La Vida es Roja 3
Okok…ya es el tercero, de aquí a ver que sale…tómenlo como mi regalo de Navidad.
Agradeciendo de nuevo a:
Fallen Angel: ajajaja, es que de eso se trata, dejar pikado al público. Ke bueno que te gusto y arriba ánimos, los amigos traicionan a veces, pero psss, ya que no? A la próxima mas cuidado, por que a mi también me ha pasado.
Hanasaki: jeje, ke bueno que eres feliz…pero ya vienen los conflictos. No importa, ya veras que pasa al final. Cuídate
Bueno, gocen el siguiente capitulo. Felices fiestas.
M.J.
Hiéreme.
- Emm, si Jos- dijo Edward dejando de preparar el desayuno para ir con Josephine al cuarto contiguo.
- Te noto preocupada, que pasa?
- es que...es que...- y le tendió una carta en una hoja amarillenta, pero estaba fechada en ese mes y año.- esta carta es de Julián, uno de los amigos de Thomas, y dice que esta vivo, y que el profesor lo sabía.
- pero...- Edward no sabía que decir, el doctor les contó sus sospechas y las de Clara, la mujer con la que estuvo viviendo unos meses cuando fue a Nueva York, pero no tuvo el valor de decirle lo que pensaban.
- ya se que no debo decirte estas cosas, en especial por que es bastante obvio lo que siento por ti...- Edward solo se ruborizó y esquivó la mirada de la joven- pero yo quise mucho a Thomas...aún...
- lo amas, ya lo se...- dijo sin mirarla a los ojos.
- pero...
- si, en sueños lo llamas...yo...
Josephine se asustó al ver que Edward supiera más de lo debido, así que decidió ir a la cocina y pedirle consejo a Heideric. Sabía que el era mejor para estas cosas que Edward. Y si, ella contó la historia a Heideric, y éste la escuchó atentamente. Luego de que le planteó el problema y lloro sobre su hombro, Heideric le dijo
- Lo mejor es que olvides a ese hombre, si te traicionó es por...
- traicionarme, por que lo haría?
- no lo se, pero opino que no eres la primera mujer en su vida.
- pero y todo lo que pasó, y todo lo que me dijo!
- las palabras se las lleva el viento Jos, lamento decírtelo, pero...
En eso alguien llamo a la puerta, Edward, que no salio de su trance hasta que no escucho, la abrió, era un hombre alto, de cabello y ojos negros, y era delgado. Su piel estaba quemada por el sol, y vestía sencillamente.
- Aquí vive la señorita Josephine Scott?
- Y usted es?
- Thomas, vengo de Norteamérica buscándola.
- oh si, sabes, ella esta aquí!
- en serio?
- Quien es Edward!- gritó Heideric desde el fondo.
- Buscan a Jos...
- Eh...quisiera, quisiera verla por favor.
- ni en mil malditos años, bastardo...
- que?- el joven solo vio el puño de acero de Edward aproximándose a su rostro, justo en el ojo derecho, rodó por la acera, pero no iba a permitir tal descaro. Se levantó y tiró a Edward al suelo, donde comenzaron a forsegear. Heideric y Josephine llegaron a separarlos. Josephine sostuvo a Edward, quien tenía un fuerte golpe en la cabeza, de donde brotaba mucha sangre.
- Josephine!
- Que haces aquí Tom...- le dijo con mirada recelosa, mientras sostenía a un aturdido Edward.
- vine a buscarte...ven conmigo. Logré conseguir acomodo en una casa de huéspedes. Alli te diré la verdad de lo que sucedió, y que todos están manipulando la información para que no estemos juntos. Ven...- y le tendió la mano.
- Heid...encárgate de Edward, iré con él.
- pe...
- no me detengas Heid...
- Jos- le llamo Edward- ese bastardo te hará algo...
- Cállate, crees que seria capaz de lastimara a la mujer que amo?- todos quedaron callados. Josephine tomó su mano, y le dijo.
