III
La terra/ La legge
Alude a conseguir el entendimiento y con ello la armonía alrededor de uno mismo, hace referencia a calmar la ira y el miedo dentro de nosotros mismos.
"¿Por qué no me miras, porqué no me ves de la misma manera en que yo lo hago¿Acaso no te resulto interesante¿no te resulto extraño¿misterioso?...
¿Porqué no me amas¿Por qué no me deseas tanto como yo te he deseado?
He de desearte, desearte eternamente hasta llamar tu atención. Y si tú no consigues amarme…
Te haré odiarme, odiarme tanto hasta que desees estar muriendo…
Y mientras mueres, observare tu sangre, elixir que me mantendrá con vida, hasta que llegue alguien igual a ti… que te remplace."
-Señor Dilandu-musitaba una joven mientras con su mano movía el hombro de su amo- Despierte señor Dilandu, la trompeta ya ha sonado…ya le prepare el baño-
-Estaba- susurró el joven peliblanco- estaba soñando-
-¿Y con que soñaba?-preguntó Barin
-Con sangre- respondió el chico antes de levantarse y entrar al baño.
…
Más tarde Dilandu se encontraba observando el cielo desde la pista de aterrizaje de los Gymelefs, era un día lluvioso lo que significaba: nada de entrenamiento.
Se enfadó, justamente ese día había preparado una sesión especial de entrenamiento para los Dragón Slayers, ahora que se suponía que iba a hacer. Como se suponía que usaría su lanzallamas.
-Señor Dilandu- susurró con miedo uno de los jóvenes
-Que quieres Miguel.
-Que es lo que haremos hoy- los jóvenes se veían atolondrados e impacientes, llevaban más de una hora esperando mientras Dilandu solo se ocupaba de mirar como caía la lluvia.
Dilandu lanzó una mueca que sus soldados interpretaron como un estoy pensando.
Ninguno se atrevió a preguntar de nuevo.
De pronto otro batallón de soldados de Zaibach entró a la misma pista, Dilandu los miró primero con indiferencia y luego con curiosidad, se dio cuenta de que entre ellos se encontraban los tres soldados a quienes había pescado anteriormente teniendo platicas poco convencionales sobre mujeres.
-Lo que haremos este día- y les sonrió a sus soldados.- Será entrenar cara a cara con el…enemigo, y ellos serán el enemigo- Gritó señalando a los jóvenes.
Dilandu se acercó lentamente hacía aquellos soldados, eran al igual que su escuadrón soldados de primer rango.
Saludo al capitán haciendo una reverencia.
-Capitán Ryu.
-Capitán Dilandu.-Saludo de igual manera el joven que dirigía aquel batallón, contrario a Dilandu el tendría aproximadamente 20 años, era alto y con un cuerpo mucho más marcado que el de Dilandu, tenía el cabello de un negro azabache que contrastaba con sus ojos color miel, no se veía sádico pero tampoco lucía como una persona amable, más bien lucía como alguien indiferente.
-Capitán veo que al igual que yo, usted había planeado tener una demostración de Gymelefs, pero dadas las condiciones del clima que resultarían adversas para tal demostración, que le parece un entrenamiento cara a cara con mis soldados- Y soltó una risa burlona mientras observaba específicamente a los tres jóvenes a los que guardaba rencor.
El capitán Ryu miró a su escuadrón, si su escuadrón lograba ganarle a los Dragón Slayers probablemente subirían de rango, serían aclamados, sobretodo podía imaginar ganarle a Dilandu, hacerlo pedazos frente a su propios soldados.
Eso si sería grande…
-Ya veo… creo que mi escuadrón esta preparado para luchar contra ustedes.
Y así de un momento a otro todo quedo listo, Dilandu se encontraba de un lado del angar sentado en su "trono", mientras Ryu se encontraba exactamente igual solo que del lado opuesto.
-Quiero que los dejen fuera del ejército.-susurro Dilandu mientras descansaba su rostro en una de sus manos.
-¿A que se refiere señor?-Preguntó un joven rubio de cabello corto.
-A esos tres, el de cabello oscuro, el rubio y el castaño claro- continuó Dilandu- A ellos Chesta, quiero que los dejen fuera del ejército.
Los Dragón Slayers sabían lo que eso significaba el señor Dilandu quería que los enemigos fueran heridos, no se permitían heridas graves en los combates de entrenamiento, sin embargo ese tipo de heridas podían se hechas con sutileza, sin que parecieran ilegales, Dilandu les había enseñado eso.
-Señor, permítame ser el primero- Pidió Chesta.
Dilandu hizo un movimiento con su mano que le indicaba a Chesta que podía hacer lo que quisiera.
Chesta se preparo acercándose al centro de la pista, el primero en pelear del batallón de Ryu fue justamente uno de los chicos que Dilandu ordeno "aniquilar" por así decirlo, se trataba de un joven de cabello café oscuro y ojos de igual color.
Chesta se exasperó, el chico se veía terriblemente asustado desde un inicio, no iba a ser una buena batalla.
Chesta cedió el primer movimiento, el chico saco torpemente su espada e intentó atacar a Chesta, sus movimientos eran rápidos pero predecibles, un espadazo al costado derecho, Chesta aplico una maniobra de defensa y luego una de desarme, solo se observó la espada del chico volando lejos.
El joven sin embargo no se rindió un poco más seguro saco un par de dagas, no tenía oportunidad.
Chesta las esquivo rápidamente mientras que aunado a su espada sacaba una daga, con ella hizo una ligera incisión en el pantalón del chico muy cerca de la ingle. Todo estaba dicho el chico miro la pequeña herida cercana a cierta parte de su cuerpo y se aterró comenzó a lanzar ataques sin pensarlo, perdió el control y esto significo el triunfo seguro para Chesta, con otro movimiento de espada corto su muslo derecho, mientras que la daga fue a clavarse en el muslo izquierdo del chico, al clavarla la giro para el lado contrario de donde había sido enterrada, esa era la forma más segura de dejar a una persona, si bien no invalida con una severa cojera al menos por un año. Estaba hecho, el chico se encontraba fuera del ejército.
-Ahhhhhhhh- Un grito profundo salió de la garganta del chico mientras tiraba las dagas y se tiraba al piso, sollozando y deteniendo su muslo izquierdo.
Chesta ocultó la daga.
-¡Que le hiciste maldito!- reclamo Ryu mientras otros dos soldados ayudaban al chico a levantarse.
-No hice nada capitán, debió clavarse una de sus dagas el mismo- Respondió Chesta sin ningún tono de sarcasmo.
-Dilandu, dile a tus soldados que jueguen limpio o cancelare esto- gritó Ryu desde lo lejos, Dilandu no se inmutó, se levanto de su trono lentamente y se acerco a Chesta solo para abofetearlo.
Ryu rió.
-Nunca cedas el primer movimiento- regaño Dilandu, ante el asombro y enojo de Ryu.
-Tu… maldito bastardo.- refunfuño Ryu.- ¡Tu! A pelear- y esta vez llamo al soldado de cabello rubio.
El soldado parecía confiado, su rostro expresaba una mueca segura y altanera. Se acercó al centro de la pista y señalo a Miguel.
-Quiero pelear contigo- fue lo que dijo.
Miguel miró a Dilandu que de nuevo se encontraba sentado en su trono, este solo le sonrió y Miguel entendió el mensaje.
Se acerco pues al centro de la pista con toda intención de comenzar la batalla, contrario a Chesta, Miguel dio el primer movimiento se acerco al chico con un rápido golpe de espada, iba de derecha a izquierda.
-Eso es muy predecible- grito el chico rubio y lo esquivo, su arma de batalla eran unas estrellas de metal con un pequeño agujero para introducir las manos.
