El corazón de un Tirano
Descargo de responsabilidad: Resident Evil y sus personajes no me pertenecen. Ni Leon, ni Wesker, muy lamentablemente. =(
3.-Sentimientos de carbón
Claire cerró los ojos cuando una brisa le revolvió la rojiza cabellera e hizo volar pequeñas partículas de polvo y hojas a su alrededor.
Miró el retrato que tenía adelante; suspirando audiblemente.
Tomó de nuevo la tiza, convenciéndose de qué trazo debía hacer ahora, rememorando los gestos, los simétricos rasgos; las sombras alrededor de sus mejillas hundidas, el cuello torneado, la profundidad de su mirada, el rostro de arcángel distante con el que la había observado largo rato.
No quería torturarse, pero significaba mucho para ella el completar aquel lienzo.
El parque estaba soleado, las luces se reflejaban en la hierba del suelo, mientras que el color azul del cielo sólo traía más recuerdos para su inspiración.
Apretó los labios mientras su mano entiznada se deslizaba atreves de la superficie de tela, haciendo el gesto que acostumbraba cuando algo requería de su máxima concentración.
Pérdida en el aludir sus memorias, continuó trazando.
"
Después de despertar en una cama de hospital, había pedido que la llevaran al cuarto donde reposaba el cuerpo de Albert Wesker.
Todos habían ido ya a callar sus demonios; el tirano al fin había muerto.
Estaba recostado cuan largo era sobre la cama, cubierto por una sábana de pies a cabeza.
La joven Redfield agradeció profundamente a León, temiendo tener que darle explicaciones especificas de su desesperación porque llevaran los restos del hombre que tanto tiempo y de tan diferentes formas los había torturado.
Bajó la sábana, acariciando lentamente ese rostro dormido; la herida de bala y los demás cortes estaban completamente limpios, lo habían vestido ya con una camisa blanca y pantalones negros, listo para asistir a su última morada.
Se había acabado.
Chris aún no se había atrevido a preguntar, y lo agradecía con vehemencia; había tenido suficiente por una semana.
Albert estaba, como siempre, elegantemente peinado, acompañado aún con las gafas que nadie se había atrevido a retirar. Recordó como ese pecho torneado le había protegido del frío, como esos ojos cerrados ahora, eran de un azul controlador y no más un mar de lava ardiendo; la delicia de esa voz arena, el tacto cuidadoso y siempre cortés de sus manos enguantadas.
Con la lluvia como única compañía, se sentó a un lado de la cama: No dejaría que pasara otra noche en soledad.
Terra Save había dispuesto del cuerpo; no habría un gran funeral, algo sencillo a las a fueras de New Jersey, donde ninguno de los transeúntes sabría quien era, de donde venía o sus fatales conflictos con la humanidad.
Donde sería sólo un monumento más, una lápida de piedra negra, con sus datos gravados a letras plateadas.
Habían asistido al entierro, pero nadie lloraba. Ni siquiera Claire. Jill había sido la única que se negó a ir. Se habían presentado para ver su tormento terminar. Para siempre, esta vez.
Aún quedaban asuntos que resolver, eso era claro. Pero la base de toda una locura narcisista, en su continua búsqueda de perfección, había sido terminada de la única manera que Chris creía posible, con su muerte.
Y se quedó ahí, de pie, contemplando el descenso de un ataúd color marrón, desapareciendo entre la tierra, de donde no habría más milagrosos retornos.
Sintió de nuevo esos labios sobre su frente; pero fue sólo su imaginación.
Había empezado a llover.
La luz apenas asomaba sobre las grisáceas nubes, marcando el fin de una Era oscura.
Al llegar a casa, no dijo nada, sin quitarse la ropa negra se tiró a la cama, prendió la radio y fue entonces que de verdad pudo llorar sin temer a más preguntas.
Las paredes no pueden preguntar.
"
Claire dio su trabajo por terminado, admirando su obra.
