Hola de nuevo!!!

Voy algo apurada de tiempo, así que responderé los revs en los siguientes días, lo siento. Como estos capítulos están resultando algo cortos dejo 2 seguidos como algo excepcional. Sé que saben a poco, pero el primero ya fue de 4 páginas y éste más o menos es lo mismo. Creo que esa será la extensión que tendrán los siguientes. Comprended que intento hacer que la historia vaya rápido aunque da la impresión que de va realmente lenta. Y anda que me explico bien.

Bueno, a los que habéis creído que el slash será Harry/Draco siento desilusionaros. Creo que sería más prudente avisar que será un Harry/Tom, aunque Tommy tendrá que crecer unos cuantos años para que se dé la ocasión. Supongo que podría considerarse algo así como incesto, aunque como Tom no es realmente hijo de Harry no sé si se puede aplicar el término. De todas maneras lo voy diciendo para que os vayais haciendo a la idea, porque sé que hay a quien no le gustará y no me parece bien dejaros llegar a ese punto para dar una sorpresa que habrá a quien no le resulte agradable.

Bueno, no me enrollo más. Gracias por vuestros mensajes, intentaré volver a publicar algo lo más pronto posible, aunque parece que lo que últimamente me cuesta menos escribir es esta historia. Mientras siga la racha…

Besitos mil!!!

Capítulo 2.

Con la excusa de resolver asuntos pendientes en el ministerio, Dumbledore y Snape quitaron el hechizo al niño y salieron casi corriendo hacia la chimenea.

Harry, niñera obligada, miró con aprensión como esos ojazos marrones se abrían lentamente y clavavan en él su mirada.

- Estooo... Hola. – dijo Harry agitando una mano y con una sonrisa tensa en los labios.

Tom Riddle se frotó un ojo y bostezó.

- A partir de ahora yo voy a cuidar de ti – dijo Harry sintiéndose bastante estúpido. No tenía ni la menor idea de qué le podía decir a un niño de esa edad. Ni de ninguna edad, en realidad, nunca había tenido niños cerca sin ser él también un niño.

El crío le miró seriamente, como esperando a que dijese algo más.

Harry cambió su peso de un pie a otro, claramente incómodo.

- ¿Tienes hambre? – preguntó en un momento de inspiración. Cuando el niño asintió Harry se relajó un poco. Al menos ya tenían algo que hacer.

Se acercó a la cama y lo cargó en brazos. El niño se dejó hacer, mirando inexpresivamente la túnica que le habian puesto; violeta con estrellas doradas. Harry pensó que Dumbledore podía haber sido un poco más discreto, no parecía que a Tom le gustasen sus nuevas ropas aunque para ser justos no había mostrado ningún signo de disgusto.

Al llegar de nuevo al despacho Harry se quedó parado. Dejó al niño en el suelo un momento y transformó una de las butacas de una trona. Tom lo miró con ojos bien abiertos, pero Harry no se dio cuenta de nada. Poniendo al niño en la silla miró la comida que habían encargado. Descubrió frustrado que no había ningún tipo de papilla, y no sabía si sería buena idea llamar a un elfo para encargarla. Sus ojos se posaron en el puré de zanahorias.

- Espero que esto te guste – dijo más para sí que para el niño, que se entretenía en mirar la silla en la que estaba sentado -, porque no tengo otra cosa para darte.

El niñó arrugó la nariz al ver la cucharada que Harry le tendió. Le dio una mirada que el moreno catalogó como ofendida.

- Venga, come un poco. No está tan mal – para probarlo se tomó el mismo la cucharada. El niño no parecía muy convencido y miró la cuchara con desconfianza cuando Harry volvió a llenarla y ofrecérsela.

Tom negó con la cabeza.

Harry resopló con frustración.

- Ni siquiera lo has probado. No puedes saber si te gusta – intentó convencerle.

El niño cerró tercamente los labios. Después pareció pensarlo mejor y abrió grande la boca para que Harry pudiera meter la cuchara. El moreno se apresuró a hacerlo, y viendo que no era rechazada llenó otra y se la ofreció.

El niño dio vueltas lentamente al puré en su boca saboreándolo con calma.

Harry miró al Dark Lord a los ojos preguntándose cómo se había podido meter en este lío. Se sentía culpable por haber sido el causante de este gran problema. No sólo no había cumplido con su trabajo, aquel para el que le habían entrenado, y que no era otro que matar a Tom Riddle, sino que encima se había convertido en su niñera. ¿Cómo podría él cuidar de un niño si ni siquiera parecía ser capaz de convencerle de comer apropiadamente? ¡Llevaba más de cinco minutos dándole vueltas a lo que tenía en la boca sin tragarlo!

