Tercera viñeta de esta serie de escenas PruHun. Lo cierto es que ésta se me ocurrió leyendo el libro Calibán y la Bruja, el cual recomiendo desde aquí, y aunque en un principio iba a ser solo una escena. Una pequeña escena. No más de 500 palabras, lo cierto es que ha desembocado en ésto y en una posible idea para un longfic que espero llevar a cabo el día que termine alguno de mis longfics. ¿Llegará ese día?

La escena está ambientada en la Alemania de los feudos.

Los personajes pertenecen a Himaruya. Yo solo me aburría en una clase de lógica.


Se llama Gilbird

Era el primer año que Gilbert ejercía como señor del feudo. Su señor padre, que el infierno le tuviera e su fuego, había ejercido hasta el fin de sus días, esperando que el albino de su hijo primogénito, más dado a las juergas, los vicios y las mujeres que a la economía, las tierras y, en especial, la mano dura, sucumbiera a aquellos modos de vida tan propios de gente de baja case y en un alarde de inteligencia en el poco cerebro que tenía, se fugara del país con una fulana, sabiendo de antemano que él, señor de todas las tierras, no iba a dar el visto bueno a tal relación ni habiendo bebido tres botellas del agua chirri que ponían en los bares de las ciudades portuarias.

En vista de aquello, Gilbert se vio que no tenía ni una pizca de idea de cómo había que llevar un feudo ni a la de tres y sabiendo que le había jodido a su padre tener que dejarle las tierras a él, el primogénito descarriado, en lugar de a su hermano menor, mucho más centrado y puesto, pese a tener diez años menos que el albino. ¡Benditas leyes!

Para su suerte, el viejo, en un intento de que al menos sus tierras no se vieran derrochadas en vino, juegos y mujeres, había contratado como administrador del feudo a un austriaco, que Gilbert siempre decía que tenía pinta de emperifollado. Con el tiempo, los calificativos que le dedicaba al músico frustrado por las circunstancias de la época, subieron de intensidad hasta insultos que harías sonrojar a cualquiera dama de bien y harían las risas de los niños que irían corriendo hacia sus madres gritando que Gilbert había dicho tal burrada, si es que en el castillo habitaran damas de bien o niños con sus madres.

Por suerte para el albino, la paciencia de Roderich, el mencionado administrador del feudo de la familia Beilschmidt, era infinita y ante tales burradas se limitaba a golpear al albino con los papeles en los que llevaba la contabilidad, logrando que el alemán aumentara sus reproches con alguna parte de su piel roja por el golpe.

Y aquel día Roderich estaba golpeando con más frecuencia la espalda del albino. Era el día en el que los campesinos del feudo debían de entregarle un animal, tradición que hacía una vez al año. Y como últimamente los campesinos se creían más inteligentes que sus señores, en el que caso del feudo de Gilbert, posiblemente fuera así, solían entregar un animal que estaba a punto de morir o en su defecto débil o de mala calidad. Por suerte para el albino, una de las funciones de los administradores, en vista de tales problemas, había sido el desarrollar técnicas para saber si estos animales estaban sanos o no. Por lo que Gilbert miraba con curiosidad como Roderich intentaba vislumbrar si el ganso que le había llevado un hombre junto a su hermana pequeña, estaba sano.

Ambos muchachos eran rubios con los ojos claros. La chica, de nombre Lily miraba atenta a Roderich, quien examinaba al ganso haciéndole correr por la tierra, persiguiéndole, haciendo quedar al administrador en una posición que Gilbert hubiera aprovechado para burlarse, como en las veces anteriores, si Vash, el hermano de la chica, un suizo de muy mal carácter, según Gilbert, no estuviera peleándose con él porque al parecer le había tirado los tejos a su hermana, aunque según Gilbert, él solo estaba siendo simpático con sus súbditos. El término súbditos solo hizo enfadar aún más a Vash y ya fue cuando la discusión se tornó a amenazas y Roderich tuvo que intervenir con un golpe seco de libreta para Gilbert, y palabras amables para Vash mientras un trabajador de la casa de Gilbert se llevaba el ganso hacia su granja privada.

El suizo, enfadado, se llevó de la muñeca a Lily, mientras mascullaba algo de que a la próxima falta de respeto de aquellas índoles se largarían del feudo y a ver cómo se las arreglaba el albino sin las aportaciones que ellos hacían gracias a los impuestos que debían de pagar y que ellos siempre llevaban al día sin ningún retraso. En medio del discurso, Vash se contenía algunos insultos que hubiera dedicado de pleno gusto si su hermana, la cual para Vash seguía siendo inocente, no hubiera estado delante.

Tras los hermanos, la siguiente en tener que hacer el donativo al feudo era una chica húngara que había heredado el trabajo de su padre de labrar aquellas tierras. Lo cierto es que la familia de la húngara, de nombre Elizabeta, llevaba labrando y cuidando aquellas tierras desde hacía muchos años y varios de los terrenos eran casa de algunos familiares de la castaña. Como su primo Andrei, el cual estaba unos metros más atrás, quién se encargaba de una de las tierras que estaba a dos parcelas de la casa donde vivía la chica.

