RUROUNI KENSHIN
LA ESPADA ASESINA
CAPITULO III
LA GATA PÉRDIDA
Ambos se quedan de pie, viéndose el uno al otro sin hacer absolutamente nada; ni un movimiento, ni un sonido. El destajador inconscientemente suelta el arma que acababa de usar, haciéndola caer en los charcos de agua. En ese momento, la lluvia comienza a caer con más fuerza, empapándolos a ambos. Ella lo miraba por debajo de su paraguas con sus penetrantes ojos negros. Al mismo tiempo, el pensaba en que cual era la medida que debería de tomar.
- "He sido visto" – Pensaba él – "Ella me vio… ¿Qué debo de hacer¿Tendré que… matarla…?"
En ese instante, los ojos de la joven frente a él se centraron en la herida de su mejilla izquierda. Sin que el se diera cuenta, las gotas caían sobre su cabello, resbalaban por su mejilla y caían al suelo, revueltas con su propia sangre.
- Estas sangrando – Escuchó de pronto que ella le dijo, alzando su mano hacía el frente.
- ¿Cómo dices? – Preguntó él sorprendido.
La mujer comenzó a caminar hacía el frente, acercándosele. Él retrocedió un poco, como si se estuviera preparando para atacarla.
- Necesito… ir... a dormir... – Le dijo por último, antes de que sus ojos se cerraran.
Kenshin vio como ella soltaba su paraguas y luego caía lentamente hacía el frente. Sin darse cuenta, el destajador extendió su brazo izquierdo hacía adelante, deteniéndola con esta. La prenda azul que traía consigo cayó sin remedio al suelo, mojándose en el charco de agua roja.
- "Se ha desmallado" – Pensó mientras la sostenía. – "Es natural después de haber visto tanta sangre.
Encajó su espada en el suelo y luego se agachó para apoyarse mejor. Recostó a la joven sobre sus piernas y luego la volteó, viendo su rostro manchado por lo sucedido hace unos momentos.
- "¿Qué hago ahora?" – Seguía pensando el Destajador – "No puedo dejar convida a un testigo." – Un largo suspiro surgió de su boca – "Mi primera noche en Kyoto con una chica y no tengo idea de que hacer." – En ese momento, logra percibir otro aroma, muy diferente al que rodeaba ese callejón. – "Este aroma… ¿Flor de Cerezo Blanco…?"
Los ojos de una persona se abren con fuerza a mitad de la noche. La habitación en la que se encuentra, esta totalmente oscura, pero a lo lejos se puede ver un ligero rastro de luz que entre por la abertura de una puerta. A través de esta, se ven aún caer las gotas de lluvia. Sin hacer ruido, parece encaminarse a la puerta, con su cuerpo muy cerca del suelo. Sin levantarse mucho, alza su mirada hacía arriba. El cielo esta completamente nublado.
- "Padre…" – Piensa sin quitar los ojos del cielo.
Aún con la lluvia sobre él, Himura se encuentra cargando a la misteriosa mujer en sus brazos. Trata de moverse por las calles sin hacer el menor ruido. Después de unos momentos, llega a su destino: El Hostal Kohagi. Se paró uno momentos en la puerta, abriendo ésta con mucho cuidado.
Antes de entrar al interior del sitio, metió la cabeza mirando hacía adentro, cerciorándose de esta manera de que no hubiera nadie que lo viera. Después, comienza a caminar, pisando con mucho cuidado para no hacer absolutamente nada de ruido.
- "Tengo que hacerlo con cuidado." – Pensaba mientras seguía caminando – "Si alguien me viera estaría en una situación muy embarazosa…"
De pronto, oye como una puerta a su izquierda su derecha se abre y por ella sale una mujer de cabello negro y corto, vestida con un kimono de color amarillo.
- ¡Oh¡Es usted Himura! – Oye de pronto que la mujer le habla. Kenshin se sintió congelado al oír su voz. – Llega tarde el día de hoy.
Kenshin volteó a verla lentamente, con una expresión muy nerviosa en su rostro. En ese momento, la mujer ve con mucho cuidado a la joven que el Destajador trae en sus brazos.
- ¿Qué esta haciendo con esa chica Himura? – Preguntó con cierta seriedad en su tono.
- Bueno yo… - Trataba de decir con cierto nerviosismo – Hubo una pelea y ella se desmayó… y…
- ¿Seguro de que no la emborrachó? – Preguntó la mujer con sospecha. – Esto no es una casa de Té.
- ¡Claro que no! – Le contestó con fuerza, pero de inmediato cubrió su boca con su mano para no hacer ruido – Por favor, denme un cuarto para ella.
Antes de hablar con la posadera, Himura colocó a la chica en el suelo delicadamente. Ella aún permanecía dormida.
- Me temo que no tenemos ningún cuarto vacío Himura – Le informó la mujer – y no encontrara vacantes en ningún lugar.
