Había pasado toda la noche en vela, conservando aun la colocación exacta con la que se había acostado. No entendía como no pudo dormir, aun estaba agotado tras el duro entrenamiento que había realizado el día anterior. El insomnio que sufría, había sido ocasionado por aquella escandalosa niña, que se había apoderado por completo de sus pensamientos, esa misteriosa mirada era culpable de su desvelo y se había percatado que aquello que sentía por ella, era un simple deseo pasajero, que pronto se iba a esfumar. Taki miró el despertador y se sorprendió, al ver que era las nueve y media de la mañana, se concienció que en nada tenía que prepararse para entrenar. Cuando se disponía a levantarse, su madre abrió la puerta, con el fin de despertar a su hijo. Al ver que estaba despierto, ella se asombró gratamente.
— Es raro verte levantado. — ella mostró su agradable sonrisa.
— Lo que pasa, es que el entrenamiento es importante para mí en estos momentos. — Taki se quitó raudo su camiseta de pijama.
— Hoy no hijo, tienes que quedarte con tus hermanos pequeños. — su madre agachó la cabeza.
— ¡No puede ser! — Taki protestó, ofendido por las palabras de su madre.
— Lo siento, hoy trabajo a tiempo completo en el hospital y tus hermanos son muy pequeños, para que se valgan por sí solos.
— ¡Como siempre, cuando papá y tú no estáis, me toca a mí fastidiarme! — gritaba Taki en cólera. — ¡Tengo un entrenamiento muy importante!
Su madre salió de su cuarto, para no seguir discutiendo con él. Taki, en un ataque de cólera, se colocó la almohada en su cara y pegó un pequeño chillido. El pequeño contó hasta diez, con el fin de calmarse. Cuando su ira se mitigó, tomó la iniciativa de telefonear a Kisugi y darle el aviso, de que hoy no iba a poder asistir al entrenamiento.
Cuando se dirigió hacia el salón, vio a sus cuatro hermanos esperando impacientes por el desayuno, dejando claro que su madre se había marchado a trabajar. Taki molesto resopló, se acercó al teléfono y con fastidio, apartó a dos de sus hermanos hacia a un lado y con cierto cuidado, para no hacerles daño. Con saña agarró el aparato, se lo colocó en el oído y marcó el número de la casa de su amigo. Esperó un par de segundos y cuando respondieron, se escuchó la divertida voz de la madre de Kisugi, que al descubrir que se trataba de Taki, de inmediato avisó a su pequeño con unos gritos que a punto estuvieron de destrozarle los tímpanos. Tras un largo minuto, su mejor amigo le respondió.
— ¿Para qué llamas? — Kisugi preguntó con expectación.
— Kisugi, hoy no puedo ir a entrenar. — Taki apretó con todas sus fuerzas el teléfono.
— ¿Tienes que cuidar otra vez de tus hermanos? — Kisugi averiguó al instante el problema de su mejor amigo.
— Pues sí. — con fastidio observó de reojo a sus hermanos.
— No te preocupes Taki, me ocuparé de darle el mensaje al entrenador. — la voz de Kisugi transmitía tranquilidad.
— Gracias Kisugi. — Taki resopló aliviado.
— No hay de qué. — la madre de Kisugi interrumpió y hubo un silencio que dejó esperando a Taki durante un par de segundos. — Oh, vaya, tengo que prepararme, nos vemos.
— Hasta luego.
Tras despedirse de Kisugi y colgar, Taki se quedó un instante en silencio hasta que de pronto, el más pequeño de sus hermanos tiró de su camiseta, para llamar su atención.
— Tengo hambre. — el pequeño se llevó su dedo a su boca.
