Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama aCompleterandomness12. Yo solo traduzco con su autorización.
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Guerra Emocional
Capítulo tres
Edward
Cuando llegué a casa después de llevar a Bella, saqué mi agenda del resto de la semana para ver cuando podía reunirme con ella para ayudarle. Encontré algo de tiempo el viernes y le envié un mensaje haciéndole saber que me encuentre en la biblioteca. Entré a Facebook para ver que Emmett había escrito en mi perfil.
¡Hola, bro! ¿Cómo has estado? No hemos hablado en siglos. ¿Acaso no estarás evitando a tu hermoso hermano preferido, no? Me lastimas. Pensé que me amabas.
Rápidamente respondí, escribiendo en su perfil para hacerle saber que estaba bien y que le diera un beso a Megan por mí. Antes de salir, noté que tenía dos banderas rojas en mi barra de noticias.
Bella Swan te ha enviado una solicitud de amistad.
Sonreí para mí mismo y acepté su solicitud. Incluso me envió un mensaje.
¿Por qué no tienes foto? Pareces alguien maligno sin una.
Puse mis ojos en blanco y cliqueé en su página. Ella tenía una tierna foto de perfil. Vestía un lindo vestido rosa y una peluca larga rubia y rosa. Miré su estado y reí.
Querido Journey,
He dejado de creer. ¿Ahora qué?
-Bella.
Miré la hora y vi que me había perdido los primeros quince minutos de House. Salí de su perfil, contento de haber ganado otro amigo. Había tenido un buen día. Entonces, se actualizó mi sector de noticias.
Tanya Denali está en una relación con Riley Biers.
Y así de rápido, mi buen día se fue a la mierda, como lo harían los siguientes, y me pregunté cuándo, o sí, dejaría de doler alguna vez.
Me desperté con el sonido de mi alarma a las seis de la mañana. Lentamente me levanté, temiendo a lo que sería del día. Parecía que en los últimos días temer era todo lo que había estado haciendo.
Tanya tenía un novio.
Su nombre era Riley Biers.
No íbamos a volver a estar juntos.
Tomé mi dolorosa cabeza y fui a la cocina en busca de algo de Tylenol para curar mi resaca. Me había amigado con el alcohol anoche. Ron. Vodka. Tequila. Todo. Creo que podrías decir que me volví un poco loco después que Tanya hiciera su anuncio. Fui a la licorería y compré las primeras tres botellas que encontré. Después que volví a mi apartamento, no recordaba mucho. Eso pasó dos noches seguidas.
Me senté para esperar que las pastillas hicieran efecto e inmediatamente llegué a la conclusión que el alcohol no era la respuesta. Sabía horrible. Además, te hacía sentir mal al otro día. Tomé nota mental de tirar el resto cuando volviera. Solo porque me sentí mal emocionalmente no significaba que debiera sentirme mal físicamente.
Después que el dolor de cabeza bajara un poco, me dirigí al baño para tomar una ducha y prepararme. Mi cabello decidió ser extra-terco, haciendo que pusiera más gel de lo usual. Entonces, dejé caer mis lentes y estos se rompieron por la mitad. Así que, hice lo que todo nerd hace y los uní con cinta adhesiva. Además de eso, nada interesante pasó. Como el resto de la semana, fui a mi clase y tomé notas. Estaba básicamente en autopiloto; allí físicamente, pero no mentalmente.
—¿Señor Cullen? —preguntó el Dr. Medina.
—¿Sí? —murmuré mientras recogía mis libros.
—¿Está bien? Luce algo… raro —dijo, preocupado.
No.
—Sí —mentí—. Creo que solo tengo un día raro. —Me encogí de hombros antes de irme.
Comencé a caminar hacia la biblioteca para tener algo de mi muy necesitado estudio. Había dejado de hacerlo en el último par de días. En mi camino, se sentía como si lo único que veía eran parejas unidas de la mano…besándose… enamoradas. Extrañaba eso. Sabía que parecía un débil, pero siempre sentí que me casaría joven como mis padres. Incluso mis hermanos parecían haber encontrado sus "medias naranjas" temprano en la vida. Estaba celoso de eso. Ahora, Tanya estaba con otra persona y yo me encontraba solo. Era un milagro que ella incluso haya sido mi amiga, mucho más mi novia. Las chicas ni siquiera me miraban. Siempre había sido algo anónimo. Ser visto era algo más de Emmett y Alice. No pude evitar pensar que estaría solo para siempre. Limpié mis lentes y seguí caminando.
—Hola, Edward —saludó Bella caminando por mi lado y sonriendo.
—Hey —murmuré encogiéndome de hombros.
—Nos vemos luego.
—Mhmm —respondí, alejándome.
Bajé mi mochila y me concentré. Miré mi agenda para encontrar que iba a tener un examen de Anatomía y Fisiología en las próximas semanas. Saqué mis libros, mis notas, y mis resaltadores favoritos y comencé a estudiar. Tendía a tener una forma de estudiar muy específica. Antes de clases, leía el material y resaltaba los términos importantes y conceptos. Entonces, cuando tomaba notas en clase, resaltaba las cosas importantes en un color diferente. Si un concepto era mencionado más de una vez, lo resaltaría con el mismo color que resalté en el libro. Si no, lo resaltaba con otro color diferente. De esta manera, era fácil estudiar. Además, me gustaba repasar el material una vez más para intentar lo mejor que podía para predecir las preguntas que estarían en el examen. Una clase tenía colores primarios, otra tenía colores secundarios; me ayudaba a no sentirme abrumado.
Era muy efectivo.
Comencé con Anatomía primero, ya que acababa de salir de esa clase y todo seguía fresco.
—¡Arthur! —Mike palmeó mi espalda y se sentó—. Mi amigo, ¿cómo estás?
—Es Edward —le corregí mientras pensaba cómo el profesor ordenaría una pregunta—. ¿Cómo estuvo el funeral?
