Declaración: Rurouni Kenshin no me pertenece. Sus derechos corresponden a Nobuhiro Watsuki y otros cuantos, pero no a mi. Yo escribo esto por mera entretención, sin fines de lucro y sólo para fanfiction.

La Protegida

Acto tres

"Ese tipo de persona"

por

Blankaoru

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Tímidos faroles alumbraban la calle principal cuando llegaron y enseguida Kenshin encontró donde dormir. El cuento de que eran un matrimonio resultaba a las maravillas y una familia modesta los acogió en su casa, donde les asignaron un espacio para dormir después de la cena.

Cuando Kaoru se acostó y se quitó un adorno que traía prendido en el cabello, recordó los rostros felices de la pequeña Mako, la tímida Tsubame, el valiente Yahiko, la esforzada Tsubaki y del amable Anji. Se le escapó una risita que Kenshin, que se acomodaba en un rincón con un cobertor, captó de inmediato. Le preguntó de qué se trataba.

-Pensaba en Tsubaki. Creo que le gusta el señor Anji.

-¿Qué dices? No puedes pensar tal cosa, ella es una niña apenas.

-Tiene dieciséis. Es una buena edad para enamorarse, además... su vida ha sido muy difícil y trabaja mucho esforzándose por ser como la mamá de esa casa. Si una ilusión la mantiene contenta no puede ser malo.- dijo de buen humor.

Kenshin pensó en las palabras de Kaoru. Una ilusión que te mantenga feliz.

-Pues a la larga, las ilusiones no bastan para compensar una existencia complicada, sólo te distraen.-Hizo una pausa para estirar bien el cobertor.- Y ahora deja esas cosas y duérmete, que mañana tenemos que conseguirte la ropa y seguir hacia el Este. Ha sido una fortuna que llegáramos tan tarde por aqui, poca gente nos ha visto.

Sintiéndose regañada como una niña pequeña, Kaoru asintió con desgano y estiró su cobertor para cubrirse hasta la barbilla. Se quedó mirando a Kenshin mientras este apagaba la lámpara.

-Kenshin, ¿Está bien que duerma sentado? Es decir, no creo que descanse...

-Estoy bien. Ahora duérmete.

Al quedar a oscuras, Kaoru cerró los ojos. Recordó los nervios que llegó a sentir junto a él la primera noche que durmieron juntos y cómo había esperado que eso no volviera a pasar hasta que cayó enferma y despertó con la noticia de ser "La señora Himura". Durante los días que pasó en el orfanato, porque no le quedó de otra, se acostumbró a dormir con Kenshin a cierta distancia de ella, aceptando la situación a regañadientes y despertando de tanto en tanto para ver si él estaba en su sitio. Notó que cuando Kenshin se movía era para cambiar de posición y a veces para salir del cuarto, lo que ayudó a relajarla en ese aspecto al punto que comenzó a verlo como un compañero de cuarto agradable al ser tranquilo y silencioso. Notó también que era ordenado y a su modo, considerado, ya que con el asunto de la gripe la dejó descansar al punto que él tomó algunas responsabilidades que le correspondían a ella, como lavar la ropa de ambos para no causar molestias en el orfanato o hacer aseo en el cuarto que compartían.

Escuchó su respiración acompasada y se relajó con el sonido. Kenshin era hábil y fuerte, bastaba recordar el asunto del orfanato para hacerle ver que él podría haberle hecho frente a Matsuso cuando este se acercaba en mal plan hacia ella, incluso a su séquito de sirvientes. Definitivamente le hubiera gustado haberlo conocido antes y aunque pareciera una idea rara, haberlo tenido de compañero de dormitorio.

No se entretuvo mucho con esas ideas y evocó los pasillos del orfanato y las caras de los niños, sus juegos y sus cuidados. De pronto pudo ver a Anji entrando con un hombre cuyo rostro no lograba distinguir del todo al comedor y feliz al reconocerlo, corrió a los brazos de su padre que venía por ella.

Sonrió en sueños.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Misao estaba terminando su desayuno junto a sus hermanos y su padre cuando Aoshi apareció de visita. Pidió hablar con Matsusoo y este no se opuso. Fueron al despacho.

-Me siento muy preocupado porque Kaoru desapareció hace más de dos semanas y no sabemos nada de ella. Escuché de una pista en el área boscosa y he decidido que iré a buscarla yo mismo. Ella será mi esposa y he sido muy pasivo en este asunto pudiendo ser que ella me necesitase.

-No es necesario que hagas tal cosa, Shinomori.- repuso Matsusoo.- Porque precisamente ayer se confirmó una pista en el area boscosa que pareciera ser algo confusa. No se lo había querido comentar porque siempre anda mi hija rondando por información y la quiere mucho, pero pensamos que Kaoru pudo haber sido atacada en el bosque por algún animal o incluso una persona. Encontraron rastros de que una persona pasó la noche en una cabaña en el bosque y luego... restos ensangrentados de tela. No es mucho, pero las personas de ese lugar aseguran que ninguno de ellos se interna en el bosque con lluvia, entonces saben que no es de ninguno de ellos. Dentro de un rato partiré con mis hombres a ese sitio a ver si podemos confirmar algo, cortando distancia por el Camino de los Cesteros.

-Ya veo.- dijo Aoshi preocupado e intentando asimilar lo que acababa de escuchar. No podía ser que su mala suerte quisiera alejarlo de la mujer que durante un tiempo llevaba ocupando sus pensamientos. Insistió acompañar a Matsusoo de toda maneras.

-Preferiría que te quedaras aquí y velaras por mi familia.- le dijo el hombre.- Mi viaje por lo menos durará dos semanas.

-Insisto.-

Molesto, Aoshi abandonó el lugar unos minutos después. No había conseguido lo que quería y pasando junto a Misao sin mirarla, se devolvió a su casa.

