Debido a que en una semana me iré de vacaciones fuera de mi ciudad y estaré fuera quise colgar el último capítulo que tenía a medias de esta historia. Se que no está siendo leído por mucha gente (puedo ver las visualizaciones que tiene y son paupérrimas); así que el tiempo que esté fuera me dará el tiempo suficiente para decidir si continuar con este tipo de escritura o no.
Pairings: alguien por privado me preguntó si esta historia tendría levihan... Yo solo shipeo Levihan o AuruoxPetra. Y dado que los últimos están muertos, obviamente sí. Habrá escenas levihan. Pero narradas a mi estilo.
Disclaimer: snk pertenece a Hajime Isayama. Que tras darnos un gran capítulo que fue trending topic nos regala uno en que todo el mundo no paramos de preguntarnos dónde están esos dos personajes en concreto.
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El concepto de día libre era algo errádico en el ejército. Desde que había acabado la batalla en Shinganshina no habían tenido demasiados de esos días libres. Hasta hace poco habían vuelto al muro Maria intentando acelerar el proceso de destrucción de titanes. Probando los nuevos diseños de lanzas trueno que había desarrollado la comandante.
Pero apenas habían conseguido recuperar unas hectáreas. Al menos habría algo más de cultivo para el próximo mes. En ocasiones, notaba que no necesitaba alimentarse como antes. Ni descansar tanto como lo hubiese necesitado antes. Apenas hacía unos meses que tenía aquel poder pero sentía que sus debilidades también mermaban conforme se acostumbraba a usar aquellos poderes.
Pero tenían restricciones, demasiadas restricciones. Eren tenía otras posibilidades. El sólo hecho de poder combinar aquellos dos poderes en pruebas de campo había conseguido que ellos acabasen victoriosos en todas aquellas ocasiones. Pero su poder era limitado. Le costaba controlar el desvanecimiento o el endurecimiento de su titán. Incluso sus pasos los sentía torpes cuando se encontraba controlando a su avatar.
Cada vez pensaba que la razón de que él continuase allí, existiendo, no tenía ningún sentido. Estaba tumbado boca arriba observando los planos que le había dado su comandante semanas atrás. No veía ningún error en sus cálculos. La proporción del material parecía correcta. Pero demasiado peligrosa. Habían intentado algunas pruebas utilizando sus propios titanes como sujetos de prueba.
Pero parecían excesivamente potentes. Detonadas a distancia podrían resultar letales. Pero eran peligrosas para el que las activaba si se encontraba demasiado cerca.
Se giró en su cama intentando anotar algo mentalmente. Detonar a distancia... Tal vez con un nuevo gatillo percutor podria solucionarse. Algo que permitiese activar el arma cuando quisieran, como si se tratase de una mina a distancia. Se incorporó algo mareado. Sin duda, podía intentar comprender que clase de mecanismo era necesario para poder intentar lo que pretendía. Pero no conseguía concebir como podría alterar aquel mecanismo.
Se resignó al fin. Aquello era una idea, pero la inventora era la única que sabía como modificar aquel mecanismo para abordarla. Desde que obtuvo sus poderes comenzó a notar que no necesitaba dormir tanto. Ni tomar tantos alimentos. Ni tan siquiera notaba que necesitase días libres. Así que con algo parecido a una idea salió de aquella habitación vacía dispuesto a sacrificar su día libre para encontrarse una mañana más con su comandante.
Los angostos pasillos del cuartel parecían mayores mientras eran bañados por la luz que entraba desde el exterior. Y el silencio reinaba en todos aquellos pasillos. El resto de sus compañeros se tomaba en serio aquello de disfrutar del tiempo libre. Salvo Eren, que desaparecía ese día y solía encontrarlo en lo alto de las murallas simplemente mirando al horizonte.
Seguramente aquel día también habría subido a aquellos desvastados muros de piedra. A permanecer en silencio buscando alguna figura extraña que se reflejaba sólo en sus pupilas y que era invisible al resto del mundo.
Si atravesaba el patio central llegaría al edificio principal. Donde su comandante pasaba todos los días encerrada en el despacho intentando inventar nuevas armas que les permitiesen defenderse si eran atacados. Mejorando aquella elegante guillotina que masacraba día a día a los titanes que habían conquistado su territorio.
Sintió una pequeña sensación de ceguera al abandonar los barracones inferiores, dónde se alojaba junto a sus compañeros. Alejados de los que compartían solamente dos personas, sus superiores. El sol le quemó las retinas y tuvo que parpadear varias veces antes de continuar. Después de varios días de lluvia aquel día hacia sol.
No le extrañó encontrar a varios de sus compañeros agazapados en una esquina disfrutando de la luz del sol... Volvió a parpadear impresionado por la imagen que estaba viendo. Jean, Connie y Sasha permanecían expectantes en una esquina presionados contra la piedra de éste mirando hacia el otro lado. Parecía alguna especie de juego que parecian haber inventado.
- ¿Qué estáis haciendo? - se acercó por detrás notando que se alteraban al sonido de su voz.
