Capítulo 3: Las Imperfecciones del Mundo

—Levi, ¿me das un beso? —el par de orbes de una joven brillaban con intensidad ante su inocente pedido—. ¡Vamos! ¡Di que sí!

—Hmm… Si tanto quieres un beso, ¿por qué no me lo das tú? —respondió el pelinegro mientras daba una ligera sonrisa, casi imposible de notar; sin embargo, esta muchacha lo conocía a la perfección.

—¿Eh? ¡No! Soy yo siempre la que te besa de repente. Quiero que esta vez seas tú quien lo haga —sonreía animada y un tanto escandalosa mientras hablaba.

—Pues no quiero —se dio la vuelta cruzando los brazos y dando un paso adelante, como si estuviera dispuesto a marcharse.

—¡¿Por qué no?! —gritó la muchacha tratando de alcanzarlo apresurada, no dejaría ir así a su prometido.

Sin embargo, tras el paso apresurado, el mayor dio la vuelta recibiéndola por sorpresa y depositándole un beso ligero, simple y frío como su piel en invierno. Luego de unos instantes profundizó aquel roce de labios con más fuerza, pero a la vez actuando de manera delicada. La aprisionó entre sus brazos acercándola aún más, para terminar separándose a los momentos mientras solo la sujetaba de la cintura.

—¿Feliz? —respondió burlonamente, aunque con ese clásico toque de seriedad que tenía, solo que con una de esas clásicas miradas tiernas que había aprendido a dirigirle solo a esta muchacha, su adorada Isabel.

—No —respondió esta haciendo un puchero—. De sorpresa no vale. Además solo uno es muy poco. ¿Por qué debo rogarte para que seas tú quien me bese? —infló sus mejillas mientras el rubor de estas podía no ser mayor.

—No es como si quisiera regalar besos todo el tiempo, solo puedo besar a mi omega —el tono en que decía esas palabras parecía muy indiferente, pero significaban demasiado para Isabel, porque sabía que este hombre solo era así con ella. Era su destinado, así lo creyó siempre.

Nuevamente cayó rendida ante los brazos de su amado Levi, el alfa con el que planeaba pasar el resto de su vida.

"Ha llegado las seis a.m. El sol superficial debe estar en posición. Es momento de iniciar las actividades en zona Sina."

Aquella estúpida alarma lo hizo volver en sí. Había soñado, o más que sueños eran viejos recuerdos de hace años, y por más que cualquiera los considerara buenos, era lo más incómodo para el ACK01-A.

Aquella incomodidad de la noche se veía reflejada en su despertar. Hacía tiempo que no dormía así debido al insomnio, probablemente la falta de costumbre de dormir tanto lo hacía sentir con el cuerpo más pesado que de costumbre. Eso y la amargura de los recuerdos combinados con un dulce sabor en sus labios que parecía no querer desaparecer.

Era dulce y cálido, como ningún otro que haya sentido antes, aunque lo llenaba de una amargura que de igual manera era extraña. Ningún beso a su difunta prometida o a alguna de las ninfas de Camelia o Camelia misma le había hecho sentir así.

Para empezar se preguntaba: ¿por qué se atrevió a besar a aquel mocoso mugriento de la nada? O peor aún, después de desquitarse dándole una cruel golpiza, luego de que su mente se despejara un poco y apenas comenzara a ver bien al muchacho.

La respuesta recaía en su instinto. No había otra, y de igual manera resultaba molesta. Se supone que esa clase de cosas las hacen algunos alfas por instinto, pero según había entendido, aquellas sensaciones estaban sepultadas junto con su olfato. Era molesto. Pero alguna vez escuchó que los opuestos se atraen y ese mocoso era un monstruo diferente a él.

Bien, en resumen podría decir que Eren le provocaría más amargura de la que creyó. Sentía un mal presentimiento al respecto desde la primera vez que vio esos ojos dorados brillantes retándolo. Lo retaba…

Todo problema tiene solución, y por el momento lo mejor que podía hacer era ignorarlo. Después de todo solo él sabía lo que sentía, y aunque la ignorancia siempre le había parecido desagradable, recaería en ella como solución a sus problemas. Así que para distraerse ya sabía qué hacer.

Además era miércoles, y ciertamente tenía una costumbre ese día. Aunque ya tenía un plan previsto, antes de comenzar sus actividades diarias, cuando recién se levantó de esa pequeña cama individual, una pequeña luz azul parpadeando en su móvil le llamó la atención.

Chasqueó la lengua ante esa señal. Le indicaba que tenía alguna llamada perdida, mensaje o correo de voz, y cualquiera de esas cosas era molesta. Tomando en cuenta su lista de contactos en ese aparato al que realmente no le daba buen uso, sabía que se trataba de Erwin o Hanji.

No era difícil imaginarse de qué se trataba. Cualquiera de los dos que fuera lo terminaría regañando, pero solo el primero podía darle alguna sanción, aunque en realidad no le afectaban mucho. Lo peor que le podría pasar en esos momentos no sería algo grave. Para fortuna o desgracia se trataba de la segunda.

En total había treinta y siete llamadas perdidas, además de varios mensajes que indicaban simplemente la misma pérdida de llamadas, pero por lo menos se anexaba un mensaje de voz. Se notaba que la castaña era insistente. En definitiva, por el exceso de llamadas perdidas y a diferentes horas de la "noche", jamás las escucho. No era como si no hubiera respondido a propósito, simplemente el sonido del móvil resultaba irritante y lo dejaba en silencio todo el tiempo, ni siquiera en vibrador.