- voy por unas cosas, no tardo.- Fue a la recámara que los dos jóvenes habían arreglado para ella, y fue al encuentro con Thomas.
Salieron de la casa y caminaron unas cuadras, donde se detuvieron en un edificio. Entraron en él, y subieron unas largas escaleras, hasta que llegaron a un sencillo cuarto, ordenado y aseado. Sin embargo, no vio rastro alguno de las pertenencias del joven.
- Siéntate- dijo señalándole un sillón algo gastado de terciopelo rojo, ella se sentó, y él jaló una silla frente a ella, y tomo sus manos- lamento todo este drama Jos, se que te hirió profundamente lo que me pasó, pero todo fue un engaño. Supe por Clara que casi te matas por mí en el hospital.- ella solo se limito a esquivar su mirada y sonrojarse.
- pero si Clara...
- un día que fui a verla y a preguntar por ti, ella me negó entrar, y me dijo que te habías ido hacia mucho de vuelta a Europa. Aun así no le creí y entre buscándote cuando vi una carta del profesor Hein...
- doctor...
- si eso...y dijo que te habías puesto muy mal después de recibir la carta. Pero no estaba muerto, escapé, mas nunca encontraron mi cuerpo. Nadie hizo por buscarme, y llegué solo a Nueva York, buscándote. Luego entendí que habías venido a Alemania con el Doctor Hein. No fue difícil localizarte. El portero de su apartamento dijo que estaba enfermo, y que te mando a vivir con unos chicos que vivían cerca.
- Bueno, pero ya no siento nada por ti, me abandonaste!
- eso no es cierto, eso es lo que ellos querían que creyeras.- tomó su cara con una de sus manos y la besó profundamente.- ahora quiero que me hagas un favor, y que obedezcas, o te tiraré en la calle tan lejos de tus amigos, que morirás siendo pordiosera, entendiste?
- Tom? pero...
- si no lo haces, me obligaras a dejarte, por que venir a buscarte me dejó en la ruina, así que debes ayudarnos a vivir bien, cielo...- esto lo dijo asiéndola de los hombros con sus enormes y rudas manos.
- Pero...y...
- tu sabes que las mujeres no tienen oportunidad alguna de saber mas que un hombre, así que te lo diré una sola vez. Dejarás esas estupideces de la física y la química y harás lo que te diga, de acuerdo!
La chica estaba tan horrorizada con la actitud que tomó Thomas de repente. Que ella recordara, él era mas lindo, era tierno y sensible, pero lo estaba escuchando como cualquier hombre de clase media baja con su mujer, y pensó
- aún no estamos casados- así que se soltó de sus manos e increpó frente a su rostro- tu no tienes nada a que obligarme, y aun que me dejaras lejos, yo me manejo en Alemania igual o mejor que tu en América.
- Mira niña tonta, harás lo que te diga o la pagarás caro, me oíste!- dijo, dándole una fuerte bofetada al último. Josephine estaba sorprendida y comenzó a llorar desconsolada.
- Veo que olvidaste como te cuidé mientras estabas enferma, de como te mantuve viva cuando viajamos por el desierto, y así me agradeces que haya gastado todo lo que tenía por volver a verte, por que no entiendes que te amo...
- yo...
- si, tu olvidaste todo eso, y ahora que tu gozas de una vida feliz y acomodada te niegas a ayudarme...
- yo haré lo que digas Tom...tienes razón, he sido una ingrata...
Mientras, Heideric había puesto a Edward sobre el sillón para curarlo. Pasó un largo rato para que se le quitara lo aturdido, mientras Heideric revisaba con cuidado la herida en la nuca de Edward.
- Uy, con que te golpeaste?
- con el filo del escalón de la entrada...creo.
- tuviste suerte, un poco mas abajo y ese desgraciado te hubiera roto el cuello.
- Lo que mas coraje me da es que se haya llevado a Jos...
