El significado del nombre Renji es variado, es nombre hindi femenino que significa "aquel que hace feliz", pero de acuerdo a la versión oficial de Tite Kubo su significado es "amor anhelado". Puede tambien considerarse como una variante de renjiro que se puede traducir como pelirrojo haciendo referencia al llamativo cabello del teniente. Si lo unimos al apellido Abarai que se puede traducir como "dispersar" o "estar bien" entonces para Kubo Renji Abarai sería el pelirrojo que es capaz de dispersar el tan anhelado amor que busca Rukia.

Peroooo... yo no lo vi así. De hecho, Renji es un personaje que (junto a Byakuya-sexy-taichou) me desagradó al principio pero que llegó a evolucionar bastante, tanto así que me terminó agradandome, pero no lo suficiente como para que me guste el RenRuki.

Disclaimer: Los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo, quien ha decepcionado a parte de sus seguidores, pero no puedo negar que nos ha regalado algunos personajes inolvidables.

Actualización 07-04-17


Capítulo II

Amor Anhelado

No existe el amor a primera vista, es algo en lo que Rukia comenzaría a creer luego de muchos años, pero para el romántico de Renji sólo bastó una mirada a su salvadora para saber que, para bien o para mal, el resto de sus días su corazón le pertenecería a esa niña.

Estos niños que se encontraban ahora junto a ella le preguntaban mil cosas a las cuales no sabía que responder. Le fascinaban. Quería ser parte de esa familia. Y por lo visto a su líder, llamado Renji, le agradaba mucho tenerla cerca. Luego de tantas penurias, nuevamente tendría una familia

Pudiera parecer prematuro, pero Renji comenzó a sentir, desde entonces, una extraña afinidad con aquella nueva amiga. En cambio Hotaka, Koichi y Adachi no se adaptaron tan rápidamente, y en los primeros años, muchas veces llegaron al olvidar que Rukia les acompañaba en sus refugios y por ello se comportaban como los típicos varones. Así que desde pequeña Rukia conoció, sin proponérselo, las diferencias entre los varones y las hembras, y se acostumbró al grupo rápidamente. El único que mantenía una conducta pudorosa con ella era Renji, y no lo entendía. Se preguntaba constantemente: si ahora somos hermanos, ¿por qué no podemos bañarnos juntos?

En definitiva, la dinámica con esta nueva familia fue diferente para Rukia. Ella recordaba a los pocos niños que vivían con las abuelitas. Muchos de ellos simplemente dejó de verlos -ya se enteraría décadas después al fatídico destino de algunos de ellos-, algunos conseguieron un hogar entre los clanes menores que estaban residenciados en los distritos interiores del Rukongai, y finalmente otros preferieron convertirse en delincuentes o en shinigamis, que en opinión de los adultos en Inuzuri era casi los mismos.

En ocasiones era molesto que Renji tuviera que socorrerla y defenderla. Rukia no estaba acostumbrada a esas acciones, siempre peleaba sus propias batallas. Pero también comprendía que entre los miembros de una familia había que protegerse, y ahora Renji, Adachi, Hotaka y Koichi eran su familia.

-o-o-o-

La vida con los otros niños tomó un rumbo más tranquilo y feliz, o por lo menos todo lo feliz que se puede estar entre tantas privaciones y necesidades. Y durante varias décadas fue así. Rukia fungía en muchas oportunidades las labores de una madre, era la encargada de cocinar los pocos alimentos que sus amigos recolectaban, cuidaba de los enfermos y conseguía los refugios para dormir. Claro que estas tareas eran rotatorias, por tanto siempre recibía ayuda de los otros.

Su mayor predilección era cazar en el bosque, sobre todo desde que descubrió el delicioso sabor de los roedores. Dada su delgada figura y destreza al escalar, era también la encargada de subir a los árboles altos y recolectar frutos, así como servir de vigía en situaciones de extremo peligro.

Renji había comenzado a comportarse como el hermano mayor, pero a medida que crecía su rol dentro de la pequeña manada iba cambiando. Se convirtió en la figura de autoridad que en ausencia de un padre se encargaba de velar por la seguridad de todos. Desde esta posición lograba disimular el profundo sentimiento que se estaba formando hacia la pequeña huérfana que les acompañaba.