Después de levantarse, comenzó a revisar hasta dar con el mensaje de voz que incluso dudaba si debía escuchar. Bueno, era inevitable. Luego de un click escuchó la grabación.

"¡Levi!" La voz de la castaña sonaba en exceso molesta. "¿Qué maldita mierda te pasó por la cabeza? Carajo." El exceso de groserías y el tono no eran comunes en aquella mujer. "No sé realmente qué mierda te suceda ahora, pero joder, ¡quiero que vengas a mi maldita oficina de inmediato! Gaah, no sabes cuántas ganas tengo de cortarte las putas bolas. ¡Carajo! Vuelvo a enterarme de que vuelves a ponerle las manos encima a Eren y te juro que no respondo, pendejo."

Luego de escuchar aquello decidió apagar el teléfono. No quería seguir escuchando reclamos y no quería responder en caso de que lo volvieran a llamar.

El motivo estaba más claro que el agua, y bueno, no necesitaba recordar que agredió físicamente al novato MH. No podía siquiera excusarse en que fue solo por el entrenamiento, sus subordinados presentes podrían negarlo, además de que retractarse de lo que hizo sería lo más cobarde que podría hacer.

Atacó al muchacho como a un monstruo cualquiera, y pensándolo más claramente, ni siquiera tuvo motivos de hacerlo que se justificaran. Era un error que cometió. Estaba enfadado, pero no con el muchacho realmente, sino con su superior, el comandante Erwin, por menospreciar a uno de sus soldados y enviar un "mejor reemplazo". Por lo que a primera instancia el coraje le hizo desquitarse con ese reemplazo. En parte el temperamento de Jaeger no había ayudado mucho y apostaba que ya se había conseguido su odio.

La estupidez del mocoso era un tanto extraña si se analizaba la situación en que estaba. Aun sin haber tenido energías como para defenderse, lo llamó desgraciado. No negaría que lo era, porque de hecho había disfrutado poner a Jaeger en su lugar disciplinándolo de la única manera que según él creía que era efectiva, con dolor. El atacar directamente órganos vulnerables había sido un tanto bajo, pero creyó que así entendería el otro, quien terminó demostrándole que no sería sumiso a él como el resto.

Ignorarlo, era lo que debía hacer, se lo repetía a sí mismo, pero… ¿Cómo ignorar a quien tendría a su lado durante bastante tiempo? Peor que esto, parecía que su propia conciencia le hacía recordar que profanó esos labios sin razón aparente. Mantenerse indagando internamente solo lo ponía peor y le provocaba un increíble escalofrío. Temía a la nada, simplemente algo no andaba bien.

Había una especie de glaciar en su interior que sintió agrietarse al sentir el toque de aquellos labios. Por lo menos el rechazo instantáneo de Jaeger lo había hecho volver en sí tras esa bofetada que claramente no devolvería. Al ver nuevamente aquel extraño color de ojos dorado desafiándolo, simplemente terminó por abandonar el lugar como si nada hubiera ocurrido. No podía quedarse ahí.

Dejando de perderse entre pensamientos indeseados nuevamente, suspiró resignado para continuar sus actividades. Era extraño que un día sintiera odio injustificado por alguien y al siguiente cayera en cuenta de que solo había pasado por coraje momentáneo. Por ese motivo debía disculparse o se sentiría poco hombre, como el desgraciado que había sido por lo que hizo.

—Tch… —incluso de lo aturdido que estaba pensando, no escuchó el clásico crujir de los enormes reflectores encendiéndose, ni que se había mantenido en la misma posición pensativo por unos veinte minutos. Mal comienzo de su día.

Por la fecha en que apenas se encontraba, seguía teniendo "descanso" del trabajo, como correspondería el resto de la semana. De alguna manera no le agradaba el mantenerse en patrullaje, porque le correspondía el horario tardío desde las cuatro de la tarde hasta la medianoche. Técnicamente, la mañana siempre era libre de esa actividad, pero recaía en su entrenamiento, así que incluso si no recibiera pago por mantenerse tiempo extra en ese lugar, lo hacía. No tenía nada más que hacer después de todo. Además de que su horario no era fijo, todo superior debía estar disponible las veinticuatro horas si fuera necesaria su presencia en alguna emergencia.

Igualmente, estar en misiones no era del todo agradable, pero era en lo que se enfocaba en su trabajo. El mantener a agentes en patrullaje solo era para evitar la queja de los pobladores, que en ocasiones se quejaban del poco uso que tenían los agentes. No tomaban en cuenta que frecuentemente morían por su seguridad. Odiaba a ese tipo de civiles quejumbrosos.

La caminata fue rutinaria, aunque no pretendía asistir temprano al edificio de las oficinas de la agencia. Así que con el propósito de no hacerlo, se desvió un par de calles, girando sin rumbo fijo aparente solo para perder algo de tiempo. El uniforme de trabajo y mantenerse de esta manera lo hizo sentir como si estuviera en patrullaje diurno, pero eso le correspondía a otra clase de agentes de nivel inferior.

Luego de un par de vueltas más entre las cuadras de la enorme ciudad, su atención se vio capturada por un oficial "diurno" y un par de niños llorando mientras al parecer discutían.

