METAL GEAR SOLID

THE LAST PATRIOT

II

Huéspedes

Esclavos somos de mundos y hombres imperfectos, débiles.

Diciembre de 1993

Abrió los ojos de nuevo y sintió el frío helador en su espalda. Estaba tumbado sobre su petate y por unos minutos se quedó mirando al cielo oscuro y lleno de estrellas del desierto. Había silencio, tanto que aterraba al más valiente. Nunca lo había admitido ni ante Frank, ni ante el Máster, pero lo que más le aterraba era el silencio de aquél lugar. La ausencia de vida o señales que le permitieran no sentir que estaba completamente solo en el mundo. Cada vez que un pensamiento así asomaba la cabeza en su subconsciente, lo apartaba encendiendo un cigarrillo y rememorando alguna de las canciones de su viejo walkman, y aquella vez no iba a ser distinta. Sacó del bolsillo de su chaqueta de supervivencia un paquete y encendió uno de aquellos endiablados chinos que le había traído Frank de Hong Kong. Tomó uno de los auriculares, lo puso en su oreja y "Superstition" de Wonder sonó por él. Adoraba aquella canción desde la infancia, cuando la ponían en el orfanato cada mañana. Le hacía desconectar y volver a ser un niño.

La pequeña hoguera se estaba apagando, así que añadió un poco más de leña que había recolectado antes de enfrentarse al Néguev, mientras tarareaba la letra de la canción para sí mismo. El frío era terrible y hacía que se preguntara una y otra vez lo que podía interesarle a FoxHound de aquél lugar, aunque empezaba a pensar que era una prueba para él mismo. Según sus órdenes, habían detectado un pequeño búnker aislado en mitad del desierto y que creían servía de almacén secreto para almacenar armas experimentales Israelís. Su deber era infiltrarse y averiguar todo lo que pudiera sobre el contenido del almacén. Todo aquello sin levantar sospecha alguna y sin ser descubierto, como la mayoría de sus últimas misiones en la unidad. Frank le había advertido de aquello. Foxhound no necesitaba más soldados, necesitaba espías.

Había dedicado los últimos cuatro días a reconocer la zona a caballo, pero lo único que había encontrado eran mares de rocas y tierra pobladas de algunas hierbas secas e insectos, lo que estaba llevando a su paciencia al límite. Su corcel, del cual no recordaba el nombre, empezaba a mostrar signos de agotamiento, al igual que él mismo. Pero debían seguir. No podían rendirse tan fácilmente, al fin y al cabo, él era un superviviente y el jefe lo sabía.

En ese momento sintió un crujido a unos metros. Era sin duda una de esas plantas secas al ser pisoteada por algo o alguien. En un parpadeo levantó su M16, lo amartilló y quitó el seguro, dispuesto a cubrir de plomo lo que fuera que se acercara. El auricular se le había caído de la oreja, lo que provocaba un eco musical en mitad de todo el silencio. Tenía la vista fija completamente en un el punto del que había surgido el ruido, una enorme roca. Alguien estaba detrás. Esperó, pero no volvió a oír nada frente a él. Decidió acercarse ligeramente con el fusil levantado y marcando lentamente sus pasos, intentando no hacer notar a quien estuviera detrás de que él se estaba moviendo.

En ese momento sintió un movimiento fugaz sobre la enorme roca y sus reflejos actuaron alzando el arma y colocándose en posición de disparo. Abrió fuego contra la mancha que había saltado sobre él, pero ésta había sido demasiado rápida y de un golpe desvió el cañón de su arma, lo que hizo que tres disparos impactaran contra la arena. Sin vacilar, dio una voltereta sobre sí mismo y desenfundó su M9 intentando disparar de nuevo, pero otro golpe lanzó el arma a unos metros. Sintió un fuerte golpe en el pecho que le dejó sin aire, un golpe con una fuerza sobrehumana. Cayó intentando respirar y oyendo el relinchar de su método de transporte al encabritarse. Intentó levantarse pero un pié le sostuvo en el suelo y le apuntó con una extraña arma.

El sujeto estaba cubierto por un poncho negro que ondeaba al viento. Bajo él se entreveía un traje de un material desconocido del mismo color. Desde el suelo no podía ver el rostro de su atacante, pero algo le decía que no quería su vida, si no ya la hubiera tomado. Pensó en las variables que podrían presentársele en ese momento, incluyendo entre ellas el intento de liberación y uso de su cuchillo de supervivencia.