- los buscaremos, no te preocupes...- dijo con un extraño tono melancólico.
- Que sucede Heid?
- nada- dijo desviando la mirada para que Edward no viera que lloraba, aún así su voz lo delató.
- Heid...lo siento, es que...yo se que sentimos lo mismo, tanto por ella como por nosotros...pero...
- fui un estúpido al confesarte lo que siento. Realmente no se por que lo hice...
- no es así, además, ella se ha ido si eso es lo que te preocupa, ya no la veré más, ya no me perderé en su mirada...ya no la querré.
- Edward!
- Si en algún momento llega a suceder que ella quiera volver, mantendremos la decisión de no dejarnos de querer, prometido?- dijo Edward tendiéndole la mano y sonriéndole.
- prometido- dijo tomando su mano, cuando sintió como el joven lo jalaba hacia su boca y lo besaba profundamente.
Pasó una semana, y los chicos se preparaban para la cena de Navidad, pero por una extraña razón no habían tenido noticias de Josephine, y Edward, a pesar de lo que le había prometido a Heideric, no dejaba de preocuparse por ella. Pero no solo era eso. Estaba desesperado, el proyecto no rendía frutos, y lo que necesitaba era irse de allí y volver a ver a todos. Extrañaba tanto a su hermano Alphonse, a sus amigos que hace tanto no veía y de los cuales no pudo despedirse después de que pasó a través de la puerta. Realmente necesitaba regresar, estar atrapado en Munich lo frustraba. La primera vez que le asaltó este sentimiento fue cuando vivió con su padre. Él le ofreció una copa de Whisky, aquel sabor y la sensación que le dio después de la tercera lo reconfortaron grandemente. Decidió ir a algún bar por un par de tragos, así que se levantó del sillón donde leía y se puso el saco, dispuesto a salir. No avisó nada a Heideric, puesto que no quería que se preocupara.
Caminó largo rato, hasta que se halló con una taberna en una esquina, se escuchaban las estridentes risas de las prostitutas y la pianola que tocaba una alegre pero monstruosa sinfonía. Decidió entrar al fin. Y allí la miró, con un escotado vestido y atrevidas prendas a la vista del que quisiera mirarla, con un exagerado maquillaje, estaba Josephine, sirviendo mesas, con un rostro desencajado y triste. Al verla no pudo evitar sentir una oleada de placer, pero al ver que un hombre de veinte años más que ella y con la lujuria en la mirada la tomaba por el talle y la atraía hacia sus piernas, para que se sentase en él. Ella sintió su mirada y lo vio, allí de pie en el umbral de la puerta.
- sálvame Ed!- pensó, pero antes de que pudiera darse cuenta de que en realidad era él y no un espejismo, el hombre le volteó el rostro para besarla, lo que la enfadó, y de una bofetada se liberó de su cruel cárcel. Así voltear a donde estaba Edward ya no lo halló. Entonces no se engañaba, era un simple espejismo.
Edward corrió a todo lo que daban sus piernas, y llegó a casa exaltadísimo.
- Ed, qué pasa, a qué se debe todo este alboroto?
- Salí a dar una vuelta, y me metí a un bar, y allí estaba Jos...
- Jos, bebiendo?
- no, sirviendo mesas y dejándose manosear por todo mundo.
- qué? - Heideric no podía creer lo que Edward decía, tal vez si había bebido demás y la confundió con una de las tantas prostitutas del lugar.- Sabes, no creo nada de lo que dices...
- que, no es suficiente, te juro por la tumba de mi madre que la vi!
- bueno, y que sugieres que hagamos, allí estaba Thomas?
- para ser honesto, no lo vi...
- mmm, bueno, entonces podemos ir por ella.
Así que los dos se arriesgaron a ir por ella a aquel bar, pero para su sorpresa, vieron a Thomas en la entrada de la taberna, al parecer era el que sacaba a los ebrios agresivos del lugar. No quisieron arriesgarse y se retiraron del lugar antes de que los vieran.
