Notas del capítulo._

Hola a todos! Bueno... no estoy muy bien hoy. Para serles sincera... mi hermanita menor está en el hospital y eso me mantiene alterada. Ella... se rompió la cabeza cuando se calló jugando con una prima. Bueno... no debería estarlo contando pero necesitaba hacerlo, así que aproveché y escribí este capítulo.

En fin, mi momento de relajación y tortura personal empieza. No quisiera ir al hospital por que mi relación con mi hermana pequeña es muy estrecha (a pesar de la diferencia de años) y más me duele a mí verla que a ella con sus siete puntos.

Bueno... coraje Suika! XD

Aclaraciones._

Kyou kara maou no me pertenece, sino a su autor. Los personajes son exclusividad de ella y yo solo los uso fiel al deseo Yuuram-ista y para llenar esta sección y ganarle a los franceses que nos llevan apenas pocas páginas!

Bueno... a leer!

O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

Título ·:"Sólo para mí":·

Género "Drama"

Advertencias "Aparece Wolfram"

Capítulo II._ "Extraña invitación"

Estaba de pie, frente al jardín donde solían entrenar los soldados, totalmente solo. Como la mayoría de los últimos días, Gwendal terminó de desayunar antes que el resto y se dirigió a su oficina para mandar solicitudes, enviar cartas, ordenar papeles y distribuir a su ejército tareas necesarias e importantes.

Conrad, por su parte, había estado actuando raro desde hace una semana. Parecía intranquilo y tenía un semblante con expresión perturbada por algo. El castaño híbrido de sonrisa pacífica y despreocupada no era más que un recuerdo de antaño ¿Qué sucedía?

Al menos agradecía que Chery y Greta hayan salido muy temprano a pasear a la ciudad, ellas estaban ahora junto a un séquito de soldados que no dudarían en protegerlas. Eso lo calmaba.

Continuó caminando sin rumbo. Sabía que tenía que dirigirse a su aburrida oficina pero, por primera vez en mucho tiempo, pensaba escapar de sus deberes como rey. Recordaba que esta clase de días, cuando todo era tan monótono y silencioso, estaba una persona que lo ayudaba a distraerse. Un buen compañero que, al igual que el resto, estaba presto a seguirlo sin quejas. Un excelente soldado que, bajo la excusa de un erróneo compromiso, se había convertido en su mejor amigo y guía.

Wolfram Von Bielefeld.

El mazoku de fuego.

No recordaba haber visto a Wolfram en el trayecto ni en el campo de entrenamiento, lo más probable era que aún continuara dormido.

– Al menos alguien disfruta de paz – se dijo en voz baja mientras continuaba su camino.

Sonrió tristemente de lado, bajando el rostro lentamente. Él... no se había disculpado con el soldado luego de su última pelea. Se sentó en una de las bancas junto a la pileta que se encontraba en el centro del jardín y llevó ambas manos hacia su rostro, apoyando sus codos en sus muslos. Aquella fría frase aún daba vueltas en su cabeza junto a la expresión de sorpresa de Wolfram.

– "No es el caso pero te diré que hay prioridades que debo atender antes" –

Recodaba claramente el suceso. Sus duras palabras, su tono molesto, su indiferencia, la sorpresa de Wolfram, sus ojos abriéndose de par en par, su labio inferior siendo mordido para contener la rabia, sus puños fuertemente apretados contra sus piernas, su mirada esmeralda llena de dolor...

Desde que las alianzas se estaban sellando, su tiempo con el rubio había disminuido considerablemente. Las largas horas en la oficina aumentaban, al igual que sus responsabilidades como rey; sus entrenamientos se volvían más duros y sus clases con Günther también.

Además... su relación no iba muy bien...

Las riñas entre ellos ya eran cosa de todo los días. Primero advertencias, luego quejas, después amenazas, y por último... la incomodidad al estar juntos.

Se conocía muy bien, él era la clase de personas pacíficas que, para evitarse problemas, dejaba los problemas de lado y trataba de rescatar solo lo bueno. Sin embargo, su indiferencia frente a su compromiso significaba otra cosa totalmente opuesta para el rubio.

Desinterés.