Cuando el dolor cesó ligeramente y recuperó el aliento del golpe en el pecho, se dispuso a contraatacar, pero su rival retiró el pie de encima en el momento que sintió su mejoría. Se alejó dándole la espalda, lo que permitió que desenfundara su cuchillo de supervivencia y se colocara en posición de combate. No dijo nada, se mantuvo en esa posición preparado para cualquier asalto de su visitante. Éste se acercó a su caballo, que estaba nervioso y empezó a acariciarlo para calmarlo. Acto seguido se retiró la capucha de la cabeza, dejando ver una melena enmarañada y ligeramente larga, acabada en una coleta plateada. El tipo se volteó para dejar ver su barba del mismo color y sus rasgos, pertenecientes a un hombre de mediana edad. Lo reconoció al instante algo sorprendido. Un parche negro tapaba su ojo derecho, y el azul claro del izquierdo se clavó en él. Era tremendamente frío. Guardó el cuchillo poniéndose firme y realizando el saludo militar en décimas de segundo, mientras su visitante se agachaba cerca de la hoguera. Era Big Boss. El soldado más legendario de todos los tiempos.

-Llamas mucho la atención. El fuego es un aliado para el frío, pero no para la guerra. Frank te ha rastreado desde un par de kilómetros.- Empezó a hablar. No entendía nada.

Big Boss no le miraba con la superioridad que suelen tener los grandes líderes. Sus ojos eran fríos, pero cariñosos. Le miraba como a un igual. Dos soldados que habían luchado y servido en guerras de distintas eras, pero para el mismo gobierno. Aquél hombre era algo a lo que él aspiraba a llegar y que cada vez veía más lejos y menos atractivo. La mirada de Big Boss le hacía comprender los horrores que había llegado a ver y los daños que ningún hombre debía sentir. Lo que muchos veían como un ejemplo a seguir, él empezó a ver cómo algo que evitar.

-Descansa, soldado.- Dijo frotándose las manos frente al fuego. Él así lo hizo. –Acércate.- Y obedeció.

Aquél hombre parecía estar midiendo cada palabra que iba a decir como si se tratase de movimientos de combate. Nunca se había sentido cómodo en su presencia durante la instrucción. Era como ver a un dios viviente moverse entre mortales y tratar de enseñarles a ser dioses. Las clases de CQC, las instrucciones en supervivencia extrema, las "misiones sorpresa" que preparaba para muchos de sus compañeros y para él mismo solo eran la punta del iceberg de una vida dedicada a todo aquello.

-Me recuerdas a mí hace años. Yo también fui descubierto un par de veces por el enemigo. Una de ellas me costó el ojo. –Dijo señalando su parche. –Entre otras cosas.- Miraba las llamas absorto. Le notaba distinto, cómo si el hombre detrás de la leyenda hubiera asomado ligeramente su cabeza.

-El frío me debilita. Es el pez que se muerde la cola, si enciendo fuego, puedo alertar al enemigo. Si no lo enciendo, no estoy en condiciones para enfrentarme a dicho enemigo.- Big Boss sonrió levemente.

-Yo mismo me hice esa pregunta incontables veces mientras buscaba a una vieja amiga en el desierto. Aprendí que nuestra fuerza no está en nuestros músculos, sino en nuestra habilidad para no necesitar usarlos. Es lo que quería que aprendieras con este ejercicio que es obvio que has suspendido.-

Le dio un vuelco el corazón. FoxHound era la élite de la élite. No había lugar para los errores. Si los cometías, aunque fueran los más simples, estabas fuera, y él apenas era un niño en aquél mundo de adultos. No dijo nada, simplemente miró al fuego junto a su superior, esperando oír algo más.

