Aclaraciones muy importantes para la historia:
-Los capítulos serán como mínimo de 5.000 palabras, y tardaré en actualizar al rededor de 4-7 días si todo sale bien.
-Amor lento. Las relaciones en este fic se desarrollarán como corresponden. Cortex no va a empezar a sentirse atraído a Crash solo porque sí. Lo mismo que Crash: si él hace esas cosas es porque es un despistado.
-Historia en progreso. Tengo pensado trama bien formada para aproximadamente tres capítulos más, pero si tienen sugerencias, siempre pueden dejarlas en los reviews o enviarme un mensaje privado. Para el resto de la historia, solo tengo una vaga idea.
Eso es todo, ¡gracias!
Cortex se despertó en algún momento de ese día. Quizá porque el suave colchón de su cama había sido reemplazado por un suelo de metal bastante duro. Quizá porque sentía que estaba siendo aplastado, o quizá porque escuchaba un horrible ronquido justo al lado de su oreja… ¿Por qué no todas?
—¿Qué demonios?—dijo mientras trataba de incorporarse. Falló: Crash estaba encima suyo durmiendo como tronco. Su cuerpo estaba completamente encima del suyo y Cortex no sabía muy bien qué pensar al ver las tetillas de Crash frente a sus narices—. ¡¿Qué…?! ¡Despierta, idiota de Bandicoot! ¡Vamos!
El marsupial fue arrastrado de vuelta al mundo de los vivos y comenzó a despertarse. Lo primero que vio fue a un Cortex muy enojado a punto de sacarle los ojos con sus manos… Sonrió a modo de saludo.
—¡MUÉVETE!
Crash procedió a obedecer a Cortex, no sin antes estirarse como todos los días hacía, sacándole una mueca al enano. Finalmente rodó hacia un lado y se paró, mirando curioso al lugar.
—¡No vuelvas a hacer eso!—dijo parándose—. ¿QUÉ? ¡No me digas que no te acuerdas dónde estamos!—gritó escandalizado—. Eso o eres demasiado estúpido…
Crash se rascó la cabeza ligeramente avergonzado, dándole a Cortex una espantosa visión de su axila peluda bien formada. Rápidamente Cortex se dio la vuelta para ocultar su incomodidad y empezó a analizar el extraño lugar en el que estaban. Era una celda. Los comunes barrotes habían sido reemplazados por un campo de fuerza y el lugar estaba extrañamente impecable para ser un lugar en el que guardan prisioneros. También había una cucheta y un váter. Cortex miró más allá de su celda buscando más pistas y se dio cuenta de que no eran los únicos en el lugar. Frente a ellos se encontraba una especie de alienígena metamórfica. Su piel era de color azul y tenía una extraña cola que se movía. Se le veía bastante demacrada, y parecía no darse cuenta de que estaban ellos aquí.
—¡Oye!—gritó Cortex. No hubo respuesta—. ¡Tú, la chica de allí!
La muchacha se sobresaltó ligeramente y giró su mirada, observando detenidamente a los personajes que estaban frente a ella.
—¿Y…yo?—dijo tan suave que Cortex casi ni la escuchó.
—¡Sí, tú! ¿Quién más, pues?—respondió obviamente mostrando su disgusto—. ¿Dónde estamos?
La muchacha se mostró vacilante a responder, sin embargo terminó por levantarse mientras se sacudía su extraña ropa. Se acercó a su campo de fuerza y trató de no tocarlo.
—Este… Estamos en la nave de los horribles gemelos; ¿no lo sabían?
Cortex gruñó entre dientes y pisoteó fuertemente el suelo para deshacer su enojo. ¡Por supuesto que Cortex lo sabía! Era una pregunta retórica.
—¡Esos malditos! ¡¿Cómo se atreven a volver?!—bramó asustando a la alienígena.
—¿Acaso usted… conoce a Victor y Morizt?
—¡Pues claro! ¡Esos malditos bichos! Trataron de asesinarnos una vez—dijo rencorosamente, sorprendiendo a la muchacha—. ¿Y tú qué haces aquí?
—Yo soy un rehén… La hija del rey de la séptima dimensión.
Eso Cortex definitivamente no se lo esperaba. ¿Hija del rey de la séptima dimensión? ¿Había un reino en ese horrible lugar? ¡Pero si la última vez que fue allí estaba todo devastado!
—¡No juegues conmigo, mocosa! ¡Estoy bastante seguro de que en la séptima dimensión no había nada más que la base de esos pajarracos y rocas, y rocas!
