Wenas gente!!
Dejo el tercer capi, y de paso les avisaba que este fic lo estoy escribiendo en mis tiempos libres (cortos tiempos libres jeje) asi que demoraré en dejar los siguientes capis.
Gracias por tu comentario Aldii , me alegro que te guste el hecho de que hayan más mujeres en la historia; y las locuras de Claire y Diana jajaja Es muy alentador saber que los personajes que creamos caigan bien.
Bueno, me despido hasta más ver!
Capítulo III: Tía Dalma y el misterio del Cofre del Hombre Muerto
-¿Por qué debemos llevarte a bordo?-le preguntaba Pintel a Diana mientras limpiaban la cubierta.
-Porque se lo pedí al capitán y él aceptó.
-¡Es de mala suerte llevar a una mujer a bordo, además vestida como hombre!-se quejó el pirata lanzando el estropajo sobre la cara de Ragetti quien sólo pudo observarlo con enojo-¡La última vez que tuvimos una mujer a bordo nos capturaron y casi enviaron a la horca!
-Eso fue porque la señorita Elizabeth junto al joven Turner rompieron la maldición-le recordó Ragetti.
-¡Cómo sea, la cuestión es que casi nos matan! ¿Qué te hace pensar que esta vez no será diferente?-rugió Pintel indagando con un dedo a Diana-Además ésta no es ni la mitad de atractiva que la señorita Swann.
-Y no necesito serlo, sólo me importa demostrar que sí puedo ser parte de su tripulación-le respondió furiosa Diana.
-Querrás decir parte de la guardería.
-Eres un…-la chica estaba a punto de ponerse de pie, pero una mano en su hombro le impidió hacerlo.
-Yo me encargo-le susurró una voz femenina, y en un segundo Pintel corría por la cubierta con el balde de agua sobre su cabeza-¡Y la próxima vez que molestes a esta chica, recuerda que si estás aquí también es por clemencia!
Una joven de piel morena y delicada sonrisa le extendió su mano.
-Gracias…no sabía que habían más mujeres en el barco-le dijo Diana sintiéndose un poco más aliviada.
-Era la única, pero ahora veo que somos más. Soy Ana María, y puedes contar conmigo para lo que sea. Sólo ten cuidado con quienes tratas. Los muchachos no son malos, pero debes darte tu lugar-le aconsejó la chica guiñándole un ojo-Continua con tu tarea pero no te canses mucho, nadie aquí se cansa ni tiene un ritmo de trabajo establecido.
-Gracias de nuevo.
-Señorita…- Ragetti se acercó tímidamente a Diana y le extendió su sombrero-Lo dejó caer y pensé que…
-Oh, es muy valioso para mí, gracias por regresármelo.
-De nada, je, je…
-¡Ragetti, ven aquí y ayúdame a quitarme esto!-los gritos de Pintel sacaron una carcajada de los labios de Diana.
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Una hora más tarde, Diana ya estaba cansada de limpiar por lo que decidió asomarse a cubierta. El Perla Negra navegaba muy rápido sin alejarse de la costa, cualquiera diría que escapaban. Pero, ¿de qué? Unos pequeños gritos le hicieron volver su mirada hacia la cabina de mando donde Claire gritaba exaltada al segundo al mando, el mismo muchacho que el día anterior se había adueñado del timón. Por lo que veía, Claire se sentía como en casa: pasaba la mayoría de las horas junto al timón, tomando sol, contando sus anillos o enseñando nuevas palabras al perico. Jack a veces parecía incómodo ante la presencia de la chica, pero se veía mucho más preocupado que de costumbre cuando observaba hacia mar abierto. Pasaba la mayoría de las horas encerrado en su camarote discutiendo asuntos con Will. Ahora ella se encontraba sola lejos de casa en un barco repleto de bandidos, junto al pirata que más admiraba. Le hubiera gustado que su padre lo hubiera conocido, de seguro sería un protagonista magnífico para sus historias. Su madre, desde luego, estaría descontenta, en especial si viera la forma tan pulcra en que se encontraba vestida en ese momento ¿Su madre estaría preocupada? Tragó saliva dándose cuenta que no había tenido tiempo de pensar en eso.
-Desembarcaremos en aquel río-la voz de Will la sorprendió-Iremos a visitar a alguien.