-Tienes talento. Más talento que ninguno de tus compañeros, pero eres un niño. Hoy lo has demostrado de nuevo.- Aquello le pilló desprevenido y no pudo evitar mirar a su mentor. –Ninguno de tus compañeros tardó más de seis horas en ser descubierto por Frank. Tú has conseguido desaparecer durante cuatro días en un lugar en el que no hay nadie más. No cumpliste tu objetivo. Por eso me veo en la obligación de retirarte del posible sector activo y devolverte a la academia un tiempo.-

Quería protestar. Quería recordarle las puntuaciones que había conseguido durante los últimos dos años. Quería recordarle que con diecinueve años había sacado con vida a numerosos compañeros del campo de batalla en Irak, que había cumplido numerosos objetivos muy superiores en dificultad a lo que había supuesto aquél error. Pero no lo hizo. Miró de nuevo las llamas mientras juntos oían el Sikorsky UH-60 de FoxHound acercarse a recogerlos

-Señor. ¿Permiso para hablar con franqueza?- Big Boss asintió tras su pregunta. – ¿Nunca hubo una base en la que infiltrarme no? Simplemente era cuestión de aguantar un tiempo determinado sin ser descubierto.- Big Boss sonrió de nuevo mientras se levantaba y le tendía una mano.

-Si la hay, pero no era tu misión encontrarla.- Dijo.

Acto seguido retiró de sus hombros el poncho negro que había ocultado su identidad, mostrando un traje imposiblemente futurista y que parecía cambiar de color bajo la tenue luz de las ascuas. Solo portaba una pistola Colt 1911 modificada y un cuchillo corto. Mientras el helicóptero se acercaba, Big Boss montó sobre el corcel que le había llevado por el desierto durante cuatro días y le miró desde la altura. Era imponente, incluso espeluznantemente perfecto. Su porte marcaba años de experiencia que él no tenía.

-Tu misión era sobrevivir a una emboscada por parte de un enemigo superior físicamente a ti. Algún día comprenderás que el cerebro puede a las armas y los músculos. Ese día, serás capaz de vencer al gran Big Boss en una emboscada nocturna, o en mitad de un campo de batalla. Ese día te llamaré leyenda.-

Su mentor se alejó sobre el caballo como si de una película de los años cincuenta se tratara. En la lejanía y tras pasar una serie de rocas, varios jinetes más se unieron a su marcha perdiéndose en el horizonte mientras el sol asomaba por éste. En ese momento comprendió que no quería llegar a ser llamado leyenda, si para eso debía lucir el rostro de Big Boss y las cargas que traía consigo mismo a la espalda. Ese día comprendió que debía ser un gran soldado, pero que si podía evitarlo, jamás sustituiría a su mentor.

Esperando respuestas de dioses vacíos que proclaman su poder en el mundo

Mayo de 2005

La Luna se alzaba brillante y llena. Alumbraba considerablemente bien el pequeño valle y hacía que los árboles espesos formaran sombras fantasmagóricas en los caminos que entraban y salían de la enorme finca, que se alzaba imponente en mitad de lo salvaje, cómo muestra de que el dinero es capaz de apartar a la naturaleza. Varios caminos salían de la casa por dos entradas bien vigiladas y fortificadas, y un enorme muro de hormigón hacía las veces de muralla infranqueable. Seis torres de vigilancia rodeaban el lugar, con tipos armados que vigilaban los movimientos del bosque. No parecían estar equipados con tecnología punta, pero si se notaba que estaban experimentados. Portaban el arma más clásica que puede llevar un terrorista o un narcotraficante, el Ak-47 Kalashnikov. En lo alto coronaba el edificio una enorme plataforma con una "H" pintada en rojo.

La tierra húmeda le hacía estar incómodo pero al menos estaba fresca. Habían pasado un viaje de calor infernal por las carreteras de centro América hasta entrar en Colombia y pasar un par de noches planificando la intrusión en un hotel. No había dormido apenas pensando en la sensación que siempre le invadía antes de una misión, y había encadenado cigarrillo tras cigarrillo revisando sus armas y equipamiento. Meryl había dormido y hablado en sueños. Le había nombrado en varias ocasiones y le había traído malos recuerdos vividos en un despacho en Shadow Moses, la última vez que la había visto hablar sin ser ella misma.