—¿Cómo?—dijo ofendida—. ¡Claro que existe un reino; y es el más próspero de todo el universo, si me preguntas! Bueno, lo era hace tiempo…
Cortex estuvo a punto de abrir la boca para expulsar con todo su odio su siguiente argumento, pero Crash puso una mano en su hombro, deteniéndolo en el acto. Una mirada del Bandicoot bastó para calmar los ánimos del enano. Cortex se estremeció y se alejó lo más que pudo de Crash. Cuando pareció más calmado, siguió hablando.
—¿Y cómo es eso posible?—siseó—. ¡Cuando yo fui allá hace tan solo unas semanas, estaba todo desértico! ¡Sin ningún rastro de un reino alguno!
La muchacha, que parecía bastante enojada al ser cuestionada sobre sus orígenes, trató de calmarse contando hasta diez y procedió a explicar.
—Mi nombre es Xiffani II Shard, y les contaré la triste historia de mi reino—dijo con voz melodiosa y suave. Cortex estuvo a punto de negarse, pero Crash rápidamente asintió entusiasmado y se sentó en el suelo, dejando a Cortex sin posibilidades de escapar—. Todo empezó cuando los gemelos llegaron un día a nuestro reino. Habían aparecido en un extraño destello y no sabíamos exactamente qué especie eran, pero se les veía bastante asustados, así que decidimos ayudarlos y darles un lugar en nuestra sociedad. Les dimos trabajo, los ayudamos a incorporarse a nosotros y les enseñamos nuestras costumbres, ¡como a cualquier refugiado! ¡Esos malditos…! ¡Tenían planeado todo! Los primeros meses fueron completamente normales. En ese tiempo, nuestro reino era bastante desconfiado; mi padre ordenaba vigilar a los nuevos habitantes durante un mes para evitar futuros desastres. Ellos pasaron ese mes sin problema, se interesaron en la política y subieron peldaños lentamente, ganándose así confianza de mi padre. Allí comenzó el infierno… Empezaron una revolución secreta con motivos bastantes despreciables: no les bastaba el tener un alto rango y mucho dinero para gastar en tonterías, ¡querían todo! Planearon cada detalle y empezaron a moverse justo después de que estuvieran en un buen punto de vista de los de arriba. Juntaron a todo aquel que estaba en contra de mi padre y sus mandatos, y atacaron sorpresivamente una noche. Arrasaron con todo… Atraparon a prisioneros, destruyeron nuestra cultura y asesinaron a miles, entre ellos mi padre… Después de todo eso, ellos se habían hecho con un increíble poder, así que traicionaron a esos mismos que alguna vez los consideraron sus aliados y quedaron solo ellos dos.
Crash, que estaba bastante absorto en la historia, empezó a lagrimear y chorrear mocos. Cortex sin embargo, estaba en el otro extremo de la celda con una expresión de aburrimiento. Su insensibilidad era tal, que ese tipo de cosas ya no le afectaban. Él hace mucho tiempo hacía cosas parecidas cuando su trabajo aún estaba a flote.
—Mi mamá, yo y, junto con algunos habitantes, logramos escapar. Nos establecimos detrás de una montaña lo más lejos que pudimos y empezamos un nuevo reino lo más discreto posible. De repente, nos llegó una gran noticia: los gemelos habían sido derrotados por unos héroes desconocidos—dijo con los ojos brillantes. Crash infló su pecho en orgullo y a Cortex se le escapó una pequeña sonrisita de satisfacción, pero rápidamente cambió a una de horror al ver que era llamado «héroe»—.¡La noticia fue un estallido para la moral del reino! La economía mejoró drásticamente, nuestras relaciones con los demás reinos prosperaba; ¡todo iba de maravilla!—casi gritó de alegría. Pero su cara cambió lentamente a una de tristeza—. Pero las cosas buenas no duran para siempre… Los mismos gemelos volvieron esta vez, pero con un aliado demasiado poderoso… Que extrañamente se parece a ti—dijo refiriéndose a Crash. Cortex rápidamente unió cables y el resultado fue catastrófico, pero aún no quería pensar nada—. Es casi igual a ti, solo que su cabello era muy rojo, casi color sangre. Y su expresión era muy terrorífica, ¡sádica…!—y con eso, Cortex confirmó su teoría. Ese maldito Crash malvado—. Al parecer, los gemelos estaban debilitados, no podían hacer nada de lo que antes usualmente hacían. Por eso en vez de intentar atacar el reino, se infiltraron junto con ese extraño humano en mi habitación y me secuestraron con el fin de negociar con mi madre. «El reino por su hija», fue lo que dijeron. Por eso es que estoy aquí.
