Una historia de venganza. Las historias de venganza son muy bellas porque dan la medida de las pasiones. En la venganza se liberan odios y se da salida a lo que uno ya no puede soportar. Algunos sostienen que la venganza es dulce, y otros, que tiene un sabor insoportable. Yo no estoy de acuerdo. La venganza no tiene sabor, solo es la expresión de la tragedia.
Code Geass R3: Chained to Revenge.
Movimiento Número Tres: La Fuente de Energía
La sede de los Caballeros Negros se alzaba en lo que antaño era el Palacio Imperial de Japón. En la Explanada Real, una pequeñísima isla en el centro de la ciudad, lejos del Tokio moderno. El edificio era de blancas paredes y techo negro. Rodeado de frondosos bosques y jardines.
Más al norte estaba el Yasukuni-jinja: un santuario o cementerio que conmemoraba a los muertos por defender el país.
Por fuera, el gran castillo era cien por cien medieval, pero por dentro había de la más moderna tecnología. Era normal que el ejército del primer país que había logrado echar a los britannians tuviera una tecnología decente.
Ohgi estaba dormitando tras la imponente mesa de caoba que presidía su enorme despacho. Era una gran habitación de paredes blancas también y exquisita iluminación. Su mesa estaba a rebosar de papeles y carpetas que exigían urgentemente de su revisión, media docena de tazas de café y un par de bolígrafos. Frente a él, un laptop, un par de sillas y un sofá de dos plazas negro para las visitas.
A pesar de ser el segundo al mando de los Caballeros Negros, sus pensamientos eran invadidos por la imagen de su esposa, quien esperaba a su hijo... o hija. Quien sabe.
En un momento inesperado alguien llamó a la puerta interrumpiendo sus cavilaciones.
– ¿Quién es? -preguntó fingiendo que volvía al trabajo.
– Toudou –le respondió el visitante.
Toudou, el milagroso. De aspecto imponente y mirada fría. El tercero al mando en la Orden.
– Adelante –invitó a pasar.
Abrió la puerta y se sentó enfrente de él.
– Nos han llegado varios reportes que informan de un robo esta misma noche. En los almacenes de Kasukabe, en Saitama. Hay una gran cantidad de armas y planos. Así como un prototipo de la novedosa batería experimental Z00-134... es sumamente imp...
– ¿Por parte de quién? -preguntó interrumpiéndole.
– No lo sabemos. De lo único de lo que tenemos constancia es del asalto.
– ¿Habrá bastante con el escuadrón número catorce? – preguntó al tiempo en el que bostezaba.
– Seguramente. Los grupos de britannians radicales ya se están retirando y ninguno tiene más de cincuenta miembros. No hay absolutamente nada que temer –concluyó suspirando.
Ohgi sonrió y Toudou se retiró al concluir la frase. Los pensamientos del primero volvieron a su esposa. Tenía unas ganas increíbles de volver a casa.
XXX
El almacén estaba situado en una de las abundantes montañas de Kasukabe. Con los más novedosos sistemas de seguridad, un montón de protección y en un emplazamiento totalmente secreto era cuanto menos imposible de encontrar.
Corrían ya las cuatro de la mañana y el escuadrón catorce aguardaba impaciente. Tenían sueño y, evidentemente ansiaban volver a sus hogares a dormir.
– General Toudou –comunicó un joven por radio– ya son las cuatro y pico de la madrugada y no aparecen. ¿No cree que sería mejor volver a casa?
No –respondió tajante el general- esto está lleno de material que de caer en malas manos podría provocar un autentico desastre. Montaremos guardia toda la noche si hace falta ¿Entendido?
El soldado ni se atrevió a contestar y volvió a su trabajo, que era el de obedecer y, en esa situación obedecer era vigilar sin descanso el almacén hasta nueva orden.