-¿A quién?
-No tengo idea…pero lo averiguaremos pronto. Lo único que sé es que tiene algo que ver con la leyenda del Holandés Errante y su capitán Davy Jones.
-¿El Holandés Errante?
-¿Conoces la historia?
-Los amigos de mi padre aseguraban haber visto el barco y a su tripulación. Decían que su capitán buscaba a las almas de los naufragios para que éstas sirvieran en el barco.
Will desvió su mirada hacia el horizonte mientras lanzaba un suspiro.
-Entonces pronto sabremos en qué se ha metido nuestro amigo Jack.
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Así como Will lo dijo, tres botes bajaron a las aguas de un ancho río que se internaba en la inmensidad de la selva. Poco a poco, los marinos fueron adentrándose en las penumbras de un mundo misterioso y desconocido para Diana. Todos estaban inquietos pero se mantenían silenciosos. A Claire se le cayó un coco al agua provocando sobresalto en los compañeros.
-Lo siento-se excusó la joven con una enorme sonrisa, tratando de apaciguar los ánimos.
-¿Por qué Jack le teme tanto al mar abierto?-se atrevió a preguntar Will.
-Le teme a una bestia que está al servicio de Davy Jones-contestó Gibbs haciendo que tanto Claire como Diana intercambiaran miradas preocupadas-Una criatura feroz, con grandes tentáculos que te succionan. ¡Capaz de tragarse un barco!-y luego de una corta pausa, agregó-El Kraken…
Claire se abrazó instintivamente al cuello de Pintel, y Ragetti se escondió tras la espalda de Diana.
-De tan sólo pensar en su aliento…-Gibbs colocó una mueca poco agradable-Imagina que lo último que escucharas en tu vida fuera su rugido; y lo último que sintieras fuera la presión de sus tentáculos.
-Y la llave es la salvación-concluyó Will.
-Esa es la respuesta que busca Jack. Para eso es que iremos a verla a… ella…
-¿A ella?-el joven Turner arqueó una ceja incrédulo.
-¡Ahhh!-los tripulantes dieron un salto en sus botes ante el impacto que se había producido cerca de ellos.
-¡Tranquilos, tranquilos!-se escuchó la voz de Claire-...sólo fue otro coco al agua. Ya me quedan menos…
Todos lanzaron un suspiro mientras observaban a Claire de mala gana. Jack, sin embargo, volvió a centrar su atención en el camino. Caída la noche, llegaron a lo que parecía un pequeño atracadero donde se erguía una cabaña iluminada por velas. Diana sintió un vuelco en el estómago mientras trepaba la escalera siguiendo a Claire y los demás.
Al ingresar a la cabaña los recibió la voz de una mujer: una voz calmada, entonada, sumamente atractiva y pausada. Pertenecía a una poderosa y misteriosa hechicera. Diana tuvo que agacharse varias veces para no estrellar su cabeza contra los frascos y demás objetos que colgaban del techo.
-¡Tía Dalma!-saludó Jack.
-Sabía que aparecerías tarde o temprano, querido Jack-dijo la mujer centrando, esta vez, su atención en el joven William quien esperaba cerca de la puerta.
-¿Querido Jack?-susurró Claire arqueando una ceja, poco contenta.
-Parecen viejos amigos-le tranquilizó Diana.
-Necesito tu ayuda-Jack se interpuso entre tía Dalma y Will.
-Eso no me sorprende-se mofó la hechicera-Sabes que exijo una paga.
-Y la tengo-aseguró Jack presentándole en una jaula a un pequeño mono al cual disparó y no causó el menor daño-Un mono inmortal.
Tía Dalma dejó al mono en libertad con una irónica sonrisa en su exótico rostro.
-Buscamos esto-Will extrajo de su bolsillo un pergamino con el dibujo de una llave en él-Y a lo que abre…
-La brújula que me canjeaste, ¿no te puede llevar a esto?-preguntó la mujer a Jack.
-Quizás…-respondió éste inseguro-, ¿por qué?
-Ah, Jack Sparrow no sabe aun qué es lo que quiere-sonrió Dalma burlándose del pirata-La llave abre un cofre, y ustedes quieren lo que está dentro de él, ¿o no?
-¿Y qué hay dentro?-preguntó Gibbs.