- ¿Cómo¿y que haré con ella?
- Puedes dejar que duerma en tu cuarto – Le mencionó mientras caminaba hacía el pasillo con una charola que traía consigo – No creo que al señor Katsura le importe. Ve, le prepararé un baño y le cambiaremos esas ropas mojadas.
Himura volteó a verla de nuevo. Algo dudoso aún, tomó a la chica en brazos de nuevo y le llevó hacía su cuarto. Al mismo tiempo, mientras la mujer caminaba por el pasillo, es interceptada por Izuka, que salía de su habitación.
- ¿Qué sucede Okami? – Preguntó al hombre al verla.
- Nada importante. – Fue su respuesta – El señor Himura acaba de llegar.
- ¿Y porqué tan tarde?
- No lo sé, pero trajo consigo a una bella jovencita. – Izuka pareció no comprender al principio esto último debido al sueño. Sin embargo, después de unos segundos, reaccionó de golpe.
- ¿Qué cosa! – Preguntó totalmente sorprendido – ¿Himura trajo a una mujer!
Himura aguardaba afuera de la habitación, mientras la encargada cambiaba a la mujer. Lentamente llevó su mano a la herida de su mejilla; parecía haber dejado de sangrar de repente. Esto le pareció muy extraño. La puerta del cuarto se abre de pronto. La encargada sale con las ropas de la mujer en sus manos.
- Ya terminé – Le dijo la mujer al salir.
- Se lo agradezco – Contestó Himura.
- No es nada. Pero, hay algo que me preocupa – La mujer metió la mano entre las ropas de la mujer, sacando de ellas una pequeña daga enfundada.
- ¡Una daga! – Dijo al verla – Kyoto es una ciudad muy peligrosa en estos tiempos, no me extraña que use una arma como esa para defenderse.
- Aún así no me agrada¿esta seguro de dejarla dormir en tu habitación?
- No se preocupes, la tendré vigilada.
La encargada salió del cuarto y Himura entró a éste, cerrando la puerta a sus espaldas. En cuando entró, centró toda su atención en la joven. Ya estaba limpia y en su rostro no había rastro de las manchas de sangre. Sin hacer ruido caminó hasta la ventana, sentándose frente a ella. Recargó su espada en su hombro, nunca quitándola de su lado.
- ¿Será sólo una ebria? – Se preguntó así mismo sin quitarle la vista de encima. – "El aroma a sangre fresca, combinado con el aroma de los cerezos blancos. Esa es una extraña combinación."
Kyoto cayó en un profundo silencio; la lluvia había cesado de pronto, y la calma cubrió la noche…
La joven se encuentra recostada en su cama, tapada por completo con los cobertores. Sin hacer el ruido, Himura se acerca a ella, con su espada desenfundada. Se mantiene quietos unos momentos, como pensando en lo que iba a ser. De pronto, se abalanza al frente, colocándose a lado de ella. Luego, alzó su espada hacía arriba, con la punta de la hoja apuntándola. Sin más demora, abalanzó su espada hacía abajo, directo al pecho de la joven…
Himura despierta de golpe en su habitación; todo había sido un sueño. En ese momento, desvía la mirada hacía donde se supone que ella debería de estar. Su cobertor y cama se encuentran recogidos y colocados en una esquina. Sin embargo, no hay rastro de ella.
- ¡Oh no! – Dijo exaltado al ver que no estaba – ¿Se habrá escapado¡Demonios!
Sin espera, abrió rápidamente la puerta del cuarto y corrió directo hacía la cocina. Sabía que el dejarla ir sería peligroso para él y para los realistas, y en especial para la identidad de Battousai. Decidió ir a la cocina en busca de la encargada; de seguro ella sabría a donde se había ido.
- ¡Señor Okami! – Gritó al abrir la puerta de la cocina.
- Por favor, lleva esto por mí – Le decía la señora a la joven de cabello negro y largo, mientras le entregaba varias mesas pequeñas con comida. La joven asintió y las tomó.
En la puerta, Himura cae al suelo al ver tal escena. Tanto se había preocupado y corrido para nada. La mujer y la joven lo voltearon a ver en el suelo.
- Buenos días señor Himura – Le dijo la mujer – Se ve algo exaltado para ser de mañana.
- "Por lo menos no escapó." – Pensaba mientras se ponía de pie.
- En contra de todas las apariencias, su novia resultó ser muy útil. – Le mencionó la señora.
Ante tal comentario el chico la volteó a ver con una expresión seria, casi de enojo. Luego, giró su atención hacía la joven, que lo observaba con cierta seriedad en su mirada.
- Parece que ya te sientes mejor¿verdad? – Preguntó Himura, y ella asintió con su cabeza.
- Lamento lo de anoche – Le dijo la joven – creo que no estaba sobria.
- ¿He? – Dijo el chico sin entender muy bien.