Ella estaba tumbada boca abajo y con el ojo clavado en la mira telescópica infrarroja de su HK417 mientras él miraba por un telescopio terrestre fijado en un trípode. Una manta de camuflaje les cubría a ambos, manteniéndolos ocultos de miradas enemigas. Se encontraban a decenas de metros sobre el complejo del valle y aquella posición les permitía elaborar un pal de entrada marcando las rutas prefijadas de los guardias principales. Snake tecleaba en un pequeño panel portátil las coordenadas y rutas para que aparecieran en el radar SOLITON de su muñeca derecha. Ya no tenía un equipo de inteligencia de cincuenta o sesenta personas que se encargara de realizar todo aquello usando imágenes del satélite y multitud de sensores. Ahora eran dos contra un pequeño ejército. Extrañó a Otacon. Él hubiera encontrado algún tipo de mecanismo o tecnología para facilitarle la entrada sin ser visto. Incluso tal vez hubiera podido usar algún sistema de camuflaje óptico cómo el que usó el científico para moverse por la base de Alaska. A pesar de todo, había algo en aquella situación que le reconfortaba. Eran los recuerdos de un mundo y una etapa de su vida en la que la tecnología punta no lo era todo y que dependía del ingenio, astucia y habilidad de uno para superar la misión. Volvía a sentir que pertenecía a un mundo real, no a uno dónde hombres monstruosos acechan en las esquinas montados sobre enormes tanques bípedos. Volvía a ser Dave.

Desvió la mirada del objetivo del telescopio y miró a su acompañante que seguía profesionalmente inmóvil. La miró de arriba abajo deteniéndose en su redondo y perfecto trasero. Aquella parte del cuerpo de la mujer le había revelado su identidad en su anterior misión. Sintió el latigazo de la culpabilidad. Solid Snake no podía ver más allá. No podía permitirse nada más, y aunque durante unos instantes había sentido que era posible vivir una vida tranquila en compañía de una mujer como aquella, la noche le había recordado que los monstruos no encuentran a sus bellas, y él, cómo otro de los monstruos de FoxHound, viviría y moriría solo. Aun así, había algo en ella que le hacía mantener la mirada y preocuparse por su bienestar.

-Deja de mirarme el culo. ¿No tuviste bastante anoche?- Preguntó ella sin desviar la mirada del objetivo y con un tono pícaro en la voz. Se insinuaba cómo había hecho en otras ocasiones.

-Nunca me canso de apreciar un buen culo. ¿Qué tienes?- Contestó devolviéndole el comentario jocoso. Ella pareció ruborizarse ligeramente.

-Doce en total a mi alcance patrullando el muro. Otros doce repartidos en las torres. Otros siete en el interior de habitaciones con las que tengo contacto visual desde aquí. Ocho vigilando el patio y otros ocho vigilando las entradas desde éste ángulo. Tres acorazados en el patio lateral, un par de cañones antiaéreos y cuatro camiones de transporte. Es una verdadera fortaleza.- Contestó Meryl en voz baja.

-Te has olvidado de usar el patrón lógico novata.- Dijo Snake haciendo alarde de su experiencia. E intentando sacar de quicio a la muchacha.- Se distribuyen por pares en el exterior. Tienen formación militar, por lo que forman binomios. Nunca están solos, lo que reduce enormemente la posibilidad de ser abatidos sin saltar la alarma. En todas las zonas se repite el mismo patrón salvo en el interior del edificio, al menos en lo que podemos observar desde aquí. Eso se traduce en dos opciones lógicas. O nos falta un soldado porqué está fuera de nuestro alcance visual, cosa que dudo, o uno de ellos no es un simple soldado. Sea una opción u otra no será difícil colarse sin ser visto.- Dijo empezando a guardar el telescopio terrestre en un maletín.

-¿No será difícil dices? Es un maldito ejército Snake.- Le contestó ella ligeramente frustrada. – Y no me llames novata.-

-Si no lo fueras habrías visto que las barreras del muro son antiguas y macizas, lo que suprime el ángulo de visión varios metros por debajo de la zona de vigilancia. Para ver lo que tienen justo debajo, deberían asomar medio cuerpo, lo que me da la ventaja de la invisibilidad. Solo tenemos que esperar a que realicen un barrido y cambien de posición en su ruta prefijada para lanzar el cable de la tirolina hasta el muro. Una vez allí, tú me guiarás para evitarlos y entrar en el patio. Desde allí será fácil entrar en el edificio. Lo difícil va a ser encontrar una vía de escape silenciosa.- Snake hizo una pausa mientras Meryl le miraba con gesto incrédulo. –No se me ocurren opciones, por lo que usaremos lo planeado en el hotel, una salida silenciosa a través del bosque. Fijaríamos el punto de encuentro a suficiente distancia cómo para evitar sus ojos.-