- Joder, Armin baja la voz – bufó Jean asombrado. Se giró hacia el otro lado comprobando algo en la lejanía – Ven, agáchate. Si nos ve, nos obligará a correr por el cuartel hasta que anochezca.
- ¿Ver? ¿Quién? - preguntó mientras hacía caso de las órdenes de su compañero.
- Fíjate. Al lado del abrevadero de los caballos. Junto al establo – señaló Connie intentando disimular.
Intentó seguir el camino de su dedo. Señalando justo dónde emergían varias balas de heno apiladas en una esquina. Dos figuras se encontraban sentadas en el suelo. Una al lado de la otra, una de ellas parecía sostener un libro y recitaba en voz alta. Le costó diferenciar a las dos figuras a la distancia. Pero una de ellas, la más pequeña, era claramente reconocible.
- ¿La comandante y el capitán? - articuló algo inexpresivo.
Realmente notaba que quería intentar hablar con su comandante para explicarle la idea que acababa de tener. De discutir con ella si realmente podía modificar el mecanismo para convertirlo en una mina a distancia o capaz de ser detonada por su portador. Pero algo en aquella postura le resultaba familiar, como si un extraño recuerdo emergiese en él.
La comandante parecía extrañamente exhausta mientras leía aquel libro en voz alta. Pero el capitán solo callaba mientras la miraba tranquilo. Tal vez era su mirada. Apenas parecía tener un registro de expresiones, pero algo en aquella mirada le resultaba familiar. La intensidad. Cómo si hubiera visto la intensidad de aquella mirada en alguna otra persona. Se rascó la sien intentando recordar.
- ¿Qué se supone que están haciendo? - expresó Jean mientras se agazaba más junto a la pared – El libro que lee Hanji-san es el mismo que encontrásteis en el sótano de Eren. Lo ha leído mil veces, ¿también va a leerlo en su día libre?
- Ellos... nunca descansan – Fue lo único que pudo articular Connie mientras se resignaba en su vigilancia – Hace un mes, cuando la comandante decidió darnos un día libre antes de ir a realizar prácticas con las lanzas trueno, también los vi en una escena similar.
- ¿A qué te refieres?
- Dias atrás había llovido, y la madera de los establos goteaba. El capitán y la comandante estuvieron arreglando el tejado. Para que los caballos no se mojasen y enfermasen antes de la misión.
- Entonces tal vez estén leyendo ese libro para hacer algún tipo de prueba...
- En realidad, no parece que estén haciendo nada – Jean se rascó sus cabellos castaños y se dirigió hacia Armin – ¿Tú que opinas? Tú sueles pasar bastante tiempo con la comandante arreglando nuestros equipos y desmontándolos.
- ….. - no sabía como contestar a aquello. Había habido innumerables ocasiones en las que había percibido algo extraño pero nunca se había parado a pensar – El capitán y la comandante siempre trabajan juntos. Incluso antes de morir el anterior comandante, ya hemos combatido junto a ellos. No comprendo porqué hoy os habéis obsesionado con espiarles. Deberíamos irnos.
- Se parecen a ellos – afirmó Sasha de repente mientras sonreía complacida.
Los tres chicos se giraron hacia ella. Parecía que sus mejillas se sonrojaban recordando alguna escena vivida anteriormente. Sonreía complacida mientras acariciaba su cabello. Dudaban mucho que hubiera visto a algún soldado en aquel cuartel trabajando en equipo incluso en su día libre. Ellos eran los últimos incorporados y los últimos supervivientes. Apenas habían tenido tiempo de conocer al resto de soldados que perecieron en batalla. No recordaban a qué soldados podrían parecerse.
- ¿A quién se parecen? - gesticuló Armin al fin.
- Se parecen a ellos. A mis padres.
Una extraña sensación eléctrica le recorrió el cuerpo. Por un momento había olvidado que ambos también eran seres humanos. Si analizaba su postura podía ver que la comandante se apoyaba ligeramente en su hombro mientras se relajaba comentando alguna teoría de una hoja en concreto. Y el capitán permitía el apoyo y lo aseguraba con su pierna, impidiendo que se cayera.
Tal vez ellos eran aún demasiado jóvenes para comprender la carga que suponía ser los únicos adultos en un batallón formado única y exclusivamente por adolescentes. Probablemente su pensamiento fuese mucho más complejo del que ellos pudiesen entender o abarcar. Pero la mirada que él le dirigía cada vez era más parecida a la que recordaba de su propio padre.
Creía que la había olvidado. Ellos dos habían muerto siendo demasiado pequeño, apenas podría distinguir sus caras entre el gentío si los viese en este mismo instante. Pero su subconsciente recordaba aquellas escenas matutinas mientras leían el periódico y su abuelo servía la mesa.
- Creo que deberíamos aprovechar el día libre tal y cómo nos han mandado – se levantó del suelo desistiendo de hablar ese día con su comandante. Habría otras ocasiones – Creo que en la ciudad había un recital de música, podríamos ir.