La abuela de Mike, Anne, había fallecido la semana pasada. Él tuvo que salir de la ciudad para ir a su funeral. No asistió a clases en toda la semana. Me sentía mal por él, así que accedí a terminar el proyecto por mi cuenta. Sabía lo malo que podían ser las cosas.
—Oh —dijo—. Fue hermoso. Era lo que el abuelo Pat hubiese querido.
¿Eh?
—Me dijiste que tu abuela falleció —respondí confundido mientras limpiaba mis lentes.
—No lo hice —contestó luciendo ofendido.
—Sí. Me dijiste que era tu abuela Anne —le dije después de pensar en ello.
No quería ser un insensible, pero estaba bastante seguro que tenía razón. Él no mentía. ¿O sí?
—No —pausó otra vez… más tiempo ahora—. No lo hice —respondió en un tono duro—. Si lo hice, debe ser porque estaba mal y no pensaba bien.
¿Cinco veces?
—L-lo siento —tartamudeé—. Debí haberte escuchado mal —me disculpé. No quería que se enojara conmigo.
—Está bien, Aaron —me palmeó la espalda—. Fue un error honesto. Puedes compensármelo con dejarme ver tus notas —sonrió mirándolas.
—Pero… no he estudiado todavía —le dije, acercando los papeles hacia mí como si fueran mis hijos—. Además, están resaltadas.
—Solo son notas —Mike puso los ojos en blanco—. No he asistido a clase. He estado triste por el abuelo —dijo triste. ¿El abuelo? ¿Acaso no tuvimos esta conversación ya?
—El examen es el martes próximo —dije, mirando en mi plan de estudios—. Tienes tiempo.
Sería imposible para mi estudiar apropiadamente para el examen sin mis notas. Ya que están por color, el texto dependía de las notas y viceversa. Si quitas uno, el sistema era inservible.
—Quiero sacármelo de encima —bufó Mike y puso los ojos en blanco—. Vamos, amigo —pidió cruzándose de brazos.
Pensé en ello y decidí que no lastimaría prestarle algunos capítulos. Era algo bueno de hacer. Había estado pasando por un duro par de semanas después de todo.
—¿Qué capítulos necesitas? —pregunté pasando por mis notas.
—Todos —respondió agarrando mi carpeta—. Gracias, amigo —sonrió antes de meter toda mi carpeta con todas mis notas bajo su brazo y ponerse de pie—. Hey, si añades más gel a tu cabello, se volverá a prueba de balas —rio, corriendo fuera de la librería.
Ahí fue mi día.
Volví a mi departamento y leí sobre mis otras clases. Incluso aunque no tenía nada importante que hacer en esas clases, necesitaba algo que hacer. Después de un par de horas, volví e intenté estudiar algo para los exámenes. Era difícil… increíblemente difícil sin mis notas, pero no imposible.
Pasé los canales y encontré una maratón de House. Me senté y miré el episodio hasta que vi los testículos de un hombre explotar. Después de vomitar en mi boca, apagué el televisor y fui a la computadora. Luego hice unos de los videos de Em. Por puro aburrimiento, entré en Facebook. Miré que contaba mi familia.
Emmett Cullen
No puedo traer de vuelta lo sexy… porque ¡NUNCA SE FUE!
Puse los ojos en blanco y comenté en su estado. Escribí un simple *ojos en blanco* y bajé la página.
Alice Cullen
Mi hija va a ser la Blanca Nieves más hermosa en su obra. Crecen tan rápido *se limpia una lágrima*. PD: caí y me hice cuenta en Twitter. Sígueme: PrettyPixie.
Comenté, pidiendo que me enviara fotos.
Una vez más me reí ante su estado.
Bella Swan
Querida Coca Cola,
A menos que tengas un nuevo producto para mí, deja de mostrar comerciales. No me olvidé de ti. Nunca estuve frente a una máquina expendedora y pensé, ¿qué es esa mierda en la lata roja? Lo prometo.
Gracias.
-Bella.
Le puse "me gusta" en su estado y pensé en que decir en el mío.
Edward Cullen
Traté de pensar en algo ingenioso, inspirador, o interesante que decir. Se me ocurrió algo y escribí la única palabra que me describía.
Blah.
Fue entonces cuando lo vi.
Tanya había actualizado su foto de perfil. Era una foto de ella… y él. Riley. Se estaban besando y su mano estaba en el trasero de ella. Sacudí mi cabeza ante la imagen. Yo nunca la había tratado así… como un objeto.
Actualicé mi estado y rápidamente Salí. No podía soportarlo más. Me puse mis pijamas y decidí irme a la cama temprano.
A la mañana siguiente, me despertó el sonido de mi teléfono sonando en vez de mi alarma.
—¡Tío Eddie! —escuché a mi sobrina, Alexia, gritar al teléfono antes de que pudiera decir "hola". Ella era como su madre… muy energética y obviamente una persona mañanera—. ¡Soy yo!
—Hola, linda —dije mirando para ver que eran las ocho de la mañana. No tenía nada esta mañana así que no me había dormido—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien —rió—. Pero tengo que ir a la escuela. Pedí quedarme en casa. Mamá no me deja —se quejó—. Lloré y todo —bufó—. Te extraño. Así que, llamé.
—Awww —dije ante su sinceridad—. Yo también te extraño.
—¿Sigues triste? —preguntó.
Puse los ojos en blanco. Es por esta razón que no había hablado mucho con mi familia desde la separación. Todos me trataban como un niño. Sí, estaba triste, pero tener su lástima era mil veces peor. El hecho que mi sobrina de cinco años pudiera notarlo decía suficiente. Solo podías imaginar cómo reaccionaron mis padres.
—Estoy bien, cariño —dije, secándome los ojos y buscando mis lentes.
—¿Quién habla? —escuché preguntar a mi hermana—. ¿Edward?
—Sí —respondí rodando en la cama—. Hola, sis.
—¡Hey! —gritó mientras escuchaba palmaditas del otro lado—. No he escuchado de ti en mucho tiempo. Te extrañamos —dijo tristemente.