Decidió entonces detenerse, y esperar a que salieran de la taberna (pues el creía que indudablemente ellos saldrían juntos de allí).Ya había comenzado a nevar, pero no quisieron darse por vencidos.
Y en efecto tal como lo esperaban, pasadas unas horas, al anochecer, el dueño decidió cerrar y enviar a sus empleados a casa, por ser la víspera de Navidad.
Vieron a Josephine, que se notaba que con algunas copas encima; cubierta por un sucio gabán, y a Thomas a su lado llevándola violentamente del brazo. Heideric y Edward decidieron seguirlos a una distancia respetuosa. Llegaron a aquel viejo edificio y los vieron meterse enun cuarto de la planta baja, que era el cuarto donde en realidad Thomas vivía. Se encendió la luz, y miraron la silueta de Thomas acercarse a la de Josephine, para darle un beso agresivo y tosco. Y alcanzaron a escucharlos.
- Me estas lastimando Tom!
- qué, a caso no vas a regalarme algo esta Navidad?
- estas loco, me obligas a acostarme con otros hombres y...
- acostarse!- pensó Edward alarmado.
- ni siquiera lo hacen, solo te tocan.
- pero abusan de mi, tengo derechos Tom!
- el único derecho que tienes es a callarte y obedecerme!- dijo, seguido de un ruido sordo, y la imagen de Josephine cayendo al suelo. Luego solo miraron como se agachaba y se escucho el chasquido de los labios de Thomas contra la piel de Josephine, y sus acallados sollozos.
- Esto es demasiado Heid, iré por ella.
- y si...
- no me pasará nada. Quédate aquí y vigila que no venga algún policía.
- bueno, si...
Entró con sigilo al edificio, y Heideric solo logró escuchar como Edward tumbaba la puerta de una patada. Y voces discutiendo.
Edward halló a Thomas sobre Josephine, tratando de abrir sus piernas, y besando bruscamente uno de sus pechos. Ella solo lloraba, todo el maquillaje se había escurrido en un negro río que bajaba por sus mejillas, y se veía que le faltaba la fuerza, que no podía luchar más. Cuando escuchó el sonido de la puerta caer, se enderezó lo que pudo y al ver a Edward no pudo evitar sonreír y abrir los ojos de par en par. Thomas volteó y vio a Edward que se dirigía fúrico hacia él.
- Así quería encontrarte, maldito bastardo!
Edward golpeó con su automail de nuevo en el ojo derecho de Thomas, esta vez dejándole una herida sangrante bajo él. De otro golpe en el estómago lo dejo tumbado en el suelo, y Edward aprovechó para ir hacia Josephine, la cargó y le dijo
- te encuentras bien?- ella solo se abrazó de el llorando, toda su ropa estaba rasgada, mostrándola casi desnuda. Edward salió del apartamento, la bajó un momento y al cubrió con su saco, volvió a cargarla, al notar unas heridas profundas en sus tobillos. Heideric los vio salir, y se acercó de inmediato.
- Está bien?
- solo un poco asustada y con unos rasguños. Debemos llevarla a casa, no se en realidad que tan mal está...
- si- pero antes de que se fueran, salió Thomas con toda la saña de matar a Edward, así que por la espalda lo tiró, ante los gritos desesperados de Josephine, que rodaba por el suelo. Thomas golpeaba salvajemente a Edward en la cara, ya le había abierto la ceja y el labio, y brotaba sangre de su nariz. Pero Edward no dejaría que se saliera con la suya y de un movimiento, golpeó sus partes bajas, dejándolo tumbado del dolor sobre la nieve. Heideric fue a auxiliarlo una vez que se aseguró de que Josephine estaba bien por la caída. Pero Thomas se levantó y con una navaja alcanzó a hacerle daño en el brazo a Heideric y en la cara a Edward, hasta que enfadado, se levantó como pudo y lo noqueó a Thomas de una patada en la cara.
