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Capítulo: 2
EL HOMBRE DE LAS SOMBRAS
El suspiro que soltó Gendo al final de la sesión con Fuyutsuki fue de las pocas muestras de tener sentimientos que mostró el chico en toda la mañana. El profesor se había dedicado a repasar el plan de estudios de cabo a rabo mientras Gendo pasaba la mayor parte del tiempo tomando apuntes para lo que sería su tesis de fin de grado.
Fuyutsuki, por su lado, comenzaba a entenderse mejor con su tutorado. El chico, que había seguido el consejo de su tutor y se había dado una buena ducha, era inteligente y tenía potencial, pero era demasiado vago y se dejaba llevar por otras cosas de vez en cuando. El profesor no pudo evitar sonreír al ver que, al menos, había conseguido saber algo nuevo sobre él.
Sus planes, sin embargo, tenían que ver más con su actitud y su forma de llevar la vida en la universidad que con sus estudios. Si lo que Yui decía era cierto, el chico solo necesitaba cambiar su estilo de vida.
Orgulloso, terminó de borrar el encerado y se frotó las manos.
—Bueno, supongo que nos vemos el lunes —dijo, poniendo los brazos en jarras—. Me gustaría que comenzaras a pensar un tema para tu tesis un día de estos, pero si no se te ha ocurrido para lunes no pasa nada, ya lo hablaremos. Si tienes alguna duda antes de ese día, pásate por aquí o…
"¿… o habla con Yui?" se preguntó a sí mismo. ¿De verdad quería que aquellos dos se relacionaran más de la cuenta?
Fuera por celos o simple paternalismo hacia Yui, no pensaba que el mero hecho de que aquellos dos hablaran fuera una buena idea. No quería que su alumna favorita se juntara con aquel tipo, con el que él mismo todavía se estaba esforzando en confiar. Fuyutsuki se odiaba a sí mismo cuando pensaba de aquella manera sobre Yui, pero no podía evitar terminar cediendo a las exigencias de su mente.
—O, ya sabes, pregúntale a alguno de mis compañeros —terminó—. Sabrán decirte dónde localizarme. Sabes quiénes son ¿verdad?
Gendo asintió y le dio un firme apretón de manos.
—Ha estado bien —dijo simplemente—. No me ha decepcionado. Nos vemos, profesor.
Fuyutsuki mantuvo su sonrisa hasta que su alumno abandonó la habitación. Entonces, se desvaneció completamente mientras se volvía a sentar en su escritorio.
No estaba orgulloso de sus sentimientos por Yui, tenía que reconocerlo. Siempre había criticado a otros profesores por mantener relaciones con sus alumnas, y aunque él mismo no estaba en una relación… le dolía pensar en ella de aquella forma.
Sin embargo, había algo en esa chica que lo atraía muchísimo. Su curiosidad, su ideología, su forma de comportarse con la gente… no podía evitar sentirse como su protector, por muy sexista que aquello sonara.
Se quedó ponderando acerca de sus pensamientos mientras escuchaba como Gendo se alejaba por el pasillo con su habitual andar calmado.
—
Yui ahogó un grito cuando, al cruzar la esquina, se encontró cara a cara con aquel chico. Aunque ella retrocedió y se llevó la mano a la boca, él ni siquiera reaccionó. Se quedó mirándola con una expresión neutra y sin decir una sola palabra.
Yui Ikari, la ayudante de investigación de Fuyutsuki. Las pocas veces que Gendo se había encontrado con ella apenas habían intercambiado palabras, y sin embargo sabía mucho más sobre la chica de lo que ella podría llegar a sospechar. La había investigado lo suficiente después de enterarse de qué clase de contactos tenía en el mundo de la ciencia, y creía que estaba listo para empezar a intentar acercársele.
—P-perdona —dijo ella, recuperando la compostura rápidamente—. Menudo susto me has dado… Rokubungi ¿verdad?
Gendo asintió.
—Vengo de la oficina de tu sensei ahora mismo, precisamente —dijo.
—Oh —el rostro de la chica se iluminó un poco—. Así que ya habéis tenido vuestra primera sesión. Me alegro mucho.