- ¿Armin? ¿Te vas? ¿No tienes interés por saber si van a hacer algo? Es raro verlos escondidos a solas... - masculló Connie en actitud pícara.
- ¿Sabes Connie? Ellos dos han sobrevivido a muchas más cosas que nosotros. Creo que sería una falta de respeto que tengan que seguir fingiendo que leen un libro porque le hemos quitado su privacidad – Jean se giró por instinto ante sus palabras comprobando que Hanji llevaba más de media hora leyendo la misma página – Todos merecemos tener un día libre y poder tener intimidad.
Cómo si la culpa cargase con los tres chicos se retiraron lentamente avergonzados de aquella pequeña esquina. Tal vez sería mejor seguir la sugerencia de Armin y ver el festival. Ninguno de los que allí había podía llegar siquiera a intuir que ocurría entre los veteranos de su escuadrón cuando estaban a solas. Pero Armin tenía razón, habían visto partir a demasiados de sus viejos compañeros para que los últimos llegados les arrebatasen el único instante en que podían hablar de ello a solas.
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- Jean, Connie, quiero que vosotros os dirijáis al este para comprobar el estado de la zona de cosecha. Si veis cualquier amenaza aniquiladla al instante.
- Entendido – dijeron ambos al unísono mientras abandonaban su posición.
- Eren, Armin. Avanzaréis hasta el norte. Creo que podemos abrir un flanco si creáis una pared con vuestro endurecimiento. Os turnaréis para no cansaros. Pero si creamos un muro alternativo podremos trasladar a más aldeanos a esta zona – Los dos chicos asintieron ante la orden de su superior – Quiero que me alerteis si comprobáis que no podéis hacer más de tres copias.
- En el último ensayo podía hacer cinco – Eren parecía extrañamente confiado.
- He dicho tres copias, trata de hacer un muro aprovechando el tamaño del colosal y tu capacidad de endurecimiento. No quiero volver con ambos desfallecidos. Saldremos más a menudo si comprobamos que esta estrategia funciona, así que no necesitáis forzaros.
- …. - de nuevo aquella mirada rebelde. Como si aquella extraña fase de rebeldia aún no le abandonase.
- Descuide comandante – intervino Armin, forzándose a tranquilizarla – Sólo haremos tres copias.
- …... - aún sin estar totalmente confiada se giró a las dos chicas de su equipo – Mikasa y Sasha vendréis conmigo. Quiero probar la letalidad de las lanzas trueno a distancia. Necesito saber a qué distancia son extremadamente peligrosas para cambiar la cantidad de pólvora.
Las chicas asintieron y se reagruparon comprobando que el equipo se adaptaba a sus dedos. Un chico con cabello algo despeinado se acercó con cautela. Otra mirada rebelde. En ocasiones sentía que todos habían decidido pasar por esa extraña fase a la vez. Uno ya era suficiente. Le costaba lidiar con dos.
- Floch... - comenzó a enunciar mientras era consciente de que no aceptaría ninguna orden fácilmente – La guillotina que se encuentra al suroeste parece que está algo atascada, tal vez algún animal o algún pájaro volando haya obstruido el funcionamiento. Quiero que Levi y tú hagáis una revisión del mecanismo y comprobación del estado de las otras dieciséis – finalizó.
- Eso es trabajo de la policia estacionaria – increpó con actitud petulante.
- He dicho que quiero que compruebes el estado de la guillotina que se encuentra en el suroeste – endureció sus palabras mientras se acercaba a él – y de las otras dieciséis.
-...
Apenas pestañeó mientras daba aquella orden. Tal vez su paciencia era más limitada de lo que podía imaginar. Dirigió una última mirada comprobando que no había ningún cuestionamiento más en sus órdenes y se dirigió hacia las dos chicas que esperaban preparadas. Floch llevaba demasiado tiempo aceptando sus órdenes con desgana. Como si realmente con confiase en su criterio. Sacarlo al campo de batalla era demasiado arriesgado.
Necesitaba disciplina. Y no se le ocurría alguien mejor para imponerla que el callado hombre que había dejado junto a él.
Los dos avanzaron andando hacia el mecanismo más cercano, que parecia emitir un ruido intermitente desde lejos. Como si algo permaneciese atascado en alguna de las ruecas. Mientras comprobaban el estado de la zona superior solo había silencio. Revisar dieciséis mecanismos en silencio sería un trabajo excesivamente arduo.
Acarició el metal pulido que contenía una gran tuerca fingiendo que comprendía lo que hacía. Probablemente solo necesitase engrasarse. Y de aquello podía encargarse la policía militar. No era necesario ningún miembro de la tropa de exploración. Se suponia que él debia estar junto a sus compañeros liberando territorio para ayudar a la humanidad. Estar allí revisando enormes bloques de madera y acero le parecía una pérdida de tiempo.
En sus tiempos en la policía militar, solía realizar él mismo aquel tipo de misiones. Comprobar la limpieza de los cañones, revisar el mantenimiento de los muros. ¿Dónde estaba la acción y por qué le mantenían fuera de ella? Dudaba que fuese el mejor con el equipo tridimensional. Pero si que era el único que aún mantenía la cabeza fría en aquel instante. Mientras que sus compañeros o sus propios superiores se dejaban llevar por un alarde de sentimentalismo. Él era capaz de recordar la auténtica misión tras aquellas paredes de piedra: liberar a la humanidad de su exhilio.