Desenfundo las dos y creyendo saber lo que Miguel iba a realizar lanzó un ataque, pero el espadazo de Miguel no iba dirigido al joven. Miguel tenía la intención de clavar su espada en el piso, frenar en seco y con ello poder darle una patada justo en el rostro al chico, la técnica funciono.
-No intentes cosas de las cuales no eres capaz- susurro Miguel mientras veía al chico lloriqueando, le había roto la nariz.
El siguiente turno le toco a Dalet, se acercó con seguridad al joven de cabellos miel y desenfundó su espada.
El chico no huyó y tampoco fanfarroneo, solo cerro lo ojos y respiro profundamente.
-Firmaste tu sentencia- dijo después de eso.
Dalet sin embargo no se inmuto, comenzó a pelear como de costumbre, el choque de las espadas sonó en la pista, y chispas empezaron a salir, Dalet lo sabía debía de dejarlo fuera y también sabía como.
De un momento a otro metió el pie al muchacho, fue tan rápido que el chico apenas pudo sentirlo, el joven tirado en el piso abrió los ojos para levantarse y Dalet aprovecho este momento para lanzar su espada directo al cráneo.
El pánico le impidió al chico cerrar los ojos o moverse, solo pudo ver como la espada en lugar de clavarse en su cráneo se clavo en el piso.
-Si esto hubiera sido real- susurró Dalet- ya estarías muerto… y en menos de 5 minutos.-
El chico se levantó asustado y fue a colocarse detrás del capitán.
Ryu comenzó a mirarlos a todos con despreció, con ira.
-¡Que clase de batallas fueron estas capitán Dilandu, sus hombres no tienen conciencia de que esto solo es un ejercicio!- gritó desde la mitad de la pista.
Dilandu se levanto y se acercó a Ryu.
-Si tus soldados no se dan cuenta de lo que significa pelear para este imperio-rió-no deberían intentarlo-
-Cállate idiota, yo te ensañare si es que te atreves a pelear conmigo-
El gritó de Ryu resonó por todo Zaibach.
Muchos soldados de mantenimiento estaban ahí, para cuando Dilandu iba a pronunciar su respuesta, no solo se encontraban soldados de mantenimiento si no también batallones enteros y varios esclavos.
La pelea entre dos capitanes, eso era algo que tenía que verse.
…
Barin por su parte se encontraba dando la vuelta por la base de Zaibach, había pensado ir al pueblo a comprar algunas cosas, pero se dio cuenta de que en primer lugar, el clima no se lo permitía y en segundo lugar no tenía dinero, en la posada a veces recibía propinas en las mesas, o las prostitutas con las que trabajaban le daban un poco de dinero, eran amables con ella, pero en la base todo lo que le era indispensable estaba ahí, y no encontraba la manera de pedirle dinero a Dilandu.
Probablemente la golpearía si tuviera la osadía de hacerlo.
-ahhh- suspiró Barin mientras veía como todos los esclavos se dirigían a la pista de los gymelefs.- ¿qué pasa? – le preguntó a Ayelén al verla pasar junto con otro chico gato.
-No lo sabes tonta, tu amo va a pelear con el capitán del escuadrón Serpiente.
Barin se sorprendió, Ayelén por su parte comenzó a jalarla rumbo a la pista.
-Tienes que verlo pelear, se dice que el capitán Ryu es de los mejores y hasta sus superiores le temen.
Barin no tuvo otro remedio que ir.
-A mi… no me gusta ver ese tipo de cosas- susurro mientras se dirigía a la pista.
…
Ryu había desenfundado su espada mientras Dilandu aún lo observaba.
-Jajajajajajaja- Dilandu soltó una risa estridente- Así que quieres pelear por el honor de tu batallón, o acaso es para defender a tus soldados ineptos-
Dicho esto Dilandu levantó la ceja mostrando una mueca sádica.
-Cállate y pelea- gritó Ryu-lo único que le hacía falta es que ese capitán de mierda de los Dragón Slayers no se atreviera a pelear- pensó
- Si eso es lo que quieres.
Dilandu desenfundó su espada, dispuesto a pelear contra su oponente, sin embargo al alzar la vista pudo notar que Barin se encontraba frente a el.
-Que hace ella aquí- pensó mientras Ryu lanzaba el primer movimiento rasgando parte de la armadura de su pecho.
-Que demonios estas pensando Dilandu- pensó Barin al ver el inicio de la batalla, no entendía como era posible que un chico de 15 años como ella tuviera esa necesidad (más que deber) de causar daño.
-Tu- susurró Dilandu con enojo al ver la sangre caer de su propio costado- Te voy a matar Ryu Shelzea¡Te voy a matar!
Y Dilandu se lanzó con todo lo que tenía, corrió tras Ryu con su espada lanzando un ataque directo al pecho, Ryu lo esquivo por poco, sin embargo Dilandu no se contuvo comenzó a lanzar espadazos, primero a las piernas y luego a los brazos, el metal de la espalda chocaba con el metal de la armadura produciendo chispas. Ryu no podía ver, mucho menos hacer algo, a duras penas lograba defenderse.
-Voy a matarte- no dejaba de repetir Dilandu- voy a matarte-
Y de pronto Ryu perdió el equilibrio, estaba cometiendo un error de principiante en una de sus batallas, la mala posición de sus pies al momento de la defensa lo llevó al suelo.
Dilandu no espero más y al tenerlo a sus pies apunto con la punta de su espalda a la yugular haciendo una cortada no muy profunda. Un poco de presión y todo terminaba para Ryu.
…
Barin no pudo observar aquello, cayó al suelo en shock, mientras con sus manos tapaba sus orejas, no escuchaba los llamados de Ayelén y mucho menos quería escuchar los llamados de los soldados alentando a Dilandu a terminar lo que empezó.
Miró al centro de la pista y ahí estaba Dilandu con una espada en el cuello de otro chico que le rebasaba en edad pero no en fuerza.
-No le mates, por favor no le mates-comenzó a decir una y otra vez- no le mates, no le mates, no le mates…
Miraba a Dilandu totalmente perdida sus ojos no estaban ahí si no en su hermano.
En los últimos momentos de su hermano.
…
Dilandu miró alrededor, toda esa gente gritaba emocionada, el había derrotado a otro capitán, se sentía poderoso, podía matarlo, en ese mismo momento podía tomar aquella vida, sería solo otro obituario al servicio de Zaibach, muerto en combate recitaría el mensaje que sus padres o talvez alguna prometida leerían.
Eso lo hacía sentirse aún más feliz, no solo lo mataría a el si no a toda la gente que lo amaba.
Pero de pronto cuando estaba a punto de dejarse llevar por sus instintos miró a su alrededor y de nuevo encontró a Barin, frente a el inclinada en el piso llorando.
¿Acaso conocía a aquel soldado?, una chica gato intentaba reanimarla, hacer que se pusiera en pie, sin lograrlo.
Dilandu se aparto, el estaba causando eso, causando que esa chica se sintiera como el se sentía en las noches: solo.
Afloraron sus pesadillas, donde se encontraba en un gran campo de flores y gritaba el nombre de su hermano sin que nadie le respondiera, pero el no tenía hermano.
Comenzó a sudar frió, quitó la espada del cuello de Ryu y la guardo en su funda, caminaba rumbo a su cuarto cuando de pronto escuchó un corte en el viento.
Ryu le había lanzado una daga a la espalda.
¿Qué clase de cobarde ataca por la espalda?
Olvido de pronto todas sus dudas, miró hacía atrás desenfundó su espada y apuntó al pecho, más exactamente al corazón.
La espada estaba apunto de penetrar cuando sintió que una fuerza lo detenía en seco.
Al observar vio un gran brazo de metal aprisionando su muñeca.
-Dilandu, deja esto ya, vas a matarlo.- Regaño el joven ahí presente, se trataba de uno de lo generales de Zaibach: Folken.