—¡Deténgase! ¡Por favor, no lo haga! —gritaba la niña castaña sollozando mientras jaloneaba al oficial con cierta desesperación, mientras un niño de apariencia similar, pero de menor tamaño se mantenía detrás de ella aferrado.

—Apártate, niña mugrosa —bufó aquel hombre mientras pateaba a la niña tratando de apartarla de él. Esto solo provocó que el ACK se acercara a este trío. De cierta manera sentía cierta molestia por el trato de este tipo a menores.

—¡Emily! —gritó el niño al ver como el oficial atinó a patearle el estómago a la niña para separarla. Con esto el niño empezó a llorar con más fuerza sin saber qué hacer.

—Par de mocosos repulsivos, acabaré esto de una vez para que dejen de estar molestando —sentenció el oficial de mal humor mientras giraba sacando un arma y apuntaba a cierta pequeña criatura peluda que tenía en los brazos, al que lograba sostener del cuello. Estaba ahorcando a un pequeño cachorro.

—¡No, por favor! —gritó la niña. Sin embargo, cuando el oficial quitó el seguro del arma y estuvo a punto de jalar el gatillo, Levi lo detuvo sosteniéndole el brazo.

—¡Oi! —le gritó quitándole el arma, y después mostró su ID para identificarse, además de que el uniforme lo delataba como agente y el estilo de gabardina larga significaba que era un superior—. ¿Qué está pasando aquí? —encaró al hombre aunque la diferencia de estatura y complexión era demasiado grande.

—¡Quiere matar a Charlie! —intervino la niña, mientras el niño se sujetaba de su brazo.

—¿Huh? —no entendió el ACK y volvió a darle la cara al oficial, quien le respondió.

—El animal actúa violento —en efecto, el pequeño cachorro gruñía con rabia mostrando sus pequeños y afilados colmillos, tratando de tirar mordidas que se veían impedidas por el agarre agresivo del oficial—. Obsérvelo, está contaminado. Debo exterminarlo antes de que termine de mutar.

—Tch —volteó a ver el cachorro—. No parece un perro mutado por radiación.

Era bien sabido que cuando un perro o humano mutaba, su tamaño se duplicaba, pero este animal era demasiado pequeño. Solo un cachorro de un par de meses tal vez, y según su poco conocimiento en animales, se trataba de uno de raza pequeña.

—Claro que debe serlo. Ya está violento y estoy seguro de que empezará a crecer pronto. Debo matarlo antes de que lo haga.

—¡No es cierto! ¡Charlie tiene todas sus vacunas y le damos su antídoto diario! —exclamó esta vez el niño, quien después agachó la mirada nuevamente.

—No lo creo —sonrió socarronamente el oficial—. Además mire a la clase de mocosos a los que le pertenece. Se ve que apenas pueden pagar sus antídotos, no parecen la clase de personas que puedan tener mascota.

De hecho, el tener mascota era todo un lujo. Al realizar la compra de un animal se pagaba bastante caro, además de la firma de compromiso de mantener medicado al animal antes de que mute. Los animales eran bastante exóticos, y aun así se mataba a la mayoría al nacer si no había dueño que se comprometiera a medicar a estas criaturas. Los únicos animales que no eran asesinados correspondían al ganado, que era utilizado para proveer de carne para alimentarse, cosa que también era un lujo comer y la mayoría de pobladores no podían conseguir por su alto precio.

—¡Pero si es nuestro! ¡Medicamos a Charlie! —gritaba la niña.

—¿Ah, sí? ¿Entonces por qué empezó a actuar como animal rabioso? —preguntó el hombre tratando de sonar sarcástico, no quería discutir con el par de niños.

—Tch, muéstrame el animal —Levi extendió los brazos para que se lo entregaran y aquel oficial solo se resignó a hacerlo—. Hmm… —el cachorro en definitiva actuaba violentamente tratando de morderlo, como si quisiera defenderse—. Está herido… —notó el ver una de sus patas traseras fracturada y además sangrando.

—¡Así es! Lo machucaron con una caja en el mercado y desde entonces está así —respondió la niña con la esperanza de que le devolvieran al perro—. Pero conmigo no es así…

—Hmm… El perro no está mutando, solo se defiende porque está lastimado. Dicen que los animales son violentos incluso contra quienes quieren ayudar cuando están en ese estado —suspiró—. Solo déjale el cachorro a la niña —le devolvió el animal a la pequeña con cuidado, procurando que este no la atacara, aunque el cachorro no lo hizo y solo empezó a gimotear.

—¡Gracias, señor! —el pequeño cachorro solo empezó a lamer a la niña al reconocerla como su dueña. Era extraño el cambio de actitud del animal.

—Yo solo lo advierto: si muta y ataca a alguien, usted será el responsable —refunfuñó el hombre.

—Si el perro llegara a mutar, entonces lo asesinaré, pero si no lo hace, no tengo por qué hacerlo.

—¿Hah? Hablas demasiado, esas cosas son difíciles de matar. Te crees demasiado solo por ser de la agencia especial —el hombre se atrevió a jalarlo del hombro.

—Huh, ¿será? —trató de ignorar el trato del hombre, no estaba de humor para pelear.

—¿Qué forma de responder es esa? Debes ser solo uno de esos flojos que entran a la agencia por más dinero y no hacen nada mientras fingen ser útiles y luego son asesinados por un alfa —rio el hombre—. Además te ves muy pequeño para ser un agente, tal vez eres solo un farsante —lo jaloneó con más fuerza golpeándolo contra la pared—. Si realmente eres un agente, dime tu matrícula.

