Buenaaaaas! Quiero comenzar por disculparme por la demora, no hay excusa, pero en fin, he vuelto. Este capítulo es la transición que toda historia tiene. Este capítulo es relativamente corto, pero creo que bastante 'informativo' por así decirlo. Estaré publicando el siguiente la semana que viene. Espero que lo disfruten. Me disculpo otra vez y no olviden dejar un review!
Bel's
Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Del Matrimonio y Otros Demonios
3
─Son las cinco de la mañana.
Naruto soltó una maldición y las llaves se le resbalaron de las manos.
─Al menos tuve la decencia de regresar a la casa ─le espetó al moreno. En un instante se le había pasado la borrachera.
Sai soltó un profundo gruñido y recogió las llaves. Naruto lo observó en silencio mientras cerraba la puerta y encendía la luz del recibidor. Sai lucía el mismo uniforme de toda la vida para andar en casa: los pantalones de algodón negro y la bata blanca manchada de pintura.
─¿Dónde estabas?
─Con Sasuke ─repuso de forma inconsciente. Entonces se dio cuenta del error que había cometido. En un instante Sai lo había acorralado entre su cuerpo y la pared y lo miraba con una desconcertante intensidad. Eso no era normal─. ¡Suéltame!
─¿Qué hacías con ese imbécil?
─No es tu problema ─hizo el ademán de soltarse, pero Sai aumentó la fuerza de su agarre─. ¿Qué es lo que te pasa?
Sai soltó una risita gutural.
─Piensa, Naruto.
La respuesta era sencilla, si le sorprendió sinceramente el no haberlo notado antes: estaba celoso. Le tomó un momento registrar esa idea y contra todo pronóstico, el rubio se echó a reír. Desconcertado, Sai aflojó el agarre. Naruto se escabulló sin pensarlo. Todavía padecía de los últimos coletazos de la risa cuando Sai lo alcanzó en medio pasillo y le encajó un golpe en el rostro. El rubio sintió la sangre inundar su boca y a causa del dolor cayó al suelo de rodillas.
─¡Para mí no tiene ninguna gracia! ─Sai estaba fuera de control─. ¡Te prohíbo que vuelvas a verlo y te recuerdo que estás casado conmigo!
─¡¿Quién te crees para darme clases de moralidad?! ─recuperado, el rubio se puso inmediatamente de pie─. Sasuke es mi amigo y es el doble de hombre que tú; al menos él no dedica sus horas libres a montarle el cuerno a su mujer. Tú, en cambio─.
Sai lanzó un segundo golpe, que le dio de lleno en el estómago; aun así, el rubio reaccionó rápido y le devolvió el ataque con la misma intensidad. En ese momento las palabras quedaron rezagadas a un segundo plano y a base de golpes se soltaron las verdades. Pasaron un largo rato así, regodeándose en el dolor del otro. Por eso ninguno supo quién fue el que empezó, pero de repente Naruto tenía a Sai estampado contra la pared y lo besaba con voracidad. Sai, incapaz de parar quieto, recorría sin pudor cada centímetro del cuerpo del rubio. Allí no había ternura, allí no había amor, era simplemente una pelea para saber quién tenía la razón. Y en ese mismo pasillo se desnudaron con crueldad y por espacio de una hora se olvidaron de todos los problemas que los había separado. A medida que las embestidas del moreno se hacían más rápidas y fuertes, los gemidos del rubio aumentaban en volumen. Al llegar al clímax Sai ahogó un grito de placer mordiendo con fuerza ese cuello moreno empapado en sudor. Naruto terminó a los pocos momentos, salpicándolos a los dos.
Con la respiración agitada, se sostuvieron la mirada en la oscuridad. La ira se había esfumado y ahora lo único que les quedaba era la vergüenza. Sai intentó decir algo, pero Naruto se escabulló pasillo abajo y le cerró la puerta de la habitación en las narices. No se detuvo hasta atrincherarse también en el baño. Las lágrimas escaparon a su control y se maldijo en silencio por comportarse como una quinceañera hormonal. Primero estaban golpeándose y al siguiente hacían el amor. Dios, que no se tenía amor propio. Era un soberano masoquista, y encima de todo, un cobarde. Llorando todavía, llenó la bañera con agua hirviendo y haciendo caso omiso del escozor que le provocaba en la piel, se hundió por completo. Incapaz de contenerlo por más tiempo, gritó hasta desgañitarse. Ya no podía tolerar más esa situación. Tenía que pedirle a Sai el divorcio. A la mierda su carrera, a la mierda su imagen, a la mierda todo. Si no se alejaba de él terminaría matándolo, o peor, suicidándose.
