el que un hombre se mecía. Me pareció extraño que alguien estuviera ahí tan tarde y más si se trataba de un adulto, estábamos por dar vuelta en la esquina cuando de nuevo mi cuerpo pareció indicarme que debía ir a ver.
-¡Toya! Tengo que ir un momento al parque pingüino, los alcanzo luego
Me quité el cinturón de seguridad y, aunque todos me veían extrañados, me bajé apenas se detuvo la camioneta. Ni yo estaba muy segura de lo que hacía, era solo un presentimiento.
-¿Estás segura? – gritó mi hermano, yo solo asentí con la cabeza y acto seguido la camioneta siguió con su camino. No los culpaba por no esperarme pero vaya que eran rápidos para huir. Que tal si me encontraba con un asesino psicópata o un violador o… bueno de todas formas yo misma estaba caminando hacia él así que sería un ataque no forzado.
Me detuve a unos quince metros del columpio. Era un hombre de cabello castaño, piel apiñonada y fuertes brazos. Me acerqué para verlo más de cerca, cuando estuve tan cerca que la luz iluminaba todo su cuerpo supe que era él, nunca habría olvidado esos ojos. Aún parecía que me podía hundir en aquella piscina de chocolate sin tener remordimiento alguno. Estaba más guapo de cómo lo recordaba, más alto aunque apenas podía decir esto pues estaba sentado, más imponente. Como cuando plantas un árbol de pequeña y años después te das cuenta de que ese pequeño arbolito ha crecido tanto y es tan magnífico que merece tu respeto.
Él no se movía un ápice y me miraba como si no creyera que de verdad fuera yo. Tampoco estaba muy segura que de verdad fuera él, quizás en mi deseo de verlo estaba creando una visión demasiado perfecta con tal de complacerme. No tenía opción, debía comprobar si era él o no así que no me lo pensé dos veces y lo abracé. Lo hice con todo el sentimiento que podía juntar y contener entre mis dos brazos.
-¡Shaoran! – dije y al sentirlo estremecerse al escuchar su nombre agradecí a cuanta deidad se me pasó por la cabeza por guiarme hasta la persona que tanto tiempo había anhelado ver.
Estuve cerca de diez minutos pegada a su pecho esperando a que mi abrazo obtuviera una respuesta, pero él parecía de piedra, apenas respiraba y lo único que podía sentir era como subían y bajaban sus hombros cuando lo hacía.
Al final decidí romper el gesto sin haber obtenido nada a cambio. Puse mi mejor sonrisa a pesar de que lo que más quería era llorar y golpearlo en ese momento. Lo miré con desesperación intentando encontrar en sus ojos algo que me dijera lo que sentía. ¿Estaba alegre por verme? ¿Se sentía confuso? ¿Estaba enojado porque no había aparecido antes? Cualquier cosa me servía.
-Esto no puede ser verdad – se talló los ojos con la mano y luego comenzó a andar. Tardé en reaccionar y cuando lo hice él ya estaba lejos casi corriendo de mí. Shaoran Li huyendo de mí… casi pude escuchar como pisoteaba mi corazón al dar cada paso. Estaba furiosa, quizás más que eso y no me lo pensé dos veces antes de correr tras él, había dejado el cigarro años atrás así que mi condición física mejoró mucho. Lo alcancé pronto y cuando lo hice me abalancé sobre su espalda tan rápido que por poco pierde el equilibrio.
No fue la mejor de mis ideas porque cuando se paró conmigo a cuestas no supe que hacer aparte de tratar de esconderme en su amplia espalda.
-¿Podrías bajarte?
-Así que ahora reconoces que existo
-Solo bájate – su voz era un poco más grave que antes y el tono amenazador no ayudaba mucho a conservar mi determinación. Me bajé con cuidado pero antes me agarré de su manga en caso de que se le fuera a ocurrir correr de nuevo. No lo hizo, dio media vuelta y me encaró con el ceño tan fruncido que pensé se le caería en cualquier momento. Tenía miedo y no sabía que decir así que fueron los quince minutos más incómodos de mi vida. – ¿Qué quieres?
Y justo cuando pensé que nada podría ser peor que su mirada asesina tenía que sacar su voz asesina. ¿Qué quería? Era una buena pregunta, todo ese tiempo había querido verlo porque en mi memoria era un chico amable, dulce, cariñoso, la razón por la cual yo había decidido cambiar mi vida, la persona con la cual había comenzado un nuevo ciclo en mi existencia. Pero la persona que tenía frente a mí no era esa, esta persona me miraba con cierto rencor y aunque no parecía aborrecer del todo el encuentro, tampoco rebosaba de felicidad por verme.
-Bu…bueno yo solo-que-ría verte
-¡Ay no! – golpeó su frente con la palma de su mano y dio varias vueltas tallando el golpe. Era buen momento para una retirada estratégica, quería verlo, ya lo había hecho y ahora podía morir en paz. – ¿Quieres tomar un café?
Estaba tan confundida que apenas noté que estaba asintiendo con la cabeza. Caminamos lentamente hasta una pequeña cafetería en el distrito comercial donde él solía trabajar. Nos sentamos y pedimos nuestras bebidas, una vez que la mesera se retiró de nuevo aquel pesado silencio se instaló entre ambos.
-Me alegra verte – dije en un intento de apartar aquel espantoso silencio, él solo me miró fijamente – ¿No te alegra ni un poco verme!