—Eres molesto —lo observó directamente a los ojos con esa mirada tan fría y enojada que lo identificaba, una mirada tan penetrante que solo provocaba escalofríos—. Creí que habías notado mi ID, ACK01-A —respondió finalmente.

—ACK01-A… —repitió en seco, esa matrícula era demasiado conocida—. Valkyrie…

—Ahora apártate de mi lado —respondió con voz ronca bastante irritado. En definitiva, aquel atrevimiento del oficial de recargarlo bruscamente era algo que no cualquiera se atrevía a hacer.

—L-lo siento, señor —respondió entre tartamudeos esperando lo peor. Para su fortuna, el pelinegro no tenía la intención de reaccionar violento, ya con el día anterior le había bastado. Aquel hombre simplemente hizo una reverencia y se retiró como un vil cobarde. En ese momento el par de niños se acercó a agradecer.

—¡Whoa! ¡¿Usted es Valkyrie?! —gritó el niño entusiasmado—. Dicen que es el agente más fuerte de todos —el par de orbes del pequeño brillaban con alegría.

—Son solo palabrerías —volteó a ver al cachorro, extrañado de su cambio de comportamiento a uno apacible—. Está tranquilo…

—Ah, sí —respondió la niña mostrándole el pequeño animal—. En realidad, cuando recién tuvo el accidente hasta a mí me trató de morder, pero luego se calmó. Los animales son agresivos en estos casos, según dice papá, pero cuando los tratas bien te reconocen como su dueño y se mantienen fieles —rio la pequeña—. ¿A usted lo ha mordido una mascota?

El ojiplata se quedó pensativo por unos segundos.

—Algo así…


Aquel par de niños se retiró despidiéndose alegremente, mientras el menor le contaba a su hermana lo que había escuchado de este hombre al que aparentemente veía como un héroe. Tal vez el niño aún no sabía el motivo del por qué tenía ese apodo.

Él, por su parte, solo continuó su camino. Aún había algo de culpabilidad dentro de él, y como acostumbraba en este tipo de situaciones, partió al único lugar donde se sentía tranquilo, aquel lugar al que sentía que pertenecía.

Walhalla.

El primer motivo por el que se había ganado ese nombre era simple: regresar con muertos todo el tiempo. No podía contra la desgracia de la muerte de sus subordinados, parecía cosa del destino tener esa clase de suerte que lo hacía rondar entre la muerte de soldados, aunque hasta hace ocho meses no había muerto uno de sus subordinados.

Las valkirias acompañan a la muerte de los soldados más fuertes.

Gunther, Eld, Petra y Auruo eran los subordinados con los que llevaba más tiempo sin tener bajas, probablemente porque trabajaban como par y sabían estar al pendiente entre ellos. Realmente la muerte de Gunther lo tomó totalmente desprevenido. Su actual equipo se había visto unido en todo momento. Antes de eso, haba tenido aquella suerte desgraciada que lo había hecho perder cincuenta y ocho subordinados. No perdía la cuenta y lamentablemente recordaba a cada uno de ellos, en especial a los primeros dos.

El segundo motivo por aquel apodo estaba relacionado con el primero en cierta parte. Las valkirias también eran las que se encargaban de atender a los muertos en el Walhalla. Levi lo hacía. Por lo menos una vez por semana llevaba un clavel blanco a la tumba de cada soldado en señal de que no los había olvidado y una rosa blanca para su prometida.

Aquella mirada del ACK siempre reflejó muerte. La de sus subordinados y la de él mismo. Hace aproximadamente diez años que se había dado por muerto, si su cuerpo se mantenía latiente no le significaba mucho en realidad. Hasta el corazón de un monstruo late. El mismo nombre, Walhalla, "la ciudad de los muertos", hacía que sintiera apego a ese lugar.

Ese día visitaría el lugar para despejar su mente, así que antes de eso, como era costumbre, pasó a la florería. Cincuenta y siete claveles blancos y una rosa, aquel fue su pedido. No negaría que resultaba costosa la rutina, pero no le importaba.

Al bajar por los escalones de la entrada del lugar, de inmediato fue recibido por el sepulturero, que solo hizo una reverencia y lo dejó pasar. Walhalla era un lugar demasiado solitario, donde el único ruido audible era el eco de los pasos del único par de hombres que estaban presentes, acompañados por el sonido de los insectos que abundaban el lugar. Estos últimos eran las únicas criaturas vivientes que aceptaban la radiación sin tener efecto colateral.

—Señor —extendió sus brazos aquel hombre canoso para ayudar al pelinegro con aquel bulto enorme de flores bastante molesto para cargar solo, aun si la florista siempre le prestaba una pequeña canasta que le devolvía al final de su trayecto.

Aquel viejo de blanca cabellera solía ser silencioso. Jamás intentó iniciar una conversación o algo parecido, simplemente cumplía su labor al cuidado de ese lugar. Ya Levi había escuchado rumores del sepulturero, quien se dice ni siquiera tenía familia, o la tenía, pero sepultada en ese lugar que siempre vigilaba. Como con cualquier rumor, Levi se abstenía de siquiera preguntar algo, no era de su incumbencia.