Cortex acarició su barba, analizando la historia de Xiffani. Cuando él, Crash y Nina los derrotaron aquella vez, quedaron bastante debilitados, perdiendo su trono como amos del universo. Y, por lo que ella dijo, los gemelos se habían encontrado de alguna forma con Crash malvado, lo terminaron convenciendo de alguna forma y lo unieron a su bando para sus propios propósitos personales. No supo qué pensar cuando Xiffani dijo que era casi igual que Crash… Eso significaba que también lo habían transformado en humano, ¿pero por qué?
También esa fue una de las razones por las que querían cristales. Estaba seguro de que esos pájaros tenían formas más eficientes para obtener energía, pero las cosas habían cambiado para ellos y ya nos les era más fácil. Aunque aún no sabía por qué habían atrapado al imbécil de Crash
—Tu historia es bastante triste…—dijo dramáticamente, recibiendo un asentimiento de Xiffani—. Pero si quieres vengar tu reino, ¡lo primero es tratar de salir de aquí!
Xiffani hizo una mueca ante la palabra «vengar», pero no dijo nada. Su reino acostumbraba a ser pacifista.
—¿Pero cómo es que saldremos de aquí? Estos campos de fuerza son impenetrables, y no veo forma de desactivarlos.
Cortex hizo una mueca y empezó a mirar el pasillo. Había más celdas como la suya, pero estaban fuera de servicio al parecer. Ellos tres eran los únicos que estaban allí, y si Cortex no recordaba nada mal, los campos de fuerzas como estos dependían de algo.
—Al parecer esos idiotas no innovaron nada…—dijo maliciosamente—. ¡Allí, mira!—dijo señalando un enorme foco azul cerca de la entrada—. ¿Ves ese foco de allí? Si destruimos eso, este campo de fuerza se irá, ¡y podremos salir de aquí!
Xiffani miró asombrada a Cortex por el rápido plan de escape y sonrió feliz. Pero la duda rápidamente asaltó su cara.
—Tenemos un objetivo, pero no un plan. ¿Cómo llegaremos a ese foco?—dijo señalando lo obvio—. ¿No pensarás que tengo una capacidad especial para atravesar paredes o algo así, verdad?—dijo y las esperanzas de Cortex se arruinaron… otra vez; pero escondió su decepción magistralmente.
—¡Claro que no! ¿Por qué idiota me tomas?—dijo señalando discretamente a Crash—. Alguien debe de venir cada tanto a dejarnos comida o algo así, ¿verdad?
—Sí, viene una chica a traernos la comida, ¿pero por qué?—preguntó curiosa.
Cortex sonrió diabólicamente y señaló a Crash que se estaba rascando la cabeza.
—Este tonto de aquí será nuestro boleto de salida.
Coco estaba histérica. Habían pasado horas desde que había visto su hermano y a Cortex por última vez siendo arrastrados por esos maniáticos. Por supuesto, la impotencia no tardó en llegar. Pidió/ORDENÓ a Aku Aku que la lleve inmediatamente a casa, sabiendo que él no tenía permitido hacer tal cosa, pero no le interesaba ahora mismo esas tontas reglas.
Apenas llegó a casa, Coco se mudó a su laboratorio y empezó a trabajar y a convivir con la suciedad y la rata de la esquina. Horas habían pasado y ella seguía en lo suyo. Aku Aku estaba detrás de ella y la miraba bastante preocupado. Sin embargo no intervino para nada. La conexión entre hermanos de Crash y Coco era muy delicada; ¡separados no funcionaban! Cuando Crash encontró a Coco, tan sola y media muerta entre la jungla meses después de haber escapado de Cortex por primera vez, tocó una parte de su corazón. Verla ahí desesperada, y con las esperanzas por los suelos. La acobijó en su cabaña y con ella vino un nuevo sentimiento para Crash. El sentimiento de una familia. Coco, por otro lado, no pudo evitar encariñarse con Crash rápidamente. Pasar de los horribles tratos del castillo, seguidamente de la peligrosa jungla, hasta una cabaña calentita con alguien amable que quería cuidar de ella, fue la gloria para Coco.
Aunque ya llevaba cinco horas sin descanso y Aku Aku estaba comenzando a desesperarse…
—Coco…—trató. No hubo respuesta—. Coco. ¡Coco!
—¡Silencio! ¡Ya casi termino—respondió con un ligero asomo de locura.