- Me disculpo por todas las molestias que te tomaste. Estaba... ebria. – Luego de decir esto, ella comenzó a caminar hacía afuera de la cocina, cargando al frente su encargo.
- Oye – Dijo Himura, deteniéndola – ¿Podrías Decirme tu nombre?
La joven se quedó unos momentos callada, mientras solamente miraba al frente. De pronto, volteó a verlo por encima de su hombro derecho.
- Mi nombre es Tomoe, Yukishiro Tomoe. – Le contestó antes de seguir su camino. Himura, por su parte, se le quedó viendo hasta que se perdió en el pasillo de la posada.
- ¿Ebria?
- Es una chica muy amable Himura – Le mencionó la señora – Aunque algo callada.
- ¿Le dijo algo sobre ella?
- No, nada. Solamente se ofreció a ayudarme con los quehaceres. Además de todo es muy educada.
Himura se quedó unos momentos inmóvil. Aún seguía recordando lo ocurrido con mucho cuidado. Y esas palabras que le dijo aún resonaban en su cabeza…
- ¿Tú… eres en verdad… quien hace llover sangre?
Tomoe cargaba la comida en sus brazos por el pasillo del hostal. De pronto, sintió la voz de una persona detrás de ella, aunque no le puso mucha importancia.
- Espere – Le dijo Himura caminando detrás de ella – ¿Qué esta haciendo?
- Ayudo en la cocina – Le contestó sin dejar de caminar. Al llegar a su destino, la mujer colocó la comida en el suelo y se hincó frente a la puerta antes de abrirla.
- Necesito hablar con usted – Le dijo el chico, parándose detrás de ella.
- Tendrá que esperar, en estos momentos estoy ocupada. Tengo que llevar el desayuno.
- Esto es más importante, necesito hablar contigo antes de los demás sepan que tú estas aquí...
La mujer abrió las puertas del de la habitación. De otro lado, ambos fueron recibidos por un conjunto de gritos provenientes de las personas de adentro, que parecían estar pegadas a la puerta, centrando su mirada en Tomoe. Himura cayó al suelo de la sorpresa al darse cuenta de que eran puros de sus compañeros, entre ellos Izuka.
- ¿Así que esta es la mujer de Himura! – Mencionó uno de ellos.
- ¡Es una belleza¿No les parece? – Mencionó otro con algo de burla.
- Parece algo grande para ti Himura.
- Sí, pero parece apática como él.
Todos comenzaron a reírse al mismo tiempo. La mujer se mantenía sentada en el suelo con una mirada seria. De pronto, Himura se puso rápidamente de pie.
- ¡Ella no es mi mujer! – Les gritó a todos con enfado.
- Soy Tomoe Yukishiro, es un placer conocerlos. – Les dijo la joven, inclinándose hacia el frente en señal de respeto.
- ¡Oye! – Himura le trató de decir nada, pero de inmediato fue interrumpido por Izuka, quien se lanzó hacía él y colocó su brazo derecho alrededor de su cuello.
- ¡Oh¡Te vez sonrojado galán! – Le dijo burlándose.
- No deberías de decir nada Izuka... – Le contestó con seriedad.
- La señora me dijo que la dejaste dormir en tu cuarto, eres un verdadero pícaro...
Todos los del cuarto comenzaron a reírse, haciéndola burla al chico pelirrojo. De pronto, del coraje, Himura acercó su mano izquierda a la espada de su funda, preparándola como su la fuera a sacar. Muertos de miedo, todos los hombres retrocedieron al mismo tiempo, alejándose por completo del destajador.
- Olvide que estaba hablando con Battousai el Destjador... – Mencionó Izuka mientras se secaba el sudor.
- Sólo fastidiarlo es como arriesgar la vida... – Mencionó otro con la voz entrecortada.
- ¡Si todos están aquí deberíamos de discutir asuntos más importantes! – Les replicó con una voz severa – al Señor Katsura no le gustara cuando averigüé esto.
- He, Himura... – Oyó que Izuka le decía. Al voltear a verlo, notó que le estaba apuntando con el dedo hacía sus espaldas, por lo que sin entender se dio media vuelta.
- ¡Katsura-sama! – Gritó el destajador al ver a Kogoro Katsura, sentado en el suelo mientras Tomoe le servía la comida.
- Aquí tiene. – Le dijo Tomoe mientras le entregaba un plato con arroz.
- Gracias. – Agradeció él mientras tomaba el plato. Sin voltear a ver a Himura y sin dejar de comer, le comenzó a hablar – ¿Qué te sucede Himura, te ves algo exaltado.
- Los realistas de Chosu no deberían de comportarse así... – Le contestó con un tono de desánimo.
- Los asuntos del corazón no tienen que ir de la mano con tus ideales Himura. Recuerda que yo tengo a Kumatsu.