Sí, comenzaba a exasperarme su falta de expresividad y más cuando yo trataba con todo lo que tenía de hacer un encuentro hermoso tal como lo había imaginado en mi cabeza. Claro que en mis pensamientos él y yo chocábamos por accidente en un transitado cruce de Shibuya, él alcanzaba a detener mi caída con su fornido brazo y de pronto yo me encontraba a escasos diez centímetros de su rostro. Me ponía colorada y cerraba los ojos, "sabía que volveríamos a vernos" decía el castaño y yo abría los ojos de golpe para encontrarme con los suyos. Era un encuentro mágico lleno de flores de cerezo volando por el aire y pájaros cantando a nuestro alrededor.
Lamentablemente nos encontrábamos en invierno en una pequeña cafetería sin chiste y yo estaba sentada frente a "Don callado". La vida real nunca es como la imaginas, de eso me di cuenta mucho tiempo atrás y lo reafirmé aquella noche.
-Te ves bien. Me alegro – ¡Al fin! Escuchar su voz sin que esta sonara enojada fue un alivio para mí.
-Gracias – ¿Qué más le podías decir a una persona que no has visto por ocho años? No podía comenzar a platicarle mi vida así como así, tampoco podía preguntarle de golpe por qué diablos se había comprometido.
-Tengo que ir a la reunión de Yamazaki, creo que es mejor que me vaya
-¿Yamazaki hizo una reunión?
-Sí, están celebrando el nacimiento de su primer hijo. Hasta traje un chupón de regalo
No estaba enterada de eso, tenía ganas de decirle que lo acompañaba, después de todo Yamazaki había sido también mi amigo, pero temía que volviera a gruñir y fruncir el ceño como antes.
-Bien. ¿Intercambiamos números de teléfono? – esta vez torció la boca.
-Escucha Sakura, me alegra verte y es genial saber que después de tanto tiempo sigues estando bien, pero creo que no es buena idea mantenernos en contacto. Tengo una novia y no creo que…
-Lo sé – lo interrumpí antes de que me dijera que se iba a casar pronto y no era buena idea que un hombre casado intimara con su exnovia.
-¿Lo sabes?
-Sí, el otro día fui a buscarte y ella estaba en tu casa, pero ¡no te estoy pidiendo que salgas conmigo de nuevo ni nada por el estilo! Solo quiero que mantengamos el contacto. Eres una persona importante de mi pasado y como tal me gustaría saber de ti.
Cuando recuerdo lo que dije esa noche yo misma me sorprendo por la madurez que logré imprimir en aquellas palabras a pesar de que lo que más quería era llorar y decirle que era un idiota por preferir a esa boba antes que a mí. Controlarme fue difícil, sentía como mi corazón palpitaba y mis orejas se tornaban calientes, agradecía que mi cabello las cubriera o de lo contrario mi farsa quedaría descubierta.
-Tienes razón – dijo al fin y saco una pluma de su chaqueta. Anotó el número en una servilleta y me extendió el bolígrafo para que hiciera lo mismo. Partí a la mitad el papel y anoté el mío, él lo tomó y lo metió en su bolsillo después de doblarlo en un pequeño cuadrito – Pórtate bien
Revolvió un poco mi cabello y luego salió del local. Le dije a la mesera que no llevara el café a la mesa y luego caminé lentamente hasta casa de Nakuru, ahí la música apenas me dejaba escuchar mis pensamientos y una vez que encontré a Tomoyo me eché a llorar en su hombro. Me llevó hasta el patio y una vez ahí comencé a desahogarme.
-Lo encontré, al fin pude verlo – le dije entre sollozos.
-Entonces ¿Por qué estás triste? – la pregunta me hizo llorar aún más, se suponía que estaría feliz y, sin embargo, no recordaba haberme sentido tan triste en mucho tiempo. Le conté a grandes rasgos lo que había sucedido, ella escuchó atentamente y me permitió seguir mojando su vestido con el río de lágrimas que corría por mi rostro. Al final me tomó por los hombros y me mostró una gran y amable sonrisa.
-Calma, tú sabes que Li tiene su genio. Ya verás que no podrá resistirse a nuestra hermosa Sakurita.
-¿Tú crees? – ella asintió.
-¿Sabes que te haría sentir mejor? – yo negué con la cabeza – un poco de… ¡coca!
Había cosas que cambiaban en el mundo, como los sentimientos de una persona por otra, pero también había cosas que nunca cambiarían aunque pasaran años. Una de esas cosas inalterables era el hecho de que mi amiga siempre intentaría solucionar todo con drogas o alcohol, era el peor consejo que podía ofrecer pero lo tomé. Lo hice porque no tenía nadie más a quien recurrir y también porque en ese momento odiaba al mundo tanto como solía odiarlo en el pasado.
Maldito Shaoran Li. ¿Por qué, a pesar de todo, sentía que nunca llegaría a odiarlo?
llllllllllllllllllllllllllll lllll
Notas de rainy:
Bueno, no tengo mucho que decir salvo quizás que estoy cansada…muy muy cansada e_e y no debería subir esto tan tarde jajaja lo siento, culpen a esos canales de bento donde puedes pasar horas viendo como hacen esas linduras, también a los videos sobre cosméticos coreanos… bueno a youtube en general jajajaja.
Así que no diré mucho sobre la historia… solo que por fis si estás leyendo esto deja un lindo y apapachable comentario para que rainy se sienta feliz y pueda escribir feliz y hacer su servicio social feliz y vivir feliz. Bueno ya saben hacer cosas feliz xD.
Agradecería enormemente eso. Vamos solo un me gusta :3 no soy exigente.
Fer-Kim: Sí, comprendo… es solo que es un poco difícil expresar lo que quiero decir jajaja pero básicamente sería algo como… hmmm la persona que yo creo que eres no es la persona que existe, un recuerdo no siempre es fiel a lo que recordamos y bah jajajaja espero poder explicarlo mejor en los próximos capítulos :D espero sigas leyendo y muchas gracias por el comentario! :D