Snake se incorporó ligeramente haciendo movimientos lentos y manteniendo la cabeza bajo el manto de camuflaje que los cubría. Empezó a revisar una última vez su equipamiento. Debía ir ligero, por lo que únicamente contaría con la ayuda de su MK23 con silenciador y un cuchillo de supervivencia. Metió en un pequeño bolso trasero un par de granadas aturdidoras y otro par de granadas inhibidoras de sistemas eléctricos, por si había que cegar cámaras. Revisó una última vez su SOLITON y se tocó el oído levemente para comunicarle a Meryl que iban a testear el CÓDEC. Sintió un leve sonido producido por la vibración en los huesecillos de su oreja y tras pulsarse levemente el oído oyó la voz de Meryl alta y clara, a pesar de que la mujer apenas vocalizaba sin emitir un sonido fácilmente audible. Era la magia de la tecnología de espionaje de FoxHound.

-¿Me oyes?- Preguntó.

-Perfectamente novata. ¿Y tú a mí?- Preguntó él de la misma manera.

-No me llames novata.-

Snake miró el muro y vio cómo los soldados de la zona más cercana a ellos se movían para cambiar de posiciones e iniciar su pequeña ronda por parejas. Agarró de otro maletín negro una especie de ballesta de aire comprimido y apuntó hacia el muro. Un gancho salió disparado y en cuestión de segundo se clavó en el hormigón. Pulsó un botón de la culata de la ballesta y cuatro anclajes aseguraron el cabezal de la cuerda de escalada. Agarró un mosquetón a esta y miró a Meryl.

-Las novatas tenéis los mejores traseros.- Dijo antes de ajustarse la bandana negra al pelo y dejarse caer por la tirolina usando la mano izquierda para ajustar el freno de la cuerda.

Tardó varios segundo en llegar hasta el muro mientras mentalmente calculaba los segundos que tardaban los soldados en establecer las posiciones definitivas después de la ronda sencilla. Iba bastante justo y si tenía la mala suerte de que alguno de ellos miraba directamente a la zona de salida, tal vez le verían. Por fortuna no fue así y al llegar a la pared apoyó los pies y flexionó las rodillas para detenerse de manera silenciosa. No llevaba un equipamiento de alta tecnología como en otras misiones anteriores, llevaba simplemente un uniforme de camuflaje con un chaleco de Kevlar y múltiples compartimentos para ganzúas y otros objetos. Era otro valor añadido a la sensación de nostalgia que sentía desde que había empezado todo.

-Aguanta ahí un rato. La patrulla más cercana aún está mirando en la dirección de subida.- Dijo la voz femenina de Meryl por el CÓDEC. Snake no contestó.

Tenía que permanecer en completo silencio hasta estar seguro de la distancia de los guardias. Pasó varios minutos en aquella posición a la espera de alguna información por parte de sus ojos en la distancia. En ese momento algo le inquietó. Vio un ligero reflejo en mitad del bosque, sin duda perteneciente a una mira telescópica sin anti reflejante. No estaban solos y aquello le ponía nervioso. Mantuvo la calma a la espera de una señal de su compañera.

-Se mueven, al parecer han visto algo en el bosque porque están mirando varios en esa dirección y hablan mucho por radio.- Dijo ella.

Snake oyó las voces lejanas y las carreras de varios soldados para observar seguramente el reflejo misterioso. Sacó del petate que llevaba en la espalda un gancho de escalada que lanzó hacia arriba. Tiró fuerte de la cuerda al sentir que se había agarrado a los adoquines del muro. Volvió a probar para evitar caídas fortuitas y se soltó del agarre de la tirolina para subir por el muro. Antes de seguir subiendo desancló la cuerda que le había llevado hasta allí y Meryl recogió la cuerda para no dejar rastro de su visita. Tardó poco en estar en lo alto y miró levemente hacia abajo. Odiaba las alturas, pero eran parte de su trabajo a menudo. De un salto estaba en lo alto del muro. Se agachó y liberó el gancho de su agarre, guardándolo de nuevo. Desenfundó su MK23 por si acaso y avanzó buscando las nuevas posiciones de los guardias, que alumbraban el espesor de los árboles y daban instrucciones para que revisaran la zona. Sin duda habían visto lo mismo que él.

-Meryl, controla los movimientos de los guardias. Lo que sea que los ha alertado nos ha jodido. Voy a tener que improvisar y necesito que me informes de cada movimiento.- Miró el SOLITON de su muñeca. Los patrones habían cambiado, por lo que la información no se actualizaba en tiempo real. Si esos tipos hubieran llevado nano máquinas hubiera sido mucho más sencillo.