Aku Aku hizo una mueca, pero trató de no presionar a la muchacha. Su buena fe volvió al ver como Coco terminaba se entretenía con lo que al parecer era la etapa final de su invento. Ajustó unos tornillos y le dio unos golpecitos a los lados, hasta que finalmente terminó. Aku Aku miró a la obra maestra. Era una extraña esfera de metal de tamaño un poco menor que el de una pelota. Tenía un pequeño panel con algunos botones y se veía bastante pesada.
—¡Terminé!—dijo Coco mientras apretaba un gran botón verde—¡Con esto estaremos un paso más cerca de encontrar a Crash!—gritó en extremo feliz. La máscara no pudo evitar contagiarse un poco de la alegría a Coco y miró curioso a la esfera.
—¿Cómo esto nos ayudará a encontrar a N. Gin?
Coco sonrió misteriosamente y sintió un impulso que provenía del abismo de su corazón… Trató con todas sus fuerzas detenerlo, pero sin embargo no pudo. Sacó su cámara e hizo una foto ante la mirada de desaprobación de la máscara.
—Lo llamo «CristalR». ¡Esta maravillosa esfera de aquí nos ayudará a rastrear el acorazado de N. Gin!—dijo mientras liberaba la foto y la guardaba en un lugar seguro—. Está especialmente configurada para rastrear residuos de cristales. Como ya sabrás, ellos utilizan los cristales para dar energía a sus máquinas. ¡Apretaré este gran botón de aquí y nos indicará los residuos más cercanos!
—¡Ya veo!—dijo bastante sorprendido.
Coco sonrió orgullosa de su nueva creación y sintió la necesidad de restregarle su invento en la cara granosa de N. Gin. «Todo a su tiempo, Coco», pensó. Rápidamente tecleó algunos botones. La esfera comenzó a flotar levemente y empezaron a salir pequeñas luces de la misma, pasando unos minutos. Cuando Aku Aku y Coco estuvieron a punto de estallar de la impaciencia, la muchacha apretó finalmente el mismo botón verde y el CristalR empezó a sonar ruidosamente.
—¡Allí, mira!—gritó Coco mientras señalaba la pantalla—. ¡Tengo algo! ¡A 129 km existe una gran cantidad residual de cristal de energía en el mar; debe ser N. Gin! ¡Rápido, a la nave!
Aku Aku sonrió y siguió a la muchacha. Coco hacia su tele transportador, pero en vez de utilizarlo como normalmente lo hacía, hizo que la plataforma se diera vuelta. Allí estaba la nave, con un color rosa chillón y su munición radioactiva lista para disparar. No la había usado desde que se enfrentó a Gin hace algunos años.
La muchacha caminó rápidamente hacia la nave y la abrió desde arriba.
—Iremos en nave por si ese cohete en la cabeza le ha hecho aún más idiota y decide atacarnos—explicó—. Además llegaremos más rápido.
Aku Aku asintió, entró y se acomodó como pudo. Coco siguió después de él y encendió la nave. La luz la invadió y comenzó ascender. Coco apretó algunos botones y colocó algunas coordenadas en la computadora que estaba al lado de ella, siendo tele transportados fuera de la isla. Ese increíble aparato estaba en casi desuso, y la poca energía que le quedaba había sido a penas suficiente para sacarlos fuera de casa. Ni quería imaginar cómo es que harían para hacer entrar la nave dentro de la casa.
—¡Vamos!
Coco jaló la palanca de cambios hacia «velocidad máxima», y los propulsores de la nave se activaron con un ligero estallido. Ella estaba acostumbrada a la nave, pues tuvo que pasar un buen tiempo en el espacio piloteándola una vez, pero la máscara estaba acorralada en lo más natural que podía encontrar: la silla de cuero.
—Discúlpame—dijo apenado—. Es que aún no me acostumbro a la tecnología… Parecía que fue ayer cuando el humano descubrió el fuego.
Coco se rio ligeramente y siguió manejando. Después de unos minutos, no tardó en avistar el acorazado de Gin. De tamaño de más de un kilómetro y de ancho como 200 metros, era muy difícil no verlo en la lejanía.
—Ahora viene la parte difícil—dijo Coco con nervios mientras apretaba los timones.
—¿Cómo?—dijo la máscara curiosa—. Creí que lo difícil era ese invento que estabas haciendo, ¿no? Ahora solo nos queda pedir ayuda a N. Gin.