-¿Oro, joyas?-le siguió Pintel.
-¿Algún poder sobrenatural?-terminó Ragetti.
-¿Conocen la historia del capitán del Holandés Errante? Un gran marinero, hasta que se enredó con aquello que confunde a todos los hombres.
-¿Qué nos confunde?-preguntó inocentemente Will. Tía Dalma sonrió mientras acariciaba la mano del muchacho.
-Una mujer-contestó Jack.
-Se enamoró de una mujer tan inestable, cruel e inasible como el mar. Él nunca dejó de amarla. Pero el dolor que le causó era demasiado para vivir…aunque no tanto como para morir. Ya saben cómo somos las mujeres-y tía Dalma observó a Claire y a Diana con complicidad-, capaces de volver loco a un hombre.
-Pero, ¿qué contiene el cofre?-indagó Will.
-Un regalo para una mujer: su corazón.
-¿Y ese hombre de quien habla es Davy Jones?-la tímida pregunta de Diana hizo a Tía Dalma esbozar una enorme sonrisa mientras asentía con la cabeza.
-Ten cuidado con tu curiosidad, pequeña, a veces puede jugarnos una mala pasada-ante esas palabras Diana sintió que más que un consejo, la hechicera le daba una advertencia.
Todos tragaron saliva. A Diana le pareció una historia muy hermosa y muy triste a la vez. Un hombre que por tan inmenso amor entregara de esa manera su corazón. ¿Tanto valía el amor?, ¿tanto significado tenía esa palabra en la vida de un hombre?
-Se arrancó el corazón y lo guardó en un cofre, el cual escondió del mundo. La llave, la lleva con él todo el tiempo.
-Muy bien, busquemos al Holandés Errante, encontremos la llave y tú vuelves a Port Royal a salvar a tu novia-concluyó Jack tratando de calmar la mirada asesina que Will le dirigía.
-Déjame ver tu mano-le exigió tía Dalma antes de que pudiera llegar a la puerta, pedido al cual Jack no se pudo negar. Al quitar la venda, lo que vieron los dejó con la boca abierta: una espeluznante marca sobrenatural cubría la palma de la mano del capitán.
Tía Dalma dio media vuelta y al poco tiempo regresó entre ellos trayendo consigo un enorme frasco.
-Recuerda que el Holandés Errante sólo toca puerto una vez cada diez años. La tierra será tu única salvación. Lleva esto contigo: un poco de tierra-Jack sujetó entre sus brazos el frasco cargado con arena.
-Arena…esto es un frasco de arena…
-Si.
-¿Y…me será de ayuda?-dudó el pirata.
-Si no lo quieres, regrésamelo.
-¡No!-se negó, abrazando aún más el frasco.
-Tenemos que encontrar al Holandés Errante-dijo Will luego de dirigir una mirada de extrañeza al pirata. A esa altura, nada de lo que Jack hiciera o dijera le parecía extraño.
Tía Dalma sonrió tomando entre sus manos algunos objetos que esparció sobre la mesa. Al instante todos pudieron ver el sitio en donde podrían encontrar al barco de Davy Jones.
-He ahí su destino-sonrió Tía Dalma.
Diana observó a los ojos a la mujer, y ésta le devolvió una enorme sonrisa. ¿A dónde los dirigiría ese destino?
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-¿A dónde vamos?-los gritos de Diana eran apagados por las fuertes ráfagas de viento y el rugir de las enormes olas que abatían al Perla Negra, mientras se acercaba a lo que parecía el naufragio de un barco pesquero.
En un descuido casi cae al suelo, pero Will la sujetó a tiempo.
-¡A encontrar al Holandés Errante, ya te lo dije!-le reprochó el muchacho.
-¡Me parece casi imposible encontrarlo aquí!
Will no contestó, en cierto aspecto estaba de acuerdo con la joven, pero no tenía otro remedio más que confiar en Jack Sparrow si quería rescatar a Elizabeth. ¿Cuántos días habían pasado?, ¿acaso su amada ya habría sido juzgada? No podía permitirlo, aún había tiempo, se repetía una y otra vez, aún había tiempo.
-¡Allí está!-el grito de Jack atrajo la atención de ambos hacia la silueta iluminada por los rayos, de lo que parecía haber sido una embarcación, y ahora se encontraba destruida entre las rocas.