Después de un rato Tom volvió a abrir la boca aceptando volver a ser alimentado. Si Harry pensó que a partir de ahí todo sería más rápido se equivocó. El proceso de paladeado continuó cucharada tras cucharada, prometiendo eternizar esa comida y con ella todas las siguientes.

Harry no sabía si el niño lo hacía a propósito para martirizarlo o si comía así por costumbre, aunque por las miradas que recibía cada vez se convencía más de la primera opción. Se prometió a sí mismo que antes se cansaría el crío de su juego que él. Se estaba cabreando y mucho, y miraba al niño cada vez con más aversión.

Llegó un punto en el que Tom cerró obstinadamente los labios y le miró de mala manera.

No parecía tener intenciones de comer nada más. Ni siquiera se había terminado medio plato y seguía dándole vueltas a la última cucharada que le había convencido de ingerir. Harry bufó frustrado. Sentía la gran tentación de dejar el plato a un lado, pero tenía la sensación de que si le dejaba ganar esa batalla el niño nunca le tomaría en serio. Parecía que le estaba probando.

- Venga, una cucharadita más – dijo con voz tenebrosa cargando la cuchara una vez más y acercándosela a los labios. Tom giró la cabeza -. Vas a terminártelo todo como un buen chico, no querrás que me enfade y te haga encoger hasta ser un simple espermatozoide, ¿verdad? -amenazó el moreno suavemente.

Tom se detuvo completamente y giró de nuevo la cara hacia él. Harry esperaba que abriera la boca como un buen chico, pero Tom ahuecó las mejillas y le escupió en la cara el puré de zanahorias, esbozando a continuación una sonrisa que el moreno solo pudo calificar como malévola. Conteniendo a duras penas el hechizo que acudía a su boca, Harry dejó caer la cuchara ruidosamente el el plato y se quitó con los dedos el puré del ojo.

- Si sigues así no vas a tener una infancia muy larga... – prometió con una mirada helada, alzanzando una servilleta para limpiar el desastre en su cara. Su pelo también había sido parcialmente rociado.

Se forzó a calmarse procurando juntar en la cuchara la comida que había en el plato para intentar dárselo de comer, como había venido haciendo por la última media hora.

Tom no parecía impresionado por su amenaza. Estaba más interesado en meterse toda una mano en la boca y babearla con fruición.

- Menudo Dark Lord – murmuró Harry con desencanto.

Aprendió a dejar de infravalorarlo cuando el niño vomitó espectacularmente sobre la trona, el plato de comida y Harry. Curiosamente él solo se manchó la mano.

Mientras Harry trataba de contener las arcadas y alcanzaba desesperadamente su varita para limpiar todo el desastre se preguntó si Tom no habría hecho esto también a propósito.

Su sonrisita satisfecha parecía indicar que sí.

Una hora después Harry y Tom seguían sentados en el mismo lugar haciendo exactamente lo mismo; el primero forzando a comer al segundo y el segundo forzando la paciencia del primero.

Cuando Dumbledore salió de la chimenea limpiándose las cenizas descuidadamente frunció el ceño al ver la escena.

Harry y Tom estaban llenos hasta las cejas de puré de zanahoria. Todo lo que Harry había intentado que comiera, Tom lo había estado escupiendo por toda la habitación. Percibiendo la hostilidad abierta en la habitación, Dumbledore consideró si no sería una buena idea volver a la chimenea, pero Harry ya le había visto.

- Me niego a ocuparme de este monstruo – dijo el moreno con voz calmada. Claro que como lo decía con los dientes apretados la apariencia de calma se perdía un poco.

Dumbledore suspiró.

- Harry, ya lo hemos hablado...

- ¡Volveremos a hablarlo! Ni siquiera puedo darle de comer, ¿cómo espera que pueda ocuparme de todo lo demás? ¡Y me niego totalmente a cambiar pañales!

Los labios de Dumbledore se curvaron peligrosamente en una insinuación de sonrisa, pero viendo el mal humor de Harry consideró más prudente mantenerse serio.

- Harry, los niños de esta edad pueden comer solos – le reveló con tacto.

Harry le miró shockeado.

- ¿Qué?

- Tampoco hace falta que le des papillas o purés. Un plato de pasta y un poco de fruta hubiera estado bien – continuó el hombre acercándose y mirando a Tom atentamente -. Pero de todas maneras hubieras podido preguntarle.

