Querida 15marday: Killian no te preocupes, que no es importante en esta historia, no al menos en la parte del presente, él es parte del pasado. Emma va a tener que currárselo mucho para que Regina confíe en ella de nuevo.

Dedicado a Andrea, a Eva, a todas las personas que me apoyan con esta historia y bueno, no puedo decir mucho más, leed y os enteraréis de todo. PD: He hecho referencia a una serie de Marvel y Netflix, quien la averigüe, tiene premio: que me deje en un review la respuesta y una escena SQ o de otra pareja que quisiera ver y escribiré un one shot )

Abrí los ojos mucho antes de lo esperado. Me asomé a la ventana y vi que ahí seguía Emma, esperándome. Las 5:03 a.m. Hora de que se marchara a su puta casa y no volviera en su puta vida, y perdón por el lenguaje, pero es que me enervaba sólo de verla.

Me puse una bata alrededor para protegerme del frío y bajé las escaleras con prisas, cuanto antes se fuera, mejor.

— Pssss, Emma —susurré tocando la ventanilla del coche, pero no parecía despertarse. Volví a tocar, y a tocar, pero al ver que no se enteraba, decidí reírme un poco a su costa. Llamé a la policía y les dije que me estaba acosando, les expliqué que fuimos amigas en un pasado y que ahora me estaba siguiendo, les dije que temía por la seguridad de mi hija y, obviamente, los agentes se encargaron de Emma. Yo no me quedé a verlo, me fui a la cama y me olvidé de que ella existía.

El día trascurrió con normalidad: horas después, me levanté, le hice el desayuno a mi hija, conduje hasta el bufete, me fui a mi despacho a trabajar y… bueno, entro Graham. No tenía nada en contra de él, era mi compañero de trabajo, pero a veces se le metía en la cabeza que debía meterme en su cama, y eso no era agradable. Entró sin llamar y con un enorme ramo de rosas rojas que depositó en la silla que había enfrente mía.

— ¿Humbert, cuántas veces te tengo que decir que no voy a salir contigo? —dije ocultando una pequeña sonrisilla. Pobre chaval, no se cansaba.

— No son mías, Mills, lo juro. Las ha traído una chica llamada Emma, dice que son para ti, que espera que leas la nota y le des una segunda oportunidad, que no sabe en qué se equivocó, pero lo lamente y te echa de menos —concluyó leyendo un papel. — Siento haber sido tan insistente, si hubiera sabido que te gustaban las chicas no me habría empeñado —añadió un poco triste, y yo pensé en aclararle que no tenía ningún tipo de relación con Emma, pero entonces, me di cuenta de cómo alejar a Emma.

— Graham, es sólo que… bueno, Emma y yo fuimos amigas, y ella quiso algo más… verás, me siento un poco incómoda con ella, no para de acosarme y de verdad que es molesto —le mentí, poniendo mi mejor cara de angustia. No estaba bien hacerle eso a Graham, el pobre chico sólo era un becario colgado por mí, pero de verdad que quería que Emma se marchara. Creía que ya lo había superado, pero me equivocaba: si ella seguía insistiendo, probablemente yo cediera, y eso era lo que menos quería. Aunque siempre había parecido la más mandona de las dos, lo cierto era que era muy dependiente de ella, y me costó mucho recuperarme. Por eso mismo, ahora la quería lejos: odiaba reconocerlo, pero aún la necesitaba.

Graham me miró preocupado, y yo le devolví la mirada; no, no podía utilizarlo, no era justo.

Me levanté y salí de mi despacho, necesitaba pensar y olvidarme de todo, así que me marché a Central Park, nada mejor que un lugar grande para perderme entre la multitud y que nadie me encontrara. Allí me puse música, Lana del Rey, y mi cerebro comenzó a funcionar. Apreciaba que Emma se preocupara por mí, de verdad, pero el sentimiento de traición era algo muy difícil de borrar; si seguía siendo la misma de antes, ahora probablemente estuviera en casa, tirándose de los pelos, buscando una manera de llegar a mí. Sé que quizás no estaba siendo del todo justa con ella, pero sufrí mucho y me costó años darme cuenta de que no era mi culpa, no era algo que mereciera que me pasara, no me lo busqué. Tenerla ahora enfrente mía reabría muchas heridas y no podía, no quería pasar por eso otra vez. Empecé de nuevo, fui una persona nueva y tener a Emma Swan de vuelta anulaba todo lo que tanto trabajo me había costado conseguir.