—Lo sé. Lo siento —me disculpé—. Los estudios han estado movidos —suspiré. No mentía. Solo dejé afuera la parte de no querer su lástima.
—¿Estás bien? —preguntó preocupada—. No estabas en la mejor forma la última vez que te vi.
Esto otra vez.
—Estoy mejor —admití.
—No mientas —ordenó—. Sé que la Destructora de Barbies tiene novio —dijo suavemente.
—Sí —murmuré, tratando de no pensar en ello.
—Ella se lo pierde —dijo, tratando de hacerme sentir mejor—. Piensa de esta forma. Ella es el problema de ese tipo ahora —rió un poco.
—Mhmm —suspiré, levantándome—. Tengo que irme. Tengo clase —mentí—. Hablamos luego.
—¿Vas a venir para Año Nuevo, no? —preguntó nerviosa—. Sé que ella estará allí. Pero, matará a todos que no vengas. No te lo puedes perder —me dijo. No sabía cómo, pero tenía un puchero perfecto tan bueno que podías sentirlo a miles de millas de distancia.
Cada año, los Cullen y los Denali tenían esta gran juntada de una semana durante las vacaciones de Año Nuevo. Era el único momento en que todos teníamos tiempo libre. Era dentro de un mes. Para ser honesto, ni siquiera pensaba en ello. Extrañaba mi familia, sin embargo. No los había visto en mucho tiempo. Estaría mintiendo si dijera que no me había distanciado.
—Sí —respondí, mirando a una montaña de prendas.
—Bien —dijo soltando el aire—. Hablamos luego.
—Adiós, Alice —dije colgando.
Pero, ¿y sí ella lo llevaba a él?
Dejé mi apartamento alrededor de las diez y media y fui al colegio. Nada muy importante ocurrió durante mis clases así que me dirigí a la biblioteca de nuevo para estudiar. Mike no acabó con mis notas así que intenté como pude leer y estudiar de esa forma. Fui y tomé una bolsa de Doritos y una Coca y tomé un descanso. Antes de poder volver a estudiar, sentí mi teléfono vibrar. Era un mensaje.
Era de Tanya.
Tanya: Hey.
Yo: Hey.
Tanya: ¿Qué haces?
Yo: Nada. Solo estudio. ¿Tú?
Tanya: Obvio. Estoy con mi novio, Riley.
Yo: Oh.
Tanya: Es agradable.
¿Qué? ¿Por qué me estaba diciendo esto? ¿Acaso no se daba cuenta?
Tanya: Te caería bien.
¿Hablaba en serio? Limpié mis lentes mientras una lágrima caía en mi laptop. Ella había seguido adelante. Él seguramente era un buen tipo. Quiero decir, a Tanya le gustaba. Probablemente era mejor que yo. Secando mis ojos con la manga de mi camiseta, presioné el botón de apagado de mi teléfono.
Tanya: Seguimos siendo amigos. ¿Cierto?
Ella seguía queriendo ser amigos. Yo quería casarme con ella y ella quería ser amigos. Sequé mis ojos otra vez y suspiré. Nunca pensé que incluso sería mi amiga. La amaba. Si amabas a alguien, querías que fuera feliz… incluso si no fuera contigo. Supongo que podría ser su amigo si la hacía feliz. Si ella quería eso, se lo daría.
Yo: Seguro.
Después de responder, apagué mi teléfono. No podía soportarlo más. De repente, me sentía sofocado. La gente ya pensaba que era un nerd. No quería llorar delante de ellos también. Junté mis cosas y conduje a casa aturdido. Inmediatamente me metí en la cama y fui a dormir. Era o eso o comenzar a beber otra vez y realmente no pensaba que eso me haría algún bien, tampoco.
Dormí por Dios sabe cuántas horas antes que mi teléfono sonara, despertándome. Otra vez.
—¿Qué? —pregunté algo agitado. Parecía que cada vez que lidiaba con un teléfono, algo malo pasaba del otro lado.
—¿Edward? —escuché preguntar a una voz algo confusa.
—Sí, —dije calmado. Quería enterrarme en mi propia lástima en paz.
—Es Bella —respondió la voz.
—¿Qué pasa? —pregunté, buscando mis lentes.
—Em… —comenzó incómodamente—. Se suponía que nos encontráramos a las cinco. Son casi las seis —dijo en tono cortado.
—¿Eh? —pregunté mirando al reloj y viendo que eran las cinco cuarenta y cinco p.m.
¡Rayos! Me había olvidado que se suponía que nos encontráramos en la biblioteca. Ella probablemente esté enojada.
—Lo siento —dije, tomando mis cosas para salir—. Me dormí. Tuve un día duro.
—Me podías haber llamado si no iba a poder lograrlo —bufó—. He estado sentada aquí juntando polvo —añadió—. Eso es grosero.
Sip. Estaba enojada.
—Estoy yendo. —Me apresuré a arreglar mi cabello. Se había enredado otra vez por mi siesta—. Estaré allí en diez minutos.
—Es muy tarde ahora —dijo—. Tengo que recoger a mi perro de la veterinaria antes de las seis los viernes o me cobrarán otra noche —suspiró—. Ella destruirá algo si no llego a tiempo.
—Está bien —le dije rápidamente—. Puedes venir aquí si quieres. Dudo que los perros estén permitidos en la biblioteca. —Reí un poco, tratando de aliviar la tensión. Ella no rió—. Puedes traer a Snooki.
—¿Estás seguro? —preguntó, insegura.
—Sí —insistí. No quería que estuviera enojada conmigo—. Te dije que te ayudaría. Lo decía en serio.
—De acuerdo —dijo—. ¿Cuál es tu dirección?
Bella iba a venir. Un amigo venía aquí.
Le di mi dirección y comencé a limpiar. Normalmente, mantenía mi departamento realmente limpio. Sin embargo, los últimos días, me he dejado estar. Por suerte, no estaba tan mal. Solo tenía que juntar la ropa y poner platos en el lavavajillas. No quería que Bella pensara que soy un cerdo.