- Te lo dije Ed!
- ya se, pero si no hubiéramos hecho algo, ese bastardo pudo haber violado y asesinado a Jos.
- cierto.
Edward se levantó cojeando y sangrando. Aún así tomo a Josephine de nuevo en sus brazos y se fueron a casa, sin preocuparse siquiera de los policias que llegaban corriendo.
Heideric preparaba la cena para esa noche cuando Edward lo sacó de la cocina. Una vez que se curó y vendó el brazo, bajó de nuevo a la cocina a continuar.
Mientras dejó que Edward curara las heridas de Josephine, ella ya se había puesto ropa, y estaban sentados sobre la cama del cuarto de Edward. El curaba unas heridas que eran como si la hubieran tenido atada o sujeta con algo que la lastimara por mucho tiempo y tenía numerosos moretones en el cuerpo, así como el labio partido y una ceja abierta con un pobre vendolete algo gastado.
- No debimos dejarte ir Jos...Mírate como estas!
- No te preocupes Ed, yo misma lo decidí, creí que sería lo mismo, pero ya vi que no era así. Yo estoy bien Ed, déjame curarte a ti...- dijo mirando la sangre seca que estaba en la cara de Edward.
- eh...si, pero antes mejor me doy una ducha, de acuerdo?
- si Ed.
- mientras descansa un poco.
Edward se metió al baño de su cuarto y unos minutos después se escucho el sonido de la regadera. Jos solo se recostó y escucho el agua caer.
Adentro, Edward se quejaba de las heridas en su rostro, tenía el ojo amoratado, la ceja abierta y el labio roto, sin mencionar que la boca le sabía a sangre. Pero le dolía bastante aquella pequeña herida en la cabeza, también tenía unos cuantos moretones de los golpes que le dio, debía admitir que el tipo, a pesar de ser un patán, boxeaba bien...
Al salir había olvidado por completo que Jos estaba allí, y salió solo con la toalla enredada en la cintura.
- Lo siento!- dijo Josephine levantándose de la cama lentamente, sin lograr ocultar lo doloroso que era con aquellas heridas- iré a mi recamara, llámame cuando...- Edward la tomó del brazo y delicadamente la atrajo hacia él, besándola con cuidado, ella solo se abrazó a su cuerpo, ya que no tenía mucha fuerza en las piernas. Se sentía tan tibia su piel húmeda, tan suave y blanca. Su cabello suelto hasta los hombros aún goteaba, dejando escurrir perlas de agua sobre su piel. Poco a poco, la pasión los fue llevando, hasta que se recostaron sobre la cama. Josephine lanzó un gemido de dolor, lo que hizo que Edward se detuviera.
- Estas bien?
- si...si...
- déjame ver.- se levantó y le ayudó a ella a levantarse, descubrió su espalda y la vio llena de marcas, eran latigazos.
- Josephine, y esto!
- Thomas me golpeaba, por que no quería...no quería...- ella solo se lanzó a sus brazos llorando- ...no quería tener relaciones con el!
Edward se quedó en silencio, dejando que Josephine sacara toda esa ira la frustración que sentía y esa tristeza. Sentía correr sus lágrimas por su piel, de nuevo humedecida por sus lágrimas, hasta que se calmó.
- déjame curarte Jos...
- si Edward...
Curó las heridas que tenía en la espalda, y dejó que Josephine se vendara el torso, mientras el volvía al baño a vestirse.
Una vez que él se puso los pantalones y se colocó la camisa sin abrocharla, se sentó frente a Josephine y le dijo.
- ahora si, cúrame.- le dijo con una sonrisa y una mirada un tanto extraña.
- si...
Curó la boca de Edward con especial esmero, luego curó su ceja al igual que los demás rasguños. Después de eso, Edward tomó su mano y la miró a los ojos.
- realmente querías decirme algo mas ese día, lo se. Quisiera saber que fue.