Se quedó metido en la bañera hasta que el agua se enfrió. Salió despacio y sin atreverse a echarse un vistazo en el espejo, se metió a la ducha. Se fregó la piel hasta enrojecerla, haciendo todo lo posible por borrar el tacto de Sai, por borrar su olor y todo lo demás. Ya había cerrado la llave y se había envuelto en un mullido albornoz, cuando Sai llamó a la puerta.
─Naruto, es Sakura, está al teléfono.
Abrió la puerta de golpe y le quitó el aparato de las manos. Antes de hablar se encerró de nuevo, con pestillo incluido, sólo entonces se llevó el teléfono al oído.
─Sakura.
"¿Naruto-kun? ¿Estás bien? Suenas algo apagado."
─Ya sabes que no soy bueno para madrugar ─Sakura no sabía que había pasado toda la noche con su marido y realmente no creía que debía enterarse─. ¿Pasó algo? Llamas bastante temprano.
"Sasuke no está aquí, pensé que habían salido y que se había quedado en tu casa. No me contesta el teléfono y ya no sé qué hacer."
Naruto se mordió el labio, debatiéndose entre contarle a Sakura que Sasuke había estado con él o seguir mintiéndole. Sasuke nunca se lo había dicho, pero él sabía que sus salidas eran un asunto privado y que nadie, absolutamente nadie, debía saberlo. Finalmente se decidió por lo segundo.
─Ya lo llamo yo, dame unos quince minutos.
"Gracias, Naruto-kun."
El rubio colgó y salió del baño con el corazón en la garganta. ¿Dónde demonios se había metido ese bastardo? En el pasillo encontró su ropa y pescó de los pantalones su móvil. Marcó el número de Sasuke y esperó. Un timbrazo, dos, tres… No le iba a responder. Soltó un pesado suspiro y regresó a la habitación. Ya lo intentaría de nuevo. Total, todavía tenía diez minutos para encontrarlo.
─Son las siete de la mañana.
Sasuke soltó una maldición y dejó las llaves en la mesilla del recibidor.
─Es sábado ─repuso en voz baja, presionándose con fuerza el puente de la nariz. Le dolía la cabeza.
Sakura soltó un pesado suspiro y regresó a la cocina, dónde estaba preparándose el desayuno. Sasuke la siguió en silencio y se sentó a la mesa con cierta torpeza.
─Llamé a Naruto-kun a preguntarle si sabía dónde estabas, pero a juzgar por el olor, ya me hago una idea ─su voz sonaba infinitamente triste ─. Es la primera vez en años que sales a beber de esa forma. ¿Estabas solo?
─Sí ─dijo en voz baja. Al menos el rubio había sido lo bastante inteligente como para no abrir la boca─. ¿Acabas de llegar?
─A las seis y media estaba aquí, fue una noche movidita ─le dejó un plato de tocino frito en frente. El estómago del moreno se revolvió a causa del olor─. Te lo comes, a ver si se te pasa la borrachera.
Con desgano, mordió un pedacito de tocino y lo tragó con algo de temor. Fue una buena señal que no le diesen arcadas. Siguió comiendo lentamente, atento a cualquier señal de que fuese a devolver la comida. Sakura se sentó a su lado y comió también, acompañando su tocino con una taza de café.
─Invité a Naruto a almorzar con nosotros hoy ─dijo entonces su esposa tras quince minutos de silencio─. Sonaba algo apagado cuando lo llamé, pero no quiso decirme nada, ya sabes lo evasivo que se pone a veces.
Sasuke perdió el apetito de repente. El color se le fue del rostro y el corazón comenzó a latirle desbocado en el pecho. Él sabía porque y de solo pensar en ello se le revolvían las entrañas y le hervía la sangre. Y es que el motivo por el que había llegado a su casa a las siete de la mañana era porque después de dejar al rubio, presa de la curiosidad, había decidido seguirlo. Escuchó la pelea desde el pasillo, al momento de llegar a los golpes había sentido el impulso de intervenir, pero entonces algo había cambiado y con una mezcla de morbo y rabia los había escuchado hacer el amor. En ese momento se había dado cuenta de que tenía un maldito problema: deseaba a Uzumaki Naruto, su mejor amigo. Lo deseaba con esa intensidad que solamente podía llevar a los problemas.
─Me voy a dormir un rato ─se puso lentamente de pie─. Si necesitas algo, despiértame.
