Muy bien, creo que el mundo se está acabando... O más bien, ando demasiado inspirada! XD. Jejejejejejeje, aquí les va otro capi más! Ojalá les guste mucho!
Vicka.
II.
Un inesperado compañero de viaje.
Stan se sentía sumamente incómodo.
No podía explicarse cómo había acabado en una situación un tanto comprometedora con la persona que menos se había imaginado que iba a tener como un inesperado compañero de viaje, la cual estaba sentada a su lado leyendo una revista de Hello Kitty y escuchando la música que transmite el avión vía radio.
Cerrando los ojos, repasó mentalmente los eventos que acabaron en esa situación.
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::Flashback::
Stan Marsh entró al baño de varones y entró a uno de los compartimentos. Fingiendo que estaba defecando, el chico abrió su mochila y verificó por última vez las cosas que llevaría a Venecia, la ciudad de los canales… Y la ciudad en donde al fin, luego de tres semanas de intenso intercambio de correspondencia entre él y Fabrizio Alcarte, un joven ejecutivo de una reconocida empresa internacional asentada en Italia y quien le llevaba 20 años en cuanto a edad.
El tipo parecía ser muy honesto, muy dulce y atento a cada una de las dudas que exponía el adolescente. Incluso compartía algunos gustos como la música rock, la curiosidad en querer viajar a un país lejano y, sobre todo, en hallar el amor en la vida.
- Bien- susurró-… ¡Italia, ahí vamos!
Dicho eso, el chico se levantó, se volvió hacia la ventana y la abrió para poder salir por el boquete. Luego de varios minutos de maniobrar su escape, Stan pone un pie en el césped y empieza a caminar con sigilo para evitar que alguien le descubriera.
Una vez que no había moros en la costa, Stan suspira aliviado y empieza a caminar con tranquilidad hasta que de repente escucha una vocecita diciéndole:
- ¿A dónde vas, Stan?
Marsh casi pegaba un grito de infarto. Volviéndose hacia el dueño de la voz, exclamó:
- ¡¿B-Butters?! ¡¿Q-qué haces aquí afuera?!
- E-eso mismo te iba a preguntar – replicó el rubio con curiosidad.
- Errr… Yo… Olvidé algo en mi casa. Más que nada la tarea de Biología. Kyle me asesinará si no llego con ese ensayo a tiempo.
- Oh…
- ¿Y-y tú?
- Bueno, ho-hoy no iré a la escuela. Me quedaré en casa debido a que mis padres salieron de viaje y necesitan que esté en casa para estar al pendiente de que llegue una entrega para mi padre.
- Ok… Entonces nos vemos, Butters. Te cuidas.
- Igualmente, Stan.
El pelinegro se dio la vuelta y caminé con cierta parsimonia por la calle, justamente en el momento en que pasaba un autobús con destino a Denver. Sin tiempo qué perder, el chico hace señas para que el autobús se detuviera. Butters, extrañado al ver que Stan abordaba el autobús foráneo, se dio cuenta de que algo no andaba bien. Como el buen amigo de todos que era, el pequeño rubio decidió seguir al pelinegro hasta Denver.
Una vez en la ciudad, descubre que el menor de la familia Marsh había tomado un taxi, por lo que el rubio pequeño, usando el poco dinero que le quedaba, agarró otro taxi y pidió que siguiera al que contenía a Stan como pasajero.
Cuarenta minutos después, Butters se vio a sí mismo en el aeropuerto internacional de Denver. Aquello sólo le dio a entender una cosa: Que Stan va a realizar ese descabellado viaje a Italia, en donde conocerá a ese tal Fabrizio.
Eso era algo que no podía permitir, dado los peligros que supone ir de viaje a un lugar sólo por conocer a un desconocido.
Al ver que Stan había entrado al baño, decidió intervenir yendo a ese mismo lugar.
- ¡¿Butters?! – exclamó el pelinegro muy sorprendido al verle entrar - ¡¿Qué haces aquí?!
- V-vine aquí a detenerte, Stan.
- Viejo, en serio me gustaría charlar, pero debo irme.
- ¡No! – exclamó el rubio mientras le impedía el paso.
- Butters, ni tú ni nadie me puede impedir que yo compre ese boleto e irme a Italia para conocer a mi amigo.