El capitán ignoró sus divagaciones y clavó sus espones en la pared. Bajó poco a poco revisando el mecanismo en el inferior. Observó aquellos diminutos ganchos. A tan sólo unos centimetros de sus pies. Si se agachaba, podría soltarlos con la mano y dejar caer a ese hombre a una altura de 50 metros. Aunque fuese considerado el soldado más fuerte de la humanidad, su función ya había terminado. El sólo hecho de seguir sin cuestionar en absoluto las órdenes que emitía aquella mujer le hacía parecer débil. Ahora, solo era un lastre.
El sonido suave y liviano del mecanismo funcionando de nuevo le despertó de sus ensoñaciones.
- Hanji tenía razón.– inició su capitán mientras se dirigía a él – Había varios pájaros atrapados en una de las ruedas dentadas. Puede que intentasen anidar para el invierno. Deberían colocar algún tipo de protección externa para que los pájaros dejen de estrellarse continuamente.
- …... - se mordió el labio mientras contemplaba los animales alados ensangrentados que hacía escasos segundos había arrojado delante de él. Una imagen grotesca y nauseabunda.
- Escribelo en el informe. Y espabila y coge tu caballo. El resto de guillotinas están bastante alejadas.
Casi obedecía por inercia. Como si se limitase a ser algo parecido a aquella máquina que había creado su comandante. Algo que se movía mediante una fuerza exterior y continuaba en movimiento perpetuo solo por mera inercia. El ligero trote del caballo ni siquiera podía mantenerle despierto de su enoñación. Dónde un auténtico líder, que realmente trabajase en el futuro de la humanidad, fuese el que le diese las órdenes.
- Capitán – los nervios aflotaban en su piel mientras se atrevía a pronunciar en aquellas palabras - ¿Por qué confía en la comandante?
- Porque una sola de sus neuronas funciona mejor que todos vuestros estúpidos cerebros juntos – bufó con desgana – Apresúrate. No quiero pasar todo el día mirando chatarra.
- ….- cuando le hacía aquel tipo de preguntas, su capitán parecía esquivar siempre mediante algún tipo de respuesta corta y sin sentido. Pero sabía bien que era sólo fundamentada por el sentimentalismo que había emergido en él en la última gran batalla – Yo... les vi.
- ¿Qué mierda viste, Floch? - notó al instante que sus manos se dirigieron hacia su cinturón, dónde en su espalda escondía siempre una pequeña navaja.
- Hace tres meses. Volvieron juntos cargando con el comandante para enterrarle. Y supongo que algún pedazo de algún soldado que se le antojase a la comandante para enterrar.
- ¿Intentas chantajear a tu superior, Floch? Creía que te habías cansado de dormir en el torreón de vigía.
- Vosotros fingís que sois nuestros superiores. Pero cuando todos duermen, os dejáis llevar por el sentimentalismo. El legado que dejó el comandante Erwin está comenzando a desaparecer.
- Hanji es Hanji. Erwin era Erwin. Deberías comenzar a diferenciarlos.
- Los diferencio perfectamente. Parece que ha olvidado su respeto hacia él, capitán.
- …... - parecía agotado de aquel tipo de conversaciones continuas cada vez que se quedaba a solas con aquel joven chaval - No lo he olvidado. La admiración que siento por él jamás desaparecerá. - Ni tampoco la última promesa que le había hecho.
- No parecía admirarlo tanto cuando lo dejó morir.
- …... - cerró su puño con fuerza conteniendo las ganas de tirar a aquel chico fuera del muro – Erwin no tenía ninguna motivación para vivir después. Él sacrificó a muchas personas para conseguir sus objetivos. Ahora todos vosotros sois coronados como héroes cuando os paséais por el mercado central. Erwin sacrificó a hijos, padres, hermanos... de todos esos habitantes. Dudo mucho que la palabra héroe hubiese sido dirigida a él.
- ¡Pero Erwin Smith era un héroe!
- Para tí, para mí... Para cualquiera que lo conociera. El mismo Erwin sabía que iba a morir cuando os llevó a todos como carnada para darme una oportunidad de ataque – agarró las riendas con sus manos con más fuerza como si pudiese romperla fácilmente – Hubiera sido egoísta por mi parte que tras sacrificar a todos sus soldados le obligase a soportar los abucheos después. Él se merecía ese descanso. Así que deja de una vez el maldito tema, Floch.
- Si Erwin Smith hubiese estado vivo ahora mismo, no estaríamos dando vueltas comprobando estas estúpidas máquinas una por una.
- Si Erwin estuviera vivo ahora mismo, tú no lo estarías. Todo sería diferente. En lugar de combatir con seguridad, nos habríamos arrojado a las fauces de los titanes una y otra vez. Muriesen los que muriesen. – sus ojos rodaron hacia él con fiereza - ¿Crees que él pensaba en tí de alguna manera concreta? ¿Qué iría a visitar tu tumba cuando murieras?
