Ranma 1/2

Akane/Ranma

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Chapter 3: Evocando recuerdos

Capítulo III

No me gustaba que me obligaran. Aunque tenía que admitir que sus besos eran muy diferentes a los de Shinnosuke. Los de Ranma me quitaban el aire y me demandaban una maestría que no poseía… y ya una vez caí en su juego, y aunque fue con todo mi consentimiento, las cosas ahora eran diferentes. Yo no quería nada de él. Lo empujé y lo miré furiosa; si él creía que porque una vez la tuvo fácil siempre sería así… estaba muy equivocado.

—¿Quién te crees tú que eres? —lo enfrenté.
—¡Entonces deja de provocarme! —solicitó.
—Nadie ha hecho nada. Déjame decirte algo… sé que estás acostumbrado a que todas laman el piso por donde pasas… pero aclaremos esto: yo no soy como ellas —aseguré.
—No. Eres peor… prendes con agua —afirmó.

Entendí a qué se refería, a que estuve con él sin vacilar demasiado. Eso me irritó mucho, pero en vez de demostrarle mi enojo, le mostré una sonrisa sarcástica.

—Si, ¿verdad? Es algo que me gusta mantener oculto, pero no tiene caso contigo, ya lo sabes... Así que imaginarás que en mi vasta experiencia tú no fuiste demasiado especial para mí. Un calentón de momento, no pasas de eso. Nada demasiado memorable —afirmé.

De acuerdo, nada de eso era cierto, pero él no tenía que saberlo… y funcionó. La mirada que me otorgó fue el odio puro, me hubiese reído, y estuve a un tris de hacerlo, pero pude controlar ese reflejo.

—Me vas a decir que tu novio es mejor que yo —inquirió.

Yo no tenía como saber algo así… aún no habíamos llegado a ese nivel…

—No me gustan las comparaciones... Pero si tuviera que decidir… diría que… ¡no tengo por qué hablar de esto contigo! No te importa —rehuí de la respuesta.
—Aún no sabes mentir, ¿no? —sostuvo.

Ranma sonrió, muy seguro de sí mismo.

—Lo que sea que te deje vivir más conforme contigo mismo. Ahora sí, estoy atrasada. Debo irme —argumenté.

Cuando alcance una distancia prudente le grité:

—¡Oye, Ranma!

Él se volteó desganado, cosa que disfruté silentemente en mi interior.

Le mostré mi mano, le indiqué groseramente con mi dedo índice su parte inferior y le mostré después mi dedo meñique, dándole a entender que su aparato reproductor carecía de tamaño, justo como mi pequeño dedo.

—¿Qué…? —exclamó.

Su cara desencajada me hizo querer reír a carcajadas. Él iba a replicar, pero mi padre oportunamente apareció.

—Akane, Kasumi dijo que pasarías unos días con ella —dijo disconforme.
—Si, en eso me encontraba. Estaba buscándolo para despedirme de usted, padre. Pero me encontré con Ranma aquí y conversábamos unos segundos. Ya me iba —aproveché la oportunidad.

Me despedí de ambos y atravesé el umbral de la puerta. Finalmente doblé la esquina, y cuando me encontré segura en el lugar, me recargué en la pared más cercana e inhale profundamente… ¿de dónde había sacado el valor para decirle todo lo que le dije a Ranma? No me lo podía explicar, pero cuando me encontraba frente a él descubrí que podía mentir. Una habilidad recientemente descubierta.

No me moría de ganas de ir a la casa de Kasumi, pero en cuanto llegué me arrepentí de mis pensamientos. Ir a verla siempre era así, no iba con ganas pero al final no quería irme. Ella se había casado un tanto joven, sólo había salido de la preparatoria un año antes de tomar esa decisión. En sus planes no se encontraba seguir estudiando, aunque era la mejor de su clase...

Era reconfortante levantarse y que el desayuno estuviera listo, que mi ropa estuviera perfectamente lavada y planchada y que la casa oliera siempre a limpio… me recordó a cuando éramos pequeñas. Kasumi asumió ese rol materno que hoy en día la caracteriza... Cuando tuviera hijos sería una madre fantástica…

Mi celular sonó y al mirar a la pantalla vi que era Shinnosuke. Le colgué lo más cordialmente posible. En ese momento sentía que estaba interrumpiendo mi tiempo con mi hermana mayor.

Ya habían pasado tres semanas desde que habían comenzado mis vacaciones, por lo tanto tres semanas menos para volver a la rutina universitaria a la que no estaba tan deseosa de volver, a decir verdad.