- ¿Preguntarle? – repitió Harry tontamente. Se giró para mirar a Tom, quien hubiera jurado que parecía tener una pose altiva - ¡Pero si no habla!

- Que no te haya hablado no quiere decir que no pueda hablar – sonrió Dumbledore. Se dirigió al niño: -. Tom, ¿quieres algo más de comer? ¿tienes sueño? ¿quieres jugar?

Tom le miró seriamente tal vez decidiendo si era de confianza.

- Pipí.

Dijo simplemente, agachando un poco la cabeza.

Harry le miró alucinado.

- ¡No pienso cambiar pañales! – repitió sonando bastante horrorizado con la idea.

- Seguramente utilice el orinal – dijo Dumbledore calmadamente. Con su varita hizo aparecer un pequeño orinal y bajó al niño de la trona dejándolo al lado.

Ambos hombres le miraron atentamente. El niño les fulminó con la mirada.

- Oh, sí, disculpa – dijo Dumbledore con una sonrisita y se dio la vuelta jugando con sus dedos y mirando al techo mientras tarareaba una cancioncilla. Harry puso los ojos en blanco pero lo imitó. El poco rato oyeron sonidos que identificaron como que Tom ya había terminado.

- Bien – dijo Dumbledore volviendo a girarse y desapareciendo con su varita tanto el orinal como las manchas de puré que había por doquier -. Ahora creo que necesitas un buen baño. Harry, podéis utilizar el mío.

El anciano caminó tranquilamente hasta su escritorio y se sentó, fingiendo ordenar algunos papeles.

Tom miró a Harry desconfiado. Harry miró a Dumbledore incrédulo.

- ¿Bañarle? ¿Pretende que lo bañe?

- Bueno, está a tu cuidado.

- Pero... pero... pero...

- Después tendremos una conversación con él para explicarle la nueva situación – dijo Dumbledore como si nada, mirando a Tom con una sonrisa bonachona -. Seguro que estás muy confundido, ¿verdad?

Tom le miró friamente negándose a contestarle o a corresponder a su sonrisa.

Harry, sabiéndose derrotado, cogió al niño en brazos y lo llevó hasta el baño. Admiró por un momento la gran bañera de Dumbledore, temiendo que si dejaba solo al niño en ella terminaría ahogándose.

"No que no lo merezca" pensó Harry rencorosamente. Pero miró de nuevo al niño, que parecía ser muy callado, introvertido y tristón y se compadeció un poquito. Solo por ello jugó con los grifos para ponerle al agua algo de burbujas de colores y esencias de baño.

El primer problema vino cuando quiso desvestirlo.

- ¡NO! – gritó el pequeño Tom con todas sus fuerzas tirando de su túnica hacia abajo cuando Harry quería tirar hacia arriba.

- Para bañarte tienes que desvestirte – intentó explicar Harry con paciencia.

- ¡NO!

- ¡No puedes bañarte con la túnica puesta! – le gritó Harry a su vez - ¡Y no puedes ir por ahí cubierto de puré de zanahoria!

- ¡NO-O-O!

Desde luego que el crío era terco como una mula. Se notaba a las leguas su carácter Slytherin.

- ¿Prefieres bañarte tú solo? – preguntó Harry cansadamente.

Tom miró la bañera con un poco de aprensión pero seguidamente asintió con la cabeza.

Tal y como había hecho antes con el asunto del orinal, Harry se dio la vuelta y fingió entretenerse con otra cosa mientras oía como el niño se desvestía y trataba de entrar en la bañera. Con un sonoro ¡SPLAS! Harry supo que lo había conseguido de la manera más brusca: cayendo de cabeza.

Harry corrió hasta el borde y buscó bajo la espuma al niño, sacándolo a la superficie como buenamente pudo. No es que la bañera cubriera mucho, pero en la posición inapropiada podría ahogarse en un palmo de agua.

Con el corazón latiendo a mil Harry le quitó la espuma de la cara mientras Tom tosía el agua tragada.

- ¿Estás bien? – preguntó con aprensión revisando al niño palmo a palmo por si se había golpeado la cabeza o algo. El tímido asentimiento del infante le tranquilizó un poco - ¿Ves? Necesitas ayuda de vez en cuando. Tienes que aprender a no ser tan orgulloso – le regañó. Se sintió un poco extraño al decirle eso a un crío de dos años, pero Tom pareció entenderle porque no opuso resistencia a ser enjabonado, aclarado y posteriormente secado.

Si solo se comportase así el resto del tiempo...