Hola! Aquí les traigo un nuevo capitulo de mi fic!

Gracias por el apoyo y los reviews! Que aunque sean pocos me animan a seguir escribiendo!

Capitulo DOS

Sakura estaba plantada delante de la puerta de la casa de su amiga, se sentía extraña, estaba nerviosa, impaciente.

Hasta a ella le parecía una tontería pero no podía evitarlo, después de todo era la primera vez que visitaba a una amiga, como Ino era la única. Sakura se acercó a la puerta casi con timidez y tocó tres veces ligeramente. Esperó un par de minutos antes de que la puerta se abriera mostrando a un hombre rubio y con ojos azules muy oscuros, seguramente el padre de Ino, el hombre al verla la miró de arriba abajo para luego sonreír de oreja a oreja.

—Hola, pequeña—saludó amablemente el hombre—tú debes ser Sakura-chan, ¿me equivoco?—preguntó agachándose a la altura de la niña.

—S-sí, ¿Cómo lo sabe?—quiso saber con inocencia.

—Ino se pasa el día hablando de una hermosa niña de pelo rosa y ojos verdes, eres muy popular en esta casa—comentó el rubio soltando una carcajada—Pero no te quedes ahí, pasa—pidió haciéndose a un lado de la puerta.

Sakura entró a la casa con timidez, no llegaba a ser muy grande pero sí era muy acogedora, el pasillo que llevaba al salón era muy corto, las paredes estaban pintadas con una linda combinación de un blanco y lila muy suaves en las que colgaban varios cuadros familiares, la mayoría de los muebles eran de madera oscura lo que le daba un toque rústico y hogareño.

—Ino está en su habitación, es la habitación del fondo de este pasillo—le explicó indicándole con la mano el camino que tenía que seguir.

—Gracias—agradeció con una sonrisa y dejando la timidez a un lado corrió hacia la habitación de su mejor amiga.

Sakura abrió la puerta entusiasmada, y no era de extrañar, llevaba tres semanas sin ver a su rubia amiga y la echaba muchísimo de menos. Allí la encontró, tumbada en la cama mientras leía un fino libro.

—¡Ino!—gritó a punto de llorar y se lanzó encima de la cama a abrazarla con todas sus fuerzas.

—¿Sa-sa-kura?—pronunció como pudo la rubia pues la pelirrosada estaba a punto de ahogarla en aquel abrazo.

—¡¿Qué has estado haciendo?! ¡Estuve muy preocupada por ti!—le reprochó la niña con lágrimas en los ojos.

—¡Baka! No seas tan dramática, sólo he estado muy ocupada con mi entrenamiento especial—se excusó la rubia con un ligero rubor en las mejillas, y es que su mejor amiga era demasiado exagerada.

—¿Entrenamiento especial?—repitió sin entender.

—¡Sí!—asintió con orgullo—¡Mi papá me está enseñando un jutsu genial!

—¿De verdad?—preguntó Sakura mirando a Ino con estrellitas en los ojos.

—Por supuesto, pero a pesar de entrenar tan duro por más de semanas todavía tengo muchos problemas con este jutsu…—dijo soltando un suspiro.

—¿En que consiste?—preguntó sumamente interesada la ojijade.

— El Jutsu: Cambio de cuerpo y mente o "Shintenshin no Jutsu", es un jutsu secreto del clan Yamanaka en el que podemos cambiar nuestra conciencia con la de nuestro oponente controlándolo por completo hasta que se nos acabe el chakra—explicó Ino con tranquilidad dejando a una Sakura boquiabierta—pero todavía soy muy lenta para completarlo, además de que sólo consigo mantenerlo un par de minutos, y por si fuera poco cada vez que realizo el jutsu acabo tan agotada que duermo durante días—soltó con decepción.

—¡Pero sigue siendo genial!—la animó Sakura mostrándole una enorme sonrisa para que no se deprimiera.

Ino observó a su amiga durante unos segundos, sí, la había echado de menos; su largo pelo rosa, sus ojos verdes brillantes, su voz cantarina, su sonrisa amable y que la llenaba de energía, todo eso y más hacían de Sakura una niña preciosa, alegre y…diferente. Quizás por eso consideraba a Sakura su mejor amiga, porque era diferente de las demás niñas, no había falsedad alguna en ella, ni en sus ojos, ni en sus palabras, ni en sus…sonrisas. Sí, se podría decir que la naturaleza de Sakura era…amable.

—Ino, Ino, Ino, ¡Ino!—acabó gritando la pelirrosa interrumpiendo los pensamientos de la Yamanaka—¿Cuándo volverás a la academia?

—Pronto, pronto dominaré el Shintenshin no Jutsu y podré volver, ¡te lo prometo!—Ino extendió el meñique en dirección a su amiga para sellar la promesa.