Volví a casa, le expliqué a mi jefe que no me encontraba bien y que por eso me había marchado, y me lo había perdonado porque era buena en mi trabajo. Hice la comida, ordené un poco los juguetes de mi preciosa hijita y me puse a mirar fotos antiguas. Lo sé, era masoquista. Entre las fotos, encontré una que nos hizo Eva, la madre de Regina, cuando las dos entramos al colegio. En ella se me veía a mí, con el pelo corto y rizado, con un vestido de flores en el cual se me veía incómoda y molesta, tirándome de la falda y a Emma, con la cara llena de helado de chocolate, mirándose la camisita nueva que llevaba, la cual era rosa y estaba llena de helado marrón. Éramos adorables. Recuerdo que, en primero de primaria, Killian me mordió en la pierna, y cuando yo empecé a llorar, Emma le empujó al pie de la escalera con tanta fuerza, que si no llega a cogerse a la barandilla, se hubiera caído. Ojalá…

También recuerdo que, cuando él le rompió las gafas a Emma, ella se puso a llorar porque dijo que su padre se iba a enfadar mucho, y entonces yo le arañé la cara muy fuerte, tanto que, tras eso, se le quedó una cicatriz en el pómulo derecho. Oh, eran buenos tiempos, yo la defendía a ella, y ella me defendía a mí.

FLASHBACK

Todo el mundo se reía y bailaba, y Regina estaba sentada en un banco, aburrida. Nunca le había apetecido ir de botellón, y ahora se reafirmaba en lo que pensaba: era estúpido y un bodrio. Emma se había ofrecido a ir a por unos refrescos, y cuando volvió, se encontró con una escena que le hizo hervir la sangre: Regina hablaba con el chico nuevo, el tal Robert, o Robin, o como demonios se llamara. Regina sonreía y él hacía muecas absurdas, y Emma sintió los celos correr por sus venas. No sabía muy bien lo que estaba sintiendo, pero desde hacía unos meses, no hacía más que hablar de Regina, seguirla a todos lados, mirarla, dibujarla, todo. Si bien era cierto que de pequeñas era la morena quien seguía a la rubia, eso había cambiado. Emma había notado el cambio físico en Regina, ahora veía más bonitos sus rizos, admiraba más sus piernas, se fijaba más en sus curvas, y ni qué hablar de cuando dormían juntas, no podía dejar de abrazarla, odiaba que estuvieran separadas. Según su padre, le gustaba Regina, pero Emma no quería admitirlo. Nunca se había cuestionado porqué sí veía a las chicas bonitas pero a los chicos no, pensaba que era algo natural. Ahora, estaba aterrada, no por el hecho de ser homosexual, sino porque no podía vivir sin su amiga, y eso no pintaba bien. Bebió un trago de su refresco de limón y miró atrás, a donde estaba Killian Jones, el chico que había repetido hasta los cursos de parvulitos, el chico que se había acostado con más chicas de las que podía contar; miró fijamente y le dio asco su pecho peludo y su patética "barba", pero él parecía muy interesado en ella y… mientras que ella se moría por besar a su mejor amiga, ésta le reía las gracias al chico nuevo, así que Emma se dio media vuelta y, con su más bella sonrisa, se acercó al llamado Hook.