Siempre era tan repetitivo. Pasar por cada tumba dejando aquella ofrenda blanca, una tras otra, mientras el sepulturero se mantenía siguiéndole el paso. Al llegar a la última tumba que visitaba, depositó aquella rosa blanca y se sentó en silencio por un rato. Llegando hasta esta tumba era cuando el anciano solo hacía una reverencia y se retiraba, como era usual.

Aquella tumba algo vieja con el nombre Isabel Magnolia grabado en ella. Nombre que Levi podía observar durante todo el tiempo sin perder de vista, mientras apretaba fuertemente con su mano derecha un pequeño anillo que llevaba atado al cuello siempre, como el adorno de un collar.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó en un murmullo mientras inclinaba la cabeza evadiendo la vista a aquel nombre grabado. Después de un largo suspiro, volteó a ver a la tumba de la derecha en la que también había depositado un clavel blanco, con el nombre Farlan Church grabado en ella. Se sentía estúpido de hablarle a las tumbas, aunque era frente a ellas donde podía despejar más claramente su mente.

Podía ser una, dos o hasta tres horas las que dedicaba a estar sentado en aquel lugar, donde simplemente se relajaba e incluso destensaba sus músculos. Según él, ese tiempo era necesario para el aclaramiento de sus pensamientos.

Incluso el sonido de grillos le parecía relajante, combinado con la escasa luz de aquel lugar que casi estaba en penumbra más la humedad, que aun si no olía, sentía. Su segundo lugar favorito. Donde la soledad era su fiel compañera junto con el perceptible silencio.

Por esta ocasión solo fue un par de horas antes de ponerse de pie, y finalmente darle la cara al asunto que había evadido buen rato. Ahora que tenía todo un poco más claro, no debía preocuparse y solo era cuestión de pedir una disculpa y enfrentar los regaños que Hanji le daría y tal vez Erwin si se enteraba. Podría considerar que su estancia en el Walhalla lo hacía recapacitar y ya lo había hecho lo suficiente. Tampoco podía vivírsela todo el tiempo escondido ahí, aunque ya cualquiera sabría cómo ubicarlo.

Si Levi Ackerman no estaba en la agencia o en su departamento, los lugares más obvios serían el Walhalla o El jardín de las ninfas de Camelia, un prostíbulodonde saciaba el apetito sexual que el solo ser alfa significaba que tenía, aun si no fuera por ataque de feromonas. Lamentablemente no podía contra ese instinto y terminaba enredado con una -B de ese lugar por lo menos una vez por semana.


Un ligero crujido salió de su cuerpo al finalmente lograr levantarse un poco de la camilla tras por fin despertar de un largo sueño, provocado por la falta de energía de su cuerpo. De inmediato reconoció las blancas cortinas a su alrededor. Estaba en la oficina de Hanji, que también podía considerarse una especie de consultorio.

La ZOE01-B tenía como especialidad la medicina y se encargaba de atender heridos frecuentemente, aunque solo recibía los casos extraños, Eren Jaeger por ejemplo. De igual manera, hacía tiempo que no reposaba acostado ahí, y de hecho ni siquiera había llegado a dormir en ese lugar. No dudaría que esta vez había pasado la noche ahí.

Se levantó tratando de tomar algo de fuerza para hacerlo. En definitiva seguía mal con un fuerte dolor en su estómago y vientre. Aun si posiblemente se había regenerado internamente, sentía el malestar.

Trató de recordar los hechos, pero la simple imagen de su superior golpeándolo no fue nada bueno que quisiera conservar en sus pensamientos, y sobre todo aquel hecho final del superior de atreverse a tocar sus labios como un descarado. Podía recordar sus últimas palabras como una especie de burla, sobre tratarlo como un omega si era un alfa. Frunció el ceño ante la imagen de este recuerdo por su mente. Era desquiciante. Aún se preguntaba cómo es que había personas que decían que no era como un alfa normal, si esto no era lo que le había demostrado.

Bufó internamente, mientras intentaba levantarse. Tenía un par de vendas rodeándole el torso, cosa que parecía bastante inútil si sus heridas eran internas. Si es que las tuvo, en su piel solo habría un par de moretones si acaso, pero por lo menos la herida de su labio ya había sanado. Y no se sentía tan mal después de todo. El descanso había sido de mucha ayuda como para haber recobrado energías y estar dispuesto a seguir sus actividades.

O eso creyó hasta levantarse y dar un par de pasos adelante y sentir una fuerte punzada en su abdomen.

Ese maldito alfa desgraciado.

Por el momento no estaba Hanji a la vista y no dudó en buscarla. Con aquel dolor resultaba molesto el tratar de dar un par de pasos. De una manera u otra no iba dejar que esto fuera un impedimento en lo más mínimo. Siempre creyó que era cuestión de valor el tener la capacidad de mantenerse de pie a pesar de las circunstancias y no dejaría que esto cambiara.

Después de una vuelta por los pasillos comenzó a sentir como si alguien lo siguiera. Resultaba incómodo sentirse como una especie de presa que sería acechada, aunque tal vez podría ser solo un poco de nerviosismo momentáneo. El escuchar un claro sonido de pasos le hizo ver que no era un juego de su mente y que realmente lo seguían. ¿Cuáles eran las opciones? De ser un conocido ya lo habría llamado por su nombre, y contrariamente, al dar la vuelta tratando de observar quién era, su mirada caía en lo abandonado que se veía el lugar.

El nerviosismo se apoderó un poco más de él y avanzó rápidamente. Pero el escuchar aquel sonido cada vez más cerca lo retó a dejar de actuar como cobarde y enfrentar lo que seguía. Giró finalmente hacia atrás.