—Bueno… No en realidad—dijo mientras disminuía de velocidad y prestaba más atención—. En realidad fue bastante fácil el hacer ese invento. Ahora tenemos que tener cuidado con Gin y acercarnos lo más cautelosamente posible.
—¿Por qué?
—Porque me detesta a mí y a mis armas e inventos; no dejará que me acerque.
Aku Aku no entendió demasiado lo que Coco quiso decir, pero sus preguntas fueron rápidamente respondidas al ver cientos de misiles que se dirigían hacia ellos.
—¡Coco! ¡¿De qué se trata esto?!
Coco solo le sonrió a la máscara como respuesta y acto seguido empezó a esquivar y destruir misiles tanto como pudiera.
.
—¡DISPARENLEEEE! ¡RÁPIDO! ¡NO DEJEN QUE SE ACERQUE!
Los demás mutantes miraban aterrorizados a general mientras apuntaban al OVNI rosa chillón que se acercaba a ellos. No sabían qué les daba más miedo: el mal humor de su general, o que esa extraña nave esquivase y destruyese cada uno de sus misiles, o que sus láseres no tengan efecto. Sumándole que sus gemas explosivas no hacían ni un mísero rasguño a la nave.
N. Gin miraba consternado a la gran pantalla que mostraba a la nave de Coco. Cada vez que ella destruía un misil, se arrancaba un pelo. Cada vez que veía que sus láseres pasaban al lado de ella como si nada, pateaba el suelo y evitaba hacer una mueca de dolor al sentir lo duro que era.
—¿General?—preguntó una mujer esperando respuestas de Gin—. ¿Quién está en esa nave y por qué le tiene tanto miedo?
El gordito se dio la vuelta mirando a Benson como si estuviera diciendo el peor de los sacrilegios.
—¿CÓMO?—dijo dramáticamente mientras trataba de cambiar su cara—. ¡Yo no le tengo miedo a esa pulgosa! ¡Grrrr!—respondió casi arrastrando las palabras—. ¡Escucha, Benson! ¡Esto es algo que solo mis verdaderos camaradas saben; así que presta atención!
El almirante percibió la voz seria de su jefe y rápidamente se puso recta y miró firmemente hacia delante, esperando el secreto máximo.
—¡Señor!
—¡La mujer que va manejando no es nada más ni nada menos que Coco Bandicoot, mi archienemiga!—dijo con toda la seriedad del mundo.
—¿Qué…? ¿Su enemiga…?
—¡Así es! ¡Construye mejores armas que yo! ¡Mejores robots! ¡Y LO PEOR…! Sus inventos tienen mejores diseños que los míos… Ah, y también me derrotó una vez. ¡Es mi prioridad máxima el superarla! ¡Atiende bien, Benson! ¡Es la batalla del milenio!
La cara de Benson se descolocó unos segundos y miró un poquito incrédula a su general. ¿Archienemiga? No sabía que él tenía una, y tampoco sabía que Gin había sido derrotado. No por nada era el mejor en robótica en la academia Amberly en su momento.
—¡Le dimos!—gritó uno de los mutantes que manejaba la consola de misiles—. ¡Cayó en las cubiertas!
Gin, que estaba a punto de empezar a hablar mal de Coco y su espantoso color de cabello, corrió rápidamente hacia el afortunado mutante que probablemente se ganaría un aumento. Las pantallas señalaban a la nave que se había estrellado en el acorazado.
El general rápidamente corrió a tropezones hacia la puerta blindada que lo separaba a él y el exterior. Estuvo a punto de saltar hacia su destino, cuando su general lo detuvo colocando su mano en el hombro de Gin. Giró la cabeza furioso para pedir explicaciones.
—No se olvide que lo estoy cubriendo.
El general se permitió dejar escapar una sonrisa y tomó su propio lanzacohetes diseñado especialmente para exterminar a Coco. Gin asintió y abrió la puerta. La nave estaba allí. Debajo de ella había un cráter y estaba echando bastante fuego por detrás. Había decenas de mutantes rodeándola y apuntando con todo tipo de armas. El regordete se acercó lo más cautelosamente posible y apuntó hacia la puerta esperando alguna señal. Obtuvo una, pero no era lo que esperaba.
—¿Cómo que nos estrellamos porque olvidaste hacer mantenimiento a la nave? ¡Qué irresponsable, Coco!
—¡Lo lamento! ¡Venimos tan rápido que no me acordé que debía de cambiar el combustible y chequear todo!
—Bueno, no te puedo culpar. ¡Lo importante es que llegamos!
—¡Exacto! ¡Lo que importa es que…! ¡O POR DIOS, ESTAMOS DISCUTIENDO EN EL ACORAZADO DE N. GIN!