La máscara de Gendo flaqueó por unos instantes. Sin embargo, enseguida se dio cuenta de que probablemente el profesor ya lo había hablado con ella.
—¿Qué sabes tú de eso? —preguntó de todas formas.
—Bueno… —Yui comenzó a juguetear con el pelo—. ¿Te acuerdas de aquella vez que hablamos en la cafetería, hará una semana? ¿Cuándo me senté contigo?
—Sí —respondió Gendo, recordando el momento con un atisbo de sonrisa—. Me hablaste mucho de él.
—Parecías bastante necesitado de un asesor académico, así que decidí pedirle a un profesor que te recomendara a Fuyutsuki.
Gendo alzó las cejas ligeramente. ¿La hija de un pez gordo de SEELE le había echado un cable? Le resultaba difícil de creer que así fuera, y más si no pensaba pedirle algo a cambio.
—Je, supongo que tiene sentido —el joven convirtió rápidamente su expresión de asombro en una sonrisa macarra que se amoldaba mucho mejor a su cara—. ¿Qué es lo que quieres?
Yui lo miró extrañada.
—¿A qué te refieres? —preguntó.
—Bueno, supongo que no habrás hecho todo eso por puro altruismo —respondió él—. ¿Qué quieres de mí?
Yui se le acercó un poco, inclinando la cabeza hacia un lado.
—Gendo, no hace falta —dijo, frunciendo el ceño—. No quiero que me devuelvas el favor.
La sonrisa de Gendo desapareció tan rápido como había aparecido.
—No me tomes por tonto, por favor —dijo—. Si quieres algo, pídemelo ahora. Prefiero que vayas directa al grano.
Yui se acercó a él y apoyó una mano sobre su hombro. Él hizo amago de apartarse para evitar el contacto físico, pero algo en la mirada de la chica le impidió paralizó por completo, bloqueando lo que normalmente sería una respuesta natural ante cualquier tipo de contacto físico. Aquellos profundos y bellos ojos verdes parecían tener un efecto hipnótico en él, y no podía separar la mirada de ellos.
—Gendo —dijo entonces Yui, lenta y relajadamente—. En serio. Te he ayudado porque siempre te veía por ahí metiéndote en problemas, peleas y todo eso… no sé, me gusta ayudar a la gente cuando está en mi mano. No tengo la menor intención de pedirte nada a cambio. De veras.
Gendo la miró extrañado, sin saber qué decir. No estaba acostumbrado a recibir favores, y el repentino arranque de solidaridad de una chica a la que apenas conocía le parecía sospechoso. Sin embargo, aquello le abría una posibilidad de oro, y su cabeza solo podía procesar ahora una palabra:
SEELE.
La chica era la manera perfecta de tener una probabilidad de trabajar para ellos, una que Gendo ya tenía pensado tomar desde antes incluso de conocerla. Se le daba bien manipular a la gente y confiaba en que en esta ocasión no sería diferente, pero si ella se le acercaba desde el principio todo sería mucho más fácil.
Después de todo, era ella la que se había interesado en él. No pudo evitar sentir un poco de necio orgullo subírsele a la cabeza.
Entonces, dejó que sus labios se relajaran en una sonrisa. Ella probablemente pensaba que sonreía por lo que había dicho, pero en realidad lo hacía por lo que estaba maquinando en su cabeza.
Yui le devolvió la sonrisa.
—¿Tienes algo que hacer ahora? —preguntó Gendo— Al menos me gustaría invitarte a un café en agradecimiento.
Después de asimilar la pregunta, Yui se dio cuenta de que había mantenido su mano en el hombro del joven demasiado tiempo y la retiró con brusquedad.
—Oh —dijo—, pues la verdad es que no. Si esperas aquí un momentito, podemos bajar juntos a la cafetería.
Gendo asintió. No dijo nada más, dando a entender que se quedaría allí esperando el tiempo que hiciera falta. Ella le sonrió de nuevo y comenzó a caminar por el pasillo, presumiblemente hacia la oficina de Fuyutsuki, mientras él simplemente la miraba alejarse.
Cuando inhaló aire, Gendo no pudo evitar sentir el perfume de la chica entrando en sus pulmones.