Tanto Will como Diana observaron con curiosidad el barco. No se parecía mucho al que habían escuchado nombrar.
-No se ve muy…-comenzó Will, pero Jack lo interrumpió.
-Tampoco tú. No lo subestimes.
-Debe haber chocado contra el arrecife-dijo Gibbs intercambiando miradas con Jack.
-¿Cuál es el plan?-le preguntó el capitán al joven Turner.
-Registraré el barco hasta encontrar la maldita llave
-¿Y si encuentras resistencia?
-Eliminaré a todo el que se cruce en mi camino-respondió Will dispuesto a poner en marcha el plan.
-Me gusta: sencillo y fácil de recordar-acordó Jack-Moza Norrents, venga aquí.
Diana se colocó a su lado rápidamente. Jack le observó de arriba abajo para, por último, dedicarle una sonrisa.
-Dígame, capitán.
-Señorita…
-Diana.
-¡Diana, sí!, ha llegado la hora de la prueba.
-¿Mi prueba?-Diana tragó saliva.
-Exacto, la prueba que decidirá si tiene todo lo necesario para ser parte de esta tripulación-Jack le dio la espalda observando el naufragio a lo lejos-Como sabrá un buen pirata debe ser fiel a su capitán y a su tripulación ya que ésta es su familia. Por lo tanto, su deber será acompañar al joven Turner en su incursión en el Holandés Errante y ayudarle a encontrar la llave.
La joven desvió su mirada al barco y luego al bote que Will se disponía a bajar. Tenía terror a las tormentas, en especial desde que su padre falleciera en una de ellas; y el hecho de tener que subirse a un bote tan pequeño y navegar en medio de una tormenta para revolver basura sobre un barco "fantasma", no le llenaba de mucha emoción. Pero era la prueba, aquella que debía pasar para demostrar que sí tenía lo necesario para ser una pirata al mando del intrépido Jack Sparrow.
-¿Y bien moza Norrents, qué me dice?
-Iré, señor, y traeré esa llave de vuelta junto al joven Turner.
-¡Así me gusta! Muy bien, ¿qué esperas?, ponte en marcha, tu amigo ya se va-Jack la tomó de los hombros y la llevó junto a Will. Ambos amigos se miraron extrañados, pero Will no protestó por la compañía de Diana-¡Si los capturan, digan que han venido a saldar la deuda de Jack Sparrow!
-No entiendo bien por qué te hizo venir conmigo, pero es peligroso-insistía Will mientras Diana sólo podía sujetarse lo más fuerte posible al bote.
-Es una prueba, si logro pasarla seré parte de la tripulación oficialmente.
-¿De verdad crees en eso?
-Fue la palabra de Jack, claro que creo en eso.
-Tú y tus confianzas-Will puso los ojos en blanco-Hemos llegado…y la verdad que no es un lugar muy agradable.
-¿Por qué han apagado las luces del Perla Negra?-la pregunta de la chica atrajo la atención de Will hacia el barco. Efectivamente ahora el Perla Negra se encontraba sumido en la oscuridad, como tratando de pasar desapercibido entre la furia del mar.
-Olvídalo y busquemos esa llave.
La lluvia les impedía ver en ocasiones. La cubierta del barco estaba llena de maderas quebradas y utensilios desparramados. Algún que otro cuerpo asomaba entre los escombros. Diana se resbaló con el agua y fue a dar junto a un cadáver. De un grito se puso de pie y se sujetó a las mangas de Will.
-¿En dónde se supone que debemos empezar a buscar?-se preguntó Will mientras la lluvia seguía empapando su figura y la de la joven que temblaba a su lado.
-Es inútil, no encontraremos nada-dijo Diana sintiendo cómo sus cabellos se pegaban al pañuelo y al sombrero que tenía sobre su cabeza.
-¡Ahí, mira, es un sobreviviente!-Will se lanzó sobre la figura de un hombre que parecía moverse, pero al darle vuelta, se encontró con un rostro desfigurado que le causó gran impresión.
-Will, ¿dónde demonios estamos metidos?-Diana sintió que no deberían estar precisamente en ese lugar.