No podía perder la calma, aun sabiendo la molestia que le causaba el tener que hacerse cargo de esos cuatro. Tenía que actuar como buen hermano mayor y como el hambre reinaba en ellos, no tuvo otra que atender tal necesidad, tomando así, la iniciativa de preparar un desayuno fácil de hacer. Cuando se dirigía a la cocina, se percató que sus cuatro hermanos lo perseguían como las moscas a la mierda y para colmo, el más pequeño le agarró la camiseta por detrás. Al entrar en la estancia donde iba a preparar el desayuno, indicó a los pequeños que se sentaran en la mesa y esperaran a que terminara lo que tenía que hacer. Con la ayuda de una banqueta, Taki se subió para estar a la altura de la encimera, agarró la tostadora y la bolsa con el pan de molde, enchufó aquel aparato y cuando estaba ya caliente, colocó un par de rebanadas, hasta tener diez tostadas listar para comer. Las sirvió y las repartió entre sus hermanos, que aplaudieron al ver el desayuno recién hecho. Taki se percató que faltaba algo, así que corrió hacia la nevera, la abrió y sacó de esta la deliciosa mermelada de frambuesa que tanto le gustaba. Antes de echar aquella maravilla en sus tostadas, decidió untar antes las de sus hermanos. Felices se zampaban el desayuno, el mayor los miraba con aburrimiento y deseó en ese instante, que su madre o su padre llegaran a casa, para poder ir a la cancha a entrenar.
Al terminar el desayuno se fue al salón, encendió la consola y entregó los cuatro mandos a sus hermanos para tenerlos distraídos y así poder leer la revista de fútbol, que le había comprado su padre antes de que éste se fuera a trabajar en el hospital. Se tumbó en el sofá y comenzó a leer las páginas, todo lo que traía era casi de lo mismo, partidos, jugadores… pero no se esperó aquella noticia que dejó asombrado al pequeño, en esa página estaba la foto de un futbolista al que admiraba por completo, un ex jugador japonés con raíces alemanas.
— ¡Dirk Heuman! — Taki se quedó maravillado. — Al final regresó a Japón para entrenar a un equipo juvenil, estaría bien conocerlo en persona.
— ¿Es un buen futbolista? — intervino uno de sus hermanos, que al igual que Taki, le gustaba el fútbol.
— Fue conocido como el rey del regateo y era uno de los integrantes del trío de oro, en su época como jugador de fútbol. — Taki señalaba la foto de la revista.
ooo
Durante el entrenamiento, Kisugi se sentía solo, aun teniendo la compañía de Izawa. Sin Hajime Taki, todo le resultaba aburrido, ya que su amigo, cuando está presente, le hace reír y ahora que estaba ausente, se sentía deprimido y con pocas ganas de jugar al fútbol en ese mismo instante.
— Genzo no ha venido hoy al entrenamiento. — Izawa interrumpió a Kisugi.
— Creo que está entrenando en su casa. — Kisugi no le dio importancia la ausencia del capitán del equipo.
Al concluir el entrenamiento, Izawa y Kisugi decidieron realizar la parada diaria que solían hacer en el parque, con el fin de pasar el rato antes de regresar a sus casas. Lo primero que hicieron, fue hacerse con la revista de fútbol de hoy en la tienda próxima que se encontraba en el lugar y cuando ya la tuvieron en su poder, se sentaron en el mismo banco de siempre y así, poder disfrutar de las noticias deportivas del día. Ambos, al llegar a cierta página se sintieron maravillados, el gran Dirk Heuman había regresado al fútbol como entrenador, sin embargo, ellos deseaban leer sobre los otros dos integrantes del trío de oro, que jugaron con el mestizo alemán en su época.
— Habla del rey del regateo, pero no de Daiki Fukui y Fujita Hashimoto. — Kisugi suspiró algo consternado.
— No es para ponerse triste, si él ha regresado, fijo que sus compañeros también. Además, Taki debe de estar disfrutando con la noticia.
— ¡Kisugi! — el ensordecedor grito de una niña descolocó a los dos.
Corría hacia ellos una niña de largo cabello rizoso, que observaba con entusiasmo a Kisugi. Al llegar a ambos amigos, se tiro encima del rizoso y lo abrazó tan fuerte, que a punto estuvo de matarlo.
— Fumiko, me ahogas. — Kisugi intentó hablar.
— Lo siento. — Fumiko se disculpó con una sonrisa.
— Kisugi, ¿cuándo dejarás de ser el popular de la escuela? — Izawa se reía con gesto de burla, ante la cara de amargo de su amigo.
— Dejaré de ser popular, el día que aparezca el amor de mi vida. — Kisugi observó con molestia a Fumiko.
— ¡Cállate, no permitiré que otra perra te toque! — Fumiko le gritó en la cara, aquel a quien amaba tanto.