Había conocido a Kaoru poco después de su llegada a la casa Kamiya y había quedado prendado de inmediato de su belleza y forma de comportarse. Le parecía una muchacha inteligente, respetuosa y con tema de conversación por lo que nunca pudo entender por qué parecía que casi siempre estaba recluida en el último tiempo. Lo tomó por sorpresa el que el mismo Okina, su padre, la sugiriera como esposa y que Matsusoo le concediera su mano sin mayores problemas. Se sintió un hombre muy afortunado y siempre que el restaurante que regentaba junto a su padre le daba tiempo, iba a verla como parte de su cortejo.

Kaoru siempre se había mostrado amable y simpática, pero distante con él lo que, lejos de desilusionarlo, sólo aumentaba su amor por ella. A su modo de ver era una chica con valores inquebrantables con quien formaría una familia respetable. La noticia de su desaparición a días de su matrimonio fue un duro golpe del que no se reponía ya que no lograba comprenderlo porque ni Matsusoo ni Misao, con quien conversaba más, supieron explicarle bien qué había pasado, pero por lo menos su futuro suegro estaba poniendo todos los recursos de los que disponía en la búsqueda de su novia. Si la muchacha no hubiera desaparecido, sería su esposa la próxima semana y él, en vez de averiguar sobre su paradero, estaría preparándose para ese día. Apretaba los puños furioso cada vez que pensaba en eso y es que además, se había convertido en el hazmerreír de la ciudad, pues no faltó el que dijo con cierta hilaridad que Kaoru no había sido raptada por algún enemigo de las familias Kamiya o Shinomori, sino que fue ella quien huyó como una forma desesperada de alejarse de él.

Había aguantado las burlas estoico y había ido cada día a buscar noticias de ella porque no le bastaba lo que pudiera decirle un emisario pero si las circunstancias de su desaparición no estaban claras, tampoco lo era la forma en que Matsusoo estaba manejando el asunto. No quiso aceptar que la guardia de los Shinomori colaboraran en la búsqueda cuando salió el primer grupo a rastrearla, siendo que cuando cosas así sucedían en la comunidad solían ser requeridos. Aoshi sentía que además le daba muchas vueltas a la hora de darle la información. Que Aoshi no insistiera en brindar su ayuda o en ir él mismo a la búsqueda tenía que ver con un tema de respeto y de no inmiscuirse en el modo de hacer de Kamiya, pero él no era tonto. Cada día estaba más convencido de que ahí había pasado algo serio que nadie le quería contar.

Al llegar al restorán y verificar que todo estaba en orden y los pedidos andando, atravesó el enorme jardín que separaba ese lugar de su casa. Adentro estaba su madre que llevaba un poco de té a Okina. Discreto, Aoshi preguntó por la salud del más viejo.

-Mejorando, hijo.

La sonrisa de su madre le indicó que era cierto y se acercó de mejor ánimo a su padre que estaba en otra habitación. Okina solía tener una salud de hierro, pero los años naturalmente habían menguado esa condición. Se recuperaba por esos días de un complicado cuadro febril que era también uno de los motivos que habían frenado a Aoshi en su actuar. El hijo conocía bien al padre y sabía que una enfermedad para Okina era un vergonzoso signo de debilidad y Aoshi prefería no molestarlo con eso, pero estaba al pendiente a su modo. Nunca le diría que se quedó en casa por él pero se complació en comunicarle otra cosa.

-En siete días más iré a buscar a Kaoru con los muchachos, papá.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

-¿Entonces ya saben dónde está?- preguntó Misao a Shiro, su hermano mayor mientras lo ayudaba a vestirse.

-No están muy seguros, pero nuestro padre quiere partir al mediodía. En lo personal pienso que esto es una pérdida de tiempo y esfuerzo. Ni siquiera entiendo para qué tengo que ir yo si con los cuatro que lo acompañarán le basta.

Misao miró a su hermano con preocupación. Era alto, ágil y bien parecido, con unos sagaces ojos verdes, de veintiún años. Se ocupaba de manejar las bodegas del negocio familiar y aunque tal como Aoshi, no comprendía bien lo que pasaba, tenía una postura al respecto.

-No entiendo por qué mi padre insiste en buscar a la prima, ya hubieran pedido dinero si hubiera sido un secuestro como él dice y en cambio si es cierto que Kaoru escapó para no casarse no veo el caso de traerla de vuelta y forzar a Aoshi a una verguenza pública tomándola por esposa. Yo lo siento mucho por tí, hermana, pero creo que la única forma de lavar el honor de la familia es entregándote a Shinomori, él es un buen hombre, es lo que pienso, asi que prepárate, que en este viaje trataré de convencer a nuestro padre de eso.

Antes que Misao, emocionada con la idea dijera algo, un atractivo joven de diecinueve años, excedido de peso y de atractivos ojos pardos entró al lugar. Era Kuro, el hermano del medio.

-Vaya, asi que ahora acompañarás al gran Matsusoo Kamiya a rescatar a Kaoru de sea quien sea que la tenga?

Mucho más hábil que su hermano mayor para las matemáticas, Kuro se ocupaba de llevar la contabilidad de los negocios y a pesar de la seriedad de su puesto era muy simpático. Posó sus ojos en su menuda hermana menor que terminaba con su labor y con toda autoridad la mandó afuera para tratar temas de hombres. Misao salió a regañadientes.

Al verse solos, los hermanos se miraron con preocupación.

-Si la encuentras, ¿qué harás? Tú sabes que no puede volver a casa. Nuestro padre seguirá con ese maltrato absurdo hacia ella.

-No estoy seguro, hermano. Hace un tiempo que nuestro padre está haciendo cosas raras. El que me esté llevando lejos siendo que llegará un cargamento la próxima semana no tiene sentido. Debería llevarte a tí, ya que la recaudación de impuesto fue hace unos días.- dijo Shiro hablando en voz baja.