Suspiró profundo y cruzó una pierna sobre la otra mientras apoyaba su cabeza sobre su mano izquierda, cerrando los ojos. Estaba decidido, perdería el día sin ir a su oficina y buscaría a su prometido, se disculparía y luego pasaría el resto de la tarde en su compañía.

Wolfram... ¿Dónde estaba?

O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

No hace mucho que se había despertado.

Después de estirar sus cansados músculos, salió de la cama perezosamente, bostezando a pesar de no ser tan temprano. Se dirigió hacia el baño, tenía que asearse.

Era invierno así que hacía frío. No tenía ganas de bañarse por lo que solo lavó su cara y parte de sus brazos. Regresó a su habitación, las sirvientas siempre dejaban la ropa limpia dentro del armario. Sacó su conocido y siempre usado uniforme azul, y se vistió con él. Una vez ya listo, se terminó de abrochar la chaqueta frente al gran espejo de cuerpo entero que tenía junto al velador, acomodándose el cuello y las mangas.

Se peinó cuidadosamente, acomodando un par de rebeldes cabellos atrás de su oreja, y se contempló.

Se veía muy bien, a pesar de no usar nada diferente.

Sonrió quedamente, dispuesto a salir, cuando un golpeteo proveniente de la puerta llamó su atención. A grandes pasos recorrió la gran habitación, lo más seguro era que era la sirvienta que venía a limpiar el dormitorio.

Tenía que serlo, siempre llegaba a esa hora.

– Ya voy – dijo con su típico tono lleno de molestia y abrió la puerta.

– Muy buenos días, joven Wolfram – dijo aquella voz, tan suave como tranquilizadora.

El rubio se sorprendió al ver de quien se trataba.

– Pero... Sebastian... ¿Tú...? – El susodicho rió.

– Acabo de llegar, no te preocupes –

Wolfram cambió su semblante, mostrando una sonrisa.

– Ya se me hacía raro, no tenía conocimiento de que habías pasado la noche aquí – dijo mientras terminaba de cerrar la puerta.

– Padre ha estado en este castillo por varios días, madre está preocupada –

– ¿Preocupada? –

– No es nada grave... ella es muy observadora y, especialmente ahora, muy cuidadosa –

Wolfram sonrió y comenzó a caminar. No conocía muy bien a Sebastian pero si recordaba haberlo visto en las fiestas que su madre organizaba cuando él era un niño. Aquellas celebraciones cuyo único fin era conseguir un nuevo hombre para la sexy Queen y que se comentaban de norte a sur y de este a oeste con grandes expectativas.

– Wolfram... yo... ¿Te molestaría salir a cabalgar un rato... conmigo? – preguntó el joven sonrojándose. No habían hablado tanto antes; por ello, no sabía si el demonio de fuego aceptaría tan osada invitación.

– Está bien – respondió el rubio más animado. Lo más seguro era que Yuuri esta nuevamente ocupado con sus papeles y sus acuerdos ¿Por qué él no podía también divertirse?

Sebastian le devolvió la sonrisa y, con una mano extendida y la otra en su estómago, lo invitó a pasar y así guiarlo, acompañado de una elegante reverencia. Sin duda los modales de noble corrían por las venas de su invitado, aquél mazoku parecía poseer una gran educación e inteligencia.

Wolfram avanzó hacia delante, agradeciendo por el gesto, y comenzó a caminar rumbo al establo.

– ¿A dónde te gustaría ir? – preguntó ladeando el rostro para ver mejor a su acompañante.

– Quiero que me lleves al montículo más alto donde se pueda ver todo el castillo y los territorios fronterizos – dijo, también girándose para verlo – Espero no ser una gran molestia – agregó esbozando una sonrisa.

Wolfram lo contempló en silencio largos segundos, era la clase de frases que Yuuri decía acompañado de la misma sonrisa estúpida en su rostro.

Yuuri...

– Para nada – respondió el soldado, saliendo de su trance – Está bien por mí. Hay una montaña a veinte minutos en caballo, desde allí pues ver incluso el territorio norte y parte del mar del oeste. Montaremos a caballo y podemos almorzar allá si también lo deseas –

– Excelente – respondió el mazoku entrecerrando los ojos, ocultando la malicia en su media sonrisa fingida.