Corrí hacia el mercado frente a mi edificio cuando me di cuenta que no tenía bebidas o aperitivos… excepto por alcohol. Nunca había tenido amigos en mi apartamento. Nunca había invitado a alguno, mayormente porque nunca había tenido amigos. No sabía qué hacer o comprar. Así que, solo compré todo tipo de aperitivos y dulces. Seguramente algo le gustaba. Incluso compré comida para perro. Después, corrí de vuelta a mi departamento para llenar la alacena. Mientras terminaba de llenar, escuché el teléfono de mi departamento sonar.
—¿Señor Cullen? —comenzó el portero—. Hay una… mujer llamada… eh…
—¡BELLA! —la escuché gritar por el teléfono—. Edward, ¡no me deja entrar!
—Sí, señor Cullen —comenzó de nuevo, sonando algo molesto—. Ella dijo que es una amiga suya.
—Sí —sonreí, mirando a mi alrededor para ver si había dejado algo en el suelo—. Ella es mi amiga. Mándela aquí.
—¡Te dije! —escuché por el teléfono a Bella mofarse antes que la línea se cortara.
Saqué un pack de Sprite y algunas papas fritas justo cuando escuché un golpe en mi puerta.
—Lo siento —me disculpé mientras ella pasaba por la puerta con Snooki en sus brazos—. Realmente no tengo invitados. He pasado por un duro par de…
—Eh… —me interrumpió moviendo sus manos—. Todos la cagamos de vez en cuando. Es totalmente entendible —sonrió sentándose.
Sonreí mientras me aliviaba. Odiaría que ella estuviera enojada conmigo. Apenas habíamos comenzado a conocernos.
Ella tenía una de esas camisetas blancas que estaba cortada por sobre su estómago, con jeans azules y suspensores rojos. Tenía puesto unos zapatos rojos brillantes con brazaletes rojo, azul, y plateado en su brazo. Terminó el outfit con una peluca larga y celeste y un sombrero de capitán. Luego, también estaba su labial celeste.
¿Eh?
—Tengo un estilo muy ecléctico —rió, obviamente notando mi confusión por su vestimenta—. Te acostumbrarás a ello —sonrió pasando sus dedos por su peluca.
—Eso es bueno —sonreí ofreciéndole una lata de Sprite mientras me sentaba. Snooki saltó del regazo de Bella al mío y se quedó quieta.
—Pero no lo vuelvas hacer —soltó—. Odiaría tener que odiarte. —Alzo sus cejas, sacando sus libros de su bolso—. No me gusta que me dejen plantada.
—Nunca —prometí rápidamente—. Nunca volverá a pasar.
—¿Te das cuenta que bromeaba, no? —preguntó incómodamente—. ¿Ja, ja?
—Oh —dije mirando por la ventana.
—Tienes que dejar de tomártelo todo tan literal, Edward —aconsejó pasando hojas—. Puedo ver que es un problema para ti.
—Supongo que lo es —acordé con ella antes de mirar al examen y preguntas adicionales en el libro.
Mientras pensaba en una manera de explicarle los problemas, escuché un golpe fuerte en la puerta, cosa que causó que Snooki corriera bajo el sofá.
—Eh… ¿Edward? —preguntó Bella tímidamente—. ¿Te importaría si Victoria entrara? Ella ha estado esperando en el pasillo. Necesitaba un aventón. Su coche fue… confiscado —terminó después de intentar encontrar una mejor palabra.
Nunca había conocido a la amiga de Bella, con la excepción de su comentario cuando Bella embistió contra mi nariz con la puerta hace unas semanas atrás.
—Ella puede encontrar algo que hacer. Está bien —sonrió dirigiéndose hacia la puerta. Debió tomar mi silencio como un "no".
—Está bien. —Me apresuré hacia la puerta—. No me molesta.
—Hola —dijo la pelirroja, pasando por mi lado hacia el departamento—. Soy Victoria, la amiga de Bella. —Sacudió mi mano.
—Edward —me presenté.
Ella se sentó en el sofá frente a Bella y yo y encendió su iPod antes de cerrar los ojos.
—¿Ves? —sonrió Bella—. Está portándose bien.
—¿Tienes alcohol? —preguntó de repente Victoria después que Bella terminara su frase—. Tengo una reunión en dos horas que preferiría ir contenta —puso los ojos en blanco.
—¿Querrás decir tu reunión de AA ordenada por la corte? —preguntó Bella incrédulamente.
—Mhmm —asintió Victoria, moviendo su cabeza al ritmo de la música—. Vodka sería bueno, pero con tequila está bien.
Normalmente, la respuesta hubiera sido no. Sin embargo, debido a recientes eventos, estaba lleno de licor.
—Em… —pensé poniéndome de pie—. Tengo algo…
—No, Victoria. —Bella me jaló para que me sentara—. Son solo las seis treinta, no voy a dejar que te emborraches —siseó—. Ten algo de clase.
—Pero… —discutió Victoria.
—¡No!
—Eres mala. —Se cruzó de brazos.
—No lo soy —rió Bella sacudiendo su cabeza—. Estoy intentando mantenerte fuera de la cárcel. Sigue estando en condicional —reprendió.
—Son solo dos meses más —me rogó Victoria—. Solo quiero un trago.
—Así fue cómo comenzó —me advirtió Bella—. Así fue cómo tuviste tu detención en primer lugar —dijo apuntando a Victoria.
Incluso cuando estaban casi discutiendo, podías ver que eran buenas amigas. Incluso estaban riéndose.
—¿Qué pasó? —pregunté confundido. Me sentía afuera.
—Bella y yo estábamos en esta increíble fiesta el semestre pasado. Me encantan las fiestas. Como sea, ella se fue porque tenía un ensayo o tarea o algo que hacer y yo estaba por mi cuenta —comenzó Victoria.
—No es mi culpa —rió Bella, sacándole el dedo.
—Como sea, no recuerdo mucho. Hubo algo de vodka… luces fuertes… y un pene. Entonces, lo próximo que sé, despierto en una celda en un charco de mi propio vomito y sin mi zapato izquierdo —rió Victoria.