-Le pedí que me llevara a mi cuando supe de este viaje, pero dice que por ser el mayor te corresponde acompañarlo. En realidad... mira, lo único que sé es que el tío Koshijiro nos hizo prometer que cuidaríamos a Kaoru y si él volviera ahora y nos hiciera rendirle cuentas, ¿Qué le diríamos? Yo me siento mal por no haber intentado hacer algo para parar los castigos porque pienso que ella se fue por eso.- repuso Kuro entre susurros.

El sonido de unos pasos los alertaron. Cuando Matsusoo entró al cuarto, Shiro estaba listo para marchar. Misao y Kuro los despidieron, prometiendo cuidar la casa y los negocios, respectivamente.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Muy temprano Kenshin se levantó. Dejó a Kaoru durmiendo y se apresuró en ir a conseguir un kimono. No era difícil ya que todos eran de la misma talla y de los tres que le presentaron para mujer casada, eligió uno relativamente económico, de tela gruesa para capear el frío y de un color azul deslavado, tal como el kimono y hakama que llevaba él. Le hubiera gustado comprar una más bonito, pero la decisión tenía que ver con que si eran un matrimonio, debían verse relativamente igual de desgastados. Además, Kaoru debía lucir como el común de las mujeres de pueblo.

Ella despertó siendo golpeada en la cara por la prenda de vestir y furiosa, buscó al ejecutor de tal agresión. Se encontró a Kenshin en medio del dormitorio con un trozo de tela que también le arrojó a la cara, para su disgusto.

-Kimono y obi. No necesitas nada más. Vístete. Nos vamos.

Kaoru hizo caso apenas Kenshin salió del cuarto. El nuevo kimono le resulta abrigador y cómodo aunque le parecía bastante apagado pero como la esterilla que usaba de capa lo tapaba bastante, no le importó. Hizo un paquete con su kimono viejo y el obi, pasándole al salir su manta a Kenshin para que la usara de bufanda, pero este no vio con buenos ojos su paquete y sacó el tema una hora después cuando el pueblo había quedado atrás.

-Deja eso, no lo necesitarás. Tíralo.

-¿Qué cosa?-

-Eso que traes. La bolsa.

-No es un paquete grande, le aseguro que no molestará..-replicó ella de buen ánimo tras soñar con su padre toda la noche.

-Pero ahí llevas tu kimono. No podemos cargarlo.

-No le estoy pidiendo ni le pediré que lo lleve por mí. Yo me ocuparé.

-Es riesgoso.

-No lo es.

Kenshin le quitó en un hábil movimiento el bulto y sacó la prenda del interior, pero para recuperarlo, Kaoru lo tomó de un lado y jaló. Kenshin lo retuvo y estupefacta, ella vio como el kimono se rasgaba en la unión de una manga.

-Veo que entiendes rápido, muchacha.- dijo Kenshin, y rasgó la manga del otro lado. Iba a seguir con la destrucción cuando Kaoru logró quitárselo, haciendo una bolita que apretó contra su pecho. Las lágrimas afloraron a sus ojos.

-¡Pero por qué hace esto!

-Para que no se te ocurra ponértelo. Con estas señas te están buscando... ese trapo no es común...

-¡Claro que no lo es! ¡Este kimono me lo regaló mi padre! Precisamente por eso lo llevaba encima, para tener algo suyo. Es usted un brusco, un estúpido, un... ¡un insensible!- gritó furiosa.

-Si, si, si... está bien, niña, ya tendrás mejores, te lo aseguro.

-Mejores puede que si, pero ninguno especial, como este.- dijo abrazando la bola de tela con los ojos anegados en lágrimas que se esforzaba en no soltar. Luego, en voz muy baja, le advirtió: - No se vuelva a meter con nada mío.-

Molesto por la amenaza, Kenshin no insistió y se dedicaron a caminar rumbo al pueblo vecino, pero con un silencio sepulcral Kaoru le demostró lo enojada que estaba con él. Sabía que así no le hacía ningún daño pero lo odiaba en ese momento y prefería pensar que caminaba sola. Mientras tanto, Kenshin se preguntaba si en verdad no se le habría pasado la mano con el asunto del kimono y si no sería mejor ofrecer una disculpa, pero él no solía retractarse de sus actos y no comenzaría a hacerlo ahora. Además, tampoco necesitaba que Kaoru le hablara. A él le gustaba la soledad, estaba bien en silencio, fingiendo que iba solo.

-Oye, niña.- dijo un rato después.- Paremos a comer. Traigo bolitas de arroz para los dos.

Kaoru siguió su andar como si nada. Las lágrimas se habían secado hacía rato, de todas maneras no lo miraba.

-Mocosa, detente. Acá podemos comer.

La joven se detuvo. Tenía hambre y el frío pronto la agotaría. Se acercó a Kenshin con indiferencia, tomó la porción de comida que le ofreció y se sentó cerca de él, dándole la espalda. Pronto terminó.

Continuaron su viaje y de pronto comenzaron a escuchar voces que les parecieron cada vez más cerca. Kenshin se puso alerta y Kaoru miraba con curiosidad hacia delante, intentando adivinar con qué tipo de personas se encontrarían. Llegaron un empalme donde un grupo de cuatro personas caminaba junto a una carreta tirada por un enorme buey. Todos lucían de buen ánimo y al encontrarse, Kaoru les dio las buenas tardes. Con espanto, Kenshin vio como los demás la saludaban y ella, lejos de mantener la vista baja como él le indicó, les sonreía de frente, abiertamente. Al parecer, seguirían la misma dirección.

La carreta llevaba forraje para el buey y otros animales de aquellas personas además frutas y verduras de la estación. Un hombre mayor, de cincuenta años tal vez se presentó.

-Yo soy Takumi y este joven es mi hijo menor, Kiyoshi. Mi yerno Yuki Mishima y mi hija Maya. ¿Cómo se llaman ustedes?

