Aclaraciones de lectura:
-Letra normal: dialogo, relato.
-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.
CAPÍTULO 3
Suaves ronroneos arrullaban la noche, en medio de ronquidos y palabras ininteligibles; el sonido armonioso de aquella respiración parecía un hechizo y él luchaba contra el impulso de seguir el ritmo; incluso su alocado palpitar se revelaba en pro de emular al otro.
Era desquiciante.
Se incorporó del lecho, medio asombrado y medio arrogante al descubrir que el chucho ni advertía sus movimientos. Para ser un felino era torpe, a cualquier mínimo indicio de movimiento debería reaccionar, ¿no? Él encontraba difícil tan solo concebir el anhelado sueño, pues al parecer sus sentidos estaban anormalmente agudizados, más de los normal…
Tendría que acostumbrarse.
Con involuntarios y ágiles reflejos logró acercarse a la salida, con algo de malestar ante la repentina sensación de recelo.
Era un puto gato, lo justificaba.
Abrió la puerta sin dar paso a un segundo pensamiento y trepó, con temor ausente, sobre la extraña vivienda en el árbol.
Entre un murciélago y un gato, la diferencia es notable al escalar. Y conociendo el carácter del ex maestro de pociones, era mejor no comentar sobre ello, si algún valiente le veía. Aunque resultaba absurdo que alguien pudiese ver algo ahí afuera estando tan oscuro…
A menos que fueses un gato o tuvieses vista con superpoderes.
Lo cierto es que Sev es un gato, paranormal y punto.
El aliento quedó atrapado en su pecho ante la magnífica escena que se pintaba a sus ojos. Pero ¿cómo rayos era posible ver el exterior en una noche sin luna?
El cielo estaba cubierto de una densa nubosidad que tintaba de azul pétreo todo el horizonte y daba un aire místico a las frondosas copas de árboles en sombra, brillantes y oscuras. La noche era un negro manto azulado…
¡¿Y por qué rayos se imaginaba al chucho con el cielo de fondo?!
Mejor pregunta ¡¿cómo era posible ver negro sobre negro?!
Ah, si. Esa indomable cabellera negra con reflejos azules era demasiado "brillante" hasta para sobresalir sobre sí misma.
…
Debía aceptarlo, tenía su atractivo. Desde la punta de los cabellos hasta las curtidas uñas de los pies- ¿ahora pezuñas?-
Agitó sus pensamientos, intentando disiparlos para frenar la inminente erección que amenazaba romper sus pantalones. Era increíble como de solo pensar en sus cabellos le ponía y no lo admitiría en voz alta ¿ni bajo un imperius!
Eso piensa él ahora. ¿Qué dice usted, mi amigo lector?
Ok. Volvamos al tema, el tío es un mortífago y su humor negro sobrepasa lo imaginable. Podéis haceros a la idea de que me está fulminando con la mirada justo ahora, se ha vuelto narcisista.
…
Otra cosa que había notado al vestirse, era la dureza de su propio cuerpo- aunque no era escuálido ni mucho menos en su ¿otra vida?-. En fin, no sabía por qué tanta pretensión cuando nunca se había sentido satisfecho con su apariencia, hasta el punto de ignorarle y al extremo de no importarle que le llamasen murciélago o pelo mugriento. Pero ahora no deseaba dar pie de guerra ni molestarse en frenar su propia satisfacción. Ahora poseía una cabellera más corta, con un aire rebelde y sus hebras antes onduladas estaban en puntas en un corte fresco y ¿jovial?
Admitámoslo, sin esa textura grasosa por vivir tan metido en pociones, parecía otra persona.
Snape con nuevo cuerpo mejorado. Aunque eso le hiriese el orgullo por alguna razón.
¿Qué? ¿Fue necesario tener otra vida para poder…?
¡Joder! ¡Sí! Debía ser eso. Toda la mierda que tuvo que soportar en su otra vida le era recompensada.
Si no fuese por el grano en el culo que era el estúpido Black- en sus palabras, no la de este narrador que solo exterioriza sus pensamientos y opina desde su propio punto de vista, con riesgo de ser maldecido por un avada y obligado a realizar esta oda sobre el esculpido Adán que es ahora nuestro exmurciélago y nuevo ¿neko?- sería el paraíso.
Él no sabe que depende de él construirlo.
Retomando el hilo. Su complexión era sin duda más pronunciada, sin rayar lo aceptable- ni tanto ni demasiado-, incluso sus muñecas eran más anchas y tenía marcados músculos. Un vientre plano y escultural, piernas tronco y torso construidos, abdominales visibles, hombros anchos y mandíbula fuerte. Un cuerpo digno de un hombre que se considerase tal.
Sonrió en sus adentros, regodeándose- ¿por qué no?- de su ventaja para con el chucho.
¿Quién lo diría? Él, Severus Snape, hecho un semental digno de ser ícono sexual.
Bueno, no lo extendía a tanto, y vale que estaba delirando sobre sí mismo, pero era demasiado tiempo reprimiéndose e infravalorándose. Estaba pagado.
Su autocomplacencia se deslizó a la admiración del cuerpo que horas antes poseyese. Haciendo a un lado los encontrados sentimientos explosivos por verse sometido ante alguien menor y de menor rango.
Lo sentía. Ese poder de subyugar y poseer, ese sentimiento de no dependencia y de mando. Iba a demostrarle al chucho quién mandaba, como que se llamaba Severus Snape.
Empezó a maquinar su diabólico plan, ignorante de aquella silueta observándole desde otro árbol.
Ahora la serpiente es doblemente arrogante.
Felino tenía que ser, estos superan a las serpientes.
Tras culminar su autosatisfacción, al fin pudo notar los sonidos de la noche. Lejos de la mágica melodía de una noche estelar, de todas partes y de ningún lugar, todo era silencio, salvo por los sonidos de jadeos, gritos orgásmicos y siseos de dudoso tono lascivo…
Encontrarse incapaz de frenarse a sí mismo al irrumpir en territorio desconocido y sin vergüenza alguna espiar en otra vivienda, llevaba los latidos de su pecho a galope, más por el hecho de ser un voyeur que por el magnífico salto sin cuerdas de ocho metros de altura y largo que tuvo que dar para pasar a la vivienda ajena.
Sus ojos se salían de su órbita- casi, hubiese sido gracioso, pero estaba sudando y no había un solo atisbo de risa en él- al ver los protagonista de tamaño espectáculo para sus ojos.
Y su verga.
Se le puso más dura de ser posible. Ver un culo al aire follando a otro le volvió loco, quizás demasiado caliente para que sus neuronas reaccionen correctamente. Estuvo a punto de saltar por la ventana y clavarse en el apretado culo de aquel sujeto.
Mmm… Extraño, ¿por qué ese culo en especial le parecía conocido? Tan blanco, lampiño, apetecible y jugoso.
Sí. Severus Snape había obtenido una nueva vida y- digamos- un nuevo cuerpo, envidiables. ¿Quién no desearía estar en su lugar? Sin embargo, su personalidad al parecer se malogró en el camino.
Unos ojos plata con características gatunas fue lo que vio antes de que su visión y consciencia se fuesen de paseo tras avistar algo semejante a ¿un látigo?
Notas finales:
Garcias por leer!
