Vandra se quedó algo paralizada antes de darse cuenta de lo que estaba pasando... y las sensaciones que ello le producía. Lo primero que le vino a la cabeza fue lo molesta que era la ropa que llevaban, sobre todo, las pesadas partes de armadura que él vestía. Pero no tuvo demasiado tiempo para entretenerse en ese pensamiento. Tras un rato besándose, un mordisco en el cuello le arrancó un grito de placer que hizo que se contorsionara sin quererlo bajo el cuerpo del fae. Valkyon se detuvo y se incorporó un poco para mirarla con algo de asombro.

- No me esperaba que los mordiscos te gustaran. - Vandra no respondió, en cambio se incorporó y giró la cabeza para buscar la oreja puntiaguda de él entre los mechones blancos para darle el mismo tratamiento. El mordisco que ella le dio fue más fuerte y él dejó escapar un gruñido de lo más profundo de su pecho.

- Veo que a ti tampoco te disgustan. - Dijo ella con tono juguetón. Valkyon la obligó a acostarse otra vez, sujetándola de las muñecas mientras la miraba con esos ojos dorados tan llenos de secretos y silencio. Después, volvió a posar sus labios sobre los de ella con exigencia. Vandra le siguió el ritmo lo mejor que pudo, sobrepasada por las sensaciones. Había tenido algunos novios mensuales o semanales en el instituto, pero esto... Él no era un adolescente trastocado por el exceso de hormonas que acompañaban al cuerpo a esas edades... ¿Cuál sería su edad? ¿Treinta, cincuenta, cien años? ¿Cuánto tiempo era capaz de llegar a vivir un fae? Vandra abrió los ojos de golpe y se tensó un poco cuando esa idea se proyectó en su mente... Valkyon lo notó y se detuvo automáticamente. Sin embargo, no la miró. Esperó con la respiración entrecortada contra su cuello a que ella se relajara para dibujar con sus dedos los labios de ella mientras se volvía a incorporar para prestarle atención. Su semblante no mostraba emoción más allá del brillo de sus ojos, que formulaban una pregunta sin palabras. Vandra notó el acaloramiento en las mejillas propio de cuando se ruborizaba. "Bien, eres la aguafiestas número uno, Vandra." Mentalmente, se aplaudió con ironía a sí misma. Iba a explicarle que no estaba acostumbrada a que las cosas fueran tan rápido cuando unos golpes en la puerta hicieron que diera un respingo de sorpresa. Valkyon sólo miró en dirección a la puerta y dijo con voz más profunda de lo normal.

- Como se te ocurra abrir esa puerta, no respondo de mis actos. - Se dirigía a quien quiera que hubiera llamado. A Vandra la impresionó ese tono frío y cortante, sobre todo, porque ninguno de los dos sabía quién podría estar detrás. ¿Y si era Miiko y castigaba a Valkyon por ser irrespetuoso con ella, que era su superior? Por la parte que le tocaba, se sintió halagada de que él expresara esa furia por haberlos interrumpido. Por suerte, una voz vacilante llegó amortiguada por el grosor de la puerta hasta ellos.

- Guardián, ha llegado un emisario Kappa con un mensaje urgente. La señora Miiko solicita la presencia de todos los Guardianes del C.G. –

- Mensaje recibido, soldado. Puedes retirarte. - La voz de Valkyon ya no resultada tan intimidante y Vandra notó cómo él se relajaba sobre ella. Automáticamente después, se incorporó sin decir palabra y se encaminó hacia la puerta sin siquiera mirarla. Vandra se quedó estupefacta. - Procura que ninguno de los otros Guardianes te vea salir. - Si la intención de él era hacer una recomendación, el tono frío hizo que pareciera una orden. No esperó a oír la respuesta de ella y a Vandra el sonido de la puerta al cerrarse se le antojó demasiado adecuado a la situación.

Habían pasado cinco lunas desde ese fatídico día y todavía se ponía hecha una furia andante mientras volvía a los barracones a la luz del poco sol que quedaba del atardecer. Y para colmo, Valkyon había tirado una bomba de humo, esfumándose del panorama el muy cobarde. Tan gallito que era y fanfarrón y... "Pero ¿qué se ha creído?" Pensó con ganas de asesinarlo, frustrada, anímica y sexualmente. Y cuando lo hablaran, porque, oh si, iban hablarlo, no le valían excusas baratas de "es que yo soy así" o "no eres tú, soy yo". La situación no había sido la idónea para confesarle lo que sentía por él, pero... Tampoco se merecía que la trataran así. Cuando él la había besado se había imaginado que él sentía algo también más allá del deseo sexual y que confesaría sus sentimientos... Y encima los habían interrumpido en el momento... "Pero nada es como lo pintan en las películas o novelas románticas, ni mucho menos.", pensó suspirando mientras recordaba una escena del romance sobrenatural de Crepúsculo. "Eso te pasa por ser una estúpida que se ilusiona a la mínima." Se reprendió a sí misma. Al doblar una esquina se topó con la brownie Ikhar que iba también muy rápido.