El cielo estaba cubierto de estrellas y a esas horas la Luna ya estaba muy alta. De repente. Sin esperarlo, una luz lo iluminó todo, seguida por un fuerte estruendo. A los pocos segundos, un knightmare bajo sus ordenes estalló por los aires.
– ¡Atentos! – advirtió a la tropa– Deben ser ellos.
Los soldados asintieron y se pusieron en posición de ataque. No veían nada, pero sabían que la luz había llegado desde arriba así que la mayoría de miradas estaban puestas en el firmamento.
Otro disparo se produjo y otro frame fue destruido. Ya, en el segundo tiro los Caballeros se dieron cuenta de que se enfrentaban a un rival que les costaría derrotar.
Venían volando. ¡¿Como?! Muy pocos knightmares podían volar y estos, no eran adquiribles por cualquiera. Solo estaban reservados a muy pocos.
Eran veinte robots, la fracción entre dos de los que Toudou comandaba. Grisáceos, con toques blanquecinos en pecho y extremidades. Un par de cuernos cual minotauro salían de sus cabezas. Y en efecto... podían volar.
El general japonés tragó saliva.
– G-General... – inquirió uno de los soldados bajo su mando – no podremos con ellos.
– Hay que tener fe, sin fe no hay milagros – fue lo único que obtuvo por respuesta.
– Pero señor – aventuró otro – son al menos de séptima generación y eso que llevan... parecen rifles VARIS.
El mundo se derrumbaba. Si por asomo alguien inadecuado lograba apropiarse de la batería, el frame equipado con ésta tendría autonomía suficiente como para estar en marcha más de un mes sin necesidad de recargar. Por esto mismo, era imposible abandonar el campo de batalla. Había que defender eso a toda cosa.
– ¡Preparaos para el ataque! – ordenó.
Los frames rivales descendieron a la montaña y las primeras explosiones ya se oían a lo lejos.
Toudou conectó la línea con la Sede. Necesitaban refuerzos urgentes a la de ya.
– ¡Necesitamos ref..!
Alguien le había golpeado. Volvió la cabeza y se encontró nada más y nada menos con el que parecía el líder enemigo. Más grande, más pesado y de un color azul oscuro con toques dorados.
El japonés intento girarse pero una fuerte patada impactó contra el pecho del humanoide; obligándole a retroceder. Con una velocidad pasmosa, se posicionó detrás de él; atacándole con un sable MVS a la altura de la espalda.
Toudou no podía hacer otra cosa que aguantar, el sistema de comunicaciones fallaba y abundaban las interferencias.
El enemigo se acercaba a una velocidad trepidante sable en mano. Por suerte lo esquivó rápidamente, aprovechando para propinarle una patada.
La contienda ya estaba perdida, pero aún así, había que luchar hasta el final.
Toudou rápidamente desenfundó el sable. Una estocada enemiga hizo explotar el Gekka. Era su ultima oportunidad y había fallado.
XXX
Tras el fin de la guerra contra los britannians, Kallen volvió a la prestigiosa Academia Ashford para acabar de una vez por todas sus estudios, sin guerras y sin distracciones. A causa de la multitud de faltas de asistencia sus notas el curso anterior habían sido pésimas y se vio obligada a repetir curso.
Para ser algo en la vida había que tener al menos acabada la preparatoria.
Para volver a hacer amigas y adaptarse de nuevo necesitó tiempo... pero todo fue bien... hasta la llegada de Miranda Lagerfield, una nueva estudiante. Hija del Duque de Lagerfield y de una de sus ex-esposas.
Miranda era bella, con una hermosa melena negra que ondeaba al viento, tez pálida y unos enormes ojos de un color azul oscuro que la hacían la muchacha más hermosa del lugar. Tenía un toque de distinción natural y una inteligencia impresionante, impresionantemente por debajo de la media. Claramente, todos los chicos estaban enamorados de ella y las chicas ansiaban ser sus amigas a toda costa. Por esto mismo y otras cosas, Kallen se quedó relativamente sola, como al principio.