- C-claro que no... El comandante era consciente de que soldados eran prescindibles en batalla. Yo se que soy débil. Y por lo tanto-
- Te equivocas. Todos fuimos siempre soldados prescindibles. Incluido yo mismo. Erwin mantenía las distancias, con todos nosotros. Puede que vosotros apenas supieráis un 1% de lo que pasaba por su cabeza. Pero ni Hanji ni yo llegamos siquiera a saber la mitad. Él sólo decidió vestir su alma con la sangre de los soldados que caían bajos sus órdenes. Porque quería perseguir su sueño. Y nos estamos encargando de que se cumpla. Pero a nuestra manera.
- Pero aún así...
- Cállate Floch. Erwin fue alguien digno de admiración. Pero no podía vivir eternamente soportando las miradas crueles de las mujeres de la ciudad esperando a sus maridos. No para siempre. Ahora descansa, así que déjalo en paz. Hanji y yo decidimos darle sepultura como se merecía. No era alguien que mereciese acabar pudriendose en mitad del campo de batalla.
- ¿Tampoco aquel brazo que enterrásteis junto al comandante? - Floch dirigió una mirada desaprobatoria – Hace varias semanas, oí a la comandante hablar con Armin. Uno de los subordinados de su escuadrón le salvó la vida. Así que supongo que ese soldado también merecía una sepultura digna, ¿no?
- Floch... - su tono comenzaba a parecer cada vez más irritado.
- ¡Cientos de compañeros murieron atravesados por aquellas rocas a mi alrededor! ¡Y usted y la comandante son los únicos que deciden quién merece ser enterrado y quién no! ¡Evadieron las órdenes de arriba para enterrar a sus amigos y olvidaron a aquellos que dieron la vida para que ahora ella pudiese sentarse en esa maldita silla!
- ¡Cállate maldito imbécil! - vociferó con furia - ¡Ni siquiera sabíamos de quién era ese brazo!¡Puede que fuese de Marlo, o de cualquier otro que acabase de incorporarse! - el desgaste de las riendas era cada vez más notable, notaba como ardía bajo sus manos – Hanji quiso enterrar a todos. Pero sólo encontramos vísceras y cuerpos en descomposición. Demasiado dañados para ser siquiera reconocibles. Ella solo quería...
- Buscar a su subordinado – añadió con petulancia.
- No lo encontró. Puede que fuese alguna de las entrañas que estaban desparramadas por el pasto. Pero encontró un brazo y decidió que quería que ese brazo representaran a todos esos imbéciles suicidas que hicieron caso a Erwin aquel día. No podíamos llevar doscientos cadáveres en nuestros caballos.
- …...
- Dudo mucho que Erwin hubiese ido a buscar mi cadáver para enterrarme – añadió mientras el agarre se volvía más suave y comenzaba a serenarse – Él me reclutó porque me consideró una pieza importante en su tablero. Igual que todas las que murieron aquel día. Él me dió una razón para luchar. Y se lo agradezco. Pero ahora ha muerto, así que déjalo descansar y centrate en respetar a la persona que se asegura de que no te expongas al peligro y mueras patéticamente.
- …..- ¿acaso la comandante creía que no podía sobrevivir si volvía al campo de batalla? - No puedo respetar a alguien que finge delante de mí.
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- Ella viene todos los días al comedor mientras estoy con el resto. Esa sonrisa fingida... No la soporto. Se que finge. Intenta convencer a todos de que hay un futuro aunque realmente no lo haya. Se que pasa horas encerrada en ese despacho revisando las instrucciones que ella misma ha ideado de sus armas. - dudaba que ella tuviese la confianza que fingía desprender – Desde que volvimos de Shinganshina siempre se comporta seria, salvo cuando está con nosotros a solas. Como si fingiese ser nuestra madre y nos intentase alentar con el valor que ni ella misma tiene.
- Baja de tu caballo Floch – finalizó con exasperación.
- Aún queda más de un kilómetro para llegar a la siguiente guillotina.
- He dicho, que bajes de tu caballo – repitió con crudeza.
El chico obedeció algo extrañado. Con pulso firme abandonó su caballo mientras seguía a su capitán que hacía lo mismo. Intentó averiguar sus intenciones sin ser capaz de prevenir el ataque. Levi agarró el cuello de su camisa con una sola mano y le dejó suspendido sobre el suelo inexistente. Su mirada parecía aún mas dura que de costumbre. Podía notar que no temblaba mientras le mantenía ingrávido. Si le soltaba, se estamparía contra el suelo antes de reaccionar.
- Ella no necesita sonreír delante de vosotros para que comprendáis que debéis respetarla. Pero sois unos estúpidos mocosos que lloráis a la mínima de cambio cada vez que téneis una pesadilla. Cree que es su obligación daros palmaditas cada vez que tenéis miedo.