- ¡Oh! Hola Ikhar. - Saludó Vandra.

- ¿Qué tal? - Vandra no sabía muy bien cómo responderle, ya no sólo por el lío emocional que tenía en esos momentos sino porque cuando hablabas con Ikhar nunca sabías de qué estabas hablando exactamente.

- Te refieres a si me encuentro bien o si... –

- No, eso me da igual ahora mismo. Sólo era una manera de ser amable. - Vandra se quedó con cara de póker. Ykhar se rio. – Que no… Mes estoy quedando contigo. Eres mi amiga, cuéntame. Aunque no te explayes demasiado, tengo cosas que gestionar desde que llegó el emisario el otro día. – Vandra se acordaba perfectamente del día que llegó.

- Claro, lo imagino. – Le sonrió. – Bueno, no es nada… importante. Cosas de… hormonas. –

- ¿Un chico? – La brownie la miró con interés. - ¿Cómo es? ¿Habéis quedado? ¿Os habéis besado?... –

- ¡Para, Ykhar! De una en una y… no sé si te responderé a todas. – Vandra hizo una pausa para rememorar las preguntas que le había hecho Ykhar y respondió: - Sí, alto y guapo, no y sí. – Ykhar la miró con cara de decepción.

- ¿Ya está? ¿Eso es todo lo que tienes que decirle a una de tus mejores amigas sobre tu primer romance en Eldarya con un ser ajeno a tu especie? Te creía menos sosa, Vandra. – El mohín que puso la brownie le hizo gracia a Vandra.

- Es que es… complicado. No sabemos lo que queremos ninguno de los dos y si iniciásemos una relación… uff, no quiero ni pensar lo que la gente… - Vandra se pasó una mano por la cara hasta la cabeza, masajeando el cuero cabelludo. Se le escaparon algunos mechones de la coleta que llevaba.

- Por cómo lo dices, ahora me arrepiento hasta de preguntar. Mejor no me digas nada más, ¿vale? Estás algo acelerada, tal vez deberías tomar un relajante baño de hierbas en la poza. Bueno, tengo cosas que hacer. ¡Nos vemos pronto! - La pelirroja con orejas de conejo siguió su camino y Vandra sonrió ante la despreocupación y falta de tacto de ella. Dio dos pasos para seguir el camino hacia los barracones cuando se detuvo en seco, sopesando la idea de la brownie. Un baño le vendría de perlas. Cambió de dirección hacia los baños de aguas termales que había disponibles para los que pertenecían a la Guardia Obsidiana. El kappa que cuidaba el recinto la saludó discretamente con una sonrisa. Antes de salir a la poza aromatizada, se desvistió dejándose puestas las braguitas y el top. La poza no estaba demasiado llena a esas horas ya que los entrenamientos acababan a media tarde. Ella terminaba sus obligaciones más tarde, ya que tenía que ir a la biblioteca a seguir estudiando. El entrenamiento mental estaba parado ya que Valkyon no aparecía y ella no se había molestado en preguntar por él. Seguía estando algo resabiada con él, por supuesto. Vandra reconoció una melena pelirroja. Maeva estaba metida hasta media cabeza en la poza con los ojos cerrados. Vandra se acercó silenciosa con la idea de gastarle una broma, pero, antes de que llegara, la elfa ya había abierto un ojo.

- Te he oído en cuanto has entrado. Tengo el oído más desarrollado que tú, ¿recuerdas? - Dijo estas palabras mientras se incorporaba. Los pechos pequeños y turgentes de la joven quedaron al descubierto, llenos de perlas de agua. Vandra no pudo evitar ruborizarse y compararlos con los suyos, envidiando un poco la palidez de la piel de ella en contraste con la suya. - Menos mal que no te asignaron a la Guardia Sombra, te habrían echado enseguida. - Dijo con una risilla mientras salía del agua.

- ¡Vas des...des...desnuda! - Maeva la miró con extrañeza.

- Sííí... ¿Y? - Vandra tragó saliva. - ¿En tu mundo la gente no se baña desnuda? – Maeva frunció el ceño mientras preguntaba.

- ¡Claro que no! - Vandra se arrepintió del tono estridente que había usado para decirlo. - Bueno, quizás alguno... De hecho, hay playas nudistas... pero la mayoría de la gente no suele bañarse desnuda. –

- Um... Curiosa costumbre. Si supieras la delicia que es que nada te apriete después de un día duro de entrenamiento... No volverías a dejarte nada puesto para bañarte. - Maeva sonrió con suficiencia.

- No pienso quedarme desnuda. Además, ¡aquí puede entrar cualquiera! - Maeva se encogió de hombros dando por finalizada la conversación y recogió su toalla. - ¿Te vas? - Dijo Vandra algo decepcionada.