FIN FLASHBACK

Guardé todo en la caja en la que estaba, con un sabor agridulce en la boca del estómago. Decidí que un whisky no me vendría mal, ignoré las llamadas de Zelena, de las cuales sólo contesté una y para decirle que por favor recogiera a Blanca y se la llevara a comer con ella, seguro que estaba deseando ver a su primo Roland. Yo me marché al bar que más cerca estaba de mi casa, y cuando entré sólo estaba Jessica, una chica que siempre estaba ahí, y Luke, el dueño del lugar. Pedí un whisky, y otro, y cuando iba a por el tercero, vi a Emma intentar entrar, así que salí corriendo, pero ella me vio. Sí, sé que parezco una cobardica, pero enfrentarla no era lo que necesitaba en ese momento. Salí por la puerta de atrás y ella me persiguió por un callejón que desembocaba en una avenida, la cual yo conseguí cruzar ilesa. Sin embargo, la rubia cabezota no podía decir lo mismo. Cuando me di la vuelta, el cuerpo de Emma estaba en el suelo y el coche se había dado a la fuga. Por un momento, el tentador pensamiento de dejarla ahí tirada me cruzó la muerte, pero no podría cargar con mi conciencia si lo hacía. De verdad que deseaba no preocuparme por ella, pero ni siete años ni miles de kilómetros podrían borrar nuestro pasado o su lugar en mi corazón. A menudo pensaba en lo que hubiera pasado si yo hubiera sido la chica fea, si Emma hubiera sido quien tuviera a alguien detrás suya; quizás seguiríamos siendo amigas, quizás nunca hubiera tenido a mi hija…

De camino al hospital, recordé la vergüenza que pasé cuando tuve que contarle a mis padres lo que ocurrió, el dolor al recluirme en casa, la angustia y las pesadillas, los años de terapia… y una vez pusimos un pie en el hospital, una vez Emma estaba en cama, una vez estaba estable y dormida, le susurré muy bajito, muy cerquita de su cara, con las lágrimas atravesadas en mi garganta, un lloroso "ojalá te mueras". Me quedé a mi lado, supongo que eso representa nuestra relación: yo la quería bajo tierra, pero aun así, no podía dejarla. Lloré con fuerza, le cogí la mano, besé su frente, acaricié su cabello, y mis manos alrededor de su cuello se veían de repente bien, pero me contuve.

— ¿Es usted familiar de Emma Swan? —preguntó la enfermera, mirándonos con cara sospechosa.

— Sí, bueno, soy… —me costaba encontrar las palabras— una amiga. La mujer alzó las cejas como si no se lo creyera y movió la nariz.

— Su… amiga —dijo dando énfasis a la última palabra— está estable, tiene una costilla rota y un esguince de mueca, pero nada más. Ha tenido suerte. Mi consejo es que repose y que se mueva sólo para lo estrictamente necesario —dijo antes de salir. Y justo cuando estaba en el umbral de la puerta, se giró sonriente y añadió — Hacen una hermosa pareja; mire el lado positivo, ahora tendrá la oportunidad de cuidar de ella todo el tiempo. Así conocí yo a mi esposa, me recuerdan a nosotras de jóvenes —concluyó saliendo y cerrando la puerta. Yo miré una vez más a Emma, y al pasar al otro lado de la cama a coger un poco de agua que había en una mesilla, lo vi: llevaba una pulsera arcoíris. Claro, ahora entendía la reacción de Graham con lo de las flores y el comentario y las miradas de la enfermera. ¡Pensaban que éramos pareja! ¡Qué barbaridad, Emma y yo, novias! Era absurdo, aunque he de reconocer que… podría colar. Rubia, morena; abogada, tatuadora; nos conocíamos muy bien; teníamos todas las de ser tomadas por una pareja. ¡Era absurdo!

Mi teléfono sonó y yo aproveché para marcharme. Justo cuando abría la puerta, la voz drogada de Emma me llamó la atención.

— ¿Gina? —preguntó, y lo dijo con un fragilidad que me partió el corazón. La miré a los ojos, desde la puerta, con la mano en el picaporte y mi teléfono sonando. — No me dejes —me suplicó, vulnerable, todavía desorientada y adolorida, justo como estaba yo aquella noche.

— Yo te supliqué lo mismo —dije en voz alta. —Te supliqué que te quedaras, que no me abandonaras —solté con rabia, despertándola un poquito. — Ojalá te mueras, Emma Swan —escupí con ira, saliendo de aquel lugar sin apenas poder contener las lágrimas.

Pedí un taxi y volví a casa. Blanca llegaría en unas horas y yo necesitaba estar presentable. Antes de ducharme y ponerme cómoda, decidí sacar todas las fotos que tenía de Emma conmigo y romperlas. Las rompí, las quemé, me deshice de las cenizas y llamé a Daniel.

— Dijiste que jamás te aliarías con una persona tóxica, ¿recuerdas? Bueno, va siendo hora de que conozcas a la señorita Swan.