Ya hemos llegado al Centro de Renovación, y ni siquiera hemos pasado por nuestra casa.
Una chica morena me coje de la mano nada más poner un pie fuera del tren y me lleva hacia un ascensor. Siento que este baja mucho, mucho rato. Quien sabe a que profundidad estaremos. O a dónde estaremos yendo.
Cuando se abren las puertas del ascensor aparecen tres estilistas que me arrastran a una silla y me arrancan la ropa.
¿Esto es normal?
Nunca me había planteado que dos hombres y una mujer me pudieran ver desnudo, así que estoy un poco cohibido. Me echan un vistazo rápido, como evaluando mis atributos, a la vez que comentan mi aspecto en voz alta, como si yo no estuviera ahí.
-¡Qué músculos! Tiene muchas posibilidades en distintos ámbitos...
-Y mira que pelo. Es un rubio precioso. Con la idea que Portia y Cinna tienen esto puede quedar muy bien.
-Bueno, ya sabéis que hacer. Tenemos que dejarle más o menos listo para que Portia pueda trabajar bien en el desfile.
Sí, ya había oído eso. Los estilistas que aparecen por televisión son los que eligen los vestidos y les dan distintos consejos a los tributos sobre como actuar físicamente. Podríamos decir que su trabajo es diseñar los vestidos del desfile inaugural y de la entrevista a la vez que eligen el aspecto que los tributos tendran el primer dia de los Juegos , sobretodo en lo referente al pelo. Pero el trabajo de campo lo hace el equipo de estilistas. Ellos maquillan, peinan y, por lo que he oído, les sacan el vello a las chicas.
¿También lo harán conmigo?
La respuesta llega rápido. Me ponen una especie de potinge en la cara. No entiendo que estan haciendo. Ahora mismo no tengo barba, ya que el día de la cosecha me afeité a consciencia, intentando parecer atractivo por si Katniss me veía. Sólo ha pasado un dia, y no tengo ni un pelo.
-Perdón. ¿Para qué es esto?
-Ay, hola cariño. -Dice la estilista, como si yo acabara de llegar- No queremos que seáis barbudos, ¿sabes?. No lo encontramos atractivo.
¿Y a mi qué?-Pienso. No me importa lo más mínimo que la gente del Capitolio no lo encuentre atractivo. ¿No se supone que vengo a que me vean morir? ¿Qué más les dará que tenga barba o no?
-Pero ahora mismo no tengo barba.
-Ni la tendrás, créeme.
Me quedo en tal estado de shock que no puedo ni contestar.
¿Que no tendré barba nunca más? La verdad es que siempre me he afeitado desde que, hace unos dos años, me ha empezado a salir la barba. Nunca me había planteado dejármela crecer por dos motivos básicos. El primero, porque en la panaderia se consideraba algo poco higiénico, y en segundo lugar, porque me había fijado que el chico con el Katniss iba al bosque no llevaba.
Me parece algo estúpido ofenderme por un aspecto físico, sobre todo sabiendo que no viviré más de un mes, pero no puedo evitar sentir que me quitan algo más; me quitan la libertad de elegir sobre mi aspecto.
Me han quitado la vida, la felicidad, y las opciones de elegir. ¿Qué más me podrían quitar?.
También me limpian y me perfuman. Me siento como uno de los cerdos que a veces se ven por la televisión del Capitolio, a los cuales engalanan para después comérselos.
Lo mismo soy yo.
Parece que, por fin, los estilistas han acabado conmigo, así que cierran la puerta y se van, dejándome solo con mis pensamientos.
En el cuarto no hay ni un cuadro, y las paredes son lisas. Aún así, me parece relajante. Es un espacio para pensar y reflexionar.
¿Cuántos tributos habrán pasado por aquí?
Calculo que 73, sin contarme a mi mismo.
73 personas del Distrito 12 y sólo un vencedor, Haymitch. Las estadísticas no están de mi parte, está claro.
Pero bueno, claramente yo no seré un vencedor del Distrito 12. Podría serlo en otras circunstacias. Tal vez, si en vez de ella o su hermana, hubiera salido elegida Beth Puddle yo habría tenido una posibilidad. Beth estaba en un curso mayor que yo, y en un intento por entablar una conversa conmigo, se puso a criticar a Katniss. Mala elección.