El hombre, de ojos transparentes y mejillas sonrosadas por el frío inspiró confianza en Kaoru.

-Mi nombre es Kao...

-Kaori Himura.- Se apresuró a interrumpir Kenshin.- Es mi mujer. Mi nombre es Kenshin. Vamos hacia el Este.

-Vaya, en esa dirección el pueblo más cercano está aún a varias horas de camino pero nosotros vamos más cerca. Tal vez la señora Himura quiera ir con Maya en la parte de atrás de la carreta, será un gusto llevarla.

Kenshin asintió y alzando a Kaoru por la cintura la sentó junto a la otra mujer. Takumi se fue caminando junto a su yerno, guiando al buey y Maya pronto entabló conversación con Kaoru. Kenshin se quedó caminando atrás, junto con Kiyoshi y si bien no participó de lo que hablaban, estuvo pendiente de las cosas que Kaoru decía y la sonrisa con que remataba sus respuestas. Maya y Kiyoshi iban encantados y por un momento Kenshin pensó con cierto amargor que ella fue así con él hasta lo de la mañana.

La familia resultó ser muy sencilla y agradable y Maya destacó como una excelente compañera de viaje, porque llevaba mucha comida para todos que no dudó en compartir con el matrimonio Himura cuando pararon por ahí. Tras retomar el avance, Maya iba aburrida de estar sentada asi que se bajó de un salto de la carreta que iba despacio y caminó junto a Kenshin, sentándose Kiyoshi al lado de Kaoru.

-Cuando estás casado y con toda una vida por delante con ella, no vale la pena estar enfadados.- dijo Maya a Kenshin por lo bajo.

-¿Ehh?... ¿Oro?

-Mírala, tiene buen genio y es preciosa.- dijo la mujer mirando a Kaoru que conversaba con su hermano de unos quince años.- ¿Cierto que es bonita?- preguntó en voz alta, llamando la atención de la joven y poniendo a Kenshin en una situación complicada.

-Basta mirarla.- dijo escueto luego de unos segundos.- Es bella.

-Claro que lo es.- repuso Maya festiva de modo tal que muy a su pesar, Kenshin sonrió.- Kaori, linda, cuéntanos cómo fue que terminaste casada con este hombre tan discreto.

La aludida sonrió de buen humor.

-Podríamos decir... que me atrapó.

Kenshin se preguntó si en la aldea donde vivía Maya quedaba alguien soltero. La mujer parecía ser el tipo de casamentera que adoraba unir parejas y lo peor es que Kaoru le seguía el juego. De todos modos estaba bien, es decir, debían aparentar que eran un matrimonio. Miró a Kaoru un breve momento e intentó mostrar naturalidad.

-Desde que la vi supe que no podría dejarla escapar.

Kaoru levantó una ceja. Kenshin seguía andando, impávido. Maya estaba feliz.

-Oh!... es decir que ustedes no se casaron por compromiso, sino que por amor? Eso se ve muy poco.

-Queríamos estar juntos.- se aventuró Kenshin, mirando a Kaoru. Ni él se creía lo que decía, pero tampoco era tan malo decir una mentirita. Sin embargo, aún cuando Kaoru lo sabía, sus mejillas tomaron un adorable tinte rojizo, lo que acabó de conmover a Maya... y llamó la atención del pelirrojo.

-Tu marido es un hombre de pocas palabras, pero te quiere.- dijo Maya muy convencida.- Kiyoshi, bájate y déjale tu puesto al señor Himura. Hace frío y Kaori debe ir entumida. Él la puede abrazar.

"Ahí tienes, galán", pensó Kenshin mientras se sentaba al lado de Kaoru y pasaba un brazo tras los hombros de ella. La joven estaba un poco tiesa cuando se acomodó sobre él. Empezó a temblar.

-Sólo relájate y disfruta el paseo.- le dijo Kenshin cerca del oído. No había burla en su voz, ni enojo, por eso Kaoru acabó apoyándose en su hombro y reanudando la conversación con Maya olvidó quién era él realmente en su vida. Cuando Kenshin se reacomodó para recibirla mejor, tuvo la sensación, en ese momento, que era realmente protegida, que nada malo le podría pasar. Restregó suavemente su mejilla en el hombro de Kenshin y este la miró. Kaoru pensó que se molestaría.

-Está bien.- murmuró él. Maya iba embelesada más atrás, mirando al joven matrimonio.

De pronto la carreta se detuvo abruptamente cuando una de sus ruedas cayó en lo que parecía un charco y que resultó ser algo mucho más profundo. Los hombres se dedicaron a forcejear hasta sacarla para seguir con el viaje, cosa que no resultó fácil. Tras conseguirlo, Kenshin insistió en llenar el hoyo con tierra para evitar un accidente a otro viajero y asi lo hicieron ganándose con esta acción una copiosa cena invitados por Takumi y su mujer, corriendo el alojamiento por cuenta de Maya en la casa del lado. No dispusieron como otras veces de una habitación para ellos solos porque el pequeño lugar no tenía más que una habitación principal que de día funcionaba de comedor y estar y por la noche de dormitorio que compartían junto a sus cuatro hijos. Cuando querían hacer divisiones usaban un biombo, pero esa noche no fue el caso.

Sin decir nada, Kenshin se las ingenió para poner a Kaoru en un rincón, acostándose entre ella y el resto de los Mishima, apartándola de los demás hasta que apagaron la luz, pero no la tocó ni se acercó a ella. No estaba interesado en fingir ese tipo de cosas de un casado y ya por la mañana Kenshin insistió en pagar su estadía, pero ni los Mishima ni los Takumi aceptaron pago. Kaoru pensó en lo adorable que lucían a la luz del día las dos casitas de las familias compartiendo el claro en medio del campo y en lo hermoso que debía ser tener ese tipo de relación. Takumi los acompañó hasta el camino principal para que continuaran su viaje, pero no iban sólo con lo puesto esta vez: Llevaban una bolsa con comida y una nueva caña para su agua.