Dilandu soltó la espada, ni siquiera sentía la daga clavada en su espalda, solo sentía en sudor recorriendo su cuerpo, un sudor helado.
No hizo caso de lo que le decían sus soldados, ni del cúmulo de gente ahí presente, solo se retiró a su cuarto.
…
-¡Barin! Reacciona – gritó una chica gato-Barin- y la desesperación pudo más que ella y terminó dándole una bofetada.
Barin de pronto se encontró de nuevo de vuelta a la realidad.
-Yo lo siento Ayelén, tengo que irme- y al igual que Dilandu se dirigió al único lugar donde se sentía segura a su cuarto.
Llegó al cuarto y se encontró a un Dilandu de espaldas, Dilandu volteó para ver quien entraba y Barin creyó ver a una chica de ojos azules y cabello rubio sollozando.
Cerró los ojos varias veces y al abrirlos encontró al peliblanco. Parecía aturdido el sudor escurría por su frente.
Barin vio algo de pronto, Dilandu tenía una daga clavada en la espalda.
-Amo, usted…su espalda.- pronunció con horror mientras se cubría la boca con una de sus manos y empezaba a llorar.
-¿Por qué lloras?- preguntó en un tono suave demasiado suave para tratarse de Dilandu-No será que estas preocupada por mí-
Dilandu levantó el brazo y sin moverse sintió la daga en el hombro derecho a duras penas la alcanzó para quitarla y aventarla al piso.
-Estoy algo cansado- dijo antes de caer a la cama, desmayado.
Barin de pronto se sintió asustada¿qué significaba aquello¿Dilandu que tenía?
Entro en pánico y se acerco, pudo ver que no dejaba de sangrar de la herida en su espalda y aunque seguía en shock por el recuerdo de su hermano, comenzó a actuar.
Dilandu estaba desmayado pero no por la perdida de sangre, probablemente también estaba en shock¿Pero que puede hacer que un chico así se ponga en esas condiciones?
Barin no tenía tiempo para pensar en ese tipo de cosas, se apresuro lo más que pudo, volteo a Dilandu y comenzó a quitarle la armadura, después le quito la playera que usaba debajo de esta y salió por vendas, fue tras preguntarle a varios grupos de esclavos a las instalaciones medicas de Zaibach, se ofrecieron a ayudarle, pero ella podía hacerlo sola.
Regreso al cuarto cargada de vendas, medicamentos, aguja e hilo, no necesitaba todo eso, tenía sus propios métodos.
Se apresuro a ponerle un paño húmedo a Dilandu en la frente, estaba sudando frió
-Jajuka- murmuraba este entre sueños-Jajuka, no me dejes solo…-
Barin lo volteó de nuevo para poder tratar la herida en su espalda, utilizando algunos concentrados de hierbas que había preparado anteriormente desinfecto la herida, después tomo aguja e hilo, puso unas cuantas hojas de una hierba azul rey en la herida de Dilandu, esto dormiría la zona mientras suturaba, suturo rápidamente y volvió a poner las mismas hierbas azules, para evitar que doliera. Utilizó un trozo de tela a manera de gasa, con un poco de antiséptico, y vendo el torso de Dilandu rápidamente.
Después de eso solo tuvo que preocuparse de un pequeño rasguño en la cintura de Dilandu, a este solo lo desinfecto y como no necesitaba suturas solo puso unas cuantas hierbas que lo ayudarían a cicatrizar, luego de eso, volvió a voltear el cuerpo de Dilandu, para acomodarlo adecuadamente en la cama, y lo cubrió con cobijas.
Se dio cuenta que por más que hacía el cuerpo de Dilandu no dejaba de sudar.
Se preocupó.
-Sus heridas no están infectadas- musito- Entonces ¿qué le esta pasando?
De pronto reacciono. La daga debía de contener algún tipo de veneno, eso debía ser.
Si el veneno era de acción lenta podría contrarrestarlo con facilidad, fue a la cocina a pedir unas cuantas hojas que se dedico a moler en un traste hasta hacer una masa verde, le agrego unas gotas de un pequeño frasco que guardaba consigo y finalmente pensó en la manera de hacer que Dilandu lo tomara, para esto le puso un chorro de vino, el sabor de esas hierbas era demasiado amargo y en ese estado Dilandu no desearía comerlo.
No se había dado cuenta que había tardado mucho en moler todas las cosas, para cuando miró el cielo era de madrugada.
-El tiempo pasa rápido- susurró.
Para este momento Dilandu ya no tenía pesadillas, descansaba placidamente en la cama, pero aún no dejaba de sudar.
Se encontraba terminando los últimos detalles cuando llamaron a la puerta.
Se levantó rápidamente a contestar, nunca se imagino quien estaba detrás. Cuando abrió la puerta observo a un joven mucho mayor que ella, era demasiado alto, su cabello era de un tono azulado, y su ojo tenía dibujado una lagrima debajo.
Lo reconoció enseguida era el chico que la había salvado de una muerte segura, al convencer a los demás soldados que la vendieran.
-Barin- musito Folken, mientras con su brazo de metal levantaba el rostro de la chica- Barin de Astaroth-
Folken soltó el rostro de la chica y entró al cuarto. La chica se sorprendió mucho de que la reconociera.
-Puedes decirme como sigue- preguntó el general de Zaibach mientras miraba a Dilandu con seriedad.
-El, esta bien, pero creo que la daga tenía algún tipo de veneno- susurró- Disculpe ¿usted me recuerda?- preguntó la chica
Folken la miró.
-Claro, no todos los días llega una reina de la tierra de fuego a Zaibach- concluyó.
-Aquella vez, cuando esos soldados pensaban matarme, usted los convenció para que me vendieran, me salvó la vida.- afirmó Barin.
-Para serte franco- continuó Folken- en ese momento parecías ser de utilidad, pero te remplazamos bien, yo en realidad no esperaba que siguieras con vida- concluyó.
-De igual forma gracias- susurró Barin.
-No me agradezcas, observa a lo que tienes por amo- dijo entre dientes Folken- cuando se despierte, inyéctale esto- Y Folken le aventó una jeringa con un gel de tono plateado- Y en cuanto se encuentre bien, dile que vaya a verme, es una orden- terminó.
-Señor necesito saber que veneno le inyectaron- dijo Barin firmemente, necesitaba conocer ese dato para saber si las hierbas que utilizaba eras las correctas.
-El veneno de Ryu no causa más que malestar y fiebre por dos o tres días, nada que una seguidora de Agni no pueda contrarestar, de momento Dilandu queda relegado de su cargo por dos días, ya veré yo que los Dragón Slayers sigan entrenando.
Folken salió de aquel cuarto como entro, en silencio y sin quitar la expresión seria de su rostro.
-Mas que serio, ese hombre se ve triste- susurró Barin.
Al saber que el veneno que tenía Dilandu en su sistema no era letal, Barin se tranquilizó, si Dilandu moría, ella tendría el mismo destino.
Fue pues por la mezcla de hojas que había preparado y se acercó a Dilandu.
Movió un poco el hombro del chico solo lo suficiente para que Dilandu oyera lo que le decía.
-Tomate esto- le susurró cerca el oído- y puso las hierbas en su boca, sin embargo Dilandu las escupió.
Barin tomo un poco de las hierbas y las introdujo en su boca.
-Te voy a dar algo para el veneno- musito mientras movía otro poco a Dilandu, lo suficiente solo para que abriera la boca.-Cómetelo.
Barin recargó una de sus manos en el pecho de Dilandu mientras se acercaba a sus labios lentamente, Dilandu por su parte abrió los suyos, aún estaba medio inconsciente sin embargo al sentir una presión en su boca despertó.
Lo que vio fue a Barin sobre él, dándole con la boca una mezcla extraña que sabía amarga.