- Ed...- ella solo se sonrojó- bueno yo...solo quería decirte que yo...
- Edward, necesito que me ayudes un poco si no te importa!- ambos desviaron la mirada, Edward lanzó un suspiro y se levantó.
- Voy enseguida!- voceó, luego tomó a Josephine en sus brazos y fue a dejarla a su cuarto.
- creo que ya se lo que era, solo quiero decirte que yo también.- después de eso, la besó, volvió a mirarla con aquella manera extraña y salió corriendo, ante la atónita mirada de Josephine.
Después de un rato, entró Heideric al cuarto de Josephine.
- Hola, estás mejor?
- Si, gracias Heid.
- mira, creo que es algo temprano para los regalos, pero, creo que lo vas a necesitar, Edward y yo lo escogimos...- y le tendió una caja mediana, la cual Josephine tomó entre sus manos, la abrió y dentro había un hermoso vestido de color rojo un tanto obscuro.
- pensé que lo necesitarías.
- gracias Heid!- dijo abrazando al joven. Heideric se sonrojó y se soltó rápidamente.
- bueno...vístete Jos...
- si...- y Heideric salió del cuarto, cerrando la puerta tras de si.
Josephine se puso aquel vestido y unos zapatos. Le quedaba a la perfección. Así bajó al comedor. Allí vio a Edward poniendo las velas en los candelabros dorados de la mesa. Cuando sintió su presencia, Edward volteó y la miró anonadado, se veía tan hermosa. En eso entró Heideric con una gran ensaladera en las manos, y quedó igual de perplejo que su compañero. Ambos no salían de su asombro, y un bochornoso silencio inundo de nuevo el comedor. Hasta que Josephine hablo.
- solo soy una mocosa con un bonito vestido, de que se sorprenden?
- Eh...bueno en realidad es por que...- dijo Heideric desviando la mirada algo sonrojado.
- nunca te habíamos visto con un vestido, y la verdad es que te sienta muy bien.
- jeje, bueno, gracias.- dijo sonrojándose y bajando los dos últimos escalones que quedaban, pero las heridas la traicionaron, y cayó al suelo. Edward corrió en su auxilio, y le ayudó a levantarse.
- Aún estas muy delicada, debes tener cuidado.
- si...si Ed- dijo agachando la cabeza y sonrojándose levemente. Sin embargo su mirada se tornó de pronto melancólica, y Heid solo dejó la ensaladera en la mesa, y se acercó a los dos.
- Jos, ese maldito te tuvo atrapada en condiciones horribles, aún así, recuerda que siempre tendrás amigos que te cuiden, como nosotros- dijo tomando su mano y besándola, ante la atónita mirada de Edward.
- Heid!- dijo Josephine mirándolo con una leve sonrisa y algo sonrojada. Se quedaron mirándose unos segundos que parecían eternos, Heideric no había soltado su mano. Edward simplemente se levantó y salió de la casa, a pesar de que ambos trataron de detenerle en el umbral.
Caminó por las calles buscando un bar, ahora esa copa se hacia una prioridad, sentía como si le hubieran arrancado el corazón en vida, no lo podía creer, siempre pensó que Josephine lo quería, pues las veces que él la besó, ella jamás opuso resistencia, al contrario, se dejaba llevar por el.
Pero vio la cruel realidad, Heideric había logrado cautivarla antes, a pesar de que trató de alejarse y mantenerse al margen de lo que él y Josephine sentía, "por el bien de los dos" decía.
Siempre mentía para no herirlo, pero eso en lugar de reconfortarlo, le hacía más daño. No podía vivir sin él, pero Josephine también se había vuelto necesaria. Aquella semana en que no estuvo con ellos, iba a la recamara de Heideric, a pasar la noche, contemplándolo. Aún sentía algo por Josephine, si, pero tener a alguien que le recordara a Al, era suficiente para él.