Al quedar solos, Kenshin y Kaoru se repartieron las cosas que cargarían y de pronto él reparó en lo claro que podía escuchar a los pájaros y al viento pasando entre las ramas de los árboles. Kaoru había vuelto a resguardarse en su silencio para mantenerse alejada de él y para ser honesto, él ya no estaba seguro de ser del todo indiferente a esta situación. Se detuvo tan de pronto que Kaoru, que venía caminando tras de él casi chocó con su espalda.

-Oye, no puedes seguir enojada toda la vida por tu kimono. No vale la pena.- dijo, recordando lo que le dijera Maya.

-Si puedo.- dijo Kaoru pasando por su lado. En un acto reflejo, Kenshin le tomó la muñeca para detenerla y cuando ella lo miró la soltó de inmediato.

-Pues no deberías.

-Usted sólo ocúpese de protegerme.- dijo Kaoru reanudando la marcha.

Lo sintió caminar a su espalda, a su paso. Ella no solía ser así, rencorosa ni pesada con las personas, aún cuando le habían causado un mal, por lo mismo no sólo se sentía molesta con Kenshin, sino con ella misma por mantener ese estado. Miró el bulto de tela que llevaba entre los brazos y recordó el día que su padre le regaló ese kimono y luego ella lo lució para él. "Te pareces mucho a tu madre, mi preciosa" le había dicho Koshijiro, emocionado. Unos días después la había dejado con Matsusoo, en Kyoto y no lo volvió a ver más.

La noche anterior lo había mirado a escondidas mientras Kenshin conversaba con Yuki. Afortunadamente el kimono parecía estar rasgado cerca de las costuras asi que no pasaba nada si lo cortaba en las orillas y lo volvía a coser, quizá incluso le quedaría mejor. Suspiró. No era nada irreparable.

-Nunca más toque mi kimono.- dijo Kaoru al aire.

-Como digas.- respondió Kenshin y de ese modo, el asunto quedó zanjado. Siguieron andando.- Oye, niña... se nota que no tienes costumbre de viajar. Puedo ver que tu bolsa se está desarmando, déjame ayudarte.

Kenshin tomó la bolsa de Kaoru donde iba su kimono y otras cosas que le dio Maya y extendiendo lo que en verdad era un enorme pañuelo lo dobló de modo tal que ella pudo cargarlo en su espalda, más o menos sujeto desde el cuello. Mucho más cómoda al caminar con las manos desocupadas, Kaoru le dio las gracias y de pronto, Kenshin se encontró sonriendo.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

La jornada transcurrió sin mayores problemas. Tal como le anticipara Maya, llegaron al próximo pueblo antes de que el sol comenzaba a ponerse y eso les dio tiempo de consultar dónde podrían alojar. Contrario a lo que pensaban sobre este pueblo más grande, parecía que no había dónde dormir y así, caminando, llegaron a la calle principal que estaba iluminada con faroles. Habían algunos puestos de comercio aún que Kaoru quiso pasar a mirar a pesar de su cansancio. Kenshin decidió acompañarla.

En los puestos había de todo, como pañuelos, cintas, abanicos, adornos para el cabello, espejos y cestería variada. Kenshin no entendía que mirar esas cosas pudiera complacer tanto a Kaoru hasta que se acercó a mirar él también. Habían cosas muy bonitas y llamativas allí.

-Kenshin, venden papas dulces ahí. ¿Puedo comprar?

Tras darle dinero, Kenshin siguió mirando. Un adorno para el cabello llamó su atención al traerle algo a la memoria. Decidió comprar un par de cintas, ya que Kaoru solía batallar cada mañana para peinarse al no tener con qué sujetar su pelo. Eligió una azul y una roja y al regresar su atención a ella, notó que hablaba con el vendedor de papas dulces.

¿Cómo era posible que a ese fulano al que recién venía conociendo le hablara tan confiadamente y él tenía que hacer méritos para obtener un "gracias" o un "está bien". Reparó en que el vendedor era un muchacho de la edad de la joven y no sabía de qué se reían, lo que no le gustó. Se guardó las cintas y se acercó a ellos.

-Estamos listos. Vámonos.- dijo con aspereza.

-La señora me dijo que buscaban donde pasar la noche y mi hermana suele recibir viajeros. Su casa es amplia y podrán dormir bien allí, es cerca de aquí.- dijo el joven. Se apresuró en darle las señas a Kenshin para que diera con la casa y este prometió pasar por allá, llevándose a la joven que le convidó una de sus papas dulces. Estaba muy contenta, hasta que él pasó de largo una calle y ella lo notó.

-Rei dijo que la casa de su hermana quedaba por acá.- repuso caminando según las indicaciones.

-Asi que se llama Rei... pues no pienso ir. Buscaremos en esta otra dirección.

-Pero... Kenshin... tenemos que ir allí. Es seguro que nos recibirán. Ya es tarde y no quiero que nos de la medianoche deambulando. Tengo frío.

-Te he dicho varias veces que no debes conversar con nadie. Que no debes llamar la atención.- dijo Kenshin dándose la vuelta.

-Si el problema es que teme que me reconozcan, no veo cómo suceda. Soy un enorme bulto de paja con esta esterilla encima y ya es tan tarde que es imposible que alguien note lo de mis ojos.

-Como sea, no deberías hacerlo. Simplemente deja que yo me haga cargo...

-Pero... Rei es un buen chico. No creo que me haya visto bien y aún si lo hiciera, no creo que él vaya a cobrar una recompensa por mí. Eso queda para otro tipo de personas.- Atacó con sutileza, girando la cara para no ver la expresión de Kenshin. Quizá, si lo hubiera hecho se hubiera dado cuenta de que por un momento él se quedó perplejo mientras ella se comía su golosina como si nada. Kaoru no pudo ver la turbación en sus ojos mientras buscaba algo que decir.