-Barin- intentó pronunciar Dilandu, pero la boca de la chica sobre la suya se lo impidió, un ligero sonrojo apareció en las mejillas del peliblanco, lo que hizo como reflejo no tenía sentido para él, pero era la primera vez que sentía ese tipo de contacto con otro ser humano, levantó su brazo y detuvo la cabeza de Barin en ese lugar, observó como la chica abría los ojos bruscamente.
Dilandu profundizo el beso.
Barin tardó un poco en reaccionar, sentía la lengua de Dilandu intentando luchar contra la suya, se atemorizó y comenzó a forcejear.
Contrario a la expectativa Dilandu no la forzó a continuar con aquello.
La soltó y se volvió a recostar su cabeza en la cama.
-¿Te encuentras bien?- tuteó Barin sonrojada.
-Algo así- dijo Dilandu antes de volver a dormirse.
…
A la mañana siguiente, Dilandu ya se encontraba consiente, podía incluso haberse levantado a entrenar pero no lo hizo, se quedo en cama esperando.
Era tarde sin embargo las cortinas que cubrían los ventanales no le permitían ver al sol en su esplendor.
Dilandu se encontraba solo, pensó en llamar a Barin pero algo dentro de si una especie de retortijón le dijo que no era buena idea¿que había pasado anoche?, no lo recordaba exactamente, aunque sentía un cosquilleo en sus labios.
Barin por su parte no se encontraba en la habitación, había pasado toda la noche en vela, estaba cansada sin embargo el cuerpo de su amo seguía débil no podría dormir hasta que se encontrara mejor.
Para ese momento se encontraba en el pasillo cargando la bandeja de la comida, esta vez sin embargo contenía dos porciones de cada cosa.
Una para Dilandu y la otra para ella, no podía dejarlo solo por mucho tiempo.
Al entrar noto a Dilandu despierto, se sorprendió, Dilandu en realidad ya no lucía enfermo.
-Amo¿Cómo se encuentra?- preguntó titubeando mientras dejaba en la mesa la bandeja de la comida.
Dilandu no respondió, se sentía bastante avergonzado al verla aunque no sabía porque.
-Le traje su comida- continuó Barin, mientras se acercaba con las cosas a la cama y acomodaba una silla juntó.-En un momento más le desinfectare las heridas-
Barin le acerco la bandeja con sopa a Dilandu quien comenzó a comer en silencio.
-Pido permiso para retirarme- pidió Barin, tenía pensado comer en su cuarto.
-Quédate y come conmigo-susurró Dilandu, Barin se sorprendió, se sentó pues de nuevo y comenzó a comer igual en silencio.
Cuando terminó dejo su plato en la bandeja y recogió el plato de Dilandu.
Dilandu la miró, al notar que se alejaba la tomó de la muñeca.
-Barin- volvió a susurrar con una expresión bastante seria- Yo…- titubeo- ¿paso algo anoche?- terminó por preguntar.
- A parte de pelear contra otro de los capitanes de Zaibach y acabar con una daga en la espalda- pensó-No- mintió secamente Barin, aunque sabía perfectamente a lo que el chico se refería.
Dilandu la soltó violentamente, y la observó mientras salía de la habitación.
-No te creo- dijo Dilandu antes de verla salir, se quedó esperándola meditabundo.
Para cuando regreso Barin, Dilandu ya se encontraba de pie observando el cielo en su esplendor, había abierto todas las ventanas de la habitación.
-Señor- musitó Barin- permítame atender sus heridas.
Dilandu se sentó en un banco mientras esperaba que Barin le quitara las vendas y las gasas.
Al mirar su cintura Dilandu pudo notar una cicatriz.
-Ese maldito Ryu- pensó- le matare-
Ante todo, nadie debía lastimar su cuerpo, porque su cuerpo era perfecto.
Barin se apresuró, solo tuvo que desinfectar de nuevo las heridas y colocar hierbas para que cicatrizaran rápido. Le sorprendió la capacidad de recuperación de Dilandu, era algo inhumano.
-Sus heridas, ya casi sanan- se sorprendió Barin- El señor Folken me dio esto para usted- y le enseño a Dilandu la jeringa con un gel plateado.- Me dijo que se lo inyectara cuando despertara.
-Bien, hazlo rápido- Dilandu miró con odio la jeringa, desde que tenía memoria le habían inyectado muchas medicinas, después de las medicinas caía inconsciente y al despertar no recordaba nada, más que un cúmulo de imágenes sueltas, según los científicos esos químicos le ayudarían a ser más fuerte, más bien a ser el mejor.
Barin pues inyecto la sustancia en su brazo derecho, vio el líquido entrar en el cuerpo de Dilandu sin dejar cicatriz del piquete, luego vio el líquido levantando todas sus venas, fue una imagen asquerosa, pudo ver el cuerpo de Dilandu retorcerse de dolor mientras el líquido entraba, el tono grisáceo de las venas resaltadas recorrió todo el cuerpo de Dilandu a una velocidad impresionante.
Dilandu comenzó a sofocarse, a sudar frío de nuevo, arrancó las vendas que poco antes Barin le había colocado y se puso como histérico, no hablaba solo emitía gritos mientras su cuerpo se retorcía.
Barin no sabía que hacer, pensaba salir del cuarto a buscar a Folken, pero ¿y si Folken lo había envenenado?, debía pedir ayuda.
Cuando se disponía a salir, sintió que la tomaban de brazo.
Dilandu estaba hincado en el piso y con una mano apretaba su pecho, el líquido le había llegado a su corazón.
Barin lo entendió que debía quedarse ahí, se agacho y al no poder hacer otra cosa abrazó a Dilandu.
-Jajuka- comenzó a escuchar salir de la boca de su amo, sin embargo aquella voz, no le pertenecía del todo a Dilandu- Jajuka, no me dejes solo-
Dilandu comenzó a llorar y se aferró al cuerpo de Barin.
-No me dejes solo- continuó susurrando con una voz tenue justo antes de desmayarse.
Después de verlo así Barin solo lo vio dormir placidamente, Dilandu ya se encontraba bien.
-¿Que clase de medicina era esa?- refunfuño Barin, mientras salía a buscar a Folken.
Pero Dilandu seguía murmurando entre sueños.
-No me dejes solo, por favor, no me dejes solo…. Donde esta mi hermano¡Jajuka!-
Barin no lo soporto y mejor se quedó ahí, sentada junto a Dilandu acariciando su cabello.
Para cuando Dilandu despertó no recordaba nada de lo ocurrido, se sentía confuso y mareado y con unas ganas de matar tremendas, sintió un peso encima de su pecho y al bajar la mirada noto que Barin se hallaba dormida sobre él.
La apartó un poco y se puso de pie, se sentía bien y revitalizado, con cuidado de no despertarla coloco a Barin en su cama y la cubrió con las mantas.
Tenía algo que hacer, y no quería que nadie fuera testigo de ello.
Salió de su cuarto, se dio cuenta que debía ser de madrugada, fue a donde guardaban las armas, en general el solo ocupaba una espada, pero ahora necesitaba algo diferente, no debía haber sospechas.
Tomo un cuchillo grande y bajo a las celdas donde se encontraban los soldados que por alguna razón habían desobedecido.
Miró al guardia en turno, se encontraba dormido, lentamente avanzó pasillo dentro y contempló a quien buscaba.
El capitán Ryu se encontraba dormido placidamente en uno de los colchones. Su crimen, intentó de asesinato de otro camarada.
-Voy hacer que esto no se quede solo en un intentó- susurro Dilandu.
Apuntó el cuchillo y lo lanzó en un golpe seco en la yugular de Ryu para evitar que gritara.
Ryu comenzó a sacudirse, como cuando se mata una gallina, abrió los ojos solo para observar al joven ahí presente, encontró aun chico de pelo blanco y ojos rojos mirándolo con una gran sonrisa en su rostro, intentó gritar, pero se dio cuenta que no podía, se asustó y comenzó a sacudirse más rápido, sintió el cuchillo clavado en su garganta y con sus ultimas fuerzas lo quitó. La sangre comenzó a brotar a borbotones.