El tiempo en la Sociedad de Almas transcurría igual que en el mundo humano, sin embargo la tasa de crecimiento era diferente. Ella dependía de la energía espiritual que cada alma poseía; por ello a medida que sus otros compañeros iban creciendo, Renji y Rukia parecían mantenerse estancados en el tiempo. Eso llevó a Rukia a cuestionarse, de manera seria y por primera vez en sus casi cincuenta años de edad, su existencia.

Delicadeza y sutileza eran palabras que estaban -en esa época- fuera del alcance y comprensión de Abarai Renji. Por cuanto el día que Rukia le hizo conocer sus dudas, se vio en la obligación de contarle la verdad. No podía seguir manteniéndola en su inocente ignorancia.

Aquella noche Hotaka estaba muy mal de salud. Siempre fue un chico débil, pero se encontraba convaleciente luego de uno de los últimos ataques de hollows en el distrito. Como era una de las pocas almas que necesitaba alimentarse, a veces Rukia le cumplía pequeños caprichos, regalándole dulces cada vez que podía. Ese día se atiburraron de tantos caramelos que el dolor estomacal era inevitable. Renji y ella se turnaron para cuidarles. Cuando llegó el momento de Rukia estar a cargo mientras Renji buscaba algo para comer fueron sorprendidos por aquella criatura. Escaparon por un milagro, pero muchas almas murieron, y Hotaka recibió un mordisco por parte del hueco, aquella herida era la que le mantenía al borde de la muerte desde el día anterior.

Sin tener conocimientos sobre plantas medicinales, sin tener asistencia de algún adulto, y sin tener recursos para subsistir, Rukia y Renji decidieron cuidar ellos mismos a su amigo. No tenían otra opción.

Era la hora de Renji para relevarla en la vigilia del enfermo. Eran escasas las oportunidades que Rukia estaba en silencio, y Renji había tardado mucho en acercarse a ella. Desde la distancia observaba como su redondo rostro no estaba en paz. Ella se encontraba tan concentrada en sus pensamientos que no notó la presencia del pelirrojo hasta que éste se sentó a su lado.

— Renji… —le saludó de una manera pausada, como si quisiera encontrar las palabras específicas para expresar aquello que oprimía su corazón y mantenía su mente lejos.

El chico sólo levantó una de sus cejas en un gesto lo suficientemente claro, instándola a continuar.

— ¿Has notado algo extraño en Adachi y Koichi?

La expresión de Renji había pasado de la curiosidad a la incertidumbre. "¿Algo raro?", pensó antes de hablar.

— Define raro— Luego de mucho tiempo al lado de la pequeña niña no se atrevía a hablar sin antes estar claro cuál era el propósito que perseguía la morena.

— Son muchas cosas que he notado en el tiempo—comenzó a exponer, mientras volvía a mirar a Hotaka que dormía en el único futón que poseían. Una compresa fría en su frente buscaba bajar las altas temperaturas en el cuerpo del chico.

— Primero, están las diferencias físicas…

Renji intentaba mantener una actitud relajada, pero el sonrojo en su cara era clara muestra que comenzaba a ponerse incómodo con aquello. Tal parecía que Rukia ya estaba en edad de tener "esa" conversación. Miró a su compañero, cubierto con vendas todo su torax, antes de responder.

— Bueno, eso ya lo sabes, es algo normal. Nosotros somos niños y tenemos cosas de niños. Y tú… bueno… eres una niña y no tienes lo mismo

Una venita se formó en la frente de Rukia, que de pronto frunció el entrecejo molesta. — ¡No me refiero a eso idiota!— Respondió igual de incomoda que él.

— Entonces sé más específica tonta.

— Adachi, Hotaka y Koichi han crecido. Pero tú, y sobre todo yo, no hemos cambiado mucho. — Se mordió suavemente el labio mientras en su mente buscaba las palabras que le ayudaran a explicarse mejor. Suspiró antes de continuar—En un principio creí que era normal. Yo era pequeña, y no tenía una medida real del tiempo. Luego me di cuenta que las personas envejecían. Pero yo seguía siendo una niña.

— Normal, eres una enana.

Renji buscaba aligerar la tensión creciente en su amiga burlándose de su estatura, sin embargo ella no tuvo siquiera animo de recriminarle por aquello. Y allí comprendió que no podían dar marcha a atrás. Esperó a que ella rompiera el silencio.

— El punto es… que ya no sé lo que me pasa.