- ¡Yo no tengo ningún asunto del corazón! – Le contestó él haciéndose hacía el frente – ¿Podemos mejor hablar de asuntos más serios!
- Como lo desees.
Una carpa volvió a saltar del estanque del patio, cayendo de nuevo al agua. Parados afuera mientras el resto comía, estaban Himura, Izuka, Katagi y Katsura. En cuanto llegaron, Katsura puso especial atención en una sombrilla morada que estaba en el patio, a lado de un árbol.
- ¿Te vio? – Preguntó sorprendido Katagi al escuchar a Himura.
- Así es, ella me vio asesinar y ahora sabe mi identidad. – Le contestó Himura – Por eso la traje para acá.
- Eso puede ser un problema¿no? – Comentó Izuka con algo de burla.
Como si no estuviera en la conversación, Katsura comenzó a caminar hacía donde estaba esa sombrilla. Parecía que la acababan de limpiar.
- Por el momento no es tiempo de hablar de ella. – Le mencionó Katagi – Himura, ayer asesinaste a alguien¿no es así?
- Sí – Contestó – a la victima que Izuka me mandó. – Katagi y el resto guardaron silencio por unos instantes.
- Fuiste emboscado a tu regreso¿verdad?
Himura se sorprendió al ver que ya estaban enterados de lo ocurrido. Katsura tomó en sus manos la sombrilla y la abrió. Al momento en que la capa saltó y cayó de nuevo al agua, se pudieron ver como las pequeñas gotas caían en ella.
- Sí. – Contestó el destajador con cierta seriedad.
- Fue a ese atacante a quien ella te vio matar¿no es así? – Le preguntó Katsura sin voltear a verlos.
- Fue algo molesto limpiar todos los restos del combate. – Comentó Izuka con una sonrisa sarcástica – Por suerte la lluvia me fue gran ayuda.
- ¿Quién te atacó¿Tienes alguna idea? – Le preguntó Katsura.
- Fue un asesino del Shogun, de eso no tengo duda. Pero no era un destajador como yo.
- ¿Era un Shinsen-gumi?
- No, nunca había visto a algo como eso. No estoy seguro, pero, si debo de suponer algo, creo que se trataba de...
- Un ninja – Dijo de pronto el líder del clan Chosu al tiempo que cerraba la sombrilla con fuerza – un Oniwabanshu.
- Sí, eso mismo pensé.
Katsura volvió a poner la sombrilla en su lugar y se giró hacía los otros. La habían limpiado hace poco, pero aún se podían distinguir la presencia de sangre en ella.
- Los Oniwabanshu son un grupo muy peligroso. – Mencionó Katsura mientras se les acercaba – Si el Shinsengumi y el Oniwabanshu se encuentran ahora cazándonos en Kyoto, las cosas se pondrían más difíciles aún.
- Sólo los miembros internos del clan conocemos tu identidad Himura. – Le comentó Katagi – Ese sujeto te estuvo esperando precisamente a ti.
- Entonces sólo hay una explicación. – Concluyó Himura – hay un traidor entre nosotros.
Los cuatro se quedaron en absoluto silencio de nuevo al escuchar tal afirmación. Todas sus movidas tenían que ser con la mayor discreción. Si había un traidor entre ellos dándoles información a los hombres del Shogun, la restauración estaría en un grave peligro.
- Esto es muy grave. – Mencionó Katsura – Tenemos que empezar con la investigación lo antes posible. Ustedes deben de cuidarse del Shinsengumi. Fukudaka, quien debía de estar en la reunión durante el festival del Gion acaba de ser capturado por ellos.
- ¿Seré el guardaespaldas después de todo? – Preguntó Himura.
- No, esta bien Himura, mejor preocúpate por otras cosas. – Himura se le quedó viendo fijamente unos momentos, como pensando.
- ¿Qué vamos a hacer con ella? – Preguntó Himura algo dudoso. Los demás se le quedaron viendo con seriedad.
- La mejor solución sería silenciarla – Comentó Katsura, lo cual asustó a Himura – Pero sé que no es una opción para ti. Himura, lo dejaré a tu criterio, has lo que tú creas mejor. – Katsura se preparó para entrar de nuevo, pero antes de irse volteó por última vez hacía le patio. – La primavera ha llegado a su fin y las flores de cerezo blanco se han marchitado.
El destajador volteó a ver hacía el árbol del patio, donde se encontraba esa sombrilla recargada en ella, la sombrilla que Tomoe traía esa noche. En el árbol ya no había ni una flor. Katsura comenzó a irse caminando. Himura lo volteó a ver de reojo.
- "De ahora en adelante la primera persona en la lista de ataque tiene que ser Kogoro Katsura." – Pensaba Himura al verlo – "Tenemos que encontrar al traidor pronto. Si cometemos un sólo error, la historia podría mostrarnos su peor rostro..."