- ¿Acaso ella no llora? No hace tanto que la oí llorar en su habitación – Una de tantas guardias que hacía en solitario. Como si el instinto pugnase por él se agarró a la chaqueta de su capitán intentando evitar su propia asfixia – También ríe y emplea otros tonos que jamás emplea con nosotros.
- Deja de espiar a tu comandante, mocoso.
- ¿Ella sólo es ella cuando está en su habitación? ¿Quién finge ser cuando está delante de nosotros? Si pretende ser Erwin Smith, es un disfraz que le queda demasiado grande. Como un bufón.
Levi dio unos pasos más hacia el borde, provocando una mirada de pavor en su subordinado, que sudaba mientras comprobaba que su brazo seguía sin vibrar tan siquiera. No sabía que había detrás de aquella musculatura. Pero le aterraba que pudiese tener su brazo tan tranquilo mientras sujetaba sus 65 kilos de peso sobre el vacío sin apenas vacilar.
- Floch, es demasiado fácil soltarte ahora mismo y que termines cómo deberías haber acabado aquel día. Pero Hanji cree que todos nosotros somos necesarios y no quiere mermar más nuestras filas. Si no, creeme que me daría el placer de hacerte pedazos yo mismo. Así que sólo te lo repetiré una vez más. Deja de espiar a tu comandante.
- … - notaba que el oxígeno apenas alcanzaba a su cerebro. Tal vez el exceso de adrenalina. Había perdido el control.
Floch comenzó a temblar aterrado por su muerte, notaba que unas pequeñas gotas comenzaban a manchar su pantalón. Aquel tipo sin duda era un demonio, alguien con quién era mejor no enfrentarse. Y a quién no le temblaba jamás el pulso para matar a sus enemigos. La humedad en su pantalón era cada vez mayor. Apenas podía mantener la consciencia mientras la mirada de aquel pequeño hombre le miraba sin compasión.
- Patético – resopló antes de tirarle con fuerza de nuevo sobre el muro – Si tanto quieres salir al campo de batalla a mearte encima de nuevo, entrena. Entrena y hazte más fuerte. Hanji no te dejará salir si no haces méritos. Tarde o temprano la tropa de exploración atraerá nuevos miembros y tendremos que entrenar con ellos. Y volveremos a salir afuera de las murallas. Si das este espéctaculo ante tus nuevos camaradas...
- …... - se sentía incapaz de contestar. ¿Realmente eso era todo lo que podía ofrecer? Tal vez su sacrificio fuese el que debía haber sido hecho aquel día – Capitán, ¿por qué no me han vuelto a transferir a la policia estacionaria? No sirvo para este regimiento.
- Te lo he dicho antes - le dio la espalda por unos momentos mientras parecía buscar algún tipo de figura en la distancia – Para Erwin en mayor o menor medida, todos éramos piezas sacrificables. Si con la muerte de unos cientos salvaba a miles era un riesgo necesario. Pero Hanji no quiere arriesgar tantas vidas para nada. Su método de acción es más elaborado. Ya os ha hablado de eso mientras os enseñaba a utilizar las lanzas trueno.
- P-pero todos somos soldados. Nos alistamos para morir...
- Dudo mucho que ninguno de los mocosos que duerme en la misma habitación que tú tenga los pensamientos suicidas con los que se levantaba Erwin cada día. Hanji intenta protegeros porque sois unos mocosos que apenas han vivido sus vidas. Ya ha habido demasiados entierros en esta legión.
- …... - entierros. Sí, tal vez había habido demasiadas muertes. Pero, llegado el momento, ¿podría ella diferenciar quién debía morir y quién vivir si se repetía la misma situación? - Capitán...
- Floch, comienzas a tocarme las pelot-
- Capitán – interrumpió de nuevo – Si salimos al campo de batalla, y a quién llevo esta vez a mi espalda es a la comandante Hanji. ¿La elegirá a ella antes que a otro soldado? ¿Antes que a Eren?
El increpante silencio que se cernió sobre ellos comenzó a dibujarse con pausa. Tan sólo interrumpido por el sonido distante de la guillotina en funcionamiento. Pese a que debían revisarlas todas, aquel sonido le dejaba claro que todas funcionaban a la perfección.
El pequeño hombre le miraba en silencio, no queriendo afrontar la respuesta a esa decisión. Ya cargaba con el rastro de la primera que hizo. No quería volver a encontrarse ante una situación similar. No con ella.
- Floch, vuelve a montar en tu caballo y vámonos.
- Los sonidos de sus llantos y risas no son lo único que oigo en la noche – se atrevió a decir. Sus palabras temblaban conforme salían de su boca. Pero sentía que debía descargar aquella información aunque le costase la tumba – Son sonidos que sé distinguir perfectamente. En la policía estacionaria era muy común que los soldados tuviesen affairs – tragó saliva esperando ser derribado en cuanto terminase de hablar.
Y no se equivocaba. Apenas fue consciente de su agilidad antes de que aquel puño aterrizara en su cara y le mandase al borde del precipicio. Ni tan siquiera fue consciente de la rapidez en que se movía. Antes de que pudiera incorporarse, un pie aplastaba su esternón y comenzaba a arrastrarle hacia afuera, dejando su cabeza y hombros reposando sobre la nada.