Sakura asintió en silencio y recogió los platos del desayuno. Sasuke hizo su camino lentamente hasta la habitación y sin quitarse la ropa, que todavía olía a tequila, se metió en la cama. Tardó bastante en quedarse dormido, pues su mente no dejaba de mostrarle imágenes de Naruto y Sai en posiciones indecorosas. Por un instante permitió que le afectase y luego se obligó a dejar de pensar en ello. Ya tendría tiempo de pensar detenidamente en lo que había sucedido y entonces sabría con claridad que debía hacer. Al menos, eso creía.
─Gracias por invitarme, Sakura-chan ─Naruto le puso una cajita de dulces en las manos y le plantó un beso en la mejilla─. ¿Qué preparaste de comer?
Sakura tardó un instante en procesar las palabras del rubio, pues se había quedado muda ante la escena que se presentaba ante ella: Naruto, ataviado con vaqueros y un jersey cuello de tortuga, le sonreía con nerviosismo desde la puerta. Su rostro, plagado de heridas, estaba hinchado y el labio le sangraba un poco. Tuvo que resistir el impulso de acribillarlo a preguntas como hacía con sus pacientes en el hospital y lo invitó a pasar. El rubio, tratando de aparentar naturalidad, hizo su camino hasta la sala; tomó asiento en el sillón de tres plazas y clavó la mirada en el suelo.
─¿Qué demonios te pasó? ─la muchacha se sentó a su lado y le puso una mano en el hombro─. ¿Quién te hizo esto?
Naruto se crispó un tanto.
─No quiero hablar sobre eso, Sakura, por favor ─había una enorme vergüenza en su voz─. Tal vez no debí venir.
─Nada de eso; ahora ven a la cocina, que tengo que curarte esos cortes antes de que se te infecten ─lo aferró del brazo y haciendo gala de una fuerza impresionante, lo llevó a rastras a la pequeña cocina. Lo sentó como a crío en un taburete y tomó un botiquín de la repisa junto a la estufa─. ¿Ya estabas así cuando hablé contigo en la mañana?
El rubio asintió en silencio. Sakura contuvo una maldición y procedió a limpiarle las heridas. Era obvio quién le había dado esa paliza tan inhumana y estaba segura de que si se encontraba con Sai en la calle, vería que él también estaba herido. No podía creerlo.
─Sakura, ¿dónde están mis lentes? ─la voz de Sasuke se aproximaba por el pasillo─. Los dejé en la mesita junto a la… cama.
Sasuke se quedó petrificado en la puerta de la cocina, contemplando con total asombro el rostro de Naruto. Los recuerdos de lo que había presenciado esa mañana regresaron raudos a su mente y una ira incontrolable se apoderó de su cuerpo.
─No hagas preguntas ─salvó Sakura la situación─. Mientras yo termino esto, saca el estofado del horno.
Pero Sasuke no se movió y con cada segundo que pasaba se iba poniendo más pálido.
─Sasuke, el estofado, ahora ─repitió Sakura con severidad.
Finalmente el moreno hizo caso y se encaminó a la estufa.
─Eso ya está ─diez minutos después Sakura dejó el algodón ensangrentado a un lado y contempló su trabajo─. Te voy a recetar unos antinflamatorios; si en tres días la hinchazón no baja tendrás que ir al hospital para que te revise con más calma.
─Gracias, Sakura.
La muchacha le sonrió con ternura y le acarició levemente el rostro.
─Tú te quedas aquí mientras yo termino de poner la mesa; Sasuke, encárgate de que éste no se mueva.
Y salió de la cocina con paso rápido.
─No duele tanto ─dijo el rubio, medio en broma, medio enserio, intentando romper el asfixiante silencio que se había apoderado de ambos─. Te dije que no era buena idea regresar a casa.
─Ya me doy cuenta. ¿Fue Sai? ─él sabía la respuesta, pero quería escucharla de sus labios.
─Me armó una escenita de celos por tu culpa. Me prohibió volver a verte, ¿sabías?
Sasuke guardó silencio.
─Ya se le pasará el cabreo.
─Divórciate ─Naruto clavó los ojos azules en Sasuke─. Si ya llegaron a los golpes, tu relación está prácticamente jodida. Hazle un bien al mundo y divórciate de ese idiota.
Naruto soltó una risita.
─Casi parece que te estuvieses tomando esto como algo personal.
─Lo es ─repuso de forma automática y de inmediato se arrepintió de haber abierto la boca.