—
La cafetería estaba bastante vacía. Más de lo que a Gendo le hubiera gustado, al menos. Prefería que hubiera gente que cubriera sus conversaciones con murmullos y gritos. No le gustaba el silencio. Le hacía sentirse expuesto, y odiaba estar expuesto.
Además, la presencia de Yui lo hacía sentir extraño. No sabía qué era, pero la chica hacía que el ambiente fuera más cómodo, más hogareño. En el fondo, disfrutaba de su compañía.
—¿Qué te pasó? —preguntó ella, café en mano, mirando el moratón que todavía se marcaba en la cara del joven—. Cuando te hiciste eso, quiero decir.
—Una pelea de bar —dijo Gendo simplemente—. No fue nada.
Yui asintió, su expresión torciéndose en una sonrisa sarcástica. Con agilidad felina, levantó su mano derecha y hundió su dedo índice en la de Gendo, que estaba vendada hasta la altura del dedo gordo. El chico soltó un quejido y se agarró la mano con rapidez.
—"No es nada", ¿eh? —preguntó ella con una pícara sonrisa.
Gendo tan solo respondió con una mirada asesina.
—No hace falta que te hagas el duro conmigo —continuó Yui—. ¿Qué pasó en aquella pelea?
Pasaron unos segundos antes de que Gendo dejara de acariciarse la mano y se dignara a responder.
—¿De verdad quieres saberlo? —Gendo puso los ojos en blanco.
—Bueno, me has invitado a tomar un café —contestó ella—. No sé si serás muy versado en este tipo de temas, pero normalmente dos personas que están tomando algo juntas hablan de cosas.
Gendo se encogió de hombros, su expresión facial pareciendo decir "tiene sentido".
—Pues lo cierto es que ni yo sé muy bien lo que pasó —dijo—. Estaba emborrachándome tranquilamente como de costumbre, sin molestar a nadie, cuando este grupo de tipos entró y me empezó a pegar una paliza. Lo único que pude hacer fue cubrirme la cara para que no me golpearan.
Yui pasó entonces la mirada por la mano vendada del chico, la que había tocado hacía unos instantes.
—Qué raro —comentó, mirando los vendajes mientras pasaba la yema de sus dedos por ellos—. No es muy normal que unos tipos entren para pegarte sin provocación ¿no?
Gendo la miró de reojo mientras sorbía de su taza de café.
—Estoy diciendo la verdad —soltó al dejar la taza sobre la mesa—. Si no quieres creerme es cosa tuya.
Esta vez fue Yui la que puso los ojos en blanco.
—Gendo, por favor —le reprochó—. ¿Tienes que estar siempre a la defensiva? Estoy intentando mantener una conversación contigo.
—Estoy acostumbrado a estar a la defensiva —respondió él—. Tengo experiencia suficiente como para saber que eso me funciona. Lamento que eso te moleste.
Yui suspiró. Dio un sorbo a su propio café antes de volver a hablar.
—Lo que quería decir —continuó— es que es muy extraño que esas personas entraran específicamente para ir a por ti. ¿Conoces a alguien que quisiera hacer eso?
Gendo no pudo contener una risa sarcástica.
—La pregunta sería más bien si conozco a alguien que no quisiera hacer eso —contestó—. Si te dijera cuántas personas se niegan a aceptar mi forma de vida solo en este campus, probablemente no te lo creerías.
—Guau —dijo Yui con énfasis—. Sabía que no caías bien, pero no tenía ni idea de que llegabas a ese nivel. ¿No viste las caras de esos hombres?
—¿Alguna vez te has emborrachado? —inquirió Gendo en respuesta— Intenta recordar las caras de las personas de tu alrededor al despertarte por la mañana.
—La verdad es que me he emborrachado pocas veces —contestó Yui—. La última que recuerdo fue después de mi graduación en el instituto. Pero tienes razón, es difícil acordarse de esas cosas cuando uno está borracho.
Gendo se encogió ligeramente de hombros, como diciendo "te lo dije".
—¿Cómo acabaste en comisaría? —preguntó Yui entonces— Según tu versión, tú no les hiciste nada.
—No tengo ni idea —contestó Gendo con una sonrisa—. Estoy tan acostumbrado a acabar en una celda después de una noche de borrachera que no me resultó extraño en absoluto. No es la primera vez que no recuerdo haber golpeado a alguien. Como has dicho, es mi versión. La versión de un alumno de universidad borracho.