La verdad con Al nunca hubiera podido hacer algo como lo que había hecho con Heideric, es que, de cierto modo, Alphonse Heideric era muy diferente. Lo más probable era que su hermano nunca lo hubiera querido, y pensara muy mal de él, no solo por sus "tendencias extrañas", sino por que él era su hermano mayor.
Eso resonaba mas en su cabeza, y lo hacía sentirse un pecador, como siempre que iba con Heideric a que le quitara ese sentimiento con un "Te Amo Edward...". Pero al contrario, eso lo hacía caer más en la tentación, y lo hacía cada vez más pecador. Ahora con Josephine de vuelta, tal vez no pudiera verlo de nuevo como aquella larga semana.
Llegó al único bar abierto que encontró, se sentó en la barra, y el cantinero le preguntó que quería.
- Whisky...por favor.
- y dime amigo, que hace un mocoso como tú pidiendo un whisky?
- Oiga, yo no soy ningún mocoso
- si, di lo que quieras enano.
- a quien le estas diciendo enano que no puede pedir un trago en un bar por que no es lo suficientemente alto como para tener la mayoría de edad!
- no dije eso, mejor muéstrame alguna identificación.
- hmm- dijo sacando una pequeña papeleta
- es verdad, lo siento caballero.
- si, si...- dijo cabizbajo.
- y por que no esta en su casa con su familia?
- lo mismo le pregunto, casi todos los bares están cerrados.
- ah, lo que pasa es que yo vivo aquí, y soy soltero, vengo de Italia, así que no tengo a nadie.
- ah, yo también, yo también...
- si?
- si, mi padre me volvió a abandonar, y mi mejor amigo se quedó con mi chica...
- eso si que es malo.
- si, muy malo...
- tenga, cortesía de la casa- dijo sonriéndole el hombre afablemente. Tenía toda la pinta de un cantinero, delgado, de cabello y bigote negros. Era amigable, y se quedó bebiendo y hablando con el hombre, hasta que eran cerca de las doce, y Edward se tambaleaba, y apenas permanecía en pie. Le dijo al hombre que no le ayudara, y se fue tambaleando hasta la casa.
Heideric y Josephine estaban sentados en la mesa, no comían, solo miraban la comida enfriarse, mientras esperaban a Edward, en eso se escucharon fuertes y bruscos toquidos, Josephine fue a ver quien era, si, Edward.
- Ed! por que vienes...
- por que me quiero olvidar de todo...quiero sacar todo lo que no quiero en mi mente...- en eso, se desvaneció en brazos de Josephine, cayendo ambos al suelo, Edward estaba justo sobre Josephine, casi rozando sus labios, pero no fue a propósito, sino que esa fue la forma en la que cayeron. En el acto Heideric volteó cuidadosamente a Edward, tratando de hacerlo reaccionar. Josephine se levantó y tomó la jarra de agua, y la lanzó sobre su rostro, despertándolo de la borrachera, aun que no bajándosela.
- Me voy a...dormir. Mañana...mañana...olvídenlo, buenas noches...
- no cenarás con nosotros?
- no, ya cené, adelante, que les aproveche, tortolitos.
Josephine abrió los ojos como platos, y se sonrojó toda, igual que Heideric, que no creyó las palabras de Edward. Heideric, a pesar de todo, sentía cierto coraje, pues se dejó vencer muy rápido ante Josephine en cuanto llegó, y se dio cuenta de que olvidó todo lo que había pasado aquella semana anterior. "Quieres guerra Ed, te la voy a dar" pensó.
Cenaron y luego de eso subieron. Edward estaba dando vueltas, ya un poco más sobrio por el cubetazo de agua, y los escuchó subir y hablar.
- Lamento que Ed se pusiera así, tú sabes que no es así.
- si, creo que fue culpa mía Heid.
- por que...
- es que...
- que le dirá...espero que no le diga nada de nuestro...
- es que creo que he estado dándole muchas alas...
- alas?