─No sabía que te preocupases tanto por mí, Sasu-chan ─no había rastro de burla en su voz, solamente una profunda gratitud. Sasuke no era de los que expresaban sus sentimientos y el hecho de que hubiese admitido que le tenía cariño era agradable. Su corazón dio un pequeño salto de solo pensar en ello.
─¡A comer! ─llegó la voz de Sakura desde el comedor─. Sasuke, trae el estofado, por favor.
Hinata escupió el café que tenía en la boca y se enderezó rápidamente en su silla.
─Me estás jodiendo.
"Ve a verlo a su casa, tiene la cara hecha pedazos. Sai lo sonó a base de bien."
─Lo más probable es que Naruto le devolviese los golpes. ¿Te contó por qué discutieron? ─con una camiseta que encontró tirada en el suelo secó la pantalla de su portátil, que estaba salpicada de café.
"No me contó absolutamente nada, dijo que no quería hablar de ello. Yo asumí que había peleado con Sai… Hinata, tú eres quién mejor le conoce, ¿sabes algo sobre todo esto?"
Hinata contuvo la respiración un momento. No podía decírselo a Sakura, estaría faltando a su acuerdo de confidencialidad con el rubio y por encima de todo, estaría traicionándolo de una forma terrible. Además, sabiendo que Sakura todavía seguía enamorada de Naruto, a pesar de estar casada con Sasuke siete años, la hacía la candidata menos indicada para hablar sobre ese tema.
─Iré a verlo, quizás me cuente lo que pasó; pero Sakura, hagas lo que hagas, no le comentes esto a nadie más, te pido ese favor como la abogada de Naruto. Con suerte no lo habrá visto todavía un reportero, porque ni siquiera me quiero imaginar el escándalo que se va a armar si es que la noticia llega a los medios.
"No te preocupes, no diré nada. Gracias, Hinata."
─No hay problema, y Sakura… si quieres mi consejo, es hora de que pierdas las esperanzas.
Colgó sin darle tiempo a la pelirosa de responder.
─¿Con quién hablabas? ─Neji entró en ese momento en la habitación, con un libro entre las manos.
─Con Sakura ─Hinata se puso de pie con dificultad y dejó la portátil sobre el escritorio─. Parece que ayer Naruto y Sai discutieron, llegaron a los golpes y todo eso. Sakura invitó a Naruto a almorzar hoy con ella y se apareció en la casa con la cara destrozada.
─¿No estaban divorciándose?
Hinata soltó un pesado suspiro.
─Naruto no le ha hecho firmar los papeles todavía, es más, ni siquiera le ha notificado de la demanda de divorcio. Ese imbécil lo único que sabe hacer es meterse en problemas ─recogió su bolso del suelo y tomó las llaves del auto de la chaqueta de su marido─. Voy a verlo, tal vez consiga hacerlo entrar en razón.
Neji se encogió de hombros y Hinata aprovechó para darle un beso.
─Nos vemos luego.
Salió de la casa y se montó en el auto. Casi una hora después se estacionaba frente al edificio dónde vivía el rubio. El portero la reconoció y le permitió pasar de inmediato. Unos momentos después, Hinata salía del ascensor, cruzaba a zancadas el largo pasillo, y aporreaba la puerta del departamento de su amigo.
─¿Hinata? ¿Qué haces aquí?
─Comprobar si es que es cierto que Sai te ha hecho una cara nueva ─entró sin ser invitada y se instaló en la sala. Naruto se le unió unos minutos después─. ¿Qué paso? Y antes de que me salgas con esa estupidez de "No quiero hablar de eso" ponte a pensar que si no me lo dices por las buenas, lo haces por las malas, pero de que hablas, hablas.
Naruto se lo pensó unos momentos. Necesitaba hablar con alguien y aclarar el caos mental que se cargaba encima.
─Ayer salí a beber con Sasuke y regresé a las cinco de la mañana ─confesó, abatido─. Sai estaba despierto, me preguntó dónde estaba, me golpeó, lo golpeé y terminamos haciéndolo en el pasillo ─Hinata asintió, sin inmutarse. Como abogada de divorcios que era estaba más que acostumbrada a escuchar esa clase de cosas─. No lo he visto desde la mañana.
Hinata guardó silencio durante un largo tiempo. Eso era lo que se temía: después de siete años, el matrimonio de Naruto llegaba a su fin. Ya se lo había dicho ella unas semanas antes de que el rubio se casara y ahora el recuerdo volvía a ella con impresionante fidelidad…
─¿Puedo hablar contigo, Naruto-kun?