Pronto se halló muerto.
Dilandu espero a que el rió de sangre escurriera por el piso de la celda, cuando esto paso se agacho para tomar un poco con su dedo y lamerlo.
Estaba hecho.
Salió de las celdas sin que nadie se diera cuenta.
Regresó al cuarto y halló a Barin todavía durmiendo.
Si el quería podía matarla, o mejor aún podía… o mejor aún…
Comenzó a acercase a la cama, ensimismado en sus pensamientos de deseo.
Pero algo en su cabeza lo detuvo, escuchó un ¡no!, miró alrededor del cuarto, pero no halló nada, aquella voz estaba en su mente, le prohibía acercarse a esa chica.
Una mueca de disgusto se dibujo en su rostro y sin saber porque en lugar de acercarse se alejó, se acostó en el lado contrario de la cama sin cubrirse con las cobijas y se quedó dormido.
Barin despertó después de un rato, sentía algo de nauseas aunque no sabía porque, se encontró a si misma en la cama de Dilandu, intentó jalar las cobijas pero un peso del lado contrario se lo impidió, volteo para mirar y halló a Dilandu dormido junto a ella, desistió de seguir durmiendo y se levantó en silencio, era de día así que se dirigió a su cuarto lo más rápido posible para traer el antídoto que Dilandu debía tomar, otras dos dosis y Dilandu estaría curado de aquel veneno.
Cuando Barin regresó y se acercó a la cama noto que Dilandu descansaba placidamente con una sonrisa en su rostro.
-A que se deberá- susurró Barin para si misma, después se aproximo a Dilandu para despertarlo. Dilandu la miró con sorpresa y la sonrisa desapareció, la cambió por una mueca de asco como las que le dirigía las primeras veces.
-¿Que demonios quieres?- pregunto a regañadientes.
-Por favor, tome esto- y Barin le mostró el antídoto, Dilandu lo tomo sin preguntar, sintió un sabor seco y amargo en su garganta mezclado con vino. Lentamente recordó una escena, como si fuera un sueño, se vio a si mismo mareado y recostado en su cama, mientras sentía un peso sobre su pecho, una mano calida recargada en el y una pequeña presión en sus labios, se ruborizó, miró a Barin y la recorrió con la mirada.
-Me mentiste- susurró al fin- Ya recordé lo que pasó.
Barin no entendió a que se refería pero la mirada de su amo le hizo sonrojarse por primera vez.
…
Dilandu se dirigía después de haber tomado un baño y su desayuno a ver a Folken, Barin le había dado el mensaje.
Se asombró un poco de que Barin le pidiera permiso para ir al pueblo, según ella pensaba conseguir hierbas para las curaciones y el antídoto, aunque el sabía que todas las que necesitaba podía encontrarlas dentro de la base, no objeto entre más lejos estuviera esa chica, más rápido olvidaría aquellos extraños pensamientos, o más bien extraños anhelos.
Le dio un poco de dinero, mucho más de lo que necesitaba para las hierbas, a Dilandu no le importo en lo más mínimo para que lo usara. Al fin y al cabo el tenía dinero de sobra.
Aceleró el pasó, vio a dos chicas gatas gemelas, apenas lo miraron ellas. Estaban entrenando.
-Folken- dijo al entrar sin el más mínimo respeto.
-Dilandu¿Cómo te sientes?- preguntó el joven ahí, aunque su rostro no demostraba demasiado interés.
-Que es lo que quieres- fue lo que obtuvo como respuesta.
-El señor dorkick me ha ordenado "negociar" la rendición de Astrid-
Dilandu sonrió.
-Cuando nos vamos- atinó a decir.
-Mañana al alba, trae lo necesario para montar un campamento de guardia, dile a los Dragón Slayers que no quiero fallas.
-Muy bien- dijo Dilandu mientras se dirigía a la salida del cuarto.
-Por cierto, ya te enteraste que el capitán Ryu fue encontrado muerto en su celda- dijo Folken mientras miraba al joven de cabellos blancos.
-Pero, quien se atrevería a hacer algo así - volteó Dilandu con una sonrisa sarcástica.
-Yo nunca dije que lo asesinaron- observó Folken.
Dilandu quitó su sonrisa para cambiarla por una mueca de seriedad.
-Se le catalogo como suicidio, se perforo la garganta con su propia arma- musitó al fin Folken.
-Y esa clase de soldados es la que pretende conquistar Gaea- volvió a sonreír Dilandu.
-Más vale que no vuelvas a hacer algo como eso…o ya no seré indulgente- susurró Folken.
-No se de que me estas hablando- fingió Dilandu y salió del cuarto.
…
Dilandu entro a su cuarto y no encontró a Barin, debía seguir en el pueblo, Dilandu fue a buscarla.
Salió de la base de Zaibach sin su armadura para pasar "inadvertido" obviamente no lo consiguió un joven de cabellos blancos y ojos rojos jamás pasaría inadvertido.
Se dirigido al lugar más lógico que conocía al mercado, entro entre la multitud de gente que se encontraba comprando carnes de las más diversas, verduras, ropa y se dirigió específicamente a donde el sabía que vendían hierbas, sin embargo la multitud no le permitía buscar a Barin.
-Demonios- refunfuño mientras era empujado por una señora con grandes canastas.
En general Dilandu nunca salía de la base le molestaba el contacto con la gente y además no tenía la necesidad, cualquier cosa que el pidiera le era inmediatamente llevada a su cuarto. Entonces ¿Qué estaba haciendo ahí?
No perdió el tiempo en pensar aquello si no que más bien siguió buscando.
Vislumbro a Barin cerca de un puesto de joyería se acerco la tomo por el brazo.
-Regresemos a la base ahora- dijo mirando con odio a la gente a su alrededor.
-Disculpa…- una chica de la misma estatura y complexión de Barin lo miraba con sorpresa y miedo al mismo tiempo- ¿Te conozco?
Dilandu soltó el brazo de la chica y se marchó sin disculparse.
-Como se supone que voy a encontrarla- pensó, mientras seguía caminando.
- Joven Dilandu- sintió mientras alguien lo jalaba del brazo.
Dilandu volteó sorprendiéndose de la persona que encontró, era un hombre bestia más específicamente un hombre perro.
-Jajuka¿que haces aquí?- preguntó mientras soltaba su brazo de la presión que aquel soldado ejercía.
-No debería estar afuera de la base- fue lo que obtuvo como respuesta.
Dilandu no contestó nada, no tenía la obligación de explicar sus acciones.
- Joven Dilandu…-titubeó Jajuka- ¿Cómo se ha sentido?
-Bien, bien…- comentó sin atención el chico mientras seguía buscando con la mirada.
-Lo veré en la base- fue lo que terminó por decir Jajuka, mientras se alejaba con un poco de tristeza, aunque sin dejar de mirar al joven-¿Qué le abra hecho salir?-pensó
Dilandu por su parte ya no se preocupó tanto por buscar a Barin y se dedicó a observar un poco, en un inició la gente le había puesto nervioso pero ahora que se había acostumbrado disfrutó en echar un vistazo.
Miro los puestos de lo joyeros, en realidad la mayoría de los puestos solo tenían piezas de fantasía.
Uno que otro puesto sin embargo tenía botines de guerra, joyas muy hermosas a muy bajo precio pues la mayoría de la gente no quería comprar cosas que hubieran estado sobre un cadáver.
-¿Qué haces?- escuchó una voz tras de sí.
Volteó para ver quien le hablaba y reconoció a una joven de aproximadamente 25 años, muy hermosa de cabello negro azulado y ojos azules, su cabello era lacio y le llegaba a la cintura. Su cuerpo por otra parte, estaba definido a la perfección, porque una chica como ella hablaba con un joven como él… era lo que rondaba en la mente del peliblanco mientras claro seguía observando a la chica.