- Llevo prácticamente toda la tarde entrenando y estoy deseando meterme en la cama. Además, mi madre ha hecho tarta de fresas y estoy deseando probarla. - Vandra sintió un peso en el pecho. Ella no sabía si volviera a ver a su madre otra vez.

- La especialidad de la mía es el arroz con leche... Con mucha canela. - No pudo evitar el tono triste de su voz. Maeva se dio cuenta enseguida de que había metido la pata hasta el fondo.

- Yo... Vandra, lo siento... - Vandra hizo un ademán con la mano, restándole importancia. - Vente mañana a conocer a mi familia, les encantará tener de invitada a la humana de la que habla todo el mundo. - Resolvió la elfa con elegancia con la intención de animar a su amiga. Vandra levantó la vista y sonrió.

- Claro, estaré encantada. - Maeva se despidió entonces y la dejó a solas con sus pensamientos. Miró alrededor y se percató de que se había quedado completamente sola, así que decidió divertirse un poco. Cogió un poco de carrerilla y se lanzó al centro de la terma, haciendo la bomba. Cuando salió, se rio de su niñería y dio unas enérgicas brazadas hasta pararse en el centro de la piscina, boca arriba sobre el agua, flotando y escuchando el sonido único del agua al moverse alrededor de ella. Debido a un presentimiento, miró hacia la entrada de la poza y se incorporó automáticamente al ver los ojos dorados que la miraban, lentamente, de arriba a abajo. Vandra perdió la noción del tiempo dejando que él la mirara. Le dio tanta vergüenza que sólo se le ocurrió sumergirse. Cuando ya no pudo aguantar más la respiración salió a flote para encontrarse con Valkyon observándola desde el borde la piscina. Alrededor de su cintura había una toalla blanca anudada, pero eso no evitó que ella se pusiera de todos los colores al verle en su estado de casi completa desnudez. Él bajó las manos hacia el nudo de la toalla. Vandra siguió el movimiento de las manos y se dio la vuelta con rapidez.

- Será posible… - Masculló por lo bajo. - Si esta es tu idea de arreglar las cosas vas muy desencaminado. - Le advirtió.

- No sabía que había roto algo. - "Mi corazón, imbécil" Pensó ella cerrando los ojos con cansancio.

- Contigo los comentarios con segundas no funcionan, lo he pillado. Entonces, déjame decirte que no sé qué esperas conseguir de esta situación. –

- Yo relajarme, ¿y tú? - Oyó el agua salpicar a su espalda y un suspiro muy masculino de placer. "¿Relajarme? ¡Ja! Contigo aquí, imposible."

- Hasta que has aparecido, disfrutar de un buen merecido momento de relax. - Miró por encima del hombro y vio que él estaba en el borde de la piscina con los brazos apoyados encima, sumergido con el agua hasta el centro del pecho. Mirándola intensamente, sin pestañear. Llevaba el pelo echado hacia atrás. Ella se dio la vuelta totalmente, sumergida hasta el cuello para evitar que él pudiera ver más de lo que debería. Lo miró, enfadada y en silencio.

- Hoy no tienes un buen día. - Una sonrisa burlona apareció en su rostro. Vandra decidió cortar por lo sano y nadó hasta las escaleras. Cogió la toalla que él había dejado caer y había puesto el pie en el primer peldaño cuando un mano fuerte la cogió del brazo. Vandra masculló una maldición.

- Suéltame, Valkyon. - Le dijo con voz dura.

- No entiendo tu mal humor. Por lo que pasó el otro día, creía que te gustaba verme. - Vandra giró la cabeza con brusquedad y lo fulminó con la mirada mientras se colocaba la toalla mojada por encima del cuerpo. Apretó la mano con la que sujetaba la toalla contra su pecho.

- ¡Eso era hasta que decidiste desaparecer! –

- ¿Y no se te ocurrió preguntar por mí? –

- ¿Preguntar? No soy tu... novia. No puedo preguntar por ti a no ser que sea por algo relacionado con el C.G…. Y tampoco. Soy lo más bajo en la cadena de mando… Y tú eres la cima de la pirámide. - Vandra se soltó de su mano.

- Pero tú eres friki, el Cristal te eligió. Tienes casi tanta autoridad como nosotros. - Ella ya había subido todos los escalones, saliendo de la piscina. Se quedó de una pieza y lo miró con cara de extrañeza.

- ¿Qué me acabas de llamar? - Atinó a decir. Valkyon la miró serio.

- Dijiste que "friki" significaba especial, ¿no? - Vandra soltó una carcajada.

- Sí… Algo así… ¡Espera! ¿Me acabas de soltar un piropo? - Valkyon la miró con cara de fastidio.

- Deja de usar palabras extrañas. - Murmuró furioso, girándose hasta darle la espalda. - Si "piropo" se refiere a algo bueno, mi respuesta es sí. -

"¿Y ahora qué hago yo con esto?" Vandra no sabía qué hacer en esos momentos. ¿Se giraba y se iba o volvía a la piscina? Una carcajada escandalosa la sacó de su mutismo.