– Pero tengo otra pregunta – dijo el soldado casi llegando a una esquina – ¿Para qué...? – pero no pudo continuar por que algo impactó contra él.

Dos fuertes sonidos retumbaron en los oídos de los jóvenes y un quejido se hizo escuchar. Sebastian atrapó entre sus brazos al demonio de fuego quien estaba por perder el equilibrio.

– Lo siento – dijo Wolfram tocándose el pecho, sobando el lugar impactado.

– Mis más sinceras disculpas, su excelencia – dijo una voz desde el otro lado de la esquina. El rubio se paró, dispuesto a ayudar a la joven sirvienta con la que había chocado cuando algo en ella llamó su atención.

Era pequeña, cabellos oscuros y cortos, ojos pardos. Su vestimenta era igual que la del resto y sus marrones botas lucían bastante nuevas.

– Con su permiso, su excelencia – dijo la muchacha haciendo una reverencia y retirándose rumbo a las habitaciones. Wolfram asintió y continuó su caminata.

– ¿Qué me decías, Wolfram? – preguntó el príncipe notando lo distraído que estaba su acompañante.

– Ya lo olvidé ¿De qué hablábamos? – respondió el rubio tratando de parecer ameno pero la verdad era una, estaba bastante distraído y al algo lo inquietaba.

¿Quién era esa nueva sirvienta?

O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

Yuuri aún permanecía en el mismo lugar, sentado junto a la pileta, en medio del jardín. Veía a los soldados pasar, uno a uno, con los diferentes uniforme conforme al bando y rango en el que estaban.

Suspiró por quinta vez, Wolfram no aparecía.

Estaba cansado de esperar ¡Bien, tenía que actuar! Lo primero era ir a la habitación, luego buscarlo en el comedor o en los pasillos. Pero el castillo era tan grande que de seguro no lo hallaría hasta dentro de un buen rato.

Se levantó con intensiones de preguntar a cualquiera sobre el paradero de su prometido cuando lo vio ¡Bingo, lo había encontrado! Corrió a paso ligero mientras movía su brazo hacia ambos lados cuando notó al muchacho que lo acompañaba.

No muy lejos del rubio, yacía otro el joven mazoku de sangre noble. Los dos parecían hablar de algo y reían ante los comentarios del más alto. Yuuri se detuvo a observarlos, para su suerte ninguno se había percatado de su presencia.

Los chicos caminaban en dirección al jardín, de seguro que Wolfram comenzaría con su entrenamiento junto a sus soldaos. Continuaron avanzando cuando el moreno notó que ni siquiera giraban a ver a los que esperaban en los campos. Entonces... si continuaban de frente... ¿Llegarían al establo?

Doblándose un poco, Yuuri caminó con sigilo tratando de esconderse entre la maleza y los arbustos. Dentro de poco perdería de vista a la joven pareja, por lo que aceleró el paso, casi avanzando a gatas.

Se detuvo al igual que los mazoku, frente al establo.

El lugar era bastante pequeño. Hecho a base de madera, tenía dos grandes portones en la entrada con una cruz en cada puerta, de un marrón más oscuro que el resto de las paredes. A simple vista parecía una cabaña con techo a dos aguas pero era de un tamaño más considerable y la paja comenzaba a salirse por la entrada.

Se levantó un poco, mirando hacia ambos lados para no ser descubierto. Maldición, sabía que no era ético espiar a su prometido. Los chicos entraron en aquel pequeño cuarto de donde se escucharon varios relinchos de caballos. Miró nuevamente, desde su lugar ya no los podía ver, solo le quedaba seguir adelante.

Atisbó por última vez hacia ambos lados antes de cruzar y corrió tan rápido como pudo hasta llegar al otro lado. Se pegó contra la pared de madera del establo y trató de escuchar mientras avanzaba rumbo a la puerta. Su corazón latía a mil por hora, no estaba bien lo que hacía, pero, por alguna razón, no se sentía arrepentido ni nada.

Por fin llegó, la entrada estaba abierta lo que significaba que no tardarían en salir. Agradeció al cielo y se agachó, arrodillándose, mientras ponía una mano en la madera y la otra en su rodilla.