Gin no sabía qué pensar sobre lo que había oído. No derribaron a Coco por mérito propio, sino porque fue la culpa de ella. Y tampoco le creían lo demasiado importante como para salir de su nave y encararlo. ¡Dos golpes a su orgullo en un día; qué pena!
La puerta rápidamente se abrió y apareció una Coco muy asustada. Aku Aku se había escondido detrás y la estaba protegiendo con sus poderes por las dudas. Gin se sorprendió bastante al ver quién estaba dentro de la nave. Cortex le había contado que iba a transformar a los Bandicoots en humanos para llevar a cabo su venganza final, pero al parecer no salió como él habría querido. Todavía no se acostumbraba al ver el bonito aspecto de la Bandicoot, ¡pero eso no cambiaba nada! ¡Era la misma odiosa y pulgosa mujer que lo superaba en todo!
—¡Alto! ¡Antes que disparen…!
—¡SILENCIO!—interrumpió furioso—. ¡Disparen a mi señal! ¡Uno… Dos… T…!
—¡Se trata sobre Cortex!—gritó con sus últimas esperanzas.
—…reeeeeeeeeeeeeeeeeee… ¡BAJEN LAS ARMAS YA MISMO!
Inmediatamente todos acataron las órdenes de su jefe, sin embargo no bajaron la guardia. Coco seguía siendo una infiltrada en su acorazado después de todo.
—¡El Doctor Cortex! ¡¿Qué pasa con él?! ¡¿Acaso tú tienes que ver algo con su desaparición?!—dijo mientras su cohete echaba fuego.
—Está bien… ¿Qué te parece si primero nos calmamos un poco y charlamos como personas civilizadas que somos?—respondió pacíficamente. Tenía que tratar a Gin con guantes de seda, pues era el único que los podría ayudar de momento.
El susodicho miró con extrema desconfianza a Coco, pero se vio obligado a escucharla. No había tenido noticias de Cortex desde hace más de un día y se estaba empezando a preocupar. Tropy y Brio estaban empezando a preguntarle si sabía dónde estaba y ya no podía engañarlos más.
—Está bien, ¡pero no intentes nada! Te estoy observando…—dijo con ojos de pistola—. ¡Benson, acompáñalos hasta el recibidor inmediatamente!
—¡Sí, señor!
Coco observó curiosa a la mujer que camino hacia ella y le indicó que la siguiera. Era bastante alta, con cabello marrón y ojos negros. Era bonita, si se lo preguntaban. Decidió seguirla rápidamente y le señaló a Aku Aku que se escondiera en la pluma de su bolso.
Los mutantes abrieron rápidamente el paso a sus superiores. Gin se perdió entre los pasillos y Coco trató de no salir corriendo ante la presencia de la mujer. Entraron al acorazado y cuando sintió que estuvo a punto de estallar de nervios al caminar por tantos pasillos, finalmente llegaron a una gran puerta doble de color marrón oscuro que se veían bastante pesadas.
La mujer de aspecto intimidante las abrió como si fuesen plumas. La sala contrastaba de forma abrumante contra la decoración del acorazado, parecía una mansión antigua. Gin estaba sentado en uno de los sillones frente a una chimenea mientras se entretenía bebiendo una tacita de té.
—¡Al fin! Siéntate—ordenó el general impacientemente mientras le servía a Coco una taza de té.
Coco obedeció rápidamente mientras que Benson se colocaba detrás de Gin. Decidió tomar un sorbo de la taza y atrapar una rodaja de pan que había en una canasta. No había comido nada desde que secuestraron a Crash y a Cortex.
—¿Me vas a decir dónde está ahora el Doctor Cortex? ¿O vas a seguir haciéndote la misteriosa?—dijo lo más intimidante posible. Si tomabas en cuenta a Gin, parecía casi un niño, pero Coco no debía desestimar la mujer que estaba detrás, que la miraba profundamente.
—Esto es un poco difícil de decir, pero…—dijo lentamente y siguió hablando al ver como Gin empezaba a perder la paciencia—… Cortex fue secuestrado junto con Crash por los gemelos malvados.
—¿QUÉ?
Gin se levantó como poseído del sofá y miró a Coco como si tuviera una segunda cabeza. Coco sonrió nerviosamente e intentó otra vez.
—Cortex y Crash fueron secuestrados por los gemelos malvados—repitió—. Aún no sé por qué.