-Así que esta preciosidad es tu amo- volteó la chica, le hablaba a Barin.
-Señor Dilandu- saludó esta- ¿que es lo que hace aquí?
-Soy libre de hacer lo que quiera- gruño Dilandu.
-Tiene su carácter el niño- volvió a escuchar la voz de la joven de ojos azules.
-Cállate Nadia- susurró Barin- Termine de comprar las hierbas- dijo dirigiéndose a Dilandu y mostró un canasto lleno de distintas hierbas y flores que Dilandu jamás había visto, algunas de colores muy brillantes y otras con olores extraños y colores secos.
De la misma manera en su brazo Barin llevaba ropas, no lucían como nuevas así que Dilandu no supo de donde podía haberlas sacado.
-Esto…me lo regaló Nadia- musitó lentamente Barin-Pido permiso para conservarlas.
Dilandu solo hizo un ademán con su mano, como hacía siempre que no quería responder y continuó mirando las joyas, en específico miraba una diara con una incustración de corazón de dragón en el centro, era hermosa aunque no sabía porque aquella joya le llamaba tanto la atención, se veía por demás femenina.
Barin lo observó mientras Nadia seguía hablando.
-Me dio mucho gusto verte niña- y Nadia le guiño un ojo- ojala vuelvas pronto y platiquemos un poco más…Adiós guapo- dijo para despedirse de Dilandu y se marchó.
-¿le gusta?- preguntó Barin.
-¡De que estas hablando!- se exaltó Dilandu- hacer una pregunta tan directa de otra chica, que esta pensando esta niña- se ruborizó Dilandu
-De la diara¿le gusta?- volvió a preguntar Barin.
De la sorpresa Dilandu soltó la diara ante el reclamó del hombre delfín que la vendía, había confundido las cosas.
-Me atrae- terminó por decir, aunque claramente su respuesta tenía dos interpretaciones.
-Muy bien señor, si lo desea puedo hacerle un buen descuento es única en su clase y en el pueblo de donde se consiguió era usada únicamente por la realeza, perteneció a una princesa, muerta ya, por lo que ahora puede ser suya.- el hombre delfín seguía hablando mientras Dilandu solo miraba a Barin.
-Me voy- musitó el peliblanco.
-Me falta algo que comprar- se disculpó Barin y se fue al lado contrario.
Haber ido a buscar a esa chica había sido una perdida de tiempo, sin embargo pronto recordó algo.
-Barin…- volteó Dilandu, pero Barin ya se había perdido entre la gente.
…
Dilandu esperó a Barin en su cuarto, pasado un rato la chica regreso, dejo lo que había comprado en su habitación y se dispuso a llevar su cena y la de Dilandu al cuarto.
-Come conmigo- le dijo Dilandu por segunda vez y así lo hizo Barin.
Al sentarse cerca de Dilandu lo noto distraído.
Terminó de comer su sopa y observó a Dilandu comiendo carne, a los esclavos se les daba una porción menor a la de los amos.
-¿Quién era?- preguntó Dilandu regresando repentinamente a la realidad
-¿la chica?- preguntó Barin, Dilandu solo asintió con la cabeza.- ella trabajaba conmigo en la posada, era… era… ella era una prostituta- susurró Barin.
Dilandu no se inmutó, de hecho lo que pensaba en ese momento tenía relación con lo que había escuchado decir antes a algunos soldados¿Acaso Barin también realizaba ese tipo de trabajos antes de estar a su servicio? Hizo una mueca repentina de asco y barrio a Barin con la mirada.
Barin entendió lo que Dilandu pensaba, pero no se defendió.
Barin se retiró para dejar los platos sucios de la cena en la cocina al regresar vio a Dilandu esperándola cerca de la puerta.
-Tu- le dijo Dilandu mientras la acorralaba en la pared- ¿acaso eres igual que esa chica?- preguntó en una voz queda mientras miraba directamente a los ojos de Barin, Barin se quedo sin habla, comenzó a abrir su boca para intentar decir algo pero el miedo de tener el cuerpo de Dilandu tan cerca le hizo recordar la noche en que asesino al posadero. Dilandu se acercó mientras en la cabeza de Barin solo se veía el rostro de aquel hombre asqueroso.
Dilandu se encontraba cerca de los labios de Barin.
-Dime, acaso esto te ex…- le susurró apenas tocando sus labios con los de la chica.
Barin reacciono de pronto y empujó con fuerza a Dilandu quien únicamente sonrió, mientras se acercaba de nuevo.
En ese momento llamaron a la puerta.
Barin corrió a abrir. Se trataba de Jajuka.
-¿Que quieres Jajuka?- Dijo Dilandu de verdad enojado.
Jajuka al entrar y notar la escena pudo imaginar lo que pasaba.
-Joven Dilandu, solo vine a decirle que mañana partiré con usted a Astrid.-dijo rápidamente Jajuka.
-como quieras- respondió Dilandu.
Jajuka se dispuso a salir.
–Lo que sea que este pensando, joven Dilandu…- terminó antes de irse- será mejor que lo borre inmediatamente de su mente.
Y salió.
Dilandu hizo una mueca de ira mientras sus ojos mostraban unas intensas ganas de matar a Jajuka. Lo había interrumpido.
Barin no lo entendió, ese era el hombre al que tanto llamaba en sueños Dilandu, porque entonces de pronto se portaba tan frío con él. Barin alejó estos pensamientos para decir algo que consideraba más importante.
-Yo no era prostituta- Barin dijo esto de manera seca- yo le mate, antes de convertirme en eso- concluyó refiriéndose a su antiguo amo.
Y otra mueca de ira se dibujó en el rostro de Dilandu, esa niña insolente, le estaba retando, pero no podría con él de eso estaba seguro.
-Haré que me odies- sonrió Dilandu mientras Barin lo miraba con tristeza.
-Me retiro amo- dijo después de un momento.
- Mañana partiremos al alba- finalizó Dilandu.
…
Por su parte Jajuka se dirigía a su cuarto, el había sido el esclavo de Dilandu por mucho tiempo, bueno más que esclavo había sido su cuidador, en Gaea se decía que los hombres perro tenían la habilidad de tranquilizar a los niños, por eso eran lo esclavos por excelencia dedicados a las labores de familia, eran como su espíritu guardián seres nobles, fieles y serviciales.
Jajuka había dejado de cuidar a Dilandu desde que los científicos le dijeron que el joven necesitaba independencia y sobretodo esclavas mujeres.
Modificación de conducta, argumentaron ellos.
Jajuka sabía que eso era antinatural, primero lo que hicieron en su cuerpo y luego cambiar la mente de un ser humano de esa manera, no era correcto. Por eso siempre se preocupaba por Dilandu, aunque a este no pareciera importarle, el joven perro sabía todo del chico, sus sueños en donde le llamaba, la agonía de su cuerpo tras los experimentos y como se transformaba cuando hacía algo para lo que no había sido creado…
-Serena- musitó el joven perro mientras seguía caminando a su cuarto- lo único que puedo hacer es cuidarte, mientras yo te cuide seguirás viva, hasta que recuerdes.
…
Como Dilandu había dicho Barin se levantó al alba y preparo lo necesario para un "campamento" militar.
La fortaleza fantasma de Zaibach (una de las miles que tenía el imperio) despego normalmente al alba con los Dragón Slayers a bordo.
Folken la comandaba.
-Lo que quiero que hagas es un trabajo delicado- susurró Folken.
-Solo dilo y se hará- dijo Dilandu a modo de respuesta mientras sonreía, ese día se encontraba muy animado.