Nada vino a su mente y miró en rededor.

-Kenshin, por favor, no pasa nada si vamos.- dijo Kaoru.- Está unas cuantas casas más allá. Sólo preguntemos.

Dejándose arrastrar por la muchacha, se encontraron ante una casona que funcionaba como restaurante de día y posada de noche. El precio era muy módico y podían tomar un baño. La idea le encantó a Kaoru, sobre todo porque le pusieron la cena de inmediato. Si Kenshin tenía alguna duda sobre ese lugar, su estómago hambriento lo puso en evidencia y Kaoru se rió quedo de él. Eso lo acabó de mosquear.

Limpios y acostados se dieron las buenas noches. Kenshin estaba demasiado cansado como para montar guardia asi que se acostó en su futón asignado. Sin embargo no sería una noche tranquila porque una hora después despertó al sentir una presencia en el dormitorio.

Se hizo el dormido mientras intentaba determinar qué le podía decir el tipo de energía de esa persona sobre sus intenciones y cuando lo entendió según lo que oía, se levantó de un salto y se abalanzó sobre el intruso, rodando ambos estrepitosamente de modo que rompieron la puerta corrediza de papel y madera, llegando a parar al pasillo. Kaoru despertó enseguida y sin entender lo que pasaba, sólo escuchó súplicas y golpes. Muy asustada, encendió la lámpara al tiempo que subía la encargada, porque se encontraban en el segundo piso, con una palmatoria.

-Kenshin, déjelo.- dijo Kaoru con espanto al ver que golpeaba a Rei, el muchacho. Pero Kenshin ni ganas tenía de hacerle caso. El pobre chico se tapaba como podía la cara y al llegar junto a él, la encargada se lanzó sobre Kenshin con un madero, golpeándolo. Éste se puso de pie, furioso, soltando al chico y quitándole el palo a la encargada.

-No puedo creer que sea tan violento.- dijo Kaoru al ver la cara de Rei con bastante sangre.- ¿Por qué le pegó a este pobre chico?

-Mi hermano es un ser indefenso.- repuso la encargada a viva voz, buscando la compasión de otros pasajeros del lugar que se habían levantado y salido de sus cuartos.

-Tu hermano es un ladrón y pienso que tú eres su cómplice. Devuélveme lo que me robaste, mocoso.

-N-no es así... no lo es... - dijo Rei tartamudeando.- Yo so-lo quer... quería dejar estas yukatas en el cuarto. Mi hermana me había mandado temprano a hacerlo, pero lo olvidé y por eso entré...

Para desgracia de Kenshin, en efecto, había un par de yukatas en un rincón que no estaban allí cuando se acostó.

-Pues si eso era, debiste dejarlas afuera, en el pasillo... - dijo furioso, sobándose la nuca. Le dolía horrores.

-Kenshin, ya basta.- dijo Kaoru muy seria. - Lamento todo esto que ha sucedido, pero lo que hizo Rei se prestó para una mala interpretación de mi esposo. Entenderé si prefiere que nos retiremos.- le dijo a la encargada, que se veía notoriamente molesta.

La mujer no contestó enseguida y miró hacia otro lado. Se dirigió a su hermano.

- Rei, ¿Es que eres estúpido? Ese hombre te pudo haber matado porque pensó que le robabas... vete al fogón a limpiarte mientras yo arreglo esto.

Kaoru sintió mucha compasión por Rei y pidió a la encargada que lo dejara curarlo. Esta no vio problemas mientras Kenshin sentía ganas de estrangular a alguien. Minutos después él mismo llegó junto a Kaoru y la vió limpiar con un paño la cara del joven quien, al verlo, puso cara de terror al reparar en el paquete alargado que Kenshin solía llevar dentro del que se adivinaba un arma.

El pelirrojo pensó que afortunadamente para Rei, el fuerte de él siempre había sido el manejo de la espada y no los golpes. Sólo le causó cortes en una ceja, labio y nariz, pero Kaoru lo miraba de otro modo. Ella se veía decepcionada. Sin decir nada terminó de limpiar a Rei y le pidió una vez más disculpas por lo sucedido. El muchacho asintió y entonces la joven reparó en Kenshin.

-¿Terminaste de hacerlas de enfermera?

Kaoru iba a contestar cuando notó que Kenshin ya no traía la yukata del albergue. Venía vestido y con sus cosas en la mano, también las de ella. Le pasó su ropa.

-Nos vamos. Apresúrate.

La joven obedeció. No se demoró mucho en vestirse, pero al salir a la calle sintió el frío de la noche golpeándola.

-¿No se disculpará con Rei? - preguntó Kaoru en un susurro.

-Claro que no. Ese idiota se ganó la golpiza.- repuso muy seguro Kenshin, sobándose aún detrás del cuello.- Y por su causa nos tenemos que ir.

-Rei se estaba defendiendo. Usted...

-Fantástico. A ver si entiendo.- Dijo Kenshin dominando a duras penas la rabia que sentía.- Entra un tipo al lugar donde tú duermes, revuelve las cosas o quizá incluso intenta tocarte y yo tengo que dejarlo, después de todo es jovencito, lindo y dulce, entonces seguramente todo eso lo hace con una buena intención. No sé si te diste cuenta, pero él dio golpes también y te aseguro que sabe hacerlo.- dijo pensando en el certero golpe al lado derecho del abdomen que lo había dejado dolorido.- La hermana me dio con algo en la cabeza, pero qué demonios te puede importar.

-¿Es cierto eso?- dijo Kaoru preocupada. Se acercó a Kenshin, pero este se apartó de ella sin dejar de caminar.

