Capitulo tres: Reloj.


El sonido era incesante, envolvente, enloquecedor. Miles de sinónimos se me ocurrirían para describir en estrepitoso sonido que producía ese condenado reloj de madera y hierro día a día, noche tras noche. Era insufrible.

Nunca se detenía, los integrantes de la casa parecían no prestarle atención. Pero yo sí. Cada momento del condenado día soltaba una maldición por cada "Tic" y una blasfemia en cada "Tac" que producía ese aparato.

Podía verlo, como movía sus manecillas, cada segundo. Las vueltas que ha dado, ¡Ah, si te contara de las vueltas! Días y días desperdiciados mirando ese palito ir de doce a doce. ¡Miserable! Y del péndulo, que iba y venía; iba y venía.

Habían pasado, cuatrocientas sesenta y cuatro horas, con cuarenta minutos y veintiséis segundos. ¿Cuántos días? No lo sé ni me interesa, solo llevo cuenta de las horas de ese maldito reloj.

Lo odiaba.

Intente levantarme de la camilla, pero no podía moverme, me quedaba estático. Abrí levemente mis labios, luego separe mi mandíbula para poder sacar mi áspera lengua fuera de mi boca. Tocí, para despejar mi garganta, y grite. Grite con cada fibra de mi cuerpo, toda la energía la use para gritar y de una vez por todas opacar el sonido del reloj.

No sé cuánto grite, pero me volvía loco estar acostado hay. Mi salud mental colgaba de un péndulo que iba y venía, iba y venía, iba y venía. Sin control, sin señales de meterse. Igual al cuerpo del doctor Briefs, que estaba siendo aplastado por ese reloj pesado de madera hace cuatrocientas sesenta y cinco horas, con veinte minutos y quince segundos.

El sonido del goteo ya no lo escuchaba más, porque su cuerpo está seco. El mismo se había suicidado, el mismo se arrojó con fuerza con el mueble de madera en cuestión, que cayó aplastándolo… el sonido de los huesos triturándose era leve, lento.

Tal vez, no quería escuchar ese maldito sonido. Él no quería enloquecer.

Mire hacia el techo, aun escuchando el sonido. Simplemente intente perderme en mis pensamientos, alejándome de mi realidad. Lo logre. Mi imaginación me trasporto a un lugar conocido, agradable, en un planeta desértico con grandes estanques corrosivos y plantas gigantes.

Vi como un gran animal caía en el estanque de agua purpura, y creaba una bola de gases a medida que se desintegraba. Ese líquido me parecía conocido, en el momento que se fusionaba con la sangre del animal, y una nube morada comenzaba a elevarse sobre mi cabeza. Lo sé, me intentaba alcanzar.

Me di la vuelta y comencé a correr lo más rápido que pude, pero mis extremidades se contorsionaban, se derretían. Cuando me di vuelta para ver la nube toxica, note que no estaba detrás mío; Estaba envolviéndome.

Me desperté de nuevo en la habitación de la enfermería. Con el mismo sonido sofocante, con las mismas alucinación, con la misma idea de que todo esto acabara. Mi cabeza, ya no la soportaba.


Este capitulo esta dedicado a la pequeña de "Extraestelar" :3