La ventana del cuarto de Himura es abierta. A través de ella se asoma el rostro del chico pelirrojo, que centra su mirada en el cielo azul. Luego, desvía la mirada hacía abajo, hacía la calle. Es pleno día y hay muchas personas caminando a esas horas.
- Me han dejado que decida tu futuro. – Dijo de pronto el chico sin voltear hacía el interior de la habitación. Sentada detrás de él, mirando su espalda, estaba Tomoe – Necesito que me jures olvidar todo lo que viste anoche. Olvidarlo e irte de este lugar ahora mismo.
- ¿Soy una molestia para ti? – Le preguntó con un tono serio.
- ¿Qué dices? – Dijo él volteando a verla por encima de su hombro.
- A la señora Okami le agrado. – Comentó la joven mientras volteaba hacía el frente.
Himura no le respondió ante sus comentarios. Sin decir nada, se dio la media vuelta y se sentó frente a la ventana, mirándola fijamente con su expresión seria.
- ¿No crees que tu familia debe de estar preocupada por ti? – Le preguntó.
- Si tuviera familia o un hogar al cual llegar¿crees que andaría bebiendo sola de noche? – Le respuesta de la joven lo sorprendió mucho – Yo soy… una Gata Perdida...
El chico la miró unos momentos sin comprender muy bien sus palabras. En sus rostro, ante toda su seriedad, él podía percibir cierta tristeza a su alrededor. De pronto, se puso de pie alejándose la ventana. Pasó por delante de ella pero ni siquiera se mutó. Sin embargo, su atención cambio al ver como colocaba un objeto frente a ella.
- ¿Esto es tuyo? – Le preguntó al tiempo que lo colocaba en el suelo y retiraba su mano. Era la daga que traía consigo.
- Sí – Le contestó ella.
- Las calles de Kyoto son muy peligrosas, y si te quedas aquí lo serán aún más. Esta daga de no te será de mucha ayuda. Lo mejor que puedes hacer es encontrar un lugar seguro; un lugar donde un objeto como éste no sea necesario.
- ¿Un lugar donde no haya asesinos? – Preguntó ella mirándolo de reojo. Himura se quedó callado unos instantes.
- No se cual sea tu situación, pero nosotros no estamos en condición de cuidar de ti¿lo entiendes?
- Si es así¿entonces porque no me aniquilan? – Le preguntó directamente. Dicha pregunta hizo sobresaltarse al destajador. – ¿No es lo que ustedes hacen¿No deberías de hacerlo porque te vi matar...?
Ambos se voltearon a ver el uno al otro con una expresión seria. Tomoe parecía estar esperando que él le dijera algo. Himura desvió la mirada, de tal manera que sus ojos quedaron puestos justo en la ventana.
- Piensa como quieras de mí, pero yo mató por una nueva era en la que todos puedan vivir en paz. No asesino indiscriminadamente, sólo a hombres armados del gobierno y por defensa. Los civiles se nos oponen, pero aún así... nunca eliminó a hombres desarmados... – Tomoe lo miró con gran detenimiento al momento de decir esas palabras. De igual manera, se sentía cierta tristeza alrededor del destajador.
- Entonces... – De pronto, Himura vio como tomaba la daga frente a ella y la acercaba hacía si. Colocó su mano derecha en el mango de ella y la sacó lentamente de su pequeña fundo – Si en estos momentos usara esta daga para atacarte, si tuviera la intención de matarte con ella¿entonces tú...?
Himura se quedó congelado ante esa actitud. Se quedó en silencio unos momentos, simplemente viendo como la pequeña hoja se asomaba hacía el exterior. Tomoe parecía esperar una respuesta pero no la recibió. Regreso la daga a su lugar y tomándola entre sus manos se puso de pie.
- Cuando puedas contestar, por favor házmelo saber... – Le dijo mientras caminaba hacía el frente.
Himura se quedó sentado en silencio, como si aún pensara en que decir. De pronto, escuchó como la puerta del cuarto se cerraba detrás. Esto pareció hacerlo reaccionar, dándose rápidamente la vuelta…
- ¿He¡Espera un momento! – Gritó al girarse hacía la puerta pero esta ya estaba cerrada – ¿Acaso tienes pensado quedarte en este sitio! – Del otro lado no hubo la menor respuesta, y eso le indicó todo. Resignado, llevó su mano a la frente. – Maldición... ¿Por qué siempre me pasan estas cosas a mí...?
En la cocina del hostal, la señora Okami, la dueña del sitio, se encontraba limpiado los platos de arroz junto con otras dos muchachas. Parado a su lado, se encontraba Himura.
- ¿Una Gata Perdida? – Preguntó la encargada sin dejar de limpiar – ¿Eso le dijo?
- Sí. – Le contestó – Dígame¿Acaso piensa contratarla?
- No se ve muy contento por eso. Después de todo¿No fue usted, Himura, quien la trajo?