Sin embargo, el aspecto físico de Miranda no se correspondía nada con su verdadero ser. Tras esa apariencia dulce cual casta princesa se escondía una personalidad malévola que disfrutaba humillando a la gente. En particular a Kallen, la cual sabía que era medio britannian y medio japonesa. Ella odiaba tanto a los japoneses como a los mestizos pues aún los consideraba "elevens" o pertenecientes al Sacro Imperio de Britannia. Era cien por cien de la todavía existente Facción Purista.
– Oye... despierta –susurraba un joven de pelo azulado a una muchacha que había sentada a su lado. Al no obtener respuesta la zarandeó un poco. La chica que había a su lado realmente se le hacía como la Bella Durmiente.
– ¿Eh? – preguntó despegando levemente los párpados– te agradezco mucho que me despiertes, Rivalz. Pero me duele mucho la cabeza... además... la clase que toca ahora no es que sea mi favorita... dejame dormir un poco más... – susurró.
– ¿No te gusta la historia? – le reprochó su compañero – Pues... tenemos que aprobar.
– ¿Que vamos a dar hoy?
– La Paz de Westfalia – respondió – supongo...
Kallen apartó la vista del muchacho y la enfocó a la ventana. El paisaje era bonito tras la incesante lluvia de la noche pasada. Los pajaritos revoloteaban alrededor de la fuente del jardín. Estaba lleno de hierva y de árboles.
– Creo que me voy a saltar esta clase – dijo.
– ¿Como que te vas a saltar esta clase? – interrogó.
Rivalz intentó convencerla durante largo tiempo de que no abandonara la clase. Pero... la cabeza le dolía muchísimo. Ya no podía aguantar.
La japonesa salió de la clase, no sin antes despedirse de su compañero.
A medida de que iba avanzando, su paso se hacía más lento y cada vez costaba más el caminar. La academia ya no era lo que era antes, cuando estaban sus anteriores compañeros: Milly, Nina, Suzaku, Rolo, Nunnally y Lelouch. Sobre todo Lelouch, aún se acordaba de cuando luchaba con él, contra él o simplemente cuando se veían por el recinto escolar. Sabía que él no había muerto, no porque nadie se lo dijese, sino porque lo sentía en su corazón.
Caminando, caminando llegó al jardín, en donde se cruzó con Miranda y dos de sus "amigas" que la empujaron y le dirigieron un gesto de desprecio. Con una profunda tristeza se levanto del suelo como pudo y fue recogiendo los libros que había por el suelo uno a uno. Tenía un fuerte deseo de plantarse enfrente de aquella chica y gritarle. De preguntarle porque no paraba de molestarla, de exigirle que la dejara ya tranquila. Pero no se atrevía.
Cuando se hubo levantado miró su reloj, no eran más que las once de la mañana y ya sentía que sus fuerzas se habían agotado por completo. Sin embargo decidió continuar vagando sin rumbo fijo. Ni ella misma sabía donde iba. Se aburría, contaba sus pasos, daba mil vueltas a la casa del director. No sabía que hacer, hasta que finalmente se sentó en un banco del jardín de atrás del instituto.
Abrió su ordenador y empezó a navegar por la net. Tras ella oía pasos, cada vez eran más cercanos. Temía que fueran de Miranda, no tenía fuerzas para enfrentarse a ella en ese momento.
– ¿Kallen? – la voz calmada de una jovencita la distrajo en su viaje por Internet. La joven de cabellos rojizos que yacía sentada en el patio trasero del gran instituto en el cual cursaba su segundo año de preparatoria, de ojos color azul y mirada penetrante, Kallen Kouzuki volteó rápidamente al sonido que escuchó al lado suyo.
– ¡CC! – exclamó sorprendida haciendo que la chica retrocediera un par de pasos desconcertada.- ¿Qué…qué haces aquí?- preguntó, cerrando el portátil que traía en su regazo y observando con ojos inquisidores a la muchacha de largos cabellos verduscos que mantenía sus manos en su pecho por el susto.