—¿Qué hiciste? —pregunte riendo. Pensé que cosas así solo pasaban en películas como ¿Qué pasó ayer?
—No tiene idea —rió Bella—. Recibí una llamada a las cinco de la mañana de ella, llorando y pidiéndome que fuera a sacarla.
—Y como la mejor amiga que es, lo hizo —sonrió Victoria, enviándole un beso a Bella.
—Y tuviste tu coche confiscado —añadió Bella poniendo los ojos en blanco—. ¿Sabes lo mucho que cuesta la multa por ebriedad, que agredió a un oficial, y se resistió al arresto? —preguntó—. No quieres saberlo —espetó.
—Psss —dijo Victoria—. No es como si no podamos…
—Tengo problemas con todo este capítulo —me dijo Bella apuntándome a su tarea—. Es como si estuviera en chino —puso los ojos en blanco mientras abría su cuaderno. Una pila de papeles cayó.
—¿Qué es eso? —pregunté apuntando al papel que puso devuelta en su carpeta.
—Es mi ensayo de Psicología, Sr. Chismoso —sonrió, mostrándome el gran "A+" en rojo.
—Muy bien —le dije en cumplido.
—Supongo. —Se encogió de hombros—. Es sobre chicos de diferentes contextos económicos, sociales, y raciales y cómo cada uno trata a sus juguetes. En mi opinión, decía mucho sobre sus personalidades y la persona en la que se convertirían —dijo despreocupadamente.
—Interesante. —Asentí intrigado.
—Como sea —se encogió de hombros y comió un puñado de papas fritas—. Mi profesor quiere publicarlo. Dije que no.
—¿Por qué? —pregunté confundido—. ¿Acaso ese no es el objetivo de la mayoría de las personas que hacen ensayos académicos?
—Realmente no lo encontré muy estimulante —explicó—. Además, él encontraría la excusa estúpida para poner su nombre en él. Me hubiera molestado —puso los ojos en blanco.
—Nunca pensé en eso. ¿Puedo leerlo? —pregunté. Realmente parecía interesante.
—Seguro —se encogió de hombros, pasándomelo—. Ves. No soy una idiota. Solo no puedo pasar esta clase —espetó un poco al final—. Es realmente algo… muy molesto —terminó perdida en espacio—. Pero estoy determinada a triunfar —gruñó, sacando su calculadora.
Escaneé el capítulo en esperanza de encontrar otra manera de enseñarle. Después que los primeros treinta minutos pasaran, ella comenzó a entender cómo hacer la tarea. El examen… no tanto.
—¡Argh! —gritó, cruzándose de brazos—. Estoy jodidamente confundida —se quejó—. No tengo idea cómo puedo entender la tarea pero estoy en blanco con una pregunta de examen. Esto me gana —bufó. Estaba completamente frustrada—. ¡Odio esta maldita clase!
—Tomémonos un descanso —sugerí apagando su calculadora lentamente—. Va a estar bien.
—De acuerdo —respiró—. Esa es una buena…
Antes que pudiera terminar su frase, escuchamos un golpe fuerte en la sala. Ambos miramos para encontrar a Victoria dormida en el sofá.
—Diablos. —Bella sacudió su cabeza—. ¿Snooki? —llamó, caminando en la sala. La seguí.
Nunca antes había visto algo así. El perro de Bella, que tenía que pesar unos dos kilos, había tirado el jarrón de cristal pesado que mi mama me había dado para decorar mi departamento cuando me mudé aquí el año pasado. Además de eso, el perro hiperactivo estaba ladrando profusamente mientras saltaba y perseguía su cola. Ella parecía que iba a treparse la pared.
—Mierda —murmuró Bella, alzando al perro—. Es un poco hiperactiva —dijo incómodamente—. Pagaré por eso, lo prometo. Parecía caro —dijo avergonzada.
—Está bien —le quité importancia, yendo a buscar una escoba—. No lo era —mentí. No quería hacerla sentir como si tuviera que reemplazarlo. Realmente no me gustaba mucho ese jarrón, de todos modos. Además, no quería que se sintiera mal porque su perro destruyó un jarrón de dos mil dólares. Tenía dinero para comprar otro si quería. No muchos lo tenían.
—Tengo algo de comida para ella en mi coche. Iré a buscarla —dijo, dirigiéndose hacia la puerta.
—No —dije, tomándola del brazo—. Tengo algo de comida para perro —le conté.
—¿En serio? —preguntó—. ¿Tienes un perro?
—Uh…no —admití, sonrojándome—. Sabía que venias. No sabía si lo iba a necesitar —dije acariciando la cabeza de Snooki—. Supongo que sí.
—Wow —sonrió ella—. Gracias. Eso fue lindo de tu parte.
Juntos, limpiamos los pedazos de vidrios después que le di algo de comida a Snooki.
—Ese fue un descanso útil —rió sentándose de nuevo—. ¡Hagamos esta mierda! —dijo, rebotando en su asiento y observando su libro. Mientras limpiábamos, pensé en otra forma de ayudarle a entender. Su teléfono sonó antes que pudiera decirle.
—Agh —bufó antes de ignorar la llamada—. Lo siento, es mi madre —se disculpó, poniendo los ojos en blanco.
Reí, haciendo que ella se ofendiera un poco. No era por eso que me estaba riendo.
—Tu ringtone —jadeé, sosteniéndome el estómago al reírme—. ¡Es la marcha imperial!
Nunca escuché a alguien que tuviera el tema de Darth Vader como ringtone. Por alguna razón, encontraba increíble esto.
—Oh —rió ella—. Encaja. Parece que el ringtone para mi madre debería encajar con el mejor tema maléfico de todos los tiempos —sonrió.
El teléfono sonó otra vez, haciéndonos reír.
—Hubiera estado completamente con el Imperio si estuviera en Star Wars —dijo, tomando de su Coca.
¿Qué? ¡No podía creer que ella dijera eso!