—Ahá… —dijo Yui con una mueca—. Bueno, espero que ahora que sensei te está ayudando con las clases, tengas un poco más de cuidado con esas cosas.
Gendo le echó una mirada incrédula, casi sarcástica.
—Por favor —insistió ella—. El profesor Fuyutsuki es una muy buena persona, y si ha decidido seguir adelante contigo es porque confía en ti. Y si él lo hace, yo también.
Aquella última frase tomó a Gendo desprevenido. Hacía mucho tiempo que nadie le decía que confiaba en él.
—Apenas me conoces —respondió con frialdad, tratando de mantener sus aires de interesante—. No deberías depositar tu confianza en alguien a quien acabas de conocer. No puede traerte nada bueno.
Ella le dedicó una sonrisa contemplativa mientras él tomaba otro trago de café.
—Normalmente no lo hago —dijo ella—. Teniendo en cuenta mi posición, no es lo más prudente… pero tú eres distinto, Gendo Rokubungi. Eres una persona mucho más llamativa e interesante que la mayoría de las que estudian aquí.
—¿Y por qué es eso? —preguntó Gendo arqueando una ceja. No sabía si le gustaba a dónde lo estaba llevando aquella conversación.
—Porque creo que hay un ser humano debajo de esa capa de chulería que llevas puesta —respondió Yui con toda la tranquilidad del mundo—. Puede que consigas engañar a los demás, pero yo no soy tan tonta.
Aquellas palabras atravesaron inmediatamente el campo AT de Gendo. Su máscara se tambaleó.
Había estado con alguna que otra chica –normalmente para conseguir algo de ella–, pero ninguna le había dicho nada parecido a aquello. Durante un momento, flaqueó. Se quedó mirando a los profundos ojos verdes de Yui, incapaz de responder adecuadamente a esa frase.
Aquella chica lo estaba tomando por sorpresa continuamente. Casi parecía que le importaba su vida.
"Como si eso fuera posible, Gendo" pensó. Era consciente de cómo funcionaban las mentes de las otras personas.
Carraspeó y se aseguró de que su máscara de hierro seguía en su sitio.
—¿Y por qué piensas eso? —puso especial énfasis en la palabra "piensas". Quería mantener las distancias con ella.
Yui arqueó una ceja, pero no dijo nada. Removió su café.
—Cuando se está en mi posición, tienes que aprender a leer a las personas —respondió.
—¿Tu posición? —preguntó Gendo fingiendo desinterés.
—Oh, venga ya —respondió Yui apoyando los codos sobre la mesa—. No intentarás decirme que no sabes quién soy. Especialmente tú, Gendo Rokubungi.
Gendo notó el calor acumularse en sus mejillas cuando la chica lo pilló en su
"Mierda" pensó.
Claro que lo sabía. Lo sabía todo. Sabía quién era, quién era su padre, dónde vivía y cuál era su horario de clases. Obviamente Yui no era consciente de todos los datos que tenía sobre ella–o eso esperaba Gendo–, pero el simple recuerdo de Seele le hizo recordar aquella noche que había pasado en vela, sentado frente al ordenador, colándose en los archivos de personal de SEELE para recopilar información sobre ella.
—Yo… —comenzó a decir. Estaba empezando a sonar como un imbécil. Podría haber intentado mentir, pero sabía que Yui no era estúpida.
—Eh, no te preocupes por eso, no me lo tomo a mal —contestó ella con una sonrisa triste—. A estas alturas, me parece natural que la mitad de la facultad sepa quién soy. La gente es muy cotilla y los rumores se extienden rápido. No es culpa tuya.
"Si tan solo llegara a entender todo lo que sé sobre ella…" pensó Gendo, todavía ruborizado.
—Bueno —dijo ella, echando un vistazo al reloj de la cafetería—, se me está haciendo un poco tarde. Debería ir subiendo a mi clase.
Tras terminarse su café de un sorbo, la chica hizo amago de poner su mano sobre la de Gendo para despedirse. Esta vez, sin embargo, él se retiró lo suficientemente rápido como para evitar el contacto físico. Yui hizo lo propio con una mueca de incomodidad. Gendo pudo notar que también se había ruborizado un poco.
