¿Que es eso? ¡Es la luna! ¡Se ha puesto azul!
La Inspiración y yo por fin nos alineamos y el capitulo 2 ha salido. Nunca pensé que me tardaría tanto en escribirlo pero así fue. Espero que eso no les de la impresión de que esta es una historia no sabe a donde va, de hecho, la tengo toda planeada pero no escrita y, a veces, llegar a donde se quiere llegar de la manera mas satisfactoria se vuelve un tanto frustrarte. Aun así, mi plan es seguir mi mapa lo mejor posible y disfrutar del viaje. Espero que quienes están leyendo esta historia disfruten el viaje conmigo.
Un saludo especial para Natacha Vallejo. Sin su review mi luna no hubiera terminado de ponerse azul. _
Capitulo 2.
La noche en que las cosas empiezan a moverse.
Tom Marvolo Riddle, también conocido como Lord Voldemort, estaba particularmente furioso esa noche. Si lo pensaba detenidamente, podía darse cuenta de que todo había salido mal antes de haber iniciado.
Empezando por la reliquia, que no era la que había deseado para albergar el último fragmento de su alma, además, este no era el lugar que había deseado para llevar a cabo el ritual que quería; sin mencionar que sus verdaderos objetivos habían desaparecido mucho tiempo antes de la fecha que el mismo se había programado para llevar acabo los asesinatos y el conjuro de creación de su ultimo horcrux.
En efecto, el precioso control de la situación se le escapaba de las manos como si fuera agua y, aunque había perfeccionado el arte de mentirle al mundo y a veces a sí mismo, en esta ocasión el fracaso era tan sólido que prácticamente lo estaba golpeando en la cara.
Por ello y para efecto dramático, apretando los puños hasta sentir que la madera de su varita le lastimaba, gritó con todas sus fuerzas haciendo que su magia sacudiera la mansión Longbotton hasta los cimientos.
El torrente de magia que escapó de su cuerpo hizo reventar cada ventana y artefacto de cristal que hubiera en las cercanías, liberándolo a penas de la frustrante furia que le carcomía. Se desplazó por la vieja casa caminando a paso firme sobre vidrios y cristales rotos, manteniendo su vista al frente para no encontrarse con su repugnante reflejo. Atravesó las puertas que había abierto a fuerza de magia pura y agitó su varita con un movimiento a penas visible.
-Fiendfyre –
El susurro brotó de sus dientes apretados y cuando la bestia de llamas vivientes se abalanzó sobre la antigua casa, extendiéndose hasta los invernaderos que tanta riqueza le habían brindado a la antigua familia, el mago oscuro más temido se permitió un resoplido de insatisfacción.
Ni siquiera el recuerdo del horror reflejado en el rostro de Frank Longbotton al enfrentar el último instante de su vida era suficiente para anular el hecho de que había sido derrotado. Esa noche esos estúpidos niños que jugaban a ser padres se habían reído en su cara, y aunque uno de ellos había muerto, su caída no anulaba la sensación de derrota.
Donde quiera que su cuerpo hubiera ido a parar esperaba que su mensaje les llegara claro: Iba por ellos, por sus hijos, y no había hechizo que los mantuviera a salvo.
Mantuvo su varita alzada manteniendo el control de las bestias de fuego y se tomó un instante antes de liberarlas dejándolas destruir a sus anchas. Entonces movió su varita de nuevo, esta vez de manera lenta, suave y extremadamente elegante -Morsmordre- Susurró, sintiendo que su propia voz era suficiente para llevarlo en el camino hacia la tranquilidad.
Su voz era lo único de sí mismo que aún era tan hermoso como recordaba, suave y seductora, sin ese incesante siseo que solía utilizar para infundir miedo entre sus más cobardes seguidores.
Se permitió suspirar, después de todo no había nadie ahí para atestiguar su debilidad solamente él.
El fuego salvaje y la marca brillante en el cielo que señalaba que ese incendio feroz era su obra. Miró sus manos huesudas iluminadas por la luz verde de presencia mortífera, tan pálidas que el color de la marca tenebrosa se apropiaba por completo de ellas; qué asco le daba su piel tan parecida a la de un inferi.
El fuego ardía. Los minutos quemándose en el breve instante de contemplación que se había concedido y entonces una pregunta empezó a tomar forma en su mente, alegre, incierta, oscura. Ahora que la antigua y noble casa Longbotton se convertía en cenizas…
¿Quién iba a llegar a detenerlo?