-Bien si así lo quieres- continuó Folken- la fortaleza se dirigirá a las afueras de Astrid, cargaras tu Orseides con todos los Dragón Slayers que creas necesitar, Dorkick esta interesado en volver a Astrid un socio comercial, pero si no eliminamos a cierto miembro de la corte eso jamás pasará.
-Lo que quieres es que eliminemos al estorbo- siguió Dilandu pensando únicamente en la palabra "eliminar"- hay que quemarlo todo.
-¡No!- regaño Folken- eres un asesino, piensa como tal- Dilandu mostró una cara de enfadó.- lo que quiero es que entres a su casa y elimines a todos- y al decir eso Dilandu entendió a que se refería… Zaibach aplicaba la ley de cero sobrevivientes la mayoría de las veces.- No quiero que parezca un ataque militar, sería demasiado sospechoso, quiero que entres con los dragón Slayers sin que la familia aplique resistencia Naria y Eriya te ayudaran para ese propósito.
Dos chicas gatas gemelas que Dilandu había visto antes salieron de las sombras.
-Podemos fingir un asaltó o un ataque y pedir ayuda en la casa, cuando nosotras entremos tu atacarás -Sonrió Eriya.
-Aunque si el amo Folken lo desea podemos encargarnos de esto solas-continuó Naria.
Folken no respondió.
-No quiero que ellas participen- dijo secamente Dilandu.
-Que estas pensando Dilandu- volvió a regañar Folken.
Dilandu le sonrió a Folken, mientras Naria y Eriya lo miraban con rencor.
-Barin, ella puede participar en esto, me encargare de ello.- finalizó Dilandu mientras salía del cuarto.
-Pero señor Folken- gruño Eriya.
-Que haga lo que quiera- susurró Folken- nos dará más tiempo para estar juntos- y le sonrió a las chicas gatas mientras ellas lo miraban sonrojadas.
-Señor Folken…- musitaron como respuesta mientras se acostaban en su regazo.
…
Dilandu se acercó a Barin sonriendo.
-Amo…- alcanzó a decir esta antes de que la abofeteara.
-Cállate- gruño Dilandu mientras los Dragón Slayers lo miraban sorprendidos.
Barin miró a su amo pero contrario a las expectativas de Dilandu no se asustó.
-Dígame que debo hacer-susurró.
Dilandu la ignoró para darles órdenes a sus soldados.
-Bajaremos en mi Orseides, lo ocultaremos cerca y mientras se crea una distracción- señalo a Barin- entraremos a la casa, quiero que maten a todos- Dilandu miró secamente a sus soldados.-Cualquier ser viviente en esa mansión es nuestra presa- continuó.
El plan era simple, bajar en un gymelef hasta un páramo cercano, fingir un robo o un ataque y pedir ayuda dentro de la mansión, cuando abrieran la puerta para socorrer a la "carnada" en este caso Barin, el ataque de los Dragón Slayers empezaría.
Barin, Dilandu, Chesta y Miguel, entrarían por el frente. Mientras que los demás cuidarían la retaguardia de la casa y las laterales por si alguien intentaba escapar, el resultado debía ser 15 muertes, 0 sobrevivientes, esto claro incluía a los esclavos y a los amos de la casa.
No debía haber fallas, al salir de la casa todos regresaría en un único gymelef, si alguien se quedaba atrás se atendría a las consecuencias.
Zaibach planeaba hacerlo lucir como un robo, en este caso Jajuka sería la pieza clave, el no atacaría a ningún ser humano y se encargaría únicamente de registrar la casa en búsqueda de objetos valiosos, el un plan simple y por ende perfecto.
Dilandu dio la explicación a sus soldados mientras miraba a Barin con una sonrisa sádica, sacó una daga y la apuntó a la chica.
-Quiero que luzcas igual al día en que te conocí- le susurró Dilandu acercando la daga.
Para su sorpresa Barin le arrebató la daga y la pasó por su rostro dejando una cortada profunda en una de sus mejillas.
-¿Así esta bien?- siguió Barin.
Dilandu no le contestó y se alejó molesto.
-Listos, vamos a partir- Ordenó. Todos sus soldados se acercaron al Orseides para este momento ya eran aproximadamente las 6 de la tarde y estaban listos para actuar. , los soldados se sostuvieron con una especie de garfios amarrados a una cuerda de los brazos del gymelef.
Barin tenía un poco de problemas para amarrarse, nunca lo había hecho.
-Toma- le dijo un chico de cabello rubio- amarrate así- y la rodeo por la cintura con la cuerda mientras le sonreía. Se trataba de Chesta.- ¿Estas bien?- susurró al ver la herida aun sangrando en su rostro.
-Si- respondió ella- es parte del juego- y también sonrió.
Dilandu los miraba a través de la cabina con enojo.
-Te haré odiarme- repetía una y otra vez el joven peliblanco- si no puedes amarme- pensaba- entonces te haré odiarme…
Cuando todos estuvieron sujetos al gymelef estaba cayendo la noche en el reino de Astrid así que Dilandu despegó, voló solo lo suficiente para alejarse de la fortaleza fantasma e inmediatamente activo la capa invisible, dejando de volar, si volaba el manto invisible no funcionaba el Orseides desapareció comenzó a descender en caída libre.
-De esta manera destruyeron mi pueblo- pensó Barin con tristeza. Mientras sentía un ligero maneo al bajar, la fuerza y la velocidad con la que aquel robot gigantesco bajaba la aturdían, no estaba acostumbrada.
Chesta estaba igual.
-Toma esto- dijo Barin y le acercó una hoja de un tono rojizo- Es una hoja de Garia si la hueles se te pasara el mareó- y le sonrió al joven rubio mientras este le respondía de la mima manera.
-Gracias.
Aterrizaron bruscamente. Todos los soldados bajaron del Orseides y comenzaron a prepararse.
Dilandu bajó y oculto con el manto su Orseides, luego volteó a ver a Barin y la encontró hablando con Chesta, la jaló del brazo.
-Prepárate- dijo secamente.
Jajuka fue al encuentro de Barin.
-No es necesario que se haga más heridas señorita- le susurró
Barin le sonrió.
-No te preocupes- lo tuteó ese joven bestia le inspiraba confianza – ya estoy acostumbrada.
Lo único que tuvo que hacer Barin fue desgarrar un poco sus ropas, apretó la herida de su rostro para que volviera a sangrar y se causó otras en sus brazos y piernas
-Joven Dilandu- se acercó Jajuka al peliblanco- no debes tratar así a la señorita.
-Cállate- fue lo que obtuvo como respuesta a su queja. -¿estas lista?- le preguntó a Barin
-Si- Barin sabía lo que estaba haciendo, de lo que iba a ser participe, miró con tristeza la mansión que yacía cerca, aún podía intentar huir Dilandu la mataría, pero al menos esas personas vivirían un poco más, un poco más como ella había vivido, si a eso se le podía llamar vivir.
Pero algo la detenía, miró a Dilandu y vislumbro a la niña pequeña de cabellos rubios y ojos azules que había visto una noche anterior, ese chico, ella deseaba seguir con él…
Se disponían a acercarse, la mansión quedaba algo lejos y Barin estaba descalza pues formaba parte del show, Dilandu la tomó por la cintura y llamó a sus soldados con la mano, todos se pusieron en marcha, corrieron a través de los arbustos para no ser vistos por las ventanas de la mansión, el duque tenía guardias y era necesario engañarlos.
Se ocultaron en un matorral cercano y los dragón Slayers tomaron posición Chesta, Jajuka y Miguel se quedaron juntó a Dilandu mientras este soltaba a su esclava. Barin salió corriendo dirigiéndose a la puerta de la mansión se encontró a dos guardias que la miraron de manera extraña uno desenfundó su espada pero el otro la detuvo, cayó a los pies de uno gritando.
-Ayúdenme, ayúdenme- lloraba- unos… unos mercenarios me persiguen… ellos quieren matarme….- Barin seguía gritando mientras abrazaba a uno de los guardias.