La húngara dio un paso llevando entre sus manos un simple pollito que le presentó a su señor tras hacer una reverencia un tanto exagerada y cargada de una burla que tanto Gilbert como Roderich reconocieron, pero que sin embargo ninguno de los dos dijo nada.

—Mi señor—Dijo en un gesto de respeto, aunque su tono estaba lleno de una risa que intentaba ocultar con el cabello sin ningún éxito, como ocurrió en la anterior acción.

Una de las consecuencias de que Gilbert no se hubiera interesado en la educación para el funcionamiento y el mantenimiento del feudo y que su padre le diera como un caso perdido, es que Gilbert había pasado toda su infancia corriendo por todo el lugar con los hijos de la mitad de los campesinos, y que con el tiempo éstos habían heredado el trabajo de sus padres, como ocurría en aquellos momentos. Gilbert se había revolcado en la tierra cuando era niño, con la mitad de las personas que esperaban en la cola, por lo que era imposible que en aquellos momentos, los que anteriormente había denominado como súbditos, le pudieran tomar en serio. Aunque era algo que pasaba al revés también, Gilbert era incapaz de ver a esa gente como personas que hacían posible su propia subsistencia gracias a trabajos como aquel.

Gilbert bufó mientras Roderich examinaba el polluelo como si creyera que aquella era una broma de mal gusto. Elizabeta ahogó una risa.

—¿Qué he de entender por esto?—Alzó una ceja el administrador

—Simplemente he pensado que el polluelo se asemeja mucho a mi señor—De nuevo la burla teñía las dos últimas palabras de la húngara y Gilbert se cruzó de brazos.

—¿Acaso te estás quedando conmigo, marimacho?

El apelativo habitual que Gilbert le dedicaba a la chica consiguió que tanto ella como el administrador le dieran un golpe. La primera por sentirse ofendida, hacía años que había dejado de comportarse, y creerse, un niño, ¿no podía simplemente olvidar aquello? El segundo porque debía de enseñar al joven señor que no debía de tratar de mala manera a una mujer, menos si es esta la que trabaja tus tierras y te da de comer.

—Temo decirte que

—¡Pio!

—Gilbert—Se volvió el austriaco al albino, enfadado por haber sido cortado—No me interrumpas.

—¡No he sido yo!—El alemán estaba frustrado de que siempre le echaran la culpa a él. Era demasiado asombroso para ello.

—¡Pio!

—Te estas ganando otro golpe.

—¡Pero si yo!

—¡Pio!

—¿Ves?—Soltó el albino, contento de haber sido él también interrumpido, puesto que acababa de probar su inocencia, antes de volverse hacia el origen de la discordia. El pollito que estaba en las manos de Elizabeta lanzaba aquellas interrupciones que sonaban a berridos

—Tiene el mismo tono irritante que Gilbert—Meditó Roderich, acariciándose el mentón mirando al pollito de cerca.

—¡Oye!—Se quejó éste molesto.

—Y encima es igual de molesto—Terminó diciendo la chica.

—¡Eh!—La voz del alemán se volvió a oír, aunque todos le ignoraron, como ocurrió haría unos instantes.

Por si Gilbert tuviera poco, el pollito salió volando de las manos de la chica para apoyarse en la cabeza del chico albino. Hecho que sacó risas a todos menos al susodicho.

—Lo semejante conoce a lo semejante—Murmuró afirmando con la cabeza Roderich.

—Es que no puede pertenecer a otra persona—Afirmó Elizabeta.

El albino ya estaba cruzado de brazos con el ceño fruncido y molesto.

—Por esta vez te permitimos este pollito, señorita Hedervary.—Roderich anotó algo en su cuaderno.

Elizabeta comenzó a caminar hacia sus tierras, aunque antes de alejarse lo suficiente, se volvió como si hubiera recordado algo.

—Por cierto, Gilbert—Se permitió la licencia de llamar al joven por su nombre—El pollito desde antes de nacer se llama Gilbird.

Aquello desconcertó al Gilbert, quien se sonrojó de manera notable y para no darle el lujo a la húngara de verlo con las mejillas teñidas durante más de cinco segundos, le dio la espalda.

—Quedáis libres, por este año, del tributo—Declaró antes de echar a caminar hacia el interior de la casa, para sorpresa de todos, y en especial de Roderich, quien se colocó las gafas antes de comenzar a increparle a gritos aquella actitud.

Actitud que sacó a Elizabeta una sonrisa antes de continuar con su camino.

End?


N/A: Conozco que es el primer drabble que no tiene su correspondiente beso. Pero la época en la que se desarrolla y que sea un proyecto para una historia futura, me hicieron imposible meter un besito.

Como compesación el siguiente drabble será un especial navidad, el cual tendrá beso y será subido dentro de poco. Muy poco. quizás para este viernes lo suba. ¿A que soy un encanto?