—¿Quién está ahí? —preguntó tratando de ser encarado, aunque el silencio no se detuvo. Quien quiera que lo siguiera tal vez no pretendía nada bueno.

Recordó que cuando se dijo en público que era de tipo MH, entre los gritos ofensivos que recibió en la ceremonia, también había recibido amenazas de muerte de personas que entre la muchedumbre ni siquiera había alcanzado a distinguir.

Quiso continuar nuevamente con la búsqueda de la agente Zoe, cuando de pronto apareció finalmente un individuo dándole el frente. La navaja en su mano y esa mirada de coraje no era buena señal. Estaba herido y sin armas, así que dio la vuelta tratando de huir, pero del lado contrario apareció otro sujeto, del que probablemente había escuchado los pasos traseros. Volteó a los pasillos laterales para encontrarse con otro par, uno a cada lado. Estaba rodeado.

Tras esto solo recordó de nuevo las palabras del Comandante Erwin después de la ceremonia.

—Tal vez traten de herirte, pero ten confianza en tu fuerza. Además, tu superior se hará cargo de defenderte en caso de problemas.

¿Defendido por su superior? Todo era una mierda. De no ser por este, tal vez tendría la fuerza para defenderse, pero desafortunadamente las heridas no eran de demasiado provecho. Maldijo nuevamente al ACK01-A. Era un maldito gato negro de la mala suerte.


Resignado a recibir el regaño de su compañera, finalmente abandonó Walhalla y dio paso a dirigirse a la agencia, donde en la misma entrada lo esperaban tanto el Comandante SMI01-B como la agente ZOE01-B. Mal comienzo.

—Levi —lo llamó Erwin seriamente cruzando los brazos.

No respondió. Sabía cuál era el asunto del que le hablarían y no negaría o disimularía nada. Solo avanzó a paso rápido hasta darle el frente al par que obviamente lo regañaría. Solo se detuvo suspirando y cruzando los brazos.

—Tardaste demasiado —dijo la castaña en mal tono, manteniendo una fiera mirada al pelinegro. El coraje contra su compañero no había disminuido en toda la mañana. Una agresión a Eren sería algo que no pasaría por alto y menos si había dañado una parte de él que la ZOE01-B apreciaba.

—Tch, es mi día libre, puedo venir tarde si quiero —respondió de mala gana. No quería pasar por ese momento, pero entre antes terminara, mejor.

—No reprocho eso —dijo el comandante—, pero quiero hablar muy seriamente contigo y dejarte las cosas en claro.

—No quiero al omega en mi equipo —alzó la vista en respuesta, no es como si fuera a ser intimidado.

—No es excusa para que lo trates de esa manera.

—Lo sé… —ladeó un poco la vista—. Me disculparé, pero quítalo de mi equipo.

—No lo haré —hablaba directamente.

—Huh, debe haber alguna manera, simplemente no quiero verlo.

—Tendrás que acostumbrarte a él, pero si me entero de que se vuelve a repetir lo de ayer, te suspenderé una semana.

—¿Suspenderías a tu mejor agente?

—Eren será un excelente remplazo tuyo —nuevamente esa palabra que le hacía apretar los puños de coraje.

—Tch, lo haces a propósito. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué puede hacer el mocoso que no pueda hacer yo?

—Tal vez traerme la cabeza del líder del AS08 —contestó firmemente.

Así que era eso. De alguna manera sabía que Erwin quería joderlo con ese asunto para que acabara de una vez por todas con Kanney Ackerman, el alfa ACK de los del AS00, quien lideraba el crimen organizado en zona norte del país. Un alfa de mundo bajo con una de las posiciones más altas, cuyo único líder aún se desconocía.

—¿Si mato a Kanney me quitarás de encima al mocoso?

—…Tal vez —esa respuesta era un sí.

—Entonces lo haré —bajó los brazos dispuesto a seguir.

—¡¿Qué?! ¡¿Eso es todo?! —lo detuvo la castaña antes de que se alejara—. Erwin, casi le destroza el vientre a mi Freya, ¿y solo le dices que si mata a su padre todo estará bien? Realmente no jodas.

—Tch —ahora la castaña iba a empezar.

—Carajo —lo tomó de la chaqueta y lo estrelló contra la pared ¿Acaso era el día de ser estampado contra el muro? Frunció el ceño—. Escúchame bien, Levi. No pienses que ser mi amigo hará que deje que pase por alto como tratas a Eren —la mirada de Zoe reflejaba aquel coraje acumulado junto a la bilis que probablemente tenía—. No le hablé bien de ti como para que me salgas con esta estupidez de que lo trates como a un monstruo.

—Ya entendí, ahora suéltame —la simple respuesta la hizo encolerizar más, apretándole los hombros con las uñas—. Te dije que ya entendí —mientras él trataba de ser lo más tolerante posible.

—¡Hanji! —gritó el rubio. No toleraba las peleas frente a él, y menos si sus dos mejores agentes eran los partícipes de la riña.

—Oi… Tranquila. Me disculparé con el mocoso y no volverá a pasar —suspiró el ACK.

—Más te vale —lo liberó del agarre.

—Y… ¿Dónde está? —preguntó el pelinegro con el fin de disculparse de una vez.

—En mi oficina descansando. Lo dejé reposar de las heridas que le provocaste.