Entonces, en medio del rugir de la tormenta, emergió de las aguas la figura de un enorme barco de anchas velas e imponente figura. Tanto Will como Diana quedaron estupefactos ante la presencia del verdadero Holandés Errante.
-Creo que…
-¡Cuidado!-Will retiró a Diana del alcance de una espada que había aparecido de la nada. De pronto se encontraron rodeados de criaturas horribles que parecían haber surgido del mismo fondo del mar. Terribles y maléficos, los sirvientes del Holandés Errante atacaron a los jóvenes con sus armas.
A pesar de hacerles frente con todas sus energías, pronto el número de enemigos era muy superior a ellos. Diana supo que no podrían liberarse de aquellos horrendos monstruos inmortales. Will la atrajo hacia sí cuando fueron rodeados junto al mástil.
-¡Aléjense!-gritaba el joven, hasta que uno de los tripulantes le golpeó en la cabeza.
-¡No, Will!-gritó Diana mientras era tomada por las fétidas manos de sus agresores y conducida hacia donde se encontraba el resto de los sobrevivientes del naufragio.
Uno al lado del otro, arrodillados, los pobres afortunados en sobrevivir a la muerte esperaban temblando el veredicto del negociador de almas, aquella criatura que gobernaba el destino de las almas de los marinos. Diana jamás olvidaría la espera agonizante, ni las miradas con las que el joven Will trataba de darle ánimos o hacerle entender que no estaba sola. Temblando de frío y miedo, la chica sujetó aún más fuerte el sombrero de su padre entre sus manos.
Un golpeteo pausado, cada más fuerte, hizo desviar la mirada de Will. Diana también siguió la línea de la mirada de su amigo y lo que vio la dejó sin habla e hizo bajar su cabeza rápidamente. Se trataba de la figura de lo que alguna vez había sido un hombre alto y robusto, pero ahora era un monstruo con el rostro de una criatura del mar y el fuego del infierno en su mirada. Era el capitán del Holandés Errante, el ser que todo marino temía, aquel dueño de las almas perdidas en los mares: Davy Jones.
-Cinco hombres vivos…-alcanzó a escuchar Diana a uno de los monstruos.
Uno por uno, el capitán revisó el rostro de los sobrevivientes. Hasta que su andar se detuvo frente a un hombre que parecía en verdad muy temeroso a su destino. Encendiendo tranquilamente la pipa, Davy Jones expresó su pregunta al infortunado.
-¿Le temes a la muerte?-aquella voz áspera y pausada estremeció el cuerpo de Diana con un escalofrío al sentirla-Le temes a la oscuridad de la tumba. Todos tus pecados serán castigados en el más allá. Yo te puedo ofrecer un escape…
-¡No lo escuches!-se atrevió a desafiarle un marinero, provocando así la furia del capitán fantasma.
La suerte que corrió, Diana no fue capaz de presenciar con sus propios ojos, pues los cerró antes de que la daga desgarrara la garganta del hombre. Las carcajadas de la tripulación fantasma fue para Diana lo más cruel que hubiera escuchado en su vida.
-La vida es cruel-afirmó Davy Jones-¿por qué la vida en el más allá debería ser diferente?
Diana se mantuvo expectante mientras continuaba temblando bajo la lluvia. De vez en cuando observaba a Will que se encontraba igual que ella. Dio las gracias por no estar sola. Había fallado la misión, ya no sería parte de la tripulación del Perla Negra. Un momento, ¿había fallado la misión?, ¡pero si todo había sido un engaño! El naufragio no era el Holandés Errante.
-¿Y tú? No estás muerto ni moribundo. ¡Ni tú tampoco!-Diana elevó la mirada aterrorizada cuando Davy Jones pronunció aquellas palabras-¿Cuál es su propósito aquí?
Will frunció los labios colocando una expresión que hizo a su amiga arquear una ceja.
-Saldar la deuda de Jack Sparrow-se apresuró a contestar el joven.
-¿Cuál es tu propósito?-insistió Davy Jones sin poder creer lo que había escuchado.
-Saldar la deuda de Jack Sparrow-repitió Will sosteniendo la incrédula mirada del capitán.
-¿Ah, sí? Pues lamento decirte que no trato con intermediarios.