- Anoche fue porque las circunstancias así lo pedían. Pero ahora sólo tengo como opción el dejarla ir o...
Las dos jovencitas que acompañaban a la encargada se le quedaron viendo seriamente ante su tono. Himura no terminó de decir lo quería.
- La facción de Chosu es un cliente frecuente de este Hostal. – Mencionaba la mujer – Les estamos agradecidos por eso, pero también son épocas difíciles y estamos muy ocupadas. No nos vendría mal una manita de gato si después de todo es de ayuda. No se preocupe, por lo que he visto es una chica muy trabajadora.
Himura se quedó en silencio, mirando a las tres con dureza. Sin decir nada y sin despedirse, se giró hacía la puerta y dejó la cocina. La Señora Okami tomó una de las tapaderas y después de limpiarla la colocó en su respectivo plato.
- Quizás ella logré tranquilizarlo uno poco... – Dijo el voz baja cuando el chico ya se había ido.
- Entonces... – De pronto, Himura vio como tomaba la daga frente a ella y la acercaba hacía si. Colocó su mano derecha en el mango de ella y la sacó lentamente de su pequeña fundo – Si en estos momentos usara esta daga para atacarte, si tuviera la intención de matarte con ella¿entonces tú...?
Himura seguía pensando sobre esa pregunta que le habían hecho. Se encontraba en su habitación, sentado frente a la ventana con la mirada perdida. Aún no parecía tener una respuesta concreta. De pronto, la puerta se abrió de golpe.
- Voy a limpiar, por favor salga del cuarto por un momento – Escuchó que la voz de Tomoe le decía desde la puerta; no tuvo que verla para adivinar de quien se trataba, y su presencia no le era del todo grata.
- ¿Y se puede saber cuando te lo pedí? – Preguntó Himura algo molesto.
- La señora Okami me lo pidió – Fue su respuesta – Así que si no le molesta.
Sin decir nada más y sin quejarse, decidió hacer caso. Colocó su mano en el pequeño escritorio que estaba a lado de la ventana para poder levantarse bien. En ese momento, notó un libro que se encontraba sobre él, uno de hojas blancas. Al verlo no pareció reconocerlo.
- ¿Qué es esto? – Preguntó tomándolo en sus manos.
- Es mi diario – Le contestó la joven, volteando a verlo – Por favor, no lo vaya a leer.
Himura la miró de reojo, algo disgustado por su comentario. Sin embargo, lo sostuvo unos momentos, viéndolo con algo de curiosidad inocente. En ese momento, vio como la mano de la mujer lo tomaba y se lo arrebataba de las manos.
- Sólo para asegurarme… - Dijo mientras lo guardaba en el interior de su traje.
- ¿Te parezco la clase de persona que espiaría en tus cosas! – Le preguntó girándose hacía ella.
- No lo sé, pero es mejor no arriesgarse – Le contestó mientras seguía limpiando.
Algo disgustado aún, salió del cuarto, caminando por el pasillo hacía la puerta principal. Sin embargo, en el camino, se encuentra con Izuka, que camina en dirección contraria. Se encuentra comiendo un pedazo de sandia que trae en su mano derecha.
- Oye Himura – Le dice al verlo, al tiempo que mastica un pedazo de sandia – ¿Porqué esa cara larga¿Acaso tuviste una pelea con Tomoe acaso?
Ante el tono de burla del hombre, Himura acercó su mano izquierda a la espada en su funda, preparándola como su la fuera a sacar. Muerto del miedo una vez más, Izuka retrocedió con fuerza, alejándose por completo del destajador.
- ¡Tranquilízate chico! – Le decía mientras se alejaba – ¿Qué comiste!
Himura lo volteó a ver de reojo y luego guardó de nuevo su arma.
- Cálmate un poco chico – Le dijo – Me hiciste tragarme la semilla de sandia.
- ¿Qué quieres Izuka?
- Si me crece una sandía en el estomago será tu culpa.
- Izuka… - En ese momento, Himura vio como Izuka sacaba de su traje un papel de color negro y lo colocaba frente a su rostro.
- Es la misión de esta noche – Le contestó con cierta seriedad. En cuanto lo vio, supo de qué se trataba…
En las sombras de la noche, la figura del destajador se eleva por encima de todos los hombres armados que lo miran estupefactos.
- ¡Estilo Hiten Mitsurugi! – Se escucha que grita con fuerza mientras comienza a descender – ¡Ryu Tsui Sen!
El asesino se aproximó con fuerza hacía su victima, atacándolo sin piedad con su técnica. Se vio claramente como la hoja de la espada descendía, atacando justo en su hombro. A lo lejos se pudo oír el ruido del zarpazo, seguido por el sonido del cuerpo cayendo al suelo. El destajador se quedó de pie mirando el cuerpo de su victima por unos segundos. Sus ropas y las paredes que lo rodeaban se encontraban de nuevo manchadas de rojo.