—¿P-p-pero cómo? ¿CÓMO es posible eso? ¡Se supone que ustedes los habían derrotado!—dijo histéricamente y a la vez que hacía muecas graciosas de incredulidad—. ¡Me estás mintiendo! ¡Ustedes le hicieron algo a Cortex!
Coco se llevó su mano a su pecho ofendida y se paró también, mirando con odio a Gin.
—¡¿Cómo te atreves a decir eso?! ¿Sabes todas las oportunidades que hemos tenido para asesinar a Cortex y no lo hemos hecho? ¡Deja de decir esa sarta de estupideces, idiota!
N. Gin se detuvo abruptamente y se quedó sin argumentos. Admitió que Coco tenía razón. Pero no por eso quitó su cara irritada.
—¿Entonces fueron secuestrados porque sí?
—OBVIAMENTE que no. Cuando todos esos robots llegaron, fueron directamente por Crash y los cristales que les habíamos dado a Cortex por el trato que hicimos. Y él, bueno… fue arrastrado por la confusión, al parecer.
Gin soltó un suspiro de decepción y volvió a sentarse en el sillón. Creía esa parte de la historia porque Cortex era bastante territorial con respecto a sus cristales, pudiendo ir contra el mundo entero si alguien osaba hurtar alguno de ellos.
—¿Y esperas que te preste mi ayuda?—dijo deduciendo rápidamente las cosas.
—Así es…—dijo con un poco de miedo—. Si ambos vamos en su búsqueda, estoy segura de que podremos encontrarlos. Además, están los… «otros». ¿Verdad?
—Brio y Nefarious no se encuentran de momento. Salieron en busca de más cristales para alimentar a todas nuestras máquinas, incluyendo este acorazado—dijo para decepción de Coco—. Te ayudaré.
Coco rápidamente sonrió y soltó un pequeño grito de victoria mientras tenía cuidado de no derramar su té.
—¡Pero que conste que te presto mi ayuda solo por el doctor Cortex! ¿Entendido?
La rubia asintió rápidamente. Gin se paró nuevamente y despachó suavemente a Benson, asegurándole que estaría bien. La mujer asintió a regañadientes y se retiró con paso fuerte de la habitación.
—Sígueme—dijo y salió por la puerta opuesta en la que Benson había salido, obligando a Coco a terminar su té y su rodaja de pan.
La muchacha siguió los pasos de su nuevo aliado, siendo trasladados nuevamente a los pasillos. Coco puso toda la fuerza de su voluntad para aguantar el mismo calvario de nuevo y se quedó callada. Esta vez el camino fue sin dudas más corto. Atravesaron algunas puertas y doblaron por algunos pasillos. Se cruzaron con algunos mutantes en el camino que saludaron con respeto a su jefe y que miraron de forma rara a Coco; Era bastante raro ver a Gin caminar al lado de otra mujer que no sea Benson.
Al final del camino, se detuvieron en el laboratorio personal del general. Este entró rápidamente y Coco fue detrás de él.
A diferencia del laboratorio de Cortex, en este no habían frascos llenos de líquidos por todos lados, ni contenedores con aspecto sospechoso. Aquí habían algunas computadoras, herramientas. Muchas herramientas, además de inventos por todos lados ubicados perfectamente y armas que cualquiera se podría imaginar. Coco aprovechó y sacó una foto secretamente.
—Para empezar, tenemos que saber a qué nos estamos enfrentando—dijo mientras traía cajas de herramientas y algunos materiales.
—Por lo que Crash me contó aquella vez, parece ser que utilizan la misma tecnología que antes. Pero no podemos estar seguros. No creo que ellos volverían con lo mismo sin tener un as bajo la manga, ¿verdad?
N. Gin miró receloso a Coco y admitió otra vez que era muy astuta.
—Por cierto, ¿cómo fue que me encontraste?—preguntó desconfiado—. ¡Siempre me aseguro de no dejar rastro por donde voy!
Coco sonrió arrogantemente y sacó el CristalR de su bolso. Se aseguró de hacerlo ver como una joya frente a Gin, y funcionó. El general se acercó lentamente y comenzó a examinar lo que Coco tenía en sus manos.
—¿Ves esto? Rastrea residuos de cristales. Encontrarte fue tan fácil como… eh… ¡Peces en el mar!—dijo orgullosa.
Gin se lo arrebató de sus manos ante la mirada de enfado de Coco y lo comenzó a mirar con más detenimiento.