- No se qué crees haber oído. Pero a mi me duelen ya los oídos de escuchar tus tonterías. Asi que seré claro, mocoso. No quiero oírte repetir jamás nada relacionado con Erwin. Por cada segundo de tu tiempo que inviertas en recordarme eso, yo lo invertiré en dejarte colgado cómo un cerdo boca abajo mirando a las criaturas de las que tu actual comandante te salva dejandote en retaguardia.
- E-está loco...
- Si comienzas a tener alucinaciones con extraños sonidos porque hace demasiado tiempo que no vas a un burdel, me aseguraré de que no te quede nada ahí abajo para que tengas la necesidad de ir de nuevo.
- P-pero, capitán... R-recapacite... Esto es demasiado...
- Cállate. Tercero. Me da igual el tiempo que me lleve. Me encargaré yo mismo de convencer a Hanji de que, cuando volvamos a retomar territorio tú seas el primero de la fila. Con tus pantalones mojados. Demostrando lo valiente que eres porque escuchas a escondidas desde el torreón de vigilancia.
- …... Es un demonio...
- Prefiero que tengas esa imagen de mí. No me temblará el pulso si tengo que rebanar el cuello de alguien que decida insubordinarse. ¿Te ha quedado claro?
- S-sí, señor...
- Muy bien. Pues ahora mueve tu maldito culo y sube al caballo. Aún quedan dieciséis guillotinas por revisar.
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El frío aire del atardecer arañaba sus fosas nasales. Peligrando con introducirse aún más en su interior. En lo alto de aquel muro la brisa helada le atravesaba el cuerpo. Eren permanecía sentado a su lado. Esperando a que el resto se reagrupase.
Notaba que en las últimas salidas del cuartel, las órdenes eran cada vez más escuetas. Forzándose a sí mismos a no ponerse en peligro. Como si se trataran de joyas que podrían ser fácilmente destruídas. Muy al contrario. Sus poderes de regeneración les permitían arriesgarse mucho más que sus compañeros. Pero la nueva comandante consideraba que era importante tomar las medidas necesarias para asegurarse de que cada paso que daban no caería en desgracia.
Frente a ellos yacía un pequeño muro creado con sus alter ego. Era una escena extraña y macabra. Le costaba entender que algunos ciudadanos, posiblemente, en varios días, fuesen capaz de vivir allí. Rodeados por muros de cristal construidos con aquello que les aterraba y una vez les hizo abandonar sus hogares.
Pero eran duros, indestructibles a simple vista. Y demostraban que podrían seguir ampliando el terreno mientras aniquilaban a toda forma andante que no atendiese a sus órdenes. Sus ojos azulados viraron hacia su viejo amigo, quién siempre admiraba el cielo cómo si le mandase señales.
- Sería más fácil si descubrieramos cómo manejarlos, ¿no crees?
- ….. - Eren se giró hacia él con el rostro algo cansado – No quiero utilizar este poder.
- ¿Qué ocurre Eren? Ahora no está Hanji-san ni el capitán. Ni Mikasa. Puedes hablar de ello.
- …... - volvió a clavar su vista en el horizonte intentando ordenar sus pensamientos – Armin, todo el mundo es nuestro enemigo. Y la victoria sólo depende de que yo utilice un poder que no controlo.
- Se que es demasiada presión, Eren. Pero piensa en lo que conseguiríamos. Recuérdalo – su dedo señaló hacia el horizonte perdido entre montañas borrosas – Más allá se encuentra el océano. Haría lo que estuviese en mi mano para poder verlo al menos una vez en mi vida.
- …... - bajó su cabeza intentando recabar valor – Mi poder... funciona cuando entro en contacto con alguien de la familia real... Cuando pierdo el contacto, no sirve de nada.
- ¿Con Historia funcionaría?
- …... - de nuevo agachaba su cabeza – Cuando toqué su mano pude tener acceso a más visiones. De los antiguos poseedores de este poder. Antes no podía. Creo que puedo comenzar a decidir que visiones puedo tener si entro en contacto con la persona indicada.
- …. - escuchó en silencio. Tal vez Eren callaría por otros cuatro meses. Ahora necesitaba que sus pensamientos fluyesen.
- ¿Y si me obligaran a comerme a Historia? Ella ya ha sufrido suficiente. Nosotros la obligamos a ser reina. Y si ellos saben esto, me obligarán a devorarla. O tal vez experimenten con ella. Tal vez la corten en pedazos para colgarme uno del cuello y que al estar en contacto con ella pueda controlarlo...
Armin asintió en silencio. Eren estaría dispuesto a sacrificar su vida si así otra persona de entre aquellas murallas heredaba su poder. Pero sabía que Historia no podía utilizarlo. Se vería poseída por el espíritu del primer rey y todo volvería a ser igual que antes. No habría progreso. Se encontraba ante una calle sin salida.