La confusión de Rukia era tal que no podía hilvanar adecuadamente las ideas que le permitieran expresar lo que rondaba por su cabeza. Estaba entrando en una etapa -más emocional que física- que los humanos llamarían adolescencia.

— ¿Por qué no crecemos?—retomó más decidida— ¿qué pasa con aquellos que desaparecen y no dejan rastro?, ¿Por qué hay personas que no tienen la necesidad de comer?, ¿De qué lugar vienen los hollows?, ¿por qué nos atacan?, ¿por qué Hotaka tiene que morir?, ¿por qué nadie nos ayuda?, ¿dónde… dónde están mis padres?

A medida que Rukia bombardeaba a Renji con preguntas iba perdiendo el control de sus emociones, cediendo al llanto que muchas veces había reprimido

— Detente. —Renji nunca fue bueno consolando a los niños, pero había aprendido de Rukia como generar confianza en las personas, y escucharla cuestionar el sistema de cosas en el que sobrevivían era algo para lo que no estaba preparado. Le dio un abrazo en el cual la cobijó, permitiendo que escondiera su cara su pecho.

— ¿Por qué la gente nos desprecia? —Aunque ella no pudiera verle, Renji la miró fijamente con una profunda tristeza reflejada en el alma. — ¿Por qué fui tan débil?... Cambiaría mi lugar con él para que no muriera. ¡No quiero que muera!

Pequeños sollozos escapaban de sus labios. Un llanto que buscaba silenciar para que el resto de los niños no pudieran notar su congoja.

La principal filosofía de Abarai era ser sincero, no importa si se llegaba a ser cruelmente sincero, ya que vivir en la mentira era peor. Durante todo el tiempo que habían vivido juntos, nunca le contó la verdad a su amiga porque su inocencia era simplemente adorable. Era su principal encanto. Pero ahora, este encanto la causaba dolor, y había que cortarlo de tajo.

—No importa lo que hagas, ya estamos muerto. Sólo luchamos para no desaparecer.

— ¿Crees que no sé qué a esto no puede llamársele vida?, ¿crees acaso que no pienso en salir de esta mísera situación? He luchado por mi vida incluso antes de aprender a caminar. He recorrido sola por muchos caminos, he visto el cielo encapotado anunciar la llegada de tormentas que arrasan pueblos enteros. He visto cadáveres podrirse en las calles, y cuerpos que desaparecen como partículas de luz— Mientras hablaba iba deshaciendo aquel abrazo que buscarla protegerla del exterior— No quiero seguir viviendo así Renji. Quiero una vida feliz y plena junto a mi verdadera familia.

La perspectiva de Rukia en una familia fue un golpe para el corazón de Renji. Durante mucho tiempo quiso creer que ellos podían ser suficientes para la pequeña morena. Pero aquella frase, aparte de dolerle, también le enojaba. Le molestaba que ella no pudiera ser feliz sólo con ellos cuatro a su lado.

—No puedes seguir viendo el mundo desde una perspectiva tan inocente. ¿Acaso necesitas que te lo explique con peras y manzanas?

—No entiendo. Ya que eres tan iluminado e inteligente, ¿serías tan amable de rebajarte al nivel de esta humilde esclava y explicarle, pero sin las peras y manzanas?

El tono tan irónico y prepotente con el cual Rukia escupió sus palabras fue la gota que derramó el vaso para Renji. Por lo cual sin medir las consecuencias le grito:

— ¡No puedes tener "una vida plena y feliz" porque ya estamos muertos boba!, ¡Tú estás muerta, yo también estoy muerto y esto es el infierno!

-o-o-o-

Renji se levantó y se alejó luego de soltar aquella frase. No abandonó la choza pero si se sentó en un rincón oscuro desde el cual pudo apreciar como el semblante de su amiga cambiaba mostrando una gran variedad de sentimientos. Era tarde para arrepentirse, aunque quisiera retroceder en el tiempo no cambiaría el hecho de por fin pudo soltarle parte de la verdad a Rukia.

Ninguno de los dos pudo conciliar el sueño, uno porque se encontraba en vela con el enfermo, y la otra porque miles de cosas comenzaban a tener sentido para ella.

La mente de Rukia procesaba desde una nueva perspectiva cada uno de los principales momentos de su existencia. Tendría que acostumbrarse a no sentirse viva. Para ello comenzaría creando una lista con las cosas que nunca podría hacer porque estaba muerta.