La noche del Samhain hacía que la magia en su interior fluyera con mayor fuerza despejando la neblina irascible que había usurpado su mente durante los últimos meses. Tal vez se había dejado llevar por las ansias de atar el último cabo suelto en su camino hacia la grandeza y la inmortalidad. Tal vez, sólo tal vez, había estado actuado un tanto desquiciado desde que sus mortífagos habían aumentado en número y agresividad, pero era todo parte del papel que había decidido jugar en su propia revolución.
Una vez que todo estuviera listo, una vez que el maldito niño profetizado estuviera muerto. Entonces, se quitaría esa máscara y tomaría el lugar que le correspondía entre los nobles magos y brujas que le habían reconocido como su señor. El mismo Señor Oscuro se daba cuenta de que esa reflexión solo era posible gracias a la potente magia de la noche de los espíritus.
Ante el calor del fuego maldito y la cercanía de la media noche no dejaba de preguntarse ¿Qué debía hacer? ¿Seguir persiguiendo a los Potter y los Longbotton? Tal vez debería dejarlos escapar y volver con sus caballeros ¿Había sido Abraxas el que le había dicho que lo necesitaban? Posiblemente había sido Orión, en realidad no estaba seguro. El Ministerio de Magia estaba a punto de caer, era natural que sus caballeros esperaran que Su Señor se hiciera presente para reclamarlo.
Fuertes explosiones como petardos se escucharon en los alrededores trayéndolo de nuevo al presente y, ante la expectativa de la batalla, su sonrisa se ensanchó con placer. Ahí estaban, los seguidores del único hombre que no temía decir su despreciable nombre de nacimiento y además se atrevía a hacerlo sonar como un insulto de tipo personal.
Listo para pelear, se dejó atrapar por el asco que le producía la sensación de algún tipo de familiaridad con Albus Dumbledore. Todo aquel que fuera tan tonto como para seguir a ese anciano senil debía estar preparado para encarar la muerte.
Al triste llanto de Augusta Longbotton se le unió el desesperado lloriqueo de un par de bebés muy asustados. El más doloroso era el llanto de Neville que, de vez en cuando, murmuraba "pa-pa" entre sollozos.
No era posible que el bebé entendiera que su padre había muerto, seguramente, el pequeño esperaba que su padre se levantara y fuera a consolarlo. Eso hacía su tristeza mucho más difícil de ignorar.
Remus se acercó al joven que alguna vez había sido su compañero de casa. Nunca habían tenido una relación muy cercana, algo natural considerando que Frank les llevaba un par de años por delante. Aun así, en ese momento su pérdida le pesaba como una sombra oscura que desesperadamente habían intentado dejar atrás.
Se quitó la chaqueta de lana y cubrió el rostro del joven padre, esposo y amigo, al que el mundo acababa de perder.
Un viento helado se arremolinaba alrededor de la pequeña plaza hexagonal por lo que Remus no pudo evitar estremecerse abrazándose a sí mismo en busca de calor y confort. Tenía miedo, pero no quería demostrarlo porque todos los demás debían estar igual de asustados. Una pesada chaqueta de cuero cubrió sus hombros y su cola translucida de brillo dorado se agitó ante la cercanía de su pareja.
Cuando Sirius le ofreció su mano la tomó con fuerza y miró con angustia las brillantes orejas oscuras sobre la negra melena de su compañero. ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Qué era esa fuerza que los obligaba a mostrar su naturaleza sin que pudieran controlarlo? Y ¿Cómo era posible que Voldemort hubiera encontrado a sus amigos? La idea de que no estaban tan seguros como habían pensado lo aterraba y no podía evitar temer que Harry aun fuera el objetivo de ese monstruo.
La sensación de miedo e inseguridad atravesó su espalda y por un breve instante se sintió tan amenazado y en peligro como en su primer año en Hogwarts. Pero, antes de que pudiera sumergirse en sus recuerdos, Sirius gruñó y lo empujó lejos del cuerpo de Frank. El miedo no se fue, todo en su cuerpo le ordenó que se mantuviera alerta. Sirius en cambio parecía a punto de saltar y atacar.
Todos se volvieron lentamente hacia el origen de la repentina inquietud de los licántropos residentes. Para su sorpresa, su atención estaba en Muriel Prewett.
La anciana se había puesto de pie, pero su cabeza estaba caída, la barbilla rebotaba contra el pecho de la anciana en un ángulo que parecía doloroso y el cuerpo de Muriel se mecía de una manera extraña, como una hoja suavemente acariciada por el viento nocturno, su cabello revuelto y enredado le cubría por completo el rostro. Repentinamente, dio un paso tambaleante y todos retrocedieron incapaces de contener un grito de miedo.