El ojiplata caminó sin volverle a dirigir la palabra. No quería demorar en disculparse por lo que había hecho. Esperaba que el muchacho aún no tuviera coraje y lo rechazara, como si no fuera lo bastante humillante ya el tener que pedir perdón.

—Me aseguraré de que te disculpes —intervino la castaña y se dispuso a seguirle el paso.

—Hanji, antes de eso necesito hacerte una consulta —la detuvo el rubio.

—¿Hah? ¡Carajo! ¿Por qué hasta ahora si me tuviste todo el rato al lado? —se quejó como si el otro lo hiciera a propósito. No le quedo más que dirigirse al Comandante mientras Levi se alejaba.

—Me iré adelantando —respondió antes de partir, dejando nuevamente solo a aquel par. Por lo menos no le fue tan mal como esperó.

Entro al edificio H en búsqueda de la oficina de Hanji. Hacía tiempo que no pasaba por ese lugar, aunque no olvidaría el camino de recorrido para ubicar aquella oficina correspondiente. Tomó un par de ascensores tratando de no demorarse. Usualmente tomaba un camino contrario a como a los demás les resultaba habitual, solo con el afán de no pasar por los pasillos concurridos, donde le molestaba llamar la atención de varios agentes.

Dio directo a la oficina y tocó un par de veces la puerta para dar señal de que pasaría adentro. No obtuvo respuesta. Creyendo que tal vez el menor seguía dormido, se adentró a paso lento, pero solo se encontró con esa oficina vacía y un par de vendas sucias en el suelo. El MH se había marchado.

Chasqueó la lengua por el descontento. Tendría que salir a buscarlo.

Caminó entre los pasillos para encontrarlos vacíos, cosa que resultaba bastante extraña. Apresuró el paso en búsqueda de alguna señal de alguien, pero el vacío seguía rodeando el lugar. El edificio por desgracia era algo amplio. Mantuvo el paso firme siguiendo su búsqueda, pero cuando por fin logró encontrar a una persona, la rubia al reconocerlo aceleró el paso evadiéndolo.

¿Dónde se habría metido el mocoso? Antes de rendirse en su búsqueda, un estruendo a lo lejos lo hizo reaccionar, algo como un golpe a una puerta. Al acercarse un poco más pudo distinguir los gritos de una voz que ya le parecía familiar. Lo había encontrado. Y aparentemente, en problemas.

Rápidamente comenzó a correr, y en cada momento de aproximación los gritos eran más evidentes aunque no lograba reconocer palabras. Además, distinguía un par de voces extrañas aparte de la voz del muchacho.

—¡Suéltenme!

Finalmente dio la vuelta a donde se encontraban. Observó a un hombre herido del brazo, furioso apuntando a Jaeger con la navaja, mientras otro par apenas lograban mantenerlo preso, siendo que el chico se mantenía insistente pataleando tratando de zafarse. Un cuarto, quien aparentemente no recibía ningún daño, se empeñaba en patear nuevamente al castaño, haciéndolo liberar pequeños gemidos de dolor entre sus gritos.

—Me vengaré por esta, monstruo —dijo el tipo de la navaja mientras se aproximaba a Eren hasta dar con su rostro y levantarle la barbilla con la navaja. La proximidad solo le hizo conseguir ser escupido en la cara.

Jaeger no dejaba de ser estúpidamente impulsivo ante el peligro. Como pago recibió un puñetazo en la cara.

—¡Oi! —se apresuró rápidamente Levi a detenerlos—. ¡¿Pero qué putas están haciendo?!

—El ACK —tembló uno, soltando el agarre del joven, quien logró soltarse y a la primera oportunidad embistió al hombre más próximo a él como si fuera un acto reflejo. Esto provocó que los otros tres le saltaran encima.

—¡Suéltenlo! —gritó Levi al acercarse más.

—¡Es un maldito monstruo! ¿Que nuestro trabajo no es matarlos? —respondió uno mientras se empeñaba en ahorcar al muchacho, y el resto trataba de contener a Jaeger. Se veía que tenía fuerza de oposición aunque liberara pequeños gemidos de dolor al forzarse demasiado. Ya estaba herido y para colmo nuevamente le brindaban una paliza.

—¡No soy un monstruo! —chilló el castaño defendiéndose. Presionar demasiado su cuerpo lo hacía no poder contenerse más—. ¡¿Cuántas veces más tengo que repetirlo?!

Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos irremediablemente, pero con una especie de sentimiento que le hacía conservar sus ojos de color esmeralda. No sentía coraje, estaba totalmente decepcionado del trato que le tenían, como si realmente se tratara de una criatura que debía morir, cuando su única intención era hacer algún bien y proteger al resto. Ser atacado por quienes luchaba dolía.

Los golpes prosiguieron, y aunque el ACK se había quedado en seco viendo el trato al menor, no pudo permanecer así. De inmediato se abalanzó a quitarle aquellos tipos de encima al muchacho, a la fuerza, como sabía hacerlo.

—¡Suéltenlo! —ordenó, aunque se vio ignorado. Solo le quedó presionar sobre sus brazos y logró tomar a uno de los tipos de la chaqueta. Usando su fuerza bruta, lo levantó y lo azotó contra el suelo, lo suficientemente audible como para que los otros se detuvieran.

—¿No nos ayudará a matarlo? —preguntó uno, como si en realidad esperara que Ackerman cooperara ante el acto.

—¿Por qué debería hacerlo? —preguntó al momento que apartó más fácilmente al resto.