El sol salió por el horizonte al mismo tiempo que su amigo Hotaka exhalaba su último aliento. Para ese momento todos los jóvenes habían despertado ya, y sólo esperaban el desenlace.

Ahora Rukia tenía su primer elemento para la lista, porque mientras estuvieran muertos no existía una esperanza de reencontrarse en un paraíso. Sólo quedaba desaparecer, convertirse en partículas espirituales y dejar de existir. Como estaba muerta nunca podría:

1.- Tener una familia.

-o-o-o-

Tras descubrir aquella verdad todo cambió. Rukia terminó por aceptar su destino, y hacer lo que Renji decía "luchar para no desaparecer". Esta no-tan-nueva filosofía le permitió alcanzar varias metas. Era funcional, pero no efectiva. El principal peligro de las almas seguían siendo los hollows, y eso era algo para lo que Rukia aún no estaba preparada. Pero sin duda alguna, en Inuzuri, existía otro factor de riesgo que eran las otras almas.

En ocasiones tuvo que pelear contra aquellos pervertidos que buscaban saciar con ella sus bajos instintos. Por ello Renji o Adachi le acompañaban al río para que se lavara. Koichi era de contextura más débil y por se quedaba cuidando de ella en el refugio temporal que encontraran.

Cuando Rukia comenzó a mostrar signos de crecimiento en sus pequeñas curvas, los ataques sexuales hacia ella se hicieron más constantes. Tenían dos opciones: pelear o huir de Inuzuri. Adachi les había dicho que los pedófilos tenían una especie de radar para detectar a las niñas que aún eran vírgenes, aquel comentario en tono broma, para Rukia tuvo un sentido diferente: su virginidad ponía en peligro a sus amigos. Ese era un problema que debía de cortar, creía que si hacía correr el rumor que ella era sexualmente activa los pervertidos dejarían de seguirla. Cabe resaltar que los demás jóvenes pusieron el grito en el cielo.

Renji llevaba tiempo pensando en unirse a la Academia Shinigami, sabía que Rukia tenía todas las aptitudes necesarias, por lo cual no habría problema. Pero Koichi y Adachi no podrían ingresar.

Un ataque masivo de hollows en los distritos exteriores del Rukongai, en el cual muchas almas fueron devoradas -incluidos sus amigos- fue el detonante para que Renji decidiera que para proteger a Rukia debía convencerla de ser shinigamis.

Para este momento Renji ya sabía que deseaba un futuro junto a la morena, y esta era su forma de expresarle su amor, conservar su honor y de paso dándole un nuevo propósito a su existencia.

Tenía la firme convicción que una vez que encontraran trabajando como shinigamis para el Gotei 13, podrían comprar una casa humilde y tener de nuevo una familia, en la cual llegaran sus propios hijos. Esta idea se la dio a conocer a Rukia, quien la aceptó encantada.

Una vez que lograron ingresar a la academia el mundo de ambos cambió drásticamente, dichos cambios fueron para bien.

Rukia tuvo acceso a una mejor educación y a diversas fuentes bibliográficas, sobre todo investigaciones sobre el cuerpo humano. Tenía curiosidad por saber cómo era el flujo de sangre que indicaba que una niña se convertía oficialmente en una mujer. Claro que el cálculo de tiempo no le ayudaba. Confiaba en que pronto llegaría, y podría formalmente tener su familia con Renji.

Muchas veces vio su sangre, pero no era el flujo que le indicaban los libros de anatomía humana. Siendo mujer era de esperarse que "esperara" su primera menstruación, pero esta nunca llegó. Llevaba sólo seis meses en la academia, y ya tenía el suficiente conocimiento para saber que algo en su cuerpo estaba mal, por lo que consultó con la oficial del Cuarto Escuadrón que atendía las heridas de los estudiantes y su conclusión fue rotunda. Ella nunca vería un sangrado, ella era un alma muerta. Sólo las almas puras podían tener descendientes ya que su esencia era distinta.

Se sintió mal por haberle dado falsas esperanzas a Renji, ahora era ella quien tendría un secreto no tan secreto, así como un nuevo ítem para su lista, como estaba muerta nunca podría:

2.- Tener hijos.

"Estuve ladrando a la estrella, pero no tuve valor para ir a cogerla" Abarai Renji.