Después de un tiempo, tomó su espada con la mano derecha y la guardó de nuevo en su funda. Con su rostro lleno de frialdad, se dio la media vuelta para retirarse.
- "Cuando la oscuridad cubre todo, una lluvia de sangre cae al mismo tiempo sobre Kyoto. Este es el continuo ciclo de la Justicia Divina…"
Mientras en la noche, afuera, la lluvia de sangre volvía a caer, en la posada, sentada en el mismo cuarto, Tomoe se encuentra alumbrada por la luz de una vela. En sus manos tiene una especie de tela de color verde, la cual parece estar tejiendo.
Una ligera lluvia comienza a caer una vez más sobre Kyoto y sus alrededores. Se nota que el verano ya esta muy presente en esta parte. En un pequeño restaurante cerca de la ciudad, tres hombres se encontraban sentados comiendo, al mismo tiempo que se refugian de la lluvia. Los tres hombres, por más normales que se veían, se trataban de tres realistas de Chosu. Y no eran realistas comunes, ya que entre ellos estaba Kogoro Katsura, el líder del clan, acompañado de Izuka y Katagi.
- Por su modo de hablar, modales y por el tipo de su cocina es evidente que no se trata de alguien de Kyoto. – Les comentaba Izuka mientras comía, refiriéndose a Tomoe – Sabe leer y escribir muy bien, por lo que podemos decir que creció con una buena educación. Lo más seguro es que es hija de alguna familia samurai de Kanto, aunque sólo es una suposición. Pero su pasado no concuerda con esto. La familia Yukishiro no parece existir en ese sitio.
- ¿Crees que ella misma haya borrado toda su historia personal? – Preguntó Katagi con algo de sospecha – de ser así podría ser una espía.
- La verdad es poco probable. – Le contestó Izuka – No parece haber tratado de contactar a nadie. De hecho sólo parece haber tenido contacto con nosotros y con las personas del hostal. Simplemente parece venir de una familia de nobles sin dinero. Puede haber sido vendida como esclava para tratar de recuperarse. En otras palabras es una gata perdida sin un lugar a donde ir.
- ¿Una gata perdida? – Preguntó Katsura al oír ese comentario.
- Eso es lo que dice Himura. – Le contestó.
- Ya entiendo. Izuka¿Podré confiar en todo lo que me has dicho?
- Estoy seguro de que no hay equivocación. Parece estar dispuesta a estar con Himura pase lo que pase. Talvez sería bueno comenzar a verla como parte de nosotros.
- Has hecho un buen trabajo. – Le dijo el líder mientras se ponía de pie. Antes de irse, volteó a ver una última vez al hombre que estaba sentado a sus espaldas – Una cosa más¿Qué clase de efecto ha tenido ella en Himura?
- Nada malo supongo. – Fue su respuesta – Aunque últimamente se le ve de peor humor que de costumbre. Pero también hay veces en que se le ve más calmado. Realmente es un chico muy extraño.
Katsura se quedó muy serio al oír esto. Sin decir más, se colocó en su cabeza un sombrero para protegerse de la lluvia y acompañado de Katagi, se retiró caminando. En el camino, seguía pensando detenidamente en Himura.
El sol se oculta en el horizonte y el ocaso se comenzaba a pintar de rojo. Un grupo de hombres caminaban juntos por un camino, cada uno detrás del otro. En sus rostros se nota cierta tristeza, nostalgia o incluso agonía.
- Aún si mi cuerpo quedara tirado sobre las praderas de Musashino, mi patriotismo nunca disminuirá. – Se escuchaba una voz que decía con determinación. En el interior de un cuarto, un joven de nombre Katsura se encontraba sentado, sosteniendo en sus manos una espada, como si la fuera a abrir – El Bakufu ha matado a mi maestro. Pero si ideal seguirá viviendo, por más distante que se encuentre... ¡Locura! – Gritó con rigor – para obtener esta justicia, no temo perder incluso mi propio juicio, esto es lo que motiva a la facción de Chosu... no... ¡Esta es mi propia motivación!
El hermoso sonido de la flauta relajaba todo a su alrededor. En la habitación se siente una gran paz y tranquilidad, como si estuviera totalmente aislada de todo el resto del caos. Katsura se encuentra sentado, acompañado de la misma mujer de cabello negro y kimono morado que esta sentada frente a él, tocando la flauta. Por su parte, Katsura parece estar leyendo una carta.
- 'Ten cuidado Kogoro.' – Le decía el papel en sus manos. Al mismo tiempo, en su mente, recordaba la voz de su amigo Shinsaku – 'Aquí en casa los viejos están agitándose demasiado. Después de todo, no sabemos si el Shogunato nos esta investigando. Llámalo un simple presentimiento, pero dudo mucho que las circunstancias se queden como están. Además de todo, se encuentra el problema con Miyabe. Estamos en un periodo que vendremos que aguantar, nos guste o no.'