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Claire observaba desde la baranda el naufragio. Algo no había ido muy bien allí, pues todos habían sido testigos de que el verdadero Holandés Errante había hecho su aparición unos minutos antes. Se preguntó si acaso Diana y el joven Will estarían bien. Que locura pretender que dos chicuelos pagaran la deuda de Jack. Claire suspiró: su querido Jack tenía unas ideas muy extrañas. Davy Jones no era tonto, no caería en estúpidas trampas.
-¿Estás preocupada por tus amigos?-Thomas, el timonel y segundo al mando, se acercó a la joven quién se quedó tiesa al escuchar su voz a sus espaldas. Durante todos esos días habían discutido sobre quién era el encargado de guiar al barco, y a pesar de todos los insultos que la chica le dedicara, él solía mostrarse amable con ella.
-No…en realidad estoy preocupada porque ya no me quedan frutas de la isla-sonrió la chica, pero no pudo evitar volver la mirada hacia el mar.
-Se demoran demasiado…algo no anda bien.
Claire sopesó esas palabras seriamente…De pronto, los gritos de los hombres le hicieron voltearse con rapidez. Sin saber cómo, la tripulación del Perla Negra había sido abordada por los fantasmales tripulantes del Holandés Errante.
-Tu tiempo se acabó-Davy Jones enfrentaba a Jack Sparrow mientras éste retrocedía a cada paso que el monstruo daba-Hace trece años que eres capitán del Perla Negra. ¡Ese fue nuestro trato!
-En realidad hace dos años que lo soy, de seguro recuerdas el motín-se apresuró a acotar el pirata.
-Debiste comportarte como un capitán.
-Pero ya te envié dos almas para salvar mi deuda…
-Un alma, no es igual a otra, mucho menos dos.
-¡Muy bien! Ahí tienes mi oferta, ahora discutamos el precio.
-¿Precio?
-¿Cuántas almas crees que vale mi alma?
Davy Jones se tomó un tiempo en contestar, tiempo suficiente para que Claire lanzara la respiración que había estado conteniendo, y también se percatara que estaba demasiado cerca de Thomas. Despojándose de los brazos del muchacho, trató de acercarse un poco más a la escena.
-Cien almas, en tres días-respondió el capitán fantasma.
-Entonces me llevaré a los muchachos…-comenzó Jack dando media vuelta, pero un tripulante fantasma le cortó el paso.
-¡Yo me quedo con ellos! Eso quiere decir que sólo debes entregarme noventa y ocho almas-rió Davy Jones.
-Pero la de ellos vale mucho, por lo menos cuatro almas…o tres almas y medias por cada uno…-Jack trató de ser convincente-Y la de Will en especial…él está enamorado.
Claire no pudo evitar notar que la expresión de Davy Jones cambió, diría que se suavizó por unos segundos al escuchar una mención del amor. Tristeza, una vasta tristeza asomó a los ojos del capitán del Holandés Errante.
-Aunque si quieres puedes quedarte con él, pero a la chica…
-¿Chica?-con un solo moviendo de sus tentáculos, Davy Jones hizo aparecer a Diana sobre la cubierta del Perla Negra.
Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando aquellos tentáculos hicieron contacto con su piel. No pudo más que cerrar los ojos sobresaltada cuando la tenaza que reemplazaba la mano de Davy Jones se cerró sobre su cuello.
-Así que no era un muchacho más, sino una de ellas…-pronunció el capitán observándola con malicia, asqueado y a la misma vez perdido entre recuerdos-Es muy simple Jack. Entrégame las almas que pido y tu cuenta se salda.
-Pero tú me devuelves a la muchacha al menos.
-¡No!
-Ya tienes al chico, ¿para qué la quieres a ella?
-Ambos fueron enviados por ti para saldar tu cuenta, ambos me pertenecen por ahora hasta que consigas lo que pedí. ¡Noventa y ocho almas en tres días!-y volviéndose a Jack, le dijo-Ahora me pregunto Jack Sparrow, ¿eres capaz de soportar saber que condenaste a un amigo y a una pobre niña inocente a toda una vida de servidumbre mientras tú sigues libre?
-Sí, soy capaz-sonrió Jack provocando incredulidad en Claire-Ahora, ¿lo sellamos con sangre?...es decir, con tinta.
-Tres días…-fue lo único que pronunció Davy Jones antes de dejar al Perla Negra y a su aterrorizada tripulación.