—Nunca —defendí—. Resistencia por completo. Tienes a Like Skywalker… la princesa Leía… Hans Solo. Son jodidamente increíbles.
Su teléfono sonó otra vez.
—Por favor —bufó, ignorando la llamada de nuevo—. El Imperio tenía mejores trajes, mejores naves, y mejor música. Además, Darth Vader era muy malo… incluso si era jodido. Él es mucho más cool de los tres… además C-3PO y R2-D2.
—¡Eso es blasfemia! —argumenté, herido. No podía creer que estuviera escuchando esto.
—Es un hecho —sonrió ella.
—¡Ellos destruyen todo el planeta! —razoné.
—No dije que quería ser un héroe —rió.
—¡Ellos pierden al final! —le dije, acariciando la barriga de Snooki.
—Pero tuvieron una aventura genial —sonrió—. ¿Por qué discutimos por esto? —rió observando su libros.
La miré con admiración. Todos odiaban al Imperio. Era una regla indiscutida. Respetas a Darth Vader. Pero… no querías ser él, al menos, en mi opinión. Entonces, mientras la miraba, me di cuenta de algo.
—Luces como Padme —le dije mientras la observaba detenidamente.
—¿Qué? —preguntó—. ¡Para nada!
—Sí, así es.
—Que no —rió—. No luzco como Natalie Portman —puso los ojos en blanco mientras su teléfono sonaba otra vez—. ¡Perra, deja de llamarme! —le gritó a su teléfono antes de apagarlo.
—Que sí lo haces —discutí, riéndome de su cara.
—Sigamos con la siguiente pregunta —pidió, apuntando a sus exámenes.
Una vez que fui capaz de mostrarle una forma alternativa de trabajar con los problemas, ella comenzó a entender mucho mejor. Una hora después, terminamos.
—Bien —sonrió, secando el sudor imaginario de su frente.
—Terminamos —le sonreí, emocionado.
—¿Cuándo podemos encontrarnos la semana que viene? —me preguntó, juntando sus cosas—. Tengo un examen el próximo viernes.
—Puedo el miércoles después de las cuatro —le dije—. Tengo dos exámenes el veinte.
—¿El veinte? —preguntó, en shock—. Edward, ¿qué día es?
—Viernes —respondí.
—¿La fecha?
—Quince —le dije mientras Snooki saltaba a mi regazo. Ella era una perra muy linda.
—¡Mierda! —gritó Bella, saltando y asustando a Snooki—. Tengo que irme —dijo, tomando a su perro y golpeando en la frente a Victoria—. ¡Levántate, perra! —le gritó a su amiga.
—Púdrete —murmuró Victoria, dándose vuelta.
—¿Qué pasa? —pregunté, preocupado.
—Tengo un proyecto para una competencia en mi clase de Cine para la semana que viene —chilló—. Ni siquiera comencé a editarlo —apresuró—. Es el cuarenta por ciento de mi nota. Necesito comenzar.
—Oh —dije desilusionado. Esperaba que se quedara un poco más. La estaba pasando bien. Era bueno no estar solo—. Espero que salga bien —le dije mientras le entregaba su bolso.
—Muchas gracias —me abrazó—. Necesitaba esto. No tienes idea —sonrió y me dio un beso en la mejilla. Por segunda vez, sentí una chispa—. Whoa —rió tocando sus labios.
—De nada —sonreí, tocando mi mejilla.
—Nos vemos luego —dijo dirigiéndose hacia la puerta, luchando para llevar todas sus cosas—. Háblame por Facebook —me dijo mientras cerraba la puerta tras ella.
—De acuerdo —le dije a nadie en particular.
Me di vuelta y vi que ya había anochecido y eran pasadas las diez. La noche sí que había pasado volando. Después que hice otro de los videos de Em, entré a Facebook. Sentía curiosidad ante lo que Bella iba a decir. Fui a la cocina por un aperitivo. Allí, encontré un billete de cien dólares en la mesa junto con una nota de agradecimiento. Era de Bella. Era lindo. Aunque no la estaba ayudando por dinero. No lo necesitaba. Actualicé mi estado para provocarla. Ella había lucido tan graciosa cuando discutía con alguien.
Edward Cullen
Luke Skywalker es el mejor personaje en la historia del cine.
Reí, actualizando mi estado mientras un nuevo episodio de House comenzaba en la televisión. Eché un vistazo y vi que Bella había comentado.
Bella Swan
Pfff, pensé que habíamos acordado que Darth Vader gobierna todo el universo. ¡Viva el Imperio!
Edward Cullen: Skywalker
Bella Swan: Vader
Edward Cullen: Skywalker
Bella Swan: Vader
Edward Cullen: ¿Acaso no sabes que Vader es un Skywalker?
Bella Swan: Eso no es ni aquí ni allí. Vader. Punto.
*Bella Swan se ha desconectado*
Edward Cullen: Skywalker
Reí, sabiendo que había dicho la última palabra. Entonces, mi teléfono vibró.
Bella: Vader.
Esto siguió por una hora y media. Después que acordamos a desacordar… dos veces… fui a la cama. Estaba mucho más feliz.
Pasé el resto de la semana estudiando para estar listo para los exámenes. Mike nunca me devolvió mis notas. Intenté llamarlo, pero no tuve respuesta. Debía de estar ocupado. Así que, fui forzado a estudiar el libro sin mi sistema normal. Me habían devuelto mis ejercicios recientes en mis clases de Bioquímica y Anatomía. Estaba contento de saber que había obtenido un "A" en ambos. Me daba más inspiración para ser mejor.
Mientras escribía notas para una lectura que estaba haciendo, me llegó un mensaje de Bella.
Bella: Tuve un parcial hoy en clase. ¡La pasé! Eres diez veces increíble! :)
Sonreí. Estaba feliz que ella estuviera haciéndolo bien. Estaba tan frustrada el otro día cuando estábamos estudiando.
Yo: Genial. Puede que te haya ayudado, pero TÚ sacaste esa A!
Bella: Solo acepta el cumplido. ¡Dios!