Sacrificar a su vieja amiga. La que había luchado contra ellos y cuyo nacimiento había indicado su muerte desde el principio. Al igual que ellos dos, solo era un títere más en aquella historia debido a unas míseras circunstancias.
- Encontraremos la manera, Eren. Confía en mí.
- …...
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El tiempo pasaba y el frío comenzaba a escalar el horizonte. Perezoso, apenas dejando que su aliento calentase sus manos. Había subido aquellas escaleras a solas decenas de veces. Cada vez que le tocaba guardia. Aquel día sólo era uno más. El verano había acabado y el otoño continuaba su curso. Posiblemente ese invierno hubiese una gran helada.
Lo notaba en el viento helado que comenzaba a congelar la piel de su cara. Sería un invierno duro. Lo sabía. Tal vez no podrían hacer mucho más fuera de aquel cuartel. Y se dedicarían a revisar equipos y a entrenar en el patio de aquellos gastados muros de piedra. Tal vez al acabar el frío comenzasen a reclutar a más personas. Alguien nuevo que ocupara aquellas silenciosas habitaciones. Solamente ocupadas por nueve personas.
Otro fría brisa arañó sus pestañas, agarró su bufanda y se tapó la boca con ella. El vaho que salía de sus pulmones calentó su nariz. Tal vez el invierno llegaría antes de lo estimado. Unos golpes en aquella escalera de mano llamaron su atención. Alguien subía lentamente a aquel torreón.
- Comandante – afirmó extrañada.
- Mikasa, no es necesario que hoy se monte guardia. Vas a congelarte aquí arriba – el único ojo que poseía le miraba a través de un cristal empañado por el frío – Vamos, baja.
- P-pero hoy es mi turno de guardia.
- Prefiero que estés disponible si necesitamos entrar en conflicto. Resfriada no serás útil. - Se rascó la cabeza intentando convencerla – Abajo hace calor, Armin ha encendido la chimenea del comedor.
- Hanji-san... ¿puedo preguntarle algo?
Podía percibir en sus ojos vidriosos que algo le rondaba la cabeza. Como si ésta pesase el doble que su cuerpo se desplomó en el suelo sentandose con parsimonia.
- ¿Es sobre Eren?
- Sí...
- No debes preocuparte por Eren ahora, Mikasa. Él carga con un peso muy grande que nosotros le hemos puesto. Hemos sido unos egoístas al etiquetarlo como la esperanza de la humanidad – anticipando sus preguntas continuó respondiendo – Se que pasa mucho tiempo solo ahora, pero solamente necesita reordenar sus pensamientos.
- Mi linaje... los ackerman... ¿que pruebas obtuvo de mi sangre?
Desde hacía meses, solicitaba muestras de su sangre para compararlas con las del capitán y la suya propia. Tal vez algo en su código genético pudiese darles pistas para ayudar a sus propios soldados a fortalecerse y ser más fuertes en la batalla. El gobierno sin duda querría duplicarlos cuanto pudiese para obtener un ejército lleno de soldados únicos en batalla.
- Te pidan lo que te pidan, quiero que seas fiel a tí misma. Y no te obligues a hacer algo que no quieras – Hanji dirigió una mirada esquiva al suelo que desaparecía entre el incesante viento – A través de mi microscopio ni Levi ni tú sois distintos a mí. Sois humanos. Es algo que debes tener en tu cabeza.
- Humanos...
- Exacto – se quitó las gafas intentando pugnar por visión. Demasiado frío quebraría los cristales – Mikasa, se que desde que volvimos todos hemos tenido que aceptar un rol que no queríamos. Este último medio año para mí ha sido tan difícil como para todos vosotros. Se que estás preocupada por Eren. Debes preocuparte primero por tí. Él ahora no es consciente del tiempo que desaparece cuando se va a pensar. Pero no creo que le agrade encontrarte hecha un cubito de hielo por tu terquedad.
- Hanji-san.. Eren es una persona muy importante para mí. Él ha existido durante toda mi infancia. Salvó mi vida. No solo siendo niña.
- …... - tal vez pensaba demasiado, pero aquel comportamiento comenzaba a resultarle familiar. Como si estuviese atada a las decisiones de aquel joven muchacho que se evadía continuamente – Mikasa... se fiel a tí misma. No dejes que otros tomen tus decisiones – fue el último consejo que pudo decir entre aquel vendaval.
Ahora sus palabras eran calladas por la incesante brisa que acallaba todo sonido mientras volvían a bajar las escaleras.
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Gracias por leer hasta aquí, espero que dejéis vuestros comentarios acerca de cómo se va desarrollando la historia. Me gusta estar en contacto con mis lectores.
Tal vez pasen semanas antes de que pueda volver a actualizar porque estaré fuera de mi ciudad de vacaciones. Pero espero que os guste esta nueva historia. Se me hace muy difícil escribir sobre otros personajes a los que no estoy acostumbrada, como Eren, Armin, Mikasa... Ya que yo sólo escribía sobre los veteranos. Así que me gustaría que me dijérais si os gusta cómo los intento plasmar.
¡Nos leemos!