Al regresar a casa, mi padre no se encontraba en ella, estaba sola y si me ponía a pensar cuidadosamente, creo que era la primera vez que me encontraba sin compañía de nadie en ese lugar. Rápidamente fui a mi habitación, intenté guardar la ropa que llevaba en mi bolso y que no había usado, pero un cajón de la cómoda no quería abrir y al no ser algo nuevo, sabía lo que tenía que hacer: abrir el cajón de abajo y desde ahí abrir el otro, y al hacerlo el cajón de abajo (que nunca se habría excepto con esos fines) noté algo que no había olvidado, pero si guardado en lo más profundo de mi memoria; vi ahí mi gi de entrenamiento… aceptar que no se es bueno en algo es duro, pero aceptar que no se es buena en algo que amas, y que hiciste durante toda tu vida no tiene comparación. Si bien es cierto que no era la peor, pero no era suficiente para mi ser un poco mejor al promedio, y después de mucho pensarlo, y por mucho que me doliera, decidí dar vuelta la página y abandonar el karate. Eso fue antes de entrar a la universidad... Desde ese momento sentí que la vida tiene un poco menos de magia… esa fue la primera vez que me rendí.

Lo saqué y lo observé… me traía muchos recuerdos y no necesariamente buenos. Cada vez que lo veía, a la representación física de que era una real desertora y hacía que me sintiera un poco peor conmigo misma.

Aproveché que estaba sola y me lo coloqué. Debía admitir que no recordaba que me quedara ajustado de algunos lados y eso sólo significaba una cosa. pero además de eso era increíble la sensación de comodidad que me otorgaba. Me sentí feliz y lo más obvio era, por supuesto, ir al dojo.

Después de un rato de prácticas sentía como me dolía todo el cuerpo, después de todo estaba usando músculos que hacía años que no utilizaba de esa manera, pero cuando dolía sonreía. Y fue hasta que caí y miré hacia la entrada que noté que Ranma me había estado observando...

—Eres torpe y lenta —recalcó
—¿Y cómo te afecta eso a ti? —respondí molesta.
—De ninguna manera... pero entiendo por qué lo dejaste —evidenció.

En ese momento no había ni un poco de la Akane decidida que fue capaz de decirle que su pene era diminuto o de que era una comehombres. Ese comentario era hiriente… porque era verdad y yo lo sabía mejor que nadie.

Ni siquiera intenté replicar su comentario y antes de que notara el efecto de sus palabras en mi rostro, emprendí la retirada sin siquiera ser capaz de preguntarle por qué él estaba ahí. Cuando estaba pasando por su lado oí unas palabras que no creí, con una voz muy segura, unas palabras que no creí salieron de su boca.

—Mañana acá a las 6 AM. Trae algo para amarrarte el cabello —exigió.

No me sentía con ánimos de objetar, así que simplemente me marché al baño.

Cuando me desperté faltando veinte minutos para las seis, me convencí a mi misma de que había sido por qué había pasado una mala noche y al acercarse la hora, opté por ir al dojo así como si no quisiera la cosa. No había modo que él realmente estuviera ahí, y en cualquier caso, quedaba de camino.

Y él estaba ahí, fuera de todo lo que creí él se encontraba ya en el lugar.

—Llegas tarde —dijo con enfado.
—¿Tarde para qué? —quise saber.
—¿Y qué es eso que llevas puesto? En cinco minutos te espero acá —rectificó —. Y es la última vez que seré condescendiente contigo.

En cuatro minutos, inesperadamente me encontré nuevamente frente a él.

Solamente calentamiento previo me dejó agotada. Era un hecho que estaba en muy malas condiciones y él lo notó, y aún cuando esperaba que se mofara, él no lo hizo.

Una vez que el entrenamiento terminó él me dio el resultado de su diagnóstico.

—Eres fuerte pero poco ágil, usas toda tu fuerza, y eso te agota de inmediato. Debes saber cuándo y en qué momento debes hacer el mayor esfuerzo. ¿A quién intentas intimidar? —quiso saber —. ¿Quién te entrenó?
—Nadie… —respondí.
—Ya veo… —entendió.

Los días pasaron y seguí entrenando con él, era reconfortante que alguien me apoyara y me dijera lo que estaba haciendo mal; nunca nadie me había dicho cuales eran mis puntos débiles, y no quería que él presumiera, pero sentía que esos días habían hecho más por mí que todos esos años que practiqué. Aunque debo aceptar que me dolían todos los músculos del cuerpo.

Ranma era un entrenador completamente dedicado y fue el primero en no tomar en cuenta que yo era mujer, lo que me asustó en un principio, pero que agradecí con creces. Me exigía y me presionaba me hacía odiarlo a momentos, pero me hacía respetarlo aún más a su vez. Ahora entendía el por qué esa cantidad de medallas y títulos. Él era la definición de determinación.

Mi padre finalmente llegó cuando estábamos entrenando y no supe por qué pero no quería que él supiera que yo había estado entrenando. Me avergoncé y antes de que él entrara al dojo me escondí, ante la mirada de incomprensión de Ranma.