-Tienes a cuatro que regresan a sus posiciones y van en tu camino a tus tres. Sal de ahí. Ve dirección la torre que tienes a tus seis, ambos soldados están hablando por la radio y mirando hacia el edificio principal.- Snake así lo hizo. Corrió lo más agachado posible mientras analizaba sus opciones. –Bien, quédate quieto, otra patrulla se dirige desde el otro extremo del muro a tus dos, pero en esa posición no pueden verte. –Hizo una pausa.- Se han detenido. Cruza la torre, si corres en su dirección y eres rápido no te verán. Antes de alcanzarles tienes unas escaleras a la derecha que comunican con el patio.-

Snake siguió las instrucciones al pie de la letra, fijándose en los tatuajes y detalles en el equipamiento de su enemigo, por si en caso de enfrentamiento averiguar las posibilidades y realizar una estrategia. Llegado el punto bajó las escaleras sin hacer el mínimo ruido y se agachó tras uno de los camiones.

-Hay dos entradas. Ambas bien vigiladas. Según los planos del edificio, la más cercana al despacho principal está a tus doce, pero es la más alejada de tu posición y la más vigilada. Tienes otra opción a tus nueve, solo está vigilada por dos guardias, pero tendrás que recorrer más distancia en el interior del edificio, y desde aquí estoy muy limitada para guiarte por dentro.- Snake evaluó la situación.

-Entraré por la de mis nueve, mientras esté dentro, vigila la zona y busca reflejos de miras telescópicas. Creo que es eso lo que han visto antes y no me gusta tener compañía desconocida. Si te necesito te avisaré. Si ves cualquier anomalía avísame.- Sentenció.

-O.K. Ten cuidado ahí dentro.- Dijo con voz maternal.

Snake no contestó. Fijó la mirada en su siguiente objetivo, el par de guardias que custodiaba la puerta por la que quería entrar. Echó un vistazo alrededor buscando cámaras de vigilancia o más guardias ocultos, pero al parecer habían acudido todos a la llamada de sus compañeros tras el breve avistamiento. Aun así no las tenía todas consigo mismo. No podía actuar sin llamar la atención o dejar algún rastro de su presencia allí. "La mayor arma del mundo, es la que no puede verse o anticiparse. A veces es más útil una piedra lanzada contra un muro, que una bala disparada contra un cráneo". Recordó las palabras de su antiguo amigo Frank, mientras un pinchazo recorría su memoria y le paraba por un momento el corazón. Aun dolía recordarle. Tomó una pequeña roca del suelo, apuntó y la lanzó contra la pared contraria, produciendo un pequeño chasquido al impactar. No había funcionado. Tomó otra piedra algo más grande y repitió el procedimiento.

-¿Has visto eso?- Preguntó uno de los guardias, tatuado y con varios pendientes en su rostro a su compañero.

-¿El qué?- Contestó.

-He visto algo moverse.- Otra piedra impactó algo más lejos. –Ahora he oído algo. Viene de allí.- Dijo señalando hacia la pared donde impactaban todos los lanzamientos.

Snake empezó a pensar que por muy profesionales y experimentados que parecieran aquellos tipos, eran más pandilleros que soldados. El combate urbano no era su especialidad, pero se había familiarizado con tantos entornos distintos que era capaz de pasar desapercibido en cualquier situación. Aquello complicaba relativamente las cosas, no se comportarían como soldados Genoma, y si llegaba el momento y la cosa se torcía, aquellos lucharían por unos ideales o incluso los unos por los otros. Es lo que se había conseguido en aquél país con la guerra de guerrillas entre las bandas de narcotraficantes.

-Eh. ¿Quién anda ahí?- Dijo uno de ellos acercándose al lugar hacia el que había lanzado las piedras. Levantó su AK preparado para disparar si alguien salía por sorpresa. Su compañero le siguió andando como si de una pandilla se tratara.

-Tío estás flipando. Ahí no hay una mierda.-

-Te juro que he oído algo.- Lo que no oyeron fue la puerta trasera de madera al cerrarse de nuevo tras la espalda de Snake.

