Capítulo 3
Tommy, Billy y Teddy: Speed
(Resumen)
Tommy tampoco está lidiando bien con la depresión de Billy.
—Han sido meses, Billy, meses —dijo Teddy, suplicante y con la voz rota.
Tommy se detuvo en el corredor, afuera de la habitación de su hermano al escuchar las palabras del novio de éste. El corazón le dio un vuelco en el pecho cuando Billy no respondió y Teddy le suplicó que lo hiciera.
—Billy, por favor. Cariño, te lo suplico.
Tommy se marchó cuando las palabras de Teddy se salpicaron de sollozos.
Él tampoco estaba lidiando con la depresión de su hermano gemelo muy bien. Estaba cansado del aire agónico que inundaba la casa Kaplan, por lo que procuraba estar ahí lo menos posible, sin embargo, le era imposible desentenderse de la situación por completo.
Cuando Teddy no podía acompañar a Billy en su tristeza por deberes del colegio o su equipo de baloncesto, él tomaba la estafeta y se quedaba a su lado. Se sentaba en la cama y lo observaba en la oscuridad, recortado por la luz mortecina que se colaba por la ventana.
Billy no hacía nada.
Billy no decía nada.
Billy ya no era Billy.
Y Tommy se descubrió aterrado por eso.
—Ya basta, me hartaste —le dijo una tarde en la que ambos eran los únicos ocupantes de la casa.
Los padres se habían marchado a una junta en el colegio de los hermanos de Billy, los susodichos estaban en su clase de natación y Teddy había huido de su novio para encontrarse con viejos amigos y despejarse un poco la cabeza. Tommy no lo culpaba; si hubiera estado en su lugar, hubiera hecho lo mismo, pero de igual manera estaba furioso.
Billy, Billy, Billy.
Si creía que lo iba a dejar momificarse en el alfeizar de la ventana sin hacer nada, estaba muy equivocado.
Se acercó a él, le arrancó de encima la manta con la que Teddy lo había cubierto para protegerlo del viento gélido y húmedo y lo observó a los ojos. Billy no pareció darse cuenta de su presencia y eso lo irritó.
—Bien, culo flojo, tú me lo pediste —exclamó, iracundo, tomando a su hermano en brazos bride style.
Billy jadeó: bien, ya le había mostrado que no era un cadáver, al menos.
—Hagas lo que hagas, no vomites, ¿quieres? —advirtió antes de echar a correr.
Salieron de la casa a toda velocidad, recorrieron el elegante barrio donde los Kaplan vivían y cruzaron una avenida, desdibujados en un borrón de luz y color. Tommy corrió por el parque, girando alrededor de los juegos de metal ocupados por niños pequeños y después se dirigió a la bahía.
Billy jadeó en sus brazos.
—¡Bienyaestásreaccionando! —exclamó el velocista, contento.
Aún tenía un as bajo la manga.
Saltó la valla de contención y Billy hizo una exclamación… cuando Tommy corrió sobre el agua.
—¡T-t-tommy!
—¡Sí! ¡Sí!
Se detuvieron en la Estatua de la Libertad.
Billy se echó a llorar y, sorprendentemente, Tommy también. Debía ser alguna especie de telepatía gemelar, no era que Tommy estuviera feliz de que su hermano hubiera dejado de ser un zombi, ni nada de eso.
Fue un milagro que Hulkling no le destrozara el cráneo contra un muro cuando volvieron a casa. Bueno, en realidad, fue Billy, que se bajó de sus brazos con un salto torpe y se lanzó contra el cuerpo musculoso y verde de su novio-marido.
—¿Qué hiciste? —preguntó Hulkling, acusador, cambiando de apariencia hasta volver a ser Teddy Altman.
—¡Lo reviví, malagradecido!
Pero Teddy no pudo escucharlo porque Billy lo tomó del cuello y lo obligó a inclinarse para darle un largo y húmedo beso en los labios.
—¡Agh! —exclamó Tommy, asqueado, marchándose a su habitación.
La felicidad de Billy fue momentánea, una especie de parpadeo que los ilusionó demasiado, pero algo era algo. Pronto, las pijamadas en el alfeizar de la ventana volvieron y las miradas ansiosas y apagadas también.
—Fue hermoso mientras duró —comentó Teddy.
Tommy le dio un puñetazo a la pared.
—Creí que…
—Le pediré matrimonio —interrumpió Teddy.
—¡¿Qué?! ¡Estás bromeando!
—Uh, no, no estoy bromeando —dijo el muchacho, desesperado, antes de respirar profundo y marchar hacia la habitación que compartía con su novio.