-¿Y qué si lo es? Corriste a ayudar a ese niño y no me preguntaste nada a mí.- dijo Kenshin molesto y escondiendo las manos en las mangas de su kimono.- Y sabes qué? Está bien, porque no necesito nada de tí. No necesito tu compasión ni tu preocupación. Tampoco esperes la mía a partir de este punto.-

Kaoru miró de reojo a Kenshin. Tuvo la impresión de que estaba decepcionado de ella y quiso decir algo a su favor, pero comprendió que él tenía razón. No en eso de que el chico fuera un ladrón, sino en que ellos eran compañeros de viaje hacía algunos días, ella algo lo conocía y en el albergue lejos de respaldarlo se fue en su contra. Kenshin era fuerte, pero no violento. No porque si.

De pronto Kenshin se metió a una bodega alejada de otras casas donde quedaba bastante paja y se acomodó por ahí.

-¿Esto no pertenece a otra persona?.- dijo la joven, insegura de entrar. Kenshin ya se había sentado con la espalda apoyada en una especie de fardo.

-Nadie lo está ocupando ahora, pero si quieres buscar por ahí, es cosa tuya.

La muchacha se sentó cerca de Kenshin y se abrazó las rodillas. La esterilla bloquearía el aire frío, pero ella necesitaba generar calor no sabía cómo, además era tarde y se pondría peor para la madrugada.

Triste, Kaoru pensó en lo calentito que estaba el albergue. Al menos había tenido tiempo de asearse. Se abrazó más fuerte.

-Mocosa...

-¿Si?

Kenshin la miró. Entraba un poco de luz de luna y podía distinguirla a duras penas, pero sabía que tenía frío y él, por cederle su esterilla, no estaba mejor. Se le había ocurrido algo, recordando a Maya.

-Ven... mira, será más fácil si estamos juntos. Sólo debemos... estar juntos, ¿entiendes? Compartiremos el calor y la esterilla. Si seguimos cada uno por su lado nos congelaremos. Mañana seguiremos peleando.

-Mañana...- murmuró Kaoru. Se arrastró hasta donde estaba él y Kenshin la guió tomándole una mano con suavidad hasta que ella se sentó entre sus piernas y se apoyó en su pecho, temblando. Kenshin acomodó la esterilla para cubrirse ambos y luego, bajo la rígida capa, abrazó a la chica sobre los hombros.

-Sólo relájate.- dijo al notar su tensión.- No pasa nada, sólo descansaremos juntos, en paz. Mañana podrás lanzarme algo a la cabeza por lastimar a tu amiguito ladrón.- murmuró, intentando sonar divertido pero Kaoru no estaba de ánimos ni para rebatir, asi que movió la cabeza bajo el mentón de Kenshin.- Mañana seguiremos riñendo.- continuó él en una exhalación. Unos momentos después, la joven se quedó dormida.

Por su parte, Kenshin alcanzó a pensar que a pesar de los malos ratos, la sensación de la chica entre sus brazos no estaba nada mal.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kenshin despertó con la luz del sol filtrándose por entre las rendijas de la pared y enseguida reparó en que Kaoru no estaba con él. Se levantó de un salto, recogió su bolsa y su sombrero y salió raudo al exterior, a buscarla. No tenía ni la más remota idea sobre dónde podría estar pero si una especie de presentimiento, todo esto acompañado de una sensación de irrealidad tras haber dormido tanto y despertado tan tarde. El golpe en la cabeza lo había afectado, todavía dolía.

Se obligó a calmarse y tras detenerse, ponerse las manos en la cintura y respirar, caminó de vuelta al centro de la ciudad. No la encontró e iba de regreso hacia el granero cuando la vio aparecer por la calle en que quedaba la pensión de los hermanitos ladrones. Apretaba un paquete cuadrado entre los brazos y llegó con una sonrisa hasta él, pasándoselo, pero Kenshin apenas lo notó porque su mente estaba en otro lado.

-Saliste muy temprano y sin avisar.

-Sí. Tenía algo que hacer.- respondió contenta.- Pero tenía que ser sin usted.- sonrió.

La mirada de Kenshin se endureció.

-Vaya, veo que te impresionó ese muchacho... Lo fuiste a ver, ¿no?

-¿Qué?... ¿Rei?...

La sensación que dominó a Kenshin por un momento fue intensa y repentina a un grado tal que lo asustó porque él no podía permitirse lo que empezaba a sospechar, le estaba sucediendo. Reparó entonces que Kaoru se ponía pálida, quedándose de piedra. Parecía que no se atrevía a respirar.

-Mi tío... - murmuró y Kenshin se dio la vuelta para mirar quien venía por el camino principal.

Se trataba de un grupo de seis hombres a caballo. Evidentemente los dos del frente tenían aspecto de señores. Uno de edad, el tío sin duda y otro más joven. ¿Sería ese el prometido de Kaoru? No lo sabía, ni le interesaba saberlo. Si la providencia había puesto a esos tipos en su camino, debía ser por algo, una especie de señal.

-¿Estás segura?.-

Kaoru no tuvo que decir nada, porque el modo en que bajó la cabeza y empezó a retroceder fue suficiente confirmación, pero no pudo seguir avanzando porque la mano de Kenshin se cerró sobre su muñeca derecha.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Matsusoo Kamiya no tenía muchas esperanzas de encontrar a Kaoru hasta que un barullo delante de él y su comitiva llamó su atención. Vistiendo como campesina y con una espantosa capa de totora apareció la mujer que lo rondaba en sueños y sus ojos brillaron ante la visión.

-Reclamo la recompensa y si no me la das, no te entrego a la mujer.- dijo un hombre bajo de cabello rojo acercándose a él. Traía a Kaoru sujeta por una mano y aunque ella intentaba desasirse, no podía. El pelirrojo ni se inmutaba.

Cuando Kaoru escapó, se había internado en los campos y bosques, evitando inteligentemente los caminos aunque tampoco sabía bien a dónde se dirigía, importándole sólo poner distancia entre su familia y ella, por eso, a la hora de llegar al lugar donde la vieron por última vez Matsusoo eligió una ruta que iba más derecha. La fortuna le sonrió porque descubriendo la bolsa que llevaba en la cintura, le hizo notar a Kenshin que la recompensa la tenía ahí.