—Por lo que me dijiste, los gemelos malvados habían robado los cristales del Doctor Cortex, ¿verdad? Entonces eso quiere decir que los utilizarán. Nosotros usaremos esto para encontrarlos
Coco abrió la boca sorprendida. No había pensado en eso, pues en ese momento su mente se había nublado y lo únco que pensaba era en pedir ayuda.
—¡Esa es una increíble idea!—dijo para el bochorno de Gin—. Pero solo conseguí tu rastro… ¿Deberíamos ampliar su rango de detección?
Gin asintió y dejó el CristalR en el banco de trabajo más cercano. Fue a su depósito y trajo algunas herramientas, cables y un poco de plata.
—Le instalaremos una antena de plata. Esto debería de mejorar bastante el rango de detección.
Coco asintió rápidamente y comenzó a desarmar el CristalR mientras que Gin comenzaba a pelar los cables y a darle forma al metal.
Una hora después, el CristalR tenía una antena del tamaño de un puño lista para funcionar. Ambos sonrieron al producto final, pero se estremecieron al darse cuenta que habían trabajado juntos en algo sin intentar arrancarse los pelos. Coco no sabía si alegrarse o asustarse por eso.
—¿Qu…qué te parece si lo probamos?—dijo Coco mientras se peinaba el cabello y trataba de expulsar la sensación de incomodidad.
N. Gin asintió rápidamente nervioso y procedió a encender el aparato. Fue exactamente como la otra vez, solo que en la pantalla aparecieron no solo los residuos del acorazado, sino que también a unos 600 kilómetros al norte se detectaba una pequeña cantidad que se alejaba rápidamente.
—¡Allí, deben ser Crash y Cortex!—gritó Coco feliz al dar con ellos. Gin la miró secretamente y se preguntó desde cuándo pensaba también en Cortex—¡Rápido, tenemos que alcanzarlos.
—Iremos en una de mis naves más fuertes—añadió Gin a la vez que caminaba hacia un ascensor. Coco no tardó en darse cuenta a qué nave se refería.
—Oh—dijo Coco incómoda—. Esa es la nave…
—Sí, la que destruiste en el espacio años atrás. Pero no es momento para pensar en el pasado, ¡tengo que ir por el Doctor Cortex! Y tú también deberías de pensar en Crash.
Coco rápidamente recuperó la compostura y asintió. Tomó el CristalR y ambos subieron el ascensor. A diferencia de cualquier ascensor normal que uno podría encontrarse en un edifico, este ascendía unos pocos metros y se desviaba hacia la derecha o izquierda. En este caso, Gin apretó un botón que decía «2» y el ascensor los llevó hacia la derecha.
Inmediatamente se instaló un incómodo silencio. Coco se sacó un cabello de su cara para tratar de aliviar su tensión y miró a N. Gin.
—Entonces… ¿cómo te ha ido?—preguntó lentamente. Gin la miró.
—Bien. Cosas de villanos, ya sabes.
Coco decidió que no era lo mejor hablar con él. Después de unos segundos, el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Lo primero que Coco vio fue la exuberante y ostentosa nave de N. Gin en forma de óvalo que había usado años atrás. Solo que esta vez se veía aún más moderna, si es que fuera posible. Algunos lanzamisiles habían cambiado de diseño y esta vez se veían más blindados. Los láseres se habían triplicado y el lanza gemas era mucho más grandes. Además, Coco pudo ver algunas armas que no alcanzó a reconocer, pero que se veían bastante peligrosas.
—Por aquí—dijo Gin, sacando a Coco de sus pensamientos.
El regordete sujetó una escalera movible de alrededor de 5 metros y la movió hacia la puerta de la nave. Le indicó a Coco que subiera detrás él, Gin un poco agitado por el ejercicio y Coco nerviosa. Dentro de la nave el espacio abundaba más de lo que uno creía, hasta había algo de decoración.. El general se sentó en la silla de piloto y Coco se sentó en otra a unos metros como copiloto.
—¿No habrá problema aquí en tu acorazado? ¿Saben que te marchas?—preguntó Coco mientras observaba la posible posición de Crash y Cortex.
—Benson sabe que me voy. Y cuando yo no estoy, ella es la que está al mando. No hay nada de qué preocuparse—respondió mientras encendía la nave y abría el techo del acorazado—. ¿Lista?
Coco tragó saliva y asintió. Observó una vez más a la posición y se fijó que se habían alejado unos 100 kilómetros tan solo en unos minutos. Debían de apurarse.
—Vamos.
.
.
.
¿Les gustó? ¿Estuvo horrible o bueno? ¡Dejen reviews! Ya saben que es el combustible de mi alma.