El pasillo se alargaba varios metros por delante de él y daba a varias habitaciones. Al final de éste se podía entrever un arco redondeado en el techo y una recepción enorme. Un par de tipos conversaban frente a lo que parecía ser la puerta principal del edificio. Snake caminó agachado y en completo silencio con su MK- 23 entre las manos. Miró su muñeca para confirmar su posición en el interior del edificio a través de la memoria del SOLITON. La biblioteca estaba encima de él y comunicaba a una balconada exterior. Por un momento pensó si no hubiera sido más rápido entrar directamente a través del balcón usando el gancho y la cuerda que había usado en el muro. Ya era tarde para aquello. Tenía que cruzar la escalinata principal y llegar a arriba sin ser descubierto y sin dejar rastro. Sintió una leve vibración en su oído, y acto seguido la voz de Meryl.

-Snake, se acerca un helicóptero. No lo veo muy claro por la poca luz, pero juraría que es un Mi-8 bastante viejo.- Por su tono parecía algo nerviosa.

Snake empezó a oír cerca el sonido de los rotores del vehículo. Asomó ligeramente la cabeza para ver a través de uno de los ventanales que comunicaban con el exterior en el pasillo. La luz le deslumbró por un momento. Los guardias empezaban a arremolinarse alrededor del punto por el que venía el helicóptero. La puerta principal se abrió y Snake tuvo que meterse en una de las habitaciones para no ser descubierto por los recién llegados. Escuchó con atención lo que decían.

-Se han adelantado. Manda a todos los que puedas al helipuerto.- El que hablaba parecía ser de un cargo algo superior, portaba una boina marrón y un palillo de dientes.

Acto seguido empezó a subir las escaleras con varios tipos tras de sí. La puerta por la que acababa de entrar Snake se abrió de golpe haciendo que se sobresaltara y metiera todo su cuerpo en el cuarto. Los dos tipos de fuera pasaron por delante suyo corriendo y saludaron a sus compañeros de la entrada antes de subir.

-Snake, están despejando el exterior. Muchos de ellos están saliendo al helipuerto, parece que quien viene es alguien importante.-

-Meryl, voy a aprovechar para colarme lo más rápido posible en el despacho y extraer la copia de la lista de clientes de Ocelot, coloca un par de micrófonos direccionales y saquemos la máxima información de lo que digan los recién llegados. Si algo cambia, avísame, esto va a ser algo jodido.-

-O.K.- Contestó ella.

Conforme cortó la comunicación, asomó la cabeza por el umbral de la puerta del cuarto. Los tipos habían subido las escaleras para reunirse con el resto. "¿Quién cojones será para que se movilicen de esa manera?" Se dijo a sí mismo. Se puso en marcha en dirección al despacho. Estaba todo tan despejado que se sentía colándose en la mansión de un rico. Todo estaba lleno de esculturas y jarrones de alto nivel, de las paredes colgaban todo tipo de armas de mil rincones así como óleos de aspecto caro. Abrió la puerta del despacho con facilidad usando un juego de ganzúas que había traído con él y entró en la sala cerrando tras de sí. La estancia estaba decorada de la misma manera que el resto de la casa. Era casi como el cliché de las películas de narcotraficantes de los años 80. Una altísima librería llegaba hasta el techo con una escalera apoyada en ella. Un mapamundi de tres metros coronaba una de las paredes y en el centro, un enorme escritorio de roble oscuro con tres monitores de alta tecnología sobre él. Era lo único que destacaba en la estancia de decoración tan conservadora. Sacó de uno de sus bolsillos un pequeño aparato y lo conectó a la torre del ordenador, después pulsó para encenderlo. Si lo que le había dicho Meryl funcionaba, aquél aparatito sería capaz de saltarse cualquier cortafuegos o sistema de seguridad y haría una copia exacta de todo el contenido del ordenador. Si su lista de nombre estaba en él, la sacarían. No obstante decidió rebuscar un poco por si el dueño de aquello era tan conservador que los había apuntado en un papel.

-Snake, malas noticias, van hacia el despacho.- Snake hubiera mentido si hubiera dicho que no se lo esperaba en parte. Se acercó a la puerta y echó el cerrojo para que no descubrieran que había sido abierto. Miró la barra de carga de la pantalla, no daba tiempo a que el aparatito terminara la copia, por lo que lo desconectó, apagó el ordenador, y buscó rápidamente un lugar dónde ocultarse mientras oía la llave entrar en el cerrojo y las voces de varios tipos y sorpresivamente, de una mujer.