- si, lo que pasa es que...el solo me parece atractivo, pero...pero es que...yo quiero a alguien mas...
- con que no diga Thomas...
- quien Jos, si se puede saber
- eh...- la chica se quedó muda, sonrojada. Edward, quien decidió mirar por la puerta los vio, Heideric estaba frente a ella, dándole a él la espalda, y veía claramente a la joven que dudaba. Ella sintió su mirada y lo vio espiando.
- ehh, ahh...mejor te digo mañana si, me siento algo fatigada...
- te entiendo, hace mucho que no descansas. Buenas noches.- dijo Heideric, dándole un tierno beso en la mejilla y yendo a su recámara, cerrando la puerta tras de sí.
Josephine se quedó allí pasmada por un momento, hasta que decidió entrar a su habitación antes de que Edward saliera como fiera de su cuarto a regañarla o a reclamarle por lo sucedido. Metió el cerrojo y se cambió de ropa. Luego de un rato de mirar a la ventana, se metió a la cama y se quedó dormida, mientras una solitaria lágrima caía sobre sus mejillas.
Edward estaba fuera de si, había escuchado de labios de Josephine que no lo amaba a él, y eso no le gustaba...iba a decirle a Heideric que estaba enamorada de él? De cualquier otro menos de él...pensó.
Al otro día se levantó con la cabeza adolorida y con muchísima sed. Al lado de su cama había un vaso de agua junto se encontraba colocada sobre una servilleta una pastilla blanca. Sobre una silla había una pequeña bandeja con hielos, dentro de la cual había un par de cervezas. En el escritorio, sobre los papeles regados, había una charola con algo de pavo de la cena anterior y una ensalada. Estaba confundido...quien pudo haberlo hecho? Todas aquellas atenciones...(N.A: Experiencia personal XD)
Salió del cuarto y buscó a Heideric. Su recamara estaba vacía. Luego fue a la de Josephine y se encontraba abierta...pasó con cautela, pero cuando se dio cuenta que no había nadie, rabió.
Bajo a largos pasos la escalera, buscándolos por toda la casa sin hallarlos. Algo aturdido y mareado se dio cuenta que no estaba tan en condiciones de enfadarse así, y regresó a su cuarto a tomar lo que le habían dejado tan previsoramente.
Una vez hecho esto, se asomó a la ventana, y miró a Josephine y a Heideric que se acercaban a la casa. Ambos iban riendo y platicando sobre algo muy interesante. Luego se detuvieron frente a la puerta, colocándose Heideric frente a ella para decirle algo, que seguro fue algo que la alarmo, por el cambio tan drástico en su semblante. Luego Heideric dijo otra cosa y vio como Josephine se sonrojaba y luego Heideric tomó sus manos y la besó tiernamente en los labios ante su asombro.
No daba crédito a lo que acababa de ver...estaba absorto. Heideric de seguro le dijo lo que sentía por ella, aun que siempre se lo negara. Acababa de romperle el corazón doblemente, él y ella lo dejaban solo al mismo tiempo.
Al entrar Heideric y Josephine, Edward estaba recargado en la mesa.
- Vaya, así que a esto se debían tantas atenciones, a que ustedes dos ya son pareja...
- Ed!
- así es Edward...ya somos pareja, pero no por eso Josephine iba a ser hipócrita contigo!
- Si, pues mas hipócrita fue al aceptar mis besos!
- que?- solo pudo dar un ruido ronco y comenzar a toser.
- HEID!- exclamó Josephine acercándose a Heideric.
- no...no es nada...y tu Edward, aun que te hayas aprovechado de su nobleza, no vas a separarnos con eso, me oíste!
XD, le hice unas pequeñas correciones al texto original, que al parecer no me las admitió el sistema, además de unas cosillas que debía agregarle que no puse...
Bueno. Espero sus Reviews. Y espero que se cuiden y no se quemen mucho en la playa, OK?
Adiosín y hasta Enero!