- ¡No, tú te quedas aquí! – replicó el rubio - ¡Stan, no puedo permitir que viajes solo! ¡Ese hombre podría ser u-un criminal! ¡Por favor, reacciona!
- ¡Él no es un criminal! ¡Yo mismo he hablado con él por teléfono!
- P-pero aún así no sabemos si realmente es un buen hombre. Por favor, Stan, d-desiste de esto o si no…
- ¿O si no qué?
- L-llamaré a Mark y a Ezio, y-y les diré que estás aquí a punto de viajar desprotegido.
- Butters, tenemos 17 años, ¿ok? Todo va a estar bien.
- ¡N-no! ¡No te dejaré ir!
- Argh…
Stan empezó a pensar un momento en qué hacer.
Fabrizio le había enviado dinero, más de lo que podía esperar: Le había enviado 200 mil dólares en efectivo para gastos de estancia y viáticos. Una cantidad fuerte a cambio de su compañía en el país itálico, entendiéndose por compañía el charlar, platicar, beber un vino y, quien sabe, tal vez hasta sexo con Fabrizio.
Con desilusión, el joven Marsh tomó una decisión…
::Flashback::
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Y ahí estaban los dos: En el mismo avión, compartiendo la misma fila de asientos y vigilado a todo momento por el pequeño rubio, quien por suerte había llevado su pasaporte… Aunque después el chico explicó que siempre lo llevaba consigo como una identificación para recibir los envíos de dinero de su abuela desde el extranjero.
Todo con tal de que nadie supiera de su viaje.
- ¿Qué haremos cuando lleguemos a Venecia? – le preguntó de pronto Butters, quien se había quitado los audífonos.
- Pues… Según me dijo Fabrizio, él se hospedaría en el hotel "Il Veneziani". De ahí, los dos nos iríamos a comer en un restaurante que él conoce en la ciudad.
- ¿Y de ahí nos vamos a casa?
- Tú te irás a casa un día después – espetó Stan -. Yo me quedaré ahí durante el resto de la semana.
- ¡¿Qué?! ¡Ah, no! ¡No! ¡De ninguna manera permitiré que estés solo con él!
- Butters, no tendremos sexo, si eso es lo que tanto te preocupa. Simplemente conversaremos como buenos amigos que somos.
- Pero aún así… Stan, no quiero que te hagan daño. Eres mi amigo… Y el amor de la vida del amigo de mi novio.
- Butters… Mark solamente me quiere para exhibirme como objeto al igual que Ezio. Esa es la realidad.
- Pero al menos él te quiere.
- Cielos, Stotch, a veces pienso que realmente es muy dañina la relación que tienes con Boyett…
- L-lo sé… Eso lo sé.
Butters bajó la cabeza ante la mirada de un Stan antes fastidiado y ahora preocupado.
- ¿Butters…? – inquirió Stan - ¿Q-qué… Qué hacías afuera de la escuela exactamente?
- Y-yo… Yo huí de la escuela.
- ¿Eh? ¿Por qué? ¿Por Trent?
El rubio asintió la cabeza y añadió con lágrimas en los ojos:
- ¡Me engañó con Bebe!
- ¡¿Qué?!
El delicado jovencito empezó a llorar mientras que Stan, un poco conmocionado, le calmaba diciéndole:
- Ya, ya, ya… Tranquilo… Tranquilo… Debe de haber un error.
- ¡No era un error! ¡Yo los vi besarse en el baño de chicas!
- Bueno, Butters… Tranquilízate, ¿quieres? No vale la pena llorar por alguien que no te merece. Hey…
Con delicadeza, le pasó un dedo en la mejilla y añadió:
- Cuando lleguemos a Venecia, le pediré a Fabrizio que lleve a un acompañante que sepa inglés y que charle contigo. Tal vez eso te ayudará un poco a olvidarte de él, al menos por ese momento.
- ¿En serio?
- Sip… De todos modos, eres mi nuevo e inesperado compañero de viaje.
- ¡Oh, Stan! ¡Muchas gracias!
Dicho eso, el rubio lo abrazó efusivamente.
Stan sonrió, pensando que tal vez no estaría del todo mal tener un compañero de viaje con quién compartir la aventura que apenas estaba comenzando en pleno territorio italiano.