– N-necesito ayuda… –dijo en un susurro.
– ¿De que tipo? -interrogó con audacia al mismo tiempo con el que se levantaba de un salto.
Realmente estaba sorprendida, no esperaba encontrar a nadie ahí y menos a esa enigmática chica que siempre acompañaba a Lelouch ¿Su amante? Tampoco iba a ofrecerle ayuda pues no era de su agrado. Pero... quizás ella supiera del paradero de Lelouch, aunque; por otra parte no quería tener falsas esperanzas. Ya había sufrido mucho con todo el asunto.
– Me persiguen. Necesito esconderme, es urgente. Por favor, no pueden encontrarme –dijo.
– ¿Quiénes? –preguntó. Todo eran preguntas y enigmas en esa chica.
– ¡N-No lo sé! –respondió a la vez que sus puños se volvían cada vez mas rígidos y sus labios temblaban intentado ocultar de nuevo las lagrimas. Igual como hacia cuando trabajaba de sirvienta para los nobles acaudalados y la gritaban por cualquier insignificancia.
Kallen se acercó a ella, percibía su pesar y estaba sintiendo algo que no creía que sentiría nunca por ella: empatía.
– Vamos a mi habitación –sugirió- Esa ropa está empapada –sentenció con una sonrisa.
No sabía porque ese sentimiento estaba presente en ella. Quizás era lo que sentían por Lelouch lo que las unía.
XXX
Durante el mandato de Lelouch y actualmente de Nunnally, varios nobles vieron como perdían poder. Esa hegemonía nobiliaria que mandaba durante los años de reinado de Charles se estaba yendo. Los nobles perdían dinero y los emperadores ganaban. Había que hacer algo. Volver a hacer de Britannia lo que debía ser. La dueña del mundo. Para eso mismo existía la Iniciativa. Una organización cuyo fin era acabar con los malos emperadores y devolver ese característico explendor a Britannia.
Suiza, Ginebra.
Ambos estaban en una gran habitación de paredes rojas, repletas de estanterías rebosantes de libros. Una gran mesa se hallaba en el centro de la misma y tras ella, bajo el amparo de las sombras, un misterioso sujeto cuyo más ardiente deseo era devolver a Britannia el poder que merecía en el mundo. A su vez, tras el joven había una maravillosa panorámica del río Ródano. También había un globo terráqueo, otra puerta y dos televisiones.
– Su Majestad – saludó una jovencita. Era bellísima, increíblemente sexy. Su ojo izquierdo estaba cubierto por un parche blanco, pero el otro era grande y verde. Sus labios eran rosados y atractivos. De pelo largo y amarillento y su vestido blanco y negro, apenas dejaba a la imaginación. Portaba unas medias del último color que escalaban hasta por encima de las rodillas. Una capa roja carmesí le cubría la espalda y, coronándola, una fina diadema negra sobre la cabeza.
– Habla, por favor. -ordenó el sujeto de detrás de la mesa, impaciente.
Los puños de la joven se volvieron rígidos y agachó la cabeza. Hablar frente a alguien tan importante le infundía muchísimo respeto.
– Gary L. Loring nos ha informado de que la evacuación de los laboratorios del geass ha sido todo un éxito – una sonrisa se esbozó en su fino rostro.
– Bien hecho.
¡La había felicitado! ¡Qué bien! Estaba muy contenta, contentísima.
– Señor... además ayer conseguimos la Z00-134 -comentó.
– ¿Comandabas tú el robo?
No pudo evitar ruborizarse. Era muy vergonzosa.
– Sí – asintió.
– Muy bien. Después de esto lo único que me queda es hacer un par de pactos y Britannia sucumbirá ante mi. Puedes retirarte.
– Señor... – susurró la joven – ¿Qué se hará ahora con todas esas personas?
– Todas tendrán una vida decente, ya lo verás.