Estaban de pie en medio de uno de los pasillos de la universidad. El rubio estaba recostado contra la pared, leyendo un grueso tomo de derecho para su examen de esa tarde. Por ese entonces Naruto llevaba el cabello bastante largo y vestía lo más desaliñado posible.
─Dime, Hinata.
La muchacha clavó sus ojos opalinos en el suelo y se tomó su tiempo antes de responder. No quería tocarle ese tema, no cuando estaba tan feliz, pero como su mejor amiga estaba en el deber de hacérselo saber. Respiró profundo y encaró al rubio.
─No deberías casarte con Sai ─dijo con voz firme, pero baja─. No es una mala persona, pero me da la impresión de que te va a hacer mucho daño ─a medida que hablaba, levantaba la voz─. Piénsalo bien, Naruto, lo conoces muy poco; llevan saliendo un año y no te ha presentado todavía a su familia.
─Hinata, todo va a estar bien, te lo prometo ─le dedicó una radiante sonrisa─. Y si por algún motivo Sai y yo llegásemos a tener un problema, pues lo solucionamos; no es tan difícil.
Hinata asintió levemente.
─Eres impresionante, ¿sabías? ─agachó la cabeza y dio media vuelta─. Vas a casarte con un hombre al que no amas y aun así esperas que todo salga bien. Definitivamente eres impresionante.
─¿De qué me estás hablando?
Hinata lo miró de soslayo.
─Tú lo sabes mejor que nadie.
Finalmente Hinata se enderezó en el sillón y le clavó la mirada a su amigo.
─Quiero esos papeles firmados para el lunes ─le dijo con severidad─. No permitas que la situación se te escape de las manos como anoche; eres una figura pública, Naruto, y el que andes por la calle con la cara hecha pedazos no es la mejor carta de presentación para el abogado favorito de Japón. Haré todo lo posible por controlar a los medios, pero si algún reportero te vio ya, lamentablemente no puedo hacer nada. Piensa en una excusa creíble y yo me encargaré de que circule.
Naruto respiró profundo.
─Todo en mi vida últimamente son excusas creíbles ─se pasó una mano por el rostro─. Tal vez debí hacerte caso cuando me advertiste acerca de Sai. A la fina, Hinata, todas tus predicciones se han cumplido… ¿Puedo hacerte una pregunta?
─Claro, lo que quieras.
El rubio hizo memoria.
─¿Por qué dijiste que iba a casarme con un hombre al que no amo?
Hinata se mordió el labio inferior. Desde que el grupo se había formado en la época de la universidad, Hinata se había transformado en una especie de mediadora. Todos acudían a ella cuando necesitaban hablar con alguien o pedir un consejo. Con Naruto y Sasuke la cosa había sido al revés: ella iba a ellos cuando tenía problemas. Pero aun así, ella era la proverbial 'Caja de Pandora'. Sabía los secretos de todos antes de que ellos se lo contaran. Tenía una capacidad de observación que superaba la normal, sus maestros le habían aseverado que llegaría lejos. Y precisamente por ese motivo es que sabía realmente de quién había estado enamorado Naruto toda su vida, aunque todavía no se diese cuenta. Sabía que el rubio lo confundía con una amistad especial, pero Sasuke era todo menos su amigo. Nunca había insinuado nada, y después de tanto tiempo no sabía si debía hacerlo.
─Porque para mí no lo amabas ─se salió por la tangente. Ese tema no era de su incumbencia─. Pero me demostraste lo contrario, así que está todo bien.
Naruto asintió. Esa respuesta no lo convencía del todo, pero prefirió no decir nada más.
─¿Puedo dormir esta noche en tu casa?
─¿Estás escapándote de tus problemas?
─Más bien dicho es una retirada estratégica ─le sonrió débilmente─. No quiero más peleas, eso es todo.
─Abogado tenías que ser ─la muchacha soltó un suspiro─. Ve a empacar, hasta eso llamo a Neji para que te prepare la habitación de invitados.
El rubio de agradeció con un abrazo y desapareció pasillo abajo. Naruto no se demoró mucho, en una mochila metió de malos modos un par de mudas de ropa, su cepillo de dientes y el desodorante. No necesitaba nada más. Pescó su billetera y el móvil de la mesilla de noche y regresó a la sala, dónde Hinata ya lo esperaba de pie y con las llaves del auto en la mano.
─¿Vas a decirle dónde estás?
─Ya veremos, por ahora sólo vámonos.
Abandonaron el departamento unos momentos después.
Como les dije, era un capítulo corto. ¿Merece un tomatazo? -Bel se esconde bajo la mesa- Nos vemos en el siguiente!