Un joven alto, moreno, muy musculoso y feo que le lanzaba sonrisas pervertidas.
-Espera aquí- dijo el segundo guardia que era más o menos igual que el primero solo que más agraciado y entro a consultar al duque para ver si e podía aceptar a la chica, el duque aceptó.
El segundo guardia abrió la puerta, ya era de noche y revisó las zonas aledañas para saber si no era una trampa, Dilandu hizo la señal y ganaron tiempo gracias a que Barin fingió tener lastimado el tobillo.
Dilandu se acercó y con un corte seco reventó la yugular del primer guardia, Barin se encontró salpicada de sangre, pero asombrosamente no se puso en shock, entró a la mansión siguiendo a Chesta que había acabado con el segundo guardia y se quedo ahí observando.
Era una hermosa residencia con una escalera central que comunicaba a todas las habitaciones, adornada en tonos dorados las paredes y los tapices eran de un rosa tenue y del techo colgaban hermosos candelabros.
En las paredes había cuadros con imágenes de dragones y soldados pintadas en ellos, y uno que otro retrato familiar, y sobre las mesas había bustos de los antepasados del duque, todos hombres gordos con peluquín y bigote que aparentaban soberbia.
Barin comenzó a escuchar los gritos, primero de una mujer, después de dos esclavas y luego… y luego… el llanto de un bebe.
Un hombre salió a su encuentro seguido de Dilandu venía huyendo, ella lo reconoció como el duque, era de estatura baja, regordete con bigote, aunque le hacía falta el peluquín, estaba en ropas de dormir y al ver a la chica se acercó a ella.
-Ayúdame, ayúdame- gritó de la misma manera que Barin antes lo había hecho, agitó el cuerpo de Barin que no se movió, mientras Dilandu le lanzaba un espadazo al estomago, las espada atravesó de un tajo el abdomen del regordete y casi también tocó a Barin, Dilandu quebró la espada dentro del cuerpo y profundizo la herida con una mueca sádica haciendo que las tripas del duque salieran a relucir. El duque al ver la herida en su abdomen la toco e intentó meter sus tripas olvidándose ya por completó de Barin, intentaba aferrarse a la vida mientras se desangraba y para eso sostenía sus tripas ahí expuestas, de pronto una mujer bajo corriendo las escaleras, se reconocía como la esposa del duque, era una mujer muy alta, delgada y con porte, no bella pero de un cabello rubio oro y unos ojos azules, en exceso voluptuosa, al ver a su esposo con el interior exhibido un grito ronco salió de su garganta mientras seguía corriendo. Barin se pudo dar cuenta que traía una niña de la mano, la niña lloraba y el llanto le impedía ver a su padre en ese estado.
En su desesperación la señora gritaba.
-¿Qué te ha pasado, que te ha pasado?- mientras se acercaba a su esposo.
-Que me han matado- dijo su esposo mientras se arrodillaba ante la mujer ya sin intentar sostener sus tripas, el duque cayó a los pies de la mujer muerto.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh- gritó la mujer antes de que Dilandu le cortará la yugular.
Barin solo contemplaba el espectáculo sin hacer nada, limpiándose con las ropas la sangre del guardia de la cara, que se mezclaba con sus propias heridas y hacía que ardieran.
Dilandu se disponía entonces a matar a la niña, pero al ver su rostro se detuvo, tenía el pelo rubio y los ojos azules.
Una mueca de susto se dibujo en el rostro de Dilandu iba comenzar a gritar- Jajuka- susurró y como respuesta a sus plegarias, Barin se agachó acercándose a la niña y la tomo entre sus brazos. Salió de la mansión mientras la niña sollozaba.
-Papá, mamá- gemía.
Barin no dijo nada, afuera de la mansión pudo divisar a dos chicas gato se trataba de Naria y Eriya, les entregó a la niña y regresó a su lugar dentro de la mansión.
Pudo escuchar el gritó sordo de la pequeña mientras la estrangulaban.
Sintió nauseas al entrar a la mansión, vio lo cadáveres de los amos y después vio cadáveres de esclavos, de dos niños gatos de unos 10 años cada uno.
El olor a sangre no era el que le producía asco, era el olor a mierda, la mierda regada de los intestinos del duque…
Salió nuevamente de la mansión y vomito en unos arbustos.
Cinco minutos después Dilandu y los soldados salieron, todos con manchas de sangre solo Dilandu y Jajuka permanecían como si jamás hubieran entrado a ese lugar.
Dilandu la miró y vislumbró el vomito entre los arbustos, sonrío en seco.
-En marcha- fue lo que dijo.
Jajuka arrojo los objetos robados a un río cercano, se encontraba muchas joyas y una cantidad impresionante de giradu (moneda principal en Gaea) además de algunos papeles que se suponían eran importantes.
Todos se amarraron al gymelef de Dilandu y pronto se encontraron de nuevo en la fortaleza flotante.
-Buen trabajo- dijo Folken al verlos.- pueden retirarse.
Y todos se fueron a dormir en los cuartos que les habían proporcionado.
Jajuka se acercó a Barin que aún lucía afectada.
-En esencia, el no es malo- le dijo refiriéndose a Dilandu- en esencia.
Y se retiró.
Al poco rato Barin se encontró con ropas limpias, al igual que Dilandu y este estaba cenando, Barin no había tocado su comida, le daba asco.
Dilandu sonrío a verla alejar su plato.
-¿Ahora me tienes miedo?- preguntó Dilandu- ¿Ahora me odias?-Y comenzó a reír.
-Yo no te odio- respondió Barin cabizbaja mientras unas gruesas lagrimas se asomaban por su rostro- Tú… tú… me das lastima.
Dilandu la miró primero con escepticismo y luego con rabia, había hecho todo esto, todo, y aquella chica no lo odiaba, solo sentía lastima, solo se merecía la lastima de una esclava.
Se levantó iracundo de su silla y aventó la bandeja de la comida, se escucho el ruido de la charola golpeando y los platos rompiéndose, tomo a Barin por los brazos y la zarandeó mientras la joven seguía llorando.
-Solo era una niña- lloró Barin- solo una niña- y golpeó el pecho de Dilandu con sus puños.
Dilandu de pronto se sintió indefenso, ni enojado, ni iracundo, solo confuso.
Recordó a Jajuka y recordó una imagen.
Una niña pequeña de ojos azules se abrazaba a Jajuka sollozando. Se acurrucaba en el pecho del joven perro mientras este acariciaba sus cabellos rubios.
-Ya no quiero estar aquí- lloraba la pequeña.
Por instinto. Abrazó a Barin y acarició su cabello.
Su joven esclava se sorprendió, y su sorpresa fue tal que volteó a ver el rostro de su amo.
-Tranquila- dijo Dilandu en un tono casi maternal, y volvió a ver un resplandor azul en sus ojos.
Dilandu abrazó a Barin con más fuerza, la acurruco en su pecho, la cargo y ambos se sentaron en la cama del joven peliblanco.
Barin se abrazó a Dilandu fuertemente y siguió llorando, derramó todas las lagrimas que no había derramado ese ultimó año. Al fin se sentía en calma.
Mientras Dilandu, seguía con la miraba perdida pensando.
-Tú...tú me das lastima…- asombrosamente y sin que Barin lo notara Dilandu también emitió unas cuantas lagrimas.
Notas: bueno en este capitulo no tengo ninguna nota adicional con ecepción de un gran gracias a todas las personas que se toman un rato para leer este fic, y aun más a los que mandan un review, de cualquier forma espero sus opiniones, dudas o comentarios , así bien quiero mandar un gracias muy especial a dos amigos que a pesar de sus ocupadas vidas han seguido esta historia, Rene , Daniel arigato !!! y espero platicar con ustedes pronto vale. bueno Hasta luego y espero disfruten este capitulo.
