Market Chipping era una ciudad pintoresca. A Howl le encantaba ir allí. Su empedrado, sus negocios y la misma gente era adorable. Por suerte nadie lo molestaba. Nadie sabía que era mago asi que no tenía que ir ocultándose. Solo seria Howl. Sin compromisos ni abuelas persiguiéndolo. Al principio solo había ido hasta ese lugar porque sabía que Ben estaba por algun lugar pero sin embargo no había podido encontrar nada más que la guitarra y la calavera.
Discretamente fue preguntando a los campesinos pero nadie recordaba haber visto al mago y muchisimo menos al principe Justin. ¿Es que nadie se había fijado en un mago o en un principe? Tontos o despistados...quizás una mezcla de ambos.
Sin embargo en ese lugar tan pequeño y calmado su aprendiz había encontrado el amor. Tan joven y ya enamorado. Sin duda una muchacha hermosa. Por supuesto ya sabía quien era Martha. La menor de tres hermanas. Como todo en ese mundo, ella tenia un conjuro puesto pero seguro que Marko ya sabía al respecto. Martha era famosa por su belleza y su personalidad. La observaba desde lejos y decidió que era una buena mujer para su aprendiz.
Howl ya casi había olvidado cuantas chicas había enamorado sin embargo a él no le pasaba igual. No sabia porque pero al principio pensaba que funcionaría pero luego veía esas caras enbobadas y sabía que ninguna de ellas serían para él. Todas le decían que si a todo. Si les pedía la luna pues eso iban a buscar para darle. Solo le querían por su aspecto pero ninguna lo amaba. Nadie sabía como era realmente.
-¿Otra porción de tarta?- La camarera de Cesari lo sacó de sus cavilaciones. –No gracias- respondió el mago.
Caminando por las calles Howl se encontró de repente con un cartel. Estaban buscando a una muchacha. Se acerco más de cerca para ver y que desconcierto se llevó cuando se dio cuenta que era su pelirroja. Se busca Sophie Hatter. Qué raro... Se llamaba igual que su nueva ancianita. Su mentora le había enseñado hace tiempo que las casualidades no existían. ¿Podría ser que sean la misma persona? Quizás no. Quizás si. De sobra Howl sabía que muchas chicas se escabapan de sus casas para irse con su amado. ¿y si ella había huído? ¿y si salió a buscar fortuna? Quizás el destino era que no la conociese o tal vez debía rescatarla de alguien o de algo. Un pensamento alentador ya que siempre legustaba ayudar a una señorita más si se enconraba en apuros. Sin embargo había algo que no cuadraba. Si esta señorita esta desaparecida ¿cómo puede su hermana trabajar tan tranquilamente?
Misterios para resolver... quizás lo mejor sería acercarse y concocer los detalles. Una buena acción no le haría nada mal. ¿pero qué estaba pensando? Por dios debia dejar de obsecionarse. Tenía una misión y era averiguar el paradero de alguno de los perdidos. Lo que menos quería era que el rey lo llamara para nombrarlo mago real. Hasta el momento había podido eludir el cargo pero si Ben y el principe seguían sin aparecer lo más probable era que oficialmente lo declararan Mago real y eso significaba o encontrar al principe o la persecución y muerte a demás del mal nombre que le quedaría.
Una muchacha no debería sacarle el poco tiempo que le quedaba antes de que el rey ponga sus garras en él. ¿qué les pasaba? El rey, la bruja, ¿quién más iba a perseguirlo? Debería desaparecer y empezar de vuelta. Hay tantos mundos los cuales podria iniciar pero sin embargo en este mundo se sentía cómodo, tranquilo. Sentía que este mundo era su mundo no como Gales donde tenía que fingir constantemente.
Cuando Howl llegó a su castillo se encontro con una cocina decente y con un montón de quejas. No sabía si romper a carcajadas o qué. Tanto Calcifer como Marko no dejaban de quejarse pero ellos no tenían la culpa. Pasó mucho tiempo desde que el castillo estaba limpio. Tanto tiempo que si no hubiera sido por Sophie se habría olvidado de hasta el color de las paredes.
—¿Has matado alguna araña?
—¡Claro que no! —saltó Sophie. Sus achaques la habían vuelto irritable
—. Con solo mirarme salen corriendo. ¿Qué son? ¿Las chicas a las que les has comido el corazón? Howl se echó a reír.
—No, son arañas normales y corrientes — Si esto es lo que quiero. Un hogar limpio, comida y alguien que me haga reír jaja quien iba a decir que la anciana me haría caso. Eso si, es un torbellino pero me gusta su determinación. Y con este pensamiento Howl subió a su habitación.