—¡Es una promesa!—repitieron las dos al unísono con una gran sonrisa.

Sakura pasó el resto de la tarde jugando al lado de Ino, las dos niñas no paraban de correr de un lado a otro; reían, saltaban, cantaban, bailaban e incluso el padre de Ino se unió a ellas en algún momento del baile. El día junto a Ino pasó rápido y la noche no se hizo esperar. Sakura se despidió de Ino con un cálido abrazo y con la promesa de volver a visitarla a ella y a su padre.

Cuando Sakura salió de la casa de Ino ya había oscurecido, se sentía extraña, una enorme felicidad la inundaba mientras observaba la luna llena aquella noche, el aire que normalmente calaba los huesos de cualquiera esta noche no era tan frío, se sentía bien.

La pelirrosa caminaba por las calles inundándose de la calidez y la tranquilidad que irradiaba Konoha, tranquilidad que fue interrumpida por unos fuertes gritos provenientes de un callejón. Sakura iba a seguir su camino sin inmiscuirse pero paró en seco cuando entre aquellos gritos también lo acompañaron unos quejidos. No dudó en correr hacia aquel alboroto, se adentró en el callejón sin pensárselo y se encontró con algo que la había atormentado durante varias noches.

—Otra vez—su propia voz resonó en su interior—Es él—aseguró con terror.

Una vez más, aquella escena se repetía delante de ella. Una vez más, aquel niño rubio era maltratado delante de ella. Pero esta vez era diferente, no era un solo hombre el que lo golpeaba, no, eran dos niños que probablemente serían mayores que ellos quienes lo molían a golpes, y no conforme con eso además lo llamaban monstruo.

—¡Basta!—el grito de la pelirrosa hizo hasta eco en el lugar y sin duda sorprendió a aquellos niños—¡dejarlo en paz! ¡no le golpeéis más!—exigió Sakura con lágrimas en los ojos, poniéndose entre aquel rubio y sus agresores con los brazos extendidos a ambos lados en señal de que no permitiría que volvieran a tocarlo.

Los niños se miraron entre sí, nunca imaginaron que algo como eso podría suceder, que alguien se lanzará a proteger a aquel rubio era inaudito, imperdonable.

—¡Oye, niña! ¡No te metas en esto!—gritó furioso un castaño con ojos grises.

—¡Eso! ¿No deberías estar en casa durmiendo en tu cama de princesita?—se burló su compañero pelirrojo—¡Lárgate antes de que te pase lo mismo que a él!

Sakura no respondió, tenía claro que no se iba a mover de ahí, esta vez no. Y contrario a intimidarse que es lo que querían aquellos niños, Sakura afiló su mirada y los fulminó con los ojos.

Los niños se percataron de esto y se volvieron a mirar entre sí con una enorme mueca de fastidio.

—¡Se acabo! ¡Tú te lo has buscado!—gritó el castaño antes de abalanzarse encima de la pequeña haciéndola caer al suelo, luego comenzó a propinarle varios golpes en la cara y en los brazos, la tiró del pelo varias veces e incluso la pateó repetidamente en el costado para después seguir golpeándola en la cara con furia.

—¡Demonios! ¡Ya basta, Itsuki!—gritó el pelirrojo asustado por la actitud de su compañero y sacándolo de encima de ella—Nosotros no golpeamos a niñas, ¿se puede saber que demonios te pasa?

—Si defiende a ese monstruo, es igual a él—comentó con desprecio para luego liberarse del agarre de su compañero e irse del lugar sin miramientos.

El pelirrojo se debatió entre seguir a su amigo o ayudar a la niña pelirrosa.

—Tsk, maldita sea—fue lo único que dijo antes de seguir a su compañero fuera del callejón dejando a ambos en un estado deplorable.

Sakura no podía respirar, seguía tumbada sin fuerzas para levantarse, desde luego que aquel castaño se había ensañado con ella, y si no fuera por aquel pelirrojo igual no lo contaba. La pelirrosa se tocó el costado con cuidado e intentó incorporarse lentamente para luego mirar a aquel niño rubio a su lado con horror. El rubio lucía mucho peor que ella, estaba tumbado boca abajo con golpes por todas partes, la sangre brotaba de sus heridas como cascadas, su ropa estaba sucia, rasgada y teñida de un terrible color rojo. Sakura hizo uso de toda su fuerza de voluntad para levantarse y se acercó a él, le dio la vuelta y lo apoyó en su regazo.

Oscuridad, era lo único que veía Naruto pero no era lo único que sentía; dolor, angustia, intranquilidad, pesar, ansiedad, incertidumbre, suavidad, pena, tormento, malestar.

—Espera un momento, ¿suavidad?—se preguntó intentando abrir los ojos sin éxito, le pesaban demasiado.