—Perdona —dijo ella, llevándose una mano al pecho—. Supongo que todavía te duele.
Gendo decidió dejarle pensar que era aquello, y no la vergüenza que sentía de haber sido expuesto con tanta facilidad por aquella chica. Asintió con la cabeza.
—Ya nos veremos, Gendo —añadió Yui entonces—. Cuídate y no te metas en peleas ¿vale?
El hecho de que le hablara como a un niño no ayudaba a eliminar el color rojo de las mejillas de Gendo. Estaba seguro de que ella lo había notado, pero probablemente no había dicho nada para no hundirle todavía más.
Sin embargo, algo comenzó a moverse dentro de él. A medida que Yui se levantaba, comenzó a sentir una sensación de vacío e impotencia. El calor que su presencia irradiaba sobre él comenzaba a desvanecerse, devolviéndolo a su frío y calculador mundo habitual.
No quería que se fuera.
No quería quedarse solo.
Justo cuando Yui estaba caminando hacia la puerta, Gendo sintió un repentino impulso. Se levantó de su silla a la velocidad del rayo.
—¡Yui! —exclamó, rompiendo su monótono tono de voz habitual.
La joven se giró y lo miró con sus brillantes ojos inquisitivos. Gendo se sintió pequeño, diminuto, ante su mirada. Tragó saliva.
"Mierda" pensó otra vez.
¿Por qué había dicho eso? Ahora estaba de pie, con un brazo medio extendido hacia Yui mientras ella lo miraba con extrañeza, obviamente esperando a que le dijera algo. Tenía que improvisar.
—¿Quieres… esto… quedar? —logró articular mientras trataba de recuperar la compostura.
Ella cruzó los brazos y arqueó una ceja.
—¿Quedar? —inquirió con una media sonrisa— Vas a tener que ser un poquito más específico, Gendo.
—Me refiero a… quedar… tú y yo, por ahí —balbuceó Gendo—. Fuera del campus, quiero decir. Para tomar algo o lo que sea.
Ella rió. Volvió a acercarse a la mesa y, tras sacar un bolígrafo de su maletín, apuntó su número de teléfono en una servilleta.
—Llámame —le dijo a Gendo, que cogió la servilleta al momento—. Mejor que sea un fin de semana, si es posible. Tengo bastante trabajo últimamente.
Despidiéndose con la mano y con una cálida sonrisa en su rostro, la chica se giró y abandonó la cafetería, dejando a Gendo de pie como un imbécil, mirando embobado la servilleta sin llegar a leer realmente los números. Su mente estaba en otra parte en aquel momento.
"¿Qué acaba de pasar?" se preguntó, todavía en un estado de trance.
De alguna forma, Yui Ikari había conseguido romper completamente su barrera natural. Y no solo eso, sino que además había conseguido humillarlo completamente en su primera conversación.
Pero ¿había sido realmente culpa de la chica? ¿O era Gendo el que estaba fallando? ¿Tal vez una combinación de las dos? Desde luego, no le había pasado con ninguna otra mujer antes… Con todas las anteriores había sido capaz de mantener una compostura impecable incluso en el momento de pedir una segunda cita –en el remoto caso de que ello fuera necesario para sus planes–. Pero, por algún motivo, Yui parecía mantenerlo a raya y conseguir anular por completo sus habilidades de seducción habituales.
Al darse cuenta de que las pocas personas que había en la cafetería estaban empezando a mirarlo raro, se guardó la servilleta con el número en el bolsillo y se volvió a sentar en la mesa, dispuesto a terminarse su café antes de que se enfriara.
Mientras se terminaba su bebida, no pudo sino comenzar a asimilar la terrible verdad.
Se tocó la cara con una mano, como si estuviera sintiendo físicamente la grieta que acababa de formarse en su máscara. ¿Qué era lo que tenía aquella chica que tanto lo anonadaba?
—
The man of shadows thinks in clay
Dreamed trapped thoughts of suffocation day
He's seen in iron environments
With plastic sweat out of chiselled slits for eyes
—Bauhaus, Mask