— ¿Podrías dejar de gritar? — Kisugi se tapó los oídos.
— Lo siento Kisugi. — Fumiko se sonrojó. — ¿Dónde está Hajime Taki?
— Cuidando de sus hermanos. — Kisugi apartó con cuidado a Fumiko.
— Mejor, él es el feo del grupo y no os favorece su presencia. — Fumiko se frotó las manos con una perversa sonrisa.
— ¡No vuelvas a hablar mal de mi mejor amigo! — Kisugi se levantó de aquel banco lleno de ira.
— Estúpida. — Izawa miró a Fumiko entre dientes.
Salieron del parque para regresar a sus casas, Kisugi estaba enfurecido por el hecho de ver como esa entrometida se burlaba de Taki. Fumiko desde siempre había estado obsesionada del pequeño de los rizos y no había modo de quitársela de encima, si él se acercaba a otra niña, ésta acababa apaleada y humillada. Él se había convertido en uno de los más populares de la escuela y todas las niñas se le echaban encima como moscas, una popularidad que ganó, por su habilidad con el fútbol y como no, por ser uno de los máximos goleadores del equipo. Él odió el momento que comenzó a ser el centro de atención de casi todas las chicas y sobre todo, el instante que Fumiko comenzó a obsesionarse con él.
ooo
Genzo regresó frustrado a su casa, tras ver como dos jugadores del Equipo B, habían fracasado en aquel intento de molestar al Nankatsu. Ese tal Tsubasa tenía una gran habilidad para el fútbol y eso le enfadaba por completo. Al llegar a su campo personal se sorprendió al descubrir a Mikami hablando con un hombre, el portero, de inmediato lo reconoció y con una amplia sonrisa, se aproximó a su entrenador.
— ¿Es él quien va a tirarme a puerta? — Genzo señaló nervioso al misterioso hombre.
— No muchacho, es una visita y resulta que ha sido una gran sorpresa para mí, Dirk ha sido mi compañero de equipo durante toda mi época futbolística. — Mikami mantenía su atención fija en aquel hombre.
— Anda, es algo que no sabía de ti. — Genzó dejó su rencor a un lago y al fin, mostró una breve sonrisa. — Oye Dirk, estoy entrenando para un partido importante, ¿puedes tirar a mi portería varios tiros? — el joven portero observó entusiasmado al rey del regateo.
— Ahora no puedo, tengo cosas que hacer. — Dirk desilusionó a Genzo. — Pero te prometo que un día de estos, te enseñaré a parar el famoso tipo fantasma.
— Espero que llegue ese gran día. — Genzo se ilusionó gratamente con la promesa del gran Dirk Heuman.
— Mikami, ha sido una alegría para mí volver a verte, nos veremos cuando tenga libre, ahora mi hijo es más importante.
El rey del regateo se retiró, levantando su mano para despedirse de ambos porteros. Con solo ver a Mikami, evidenciaba la ilusión que le había hecho la visita de su ex compañero de equipo, Dirk Heuman. Genzo se acercó a su entrenador personal y le lanzó una mirada fija, tenía curiosidad por saber el motivo de aquella sorpresa.
— Ese hombre, me ha prometido muchas cosas y espero que se cumplan. — Mikami observó a Genzo con una sonrisa. — Lo he traído, para que veas a ese gran hombre y te des cuenta, que tus compañeros son muy importantes para ti. Su trío de oro, se parece un montón a Kisugi, Izawa y a Taki, ¿no crees?
— Para ellos, el trío de oro fue su inspiración, pero creo que ellos no llegaran a ser tan grandes jugadores como ellos. — Genzo se ajustó su gorra con una arrogante sonrisa.
— Eso no lo sabrás Genzo, verás como ellos llegarán a ser el futuro trío de oro. Por eso mismo, no quiero que pierdas a esos amigos que tanto te aprecian.
Los OCs que salen en esta historia, son personajes con coherencia, como por ejemplo, familiares, amistades, compañeros de escuela e incluso ídolos para el Shutetsu Trío, también he llegado a la conclusión que ellos tienen el mismo derecho de enamorarse, tal como lo ha hecho Tsubasa u otros personajes importantes del manga.
