Disclaimer: oh, no no no. Ni Clare ni Cassie se incluyen en las credenciales de mi DNI.
Esta historia participa en el Reto Exprés "Familias Nefilims", del foro "Cazadores de Sombras". (Por Raziel, cómo me ha costado hacer este drable, xd). Me tocó la estirpe Blackthorn, y bueno, he usado a dos miembros bien interesantes de la familia para el relato. Espero os guste (o algo así).
Es noche cerrada. Noche lluviosa. Gruesas gotas chocan contra el alféizar de la ventana, acompañadas de truenos y relámpagos que iluminan el interior de una estancia, donde ronca un joven castaño. Pero su sueño a pierna suelta se ve interrumpido de pronto por una mano pequeña aunque insistente, que lo zarandea por los hombros hasta lograr incorporarlo de un brinco, tenso, alerta.
—¿Ty? ¿Qué quieres? —Julian mira el reloj y rectifica—: ¿qué demonios quieres a las tres de la madrugada? —Se pasa el dorso de la mano por los párpados, apartando las legañas que le estorban la vista. Es entonces cuando recae en su rostro crispado—. ¿Llorabas?
—Quien llora es el cielo —señala la tormenta que cae con violencia tras la ventana—. E Iglesia tiene miedo —agrega después, como respuesta a su estar por ahí.
—¿Te lo ha dicho?
—No seas tonto. Los gatos no hablan —responde con brusquedad el pequeño—. ¿Podemos dormir aquí contigo? Livvy está con Emma.
Jules se da cuenta de que los temblores que retumban afuera hacen eco de estremecimientos en el cuerpo menudo de su hermano.
—De acuerdo. Pero sólo por hoy, ¿eh, Iglesia? —advierte. El gato bufa en respuesta, como diciendo «eso ya lo veremos».
Les hace hueco; gato y niño corren a meterse bajo las sábanas. Entonces Ty lo contempla durante unos segundos y luego declara:
—Puedes abrazarte a mí, si quieres.
Jules sonríe, aunque sólo por dentro. Se gira y le abraza fuertemente, frenando con el brazo sus temblores, moviendo la mano de arriba a abajo por su espalda.
Y Ty, para quien el contacto cuerpo a cuerpo con otro que no sea su gemela le resulta generalmente intolerable, se gira y lo abraza a su vez, ocultando la cara en el pecho de Julian, musitando:
—Estúpidos truenos...