Beth nunca entendió mi cambio de actitud respecto a ella. Desde hacía unos meses, no paraba de coquetear conmigo, y yo, de manera más o menos amable, contesté sus alagos. Alguna vez nos dimos algún beso. Yo intenté por todos los medios enamorarme de ella, pero cada vez que mis labios rozaron los suyos, me imaginaba a Katniss en vez de a Beth. Fue entonces cuando me empecé a separar de ella y cuando ella, en un intento desesperado, intentó reavivar nuestra relación poniendo verde a la chica de mis sueños. Desde ese momento, me vi incapaz de mantener una conversa civilizada con ella sin explicarle que Katniss no era fea. Era la chica más hermosa del universo. Que Katniss no era antipática, simplemente luchaba por sobrevivir y no se podia permitir perder tiempo después de clases cotilleando sobre quien se habia besado con quien. Que Katniss no era una chica fácil por estar mucho tiempo con el chico de la Veta. Simplemente con él cazaba mejor.
No podía estar bien con una persona que tenía una idea tan equivocada de ella, y que, además, la criticaba sin saber por todo por lo que la chica de la trenza había de pasar.
En medio de todos estos pensamientos, me sorprende una voz femenina.
-¿Peeta?
-¿Eh?
-Hola Peeta, soy tu estilista, Portia.
-Ah. Hola.
-¿Cómo estás? ¿Te sentirias más cómodo con unos calzoncillos?
-La verdad es que sí. Gracias.
Me aproxima unos boxers y me los pongo tímidamente. No me la imaginaba así. Siempre había pensado en los estilistas como personas crueles e egoístas, que sólo quieren mostrar a sus tributos antes de morir en una especie de pasarela de la muerte, pero Portia no parece de esta clase de personas. Es verdad que lleva el pelo rosa y unas pestañas kilométricas, por no hablar de todos los tatuajes que envuelven brazos y parte de la cara, pero parece... amable. Parece un ser humano.
-Bien Peeta. Supongo que sabes lo que te espera esta noche.
-El desfile de inauguración, ¿no?.
-Así es. Bueno, ya sabes que es costumbre y tradición que todos los tributos lleven algo representativo de su distrito. El tuyo es el Distrito 12, el Distrito Minero. La verdad es que hasta ahora yo trabajaba en este Distrito con otro estilista, pero él se jubiló el año pasado. No te voy a mentir. Yo estaba un poco a su merced, incluso teniendo en cuenta que teoricamente los dos somos iguales; los tributos siempre llevaban lo que él quería y yo sólo hacia los diseños basándome en sus ideas.
-¿Y ahora que se ha jubilado, que pasará?-Digo con algo de aprensión. Ahora que parece que Portia está en el poder, el ambiente huele a que algo cambiará significativamente. Lo que falta saber es si será a mejor o a peor.
-Ahora ha entrado un nuevo estilista, Cinna, que sorprendentemente ha pedido expresamente trabajar con el Distrito 12.
-¿Lo ha pedido?-No puedo evitar que mi voz suene sorprendida. Vamos, somos del Distrito 12. Nadie quiere trabajar con nosotros porque seguramente moriremos, y eso no les da ninguna reputación.
-Sí-Dice mientras ríe.-La verdad es que yo también me quedé sorprendida. Pero ha echo un gran trabajo. Hemos estado planeando un desfile triunfal. Ya verás.
-No quisiera ser maleducado... pero ¿Qué será?-Las palabras triunfal y Distrito 12 no suelen pegar mucho. Desnudos. Iremos desnudos.
-Tranquilo. No iréis desnudos.-Madre mía. Esta mujer es genial y encima me ha leído el pensamiento.
-¿Y entonces? Los del Distrito 1 siempre pareces gemas andantes, y los del Distrito 5 son estrellas fugaces. Nosotros sólo tenemos las minas y el carbón, y eso no tiene muchas posibilidades más allá del disfraz típico de minero...
-Ya lo creo que sí. ¿A que asocias el carbón?
-Al dolor y el sufrimiento de la gente de la Veta.- Veo la cara de conmoción de Portia. Creo que no se esperaba esa respuesta, y no la culpo por ello. Ella siempre ha vivido en un mundo de felicidad y facilidades, y sobre todo, siempre ha vivido en un mundo sin hambre.
-Tranquila-Le digo.-No te preocupes. ¿A qué debería asociar el carbón?
Esboza una sonrisa entre dientes.
-Deberías asociarlo al fuego.