Era tan guapo como en persona, o al menos eso le pareció.
-Si me permite la observación, señorita, es un cuadro sublime-
La pelirroja se giró a ver al dueño de esa voz. Era un hombre cano de quizá unos 50 años, vestido como un catedrático.
-Muchas gracias-
-Usted debe albergar muchos sentimientos por ese hombre, si es que lo conoce y no es producto de una mente artística como la suya-
Claire miró su propio cuadro.
Albert Wesker le miraba con un rostro impacible, como lo había observado recostada en su abdomen.
-Creo que así es-
-Es usted una gran artista, la felicito y le presento mis respetos. Con su permiso, tengo que regresar a mis clases. Esos jóvenes son un tanto estrictos cuando se trata de horarios-
-Claro, gracias. Hasta luego-
La joven miró al mayor retirarse, caminando atreves del camino de piedra.
Cuando estuvo delante de la lápida, se quedó sin palabras.
No es que hubiera armado un discurso en el camino, era sólo que esperaba que algo surgiera en el momento y no quedarse en blanco como estaba ahora.
No había nadie más que ella en el lugar, con el cuadro en las manos. Nerviosa, como si aún él le observara con frialdad.
-Yo… quería entregarte algo. Ya sabes, tuve que tomarme un descanso después de regresar y surgió-
Miró al suelo y esperó escuchar alguna respuesta en su mente, pues no estaba acostumbrada a hablar con él. Aún en vida.
-Creo que se parece a ti. Me hubiera gustado más hacerlo contigo delante y a todo color… Pero no todo puede obtenerse en la vida ¿No es así?
Aún silencio.
-Además… quería agradecer todo lo que hiciste por mí ese día. Y no me refiero a maldecirme durante largo rato…-bromeó, para después recuperar el gesto sobrio- Me mantuviste a salvo del frío. Me mantuviste viva.
"Y casi confiesas toda tu vida a mí, corazón"
Claire sonrió. Ahí estaba esa voz.
-Hiciste que creyera en el destino, Albert. Y espero donde quiera que te encuentres no seas torturado por tus errores.
¿Sabes? Hubiera dado cualquier cosa por conocer desde mucho antes a esa parte humana en ti. Y quizá algo habría sido diferente. Pero no sirve pensar en eso-
Hizo una pausa para tomar una fuerte respiración, las lágrimas amenazando con liberarse de sus orbes aguamarina.
-No quiero volver a cerrar los ojos y verte congelado; no quiero ver tus manos alrededor de mi cuello, tu odio. Quiero seguir en aquel momento donde mostraste que también tenías corazón.
Sacó el cuadro y lo colocó contra la lápida.
-Espero pueda convencerte de que de algo han servido 6 años en la escuela de artes, aunque quizá no sea tan refinado como tú… - Restregó con su mano su brazo, tratando de ahuyentar los escalofríos que le recorrían la espina dorsal.
-Gracias por dejarme conocer quien eras realmente. No te atormentes más, Wesker. No puedo asegurarte que dejaré aún lado mi lucha contra Umbrella, pero lo que puedo si puedo jurar, es que no voy a olvidarte. No por lo mucho que buscaste terminar conmigo y con Chris, sino por tu verdadera mirada. Azul. Por tu verdadera voz, fría y no burlona. Por tu sonrisa, sincera y no de mofa. Por… por tus labios, cálidos y no congelados.
Una solitaria lágrima rodó contra su mejilla.
El sol se ocultaba por el horizonte, dejando una tintura anaranjada a su paso.
-Me cambiaste, Albert. Espero estar de nuevo en tus brazos, algún día.
Claire se permitió imaginar, dejar solamente las imágenes que amaba, junto al hombre que había amado con un amor desconocido, y dejar todo lo demás alejarse con el viento, borrarse con la tímida lluvia que empezaba a circular de las nubes.
Hecho un último vistazo a aquel santuario, a su retrato de sentimientos carbón firmado;
"Tuya siempre, tu corazón"