—Se supone que usted lo agredió ayer y lo dejó vulnerable. Es momento de que de una vez acabáramos con el monstruo aprovechando que está débil.

Carajo, se maldijo a sí mismo al escuchar esto. En definitiva una idea así tenía antes de que se le bajara el coraje y se diera cuenta que estaba equivocado.

—Es mi subordinado, así que no dejaré que lo agredan —respondió con una mirada fiera, como si en realidad lo hubieran ofendido e él, cosa que extrañó al de ojos aguamarina.

—¿Eh? —el cuarteto no encontraba la lógica.

—¡Largo! —ordenó con un grito, con lo que a aquellos hombre no les quedó más que retirarse. Nadie en la agencia se atrevería a enfrentarse al ACK en su sano juicio; aun si se tratara de tomarlo en grupo, tenían la desventaja.

—El maldito alfa se alió al monstruo —escupió en un murmullo uno antes de retirarse—. Me las pagarán…

El oído de Levi logró percatarse de la amenaza, frunciendo el ceño de sobremanera. Sabía que le provocarían problemas más delante, pero no estaba como para hacer una escena. Primero debía atender a Eren, quien estaba mal herido.

—Vaya que eres estúpido, mocoso —dijo al fijar su vista en el muchacho.

—¿Por qué lo hizo? —preguntó en voz baja mientras se tocaba el abdomen adolorido por los golpes, dando un pequeño gimoteo.

El ojiplata permaneció en silencio.

—¿Por qué ayer me ataca y ahora me defiende? —levantó la vista finalmente. Aunque aún se encontraba algo cubierta de lágrimas, no podía aguantar más. Estaba roto después de todo.

—Lamento eso —se disculpó finalmente.

—¿Y qué es lo que lamenta? ¿Defenderme o no haberme matado como el monstruo que cree que soy? —preguntó mostrando esas brillantes orbes llorosas.

—Haberte golpeado ayer… —quiso evadirle la mirada mientras lo ayudaba a levantarse, aunque en el primer intento de ayuda, recibió el rechazo del joven.

—Como si le creyera —trató de incorporarse por sí mismo.

—Es en serio —no quería rogar, pero se sentía culpable. En ese momento el muchacho dio un mal paso y casi se cae nuevamente a lo que el mayor no dudó en detenerlo—. No podrás caminar así, déjame ayudarte.

—Tch —chasqueó la lengua el menor mientras sus lágrimas brotaban más al sentirse impotente.

—¿Si te estaban atacando por qué no mutaste y acabaste con ellos? —no pudo evitar preguntar.

—Ni que fuera un monstruo, no puedo herir a mis compañeros —finalmente cedió ante el pelinegro al nuevamente dar un paso en falso y casi caer.

—Mocoso… —no le quedó más que tomar a Eren en brazos, tendría que llevarlo cargando de todas formas. Aunque al comienzo el muchacho negó la posición, una punzada más de dolor lo obligó a aceptar—. Sabes, creo que eres como un perro. Atacas cuando estás herido aun si serás maltratado por tu estupidez y te mantienes insistente.

—No lo entiendo…

—No es nada —se atrevió a verlo a los ojos.

Ese par de orbes esmeralda le hicieron sentir una pequeña taquicardia momentánea, asustándolo. Fue como su pudiera ver el reflejo de dolor del muchacho y algo de lástima en su interior, una mirada tan cristalina y pura, diferente al resto. El sostenerle la vista solo por ese par de instantes, observar ese rostro tan cerca al de él, era extraño.

Pronto se vio aprisionado por un par de sogas de cristal proviniendo del muchacho que parecían querer atarlo, estrujarlo tan fuertemente y liberar algo dentro de él, algo que desconocía de sí mismo. Su corazón comenzó a palpitar aún más aceleradamente, cual bomba a punto de estallar. Mientras ese fino cristal, tan extrañamente cálido al contrario de lo frío que parecía ser, lo hacía acercarse más.

Pero se vio desmoronado tras un parpadeo del muchacho quien solo veía sin ver realmente.

Como si esos ojos se negaran a ver la realidad, como si simplemente estuvieran ciegos a él. Algo tenía ese muchacho… que nuevamente le hacía despertar aquel extraño sentimiento.

Un viejo mito decía que cada alfa tenía un omega destinado para complementarlo, llenar su vacía existencia con emociones que solo podrían experimentar juntos. Esa contraparte que era su amor verdadero. Aquel que podría ser identificado solo por instinto y no por experiencia. Aun si no supiera nada de él, aun si tuvieran diferencias. Simplemente con verlo a los ojos, se daría cuenta de que estaban atados por algo más fuerte que cualquier cosa material existente en el mundo y era un lazo que no se podría romper, porque era el destino mismo llamándolos.

Sin embargo, el mundo no es perfecto, y tal vez las circunstancias o errores del pasado negarían el hecho de que fueran llamados por el destino, haciendo que estas contrapartes estuvieran ciegas una frente a otra. O que solo una lo estuviera.


Próximo capítulo: Maldición

N/A: :'3 Tatakae! Creo que sería una lástima que cierto amargado se hubiera equivocado tiempo atrás de pareja, y que de todas formas ahora no sea tan correspondido del todo por pinche amargado.

Dudas, comentarios o sugerencias pueden dejármelas en un review uwu Seré feliz de leerlos.

¡Nos leemos la próxima semana!