Yo: Te veo el miércoles.
Bella: De acuerdo.
Yo: Skywalker
Bella: ¡NUNCA!
Además de eso, pasé el resto de mi tiempo estudiando y mirando televisión. Al fin, llegó el miércoles y fui a clase, preparado para dar el examen y seguir. El examen para mi clase de Anatomía terminó siendo mucho más difícil de lo que esperé. Terminé siendo el ultimo en terminar. Deseaba haber podido estar más confiado con mi nota. Sin embargo, no estaba muy seguro.
Una vez que llegué a la biblioteca, vi a Bella esperándome en uno de los sofás. Al menos, pensé que era ella. Ella era la única persona que tenía una peluca. Hoy, ella tenía una peluca roja que era muy corta y saltaba por todos lados.
—¡Edward! —sonrió, levantándose. Tenía una camiseta negra con un tigre estampado. Sus pantalones negros estaban rasgados y tenía unas botas de combate—. Llegas temprano… —comenzó antes que su pie se trabara con algo y cayera al suelo. Un par de chicas en una mesa cercana comenzaron a reírse. Algunas incluso apuntaban.
—Qué idiota —una de las chicas rió, apuntando a Bella.
—¿En serio? —preguntó Bella, levantándose—. ¿Qué es esto? ¿La secundaria?
—Tu balance es tan bueno como tu sentido de la moda —comentó una chica grosera, haciendo que sus amigos se rieran aún más.
Bella caminó lentamente hacia su mesa.
—Púdranse… cada uno… de ustedes —comenzó, apuntando a cada persona en la mesa—. Consíganse una vida. ¡Y mientras están en eso, retócate las raíces, perra! —terminó, alejándose.
—¿Estás bien? —pregunté. Esas chicas habían sido muy malas—. Tuviste una caída bastante fuerte.
—Estoy bien. —Se sacudió el pantalón—. Soy fuerte como un Ford —bromeó, haciéndome reír—. ¿Cómo te fue en el examen? —me preguntó mientras nos sentábamos en una mesa.
—No lo sé —admití—. Estudie, pero fue difícil estudiar sin mis notas.
—¿No tomaste notas? —me preguntó, confundida—. Eso no va contigo… no que te conozca mucho.
—Tomé notas —me defendí—. Es sólo que mi amigo, Mike, las tomó prestado.
—¿Las tuvo toda la semana y no te las devolvió? —preguntó, alzando una ceja.
—Él ha tenido un par de semanas duras. —Me encogí de hombros. Le conté sobre las migrañas de Mike y lo que dijo que le pasó a su abuela… o abuelo—. Es lo menos que podía hacer.
—Wow —sonrió Bella—. Eso fue muy lindo de tu parte.
Me encogí de hombros, sacando los materiales necesarios para ayudarla. Intenté llamar su atención, pero ella estaba mirando algo en su teléfono.
—¿Qué haces? —pregunté. Ella lucía muy interesada en lo que miraba. Noté que tenía anillos en cada uno de sus dedos.
—Mi papá… estoy viendo el mercado de valores —dijo—. Estoy haciendo un ensayo sobre el actual estado de Wall Street… algo interesante —puso los ojos en blanco, riendo.
Comenzamos a estudiar. Por suerte, ella entendió este tema mucho mejor que lo que habíamos hecho en nuestra sesión previa. Lo entendió mucho más rápido. Estábamos en el medio de un ejercicio cuando sonó su teléfono. Esa vez, era el tema de James Bond. Ella rió.
—Lo siento —se disculpó—. Necesito atender a esto. Es mi padre. Ya vuelvo —me dijo mientras caminaba hacia afuera.
Aproveché el descanso para buscar una Coca y algunos pretzels antes que ella volviera.
—Tomemos un descanso —dijo, volviéndose a sentar—. ¿De dónde eres? —preguntó, tomando un pretzel de la bolsa.
—Connecticut —respondí, pasando algunas hojas del libro.
—¿No me vas a preguntar nada? —preguntó Bella, confundida—. Así es cómo funcionan las veinte preguntas.
—Oh —dije, confundido. No sabía que estábamos jugando un juego—. ¿De dónde eres?
—Nueva York —respondió, poniendo los ojos en blanco—. Eso es trampa. No puedes repetir una pregunta.
—De acuerdo entonces —hice una pausa, pensando en algo—. ¿Cuál es tu color favorito?
—Verde —dijo, mirando al reloj—. Tus ojos son verdes… como muy verdes.
—Lo sé —fruncí el ceño—. Lucen falsos.
En la preparatoria, alguien comenzó el rumor que tenía un ojo de vidrio y que por eso mis ojos eran tan verdes. Nunca lo sobreviví.
—Lucen increíbles —dijo en cumplido—. Nunca había visto un color así. Deberías usar lentes de contacto así puedes verlos mejor —sugirió.
—Ew —sacudí mi cuerpo completo. Ella rió—. El solo pensar en tocar mi ojo… es demasiado. No puedo.
—Está bien. Olvida que dije algo —carcajeó—. ¿Sabor favorito de helado?
—Vainilla —admití, algo avergonzado. ¿Quién tenía como sabor preferido a vainilla? Era tan… soso. Pero me encantaba—. Es simple…como yo.
—No eres simple, y tampoco lo es la vainilla. Es un sabor rico y cálido que es el epítome de la suavidad y cremosidad en la lengua. Es completo y al mismo tiempo liviano y sin pretensiones —protestó—. Todos son extraordinarios a su manera, Edward. Mi favorito es el simple chocolate, así que no soy mucho mejor.
Hablar con ella era tan fácil. Estaba contento que ella me hubiera golpeado en el rostro con la puerta. Ella era una buena amiga. No me hablaba como si fuera un perdedor.
—¿Por qué usas pelucas todo el tiempo? —pregunté, interesado.
—Por un segundo, la sonrisa de Bella se esfumó y se tocó la peluca como si estuviera avergonzada.
—No trato de ser malo —añadí. No quería hacerle sentir mal—. No tienes que responder. Solo… tienes un cabello tan lindo. No veo por qué lo escondes.