Después de terminar de leerla, Katsura dobla de nuevo el papel y lo guarda en el interior de su traje. Poco después, la mujer deja de tocar.
- ¿Una carta desagradable? – Le pregunta con una sonrisa, tratando de animarlo.
- No he leído algo mejor en años. – Le contestó con seriedad – Hace ya mucho que deje de recibir cartas agradables.
- ¿En serio¿Y que pasó con la carta que escribí para ti? – Le dijo con un ligero tono burlesco. Katsura logró sonreír al escucharla.
- Eso es diferente. – Le contestó. Kumatsu se puso de pie y se acercó a Katsura, sentándose a su lado.
- ¿Cómo está la salud del joven Takasugi?
- Al parecer no muy bien. – Le responde algo desanimado – Se ha tenido que apartar de su mujer para no arriesgarse a contagiarla.
- Que desafortunado. Pobre de Uno-san.
- Pero Uno comprende muy bien los sentimientos de Shinsaku. Si comparáramos, él sería como una espada desenfundada; nada puede detener su forma de vida.
- ¿Enserio, si Takasugi es una espada desenfundada, entonces supongo que Uno-san es como su funda¿no?
- ¿Una funda? – Katsura se extrañó al principio por esa comparación, pero pareció darle sentido después – sí, también lo creo así.
Frente a ellos se encontraba una espada enfundada, recargada en la pared, inmóvil y silenciosa.
Era una vez más de noche. En la habitación de Himura, Tomoe se encontraba sola, sentada en el suelo con esa tela de color verde de nuevo en sus rodillas. Parecía seguir arreglándola, para pudiera tomar una forma. De pronto, escucha como alguien llama a la puerta.
- Pase. – Dice ella dirigiendo su mirada hacía la puerta. Esta se abre, revelando el rostro del visitante.
- Lamento molestar a estas horas – Le dijo la voz de Katsura, que la miraba desde el umbral. – ¿Puede interrumpirla un momento?
- Si busca al señor Himura, el salió esta noche. – Le informó antes de contestarle.
- Lo sé, yo soy su superior. Con quien vengo a hablar es con usted. – Tomoe se sorprendió mucho ante esa petición.
Después de unos momentos, vemos a Tomoe y a Katsura sentados el uno frente al otro. Delante de cada uno, se encontraba una taza de té verde.
- ¿Justicia por medio de la locura? – Preguntó sorprendida Tomoe.
- Estas son las enseñanzas de mi maestro Yoshida Shoin. – Le contestó el líder realista después de tomar un sorbo de su té. – El murió en una ejecución en masa hecha por el gobierno. Uno de los conceptos que aprendí de él fue que cuando los 300 años del Régimen Tokugawa fueran a terminar, los tiempos se tornarían en locura y en caos. No habría otro modo de construir una nueva era más con ese camino. Debemos entrar en la locura, para así no dar un paso atrás en nuestra labor. Esa es la directriz del clan Chosu.
Tomoe permanecía seria al escuchar tales palabras. Katsura se sorprendió por la mirada tan indiferente con que lo miraba. No parecía ser una persona ajena a la era que estaban enfrentando. Katsura colocó su taza en el suelo antes de continuar.
- He puesto a Himura como protagonista de esta filosofía, llevando a acabo el más cruel de los roles.
- ¿Y me dice esto porque tiene pensado que yo también desempeñe un rol? – Le preguntó Tomoe sin perder su serenidad. Katsura la volteó ver fijamente.
- En casa tenemos a un hombre llamado Takasugi. – Prosiguió – Es una buena persona, pero en ocasiones tiene la tendencia enloquecer, y disfruta de eso. Takasugi es como una espada desquiciada. Sin embargo, hay una funda excepcional que puede apaciguar esa espada, una funda llamada "Uno"
- ¿Una funda?
- Si tiene que desarrollar algún rol¿no le gustaría ser una funda¿una funda que sea capaz de detener una espada llamada "Himura"?
- ¿Por qué?
- No puedo dejar de sentir que estoy arrastrando a Himura a la locura. – Katsura se puso de pie y colocó de nuevo su espada en su cintura – Una espada descarriada como él puede llevar a la tragedia. Necesito una vaina que pueda detenerlo adecuadamente. Entiendo que esto puede no tener sentido, pero es necesario si queremos llegar a la nueva era.
Katsura se giró hacía la puerta y sin decir nada. Ya en la salida, se despidió y luego salió del cuarto. Tomoe lo siguió con la mirada todo el recorrido, hasta que desapareció del otro lado de la puerta. Una vez sola, se quedó muy pensativa sobre lo que habían hablado.
- "¿Una funda para detener a una espada…?"
FIN DEL CAPITULO III
