Doofenshmirtz.
Está claro que todo esto es culpa de su invento. Se ve que no salí del todo ileso de su trampa...Creo que logré escapar a tiempo de que consiguiera convertirme en su esclavo, pero eso no evitó que me convirtiera en humano.
...¿Por qué no me transformé inmediatamente? ¿Es otra consecuencia de mi huida? ¿O la máquina estaba programada para funcionar así?
Las cerdas de la escoba me rozan la oreja y me recuerdan que no es el momento de ponerse a pensar.
- ¡LAWRENCE! ¡LAWRENCE!-grita la señora Flynn, persiguiéndome escaleras abajo.
Bajo los peldaños de un salto y corro hacia la puerta principal. Me resultaba fácil correr y mantenerme sobre dos patas cuando no llegaba al metro de estatura, ¡pero ahora que mido cerca del doble, me resulta muy complicado! Es un cambio importante y no me han dado tiempo a acostumbrarme a caminar con estos pies.
- ¿Qué ocurre?-el señor Fletcher aparece con una rosquilla y una taza de café en la mano en el pasillo.
Estoy a punto de chocarme contra él, pero, por suerte, tengo suficiente control sobre mi cuerpo para desviar mi rumbo hacia la ventana y saltar por ella.
- ¡Se escapa!-chilla la señora Flynn, corriendo hacia la puerta.
- ¿Q-Qué pasa, querida? ¿Quién era ese?-preguntó el señor Fletcher, clavado en su sitio.
- ¡Llama a la policía, Lawrence, era un pervertido que se ha colado en nuestra casa!
Tengo suerte de que cortar los setos esté aún en su lista de tareas pendientes. Siempre han sido un buen escondite, y me alegro de que aún me sean de utilidad, a pesar de lo que he crecido.
- ¿Era un ladrón?
- ¡Phineas, entra ahora mismo en casa! ¡Aún puede estar por aquí! Voy a avisar a los vecinos...
- Iiih...¡Estaba aquí! ¡En mi cama! ¡Estaba...Estaba...! ¡Aaaargh!
- Cálmate, Candace. Estás a salvo. Ferb, haz el favor y tráele una tila a tu hermana.
Me asomo ligeramente fuera del seto y veo que la señora Flynn cruza corriendo la acera para avisar a los vecinos de enfrente. Las voces del interior de la casa se desplazan hacia la cocina. Respiro aliviado.
De acuerdo...No hay que perder la calma...Tengo que contactar con la Agencia. Iré a por Doofenshmirtz y me devolverá a mi forma normal le guste o no. Fin de la historia. Sí...
Me llevo la mano a la muñeca, pero...¡El comunicador ya no está!
Miro a mi alrededor, vuelvo a asomarme, pero no lo encuentro por ninguna parte. ¡Maldita sea, ¿adónde ha ido?
Todo ha sido tan rápido que no consigo recordar si aún lo llevaba al despertar. La correa pudo haberse roto cuando mi muñeca se ensanchó o...O pude haberlo perdido durante la carrera. Ambas opciones son igualmente probables, pero para comprobarlo debería volver a entrar en la casa.
Una locura. No me recibirán con los brazos abiertos, precisamente.
Tampoco puedo ir yo mismo a la base: las entradas que conozco son demasiado pequeñas. Tal vez pueda usar las entradas de otros agentes, como el Agente H, el hipopótamo...
Dios mío, estoy completamente solo...
...Solo y desnudo. Comienzo a sentir un poco de frío, la verdad...
Vale. No me queda más remedio que arriesgarme a más escobazos o a algo peor. ¿Qué más puedo esperar? ¿Que un milagro caiga del cielo y me vuelva a convertir en un ornitorrinco? Lo dudo. De todos modos, será rápido: entrar, coger algo de ropa, buscar el aparato con cuidado para que no me pillen y ya está. He hecho estas cosas miles de veces, creo que podré hacerlo una vez más.
Compruebo que no pasa nadie cerca de aquí, salgo del arbusto sin hacer ruido y me cuelo por la misma ventana por la que he saltado hace unos minutos.
- ¿Estás mejor?
- S-Sí...Creo que sí...
El señor Fletcher y los chicos siguen en la cocina. Es mi oportunidad.
Subo las escaleras lentamente, evitando hacer el más mínimo ruido, y me dirijo hacia la habitación del matrimonio. Cierro la puerta y busco algo de ropa que ponerme. Encuentro unos calzoncillos que el señor Fletcher había apartado porque se le habían quedado pequeños últimamente, pero que a mí me van de maravilla. Después, rebusco en el armario. Una camisa hawaiana, pantalones cortos de deporte, una chaqueta de cuero...Y por fin doy con algo que me gusta: un traje de color verde aqua. No he visto al señor Fletcher ponérselo nunca, así que no creo que lo vayan a echar de menos. También cojo una camisa y una corbata de color naranja. Unos zapatos de cuero marrón, y listo.
Me miro en el espejo. Se me hace muy raro ver a un hombre de nariz alargada con el pelo corto y del mismo color que su traje en lugar del ornitorrinco que siempre he sido. Lo único que conservo son mis ojos marrones y...Mi fedora. ¡Aún lo conservo! No sé de dónde ha salido, pero me alegro de tenerlo. (Hasta ahora nunca me había parado a pensar en cómo consigo sacarlo de mi espalda sin tener bolsillos ni mochilas...en fin). Me lo pongo y, aunque no suponga una gran diferencia, al menos comienzo a reconocerme como el Agente P, de la O.S.A.C. Me servirá para identificarme como agente.
Bien, ya está resuelto el tema del vestuario. Ahora toca buscar el reloj.
No lo encuentro en el pasillo por más vueltas que dé, ni lo he visto en las escaleras al entrar. Entro a la habitación de Candace, mirando bajo la cama, entre las sábanas y por todos los rincones, pero tampoco lo encuentro.
Mpf...¿Dónde estará?
Salgo de la habitación y cuando decido seguir la búsqueda en la habitación de Phineas y Ferb, me choco contra algo. Doy un brinco al ver al señor Fletcher mirándome fijamente.