Sentía su cuerpo pesado, le dolía todo, se encontraba sin fuerzas, sin aliento, sin entender nada. Volvió a intentar abrir los ojos lentamente para encontrarse todavía más desorientado de lo que ya estaba, si era posible.

—¿Dónde estoy?—se cuestionó moviendo ligeramente la cabeza para mirar a su alrededor—¡¿Pero qué?!—ahogó en un gritó al ver donde estaba.

Naruto ni siquiera se paró a observar el lugar donde se encontraba, eso no era importante en ese momento, lo que le preocupaba era quien descansaba a su lado. La habitación estaba oscura pero la luz de la luna entraba por la enorme ventana iluminando ligeramente la estancia. Miró pasmado a una niña de pelo rosa que se encontraba compartiendo cama con él, ¡compartiendo cama! Pero su inusual color de pelo no fue lo que le llamó su atención en esos momentos, sino su estado, la miró de arriba abajo, tenía vendas en los brazos y en la cabeza, su cara estaba llena de rasguños y con un ojo morado, en su frente adornaba una tirita de color rosa que casi estaba oculta por su flequillo de lado, incluso en un estado tan lamentable, a Naruto le pareció el ser más hermoso que había visto nunca, y es que ahora empezaba a recordar… a recordar los gritos, los golpes, las patadas, los insultos, la humillación y a ella, ella fue lo último que el vio antes de caer inconsciente.

Naruto zarandeó con suma suavidad a quien descansaba a su lado, casi parecía que no quería despertarla, le daba bastante pena molestarla en su tranquilo sueño pero no podía aguantar más la curiosidad.

—Oye—susurró mientras la zarandeaba—oye, despierta.

Naruto al ver que no había resultado se empezó a desesperar un poco, la sacudió con más fuerza esta vez y al oír su quejido retiró las manos de encima de ella con rapidez.

—Cinco minutitos más, mamá—suplico la niña con unas adorables muecas en la cara que hizo reír a Naruto.

—Despierta, no soy tu mamá—reveló el rubio provocando que la pelirrosa abriera los ojos de golpe y se incorporará asustada.

Sakura posó los ojos en su acompañante, viendo como el rubio la mirada entre asustado y confundido, si ella se sentía desorientada imagínate como se sentía él, así que hizo lo que mejor sabía hacer, sonreír.

—Por fin despiertas—pronunció Sakura sonriendo.

—Eso debería decirlo yo—respondió más tranquilo—¿Quién eres? ¿Qué me ha pasado? ¿Qué hago aquí?—se apresuró en preguntar.

—Soy Sakura, Haruno Sakura—se presentó tendiéndole la mano—te encontré malherido en un callejón y no pude evitar ayudarte, cargue contigo hasta casa y mamá atendió tus heridas—explicó Sakura omitiendo todo lujo de detalles.

—Mientes—acusó él sin poder mirarla a la cara—aunque fue lo ultimo que recuerdo…sé que te interpusiste entre aquellos canallas y yo—reveló recordando con furia la cara de aquellos idiotas y como aquella niña les plantó cara—¿Ellos te hicieron eso?—preguntó posando su vista en sus vendas y heridas.

Sakura abrió los ojos sorprendida, no sabía que decir, él recordaba casi todo de lo sucedido. Tenía miedo, tenía miedo de contestar a su pregunta, él rubio parecía apunto de explotar de la rabia, casi podía oír sus dientes rechinar por la fuerza que estaba ejerciendo, su mandíbula estaba tensa y casi podía asegurar que sus ojos se estaban volviendo rojos.

—S-sí—confesó por fin para luego desear no haberlo hecho al ver la reacción de Naruto.

La azulada mirada de Naruto oscureció de tal manera que parecía haberse vuelto negra, su respiración se volvió agitada, su ritmó cardíaco aumentó considerablemente, su mandíbula se tensó aún más, en la habitación se oía el rechinar de sus dientes, su cuerpo comenzó a temblar y sus manos se cerraron en un puño. Naruto se dispuso a levantarse de la cama pero Sakura se lo impidió.

—Espera—pidió poniendo su pequeña mano en su pecho—¿Qué vas a hacer?

—¿Tú que crees?—preguntó con sarcasmo.

—Ni siquiera lo intentes, no te moverás de aquí—amenazó sin quitarle la mano de encima mirándole directamente a los ojos y usando un tono que daba demasiado miedo como para ser el de una niña.

—D-de acuerdo, tu ganas Sakura-chan—tartamudeó esquivando la mirada de ella.

—¿Sakura-chan?—repitió.

—¿Puedo llamarte así?—preguntó casi con timidez.

—¡Claro! ¡No hay problema!—contestó con repentina felicidad la ojijade—Aunque ahora que lo pienso...todavía no me has dicho tu nombre.

—Naruto, Uzumaki Naruto—se presentó tal y como lo hizo ella y sonrió como no lo había hecho en mucho tiempo.