—Sé que no estás siendo malo —susurró—. No creo que lo tengas en ti el ser malo —añadió, sombríamente—. Yo…
—¡Hey, Eric! —dijo Mike, golpeándome la espalda y sentándose al lado de Bella—. Bella… —dijo mirándola de arriba debajo de una forma que no creía que fuera apropiada.
—Vete a la mierda, Mike. —Bella puso los ojos en blanco y alejó su silla.
—En fin —dijo volviéndose hacia mí—. Gracias por las notas, amigo. Eres un salvador —me dijo mientras las dejaba en la mesa. Algunas páginas estaban rotas, otras arrugadas, y una tenía una mancha de café en ella—. Estaba pensando que quizás podíamos ser compañeros de estudio o algo —dijo, sacando otro pedazo de papel.
—Espera —interrumpió Bella, mirándome—. ¿Mike Newton es tu compañero? —preguntó, con una pizca de lástima. No sabía por qué.
—Sí —dije, enderezando mis papeles.
—Mike, eres un maldito idiota —rugió Bella, golpeándole en el brazo con fuerza.
—¿Qué? —preguntó él.
—Edward. —Bella me miró a los ojos—. No creo que debas seguir trabajando con Mike —me dijo.
—Cállate, Bella —siseó Mike, envolviendo su brazo alrededor de mi hombro—. Yo y Ed somos amigos. ¿No, Eddie?
—¿Edward? —preguntó Bella, mirándome a los ojos. Era como si me estuviera rogando que dijera que no. No quería decepcionarla, pero no quería que Mike se enojara conmigo tampoco.
—Y-y-yo… —tartamudeé.
—Esto es demasiado bajo, Mike —Bella sacudió su cabeza en disgusto—. Incluso para ti.
—Juro por Dios, Bella… —comenzó Mike.
—Si no lo dejas solo, le diré a Jessica que masturbaste a Victoria en la fiesta Kappa Sig la semana pasada —prometió Bella.
—¡Perra! —espetó Mike, yéndose lejos.
—¿Estás listo para comenzar de nuevo? —preguntó ella, su sonrisa no llevaba a sus ojos.
—Em… de acuerdo —dije, retomando donde lo habíamos dejado.
Terminamos una hora y media después, pero no podías ignorar al elefante en la habitación. ¿Por qué Bella odiaba a Mike? ¿Qué era su nuevo bajo? ¿Qué tenía que ver eso conmigo?
Nos dirigíamos a nuestros coches cuando sentí la necesidad de preguntarle.
—Bella, ¿por qué estabas enojada con Mike? —pregunté—. Estabas muy enojada.
—Solo es un idiota —suspiró—. ¿Somos amigos, no?
—Por supuesto —sonreí.
Con la velocidad en que íbamos, ella probablemente era mi mejor amiga. Era simplemente tan fácil estar con ella.
—Bien —sonrió en respuesta—. Entonces te voy a dar un consejo de amiga. No ayudes a Mike. Él no es tu amigo —dijo, frunciendo el ceño.
—¿Qué quieres decir? —le pregunté. Ella se alejó un paso como si no quisiera responder—. Bella —suspiré, rogando—. ¿De qué hablas?
—Te está usando, Edward —hizo una mueca—. Mike no tiene migrañas. Su abuelo no murió, tampoco su abuela —admitió—. Te ha estado mintiendo para hacer que hagas todo el trabajo.
—Eso no es verdad —dije, lastimado. Sabía que Mike y yo no éramos amigos cercanos, pero no pensaba que él mintiera con algo así.
—Sí, lo es —dijo incómodamente—. Él ha estado… riéndose sobre ello… sobre ti… en las últimas semanas tras tu espalda —admitió—. No sabía que hablaba de ti. Pensé que el nombre de su compañero era Evan.
—Oh —susurré, ansioso por llegar a mi coche, mi cabeza agachada—. Bueno, te veré luego.
—Está bien —dijo asintiendo—. Realmente soy tu amiga, Edward —me abrazó—. A la mierda Mike, él no es digno de tu amistad. —Rió un poco mientras el tono de James Bond sonaba otra vez—. Tengo que irme.
—Okey, adiós —dije, entrando en mi coche y alejándome.
Cuando llegué a casa, seguí la rutina de siempre. Estudiar. Entrenar. House. Entonces, comencé a pensar en lo monótono que era. Era tan simple… tan perdedor.
¿Era eso por lo que no tenía amigos?
¿Por lo que Tanya me dejó?
¿Acaso todo hablaban mal de mí a mis espaldas?
¿Por qué todos los que consideraba mi amigo terminaban lastimándome? ¿Podían sentir que era débil?
Bebí unos tragos de vodka y fui a la cama sintiendo lastima por mi mismo. Por primera vez en mi vida, no fui a clases el jueves. Luego, tampoco el viernes. Necesitaba salirme un poco. Sin embargo, mi periodo de ilustración se interrumpió cuando descubri que había pisado mis lentes. Luego, me quedé sin gel.
—¡Mierda! —grité alto por primera vez en mi vida.
¿Acaso algo podía salir bien?
Llamé a mi doctor para obtener un reemplazo por mis lentes. Dijeron que no tenían mis marcos gruesos negros regulares y me recomendaron un marco broncíneo que estaba hecho de titanio y aparentemente era muy popular. No estaba feliz, pero acepté ya que confiaba en el técnico que usualmente me atendía y ella tenía buen gusto según mi opinión.
No me había afeitado en varios días, pero no me importaba. Salí en mis pijamas, cosa que consistía en una camiseta blanca y unos pantalones deportivos, para buscar mi receta. Mientras estaba afuera, compré más gel. Fue una aventura interesante. Por alguna razón, la gente no dejaba de mirarme.
Era algo tarde, así que decidí ir a Starbucks. Saludable, lo sé. Cuando entré, vi algo raro.
Era Bella. Estaba vestida normalmente… y estaba llorando.
¿Qué pasaba?