– Lamento ser tan exigente – dijo Sebastian acercándose a un caballo.

– Ya te dije que está bien – respondió Wolfram cerrando la puerta de un armario en el que momentos antes buscaba algo. Con una pequeña llavecita, echó llave al mueble y, recogiendo lo que había dejado en el suelo, tomó una gran silla para caballo y se la dio al otro mazoku.

El invitado recibió la silla con total agrado, sabía que con solo las manos de Wolfram demoraría lo que quedaba de la mañana solo preparando a los jamelgos así que lo ayudaría. Colocó la fina silla sobre el lomo del animal y, tirando de las tres cuerdas del lado derecho del objeto, las ató pasándolas por debajo de su estómago y las apretó lo más que pudo. El animal relinchó en disconformidad y el rubio sonrió.

Continuó buscando una cuarta cuerda, esta vez la tomó de la parte delantera de la silla y caminó con ella alrededor del caballo, hasta estar frente al animal. Esta estaba conectada al bozal, que colocó en su hocico, y acomodó la tan útil vara de madera mordida entre los dientes del cuadrúpedo; eso le serviría de freno en caso de emergencias.

– ¿Te parece ver el atardecer juntos? – preguntó de pronto Sebastian, ya terminada su labor – O... tienes labores que hacer ante. No hay problema si deseas regresar antes –

– Para nada, está bien – respondió Wolfram también listo para salir – Pediremos la merienda a la cocinera ahora si así lo deseas ¿Vamos?–

Ambos rubios asintieron y montaron, haciendo relinchar a sus caballos mientras pateaban sus muslos traseros para que así avanzaran.

Yuuri cerró sus puños con fuerza ¿Por qué de pronto estaba tan molesto? No quería que Wolfram se fuese, y menos con ese chico que ni siquiera conocía y no le inspiraba confianza alguna.

Sin disponer de mucho más tiempo, se decidió a actuar según su instinto.

De pronto, se levantó de su lugar en el suelo y, extendiendo ambos brazos, se interpuso entre la puerta del establo. Wolfram, ante la sorpresiva aparición del maou, tiró de las riendas de su caballo y lo obligó a relinchar. El animal saltó primero en dos patas y luego continuó en cuatro, para disgusto del demonio que apenas podía controlarlo.

– ¡Yuuri, ¿Qué haces? ¡Es peligroso!! – replicó su prometido frunciendo el ceño. Sebastian forjó una sonrisa tranquilizadora y estiró una mano en dirección a Wolfram, pidiéndole que se detuviera.

– Su majestad – dijo con un tono calmado – Eso fue muy temerario. Le sugeriría que no lo volviese a hacer, uno nunca sabe si el caballo frenará a tiempo – agregó volviendo a mirar a su rubio acompañante que permanecía quieto – Bueno, ya que nada grave a pasado, nos vamos. Tenemos prisa así que discúlpenos. Con su permiso... – se despidió, avanzando unos cuantos pasos el caballo pero el japonés permanecía perplejo, no tenía intenciones de moverse.

El noble tiró de las cuerdas y sonrió maliciosamente. Yuuri enfureció aún más ante el gesto bajó lentamente los brazos mientras apretaba el puño con fuerza.

Ese elegante joven tan cordial con Wolfram. Esa expresión llena de intenciones ocultas en su rostro.

Por alguna razón, sabía que no podía llevarse bien con aquel muchacho.

¿Por qué de pronto... su corazón dolía?

Notas del final del capítulo._

Bueno, capítulo dos terminado! En fin, como dije, a partir de ahora Wolfram empieza con su protagonismo. Bueno, alguien me recordó que Wolf estaba muy melancólico en el capítulo anterior pero, como ven, lo necesitaba un poco resentido con Yuuri para profundizar y confundir sus sentimientos.

Ah! Recuerden que se supone que llevan varios días peleando, y por cualquier cosa. Mmmm... es todo por ahora XD espero que les haya gustado y que lo disfruten! Sino, me dirán y esto quedará en el baúl de los recuerdos XD.

Hasta pronto! Cuídense! E idolatren el Yuuram!

Suika-chan