- ¿Muriel? – Preguntó Regina que sujetaba a Augusta, después de que el defensivo empujón de Sirius las hubiera alejado del cuerpo de Frank.
La anciana de la horrenda bata de flores, se tambaleó hacia atrás y todos respingaron francamente asustados, incluso Augusta había dejado de llorar para mirar la escena horrorizada.
La cabeza de Muriel osciló hacia atrás y sus ojos se abrieron, completamente en blanco, cuando una voz profunda y resonante salió de su boca.
- Muy viejo – Esa voz que podía hablar con eco propio definitivamente no era la voz de Muriel.
-Este recipiente está muy gastado – Lo que fuera que se hubiera apoderado del cuerpo de Muriel parecía dominarla con más soltura. El espíritu los miró a todos con esos ojos blancos resplandecientes. Movió la cabeza con lentitud fijándose en cada uno de los presentes y deteniéndose por un tiempo más largo en el cuerpo de Frank. -Aun así. No hay otro que pueda tomar –
Como si el extraño espíritu hubiera dicho exactamente lo opuesto James y Alice se aferraron a sus hijos ocultándolos de esa aterradora mirada blanquecina.
Los niños aun sollozaban, el rugir de las olas a la distancia apenas podía cubrir su temeroso lloriqueo. Desde los brazos de su madre Neville miraba a su papá y, desde los brazos de su padre, Harry miraba a todos lados sin entender nada, ambos con las caras rojas y las mejillas brillantes por él llanto.
- ¿Quién eres? – Severus fue el primero en salir de su mutismo y confrontar a Muriel, varita en mano protegiendo a James y Alice. Lily que, un minuto atrás, había estado consolando a la anciana ahora le apuntaba con su varita mientras obligaba a los elfos a retroceder.
- He sido enviada por la magia y tengo una misión – Muriel se tambaleó una vez más,
haciéndola ver más frágil e inestable mientras se movía a pasos incierto hacia el centro de la plaza. – Debo ser el refugio de los protegidos de la magia y llevarlos conmigo ahí a donde voy a descansar por diez años –
- ¡Diez años! – La barita de Lily tembló en su mano. Habían llegado a esa isla buscando escapar de la guerra y ahora… ¿Estaban atrapados? Rápidamente miró el león de felpa en la mano inerte de Frank y su rostro palideció.
Escuchen.
Escuchen.
En este hogar que han heredado por sangre sus invitados son bienvenidos.
Todo aquello y aquel a quien necesiten para vivir por diez años deben traer y para ello tienen un año.
Pidieron un refugio y la magia se los da. A cambio el amo de la muerte honrará su promesa y el príncipe subirá al trono olvidado.
Abran la jaula que la guerra ha creado para que el fénix pueda volar una vez mas y la deuda de vida será saldada.
Los brazos de Muriel se mecían de un lado a otro, su espalda se arqueaba y parecía a punto de caer. Les dio tiempo para asimilar el mensaje mientras contemplaba a los elegidos. La sacerdotisa de la muerte estaba muy pálida, el viento jugueteaba con su cabello rojo fuego mientras su amada varita temblaba en su mano, no había forma de que pudiera acertar un hechizo en ese estado. El príncipe no tenía idea de nada, pero la regente sí; ella había estado esperando que ese día llegara y tendría paz si llevaba a cabo su deber y el de todas aquellas regentes que la habían precedido. – Este cuerpo es inservible, no me permite más tiempo. Sean gentiles y yo cuidaré de ustedes con la magia que he guardado por los siglos que he dormido –
El cuerpo de Muriel se desplomó al suelo y, por un instante, el tiempo se sintió mucho más lento, todos se movieron como un solo ser. James y Alice retrocedieron protegiendo a sus hijos del grotesco espectáculo y los demás avanzaron intentando detener el frágil cuerpo de la vieja mujer antes de que tocara el suelo. Ninguno lo logró excepto los elfos domésticos que consiguieron detener la caída con su magia.
La media noche había llegado y el cuerpo de Muriel flotaba en el centro de la plaza con las puntas de su cabello gris rosando las baldosas hexagonales.
Otro saludo tambien para mi hermanita menor. Sin ella como editora implacable tampoco escribiría nada de nada. Espero que ahora que ya publiqué el capitulo por fin me de la portada que me había prometido para este Fanfic.
Hasta la próxima luna azul... Que digo... Esto, no sé. Tal vez la próxima semana.