-Es tuya.- dijo el pelirrojo entregándola a uno de los hombres que venía con Matsusoo. Se dio la vuelta para largarse, tras recuperar su esterilla.

-Espere...- dijo Kaoru, el rostro descompuesto y temblando ostensiblemente.-¿Por qué me hace esto?

-Porque soy ese tipo de persona. ¿Recuerdas?- dijo retrucando las palabras que ella usó contra él por la noche.- Además, el invierno aún no termina y es muy duro para tí. Escápate de nuevo cuando llegue la primavera. Entonces hablamos.- dijo inexpresivo y se marchó.

Kaoru comenzó a gimotear, revolviéndose entre los brazos de su nuevo captor, un hombre que sin ánimo de maltratarla, se estaba viendo en problemas para mantenerla en su sitio. Sorprendiendo a su hijo Shiro, Matsusoo ordenó amarrar los pies y manos de la joven para llevarla atravesada sobre las ancas del caballo como si fuera un bulto cualquiera.

-Papá, no podemos hacer eso. Es la hija del tío Koshijiro. Déjala conmigo, yo la llevaré en mi caballo.-

-Esta estúpida se te escapará.- dijo Matsusoo, sorprendiendo a Shiro quien nunca antes había visto a su padre expresarse de ese modo sobre una mujer. Se le ocurrió que tal vez toda la preocupación de las semanas anteriores estaba aflorando como enojo y por eso no insistió y se acercó a Kaoru, ayudándola a bajar. La joven tenía la cara roja y agradeció que la llevara sentada, porque le costaba respirar así como la tenían. Matsusoo le prohibió a su hijo desatarla y este tuvo que hacer caso.

Shiro se instaló arriba del caballo y Akinori, uno de sus acompañantes subió a la muchacha delante de su primo. Con gentileza, éste la rodeó con sus brazos para guiar al caballo pero fue imposible dejar de notar la manera violenta en que ella temblaba. Shiro tal vez no había sido un primo que pusiera mucha atención en Kaoru, por estar siempre pendiente de su trabajo y diversiones propias de su edad pero le tenía aprecio y le daba pena verla en esas condiciones. Insistió sobre soltar a la joven porque a su juicio, la estaban llevando como criminal en vez de alegrarse de encontrarla viva, pero con una mirada asesina Matsusoo pronunció su nombre de modo tal que el joven supo que no debía insistir.

-Vamos a casa, ahora. Todo estará bien.- Trató de consolarla. A su lado, Matsusoo lo miraba de reojo, ya encaminados a Kyoto y Shiro reparó que sus palabras, lejos de calmar a la joven, parecían haberla puesto en un estado de desolación.

Avanzaron por espacio de hora y media por el camino y se detuvieron a darle de beber a los caballos en un estero que pasaba por la orilla. Shiro bajó a su prima y la ayudó a sentarse por ahí, dándole agua. Por el camino le había estado contando que Misao la echaba de menos y que Aoshi había ido todos los días a verla. Y que ahí donde ella había plantado unas semillas, habían salido unas briznas de color verde. Con noticias tan bonitas escuchadas en un tono de voz tan gentil, Kaoru no podía encontrar un consuelo en esas cosas. En su mente se repetía una y otra vez la imagen de la espalda de Kenshin, alejándose de ella. ¿A eso se refería con lo de seguir riñendo por la mañana, la noche anterior? Ella realmente pensó que la protegería, pero tal parecía que ninguno de los hombres llamados a hacerlo era capaz de semejante tarea y sólo le causaban daño. Bastaba mirar a Matsusoo.

-Hijo.- dijo Matsusoo sacando un papel de entre sus ropas que le pasó a su hijo.- Misao me encargó algo que olvidé comprar con esto de encontrar a Kaoru. Tal vez puedas regresarte con los muchachos a la última aldea por la que pasamos para traerlo. Yo me quedaré con Kaoru y Akinori, así podrán ustedes ir más ligero, sabes que no puedo cabalgar por mi espalda.

El hijo no vio nada raro en el pedido de su padre y obedeció. Akinori dijo algo de cazar para comer cuando se vieron solos y fue a buscar su arco y su flecha al caballo, pero algo pasó. No llegó a tomarlas porque un enorme golpe en la cabeza lo dejó inconsciente.

Cuando Kaoru escuchó el golpe seco y vio al guardia caído, se asustó, buscando al culpable. Grande fue su sorpresa al ver a Matsusoo caminando hacia ella.

-Vamos a terminar esto aquí y ahora.- dijo tapándole la boca con un pañuelo que ató fuertemente y cargándola, se la llevó.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Fin acto tres

Ese tipo de Persona

Marzo 2, 2016.

Notas de autora.

Hola!

Sinceramente, no recuerdo que antes me haya costado tanto terminar un capítulo por exceso de amor, pues mi familia se ha turnado para venir a visitarme, unos tras otros a lo largo de esta semana. Ha sido lindo, pero me sentí un poco ansiosa por las ideas dando vueltas, ya que hace años que no hago borradores, asi que o las escribo o se van si las olvido.

Siguiendo con el fanfic, tenemos el primer desastre dentro de la relación de los protagonistas. En lo personal y descontando que cada dos líneas tocaban el timbre de mi casa, disfruté mucho este capítulo, como el encuentro con Maya y su familia. No sé si vuelvan a aparecer, lo voy a pensar. Respecto a la familia de Kaoru y otros secundarios han habido también otros cambios sobre sus circunstancias.

Las dejo. Tengo hambre y si tengo hambre es que mi esposo también lo siente. Ya lo escucho venir. Muchas gracias a quienes me escribieron.

Abrazos.

La vida es maravillosa.