—Ranma, hijo, he vuelto —anunció.
—Buenos días señor Tendo, ¿está todo bien? —consultó.
—Si, muchas gracias. Volví temprano porque hoy Akane vuelve y ya queda poco tiempo para que mi niña se marche otra vez… —dijo en un tono lastimero.
—Pero ella ya volvió… —le informó él.
—¿Ella ya está acá? ¿Y sigue durmiendo? Bueno, no importa. Está de vacaciones. Qué extraño… yo creía que volvía hoy. ¿Cuidaste bien de ella? —demandó saber.
—Ella… es… simpática —respondió con dificultad.
—Ya veo que has sido víctima de su carácter —rió —. No te preocupes, ella en realidad es muy dulce.

Mi padre se marchó y yo finalmente pude salir de donde estaba escondida. Suspiré y Ranma me miró algo confundido.

—¿Por qué te escondiste? —inquirió.
—No quiero que mi padre me vea entrenando nuevamente —susurré.
—¿Por qué? —claramente él no lo entendía.
—Fue motivo de muchas discusiones… cuando decidí dejarlo él parecía contento. Bueno supongo que fue agradable incursionar nuevamente en el karate, fue bueno mientras duró. Me iré a mi habitación —le informé.
—¿Incursionar? ¿Es eso lo que el karate es para ti? ¿Un pasatiempo? —expresó incrédulo.
—Es fácil decirlo. Tú no tienes idea —me defendí.
—No, no la tengo. Si lo hubiese sabido no habría perdido mi tiempo contigo —aseguró —. ¿Incursión...?

Él se marchó dejándome un tanto reflexiva al respecto… pero qué pensaba él ¿Qué volvería y me dedicaría nuevamente al karate? Realmente nunca hablamos del propósito de eso, para mí era como una sanación interna, y aunque me causaba incomodidad al pensar en eso, mi duelo al respecto ya estaba hecho.

Ranma me evitó todo el tiempo restante, o eso creía, y ya quedaban sólo dos días antes de irme. Aunque fui a casa de Yuka a veces, nunca me lo encontré ni tampoco en el dojo. Ni en ningún otro lugar.

La noche anterior a mi viaje, escuché unas piedras, supuse, golpeando en mi ventana. Y al asomarme vi a Ranma que me indicó que bajara. Me vestí muy a la rápida y salí de mi habitación. Era tarde, así que probablemente mi padre estuviera durmiendo profundamente, pero aún así no quise tentar mi suerte y baje lo más silenciosamente posible. Al encontrarme con él abajo, me sentí un tanto inquieta. ¿Qué hacía él ahí a esa hora? ¿Sabía él que tenía que viajar en unas pocas horas?

—Tendo… —me llamó.
—¿Ranma? ¿Qué pasa? Es tarde… —remarqué lo obvio.
—Supe que te vas en unas horas… —respondió.
—¿Por qué te enojaste tanto? —quise saber.
—No me enojé… —contestó.
—Entonces simplemente desapareciste… —sostuve.
—Creí que el karate era importante para ti… tanto como lo es para mí. Pero no puedo culparte por no pensar como yo —se lamentó.
—¡Lo es! Lo era… ¡No! Lo sigue siendo… pero las cosas son distintas ahora… lamento haberte hecho perder tu tiempo —me disculpé.
—Lo entendí esta tarde cuando hablé con tu padre. Lamento que no contaras con el apoyo necesario… debió ser duro para ti… —dijo comprensivamente.
—Si… —afirmé.
—¿Te irás hoy? —interrogó.
—Si… en unas horas —confirmé.

Un minuto que luego se transformó en varios, se apoderaron de la silenciosa situación. Yo no sabía cómo terminar la conversación, y por lo visto, él tampoco. Cuando hice un gesto con la cabeza avisándole que me retiraría él se acercó a mí, invadiendo por completo mi espacio, poniéndome ansiosa al instante. ¿Qué quería? ¿Por qué estaba haciendo eso? Él me rozó con la nariz toda la cara, haciendo que mi corazón palpitara como pocas veces lo hizo antes. Quería que me besara pero él jamás lo hizo, solo me besó en la mejilla y yo había cerrado fuertemente mis ojos. En ese momento supe lo que era la decepción de un niño que espera un regalo y no lo recibe...

—Qué tengas un buen viaje, Akane… —deseó con dolorosa suavidad.

Escuché esas palabras en mi oído y oir decir mi nombre dicho con un aliento cálido...me dejó anhelante, y antes de lograr abrir mis ojos por completo sólo divisé su sexy espalda… él ya se estaba marchando y yo solo comprendí que no quería dejarlo ir así…

Continuará...

¡Disculpen la larga espera!

Muchas gracias por sus reviews, me animan no se imaginan cuanto y cuán culpable me hacen sentir al no cumplir como debiera.

Por favor sigan escribiendome :)


Sigo con la edición